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COLOMBIA:
UNA AMENAZA PARA LA PAZ Y LA ESTABILIDAD REGIONAL
Por: Hugo Paternina
Espinosa.
Madrid. Marzo 20 de
2008.
1. Uribe y la
des-institucionalización del Estado y el gobierno.
El Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, sin
duda, ha dado solventes e irrefutables muestras de haberse convertido en
una auténtica e inigualable amenaza para la paz y la estabilidad en
América Latina. Dado los últimos hechos, hoy es imposible seguir
afirmando que el país es una víctima de sus incómodos vecinos como de
modo obtuso han pretendido hacerlo creer y hasta el embrutecimiento
importantes sectores de la élite económica, financiera, empresarial y
mediática que apoya a Uribe.
No nos engañen, Colombia más que una
víctima es un victimario y, sobre todo, probado y por partida doble. Y
es un victimario, pues de sobra es conocida la manera como el Estado
colombiano ayer y hoy patrocinó y patrocina sin ningún recato ni ley que
importantes miembros del sindicalismo, del movimiento indígena, de los
campesinos, de los defensores de derechos humanos y del movimiento de
víctimas del paramilitarismo y contra toda forma de violencia, entre
otros, sean objeto de persecuciones o asesinatos como a diario se
registra en aquel país, bien sea por parte del Ejército, la policía y el
DAS o, en su defecto, a manos del narco-paramilitarismo; ese mismo que
el gobierno de Uribe dice con boca grande que desmovilizó, pero que dada
las evidencias poco margen hay para creer en ello.
Y también es un victimario, pues pasó
a atacar sin medida ni distancia, es decir, a lo George Bush y su guerra
preventiva, a un país como Ecuador. Frente a todo lo anterior, no nos
equivocamos cuando afirmamos que el Estado colombiano de la mano del
Presidente Uribe viene moviéndose en una deriva de profunda
deslegitimación institucional y de abierta confrontación con la
arquitectura legal que lo define y determina, lo que nos lleva plantear
que hoy ese Estado ---y de algún modo ese gobierno---- no cabe en el
ordenamiento jurídico que lo auto-contiene, que le es propio, razón por
la cual habría que afirmar que el Estado ----y el Gobierno----
colombiano se ha convertido no sólo en un enemigo de importantes
sectores de la sociedad civil, a la que ataca y mata, sino en un abierto
peligro para los Estados vecinos y también para la propia continuidad
del Estado ---y el gobierno--- como sistema.
Así, en términos de Gilles Deleuze y
Félix Guattari,
el Estado en Colombia de modo lento pero seguro está engendrando sus
propias líneas de fuga, su desterritorialización, diríamos, lo que lo
está conduciendo de modo inexorable a encadenamientos ininterrumpidos en
donde las expresiones fascistas y surcos de abierta e insobornable
barbarie, sin equívoco alguno, muestran mapas en donde la violencia
hacia adentro y hacia fuera es la norma y adquiere niveles de
representación muy importantes. En términos abreviados podríamos decir
que, El Estado colombianos pasó de auspiciar el terrorismo de Estado y
los crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en los contornos
geográficos del Estado-nación, a practicarlo extraterritorialmente;
violando así y de este modo, y, con ello, todo el ordenamiento jurídico
del sistema interamericano, el cual prevé la inviolabilidad fronteriza
entre los Estados miembros del continente.
2. Cruzando la frontera para matar.
De este modo, los bombardeos
registrados el 1 de marzo por parte la Fuerza Aérea Colombiana (FAC)
contra el territorio ecuatoriano y, en particular, contra la zona de
Angostura – Provincia de Sucumbíos---,
ubicada a 1800 metros de la frontera con Colombia, y lugar donde cayó
asesinado Raúl Reyes y más de una veintena de personas, entre ellas
civiles y miembros de las FARC, constituye no sólo una flagrante
violación al espacio aéreo ecuatoriano sino una abierta y deplorable
masacre en donde se conjugan los crímenes de guerra y de lesa humanidad
por parte del ejército colombiano.
Hoy está claro que el 1 de marzo no
sólo hubo una violación al espacio aéreo de Ecuador, sino que también
hubo una violación a su espacio terrestre por parte de las tropas del
ejército de Colombia, quien tomó por asalto y remató a los heridos que
no habían aniquilado las bombas lanzadas desde las primeras horas de
este día.
Los testimonios dados por las
autoridades ecuatorianas y, en especial, por Lucia Morett, estudiante
mexicana de filosofía de la Universidad Autónoma de México y una de las
tres personas que sobrevivieron al desproporcionado ataque militar, nos
permiten reconstruir los hechos y al mismo tiempo decir que,
efectivamente, varios de los sobrevivientes fueron ultimados a bala, lo
que no descarta que Raúl Reyes también corriera esta misma suerte como
quiera que lo poco que se conoce de la necropsia
practicada a su cuerpo arroja que si bien éste murió presumiblemente por
la onda explosiva, no menos cierto es que él presenta un tiro en la
nariz y otro en el mentón.
Los disparos que Reyes presenta en la
nariz y el mentón, al parecer, no dejaron rastro de pólvora, según dice
lo fragmentario del informe necrológico que ha circulado a través de los
principales medios informativos colombianos, lo que querría decir que
fueron realizados a larga distancia, cosa que haría suponer que Reyes
habría resistido, hecho poco probable si tenemos en cuenta que éste
presentaba una importante amputación en una de las extremidades
inferiores y, además, registraba unas 64 heridas en la espalda. Resulta
cuando menos sospechoso que se diga que el disparo del mentón no dejó
huella de pólvora cuando todo hace presumir que fue realizado a corta
distancia y en fase perimorten, es decir, en los momentos previos a su
deceso. Reyes y los demás y eso es algo por lo que el Estado colombiano
también tendría que responder, o al menos aclarar, habrían sido
ultimados, lo que configura y a las claras una auténtica violación al
Derecho Internacional humanitario y a los mismos derechos humanos.
Está claro que el Gobierno de Uribe
---con la complicidad del gobierno americano--- no sólo violó la
frontera área y terrestre de Ecuador, sino que dejó y a su suerte a las
personas heridas que se encontraban en el improvisado campamento
guerrillero, lugar desde donde al parecer Raúl Reyes venía adelantando
gestiones con distintas personalidades a afectos de proseguir con las
liberaciones unilaterales por parte de las FARC y, en la perspectiva,
sin duda, de ir creando el ambiente político y los apoyos necesarios a
la búsqueda y concreción del intercambio humanitario en Colombia.
Bombardeado el campamento y asesinado la gran mayoría de las personas
que en este se encontraban, lo único importante para el gobierno de
Uribe y para el gobierno norteamericano pareció ser el rescatar el
cuerpo sin vida de Reyes y de quien creían igualmente también que era
Julián Conrado. Se trataba, al juzgar por los hechos, de exhibirlos como
un trofeo de guerra y como una demostración de la eficacia de la lucha
por parte del gobierno contra las FARC. Las personas heridas, es decir,
las pocas sobrevivientes, aun muchos no nos explicamos cómo no fueron
rematadas si el ejército en Colombia es sabio en este tipo de proceder.
3. El gobierno de Uribe: mata y
miente, miente y mata.
Al bombardeo y como era de esperarse
prosiguió todo un sinfín de infamia que hoy pone en evidencia la poca
estatura moral y ética del actual gobierno colombiano y de quienes le
facilitan los más insospechados apoyos. Consumada la masacre contra
Reyes y quienes se encontraban en el campamento, el Presidente Uribe y
en una política de hechos consumados procedió a llamar al Presidente
Rafael Correa para informarle, con mentira en mano, como siempre, que en
la frontera con el Ecuador se había producido un choque entre el
Ejército y la guerrilla de la FARC, la que al haber cruzado la frontera
obligó a una persecución en caliente, lo que provocó, según la versión
manida de Uribe y del Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, que
aviones de la FAC desde territorio colombiano lanzaran un ataque contra
el campamento de las FARC en Sucumbíos, y luego procedieran a ingresar
en helicóptero hasta la zona y copar la misma, lo que dice, se realizó,
no sin enfrentar a los miembros de las FARC que habían quedado vivo.
Cuando el Gobierno del Presidente
Correa se apropió de la situación y comprobó que entre lo dicho por
Uribe y lo que había ocurrido había una enorme distancia, éste no dejó
de tildar los hechos como auténticos crímenes de guerra, y acto seguido
manifestó que su gobierno no se quedaría de brazos cruzados si no que
interpondría todos los recursos ante la comunidad internacional con tal
de que el gobierno colombiano fuera condenado por haber violado la
soberanía de su país. El Gobierno de Correa retiró inmediatamente a su
embajador de Colombia y en esa misma línea actuó Hugo Chávez, quien no
sólo retiró a su Embajador, sino que hizo salir a Fernando Marín,
embajador de Colombia en Venezuela.
4. Crisis en cadena y repercusiones.
Acosado Uribe por la respuesta en
bloque que dio el binomio Correa- Chávez ante la violación de la
soberanía ecuatoriana, procedió a amenazar a éste último con denunciarlo
ante el Tribunal Penal Internacional por, al parecer, los apoyos
financieros que éste hacía a los “genocidas de las FARC”. Chávez decidió
movilizar el día 4 de marzo 10 batallones a la frontera con Colombia, no
sin anunciar el cierre de la frontera comercial y proclamar una eventual
nacionalización de las empresas colombianas apostadas en Venezuela. Como
colofón de este episodio el Presidente Chávez le recordó al Presidente
Uribe que si éste decía tener el computador de Raúl Reyes, él le hacia
saber que en manos de las autoridades venezolanas se hallaba el
computador del narcotraficante Wilber Varela, alias Jabón, y quien había
sido asesinado en el Estado de Mérida el 1 de febrero del presente año y
de quien se decía en Colombia que había organizado no sin apoyo de
militares y policías un poderoso ejercito de paramilitares ---los
rastrojo y las Rondas campesinas populares--- y con el cual había
buscado hacer parte de las negociaciones entre el gobierno de Uribe y
las Autodefensa Unidas de Colombia.
Ante esta crisis y de insospechado
alcance, el gobierno de Uribe ha estado prácticamente sólo. Su única
compañía ha sido el gobierno de los EEUU, con quien comparte su política
de ataques preventivos y quien apoya a que Colombia sea para el área
andina en particular, y para América Latina, en general, lo que Israel
es para el medio oriente en materia de lucha regional contra el
“terrorismo” o lo que en su léxico se entiende como tal. Y es en esta
política de convertir a Colombia en un Sheriff regional en donde se
explica entre otros los siguientes hechos: la detención aún no muy clara
de Simón Trinidad en Ecuador hace algunos años atrás (2004), el
secuestro de Rodrigo Granda en 2005 en pleno centro de Caracas, el
bombardeo con glisfosato a importantes y sensibles áreas geográficas de
Ecuador, el realizar operaciones encubiertas contra presuntos
simpatizantes de las FARC en México y ahora la invasión al territorio
ecuatoriano con el beneplácito de los EEUU y bajo la mampara de la
legitima defensa.
5. Censura a Colombia, más no condena.
Con esta crisis abierta y el gobierno
de Colombia acorralado por Venezuela, Ecuador, Nicaragua y presionado
por el resto de países de la región, quienes al unísono censuraron el
comportamiento del gobierno colombiano al violar la frontera
ecuatoriana, se realizó el día 6 y 7 de marzo la Cumbre del Grupo de Río
en República Dominicana. En este evento el Presidente Correa de Ecuador
logró imponer y sensibilizar al grupo de Presidentes allí reunidos
acerca de la gravedad de los hechos y del mal precedente que Colombia
había impuesto, al punto que Uribe tuvo que aceptar sin más que lo
ocurrido había sido un grave hecho y que no podía volver a ocurrir. Para
Chávez también fue un momento de capital importancia, pues significó
poner a prueba su liderazgo y lo que representa la revolución
bolivariana en el marco regional. Para Nicaragua, el boquete abierto por
Colombia le creo una interesante oportunidad política y diplomática en
tanto en cuanto el Grupo de Río contribuya a definir el sitio que deben
tener los barcos militares de Colombia en la zona marítima del mar
caribe y, ello, mientras el contencioso entre Nicaragua y Colombia se
resuelve en la Haya.
Al decir verdad, Colombia quedó muy
mal parada pero no tanto como se esperaba, pues al final se cuestionó su
proceder pero no se avanzó en una condena clara y contundente frente a
la violación de la frontera y frente a los crímenes de lesa humanidad y
crímenes de guerra en que pudo incurrir el gobierno Colombiano al
bombardear el campamento donde se encontraba Raúl Reyes y una veintena
de personas más. Al final, un estrechón de manos entre los Presidentes
de la región y un Chávez exultante y llamando al entendimiento fue lo
que terminamos viendo. La palabra condena no apareció en la Resolución
acordada en la Cumbre de Presidentes del Grupo De Río y sólo ello se
quedó en el imaginario del Presidente Correa y en los miembros de su
gobierno.
6. La mentira como norma y arma
política
Teniendo como criterio referente la
Resolución del Grupo de Río, los Cancilleres de forma extraordinaria
acudieron el día 17 de marzo a la sede de la OEA, en Washington, para
poner fin a la crisis regional y continental que se abrió con la
incursión del ejército colombiano en territorio ecuatoriano. Luego de
una larga y tensa jornada no se validó la propuesta de Colombia ---y
también de los EEUU--- que buscaba que su agresión fuera vista como un
acto de legítima defensa, lo que entronca con el principio americano de
la guerra preventiva y de plegamiento a los principios de la
unilateralidad. Podemos decir que en este sentido los grandes derrotados
fueron los EEUU y Colombia.
Por otro lado, la delegación
colombiana y es lo bochornoso de todo esto, cuando empezaba a
discutirse si se condenaba o no al Gobierno de Colombia por tan alevoso
y criminal acto, algunos miembros de dicha representación, aupados, me
imagino, por el canciller Fernando Araujo, hicieron circular una
fotografía extraída, según, de uno de los ordenadores incautado a Raúl
Reyes y en donde el Ministro de Seguridad Interior y Exterior del
Ecuador, Gustavo Larrea,
aparecía con el asesinado líder insurgente en un campamento guerrillero.
Este hecho, vergonzoso y que dejó entrever a las claras un
comportamiento propio de mafiosos y no de diplomáticos, contribuyó a
enrarecer el ambiente de la discusión y caldeó aún más los ánimos.
Poca duda hay que esta marrullería no
buscaba otra intención que intimidar al gobierno de Correa y restarle
peso a la condena que éste estaba demandando de la OEA ante el atropello
cometido por el gobierno de Uribe. Sin embargo y como dice el dicho, las
mentiras tienen las patas cortas, pues más demoraron los mal llamados
diplomáticos colombianos en sacar a relucir la fotografía del supuesto
Ministro Gustavo Larrea cuando miembros del gobierno de Ecuador se
encargaron de desmentir semejante bulo. Y la cuestión no paró aquí, pues
al poco tiempo se supo que el personaje que aparecía en la foto con Raúl
Reyes no era otro que Patricio Etchegaray, Presidente del Partido
Comunista de Argentina y quien hacía ya algún tiempo le había realizado
una entrevista al líder guerrillero y la cual había salido publicada,
según lo dicho por este mismo personaje, en distintos medios en
Argentina. Con este acto el gobierno de Colombia mostró una vez más su
inocultable villanía y dejó patentado que hacerlo peor es imposible.
7. El Diario el Tiempo: Boletín
oficial del Gobierno
Y si de este modo actúo la cancillería
colombiana y el Presidente Uribe, con menos decoro actúo el Director de
la Policía Oscar Naranjo, quien juraba y perjuraba en Bogotá que quien
aparecía en la fotografía era el Ministro Larrea. En esta misma línea de
despropósito también actúo el Diario El Tiempo, quien se ha convertido y
a leguas en el Boletín Oficial del Gobierno. Este Diario, como sabemos,
tiene entre sus accionistas al Vicepresidente de la República Francisco
Santos y al Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, razón por la cual
su independencia y pulcritud periodística está a la misma altura en que
están los zapatos de quienes orientan política e informativamente a
dicho Diario, conectado, por demás, al Grupo Editorial Planeta y de
quien sabemos representa intereses político de dudosa estirpe
democrática en España. Este Diario fue el que hizo circular como un
trofeo de guerra más en toda esta crisis la presunta foto de Ministro
Larrea con Raúl Reyes. Y para tratar, sin ningún género de duda, de
hallar un punto de conexión entre el Ministro y el Secretariado de las
FARC, terminó diciendo que éste es el personaje de quien le habla Raúl
Reyes a Manuel Marulanda Vélez en un correo que en su momento aquel le
enviara a éste. Que vergüenza de periódico.
El papelón del Tiempo, sin embargo, no
se restringe a este vulgar y repudiable acto, del cual ya salió a pedir
disculpas
al Ministro Gustavo Larrea, si no que también se expresa en lo tóxico de
la información que ha emitido durante y después de la invasión por parte
del Ejército colombiano a Ecuador. Quiero recordar que el editorial del
día en que se conoce la noticia del ataque y en el que muere Raúl Reyes,
el Editorial del periódico en mención tuvo la desfachatez de decir que
el ataque alas FARC había sido una operación coordinada con el gobierno
del Ecuador. Una vez más la dinámica presurosa de los hechos se
encargaron de desmentir al o los editorialistas del Tiempo, que valga
decir, rayan en la indecencia y el anti-periodismo.
Lo que resulta claro de toda esta
crisis es que ya el Gobierno de Uribe y su asesor de Cabecera, José
Obdulio Gaviria y también su psiquiatra, Luis Carlos Restrepo, y Uribito
y un largo etcétera, sin duda, no pueden seguir con el estribillo acerca
de que en Colombia no hay un conflicto. Efectivamente, el conflicto hoy
por hoy no es de Colombia, pues éste se regionalizó y también ecumenizó,
sólo hay que ver con quien estaba hablando Raúl Reyes antes de ser
asesinado y con quien ha estado hablando el Secretariado de las FARC en
la perspectiva de hallarle una salida al acuerdo humanitario y al
conflicto en Colombia. Y si queda duda de que en Colombia no hay una
amenaza terrorista, sino un conflicto social y político, sólo basta ver
semejante entuerto en que se metió Uribe y sus guerreros y del cual no
salió bien librado.
Hasta aquí está muy claro que las FARC
han jugado a la política y el gobierno de Uribe ha jugado y mal, a la
guerra. No hubo condena por parte de la OEA, es cierto, pero ello no
debe tomarse como un triunfo de Uribe ni de su política de seguridad
democrática. Bien cabría decir que el éxito de Uribe es su propia
derrota. Hoy más que nunca el despeje, el intercambio humanitario y la
resolución política del conflicto en Colombia es un imperativo
categórico y a ello hay que apostarle y en firme.
Para terminar, en lo que a mi
respecta, que ni el Tiempo y sus consabidas mentiras; cada vez más
descomunales e insoportables, ni Uribe y sus héroes de bronce me sigan
vendiendo la moto de que la derrota de las FARC está a la vuelta de la
esquina, yo no les creo y lejos está el día de hacer un réquiem en paz
por las FARC. La estatura política de las FARC se ha dejado ver en las
liberaciones unilaterales. Uribe y los suyos dejaron vacío el espacio de
lo político y las FARC con sus muertos y sus dolores insisten en hallar
caminos para el diálogo y la paz. Uribe ha roto cualquier camino de
entendimiento, ha sucumbido a su febril guerrerismo, ha preferido
oponerse a cualquier fórmula de acuerdo y ha decidido matar y al precio
que sea: esto en política es un suicidio.
Ahora sueña con que la FARC se
autodestruya y para ello incita al delito y al crimen. Hoy su régimen
promueve con su política de recompensa la mutilación y la muerte y eso
no debe extrañarnos, pero si debe ponernos en pie de alerta, pues
debemos recordarle al menos las mentes sensatas que lo que queremos es
construir un estado decente y una sociedad que proscriba este tipo de
procederes, que bien sabemos, sin duda, que se han incubado durante
mucho tiempo en las mentes retorcidas de más de un militar y que de aquí
saltaron hasta el peor de los engendros que parió la institucionalidad
colombiana: el paramilitarismo. Tome nota señor presidente y no haga más
ruin e indigno con sus actos el sentirse uno colombiano/a. Tome nota.
Tome nota.
A propósito. ¿Por qué el Gobierno de
Uribe no entregó los restos mortales de Raúl Reyes a su antigua esposa,
es decir, a la madre de sus hijos. Será que como en el caso de Camilo
Torres Restrepo, nunca sabremos el paradero del líder guerrillero? Éste
superó, sin duda, en estatura y dignidad a sus victimarios y a quienes
hicieron de la propaganda y la publicidad de su muerte un comportamiento
de baja estofa, lo cual por dignidad y por respeto a la condición humana
nos debe llevar a condenar semejante comportamiento. Así, lo propio y
apropiado es que el gobierno entregue el cadáver a los familiares, que
es a quienes les pertenece y que no pretenda secuestrarlo, pues ello
constituye y a las clara un abierto delito. Esto motiva un nuevo
interrogante ¿Qué pretende ocultar el gobierno?
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