Sé que tal vez nunca lean esta
carta, pero eso no me importa. Lo realmente significativo para mi es la
posibilidad de escribir y con esto expresar mis sentimientos.
Hoy es 10 de mayo, tenemos casi ya nueve meses presos y la esperanza de no
verlos en las manos de estos subhumanos.
He pensado mucho en ustedes, he soñado con ustedes y muchas veces, así de
repente los recuerdos me asaltan y despiertan melancolía, preocupación,
felicidad, fortaleza, ganas de llorara.
Durante todo este tiempo en prisión he tenido una certeza: los amo profundamente
y sé que me aman de igual manera.
Ahora que he tenido la oportunidad de conocerlos a través de las noticias en los
periódicos y revistas, me da orgullo saber lo que son y a lo que no han
renunciado.
Sé que no fuimos un pretexto para que abandonaran su lucha por lo justo e
inobjetablemente necesario: un país diferente, sin miseria
económica, moral, sin hambre y explotación.
No tengo nada que reclamarles, ustedes no me tiene en prisión, ni
son responsables de la tortura de la que fui objeto.
Por el contrario si tengo mucho que agradecer, aprendí, aprendimos
sus hijos, algo que se llama solidaridad, consecuencia, honestidad, valor,
dignidad, amor a la gente, al pueblo. Aprendimos que la felicidad, la realización
plena del hombre está en la entrega y capacidad de ayudar a otros
hombres a vivir mejor y mejor es vivir con dignidad.
Actualmente luchamos por no renunciar a lo que nos enseñaron, que
la prisión no se convierta en un pretexto para el olvido, la renuncia.
Sólo tengo una cosa que pedirles, no se dejen agarrar, no les den
el gusto de exhibirlos como trofeo. A veces lamento que ya estén
más viejitos, con más años a cuestas porque tal vez
no podrán correr tan rápido como cuando eran jóvenes.
Porque no es lo mismo, ustedes lo han de saber mejor que yo.
Tengo ganas de verlos y abrazarlos, pero sé que no es posible.
No pierdo la esperanza de volvernos a ver, sin embargo si es necesario no
verlos, no abrazarlos para protegerlos, para que estén sanos y salvos,
seguros, prefiero no hacerlo y no saber nada de ustedes.
¡ay! Mis viejos, como los quiero.
Es hora de despedirme en esta carta más no en mi corazón donde
están presentes.
Viejos, viejitos no se rindan, si para ellos, los torturadores y cancerberos
del poder son terroristas, para mi, para nosotros son además de nuestros
padres, nuestro ejemplo, una razón más para resistir lo que
venga.
10/mayo/2002
CEFERESO #1 "la Palma"