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QUIENES SOMOS 2. Desalojos de familias en derribos 1997.
3. Miembros de la Plataforma 2001. PLATAFORMA CONTRA LA EXCLUSIÓN SOCIAL Los pobres se organizan. En pleno auge del neocapitalismo en su fase de consumismo exacerbado, ser pobre ya no sólo significa carecer de los bienes necesarios para una vida digna, sino ser despreciado, tenido por delincuente, apestado, ... . No hay más que ver lo que ha venido sucediendo en la ciudad de Murcia en los últimos años. Entre 1995 y 96, el Ayuntamiento de Murcia desempolva una ordenanza municipal de 1988 que prohibía la mendicidad en las calles. Jaleados por vecinos y comerciantes que ven en los mendigos la nueva plaga que “ensucia nuestras calles”, pusieron en marcha la Brigada Lince, un grupo de agentes de la policía municipal especializado en la persecución del mendigo. Se les retiraban los dineros obtenidos pidiendo, se producían detenciones y se registraba a estas pobres gentes buscando algunas monedas que se hubieran podido ocultar en los calcetines o en el sujetador. La persecución arreció tanto que hubo familias que empezaron a pasar hambre. De todos es sabido que muchos de los que piden por las calles carecen de unos ingresos fijos para hacer frente a los gastos habituales de supervivencia diaria. Un grupo de personas nos indignamos lo suficiente como para unirnos y movilizarnos y constituimos la Plataforma de la Mendicidad. Le llamamos Plataforma porque había diversas asociaciones de distinto signo, amén de personas de por libre. No podíamos decir que era la Plataforma por la mendicidad, porque no creíamos que mendigar fuera la solución para los pobres, más bien éramos partidarios de la justicia y de los derechos constitucionales. Tampoco podíamos llamarla contra la mendicidad, porque estábamos convencidos de que no se puede prohibir a gentes carentes de recursos obtener unos ingresos vitales. Así que decidimos llamar al invento Plataforma de la Mendicidad, ya que esta preposición era más neutra. Iniciamos una campaña de denuncia contra la política del Ayuntamiento y de concienciación de la opinión pública en los medios de comunicación. Nuestro mensaje era claro: “no se le pueden dar soluciones policiales a un problema social” y “hay que luchar contra la pobreza, no contra los pobres”. Pronto sucedió lo que es nuestro mayor tesoro y lo que nos ha dotado de personalidad propia: se incorporaron mendigos a nuestras reuniones y se comenzaron a movilizar para defender su dignidad. En cada rueda de prensa, en cada reunión con algún concejal, incluso en la visita que hicimos al Presidente de la Comunidad Autónoma, o en la recogida de firmas, o en los Plenos del Ayuntamiento, ahí estaban los mendigos defendiendo sus derechos. La lucha duró meses, hasta que la intervención del Defensor del Pueblo obligó al Ayuntamiento a derogar la maldita ordenanza. El éxito de la lucha nos llevó a reflexionar sobre qué éramos y qué queríamos ser. Finalmente decidimos constituirnos legalmente y formamos la Asociación contra la Exclusión Social – Plataforma de la Mendicidad. No somos una organización que elabore proyectos para que los subvencione la administración: nuestro presupuesto, según consta en estatutos, no puede sobrepasar el medio millón de pesetas anual. Y esto porque queremos tener las manos vacías y la boca libre de chantajes, pues es sabido que cuando dependes de que llegue la subvención tienes que callar mucho. Nosotros no queríamos callar porque nuestro objetivo era simplemente la defensa de los derechos de los excluidos ante los abusos de que son objeto por parte de quienes deberían ser su valedores, y para ello hay que decir muchas inconveniencias, muchas frases políticamente incorrectas. En junio del 97 nos enteramos que el Ayuntamiento de Murcia iba a derribar unas casas viejas en las que habitaban familias gitanas de condición pobre sin darles una alternativa de realojo digno. Nos metimos a luchar nuevamente contra esta situación, pues, si todos tenemos derecho a una vivienda, no podíamos permitir que quien debe hacer cumplir la Constitución, dejara en la calle a un montón de familias. Los que hayáis podido seguir el tema por la prensa, sabréis que la lucha ha sido muy dura, y que aún no ha acabado del todo. En estos casi ocho años han sido muchas las movilizaciones que hemos llevado a cabo, alrededor de 71 organizaciones han apoyado a estas familias en la lucha que ellas mismas han protagonizado con nuestra ayuda y acompañamiento. Hemos obtenido promesas incumplidas de vivienda por parte de los responsables municipales, hemos denunciado por lo penal al Concejal de Urbanismo, hemos interpuesto recursos legales de todo tipo con la ayuda gratuita de los abogados de la Plataforma, hemos llevado el caso al Defensor del Pueblo y a la Asamblea Regional, hemos… ¿Qué sé yo qué más?. Finalmente, aunque no han conseguido aún sus viviendas (salvo una de las familias), sí hemos logrado que la administración reconozca que no les pueden dejar en la calle y en la actualidad se encuentran en el Albergue del Valle a la espera de que el gobierno regional desarrolle con ellos un proceso de inserción social. El lado más negativo y feo de este asunto ha sido la cantidad de disparates y difamaciones que han tenido que soportar estas familias y las manifestaciones que se han organizado en barrios y pedanías para que no se les ubique en sus cercanías a familias pobres. En estos momentos nos seguimos reuniendo y andamos revisando un poco todo esto para continuar construyendo nuestra identidad y definir cuáles van a ser nuestros caminos. Así que esto es la Plataforma contra la exclusión social (antes plataforma de la Mendicidad), un grupo político no partidista de gentes interesadas en luchar, junto con los pobres, por los derechos de las víctimas de la marginación y de la exclusión y contra la pobreza, que con poco dinero, mucha voluntad, el apoyo de otras asociaciones y grupos políticos, dos abogados y un teléfono móvil llevan en jaque a los que, debiendo velar por los ciudadanos más débiles, optan por quitar a los pobres de las calles para que no se vean y no molesten. |