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Apartes de un discurso de Jesús María Valle
el 25 de agosto de 1997 durante la conmemoración del décimo
aniversario de los homicidios de Héctor Abad Gómez y
Leonardo Betancur, ambos defensores de derechos humanos. Cortesía
de la Agencia de Prensa IPC*.
“De
improviso, en los últimos años, en forma abrupta, se rompió
ese esquema que traíamos y surgió un plan para acabar con el
movimiento guerrillero en ese lapso. Entonces aparecieron
unos hombres en las regiones que cometían una serie de
tropelías y asesinatos y hábilmente desaparecían de la zona;
y se suscitaron las primeras masacres en zonas geográficas
donde no había enfrentamientos entre partidos y fuerzas de
izquierda.
Y después esas fuerzas se fueron ubicando en los perímetros
urbanos y generaban un estado de terror y de zozobra, y los
campesinos caían asesinados; mientras, en las veredas y
corregimientos se mataban a los dueños de las tiendas
comunitarias. Eso ocurrió en el Norte, en Oriente, en
Occidente...
Se empezó como a gestar un plan macabro, donde el
investigador no lograba penetrar qué estaba sucediendo, en
qué zonas geográficas se cometían esas masacres y esos
asesinatos masivos. Y nuestros ríos históricos fueron
testigos de los cadáveres arrojados.
Y en las
carreteras, esas carreteras construidas con el esfuerzo
antioqueño, los vehículos eran parados, los campesinos
bajados de los mismos y asesinados arrodillados.
Un clima de zozobra empezó a desintegrar todo lo que
habíamos construido durante muchos años. Y aquellos maestros
que protestaron fueron perseguidos, desaparecidos y
asesinados. Entonces se empezó a desintegrar todo ese
sistema educativo. Las escuelas se quedaron sin niños y
maestros. Y los maestros eran perseguidos y la educación
perdía calidad.
Y los médicos que iban a las veredas y a los corregimientos
a atender a los enfermos con mucho esfuerzo también fueron
perseguidos, intimidados, amenazados, desaparecidos, y el
sistema de salud empezó a degradarse.
Y los programas agropecuarios, las Umatas en Antioquia,
cuando soñábamos cómo reemplazar el café, cuando soñábamos
con un dominio del paisaje y la agricultura, se
desintegraron.
Aparecían fuerzas oscuras que reemplazaban al alcalde... los
comandantes. Eran paramilitares, Convivir, autodefensas. Y
se fue tornando ambiguo ese concepto de autoridad pública:
unos eran amigos o enemigos de las Convivir, amigos o
enemigos de los paramilitares, amigos o enemigos de la
guerrilla.
Y ese tejido social solidario del campesino, se fue
desintegrando y se empezó a consolidar la zozobra al lado
del temor, mientras se perdían los proyectos culturales,
artísticos, artesanales. Es decir, ha habido un proceso de
degradación en la relación del hombre con la comunidad, con
su medio.
Entonces, en este recinto puedo decir, a manera de
inventario, que yo escuchaba decir que el meridiano de la
cultura y la política pasaban por Antioquia. Hoy puedo decir
que el meridiano de la violencia pasa por Antioquia.
Estamos exportando, a través de una concepción equivocada
del orden público, violencia para los departamentos
pacíficos como los de la Costa y el Chocó. Estamos
exportando violencia, a través de las Convivir, para todo el
país.
Lo que habíamos construido como base impositiva, a través
del impuesto predial y del de industria y comercio, para
fortalecer los aportes de la Nación y hacer programas de
desarrollo educativo, lo hemos desintegrado porque hay que
pagar cuotas a las Convivir, a las autodefensas, a los
paramilitares. Y los paramilitares y las Convivir se
confunden en los uniformes, las sedes, en los vehículos que
utilizan. Es decir, ya la Fiscalía tiene que pedir permiso a
esos personajes que aparecen extrañamente en los municipios,
para poder hacer los levantamientos de cadáveres. Y los
inspectores que hacen esos levantamientos de cadáveres son
asesinados para destruir la prueba, para impedir los
sistemas de investigación judicial.
Esa es la situación hoy. Lo han visto mis ojos, lo he
presenciado con gentes de mi pueblo, de mis veredas, de mis
corregimientos. A esas personas que yo vi nacer, con esas
personas con quienes escuché silbidos de miseria en las
montañas, han sido asesinadas. Y yo he ido por todas partes
invocando el derecho de petición para la población
campesina, y no he recibido una respuesta positiva.
Esa es la situación dramática que presenta hoy Antioquia y
es el informe que puedo rendir hoy con honestidad en este
recinto, sin odios contra nadie, pero sí con una infinita
tristeza de cómo se van perdiendo las vidas y golpeando a
las personas”.
* Tomado de:
www.semana.com. |