Un día, tres, cuatro . . . prisión de máxima seguridad.
Un mes, dos . . . octubre envuelto en dolor
Aunque no cercana . . . irreparable pérdida
Seis, nueve, once meses . . . de hostilidad
Un año ya . . .
Injusto cautiverio físico
Rehenes, pero libres
Vano intento de cortar sus alas
Navegantes infatigables
Volverán a tierra firme.
Agosto 13 del 2002

 

Mis amores: Toño, Her, Ale (en prisión), Emi y Francisco.
¿Recuerdan la regla número uno? Sí. . . esa. . . No se-pa-rar-se del gru-po, la que repetía cada vez que salían en excursiones escolares cuando pequeños y en las brigadas estudiantiles, después. Pues bien, hoy la regla número uno ha cambiado y es . . . No dejar de ser ustedes mismos, a pesar de permanecer como rehenes en injusta prisión, cada uno cual Prometeo encadenado, porque sólo así protegerán su integridad psíquica y su dignidad.
Sí, ya sé lo qué van a decir, -mamá . . . ya vas a empezar?, pero no importa, me voy a aprovechar, porque de todas maneras lo diré aunque ahora sea sólo por escrito sin apapacharlos y sin que me hagan cosquillas para convencerme de que ya lo saben.
Debo reconocer que nos ganó el tiempo y muchas cosas que me hubiera gustado que supieran, se me quedaron bajo la manga, pero ya se irán enterando.
Confío en que ustedes podrán salir airosos de las circunstancias que les toque vivir y, no Toño, no nos sentimos culpables, de ninguna manera, pero sí responsables de las decisiones que un día tomamos, precisamente por amarlos tanto y por querer tal vez voluntariosamente, por lo que a mí toca, ayudar a construir ya no digamos un mundo mejor, sino este pedacito, un México mejor.
Quiero que sepan que no están solos, que hay mucha gente que aún cuando divergimos en algunos puntos de vista, se encuentran preocupadas y atentas a su proceso, porque no les es posible permanecer impávidos ante la injusticia (que comete el gobierno) de mantenerlos como rehenes políticos, y que con el sólo hecho de hacerlo manifiesto arriesgan su propia seguridad, por lo que lo menos que podemos hacer es estar agradecidos con ellos.
Aprovechen su circunstancia y no dejen de estudiar y trabajar, si tienen la oportunidad, ya que en la cárcel también se han forjado hombres, y con nuestra actitud también podemos lograr que algunos hombres en los que predominan sus bajos instintos, reconozcan que los presos de conciencia y los luchadores sociales somos diferentes, ¡ah!, y recuerden que la dignidad, la bondad y la sensatez pueden llegar a domar a las bestias, así como la música.
En cuanto a papá y a mí, no se preocupen, pues lo que va a ser . . . será, las personas y los cargos son pasajeros y llegará el momento en que frescos vientos soplen, pues, cada vez más luchadores sociales desde cualquier trinchera continúan incansables en la lucha porque sea respetada la dignidad de todas las mujeres y los hombres.
Cuántas cosas, quisiera decirles, tantas que se atropellan en loca carrera por ser plasmadas, pero ya me conocen, no soy muy lenguarica que digamos y prefiero que con ésta reciban un beso y un fortísimo abrazo y, mi reconocimiento de madre a su valor y entereza.
Los ama del tamaño del cielo, mamá.
Desde este corazón que consecuente los extraña


Emilia Contreras Rodríguez.