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martes, 24 de noviembre de 2009
Siete inter(w)expresss
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Entrevista a miembros del Grupo Arbeit.

 

7 respuéstas rápidas para siete preguntas claves (cuestionario de la redacción)

1. ¿Qué probabilidades reales tiene hoy una
obra artística concebida al margen del sistema
mercantil, y crítica con la ideología y los
valores que lo sustentan; primero, de ser producida
y realizada, y, luego, de ser exhibida?

 

Vemos una dificultad en la misma manera en la que
se aborda la cuestión: trataremos de aclararla - aún a
riesgo de extendernos - antes de responder propiamente
a la pregunta. El arte - el Arte, sospechamos -
está concebido bajo una perspectiva capitalista que
tuvo su origen en el renacimiento y que nuestro devenir
histórico no ha hecho sino ahondar y afianzar.
Según esta mistificación, la obra de arte es producida
por un artista demiurgo en contacto con las potencias
trascendentales de la creatividad y el ingenio,
con el fin último de ser exhibida y admirada como un
logro singular del espíritu humano. Detrás de esta
idea está la mistificación ideológica de la actividad
artística, la actividad cultural, como algo separado,
ajeno, elevado de las condiciones materiales e históricas
en las que se da; como algo que pertenece a un
orden superior. Se oculta así, no sólo el posicionamiento
político de toda obra de arte y de todo producto
cultural, sino también y sobre todo, la función
social de la figura del “Artista” o del “Intelectual”, y
su inserción real en el modo productivo de la sociedad.
También, de paso, se ahogan las manifestaciones
populares del arte y la cultura enraizadas en la
propia vida de la gente.

Bajo estos parámetros, el capitalismo acepta en su
seno obras y artistas abiertamente antagónicos junto
a otros abiertamente apologéticos. Pues para mantener
en pie y legitimar la ilusión de la libertad de
expresión individualista y autónoma del Arte y el
Artista, el capitalismo recurre a concepciones meritocráticas
que afirman que hay sitio para todos los
discursos, siempre que posean la suficiente calidad.
De este modo opera una doble neutralización de
estas posturas disidentes. En primer lugar, al ser
enfrentadas como mercancía a otras mercancías y
resultar por tanto intercambiables entre sí, quedan
reducidas a una más de las posibilidades ofertadas
por el mercado, compitiendo todas “en pie de igualdad”
-lo cual es evidentemente falso. En segundo
lugar, al ser pocos los lugares reservados por las cuotas
de mercado para el artista o intelectual de izquierdas
anticapitalista -son pocos los elegidos de los
muchos llamados-, los que ocupan tales posiciones
de privilegio legitiman en cierta manera, aún a su
pesar, la “meritocracia” del orden de cosas establecido
por el chalaneo mercantil. Esto sin contar con que
muchas de las cuotas reservadas a la izquierda en el
mercado de la cultura son ocupadas por intelectuales
orgánicos que hacen pasar por discursos antagónicos
elaboradas apologías del sistema.

El sistema mercantil del arte, evidentemente, no está
separado del sistema de producción capitalista -el
mismo que produce zapatillas, periódicos, anuncios
publicitarios o bombas de racimo-, del que tan sólo es
un caso particular. La ideología dominante de la función
expresiva del Arte trata persistentemente de
negar este extremo. Ofrece dos modelos separados
de discursos simbólicos: los que pertenecen a la cultura
pop de consumo, que se presentan manifiestamente
como mercancías y entretenimiento, y los que
pertenecen al selecto canon de la Alta Cultura, que
permanecen separados de la materialidad y la historia
como esencias del espíritu humano y vehículos
del conocimiento universal. Esto ocurre así incluso
desde que la postmodernidad capitalista se recrea
igualando, con un gesto “camp”, ambos órdenes, elevando
a auténticas Obras de Arte, a singulares logros
del espíritu humano, una figurita de Lladró o una lata
de sopa Campbell´s.

Por lo tanto -respondiendo ahora a la pregunta-, las
posibilidades de “figurar” son pocas: la competencia
es mucha y los lugares más visibles no están reservados
a las posiciones disidentes. Tampoco resulta fácil
“figurar” en los espacios más periféricos y marginales,
a los que no les es fácil concebirse y estructurarse
desde un prisma diferente y reproducen con frecuencia,
aunque a escala más pequeña, las mismas
mistificaciones del “mundillo” cultural. Y lo más
importante, ¿qué efectividad real tienen dichas propuestas
así entendidas?

Por otro lado, las manifestaciones culturales, artísticas,
de carácter popular, disidentes con la concepción
capitalista de arte, aunque se enfrentan a condiciones
sociales desfavorables y resultan menos visibles,
de hecho se dan y son más efectivas por formar parte
de las comunidades, donde la gente es partícipe y no
mera espectadora.



 
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