Una ventisca de aire fresco entró
por la ventana de la celda tocando con suavidad la parte superior de mi
rostro, estoy despierto, a lo lejos escucho el ruido que produce una pelota
al ser constantemente botada en el piso, seguramente en algún módulo
están jugando con ella.
Mastico el tiempo, rumiando ideas y recuerdos, dejando escapar sueños
moribundos entre las cobijas y la almohada. Pasos, alguien se aproxima,
quién será
¿el guardia?, el que camina no trae
botas, no, no puede ser el guardia, quién será
quién
será
El "Tonca" se asoma a mi celda, trae consigo un silbato en la
boca y una bolsa de dulces en la mano izquierda, lo acompañan "El
Cobra" y "El Reimon" los tres me clavan una mirada de asombro,
uno de ellos me pregunta del porqué de mi ausencia en la posada,
dieron tamales y ponche dice otro. ¿Había posada? Pregunté,
como si al verlos no me hubiera dado cuenta de ello, como si no hubiera
escuchado la algarabía que salía del comedor.
No me di cuenta, nadie me avisó, les dije.
Mentira, mentira, la verdad me dio mucha hueva ir.
Dile al guardia que te de chance, todavía falta la otra sección.
Efectivamente viene el guardia, talvez si le digo (suplico, imploro) me
permita bajar a la otra posada
No, no, que chingen a su madre con
su pinche posada de mierda, hoy no tengo humos para ello, prefiero seguir
pensando en qué pensar, así al menos, aprovecho este momento
de calma y sosiego que rara vez encuentro en esta pinche cárcel.
Alo mejor, el próximo año si baje por el tamal y el ponche
(un pinche tamal y un pinche vasito de ponche) o a lo mejor baje para saciar
la curiosidad d observar como una bola de presos se transforman en Serafines,
al mismo tiempo que prenden su vela y entonan villancicos.
Por lo pronto, voy a cerrar la ventana, tal vez pueda dormir un rato, para
ser sincero me siento un poco cansado.
Héctor Cerezo Contreras
La Palma de Concreto
Enero del 2002