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En teoría
(Hemos creado una nueva sección en las galerías con anuncios de prensa e internet con contenido sexual explícito. Con ello, completamos la sección referida a publicidad, sexualidad, estereotipos sexuales y machismo). Las polémicas acerca de la legitimidad (¡y aún la moralidad!) del uso de la sexualidad en publicidad suelen dejar, cuando se dan, un reguero de tonterías de todo tipo. ¿Deben poder exhibirse libremente y sin control en el espacio público imágenes de contenido explícitamente sexual o no? En tales términos suele darse un debate ridículo en que las posturas oscilan entre el escándalo moral, las airadas soflamas políticamente correctas o la defensa a ultranza de la libertad de expresión. El problema está en que el debate así formulado oculta dos mentiras. La primera es que la exhibición de mensajes en el espacio social sea libre. Evidentemente existe un férreo control sobre qué mensajes llegan al espacio público y cuáles no. Si se necesita una enorme cantidad de dinero (o el apoyo de quien dispone de él), para colocar en lo público un mensaje, resulta falso hablar de libertad de expresión. El control del espacio simbólico es económico y empresarial. No sería posible recortar, pues, una libertad que es inexistente (en todo caso, la cuestión sería cómo liberar realmente ese espacio simbólico común). La segunda falsedad es que tales imágenes representen el comportamiento sexual de hombres y mujeres. En el deseo humano hay un componente imprescindible de fantasía y las imágenes publicitarias no nos muestran cómo deseamos y fantaseamos, sino que nos enseñan cómo debemos desear y fantasear. La publicidad es un mecanismo de control y regulación que se mueve en un espacio de comunicación también controlado. Sus mensajes apuntalan ideológicamente la violencia productiva capitalista al tiempo que animan a participar en ella voluntariamente. Las fantasías sexuales controladas desde la publicidad son un poderoso mecanismo de seducción a favor del orden capitalista. Que la pedagogía del deseo esté en manos de las empresas, sus dueños y sus publicistas, que el deseo, la identidad sexual y de género se conforme a través de tal vía y quede así encadenado al consumismo y la ideología capitalista, estas podrían ser cuestiones más interesantes a debatir que la falsa libertad de expresión burguesa. |
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Dado que el cinismo es un valor dominante de la economía capitalista y la ideología burguesa, las imágenes publicitarias pueden mostrar todas las violencias posibles, pero completamente desactivadas, es decir, sin que guarden relación con la violencia real del mundo. Los publicistas saben que pueden contar con que los espectadores consumirán sus mensajes con el mismo cinismo obligado con que consumen las mercancías que publicitan. A este cinismo en grado sumo, la ideología dominante lo suele llamar ironía. Para ayudar a sofocar cualquier movimiento que tienda a establecer relaciones entre la violencia de sus imágenes comerciales y la violencia real en el mundo, los publicistas recurren a la estilización de sus anuncios. Evidentemente, este recurso de estilización colabora con una banalización de la violencia real. Y si por un acaso ocurriera que sus tretas resultaran demasiado para alguien, siempre pueden ampararse en la defensa de su libertad de expresión, que no es otra cosa que la defensa de la libertad de mercado y de la propiedad privada de los medios de producción.
Así, ocurre que la imagen publicitaria de la mujer está cuajada de referencias a diferentes niveles de violencia machista en su formato de fantasía sexual. En nuestras galerías les ofrecemos un catálogo de anuncios en que se muestra los diferentes tópicos al respecto. Extractamos algunos de esos anuncios a continución para ilustrar el tema. |
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1. Habitamos un mundo de aspiraciones pesadillescas. Cuando el horror y la angustia colman todo el espacio, el tiempo y el sentido del sueño, entonces una pesadilla nos da alcance. Ante ella, desaparece cualquier otra dimensión, cualquier otro participante o cualquier otra posibilidad del sueño.
Sólo permanece el terror de la monstruosidad que nos persigue, el vértigo del vacío que se abre bajo nuestros pies o la opresión de encontrarnos perdidos en esas calles desconocidas, entre personas amenazantes. Pero en cuanto, por casualidad, se da una dimensión que no participa del espanto, por minúscula que sea, entonces, es la pesadilla la que mengua y desaparece. La omnipresencia del pánico y la completa saturación de desasosiego es su naturaleza. Es codiciosa, porque sólo un poco menos que todo la hace desaparecer. |
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Entrevista a miembros del Grupo Arbeit. 7 respuéstas rápidas para siete preguntas claves (cuestionario de la redacción)
1. ¿Qué probabilidades reales tiene hoy una obra artística concebida al margen del sistema mercantil, y crítica con la ideología y los valores que lo sustentan; primero, de ser producida y realizada, y, luego, de ser exhibida? |
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¿Quién en su sano juicio desearía huir de Jauja? ¿Quién en sus cabales se propondría la fatigosa tarea de huir de un lugar imaginario que durante siglos acompañó al hombre occidental en sus correrías históricas? ¿Quién medianamente normal querría abandonar ese paraíso recobrado donde las longanizas crecían de los arboles, por los cauces de los ríos corrían la leche y el vino y todos los bienes se le ofrecían a hombres y mujeres con tan sólo extender la mano liberados del castigo primordial del trabajo? |
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