“Durante veinte años debemos impedir funcionar a este cerebro” El fiscal Michele Isgrú refiriéndose a Antonio Gramsci, Gramsci fue condenado a veinte años, cuatro meses y cinco días de prisión.
19-ENE-03
CARTA AL MUNDO
Te confieso que no tenía muchas ganas de escribir, tal vez la sentencia me afectó más de lo que creí o por lo menos, dicen, le afectó más a mi prudencia; pero tu carta no es departamento de quejas y bastantes problemas tienes como para escuchar mis lloriqueos. Eso sí no garantizo no herir susceptibilidades con lo que escriba (si es que alguien lo lee) y ser 100%...prudente, advertido, comenzamos.
Como opinar sobre muchos temas me está vedado, pues dicen, mi opinión es contraria al sagrado Estado de derecho y la seguridad global ¡Ja! Y los que me juzgan todavía, aunque no parezca pueden tomar mi opinión como pretexto para aumentar los años de condena, años que no quiero, escribiré sobre sucesos pasados.
Cuando Hernán Cortés conoció Tenochtitlán grande fue su asombro… y tú que dijiste, a este ya lo domesticaron, pues no, aunque bueno, en realidad si escribes sobre el pasado mi referencia es mucho más reciente que la conquista.
La presente reflexión sobre algunos sucesos pasados y algunos presentes se me ocurre a raíz de la lectura del artículo “El zapatismo: un puente a la esperanza” escrito por el señor Sergio Rodríguez Lazcano y publicado en el número 1 de la Revista “Rebeldía” (revista que cuando la presentaron hasta la invitación salió en “La Jornada”, para que luego no la anexen en mi expediente como evidencia de material “subversivo).
El contenido del artículo me parece interesante: todos y cada uno de los temas que toca, sin embargo me remitiré sólo a uno, que pienso por mí edad puedo opinar de mejor manera.
El tema creo yo tiene que ver con la historia, con la memoria histórica, pero para ser más claro transcribo textualmente el punto de partida de mi reflexión: “En el caso de México hablamos de la generación que tenía entre 10 y 14 años de edad aquel primero de enero de 1994:los jóvenes que no cargan sobre sus hombros las derrotas y crímenes que se hicieron en nombre del socialismo; que no suspiran por la existencia del muro de Berlín, ni por el viejo orden bipolar; que no suspiran por la vieja o la nueva socialdemocracia internacional; que no andan buscando terceras vías para que todo cambie, para que no cambie nada; aquellos que no lloraron el 25 de febrero de 1990, en Managua por la derrota sandinista, ni trataron de justificar la piñata; que no se cuestionaron toda su e3xistencia y su actividad al ver a Joaquín Villalobos entregar su AK a Carlos Salinas de Gortari.
Esas y esos jóvenes son los auténticos herederos de la “insolencia” zapatista. Esto no quiere decir que no se estudie y revisen los diversos procesos revolucionarios; en la historia hay muchas cosas que aprender.”Pag. 11 (el subrayado es mío)
Aquel primero de enero de 1994 yo tenía 16 años, ojalá esos dos años de más no marquen insalvable diferencia, pero bueno.
Cuando cayó el muro de Ber4ñlín en 1989 yo tenía 12 años; cuando cayó la URSS, 13 años; cuando la derrota sandinista también; cuando la firma de paz en el Salvador tal vez yo ya tendría 14 años.
En verdad sólo conservo imágenes vagas y confusas de esos años, la política no era de mi interés; más he conocido de lo que pasó en esos años por lo leído en revistas, periódicos y libros.
No puedo decir que me sentí mal por esos sucesos históricos ni mucho menos comprendí la gran importancia histórica de los mismos en ese momento. Creo que cualquiera podría decir que por esos años no “cargaba” yo sobre mis hombros tan cataclísmicas derrotas y mucho menos los crímenes que en el XX congreso del PCUS Krushev dio a conocer, pero todo cambió cuando entré a la prepa a los 14 años pues me tocó escuchar la derrota de los adultos: escuché a varios de mis maestros que casi casi llorando nos platicaban algunas de las glorias del socialismo y su desgraciada derrota; otros más frustrados sin comprender el porqué de semejante suceso nos decían que no leyéramos a Marx, a Engels, a Lenin y a Stalin menos, al fin y al cabo eso no servía para nada; al igual que las guerras centroamericanas ¿de qué había servido tanto muerto y sacrificios en Nicaragua, El Salvador, en Guatemala? Vietnam, Corea del norte dejaron de existir en su vocabulario. Después de la masacre de Tian-an-Men el gobierno chino era hasta peor que el de Estado Unidos; Cuba estaba a punto de caer, con jineteras y “marielitos” al por mayor ¿qué había sido de esos pioneritos educados a la imagen del “Ché”? y el Ché cada vez más se volvía mito, lo inalcanzable, lo puro que sucumbió en vano sacrificio.
Otros profesores y la televisión nos contaron con lujo de detalle los crímenes de Stalin, hasta de Lenin, los crímenes del régimen “comunista” de3 la República democrática Alemana, de Polonia, de Rumania, “el vampiro” Ceaceascu era peor que Hitler, Mussolini les quedaba chico.
Ser socialista o marxista por aquellos años y en estos todavía para muchos se convirtió en vergüenza, ya no digamos ser comunista. Cuando algún “arcaico” se atrevía a decir públicamente su inclinación marxista todos se lamentaban de tan poco avispado hombre.
Sobre el “socialismo real” y el marxismo muchos decían “eso ya se acabó, ya no vale, está de-mos-tra-do.”
Una de las pocas ventajas que tuvo para mí eses asunto fue que cuando quise saber qué era el marxismo y leer a los clásicos del mismo en las librerías de viejo del Centro histórico había mesas con muchos libros de a 5 o 10 pesos, todos de Lenin, Marx, Engels, Mao Ge Dona, etc.
Por lo menos en aquellos tiempos leer marxismo salía barato, ahora esos libros han vuelto a subir de precio, a saber porqué.
Mi primer encuentro más o menos serio con Carlos Marx no se lo debo a mis padres como muchos han de suponer, se lo9 debo a mi maestra de economía del CCH Sur; me tocó exponer algo sobre la mercancía, así que agarré el tomo uno de “El Capital” y leí; no sé si entendí bien, pero ya expuse mi tema y pasé la materia.
Todavía en el primer año de la carrera de Filosofía recuerdo que mi maestro de historia de la filosofía se burlaba de los marxistas y del materialismo, pero era convincente y además nos hacía reír mucho, sólo algunas personas hablaban con seriedad de lo positivo de la teoría de Marx, de triunfo de 1917 en Rusia, de la revolución socialista, de los planteamientos de Lenin, de la experiencia vietnamita, coreana, china, cubana.
Creo me tocó vivir un gran momento de orfandad ideológica (se cayeron los ídolos de barro); huérfanos muchos se hicieron católicos, detractores del marxismo y el socialismo; otros pidieron su ingreso al PRI, borraron de las si9glas de sus organizaciones la “S” o la “C” de socialismo y comunismo respectivamente; otros revisaron el marxismo y llegaron a ser marxistas “puros”: Marx está bien, todo lo demás que se erigió supuestamente retomándolo estaba mal, otros más se avergonzaron de su pasado intolerante, de haber caído en la mentira estaliniana y para pagar sus culpas llamaban a los jóvenes a no ser como ellos.
Ser marxista era (¿todavía es?) sinónimo de acartonado, arcaico, intolerante, reminiscencia del pasado, dogmático, incomprendido y otras “lindezas” más.
A la gran mayoría de jóvenes nos tocó escuchar todo lo anterior, y de una u otra manera nos permeó, e hicimos juicios y formamos prejuicios sobre un pasado inmediato y mediato aún antes de estudiarlo y es en este sentido que los adolescentes de ayer y los jóvenes de hoy también cargamos sobre nuestros hombros “…las derrotas y los crímenes que se hicieron en nombre del socialismo” Considero un tanto superficial la afirmación de que nosotros (los jóvenes de hoy, adolescentes de ayer) no creíamos en el socialismo, no cargamos con su derrota, tan la cargamos que hoy nos toca vivir las consecuencias económicas, políticas y sociales de la misma, aunque no suspiramos por el antiguo orden bipolar ni mucho menos por el muro de Berlín.
Otro efecto más grave aún de la derrota del “socialismo real” es el actual desconocimiento de muchos jóvenes, de la mayoría me atrevo a decir, de la teoría de Marx, Engels, Lenin, Troski, Stalin, Mao, El Che, Gramsci; de los errores económicos y políticos de los países “socialistas” desde su fundación hasta su derrumbe, del actual proceso cubano, chino; del proceso nicaragüense, salvadoreño, Guatemalteco; de que era y es el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FSLN y FMLN), la UNRG Unión Nacional revolucionaria Guatemalteca, porqué se levantaron en armas, qué querían, porqué lucharon y porqué teniendo tanta solidaridad internacional y tanta fuerza armada y política, fueron derrotados y hoy la mayoría de sus dirigentes viven del presupuesto del estado que alguna vez dijeron combatir y morir antes de ser sus lacayos.
Y si pocos jóvenes podríamos responder a lo anterior, menos, mucho menos podríamos responder cuáles fueron los aportes históricos de la Comuna de parís de 1871, qué era un Soviet o qué un Consejo de Obreros como los planteó Gramsci en Italia o Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht en Alemania.
La derrota que significó la caída del “socialismo real” y que cargamos adquiere la forma de derrota presente y más grave aún en la ignorancia y el desconocimiento de cómo se llegó a esos acontecimientos y en la apropiación crítica de la historia.
Los jóvenes de hoy somos resultado de, parte de una gran derrota histórica, pero cargar la derrota no es malo si sabemos lo0s jóvenes y los viejos y los maduros extraer de ella lo positivo y lo9 negativo.
¿Dije lo positivo? Si, lo positivo, las victorias que en nombre del socialismo obtuvo la humanidad, porque las hubo y todavía las hay.
¿Por qué casi siempre nos lamentamos de la derrota del “socialismo real” y de sus teorías políticas, económicas y filosóficas, de loa supuesta derrota del marxismo y no retomamos lo positivo, o no hay nada de positivo? ¿Porqué no decir que así como cargamos derrotas, cargamos victorias? Porque las hubo y grandes.
Las derrotas enseñan sólo si las estudiamos, el problema actual es que existe poco estudio y poco profundo de la juventud sobre temas pasados y por eso creo a veces nos deslumbramos ante lo que surge como nuevo, olvidando que lo nuevo tiene raíz en la historia, en los fracasos y victorias del pasado y aquí me permito citar a la señora Isabel Rauder: “Todo proyecto implica en alguna medida, una recuperación crítica del trayecto recorrido por los protagonistas hasta ese momento (memoria histórica), el reconocimiento y la asunción del trayecto resulta un elemento clave, no como antecedente ni como anecdotario, sino como espina dorsal articuladora del sentido histórico-social de las luchas y del camino recorrido por los sectores populares, para poder (saber) tornar inteligible un presente que se presenta, como nunca antes, caótico y sin sentido, y encontrar en él los elementos que aunados a las enseñanzas de la experiencia anterior, permitan ir abriendo caminos hacia un futuro social, justo y humano” (la noción de poder en la construcción de poder local)
La “recuperación crítrica2 de la memoria histórica es pues fundamental y esta sería una gran victoria de la ju7ventud actual. Claro, los resultados de la “recuperación crítica” no serán los mismos pero lo importante es hacerla, si lo hacemos los jóvenes nos quitamos la más pesada derrota que cargamos: la ignorancia y adquiriremos más elementos que nos permitan ampliar nuestro juicio.
Un problema que percibo o percibí cuando estaba libre era que mucho joven ya no estudiaba lo “viejo”, lo pasado, lo anterior a 1994 y el EZLN, porque estaba mal, porque está de-mos-tra-do que no había ni ha servido y hacían suyos, a priori, sin estudiar, vicios de parte de la generación que si vivió de manera más conciente la caída del “socialismo real”. He aquí el argumento nada sólido de la derrota que significa el desconocimiento y la ignorancia que algunos creen victoria.
Y el conocimiento del pasado es importante, pues como decía Lenin: “El pasado nos sujeta, nos retiene con mil manos e impide dar un solo paso adelante o nos obliga a darlo tan mal como lo estamos haciendo. Y nosotros decimos: para comprender la situación en que nos encontramos hay que decir como hemos marchado, que es lo que nos ha traído hasta la revolución socialista” VIII Congreso del PC (b) de Rusia 1919. Por supuesto nosotros no podríamos decir lo último, diríamos: qué es lo que nos ha traído hasta las circunstancias políticas, económicas y sociales de nuestro México en el 2003.
Una consecuencia más de no conocer el pasado o desconocerlo es lo superficial que se puede ser al expresar juicios sobre el mismo y el presente. A veces nosotros los jóvenes tendemos a denostar lo pasado y los viejos a decir que todo pasado fue mejor, pero aquí se trata de se3r jóvenes y viejos, críticos con el pasado común de la humanidad.
Si bien es cierto nuestro pasado en México está lleno de derrotas no podemos decir que nada sirvió y pretender no haber aprendido de los errores ajenos, todos somos producto de victorias, pequeñas tal vez, insignificantes y derrotas muy sonadas, esto es bueno reconocerlo porque nos ubica en el exacto lugar que nos corresponde y le damos a todos los hombres y mujeres que han muerto en el esfuerzo por transformar nuestro país, su lugar también.
Debemos respetar a los hombres que tal vez equivocados en su concepción teórica y práctica han dado lo más preciado para el ser humano: la vida, y reconocer que su muerte no ha sido inútil tanto que otros hombres no han cometido sus mismos errores y hoy están vivos y avanzando en sus proyectos.
Las diferentes interpretaciones críticas del pasado, sabemos, no necesariamente coincidirán, ya lo habíamos dicho; pero la praxis social y el tiempo se encargarán de dar elementos que nos permitirán ver lo acertado o no de determinadas interpretaciones teóricas y de las prácticas transformadoras que hoy existen.
Para dialogar con el pasado, para comprenderlo y aprender de él desde el presente es necesario primero conocerlo lo más amplia y profundamente posible: para poder establecer los aportes, lo nuevo de una práctica y un discurso, hay que conocer los aportes históricos de otras diferentes prácticas y discursos en su momento, aunque hoy por el transcurso de los años los veamos lejanos y arcaicos.
La tarea y el papel de los jóvenes en la actualidad no es fácil, pero un buen comienzo sería ponernos a estudiar nuestro pasado con seriedad para comprensder4 nuestro presente y para no dejar que lo nuevo de hoy, con el transcurso de los años se convierta en arcaico; hay que innovarlo permanentemente.
Ya por último para criticar el pasado con seriedad hay que ser primero el más duro crítico de sí mismo, de la práctica y discurso que se enarbola en el presente porque si no la crítica del pasado se amolda a los intereses individuales o de grupos presentes y se hace una recuperación un tanto parcial del mismo.
La crítica de sí mismo en el presente es punto de partida para la crítica del pasado y, a su vez, el conocimiento del pasado es el punto de partida para transformar un presente y poder hoy criticarnos a nosotros mismos.
Disculpa si te aburrió esta reflexión, es que aquí en la cárcel nos da tiempo de pensar en tantas cosas. Con decirte que he inventado una nueva sociedad, me han derrotado y resurgido con la humanidad como en ave Fénix de mis derrotas. Algún día escribiré ese proceso histórico y si lo escribo bien será una nueva novela.
Lo que escribí lo escribí como un joven, un joven preso, es decir no represento a nadie más que a mi solito, no hablo por nadie, por mi boca hablo yo y nada más.
Me da alegría leer revistas como “Rebeldía” porque aportan a la discusión, al debate, es bueno leer de todo y construirse un juicio, lamentablemente mi8 praxis se reduce a mi celda y al patio del módulo de la prisión donde estoy recluido.
Espero lo escrito sirva para algo y de pie a la reflexión y si no porque “se perdiese” o no lo leyera nadie, pues será un poco triste para mi porque no habrá cumplido su cometido; pero por lo menos mientras lo pensé y lo escribí fui libre y opiné sobre mi presente y contribuí sino a la transformación social, si por lo menos a mi salud mental.
Bueno, mundo, te habrás dado cuenta que no tenía muchas ganas de escribirte (imagínate si sí) pero no podía, no debía dejar pasar un mes sin escribirte, sin hacerte participé de mis reflexiones, así como haces participé de los acontecimientos allende estos muros y estas rejas.
A un año y tres meses del asesinato de Digna Ochoa.
A un año y cinco meses de la privación ilegal e injusta de nuestra libertad.
Preso de conciencia
Antonio Cerezo Contreras
PD. Se aceptan observaciones, comentarios, ironías, críticas y autocríticas sobre lo escrito.
Favor de mandarlas a la siguiente dirección:
Agencia de correos #1, CEFERESO #1 “La Palma” Almoloya de Juárez, Estado de México, CP. 50900. Más específicamente al Modulo 1, sección 2-A, celda 128, lugar liberado de la opresión y exento de clases sociales… chale, si no más estoy yo solito, bueno, con que pongan lo de renglones arriba es más que suficiente.