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Pabellón infame
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Joseph Ratzinger nació en Baviera (Alemania) el 16 de abril de 1927. A los 13 años, por decisión propia, se afilió a las juventudes hitlerianas, hecho irrelevante en su carrera al purpurado, pero que cobra fuerza a los efectos de su transfiguración en Papa. Hoy, para redimirlo, se argumenta su deserción en medio de la batalla. Nada nos dice si tal acto supuso el abandono de la ideología nazi.
Estudió en la Universidad de Munich y fue ordenado sacerdote en 1951. Ejerció como profesor de teología sucesivamente en Bonn (1958), Münster (1963), Tübingen (1966) y Regensburg (1969). Durante el Concilio Vaticano II, actuó como consejero del conservador cardenal Frings. En 1977 fue nombrado por Pablo VI arzobispo de Munich. En noviembre de 1981, Juan Pablo II le nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición). Asumió varios y destacados procesos de investigación y control de la ortodoxia. Continuó la investigación sobre Schillebeeckx, iniciada en 1979, y criticó ferozmente la Teología de la Liberación. El Panzerkardinal, como le apodaban en Roma, fue uno de los colaboradores más estrechos de Juan Pablo II y, a menudo, considerado como el auténtico número dos de la Iglesia durante el mandato del papa polaco, por encima incluso del secretario de Estado, el cardenal Angelo Sodano. Profundamente asociado al pontificado de Karol Wojtyla, Ratzinger fue el teólogo que le ayudó a poner orden en la Iglesia y a decapitar primero, y domesticar después, a la Teología de la Liberación. En 1984, las condenas formales de la Teología de la Liberación realizadas por este "cancerbero de la fe" permitieron a la derecha católica dejar fuera de juego a toda una corriente innovadora en el campo teológico y social. Impuso una rigidez doctrinal total a la vida intelectual de la Iglesia y una dinámica de control a ultranza de los teólogos. Y el miedo se instauró entre sus filas, hasta el punto de que amonestados, perseguidos, vigilados, en una institución intelectualmente inhabitable, los pensadores de la Iglesia optaron por marcharse (Leonardo Boff), callarse (Gustavo Gutiérrez) o romper la baraja (Hans Küng). |
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Camilo José Cela acumula premio y honores desde la posguerra hasta la más contemporánea democracia. Camilo José Cela fue falangista, se ofreció como soplón de la policía, fue censor, dio conferencias que emocionaban al Generalísimo entre el público, loó a José Antonio, se autorizó con la voz de Mussolini y, sobre todo, ascendió y ascendió. Desde arriba, ya pudo olvidar y hacer olvidar, decir y desdecirse. Cela alcanzó la beatitud, suponemos, cuando el 20 de junio de 1986, la Universidad Hebrea de Jersualem le concedió el doctorado honoris causa por ser "un hombre que luchó durante toda su vida contra el fascismo" (y Franco y José Antonio revolviéndose en su tumba). Pertenece a esa casta de hombres probos y benditos que, como Torrente Ballester entre muchos en literatura o Fraga también entre muchísimos otros en política, siempre encontraron un hueco en las altas esferas del dominio cultural y político. A estos benditos por el manto del olvido y una reconstrucción facial de riete tú de Corporación Dermoestética habría que sumar los hijos y nietos (naturales o ideológicos) de los que antaño fueron poderosos y heredaron de sus ancestros la disposición natural al mando y la posición política necesaria para ejercerlo. A contrapelo de ese olvido queremos ofrecer aquí unos recortes de qué fue frente a lo que nos han contado insistentemente que fue. Sirva como botón de muestra de tantos otros y como sospecha de lo que se nos ofrece como democracia sólidamente construida. Quien, además, desee un juicio crítico sobre su obra literaria ajeno al papanatismo, la adulación servil, el olvido estéril y el vacuo idealismo literario, le recomendamos la lectura de la Historia social de la literatura española (Blanco Aguinaga, Zavala y Rodríguez Puértolas) y la imprescindible Historia de la literatura fascista española.
Para ilustrar las virtudes de CJC, premio nobel en 1989, nos servimos a reproducir literalmente la documentación aportada por el profesor Julio Rodríguez Puértolas (U. Autónoma de Madrid) en su "Historia de la literatura fascista española" (HLFE en adelante; dos vólumenes en la segunda edición de la editorial Akal), cuya lectura recomendamos encarecidamente antes de que la anestesia democrática llegue a afirmar (como tememos que hará) que el fascismo jamás existió. Los números de página se refieren siempre a HLFE. |
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Frank Luntz es un influyente consultor político y comercial que trabaja estrechamente con el grupo mediatico Fox, el partido republicano de los EEUU, e importantes multinacionales. El Dr.Frank Luntz es especialista en la técnica del grupo focal (focus group), para encontrar y probar qué estrategias comunicativas, qué términos, tendrán aceptación por parte de la opinión pública para vender políticas, políticos y otras mercancías del primer mundo apelando a las connotaciones emocionales del lenguaje utilizado. "Frank Luntz es el maestro indiscutido de la propaganda de derecha, abierta y encubierta, del Partido Republicano, del engaño político, del desvío y redireccionamiento en una audiencia insospechada en modos que generan resultados específicos o estimulan el apoyo público a posiciones antiambientales, antidemocráticas o proempresariales" "Luntz combinó las técnicas más efectivas de la Avenida Madison (calle de Nueva York donde se encuentran las grandes agencias de publicidad) con las herramientas más efectivas del diván del psicoanalista, y comprendió cómo aplicarlas al propósito de la persuasión política" |
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Clotaire Rapaille es un psícologo y antropologo francés nacionalidado estadounidense que desde su Instituto Archetypes discoveries world wide ofrece sus servivios a las más prestigiosas marcas y corporaciones (Procter & Gamble, Nestlé o General Motors...) para lograr que su propaganda atraviese nuestro cortex cerebral, racional y consciente e incidiendo inconscientemente en el límbico y afectivo que compartimos con todos los mamíferos llegar hasta nuestro cerebro reptiliano para verndernos la moto. Para ello el prestigioso Dr. Clotaire, se ha valido de sus conocimientos y experiencia clínica con niños autistas para desarrollar grupos de estudio de losque extraer el código cultural que abre la llave de nuestros instintos de supervivencia ya que encaja a la perfección en el correspondiente arquetipo cultural que inconscientemente nos determina.
Y no lo debe hacer muy mal el Dr. Clotaire, ya que es una de las mayores fortunas del mundo y dedica su tiempo libre, entre otras cosas reptilianas suponemos que inconfesables, a coleccionar automóviles de lujo en su inmensa mansión, como podemos ver en el documental The persuaders. |
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La ingeniería del consentimiento
 En el pabellón de infames, el sobrino americano de Freud guarda uno de los espacios preferentes, y son muy pocos los individuos que podrían disputarle este privilegiado lugar.
Aplicando las convicciones de su tío el vienés inventó la profesión de relaciones públicas, convencido de que podía hacerse que la gente se comportara de forma irracional si se enlazaban los productos (y las políticas) con sus emociones y deseos. |
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