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23 de febrero del 2002 Colombia:
archivo secreto de la ruptura Heinz Dieterich
Steffan Invocando
la bendición de Dios y la protección de San Miguel Arcángel, el
presidente colombiano Andrés Pastrana rompió el proceso de paz con las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la noche del 20 de
febrero. Cuatro resoluciones, expedidas hacia las 22:00 horas, pusieron
fin a las herramientas jurídicas que sostenían este proceso. La primera,
termina los diálogos con las FARC y les retira el estatus político; la
segunda, pone fin a la zona de distensión en San Vicente del Caguán; la
tercera, reactiva las órdenes de captura contra los negociadores de la
guerrilla y la cuarta revoca la autorización a los municipios del despeje
de formar los cuerpos cívicos de convivencia. Los motivos que el
presidente adujo ante la audiencia televisiva del país para explicar tal
trascendente paso, abarcan desde la acusación de engaño personal del
Comandante de las FARC, Manuel Marulanda, hasta el terrorismo
internacional y el cultivo de coca. Sin embargo, la verdadera razón de la
ruptura no se mencionó en el discurso del presidente: el cambio en la
correlación de fuerzas, debido a cinco factores. Ellos son: 1. el cambio
del entorno político mundial después del 11 de septiembre, favorable al
gobierno; 2. las lecturas sobre la capacidad destructiva de las modernas
tecnologías militares que hicieron el Pentágono y la Casa Blanca,
después de la guerra de Afganistán; 3. el fortalecimiento de la
capacidad militar de Bogotá; 4. el avance electoral del candidato de
derecha Alvaro Uribe en la campaña para los comicios presidenciales del
26 de mayo; 5. el aislamiento político internacional de la guerrilla y,
6. el debilitamiento de la revolución bolivariana en Venezuela. La base de cualquier
análisis de la ruptura entre el gobierno y la guerrilla radica en la
comprensión del hecho de que la zona desmilitarizada ---que Pastrana
propuso en agosto de 1998, al asumir como jefe de Estado, y que instaló
oficialmente en enero de 1999--- no fue ningún regalo o favor del Estado
colombiano frente a la insurgencia, sino una expresión de la creciente
debilidad del régimen frente a las FARC-ELN. La zona de distensión como
espacio de solución política de la guerra civil de 40 años fue otorgada
por Pastrana, porque todos los intentos militares de destruir a la
guerrilla habían fracasados. La correlación de fuerzas entre la
guerrilla y el régimen era tal que la guerrilla hubiera tomado el poder
por la vía militar en el 2002 o 2003. Esa fue la realidad la que obligó
a negociar políticamente al Estado colombiano. Sobre esta
correlación de fuerzas hubiera sido posible un arreglo negociado de paz
con justicia social, porque la oligarquía se encontraba entre la espada
de perder todo (en caso de un triunfo popular) y la roca de ceder algunos
de sus privilegios, para seguir existiendo. Tenía un motivo sólido para
negociar seriamente un modus vivendi con las FARC-ELN. Este motivo
desapareció con la intervención de Estados Unidos. Al garantizar
Washington la permanencia de la oligarquía en el poder ---recibiendo en
contrapartida las riquezas del país, tal como se estableció en los
acuerdos del "Plan Colombia"--- ésta cambió su estrategia de
negociación en San Vicente por una estrategia de rendición incondicional
de la guerrilla, a sabiendas que la intervención militar-política
directa de Washington hacia imposible el triunfo militar de la guerrilla. El cambio de una
situación de derrota política-militar segura del gobierno a una de
invencibilidad militar, explica porqué Pastrana nunca satisfizo ninguna
de las demandas fundamentales de la guerrilla: el intercambio de
prisioneros de guerra y la supresión de los escuadrones de la muerte del
Estado, llamados paramilitares. Pese a que las FARC liberaron a centenares
de sus prisioneros de guerra, Pastrana nunca entregó, a cambio, líderes
guerrilleros detenidos y torturados en las cárceles del régimen. Contra
los escuadrones de la muerte del sistema ---que según organizaciones de
derechos humanos como Human Rights Watch, son responsables del 80 por
ciento de las violaciones de derechos humanos en Colombia--- el gobierno
de Pastrana nunca tomó medidas reales. La complementación
de la indisposición gubernamental para negociar seriamente un acuerdo de
paz, fue su aprovechamiento de los tres años de conversaciones para
aumentar su poder político-militar-mediático en aras de un ultimátum de
rendición incondicional de la guerrilla. Según el juicio del gobierno,
este proceso de acumulación de fuerzas alcanzó la masa crítica
necesaria para actuar, en febrero de este año. Desde ese momento, el
ultimátum o el ataque militar respectivo a la zona de distensión se
convertía en una cuestión meramente propagandística que se resolvería,
cuando las FARC dieran un pretexto para dejar la política y volver al
lenguaje de las armas. Esta coyuntura
propagandística se presentó con el secuestro aéreo del senador Gechem
Turbay que desató la ofensiva bélica largamente preparada. El hecho, de
que las FARC cayeran en la trampa política del gobierno demuestra que no
tienen una intelección clara de los cambios cualitativos que se han dado
en el entorno mundial de su lucha y que ciertos métodos tradicionales de
combate son hoy día disfuncionales. Si las FARC quieren convertir 40
años de sacrificio y lucha en resultados políticos tienen que comprender
los nuevo tiempos. Si no, perderán trágicamente el poder construido. |