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Fue asesinado el 20 de octubre de
1998, al recibir seis impactos de bala, varios de ellos a la altura de
la cabeza, cuando ingresaba al edificio del conjunto familiar donde
residía en el sur de Bogotá en horas de la tarde.
Esa misma tarde, en su condición de
presidente ejecutivo de la Central Unitaria (su titular, Luis Eduardo
Garzón, se encontraba al frente del paro y las negociaciones estatales)
participó de una reunión de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil
por la Paz, y en compañía de Carlos Rodríguez suscribió un comunicado de
prensa condenando la voladura del oleoducto a la altura de Machuca.
Cuando el comunicado llegaba a los primeros medios el vicepresidente de
la Central Unitaria ya había sido ultimado.
El asesino de
Jorge Ortega, un hombre joven, grueso y de mediana estatura, salió del
conjunto disparando a diestra y siniestra. Le hizo todo el seguimiento
del mundo al vicepresidente de la CUT, quien en compañía de Domingo
Tovar fue, tal vez, el sindicalista más amenazado del país. De hecho,
luego de su elección durante el segundo congreso, ha sido de los
integrantes del comité ejecutivo que más tiempo han debido despachar
desde el exilio, víctima de amenazas y atentados.
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