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Artículo
de Luis Bilbao
del
Le Monde diplomatique, edición Cono Sur
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"...Aparece
así en toda su trascendencia el carácter y las perspectivas
de un conflicto económico, social y político que, mucho más
allá de las fronteras venezolanas, muestra que en este
naciente siglo XXI, mucho más que el anterior, la mera
intención de un gobierno de defender la soberanía, propender
al desarrollo económico y a una distribución menos
inequitativa de la renta, desata fuerzas poderosísimas empeñadas
en impedirlo sin reparar en métodos. Y como siempre, pero más,
Estados Unidos está allí para intervenir en la política
interna de otros países....".
Luís
Bilbao. |
Dos
semanas de fraude en Venezuela
Luis
Bilbao
Le Monde diplomatique, edición Cono Sur
Desde
el 2 de diciembre pasado, el futuro de la democracia venezolana se
juega en el actual enfrentamiento entre gobierno y oposición. Ante
la descarada manipulación de los medios de comunicación, el
presidente Hugo Chávez moviliza a la ciudadanía y parece contar
con el apoyo de las fuerzas armadas. El desenlace es decisivo para
América Latina.
"Puedo
prometer ser sincero, pero no ser imparcial" Goethe (1) No es
nuevo el actor, pero sí lo es su protagonismo central, su
transformación de figura de reparto en autor, director y primer
personaje de la obra: los medios de comunicación en Venezuela
dejaron de reflejar e interpretar los acontecimientos para pasar a
diseñarlos según su voluntad, imponerlos como realidad virtual y
luego conducirlos.
La
osada operación ha fallado. Pero deja hondas y peligrosas heridas
en la sociedad venezolana e inaugura una fase singular de la lucha
política, más allá de aquel país y del presidente Hugo Chávez.
Es
un hecho nuevo en cuanto al papel de la prensa en la política
contemporánea, incluso en comparación con la función cumplida por
estos mismos medios durante el golpe de Estado de abril pasado.
Entonces, un paro fallido encubrió un golpe exitoso (durante sólo
36 horas, es verdad, pero exitoso) de grandes empresarios, una parte
sustantiva de los mandos militares y las zonas más corruptas del
aparato del Estado.
En
esta oportunidad, a la imposibilidad de paralizar al país se sumó
la hasta ahora inconmovible actitud militar de subordinación a sus
mandos naturales y alineamiento explícito con el gobierno del
presidente Hugo Chávez. Además, muchos de los sectores empresarios
que se sumaron a la asonada de abril, ganados por las concesiones
ofrecidas por Chávez, se alinearon del lado oficial en esta
oportunidad. Importantes sectores medios, que en abril marcharon
contra Chávez, retrocedieron luego horrorizados ante la descarnada
condición fascista, ultrarrepresiva y proestadounidense del fugaz
presidente Pedro Carmona. Y a diferencia de la actitud inicialmente
pasiva de las organizaciones sindicales en abril, ahora las nuevas
estructuras y dirigencias, enfáticamente convocadas e impulsadas
por Chávez en los últimos 9 meses, tomaron la iniciativa e
hicieron imposible siquiera una apariencia presentable de huelga
general.
En
abril los medios de prensa habían propagandizado la huelga y
transformado radios, diarios y canales de televisión en
instrumentos de propaganda para llamar al derrocamiento de Chávez.
Luego magnificaron algunos hechos, ocultaron otros y manipularon
todo. Ya aquello, puesto al servicio de un golpe fascista, era una
enormidad anunciadora de graves males. Pero ahora se trata de otra
cosa: como el escenario social era antes del punto de partida
adverso a los intereses y planes representados por los medios de
comunicación privados, fabricaron una realidad a la medida de sus
intenciones y la machacan con absoluto desprecio por los hechos
objetivos, durante 24 horas y en cualquier circunstancia, al parecer
convencidos de que es posible convencer a cada ciudadano de que su
mundo es el que se le impone desde la pantalla de los televisores y
no el que cada uno vive en su hogar, en su trabajo, en su ciudad.
No
es posible dejar de sorprenderse -y de alarmarse- ante la conducta
de tantos periodistas y profesionales que, atrapados al parecer por
un torbellino enajenante, se encapsulan en esta licantropía
colectiva y ensayan una operación masiva que ya no es de
desinformación, sino de reemplazo del mundo real, con la aparente
certidumbre de que lograrán su objetivo.
Acompañado
no sin fruición por la casi totalidad de los grandes medios de todo
el mundo -y muy especialmente en Argentina, acaso porque un
tobellino semejante azota estas latitudes- este fenómeno se
transformó, en las últimas dos semanas, en una estafa informativa
sin precedentes.
El
fenómeno importa por lo que atañe a Venezuela y por su ineludible
proyección urbi et orbi. Pero acaso lo más relevante es el
anticuerpo a su medida que ha creado allá y en todo el mundo, lo
cual no dejará de tener también una proyección de seguro impacto
político.
Los
hechos Por tercera vez en el año, Fedecámaras, CTV (Central de
Trabajadores de Venezuela) y la Coordinadora Democrática convocaron
a una huelga general para el 2 de diciembre. En abril, como se sabe,
la paralización fracasó, no obstante lo cual sirvió como telón
de fondo para el golpe de Estado cuyo desenlace es por todos
conocido (2). En octubre, tras otro pico de tensión, volvió a
fracasar, pero esta vez con mengua notoria en la participación
empresaria y, como se ha dicho, una actitud diferente de la clase
obrera, ya ostensiblemente ajena a la estructura de la CTV.
Cabe
hacer un paréntesis para subrayar que "huelga general" es
un concepto que sólo puede aplicarse a la conducta de los
trabajadores.
Cuando
son los empresarios quienes convocan a detener la actividad
productiva y comercial, el término que describe el hecho es la voz
inglesa lock out. Esta es la primera razón por la cual en Venezuela
no hubo huelga el lunes 2 y mucho menos los días siguientes. La
segunda, es que el sector patronal que adhirió a la medida de
fuerza fue mínimo, circunscripto sobre todo al sector comercial y
dentro de éste al área rica de Caracas, en la zona Este. La
tercera, es que en esta oportunidad un gran número de
establecimientos cerrados por sus dueños fueron abiertos por los
trabajadores, lo cual sumado al hecho de que funcionó sin mengua el
transporte, completó un panorama de casi total normalidad en la
capital venezolana y tanto más en el interior del país.
Al
atardecer del lunes 2, el paro había fracasado por tanto
estrepitosamente, no obstante lo cual -y con el respaldo de la insólita
cobertura televisiva, capaz de mostrar la calle donde uno está
parado frente a un tránsito infernal como un desierto, como le
ocurrió a este corresponsal el 21 de octubre pasado- la cúpula
opositora llamó a continuarlo al día siguiente. Así ocurrió día
por día durante toda la semana, pese a que en cada jornada
desertaban los pocos adherentes a la protesta. Una excepción a esta
regla ocurrió en PDVSA, la empresa petrolífera de Venezuela, donde
la llamada "nómina mayor", es decir el cuerpo de gerentes
de mayor nivel, lograba dificultar en grado diferente, pero en todo
caso preocupante, la producción, la refinación y distribución de
petróleo.
Al
cabo de la semana, el viernes por la noche un tirador solitario
disparó un arma en la Plaza Francia, elegante bastión de un
grupito de altos oficiales golpistas instalados allí desde el 21 de
octubre, y asesinó a tres personas. Los jefes militares ahora sin
mando más allá de las 200 personas que los acompañan en su lánguida
estadía en Plaza Francia, acusaron de asesino a Chávez. En cadena
espontánea, los medios amplificaron la acusación. Pero el asesino
fue detenido y su identidad (es portugués y había entrado cinco días
antes al país), sugiere una cantidad de conexiones que por el
momento están en investigación pero tienden líneas de explosivas
derivaciones hacia la dirección ideológica y política de la
oposición que pretende derrocar a Chávez.
Como
de rayo, la población asoció este atentado terrorista con la
provocación montada en abril, cuando francotiradores luego
identificados como mercenarios pagados por la propia oposición,
dispararon contra manifestantes opositores, provocaron muertes y
detonaron la movilización y los hechos posteriores. Hecha la
asociación y ante la convicción de que se estaba ante un nuevo
golpe de Estado, esta vez las masas no esperaron a que Chávez fuera
desplazado de Miraflores, sino que se volcaron en masa desde todos
los puntos cardinales hacia el centro de Caracas: el sábado 7 una
multitud que cubría unos 20 kilómetros de avenidas centrales ponía
de manifiesto la correlación de fuerzas sociales existente hoy en
Venezuela. Y el alto mando de la Fuerza Armada Nacional (FAN), en su
totalidad, como lo había hecho el 22 de octubre, cuando 14
oficiales llamaron a la rebelión desde la Plaza Francia, se presentó
en televisión junto con el ministro de Defensa para garantizar a la
población que respaldaba el orden constitucional y al presidente Chávez.
Éste
habló el sábado ante la multitud, denunció la escalada golpista y
llamó al pueblo a quedarse en las calles e impedir toda provocación.
Al día siguiente, desde su programa "Aló presidente",
hizo un cuadro de situación, garantizó que no había posibiliad de
golpe de Estado exitoso y ratificó el llamado a la población a
mantenerse alerta y movilizada.
Horas
más tarde se sabría que había sido descubierto y neutralizado un
ataque a Miraflores, que pretendía bombardear el Palacio y asesinar
al Presidente. La prensa internacional calló toda esta información.
La prensa venezolana fue más allá: agudizó su prédica golpista,
mostrando una ficción según la cual Chávez se debilitaba, la
huelga general se fortalecía y el fin era inminente. Ni siquiera
por un elemental sentido de autopreservación los analistas de la
oposición aludieron a un dato ya señalado con hechos
incontrovertibles como prueba: si no infiltrados, los grupos
opositores embarcados en actos terroristas destinados a matar a Chávez,
están seguidos muy de cerca por la seguridad que defiende al
Presidente (2).
El
lunes, sin embargo, sería el día clave. Pasó también inadvertido
para la prensa, pero es probable que tenga hacia el futuro una
relevancia mayor aun que la del 13 de abril, cuando las masas
populares se lanzaron a las calles en todo el país y rescataron a
Chávez para reubicarlo en su cargo de Presidente. Por un lado,
cientos de miles de personas rodearon los canales de televisión, en
una pacífica pero no por ello menos amenazante demanda de que se
dejara de mentir y de convocar a la violencia y al golpe. Por otro
lado, los obreros petroleros comenzaron a actuar para neutralizar el
accionar de la plana mayor asociada a los golpistas. Y aquí ocurrió
un hecho importante: cuando la antigua cúpula de la empresa vio que
comenzaba a perder terreno ante la embestida obrera, lanzó una ola
general de acciones de sabotaje: si no lo puedo controlar, lo
paralizo o lo destruyo.
Advertido,
Chávez ordenó la intervención de las FAN para garantizar la
seguridad de la empresa y la continuidad de la producción. Y se
produjo allí una significativa conjunción de cuadros militares y
obreros físicamente enfrentados con la cúpula de PDVESA, a la que
se sumaron los pobladores de los barrios donde hay instalaciones de
la empresa.
Entre
cientos, hay una anécdota impresionante: en Anaco, cerca de Puerto
La Cruz, los gerentes decidieron cortar el suministro de gas con el
que funcionan las grandes plantas de aluminio de Puerto Ordaz.
Enterados, los obreros, encabezados por XXXX Machuca -un dirigente
independiente que no milita en las filas del oficialismo- ocuparon
varios colectivos, se dirigieron a Anaco, enfrentaron y
neutralizaron a la policía enviada por el alcalde local -obviamente
asociado a la oposición golpista- ocuparon las instalaciones y
restablecieron el suministro de gas, impidiendo que se apagaran los
altos hornos de su empresa.
Paralelamente,
se tomaban medidas frente a algunos capitanes de barcos petroleros
que pretendieron paralizar el transporte y obstruir las vías
fluviales. Ese mismo lunes renunciaba la comisión directiva de
PDVESA y luego, en un acto de autoridad de inequívoco significado,
el presidente de la empresa, Alí Rodríguez, un hombre de larga
trayectoria e inequívoco alineamiento con la revolución
bolivariana y el presidente Chávez, destituyó a todos los
involucrados en actos de sabotaje y anunció una reestructuración
profunda de PDVESA, la ansiada presa de grandes capitales locales e
internacionales que pretenden privatizarla y que está en el centro
de las intentonas golpistas.
Horas
de riesgo extremo Recrudecieron en esos momentos los rumores y
temores de que se sublevarían algunas divisiones militares. De
hecho, falladas todas las instancias previas, la oposición
afrontaba la opción de jugar el todo por el todo o sufrir una
derrota de la que no podría levantarse.
Por
lo demás, nadie imagina que, pese a la exoneración de más de 400
altos oficiales de las cuatro fuerzas desde el golpe de abril, en la
FAN no hay remanentes opositores, eventualmente dispuestos a
sublevarse contra la Constitución y contra Chávez con el aliento
del gran capital opositor y de la embajada estadounidense.
Sin
embargo, desde el martes 10 hasta el momento en que se redacta este
informe (en la mañana del lunes 16), no hubo signo alguno de
malestar militar. Oficialmente, la oficialidad mayor se mantiene
subordinada a los mandos naturales, en una cadena hoy de altos jefes
que según todos los indicios se mantiene fiel a Chávez y dispuesta
a defender la vigencia de la Constitución. Informes confidenciales
no niegan la posibilidad de que algún cuerpo pudiera sublevarse.
Pero no se lo considera probable, por la abrumadora disparidad de
fuerzas entre chavistas y antichavistas, entre legalistas y
golpistas. De hecho, la FAN está cumpliendo un papel múltiple en
relación con la recuperación de PDVESA, que se extiende además a
una operación de alto contenido político, un "megamercado"
instalado en las calles de Caracas y otras capitales, destinada a
garantizar no ya el abastecimiento, sino precios significativamente
más baratos, de comestibles y otras mercaderías para las fiestas
de fin de año.
Desde
las filas golpistas el sábado 14 fue convocada a una manifestación
a la que denominó Marcha sobre Caracas. Tuvo un eco considerable,
aunque los manifestantes fueron menos que los reunidos en la
embestida del 9 de octubre, oportunidad en que ante unas 300 mil
personas se lanzó el paro del día 21 de ese mes. Pero más allá
de las cantidades -que como se ve no son menores e indican una
fractura importante de una franja social- lo significativo fue que
en lugar de marchar hasta Miraflores, como habían anunciado sus
organizadores, la concentración se realizó fuera de esa área, en
la Autopista Fajardo, y no intentó aproximarse al Palacio de
gobierno, rodeado por cientos de miles de partidarios de Chávez.
El
día anterior, otro dato mayor apareció en el tablero de la crisis:
el gobierno de Estados Unidos, hasta entonces limitado a
"hallar una salida democrática", se vio obligado a acudir
en respaldo de quienes demandan "Fuera Chávez ya" y
anunció oficialmente que en Venezuela debían adelantarse las
elecciones. Pocas horas después Chávez respondió que no cree que
el gobierno de Estados Unidos esté interesado en que se viole la
Constitución; ofreció enviarle al gobierno de Washington un
ejemplar de los que siempre carga en sus bolsillos y subrayó que no
existe la menor posibilidad de adelantar las elecciones al margen de
las disposiciones constitucionales.
En
su programa radial del domingo 15, Chávez denunció la última táctica
empleada por la oposición, que por cierto volvió a llamar a
"continuar con la huelga general el lunes 16":
transmitiendo desde Miraflores, el presidente sostuvo que "el
gobierno constitucional y defensor de los intereses nacionales,
enfrenta ahora un autobloqueo intentado por venezolanos, pero que ya
hemos comenzado a derrotar". Se refiere a la ola de sabotajes
en PDVSA y lo hace en explícita comparación con el bloqueo que
Venezuela sufrió a fines del siglo XIX, cuando el presidente
Cipriano Castro resolvió no pagar la deuda externa y fue bloqueado
por Francia y Alemania (3). Chávez denunció que el bloqueo cuenta
con la participación desembozada de los gobernadores del Estado
Zulia, Manuel Rosales, y del Estado Carabobo, Enrique Salas Feo, lo
cual subraya la magnitud del conflicto político planteado.
Sea
como fuere que se desenvuelva esta confrontación, parece evidente
la imposibilidad de cualquiera de las partes involucradas para
volver sobre sus pasos. Aparece así en toda su trascendencia el carácter
y las perspectivas de un conflicto económico, social y político
que, mucho más allá de las fronteras venezolanas, muestra que en
este naciente siglo XXI, mucho más que el anterior, la mera intención
de un gobierno de defender la soberanía, propender al desarrollo
económico y a una distribución menos inequitativa de la renta,
desata fuerzas poderosísimas empeñadas en impedirlo sin reparar en
métodos. Y como siempre, pero más, Estados Unidos está allí para
intervenir en la política interna de otros países. Y como siempre,
pero mucho más, los medios de prensa se distancian de su función
original para intentar reemplazar la ausencia -por agotamiento y
muerte- de los partidos, sindicatos y otros instituciones que hasta
ahora obraron como efectivos instrumentos de poder, para
transformarse en vehículo de la mentira y la manipulación, creando
involuntariamente una necesidad cuya satisfacción acaso sea más
relevante que el triste papel de los medios comerciales de difusión:
una red multiforme y omnipresente de medios alternativos de toda
escala y condición, que lenta pero efectivamente va ocupando el
espacio informativo abandonado por los medios.
1
J.W. Goethe, Obras Completas; T. I. Aguilar, México, octubre de
1991.
2
Ver dossier "Lecciones desde Venezuela", por Carlos
Gabetta, Maurice Lemoine, Bernard Cassen y Alfredo Eric y Eric
Calcagno, en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
3
Esto daría lugar a la célebre "Doctrina Drago", por el
canciller argentino Luis María Drago, quien denunció la ilegalidad
del cobro compulsivo de deudas a un Estado. Ver Salvador María
Lozada, "Moderna condena de Sísifo", Le Monde
diplomatique Edición Cono Sur, junio de 2.000.
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