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Carta de Miguel Ángel Beltrán dirigida a sus
colegas de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU) de
Colombia el 20 de julio de 2009.
Apreciados(as) colegas ASPU:
Han transcurrido
dos meses desde mi arbitraria detención en este pabellón de "alta
seguridad". Actualmente somos 73 internos (de una población de 6.102
presos), los que estamos recluidos en esta área de la Cárcel Nacional
Modelo, que bien puede ser considerada una "cárcel dentro de la misma
cárcel" alejada de los demás patios y donde sólo tenemos derecho a una
hora diaria de sol.
Aquí comparto suerte no sólo con comandantes guerrilleros sino, también,
con reconocidos narcotraficantes y jefes paramilitares que como "Zeus" y
"Niche" están acusados de ser autores de numerosas masacres de hombres,
mujeres y niños indefensos. Por fortuna éstos se encuentran en un piso
aparte.
Cada vez que traspaso las puertas de esta institución carcelaria para
una audiencia o una entrevista con los medios de comunicación, los
impresionantes dispositivos de seguridad revelan que soy considerado un
reo de alta peligrosidad para las autoridades carcelarias. "El
terrorista más peligroso de las FARC" según palabras del mismo
presidente Uribe quien me condenó, sin ser escuchado en juicio, y
agradeció al primer mandatario mexicano Felipe Calderón su colaboración
en mi captura, aún así los jueces de garantías y de apelación
insistieron que mi detención se produjo en Colombia.
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Resulta un
verdadero sarcasmo que mientras el fiscal promete para mí una
pena de más de cuarenta años por los delitos de rebelión y
concierto para delinquir con fines terroristas, a los verdaderos
criminales, que han sembrado el terror en todo el país, se les
ofrece que purguen sus decenas de homicidios en 8 años, a cambio
de su confesión, amparados en la política de "justicia y paz".
En otros casos, la justicia ni siquiera se ha hecho cargo de
ellos y se mantienen en la total impunidad desempeñando
importantes cargos públicos o altos puestos de dirección en las
fuerzas militares. |
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En mi expediente no se me acusa de
despedazar campesinos con motosierra, ni se me atribuye el asesinato de
jóvenes provenientes de sectores populares que luego son presentados
como "falsos positivos"; tampoco se me imputan tratos crueles, inhumanos
y degradantes contra persona alguna; mucho menos se me inculpa de
delitos de lesa humanidad: contrario a ello se me acusa de "instigación
al terrorismo" por denunciar estos hechos y de poner de presente la
responsabilidad del Estado Colombiano y las Fuerzas Militares en estos
crímenes: se me acusa de ser un terrorista por sustentar en mis escritos
en los foros públicos, que las FARC es una respuesta histórica a las
múltiple violencias del Estado, porque en este país, por decreto
presidencial no existe conflicto armado, pese a que número de
desplazados por la violencia sobrepasan ya los 4'000.000 de personas.
El hecho que se cite mis actividades
académicas como indicios para inculparme, demuestra que se trata de un
claro intento de criminalizar un trabajo docente e investigativo
incómodo para el establecimiento.
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En el
pasado estas mismas sindicaciones han sido hechas a destacados
profesores universitarios como el sociólogo Alfredo Correa, a
quien se acusó de ser un "ideólogo de las FARC"; en esa ocasión
las falsas inculpaciones provinieron de informaciones
proporcionadas por los mismos organismos de inteligencia del
Estado, concretamente del DAS institución que depende
directamente de la Presidencia de la República. Pese a que en el
proceso jurídico se pudo comprobar su inocencia, al profesor
Correa el Estado no le garantizó el derecho a la vida: pocas
semanas después de su excarcelación, caía asesinado en las
calles de Barranquilla. |
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Desafortunadamente, esta política de
hostigamiento contra la academia Colombiana no es cosa del pasado, por
el contrario se ha venido incrementando con la mal llamada política de
"seguridad democrática".
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William
Javier Díaz es un ejemplo de ello, integrante del Taller de
Formación Estudiantil Raíces (TJER ), que durante más de una
década ha desarrollado seminarios de pensamiento social en la
Universidad Pedagógica y la Universidad Distrital "Francisco
José Caldas", con el apoyo de reconocidos académicos e
investigadores, hoy es víctima de un montaje jurídico similar,
donde, con base en espurios archivos de un supuesto computador
incautado a la guerrilla, se le presenta como un militante de
las FARC. |
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De esta manera
el Estado pretende castigar a quienes consideramos que los estudiantes
deben estar en contacto permanente con los problemas sociales no solo
del pasado sino también del presente; que los futuros profesionales
tienen que estar en contacto con las tercas y duras realidades de un
país continente que hoy parece despertar tras años de letargo.
La universidad,
centro por excelencia de producción y circulación del pensamiento
crítico, no puede ceder a esta intimidación, escudándose en una supuesta
neutralidad de la teoría, ni refugiándose en la torre de marfil de un
conocimiento de expertos ajeno a cualquier compromiso con la realidad
social, las libertades del pensamiento y expresión –escribía el profesor
universitario y también activista de los derechos humanos Héctor Abad
Gómez– "son un derecho duramente conquistado a través de la historia por
millares de seres humanos, derecho que debemos conservar. La historia
demuestra que la conservación de este derecho requiere esfuerzos
constantes, ocasionales luchas y aún, a veces, sacrificios personales".
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En
Colombia, la Asociación Sindical de Profesores Universitarios ha
sido un instrumento de defensa de este derecho, preservando con
su lucha el "alma mater" no sólo de los bárbaros que pretenden
acallarla recurriendo a la violencia y la amenaza, sino haciendo
frente a las políticas neoliberales que buscan asfixiarla
presupuestalmente.
La generosa solidaridad que
ustedes me han brindado en estos dos largos meses de reclusión,
corrobora este compromiso que por décadas ustedes han mantenido
en aras de la defensa de la educación superior y coloca de
presente que esta lucha no solo es por mi libertad sino por la
libertad y el respeto al trabajo científico e intelectual.
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Desde estas
cuatro paredes que aprisionan mi cuerpo, pero no mi pensamiento, quiero
hacerles llegar mi voz de sincero agradecimiento por sus gestos de
solidaridad y mi convencimiento de que en esta lucha llegaremos hasta el
final, para que en el país el pensamiento pueda circular libremente y no
sea amenazado por aquellos insensatos que aspiran revivir los tiempos de
la inquisición, condenando a la hoguera a quienes expresamos ideas y
opiniones diferentes.
Un abrazo
fraternal.
Miguel Ángel
Beltrán Villegas
Cárcel Nacional
Modelo. Pabellón de Alta Seguridad
Bogotá, Julio 20 de 2009
A
Miguel Ángel
se le puede escribir:
Miguel Ángel
Beltrán Villegas
Cárcel Nacional Modelo
Pabellón de Alta Seguridad
CR 56 19-30
Bogotá
Cundanimarca
Colombia
Con copia a
libertadencolombia@gmail.com
! LIBERTAD
PARA EL PROFESOR MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN !
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