|
"...Mientras
los Estados Unidos intentará constantemente buscar el apoyo
de la comunidad internacional, nosotros no vacilaremos en
actuar solos, si es necesario, para ejercer nuestro derecho a
la auto-seguridad actuando de antemano contra tales
terroristas…" (página 6). (National
Security Strategy) |

|
9 Febrero 2003
"Elaborando
una licencia global para matar."
Por
Wendell Berry*
La
Estrategia Nacional de Seguridad (National Security Strategy)
publicada por la Casa Blanca en Septiembre de 2002, si la ponen en
práctica, significaría una revisión radical del carácter político
de nuestra nación. Su frase más central y significativa es:
"Mientras
los Estados Unidos intentará constantemente buscar el apoyo de la
comunidad internacional, nosotros no vacilaremos en actuar solos, si
es necesario, para ejercer nuestro derecho a la auto-seguridad
actuando de antemano contra tales terroristas…" (página
6)
Con
esta doctrina nueva, el presidente solo puede iniciar una guerra
contra cualquiera nación en cualquier momento. La mera idea de un
gobierno actuando a solos en una guerra ‘iniciada de antemano’
es anti-democrático en su fondo, porque no requiere o permita al
presidente obtener el permiso de los que son gobernados. Como política,
esta estrategia nueva depende de la aquiescencia de un pública
mantenida en estado miedoso e ignorante, y del consentimiento de una
legislatura intimidada y dependiente de su oficina.
La
justificación alegada para esta estrategia nueva es la emergencia
reciente en EEUU del terrorismo internacional, definida como
"la violencia contra inocentes que es premeditada y políticamente
motivada" (p. 5). Esta violencia es verdaderamente distinta,
pero la implicación del uso de la palabra "terrorismo"
que este tipo de terror es el trabajo exclusivo de
"terroristas" engaña. El comportamiento guerrerista
"legítimo" de las naciones tecnológicamente avanzadas es
también violencia premeditada, políticamente motivada y muchas
veces llevado a cabo contra inocentes, al igual que con
"terrorismo," y la voluntad de llevarlo a cabo como
"guerra", no nos alivia por nada.
En
la Estrategia Nacional de Seguridad hay poco entendimiento de que el
terrorismo puede tener una causa que se podría remediar. Los
"pocos amargados", al parecer, son puramente
"malos." Un gobierno, comprometiendo a su nación a
"acabar con el mal en el mundo", se supone necesariamente
que su nación y su gobierno es buena. Pero la propuesta que
cualquiera cosa tan múltiple y grande como es una nación puede ser
"buena" insulta la razón. Quita la posibilidad de una
auto-crítica o una auto-corrección, y nos lleva lejos de las
tradiciones de religión y democracia.
Pese
al espanto de las amenazas que confrontamos, no nos alivia de la
responsabilidad de ser inteligente, con principios y pragmático. La
abreviación de nuestros derechos civiles, el desafío de la ley, y
el acudir a la fuerza contundente, productos del miedo y del los
pensamientos apresurados, no nos pueden proteger contra la destrucción
de nuestra tierra por nosotros mismos. No nos pueden proteger contra
el egoísmo, el despilfarro, y la avaricia que hemos legitimado aquí
como virtudes económicas, y que hemos enseñado al mundo. No nos
puede proteger contra el desprecio de largo plazo de nuestro
gobierno de cualquiera forma de autosuficiencia o frugalidad, o
contra la dependencia consecuente sobre los recursos extranjeros,
tales como el petróleo del Medio Oriente.
La
Estrategia Nacional de Seguridad intenta constituir una política
extranjera usando principios contradictorios. Este documento afirma
la paz como justificación de la guerra, y la guerra como el camino
hacia la paz, perpetuando el absurdo. Pero implícito en sus
argumentos para justificar el derecho de la nación para actuar solo
en su propio interés es la aceptación de la guerra como una
condición permanente.
Esta
contradicción no se puede resolver salvo por una arrogancia
inconcebiblemente naïve. Los autores de la estrategia parecen de
vez en cuando algo concientes de las dificultades correspondientes.
Su definición implícita de "nación bellaca"
("rogue nation"), por ejemplo, es cualquiera nación que
busca grandeza nacional por medio de avanzar sus capacidades
militares que pueden amenazar a sus vecinos, menos a esta nación.
Y
si piensan ustedes que la actitud del gobierno nuestro con las
"naciones bellacas" puede tener un fondo en la ley
internacional, van a estar desencantados aprender que en la página
31 dice:
"Nosotros
llevaremos las acciones necesarias para asegurar que nuestros
esfuerzos para cumplir nuestros compromisos de seguridad global y
proteger a los Americanos no sería dañados por las
investigaciones, encuestas o prosecuciones potenciales por el Corte
Criminal Internacional, cuyo jurisdicción no extiende a nuestros
ciudadanos y que no aceptamos."
El
respeto de la ley en el mundo, pues, será apoyado por la nación
que se declara inmune de la ley. Es una hipocresía de niño que se
disfraza como política extranjera de la nación.
Que
Sr. Bush agrega esta Estrategia de Seguridad al compromiso de ambos
partidos políticos a la globalización neoliberal muestra
claramente una locura Americana que no se ha visto tan claramente
antes. La América, cuyo Negocio es el Negocio (de la frase de
Hoover: "The Business of America is Business.") se ha
internacionalizada su economía apresuradamente (por motivos malos y
sin pensar en las consecuencias), buscando por todos lados con quien
hacer comercio internacional, buscando la mano de obra barrata y
para evitar pagar impuestos, mientras la América cuyo Negocio es la
Defensa Nacional se retira del mundo aresuradamente (por motivos
malos, y sin pensar en las consecuencias), amenazando por todos
lados, abrogando sus acuerdos internacioales y alienando a sus
amigos.
Desde
el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando los terrores de la
guerra industrializada se vieron tan claramente, muchos pueblos y
gobiernos llegaron a reconocer que la paz no es solamente una
condición deseada, sino una necesidad práctica. En los años entre
nuestra victoria en la primera Guerra del Golfo y la fecha del 11 de
Septiembre de 2001, no hemos alterado nuestro pensamiento sobre la
paz y la guerra. Es decir, hemos pensado mucho sobre la guerra y muy
poco sobre la paz; no hemos hecho un esfuerzo para reducir nuestra
dependencia sobre el petróleo que importamos; no hemos mejorado
nuestra caridad hacia los demás pueblos del mundo; no hemos hecho
ningún movimiento hacia el auto-abasto económico; y hemos seguido
dañando, muchas veces, sin remedio, a nuestra propia tierra. Parece
que hemos pensado que nuestra victoria confirma nuestro destino
manifiesto para ser la nación más rica, más poderosa y más
despilfarradora del mundo.
Los
que se oponen a esta política ya no podemos perder tiempo
confundiendo pacifismo con pasividad. La paz auténtica no es menos
pasiva que la guerra. Como en la guerra, la paz auténtica nos llama
a una disciplina y una inteligencia y fortaleza de carácter, pero
nos llama también a principios y metas altos. Si somos serios en
cuanto a la paz, entonces debemos trabajar tan arduamente, seriamente,
continuamente, cuidadosamente y corajosamente como nuestro gobierno
ahora se prepara para la guerra.
*Wendell Berry,
ensayista, novelista, agricultor y autor de "The Unsettling of
America" es miembro del "Praire Writers Circle", un
proyecto del Instituto de la Tierra (the Land Institute) en Salina,
Kansas. Este ensayo es una versión de uno que pareció en la
revista Orion: www.orionsociety.org/pages/om/03-2om/Berry.html
|