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Exiliados/as, Solicitantes de Asilo e Inmigrantes En Europa, Corazón
de las tinieblas
Por: Hugo Paternina Espinosa. Madrid, 20
de junio 2008.
1. Criterios previos.
El 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado, fecha que
vale la pena señalar, fue institucionalizada hace más de un lustro por
la ONU, en particular por Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR), con el fin de recordarnos la tragedia que viven
millones de personas en el mundo, las cuales han decidido huir o huirán
en lo sucesivo de sus habituales lugares de residencia por entre otras,
las siguientes razones: violencia política interna, conflictos
religiosos, étnicos, desastres ambientales, guerras por recursos
energéticos de carácter estratégicos, violencia de género y también y
como no podía faltar, por las invasiones ilegales e ilegitimas que
importantes potencias mundiales y regionales practican contra otros
países por intereses geopolíticos, económicos y de otra índole; léase
las guerras encabezadas por EEUU y la coalición europea contra Irak, o
la que de modo simultáneo ha librado el Estado de Israel contra
Palestina y el Líbano, por señalar sólo algunas.
La
institucionalización de este día como una fecha simbólica y universal,
empero, si bien pretende a modo de ritual recordarnos y también y en
apariencia visibilizar lo brutal y desolador que representa esta trágica
y espantosa realidad para quien la padece, o quienes la padecen, lo
cierto es que esta fecha en estrictu sensu y al menos en su formulación
lingüística se aleja un tanto de esos presupuestos previamente
definidos, pues al enunciarse como el Día Universal del refugiado
se incurre, por un lado, sin duda, en una singularidad crasa y
eliminante de lo plural, y, por otro lado, en un ejercicio lingüístico
en donde la visión y el imaginario androcéntrico y patriarcal no hacen
si no desconocer o invisibilizar una realidad que en esencia, sin
equívoco alguno, debe ser cartografiada y topografiada también desde el
rostro de lo fémino, pues si algo caracteriza hoy por hoy al fenómeno
del asilo y el refugio en el mundo, sólo basta ver los registros
estadísticos, es que es una realidad masiva y masificada y la cual
afecta cada vez más a un mayor número de mujeres. ¿Y si el fenómeno
tiene estos marcadores identitarios por qué entonces se insiste de modo
contumaz en llamar el “Día del Refugiado” a algo que en esencia es
plural y también tiene rostro femenino?
Así, si hago una de-construcción somera del enunciado lingüístico –
El Día del Refugiado- es para llamar la atención en el sentido de
que considero impropio que se siga enunciando desde las abscisas de la
unicidad y desde lo masculino un fenómeno que cuando menos es
multitudinario y que presenta un significativo e inocultable proceso de
feminización, razón por la cual no se puede seguir apelando y de modo
escurridizo a una pretendida economía del lenguaje, de modo consciente o
inconsciente, y, ello, para desvirtuar una realidad que no admite por lo
trágico que ella encierra deformación alguna,
ni
en el plano psico-lingüístico ni sociopolítico. En este sentido sería
más apropiado empezar a hablar y con gran enjundia del día del Refugio y
el Asilo, si lo que se quiere es utilizar una categoría neutral. Dicho
lo anterior habría que decir que, hasta en el dolor y la tragedia las
mujeres son invisibilizadas y las muchedumbres perversamente
singularizadas. Hecho estas observaciones preliminares paso a comentar
lo siguiente.
2. ¿Por qué se huye
en los tiempos de la Modernidad líquida?
En la era de la
modernidad liquida, caracterizada así por Zigmunt Bauman, ilustre
profesor de la Universidad de Leeds y de Varsovia, las sociedades se
caracterizan cada vez más por producir ingentes cantidades de “residuos
humanos”,
una más que otras, bien es decirlo, y, en especial, aquellos arreglos
societales que viven en los márgenes del orden global imperante. De
estos espacios salen huyendo y cada vez más por el pavor de las guerras,
o por las distintas formas de violencias que hoy existen, un número cada
vez mayor de personas, las cuales salen en distintas direcciones
buscando un espacio en donde guarecerse de la tortura, las mutilaciones,
las desapariciones forzadas, los genocidios, la violencia fanática, etc.
Violencia que pulula,
huelga decir, gracias al Terrorismo de Estado, en muchos casos, o a la
privatización de la violencia y en donde juega un papel fundamental los
señores de la guerra;
financiados y como ahora se sabe en no pocos lugares por inescrupulosas
multinacionales, entre las que cabe señalar la Drummond y la Chiquita
Brand en el caso de Colombia, o la UNOCAL, en distintas regiones del
Asia Central, y todo ello con el silencio y muchas veces el respaldo de
importantes gobiernos del primer mundo, lo que contraviene y a las
claras esa pretendida superioridad moral que dicen encarnar importantes
gobiernos del mundo industrializado, quienes en no pocos casos entonan y
de modo contradictorio ensordecedores estribillos en el que la
democracia y los derechos humanos suenan en do mayor, mientras actúan
del modo alevoso y criminal antes señalados.
Muchos/as huyen sin la
esperanza de regresar y con la incertidumbre de no ser recibidos en
ningún lugar, así millones de refugiados/as han pasado a convertirse en
una suerte de parias y a quienes el sistema vomita con naturalidad, sin
ninguna teatralidad previa, y de quienes de modo presuroso se protegen
las esquizofrénicas sociedades liberales y democráticas del primer
mundo, mientras los países del sur presurosos empiezan a emular este
mismo comportamiento. Para protegerse de los posibles intrusos, de
“éstos desechables”, dirían en Colombia, las sociedades desarrolladas
del mundo levantan cada días más alambrados, corren las fronteras
previamente definidas hacia nuevos confines, instauran radares y
sensores para evitar que las fronteras sean permeadas por éstos/as
neo-bárbaros/as; quienes según la lógica de la seguridad y defensa hoy
imperante son portadores en potencia de todo tipo de epidemias, al igual
que son agentes por excelencia del terrorismo y, también, de todo un
conjunto de prácticas y prédicas que pueden llegar a disolver una
idílica, imaginada y esencialista “cultura nacional” o postnacional,
Europea o norteamericana, según sea el caso.
Y a lo anterior, no
sólo se remiten los dispositivos de la bio-política del control a la
hora de evitar que todas estas personas huyan del terror globalmente
orquestado y expresado localmente; de dichos dispositivos hacen parte
también y de modo capital: el fondear barcos militares y flotas de
helicópteros en las costas de aquellos países que se consideran fuentes
emisoras de población residual, léase Senegal, Mauritania y Libia, por
ejemplo, y también el militarizar las fronteras internas, crear nuevos
muros de la indignidad, abrir centros de internamientos en el corazón de
Europa, en países satélites y colaboracionistas con esta política, y
firmar, como no, acuerdos de repatriación con países expulsores o, de
tránsito; todo ello bajo el otorgamiento de presuntas ayudas al
desarrollo.
Amén de dejar a miles
de personas en condiciones de náufragos en alta mar, presa del frío, el
hambre, la muerte, o en su defecto y como ya sucedió, ser soltadas las
mismas en el desierto del Sahara para que la sed y el sol canicular
acabe con quien o quienes decidieron por la fuerza de los hechos
desafiar los nuevos castillos de quienes gobiernan la actual barbarie
civilizada que representa en muchos apartes la globalización, es decir,
los países del primer mundo. Para acometer todo este proceder criminal
la Unión Europea se ha empleado a fondo, unas veces a modo propio, léase
el papel jugado por España, Italia y Malta en el cuidado de la frontera
sur del Mediterráneo, y, otras, haciendo corresponsables a países
periféricos.
Como pruebas
irrefutables de este criminal proceder hay que señalar el papel que
viene jugando Malta, España y que ya ha jugado y juega Marruecos,
quienes actuando con todo vigor, unos en calidad de miembro de la Unión
Europea y otros en calidad de invitados de pacotilla, evitan que los/as
solicitantes de asilo e inmigrantes intenten ingresar al fortificado
mundo europeo, lo que no ha estado exento de crímenes a manos del
ejército marroquí como aconteció en Ceuta y Melilla a finales del 2005
y, sobre todo, ante la mirada cómplice de la Unión Europea. Igual papel
está cumpliendo hoy Libia, Senegal y Mauritania y a quienes les han
encargado de actuar como primer anillo de seguridad para evitar que
nuevos intrusos/as quieran entrar al territorio europeo, o, en su
defecto, recibir a los/as deportados/as que se hayan introducido por los
peligrosos resquicios que el panóptico sistema del cuidado de las
fronteras edificado por Europa haya podido dejar colar.
3. Los mass
medias ocultan el dolor y visibilizan el miedo.
En la sociedad de la
imagen y el color, es decir, en el colorido mundo de Bennettón no hay
lugar para visibilizar de modo solidario la tragedia que viven millones
de refugiados/as. Los grandes medios de comunicación no tienen el menor
interés de difundir una imagen positiva de una realidad que muy a pesar
de dolorosa y traumática no logra calar en las presurosas y evaporantes
conciencias de quienes integran la sociedad global, quien entre el tedio
y la indiferencia asesina asiste como espectador pasivo al macabro
teatro del dolor que engulle a quienes viven esta desgarradora
experiencia que es el refugio. Está claro que los medios informativos en
un no menor número en los países del primer mundo no les asiste ningún
interés de movilizar la conciencia ciudadana ni la solidaridad frente a
la tragedia que viven millones de personas, bien sea como solicitantes
de asilo y refugio, o como refugiados/as, sin embargo, si están
dispuestos a prestar sus páginas y todos sus recursos informativos para
promover discursos racistas y xenófobos contra ellos/as, lo que les se
convierte no sólo en los blancos predilectos de toda suerte de
estereotipos, sino de ataques verbales y también físicos.
Algunos mensajes contra
los/as solicitantes de asilo en algunos países europeos o fuera de este
continente y expuesto a través de diferentes medios nos muestran un
claro reflejo de lo señalado: “voy a estar frente al centro para
solicitantes de asilo. Allí podremos eliminarlos uno a uno. (…) Todo lo
que se puede esperar de esta gentuza es violaciones y tráfico de drogas…
Me fui de Viena por eso mismo, y ahora esta basura me sigue los pasos.
Ninguno de los aquí presentes es racista u odia a los extranjeros. Aquí
no cabe más gente, aunque venga del propio infierno, y no vamos a
permitir que Malta se africanice. (…) Muchas veces digo que los
solicitantes de asilo son un poco de cucarachas, porque todo lo que
hacen es tomar, tomar, tomar. Los pondría contra el paredón y los
fusilaría” (ACNUR: Refugiados:2006)
A ello se suma el que
se instala en la opinión pública la idea de que los/as solicitantes de
asilo y refugio y los/as asilados/as viven una vida parasitaria, es
decir, a expensa del erario público, de que son responsables de los
robos y todo tipo de delitos en las sociedades de acogida. También se
les acusa de ser falsos solicitantes de asilo y de que han llegado a
países del primer mundo no huyendo de los oprobios de la guerra y la
violencia como suelen manifestar, dicen, sino en busca de vivienda,
salud y trabajo, al tiempo que se deja correr la idea de que el país
hasta donde algunos/as han llegado o han podido llegar, es el primer
país receptor de solicitantes de asilo, lo que configura en la mayoría
de los casos un enorme bulo, un insoportable desconocimiento de los
verdaderos lugares hacia donde se dirigen las personas que buscan
proteger sus vidas, que no es precisamente, por cierto, los países que
conforman el mundo industrializado.
En este sentido resulta
revelador el artículo de Ruper Colville
(2006), quien analiza el tratamiento recibido por los/as solicitantes de
asilo y refugio y también asilados/as por parte de algunos medios
informativos australianos y, dice, que en una investigación realizada
por el ACNUR en septiembre del año 2002, se comprobó que en el año 2000,
en 631 periódicos regionales y nacionales se daba a entender que
Australia se enfrentaba a un elevado número de solicitantes de asilo.
Los artículos solían ir acompañados con fotografías de barcos atestados
de gente que, sumadas a la parecida cobertura del tema realizada por la
televisión, reforzaban la idea de una invasión.
Sin embargo, la realidad
es tozuda y para entonces y también para hoy es válido el criterio que
Australia no enfrentaba ni enfrenta ninguna invasión, por lo que ante
tal alarmismo, prosigue Colville citando al (ACNUR 2006:15):
“Desde un punto de vista mundial, el número de personas que llega a
Australia es muy bajo. Normalmente se habla de ello como si se tratara
de una avalancha o una riada, pero en realidad, y comparado con la
mayoría de los países europeos, la palabra más adecuada sería goteo.
Comparado con la cantidad de refugiados existentes en un significativo
número de países en desarrollo de gran pobreza – a menudo cientos de
miles e incluso millones--, la cifra de personas que vienen a Australia,
inferior a los 10.000 por año, es de hecho bien baja” Y como el caso
de Australia, el de otros países del primer mundo.
4. Los/as
refugiados/as y sus vidas Rotas. ¿Una especie de páramo cultural?
Los/as refugiados/as se
reproducen y no por generación espontánea, sus dramas discurren
silenciosos y son invisibilizados/as y silenciados/as de múltiples y
singulares modos, sus vidas rotas y no pocas sumidas en el desamparo más
brutal y en medio de improvisados y agresivos campamentos se tornan sin
presente ni futuro alguno, algunos/as están allí atrapados/as desde hace
ya mucho tiempo y no tienen ni tendrán escapatoria alguna. Aunque
parezca increíble, al interior de los campamentos hay generaciones
enteras que son la encarnación o prolongación del desarraigo y de la
fuga. Esta generación no tiene raíces primarias ni referentes distintos
al campo de refugiados/as; estos sitios están convertidos, la gran
mayoría, en gigantescas chabolas, en auténticas cárceles del olvido y el
dolor y no ofrecen ni pueden ofrecer ninguna inmunidad a quienes han
llegado hasta allí buscando protección, tampoco nadie se las puede
garantizar y menos en un momento en el que los/as refugiados/as importan
cada vez menos a la ONU y a los países en donde están dichos
campamentos.
En los
campamentos todo se vuelve superfluo, aleatorio, eso lo percibí
en mi reciente visita a los campamentos Saharui, en el Sahara argelino.
Allí no hay lugar como no sea para un militante presentismo y en donde
el realismo de la desesperación como dice Michel Pialoux (1975)
en otro contexto, se vuelve hermano gemelo de la incertidumbre. Así, la
población del mundo que habita en los campos de refugiados/as son seres
sin mañana y pese a habitar esos espacios viven sus vidas bajo un
déficit aberrante de lugar, de locus, pues no hay espacios en la
sociedad para ellos/as y difícilmente lo tendrán siempre que quieran
establecer una nueva comunidad de vínculos y hallar nuevos sentidos a la
existencia. En muchos casos, en los campamentos de refugiados/as la vida
siempre está en juego y la muerte no deja de ser un inexorable destino.
La arremetida del
ejército libanés contra refugiados/as palestinos/as del campo de Nahr al
Bared hace ya un tiempo es un claro y categórico ejemplo de ello, y
antes, en el 2002, la violenta muerte de 45 personas palestinas en el
campo de refugiados/as de Jenín, en Cisjordania, es otra clamorosa
muestra de semejante tropelía. Y, ello, para no hablar de Sabra y
Shatila a finales de los años 80 y de otras experiencias del mismo
tenor, las cuales son una mácula para la ONU y para el humanitarismo
global. Frente a todo este drama acumulado son pocas las voces que se
levantaban para exigir y demandar el respeto por la integridad de los/as
refugiados/as en dichos campos, quienes no pocos/as han encontrado la
muerte en los mismos, justo cuando han huido de ella de otros lugares.
Frente a ello calla y de modo impune la Unión Europea, los EEUU y apenas
el ACNUR articula palabra alguna.
5. El silencio de
los poderosos y sus infamias.
Y no sólo las grandes
potencias industrializadas del mundo callan ante esta difícil situación,
sino que basadas en una política de rígido control de los flujos
migratorios vienen imponiendo toda suerte de obstáculos a todas aquellas
personas que pretenden buscar asilo y refugio en sus sociedades, y a
quienes y por demás no dejan de catalogar como inmigrantes económicos, a
lo cual le sigue una deplorable política de denegación de asilo, cuando
les admiten a trámite la solicitud, a quienes se les admite queremos
señalar, cosa cada vez más rara en no pocos países de la Europa del Euro
y la Unión, o en su defecto, les deportan de un puerto o un aeropuerto
sin ni siquiera escuchar sus argumentos, es decir, los motivos de su
angustiosa y dolorosa huida.
En este contexto,
solicitar asilo y refugio en las principales potencias industrializadas
del mundo se ha vuelto una verdadera odisea, razón que viene a explicar
por qué en el último lustro el número de demandante de asilo y refugio
en éstos países ha caído de manera estrepitosa y, como un contrasentido,
justo en un momento en el que el número de solicitantes de estas figuras
ha aumentado, en razón, como no, de guerras como la de Irak, Afganistán,
Colombia, Sudán, Somalia y, otras, en donde los EEUU y no pocas
potencias Europeas tienen importantes intereses económicos, geopolíticos
o de abierta cruzada contra el llamado terrorismo internacional.
Así, resulta paradójico
que EEUU, Italia, Inglaterra y Australia, por citar unos casos,
auspicien guerras como la de Irak o la de Afganistán, y maten como
matan, a civiles y del modo en que los matan, bombardeados; y luego
cuando éstos huyen y solicitan asilo y refugio en dichos países y hasta
donde llegan después de mil y una peripecia, quien pudiera creerlo, se
encuentran con el hecho de que no se les permite ni siquiera, en no
pocos casos, presentar la solicitud de asilo o refugio. O, en su
defecto, cuando se las admiten a trámite terminan denegadas en la
mayoría de los casos bajo el supuesto de que esos países por obra y
gracia del pentágono y de los neoconservadores y de su política de
guerra preventiva son ya unas democracias
La situación de los/as
solicitantes de asilo y refugio y de los/as asilados/as en el mundo es
de suma preocupación. Y lo es, porque el fenómeno tal y como lo
reconoció Antonio Guterres, Alto Comisionado de Naciones para los
Refugiados (ACNUR) en su informe titulado “"Tendencias mundiales 2006",
el cual fue presentado el pasado 20 de junio de 2007, no sólo va en
aumento sino que los principales países industrializados están mostrando
un comportamiento cada vez más renuente a admitir solicitantes de asilo
y refugio y a conceder esta figura a quien la requiere.
Las cifras dadas a conocer por ACNUR
son significativas. De acuerdo a los registros de éste organismo, nada
subversivo, por cierto, el número de refugiados/as aumentó de los 8.7
millones, cifra correspondiente al 2005, hasta los 9.9 millones a corte
de 2006, lo que representa un aumento del 14% de un año para otro.
En el 2008, más de 11 millones de refugiados/as se
reporta por las agencias especializadas en el tema. Colombia, dentro de
este parque temático del horror encabeza el ranking
mundial en cuanto a desplazamiento interno se refiere, y, ello, curiosa
y contradictoriamente, cuando en Europa y los EEUU bendicen al régimen
turbio que Preside Álvaro Uribe Vélez, il capi de Tutti Capi como un día
lo definiera su otrora y hoy finado Ex secretario de Gobierno, Pedro
Juan Moreno. Europa, los EEUU y los industriales colombianos celebran
las bondades de la Seguridad democrática del Presidente Uribe, es decir,
el aumento de la inversión extranjera, del crecimiento económico, etc,
pero todo ello teniendo como consecuencia un aumento de la población
desplazada y asilada; esa misma que vive como extranjera en el país, o
que es devuelta de un aeropuerto europeo o norteamericano en su intento
de cruzar la frontera. En este caso preciso es preguntarnos, si Colombia
es tan segura de la mano de Uribe ¿por qué no cesa de crecer el número
de desplazados/as y de refugiados/as colombianos/as y para quien es la
famosa seguridad que tanto se alaba?
Estas cifras no tienen en cuenta,
valga decir, los más de cuatro millones de Palestinos/as que viven bajo
el amparo de la ONU en países como Líbano, Jordania, Siria, Cisjordania
y la Franja de Gaza, y ello gracias al todopoderoso Estado sionista de
Israel y de las potencias mundiales que apoyan por acción o por omisión
tamaña injusticia. Y dentro de los guarismos referidos --- que son
víctimas, no se nos olvide--- no se incluye tampoco los más de
veinticuatro millones y medio (24.5 millones) de desplazados/as internos
que hoy existen en distintos países en el mundo y que no son
considerados refugiados/as y, ello, sólo porque o no han podido cruzar
una frontera próxima o porque no han querido abandonar definitivamente
el país donde hoy se encuentran en condiciones de extrema vulnerabilidad
y siendo rehenes de toda suerte de injusticias.
Así, pocas dudas hay que los/as
desplazados/as viven en un locus no legal, no existen para la
juridicidad internacional, pues su realidad no es recogida ni reconocida
de modo formal en ningún tratado de las naciones Unidas, lo que quiere
decir que el ACNUR no tiene mandato sobre dicho colectivo, sin embargo,
atiente a un número considerable en todo el mundo, lo que no elimina la
vulnerabilidad creciente desde el punto de vista legal y social a lo
cual se ven expuestos/as producto de su realidad. Y si los atiende, más
allá del moralismo y el humanitarismo confeso e incontestable, es para
evitar que las personas salgan en dirección a Europa, Norteamérica o
puedan llegar a crear un problema en la zona de huida más próxima, hacía
donde seguro se desbordará la situación en primera medida, pues son las
fronteras próximas los muros de contención o los primeros anillos de
seguridad a la hora de evitar que los desplazados/as huyan hacia los
países industrializados del Norte. Esto es lo que hace que en medio de
la desatención que viven los/as desplazados/as internos se escuchen
algunos slogan y alguna propaganda que hablan de dignificarles y de
prestarles alguna atención, cuando ello ocurre, obviamente.
6. Ataque a la Convención de
Ginebra y el impulso a la externalización y regionalización del asilo.
El drama que vive este grupo en
distintos países de África, Asia y América es aterrador y sin embargo en
el seno de la mal llamada comunidad internacional no hay un consenso ni
tampoco la voluntad política de definir quién debe responsabilizarse de
los/as desplazados/as. Está claro que a muchos estados y gobiernos del
norte y del sur les conviene que los/as desplazados/as no crucen ninguna
frontera, que se queden encapsulados en las redes y marañas de sus
propios contornos geográficos, pues así se pone en práctica las salidas
locales y regionales que con gran dosis de entusiasmo y de cinismo
impulsan los países industrializados, sobre todo, para evitar la
metamorfosis, es decir, el paso de desplazado/a a refugiado/a, y lo que
esto significa de cara a la Convención de Ginebra de 1951, marco
jurídico internacional que regula lo concerniente al asilo y refugio en
el mundo; atacada y puesta en cuestión, valga decir, por dichas
potencias en la lógica de hacerle cuando menos un esguince a su
cumplimiento o, en su defecto, desconocer su aplicación a través de un
notorio ejercicio de malabarismo jurídico.
De este modo, dentro del imperante
reino de lo fluido y lo gaseoso que es este mundo hoy, no hay nada que
tenga que ver con el refugio y el asilo, con el desplazamiento forzado y
con los/as refugiados/as que pueda mantenerse en pie. En este marco
referencial se busca entonces y por todos los medios persuadir a quien
quiera cruzar la frontera que se abstenga de ello. Así, la política de
visados se ha endurecido en no pocos países del primer mundo, y a esto
se suma el atacar con medidas duras a los transportistas, el aplicar la
Convención de Ginebra de forma restrictiva y conveniente, al tiempo que
se aplican planes de acogida en donde la integración de los/as
solicitantes de asilo y asilados/as brilla por su ausencia. Amén de
crear campos externalizados fuera del marco de la Unión Europea y las
figuras de los famosos Terceros países Seguro.
Se trata, sin lugar a equívoco, de ir
modelando un esquema de actuación que evite por todos los medios que
importantes grupos de personas crucen las fronteras y lleguen con sus
rostros demacrados al cómodo primer mundo. Si llegan algunos/as a países
del sur la cuestión es tolerada y hasta admitida. Así, en el contexto
europeo desde 1992 una serie de resoluciones se ha venido imponiendo
desde el mundo de la Comisión y el Consejo de Europa y en donde ideas
como el de Asilo Interno y los terceros países seguros,
ponen en clara vulnerabilidad a quien pretende solicitar esta figura en
Europa, bajo el pretexto de que al interior de su país había zonas
seguras, locales o regionales, y hacía donde se debía buscar refugio
antes de tomar la decisión de llegar a Europa.
Así, de modo ortopédico ha ido ganando cuerpo y
dimensión el atender a los/as desplazados/as en sus propios marcadores
geográficos, es decir, in situ, como lo dice Joly,
pues ello resulta muy conveniente en tanto en cuanto la problemática no
deja de ser una cuestión local o a lo sumo regional, lo que se
explicaría, por un lado, dentro de la configuración de la matriz
estado-céntrica, y, por el otro, como un problema fundamentalmente
interno, propio del país que afronte dicha situación, o del país o los
países vecinos, lo cual avala en cualquier caso la tesis de la solución
regional que vienen proponiendo importantes gobiernos industrializados,
no sin el guiño del ACNUR, quien en un ejercicio de humanitarismo no
menos cuestionable en muchos casos, sin duda, busca a toda suerte de
actores del Jet Set
mundial con el fin de promover campañas que despierten la sensibilidad
por el drama que viven millones de desplazados/as en el mundo, mientras
se reserva críticas contundentes contra las potencias mundiales frente a
este dolor acumulado y ante la tentativa cada vez más cierta de yugular
éstos la Convención de Ginebra o lo que queda de ella.
No hay duda que para las potencias industrializadas
resulta muy conveniente que los desplazados/as internos sean atendidos
in situ, cuando lo son por el ACNUR, pues este mecanismo encaja de modo
perfecto con sus presupuestos escapistas a la hora de cumplir con la
Convención de Ginebra. El hecho que los/as desplazados/as se queden
donde se produce el fenómeno no les obliga a los países del primer mundo
a otorgar protección legal alguna en ninguna de sus modalidades hoy
conocidas: estatuto de refugiado o protección por razones humanitarias,
lo que supone no brindar ni asentamiento permanente en el país de
exilio, ni reasentamiento tras una estancia temporal en países de
tránsito y mucho menos repatriación desde éste último (Joly:2005:129).
En este sentido hoy pierde significado de modo acelerado la búsqueda de
soluciones duraderas a quien pretende huir, antaño dice Joly, esa
“solución duradera estaba determinada por el hecho de cruzar una
frontera internacional, ahora su significado ha cambiado e incluye
principalmente protección dentro del país de origen y repatriación desde
soluciones temporales, en el caso que se haya cruzado alguna frontera,
sobre todo si se trata de una frontera de un país del primer mundo,
pues en países del sur hay millones de refugiados/as y no hay el interés
de que sean repatriados por distintas circunstancias.”
Así, hay que decir que, el desplazamiento interno
(y con él los y las desplazadas) que se instaló de modo inicial como un
mecanismo de acomodo provisional, ha pasado a constituirse con el correr
del tiempo en un régimen de existencia con importantes rasgos de
perpetuidad, lo que lo ha llevado a convertirse en el sustituto
funcional y en la solución duradera a la vieja noción de fuga que
adquiría cuerpo y representación en el atravesar una frontera. Hoy
atravesar una frontera en el sur o en el norte no es garantía de nada,
nadie quiere a los/as refugiados/as que se arremolinan en los
aeropuertos del primer mundo o en importantes regiones de algunos países
del sur. A no pocos se les ha obligado a retornar una vez estando
dentro, “retornos forzosos ha aplicado Irán contra población de
Afganistán y Azerbaiyán, y lo mismo a hecho Bangladesh contra población
Birmana, Tailandia contra población Birmana y de Camboya, desde Tanzania
y el Congo a Ruanda, desde Alemania a Bosnia y desde los EEUU a Haití y
Cuba”. (Joly:ibid:130).
7. Levantar muros y cárceles,
huir de los indeseados.
Los países del Primer Mundo han
creado un cordón sanitario que los proteja de los indeseados
solicitantes de asilo y refugio. Un conjunto de mecanismos sincronizados
han puesto en movimiento para tal logro, no sin éxito, los cuales
constituyen una suerte de anillos concéntricos de seguridad sobre si.
Éstos mecanismos y siguiendo a Sami Naïr (2006:184) están cada vez más
armonizados y contemplan pedir visas a un número cada vez mayor de
países, sobre todo, aquellos en los que se libran conflictos, de igual
modo, supone cartografiar lo que han pasado a llamar soluciones estables
al interior de cada país, en donde el desplazamiento interno juega un
gran papel, asimismo han ideado la figura de países de primer asilo y
programas de reinstalación, todo ello fuera de las fronteras de Europa,
y en donde los/as aspirantes a solicitar asilo y refugio podrían
presentar la solicitud, ser estudiada y luego y en función de criterios
de elegibilidad ser admitido o no como refugiado/a, después de lo cual
podría el elegido/a ingresar a cualquier país de la Unión bajo la
modalidad de procedimientos de entrada previamente definidos. Los/as no
admitidos/as, serán dentro de la lógica socialdarwinista los/as menos
aptos/as, los menos competentes y están y estarán condenados/as a ser
devueltos por donde entraron.
Esto, en suma, es lo que se ha dado a conocer como
la externalización del asilo y el refugio en Europa, y a eso apuestan no
sin prepotencia revestida de humanidad los países de la Unión por
convicción. Esta claro que lo que se pretende es, por un lado, quitarle
peso especifico a la figura del asilo y el refugio, y, por otro lado,
dinamitar las bases de la Convención de Ginebra. Con Sami Naïr
(2006:185) comparto el criterio inamovible que “En realidad, el
estatuto de los refugiados está hoy desnaturalizado debido a esos
dispositivos. ---En este contexto--- El asilo ha dejado de concebirse
como un derecho individual y subjetivo para pasar a ser una oferta del
país de acogida. Al mismo tiempo se halla instrumentalizado con vista al
control y gestión de los flujos migratorios. En esas condiciones, es
legítimo preguntarse si ello no significa, a largo plazo, la muerte deL
asilo. Lo que, inevitablemente, llevaría a cuestionar el concepto de
refugiado”
Y como complemento de todo lo
anterior hay que decir que, cuando en el lenguaje oficial de las grandes
potencias industrializadas del mundo se reconoce el drama y el dolor
derivado del exilio y el refugio que han podido acumular millones de
personas en su fuga impuesta, es para proponerle el mágico concepto de
retorno, el cual se vende de forma punzante por gobiernos y ONG
revestido de una aparente preocupación por la situación en que viven o
se encuentran viviendo los/as asilados/as o, en su defecto, los/as
solicitantes de asilo. En este sentido, se pretende dar a entender al o
los/as refugiados/as convertidos/as para la ocasión en menores de edad y
en sujetos del humanitarismo, que su drama es bien interpretado y en
correspondencia con ello se le propone el retorno, el regreso, y ello
para evitar profundizar aun más su drama.
En esta lógica perversa, muchas
veces, pues para no pocos/as eso sería su boleto a la muerte, el retorno
se adereza con pequeñas dosis de dinero, para que, según, dice la lógica
oficial y no con gran dosis de cinismo, el nuevo aterrizaje al país de
donde salió huyendo para salvar la vida, no sea tan duro, tan
indomesticable. Así, se les vende y no con arrogante ironía la visión de
que son personas emprendedoras y que pueden lograr sus metas en el
mundo, es decir, se les presenta un discurso que alivia sus neurosis,
sus miedos, lo que no tiene nada que envidiarle a lo expuesto por Paulo
Coelho en su prolífica obra y en donde el éxito no depende de la
posición económica, social y política que se ocupa en el mundo, un
mundo globalizado y productor de pobres en serie, como en el modelo
post-fordista, sino en la incompetencia y la falta de habilidades y
destrezas en el plano de lo espiritual.
Así, si se hablaba en el 2007 que los refugiados/as
en el 2006 habían aumentado
sólo un 14 % en relación con el año 2005, es porque miles de
desplazados/as no habían podido cruzar la frontera persuadidos/as por
toda una gama de políticas restrictivas a la movilidad de personas, (lo
que no ocurre asi con los capitales especulativos de George Soros y
otros), o porque otros han huido como inmigrantes en distintas
direcciones y presos del anonimato no han querido exponerse a lo
tortuoso que representa solicitar asilo en no pocos países hoy. En este
sentido, Colombia hoy por hoy es un caso paradigmático en esto de hallar
soluciones locales y regionales a lo que podría ser un fenómeno masivo
de refugiados/as, pues presenta según cifras conservadoras 3 millones
y medio de desplazados/as internos y sólo una parte considerable,
500.000 mil han podido salir del país, dice Philippe Lavanchy, Director
del ACNUR para las Américas, de las cuales sólo 15.000 solicitaron asilo
o porque tienen mucho miedo o simplemente desconocen el sistema del
ACNUR (El Comercio:2007).
Dicho lo anterior resulta
comprensible que, muchos /as reúnen la condición para ser solicitantes
de asilo y sin embargo han prescindido de este mecanismo. Casos
clamorosos como el de los/as desplazados/as en Colombia, Somalia,
Afganistán, Irak y otros, es lo que le permite hablar al ACNUR de
registros de crecimiento de refugiados/as en el mundo por debajo de la
cifra que realmente deberíamos de estar hablando y, ello, gracias a la
política de contención de los/as desplazados/as en sus marcos de
referencias espaciales, lo que equivale a decir al encapsulamiento del
problema, bien sea en la escala nacional o regional, lo que mantiene por
ahora a Europa y EEUU un poco distante del objetivo de la fuga de quien
huye o quienes huyen de la barbarie.
Esta multitud de hombres y mujeres son los que
constituyen, esa especie de marea planetaria de residuos humanos de la
cual habla Zigmunt Bauman (2005:80)
con mucha profusión y con no menos verdad. Todos/as estas personas:
asilados/as, desplazados/as y solicitantes de asilo y refugio suman casi
cuarenta millones de personas en fuga permanente, son los indeseados/as
del sistema mundial, tanto a escala global como en los marcos internos
de referencia geográfica. Y es a esta muchedumbre, sin duda, a la que se
quiere evitar a como dé lugar, por ello se refuerzan las fronteras, se
les pretende mantener en espacios acotados y en una suerte de no
lugares, pues se trata de que la opinión pública no vea sus cuerpos
marcados por el horror y la violencia y, además, de que no se conozca en
profundidad los ecos de la guerra de la cual huyen.
Las cifras anteriores llevó al ACNUR
a definir y no de modo prejuicioso el año 2006 como un año negro
en materia de asilo y refugio. Y no es para menos, pues mientras se
exacerban los conflictos en el mundo, los países desarrollados aplican
criterios cada vez más inalcanzables para que cientos de hombres y
mujeres puedan impetrar en sus contornos el derecho a solicitar asilo y
refugio. Ya ni siquiera el derecho a solicitarlo es claro y mucho menos
el derecho a ser concedido. Dentro de todo este oprobio, el conflicto
Iraquí ha hecho vomitar dos millones y medio de refugiados/as más en el
mundo (más dos millones de desplazados/as internos/as) y la población de
Afganistán que está en esta misma situación supera los 2 millones
refugiados/as. En Afganistán la población hace poco huía de la horda
taliban y de los señores de la Guerra, ahora huye, que ironía, de la
OTAN y sus balas asesinas. El grueso de quienes huyen de estas zonas, no
buscan a Europa, se quedan en los bordes del país, en Siria, Jordania,
Irán. La CEAR en el informe que ahora publica señala que en los países
antes anotados hay más solicitantes de asilo y refugiados/as que n toda
Europa junta.
En Irak, la guerra propiciada por los
EEUU y su coalición no sólo no ha llevado la democracia y la libertad
que prometió, sino que dicha coalición en calidad de potencia ocupante
propicia con su accionar que un número considerable de personas hayan y
estén saliendo del país, de lo que queda de éste, y ello para no señalar
que no ha sido ni será capaz de frenar la ola de atentados que promueven
las distintas facciones que constituyen la sociedad iraquí, las cuales
compiten entre sí de modo agresivo por imponer cada una su hegemonía
religiosa, política y económica. Cinco años después de la ilegal e
ilegitima guerra contra el pueblo iraquí muchas cosas brillan por su
ausencia y, otras, proliferan y a borbollón. Entre las grandes ausencias
se hallan, sin duda, la pretendida democracia y un orden armónico para
la región de oriente medio. Entre las cosas que abundan hoy están, entre
otras: los atentados de la resistencia sunni que usa el terrorismo con
fines políticos contra las potencias ocupantes, contra el ejército
iraquí y contra la población civil, (lo propio hacen algunos sectores
del ala shií); los/as refugiados/as que han salido en dirección a países
limítrofes y también hacia los EEUU, Europa y Australia y en donde al
decir verdad les cierran las puertas; de igual modo prolifera el hambre,
las enfermedades, el saqueo y la muerte, y los intentos cada vez más
vigorosos, como no, por desmembrar al país.
8. África y el señor Kurtz
Nada distinto
acontece con la población que huye de la República Democrática del
Congo, país despedazado por algunos de sus países limítrofes y quienes
actuando al servicio de intereses particulares y de no santas
multinacionales europeas se apoderan, sin equívoco alguno, de sus
principales riquezas extractivas. Una década de imparables guerras en la
República Democrática del Congo (RDC) deja un triste balance en pérdidas
humanas y en vidas fragmentadas en el conjunto de la población. La
primera guerra de la última década que se produce en esta excolonia de
Bélgica se produce entre 1996 y 1998, ella traería como resultado no
sólo el derrocamiento en 1997 de Mobutu Sese Seko a manos de Laurent
Kabila, sino una trágica crisis humanitaria, pues señala Cécile Pouilly
(2006:8) que a principio de 1996, (es decir en los
prolegómenos de la guerra) 431.000 refugiados (as) habían salido de la
RDC en busca de un lugar seguro en el extranjero. Lo anterior denota
el grado vertiginoso en que empezó a crecer el movimiento de personas
una vez iniciada esta primera guerra.
Llama
la atención según el trabajo de la investigadora antes citada que, de
esas 43.1000 personas que salieron buscando asilo, 384.000 de ellas lo
solicitaron en los países limítrofes, lo que equivale a un 89.10% de
total de las solicitudes y éstas se produjeron en países como Tanzania
(150.100), Zambia (61.200), Congo (56.400), Ruanda (41.400), Uganda
(20.600), Burundi (20.400), Angola (13.500), Sudáfrica (10.600), Zimbawe
(6500) y República centroafricana (3.300). El resto, es decir, 47.000
(10.90%) solicitantes de asilo buscaron refugio en Europa y Norteamérica
y la distribución según los casos más representativos es la siguiente:
Francia (8.500), Reino Unido (6.500), Alemania (6.300), Canadá (5.100),
Estados Unidos (2.400) y otros (18.200). Los demoledores datos aportados
por Pouilly son muy sintomáticos del lugar hacia donde verdaderamente
van a parar los/as solicitantes de asilo y refugio que se producen en el
llamado Tercer Mundo hoy.
Así, si
algo me permite realizar los anteriores datos es, sin lugar a equívoco,
una puntualización bastante genérica y es que, el caso de la RDC es un
fiel ejemplo de la dirección y la trayectoria que siguen los hombres y
mujeres que huyen de la violencia buscando protección, es decir, que no
van de modo mayoritario a Europa ni al resto de países del Primer Mundo
como los Primeros Ministros o Presidentes de Estado y Gobierno de éste
señalan, sino que los/as solicitantes de asilo o asilados/as en su gran
mayoría están o se dirigen a los países empobrecidos, es decir, se
quedan en los bordes, en los márgenes del asimétrico sistema mundo,
razón por la cual es inexplicable y poco comprensible que se acuse por
parte de las potencias desarrolladas una cierta fatiga en relación con
la política de asilo y refugio.
Así, cuando se afirma
contra toda evidencia que es a Europa y no al Tercer Mundo el lugar
hacia donde se dirigen la gran mayoría de los/as solicitantes de asilo y
refugio y los/as refugiados/as, lo que se pretende poner en circulación
es una suerte de ideologema, el cual parafraseando a Cristina Blanco
(2005:14)
es presentado con un ropaje marcadamente etnocéntrico y, sobre todo,
tratando de dar la impresión de que este tipo de migración sigue la
estela Sur-Norte, es decir, la senda de “occidente”, lo que deja correr
la creencia que, quienes huyen se concentran en el mundo occidental,
libre de guerras y calamidades. Sin embargo, frente a esto
puntualiza que, de los más de 19 millones de personas que estaban
bajo el mandato de amparo del ACNUR en 2005, casi el 40% se encontraba
en África y más del 60% entre África y Asia. Esta cifra, aclara, no
se debe a la concentración del colectivo
de desplazados internos, como pudiera creerse a causa de conflictos
armados y persecuciones en estos continentes, sino fundamentalmente al
colectivo de refugiados propiamente dicho; esto es, al grupo de aquellos
que se encuentran fuera de su país y no pueden regresar a causa de
temores fundados.
Prosiguiendo con el
caso del Congo, defenestrado Mobutu y hecho con el control Kabila,
gracias a la estrecha colaboración de su ejército rebelde y el de sus
aliados, es decir, el de los gobiernos de Uganda y Ruanda, las premisas
para la segunda guerra estaban dadas y más como quiera que Kabila se
negó a actuar en función de los designios de sus aliados, quienes
perseguían, entre otros objetivos, los siguientes: seguridad y acceso a
las inmensas riquezas que se encuentran en la RDC. En este marco dice
Pouilly (Ibid:6),“Para
Ruanda, la guerra tenía como motivo un imperativo de seguridad. En
concreto, la necesidad de eliminar la amenaza que suponían para sus
fronteras las milicias hutus ruandeses huidos del país (y apostadas
en el Este de la RDC, en particular en los campos de refugiados de Goma
y Bukavu) tras protagonizar el espantoso genocidio de 1994, durante
el que se produjo la masacre de más de 800.000 tutsis y moderados Hutus”
La poca
capacidad del gobierno para garantizar el orden en todo el país, los
intereses geopolíticos y económicos de los Estados y gobiernos vecinos
representados en sus ejércitos de ocupación, la utilización de las
diferencias étnicas y culturales con fines políticos por distintos
actores: iglesia, partidos políticos, etc, las multinacionales con
intereses extractivos en el país, los distintos señores de la guerra al
servicio de toda suerte de intereses, y el poco interés de la comunidad
internacional por la cuestión humanitaria, serían, seguro, con el correr
del tiempo los insumos que daría reinicio a una guerra en donde todo
tipo de violaciones a los derechos humanos se conjugaría contra la
población civil, la cual despavorida prendería marcha en distintas
direcciones. Las violaciones, las masacres, las torturas, el trabajo
forzado, los saqueos, los incendios de poblados y, demás, muy pronto
convertirían al país entero y en especial a la región de los lagos en un
verdadero agujero humanitario.
Dentro
de este panorama dantesco, la población civil y perteneciente a las más
disímiles etnias terminaría en un remolino de enfrentamientos, en donde
ellas serían las víctimas y victimarios. La región oriental del RDC se
convirtió como una gran parte del país en una región inestable, pues las
masacres perpetradas por el ejército de la RDC en Burundi, por ejemplo,
contra solicitantes de asilo congoleños ubicados/as en el campamento de
Gatumba en agosto de 2004, o las practicadas por los temidos Mai-Mai,
los Interhamwe o por los rebeldes Hutus congregados en las Fuerzas
Nacionales de Liberación contra tutsis congoleños en el noreste, en
particular, en la provincia de Cibitoke, son una muestra bien clara del
clima que se vivía por entonces y las distintas alianzas e intereses que
se movían allí.
Esta segunda guerra que
comenzó en agosto de 1998 terminó congregando a todo tipo de actores, al
punto que al menos siete Estados y gobiernos se jugaban su seguridad y
también su economía en la RDC. Así, esa guerra denominada por algunos no
sin exageración de guerra mundial africana, dio como resultado
que el país sufriera una importante fragmentación, de tal modo que, como
dice Pouily (ibid:7), éste quedara ----dividido-----más o menos del
siguiente modo: una zona controlada por el gobierno en el Oeste, (con
epicentro en Kinshasa, la capital y poco más), y una zona rebelde en el
Norte y Este, ocupada por las cambiantes coaliciones de distintas
facciones, entre otras el movimiento por la Liberación del Congo
dirigida por Jean Pierre Bemba (el candidato que perdió las elecciones
presidenciales de 2006). Una década de guerra en la RDC causó y
sigue causando una crisis humanitaria poco común, pero que como muchas
entró en la fase de las guerras olvidadas.
El Acuerdo de Sun City,
firmado en diciembre de 2003 en Sudáfrica, ha significado no sólo un
pare en la espiral de violencia que ha vivido el país, sino la
posibilidad que los distintos actores armados hayan pensado en la
desmilitarización del conflicto y en la necesidad que cese la ocupación
extranjera, seguido todo ello de un proceso en donde un nuevo marco
político y eleccionario redefiniera e incluyera a nuevos sectores
sociales y políticos. Atendiendo a este clamor, en diciembre de 2005 una
amplia mayoría de la población (85%) dispuso a través de referéndum un
nuevo marco jurídico político, es decir, una nueva Constitución, la cual
fue promulgada por Joseph Kabila, en febrero de 2006, lo que dio lugar a
la primera etapa de la transición política y a la cual le siguió el
proceso eleccionario del mes de julio de 2006 y en donde ganó en primera
vuelta Kabila, no sin las acusaciones de fraude y con los muertos de
rigor.
La segunda vuelta registrada en octubre de
ese mismo año daría una vez más como ganador a Kabila y esta vez con un
58% del potencial electoral. El Tribunal Supremo en noviembre de 2006
ratificó el triunfo del Presidente Kabila y se temía que esta decisión
impulsara a Jean Pierre Bemba,
candidato perdedor a un levantamiento en armas, lo cual no sucedió,
pero, la situación humanitaria dista de ser mejor para millones
desplazados/as internos/as y de los/as refugiados/as mismos/as,
muchos/as de los/as cuales siguen viviendo en ruinosos campamentos en
distintos países limítrofes: Burundi, Ruanda, Tanzania, Zambia y Uganda
y, de igual modo, hay que anotar que refugiados/as de países como
Burundi, Ruanda, Zambia y Uganda se encuentran en tal condición en RDC,
lo que decir que éste país es una zona expulsora y a la vez receptora
de refugiados/as. La situación en la RDC dista ser un idilio, pese a los
esfuerzo por mantener la paz.
En Darfur, oeste de Sudán, un
genocidio se ha practicado por parte de los Yanyawids, de origen árabo-musulmán
contra un número importante de grupos étnicos de origen negro
(cristianos y animistas), y entre quienes están los Fur, Massalit, Medob
y Zaghawa, y contra quienes las violaciones, los asesinatos, la
destrucción de caseríos y los desplazamientos se han operado de modo
inmisericorde. Según cálculos conservadores hoy son más de dos millones
cuatrocientas mil personas desplazadas y más de doscientas mil
refugiadas se encuentran en el vecino Chad, y ello para no hablar de un
grupo importante de refugiados sudaneses que se encuentran en Uganda y
quienes huyeron de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas
Sudanesas y miembros del Ejército Popular de Liberación de Sudán.
Pese al acuerdo de Paz recientemente
firmado entre el Gobierno y un grupo del Ejército de Liberación de
Sudán, en particular el encabezado por Minni Minawi, el desangre
persiste, pues otras facciones no se encuentran recogidas en el acuerdo,
pues no ven que el retorno de los/as desplazados/as y refugiados/as
pueda concretarse y tampoco perciben que el Gobierno de Sudán tenga la
disposición de poner freno al comportamiento genocida de los Yanyawid, a
quienes las autoridades de Jartum han apoyado incondicionalmente. En
Darfur, visto lo visto, se estaba presentando un genocidio desde hace
mucho tiempo y sólo la ONU y otras potencias no querían verlo, como
tampoco vieron el genocidio ruandés, el Bosnio y el de los/as indígenas
guatemalteco en su momento.
9. La Convención de Ginebra en
franca agonía.
La Convención de Ginebra de 1951 nace y se
desarrolla en el marco de la Guerra Fría, es decir, en medio de la
confrontación ideológica, política, económica y militar entre los ejes
Washington- Moscú. Su alcance inicial está enmarcado en el espectro
geográfico europeo y sólo hasta 1967 con la definición del protocolo de
New York se removieron los obstáculos que impedían la utilización de
carácter universal de dicho instrumento a la hora de garantizar
protección a quien huía de la violencia. Desde el punto de vista
histórico y político la Convención se enmarcaba en el sistema de Estado-
Nación y se ve en ellos a los únicos agentes capaces de producir huidas
y persecuciones por razones ideológicas, políticas, religiosas y demás.
En el momento fundacional de la Convención y en eso parece existir un
consenso, los refugiados/as adquirieron un preponderante valor
ideológico, pues para nadie es un secreto que las sociedades abiertas y
liberales de occidente otorgaron asilo y refugio a los perseguidos/as
por los regimenes comunistas, no sin cierto grado de generosidad, y así
hay que señalarlo, y ello para propiciar la deslegitimación y el
descrédito de éstos regimenes, lo que se traducía políticamente en
posicionar la superioridad moral de las sociedades capitalistas de
occidente sobre aquellos (Joly:ibid.116-117)
Además
de las razones políticas e ideológicas que llevaron a los países
europeos occidentales a aplicar de modo generoso la Convención de
Ginebra estaban entre otras, las siguientes: el mea culpa de haber “visto
como el nazismo y el fascismo habían eliminado a millones de personas, a
muchas de las cuales, se les había denegado el permiso para entrar y
obtener el asilo en otros países Europeo” (Joly:ibid:117) o
deportado o retirado la nacionalidad que no pocos habían obtenido de uno
de estos países, sobre todo a la población de origen judío, (Arent:362),
de igual modo, no hay que perder de vista que la concesión de asilo
durante este periodo en muchos casos se dio como quiera que una gran
parte de la Europa del norte y occidental requerían para generar su
proceso de reconstrucción al amparo del Plan Marschall y de los
victoriosos EEUU, de un gran número de trabajadores migrantes, que no
tenían, por cierto, pues la Segunda Guerra mundial había dejado un
balance terrible en pérdidas humanas.
Al
respecto Robbie Robertson
en su fascinante texto titulado tres olas de Globalización y citando a
Kennedy (2005:224) nos dice que, ”seis años de guerra habían acabado
con la vida de sesenta millones de personas: casi un sesenta por cierto
de ellas eran civiles, el cuarenta por ciento rusos, el trece por ciento
polacos y el once por ciento alemanes. Más de once millones de personas
fueron desplazadas, diez veces más que la primera guerra mundial, y sólo
en Europa oriental había cuarenta y seis millones de refugiados”
Lo
anterior nos advierte que cuando se define a este periodo como el
momento de oro del asilo y el refugio no hay que soslayar que primó más
allá de un nuevo moralismo sobre la protección humana, profundas razones
pragmáticas desde el punto de vista político, demográfico, ideológico y
económico por parte de las potencias europeas y de los EEUU, lo que no
fue óbice para que importantes expresiones del movimiento social mundial
de la época propugnaran porque este derecho fuera reconocido con todas
sus prerrogativas para quien lo requería. Hay que anotar que la
Convención de Ginebra de 1951 no fue ratificada inicialmente por la
totalidad del sistema de Estado existentes para esta época, “para 1960,
sólo 16 Estado la habían reconocido y en 1967, según Joly, ratificaron
el protocolo. Para 1995, prosigue, los Estados signatarios de la
Convención de 1951 y del Protocolo de 1967 sumaban 127 en todo el mundo”
(Joly:ibid:118).
La
arquitectura ideológica y política que rigió a la Convención de Ginebra
hasta 1970 según Jaeger (1992, citado por Joly:ibid;118)
fue fundamentalmente liberal, por lo cual hay que señalar que consagró e
incorporó dentro de sus procedimientos la concepción de “libertad
individual” y además otorgó garantías socio-económicas y jurídicas al
perseguido/a, lo que supone no sólo la existencia de un régimen de
acceso cuando de solicitar refugio se trataba, sino también que
involucraba e involucra aún y en menor medida aspectos relacionados con
la definición de un estatuto y los elementos definitorios de la
protección, verbigracia, documento de identificación, documento de
viaje, garantías económicas, posibilidad de trabajo, etc. Hay que anotar
que con el Protocolo de 1967, la Convención de Ginebra suprimió la
limitación geográfica y temporal que la caracterizaba y desde entonces
dejó de ser un instrumento que garantizaba el asilo sólo a los/as
europeos/as del Este. Dentro de este nuevo referente refugiado pasó a
ser considerado/a “toda aquella persona que por un temor justificado
a ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad,
pertenencia a un determinado grupo social o por sus convicciones
políticas se encontrara fuera del país cuya nacionalidad poseía y no
pudiera pedir protección a este país o debido a sus temores no deseara
pedirla” (Bade:2000:296)
Aun
con las críticas de rigor, no hay duda que el periodo que va de 1951 a
1967 fue muy interesante para quien por razones ideológicas y políticas
tuvo que huir del Este de Europa. Por las razones instrumentales ya
señaladas o por otras consideraciones añadidas, lo cierto fue que el
asilo se concedía en importantes países de Europa en condiciones
favorables para quien lo requería. En esta primera etapa, los requisitos
que se exigían para obtener tal estatuto adolecían de la rigurosidad y
de los principios selectivos que hoy se consideran a la hora de otorgar
el estatuto de refugiado a quien lo solicita. El refugiado en esta
temporalidad le era relativamente fácil encontrar garantías
socioeconómicas, laborales y de integración en la sociedad de acogida.
Este criterio generoso no hay duda que se produjo en parte a la
necesidad de mano de obra calificada y no calificada que requerían los
países europeos que iban a la cabeza en cuanto a la concesión de asilo y
refugio, y ello coincidio de modo significativo con un gran periodo de
expansión económica en el conjunto de las sociedades europeas. Este
refugio en parte y como hemos anotado provenía fundamentalmente del Este
de Europa.
Desde
1967 hasta 1990 la política de asilo y refugio en Europa adquiere
algunos elementos que resulta propio señalar, pues los/as solicitantes
de asilo y los/as asilados/as y refugiados/as ya no provendrán sólo de
la Europa del Este, sino que lo harán de no pocos países del Tercer
Mundo, en donde se estaban librando todavía luchas anticolonialistas y
de liberación nacional, o, en su defecto, provenían de regímenes
dictatoriales como los que se habían instaurado en el cono sur del
continente americano y en algunos del sudeste asiático. De este modo,
hasta mediados de 1970 la mayoría de los solicitantes de asilo en Europa
eran del Este del continente; desde entonces y hasta mediado de 1980 la
correlación cambiaría y serían los solicitantes del Tercer Mundo el
grupo más numeroso; al finalizar la Guerra Fría volvieron a imponerse
los del Este y del Sudeste de Europa (Baden:ibid:296).
Durante este periodo y pese a la crisis del petróleo de 1973, el número
de solicitantes de asilo creció en algunos países de modo considerable,
Alemania, en particular, en 1980 registró más de 100.000 solicitudes,
derivado ello, dice Baden, de la crisis política en Polonia y también
debido a la toma del poder por parte de los militares en Turquía, lo que
generó una salida importante de población Turca en dirección a Europa y
en particular a Alemania.
El
aumento de la migración en Europa a partir de finales de 1970, el
malestar por la falta de empleo, la precarización laboral en importantes
bolsas de la población y la pérdida de significativos derechos en
sectores sociales en muchos países de Europa occidental; lo que se
tradujo en un encogimiento del Welfare State, muy pronto pusieron el
tema del sostenimiento de los/as solicitantes de asilo y refugio en el
centro del debate político, lo que se fue traduciendo en un malestar
generalizado y ganando espacio en importantes partidos políticos de
derecha y de extrema derecha, quienes empezaron a utilizar este tema
como mecanismo de movilización política y a dejar correr slogan con
tintes profundamente racistas y xenófobos y en donde los migrantes y en
particular los asilados/as y solicitantes de asilo eran el blanco
predilecto.
En la
antigua República Federal de Alemania el debate adquirió ribetes
alarmantes y preocupantes, así “los costes que generaba la acogida
de los demandantes de asilo (….) en 1989 y 1990 --era—de unos
cuatro mil millones de marcos alemanes cada año, --ello—desempeñaba
por lo tanto un papel fundamental en las campañas populistas en contra
del asilo que se lenizaban especialmente durante los periodos
electorales. Los desempleados autóctonos, los extranjeros con empleo y
los solicitantes de asilo extranjeros se contabilizaban en la misma
cuenta en una falsa ecuación que los igualaba, aunque el tema del asilo
se situaba siempre por delante del tema extranjero” dice Baden
(297). Y como en la antigua RFA, Alemania, Austria, Francia y demás.
Esta
situación hizo que los partidos políticos en el gobierno no fueran
ajenos a este tipo de presión y dado la situación a las que se
enfrentaban no pocos gobernantes, empezaron a tomar medidas que de
manera lenta pero segura fueron cambiando la naturaleza del asilo y el
refugio en el marco de la Unión Europea. Mientras esto sucedía se
sulfuraba la idea de que Europa estaba siendo invadida por nuevos
bárbaros, los cuales procedían del Tercer Mundo y también de la Europa
del Este. Las medidas fueron, dice Baden, no empezar a reconocer como
refugiados/as a los/as polacos/as que huían ante la posible amenazada
Soviética al amparo de la Doctrina Breznev (1981) y de las leyes de
Guerra de diciembre de 1981 y diciembre de 1982. A estos Alemania no
les levantó la exigencia del visado y Austria se las impuso nuevamente
en 1981. Esto marca un hito importante, pues atrás había quedado el
tiempo en que los polacos eran recibidos como una suerte de héroes. La
desconfianza de las autoridades en algunos países de Europa fue
creciendo de tal modo que las medidas para solicitar asilo se hicieron
más restrictivas y la visión de una Europa Bunker en materia de refugio
empezaba a adquirir forma.
El
punto culmen de todo este proceso lo determinaría el fuerte crecimiento
del número de solicitantes de solicitantes de asilo y refugio
procedentes del Tercer Mundo, quienes muchos/as por razones evidentes y
otros/as, justamente no la gran mayoría, buscando caminos más flexibles
para llegar a Europa se vieron abocados a utilizar el mecanismo del
asilo y el refugio, lo que dio lugar a que en los gobiernos de los
países de Europa se empezara a considerar que los que venían no eran
verdaderos/as solicitantes de asilo y refugio sino impostores, y, por
tanto, meros refugiados económicos. Desde entonces, Europa viene
asumiendo a los/as solicitantes de asilo bajo esta percepción y después
de la caída del muro de Berlín y, por ende, de la muerte de la guerra
fría, el criterio que ha venido imperando es que son cada vez menos
los/as refugiados/as políticos y cada vez más las personas que huyen de
su países por razones económicas y que se hacen pasar por perseguidos.
10. La Directiva de la Vergüenza: Europa y sus miserias.
La
situación de los/as solicitantes de asilo, los/as asilados/as y de la
población migrante se ha complejizado desde los trágicos hechos del 11
de Septiembre de 2001. Desde entonces el dispositivo de la lucha global
contra el terrorismo y la delincuencia ha puesto a éstos grupos en
franca vulnerabilidad y los ha condenado no sólo a la mayor de las
estigmatizaciones, sino que ellos se han convertido en el blanco
predilecto de ataques xenófobos y racistas, tanto por parte de miembros
de las sociedades civiles en los países del norte y algunos del sur –
Italia y Sudáfrica, por ejemplo así lo testimonian, y también por parte
de Estados y gobiernos como los que integran la Unión Europea y para
quienes ser inmigrante es sinónimo de ser delincuente, sólo basta leer
la aprobación de la Directiva de la Vergüenza aprobada en el día de
ayer, y los solicitantes de asilo y refugio terroristas en potencia.
Ayer 18
de junio, sin equívoco alguno, es un día histórico. Y lo es, pues una
vez más Europa deja ver que su supremacía moral no es otra cosa que una
vulgar y detestable retórica. Por fin una vez más Europa se muestra como
lo que es: bárbara e implacable. Al aprobar la Directiva de la Vergüenza
la Unión Europea ha puesto de presente que ha triunfado la estupidez y
la perversa lógica de criminalizar a quienes huyen no sólo de la pobreza
planetaria; pobreza que por demás y eso hay que subrayarlo, el primer
mundo con paciente esmero y a través de una tupida red de mecanismos
contribuye a generar; sino también que se ha impuesto el perseguir a
quienes huyen de las guerras y la violencia que implementan Estados y
gobiernos amigos y a los cuales apoyan o estimulan cuando le dan patente
de corso a personajes como Álvaro Uribe Vélez, Teodoro Obiang, Hamid
Karzai, y una galería bien grande de detestables gobernantes africanos,
siempre y cuando, bien es decirlo, éstos garanticen con obediencia ciega
y fe inquebrantable que las principales riquezas que comportan sus
países logren llegar las “democráticas sociedades europeas” para seguir
alimentando la prosperidad de éstas en el injusto escenario de la
economía global.
Así, la
Directiva de la Vergüenza que aprobó la Eurocámara con 367
votos a favor, 197 votos en contra y 106 abstenciones, devela la
naturaleza racista y xenófoba que habita en los principales gobiernos de
la Unión en estos momentos y también muestra el interés que tienen por
enviar mensajes de tranquilidad al conjunto de sus ciudadanos/as que hoy
en medio de la perplejidad y el miedo a perder el empleo o el mal empleo
– lo que equivale a decir, defender la precariedad laboral; o ante el
asombro de ver cómo aumenta la inflación producto de los altos precios
de los carburantes y como golpea esto sus cada vez más maltrechas
economías familiares, y ello para no hablar de la crisis de las
hipotecas, han visto en esta medida poco práctica, pero sí agenciadora
de miedo contra la población inmigrante, una salida a la crisis
generalizada que no encuentran como resolver con inteligente ingenio.
Para
calmar la neurosis colectiva de sus con-nacionales el grueso de la
Eurocámara aprobó que la población inmigrante que se encuentre “sin
papeles” debe ser retenida – secuestrada diría yo -- en centros de
internamientos por seis meses antes de ser repatriado a su país de
origen o a donde el interés de los poderosos dicte. Si este tiempo no
fuera suficiente, así está inhumanamente previsto, el plazo puede
extenderse hasta por espacio de un año, tiempo durante el cual el
candidato a ser expulsado – o como dicen en el argot del Gran Hermano,
serie de gran consumo para el embrutecimiento colectivo, el nominado---
no gozaría de ninguna protección jurídica, lo que contraviene y las
claras las normas más elementales de los derechos humanos, de la carta
europea de los derechos y del debido proceso; curiosamente, quien
pudiera creerlo, estribillo que suelen recitarle los gobernantes de la
Unión Europea a gobiernos “tercermundistas” cuando le hablan del “buen
gobierno” y de esos brebajes que le dan a modo de sorbos y con los que
en apariencia pretenden redimirlos de su estado de barbarie y de
incivilización. Muchos de los que aprobaron la Directiva son finos
recitadores de Hans Kelsen y dicen fundar sus patrones de conducta en
probados sentimientos cristianos, sin embargo, en la votación de ayer en
la Eurocámara dejan entrever sus múltiples miserias y “las violencias
atmosféricas” como diría Frank Fanon, las que le dan dirección y sentido
a sus fecundos y bien construidos racismos.
La
Directiva del Retorno como eufemísticamente se le ha denominado, no sólo
implica secuestrar a quien ha venido a Europa en busca de un mejor estar
en el mundo. Ella supone, igualmente, que los que resulten fuera de la
órbita de los contornos de Europa no pueden regresar más, al menos en
cincos años, es decir, hasta cuando el ciclo de recuperación económica
asi lo dicte y se les requiera de nuevo y con urgencia para cumplir
labores que los nacionales de la gran mayoría de los países de la Unión
Europea no quieren ni desean ocupar por ser trabajos precarios,
peligrosos y mal pagos.
Asimismo, este engendro jurídico y el cual constituye un monumento a la
degradación humana no discrimina ni siquiera a los menores de edad; esos
que dicen defender en fastuosas campañas publicitarias los principales
líderes de Europa en una y otra cumbre. Contra los menores, muchos de
los cuales han venido de países en guerra; las cuales por demás no pocos
Presidentes o Primeros Ministro de Europa estimulan o alientan, se tiene
previsto que sean expulsados y llevados a sus países de origen u otro
cualquiera, menos de Europa, y hasta ser entregado a instituciones que
tengan por fin el cuidado de la infancia, ---esto es surrealista, pues
en España y en Francia, por ejemplo, este tipo de instituciones faltan o
no cumplen su cometido—Y no sólo se trata de arrojarlos donde primero se
pueda, sino entregarlos a tutores con quienes los menores expulsados no
tienen ningún o casi ningún parentesco. ¿Esta es la Europa que promueve
la defensa de la niñez y que dice en chirriante slogan que hay que
defender a los niños/as porque de ellos/as es el futuro de la humanidad?
Poca
duda hay que de la mano de los actuales mandatarios Europeos el mundo
duro y agreste que nos refleja Charles Dickens en su fascinante obra de
Oliver Twist, sigue estando presente en este mal llamado nuevo orden
mundial, que de nuevo empieza a tener cada vez menos, si fue que algún
día lo tuvo, pues las maquilas se están convirtiendo en el sustituto
funcional de las plantaciones de siglos anteriores; las bandas de
migrantes que recorren el mundo y que expulsa con fiereza el
neoliberalismo son los/as esclavos/as modernos/as, carente de humanidad
y convertidos por la lógica del Imperio Global y su Corporatocracia en
homo economicus y en homo sacer; y, por supuesto, que los/as
exiliados/as, transterrados/as y solicitantes de asilo se han convertido
en los/as supernumerario/as y en los/as más in-queribles e indeseables,
---siempre que no sean, claro está, profesionales altamente cualificados
y que respondan a las necesidades de mano de obra especializada--- que
exige el sistema que hoy se modela y en donde la industria del miedo
incubado como dispositivo de control juega un enorme papel en función de
los intereses del gran capital y del poder. A estos últimos, es decir, a
la población solicitante de Asilo, la Directiva les augura un retorno si
no a los países de donde vienen huyendo del dolor y la muerte, sí a un
país tercero seguro como le denominan, que en muchos casos resulta más
dantesco que el lugar de donde venía o vienen huyendo.
Por
último, Europa con la Directiva en cuestión, como ya ha hecho en otro
momento, verbigracia, ---cuando el surgimiento del sistema mundo
colonial moderno---, se ha preciado de taxonomizar la dignidad humana.
Ayer de la mano del cristianismo exaltó la razón indolente europea y en
función de ella otrorizó y ninguneo al indígena hasta el punto de
convertirlo en un ser sin alma, carente de civilización; por ende
bárbaro, y en función de ello, sin duda, esclavizarlo y convertir sus
riquezas simbólicas y materiales en algo propio y de lo que el res
nullius
pudo dar buena cuenta.
Así,
ubicado en la hybris
del punto cero Europa y lo Europeo jerarquizó a los otros mundos; al
mundo africano lo condenó a la esclavitud e hizo de ésta la piedra
angular de su íntima y escandalosa acumulación originaria de capitales;
esa misma con la cual alimentó su prosperidad desde entonces y que hoy
la reedita con el trabajo segmentado y precario de los/as descendientes
de aquellos/as hombres y mujeres ninguneados/as y que sobrevivieron a la
enfermedad de la civilización y el progreso; premisas éstas y en nombre
de las cuales hoy serán expulsados/as no pocos/as de Europa, para que
por fin este locus de enunciación pueda seguir engañando al mundo con su
discurso hueco de los derechos humanos, la democracia y la libertad,
ésta última que se le negará a muchos/as al verse constreñidos/as en un
centro de internamiento, lo que nos dice que estarán en una especie de
Guantánamo pero a la europea, es decir, sin George Bush y, quien sabe,
no me atrevo a garantizarlo, que sin torturas ni torturadores.
Y si lo
anterior lo hizo el viejo continente en nombre del cristianismo, fueron
los cristianos del Partido Popular de Europa -- no sin la crítica del
Vaticano--- los que hoy junto a un sector numeroso del Partido Liberal
de los países de la Unión y un puñado de miembros del Partido Socialista
Obrero Español, entre los que se cuentan 16 miembros del Partido de José
Luis Rodríguez Zapatero, un entusiasta promotor de la Directiva, quienes
impulsaron la medida para humillación de la población inmigrante y
refugiada y para vergüenza de la Europa de progresía. “Europa ha creado
una categoría inferior de seres humanos” ha dicho Claudio Fava, miembro
italiano de la Eurocámara y quien en su día denunciara los vuelos de la
CIA con la aquiescencia de los gobiernos de Europa. Así, razón no le
falta a esta conciencia crítica, la cual se ha levantado ante el triunfo
de esta estupidez. Igual crítica se han escuchado desde Amnistía
Internacional y desde gobiernos como los de Evo Morales, Rafael Correa,
del Presidente Lugo del Paraguay, Lula y otros más.
Esta
Directiva es una Vergüenza para Europa y una humillación para la
humanidad misma. Actos como este claman justicia y ya es hora que
repudiemos tanto oprobio junto y salgamos de una vez y por fin de este
estado de totalitarismo de la indiferencia, pues hoy las baterías se
enfilan contra los/as inmigrantes, gitanos/as y asilados/as, y mañana
será seguro contra todos/as los que aún creemos que otro mundo es
posible. Parafraseando a Francis Bacón, en este justo momento sólo a los
ángeles se les puede permitir ser espectadores…, nadie puede aducir ni
alegar ignorancia ante lo sucedido. Desde luego, Yo no soy ángel y no
quiero serlo. Estamos advertido, Europa camina hacia una deriva racista
y xenófoba y esto hay que pararlo y a tiempo.
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