Un elefante en la escuela

Pibes y maestros en el conurbano

Un libro editado del Taller de los Sábados (2008, 136 páginas)

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Imaginemos una superficie amplia. En ella observamos espacios cubiertos y descubiertos. También objetos: pizarrones, redes, televisores, tizas y marcadores, aros de básquet, objetos de cocina y de limpieza, sillas, pelotas. Imaginemos que esa superficie se recubre de chicos y chicas. Imaginemos finalmente a un tipo especial de filósofa/o –que aquí llamaremos maestras/os– cuyo oficio consiste en preguntarse por el modo de participar activamente en la creación de un mundo en torno a esa multiplicidad, con la cual ha decidido involucrarse.

El taller de los sábados es el nombre de una experiencia de varios años de la que participamos padres y maestros de la escuela Creciendo Juntos de Moreno, de la Escuela EGB 105 de Gonzaléz Catán y el Colectivo Situaciones. La autoría colectiva que elegimos para este libro surge de una larga y concurrida conversación que se volvió método de trabajo. Una máquina de enunciación de problemas, sensaciones y escenas muy concretas, que ha procurado aliarse con la fuerza del pensamiento.

Índice

Sobre el taller / introducción
Hoja de ruta

Del maestro militante a la escuela que no sabe
El maestro militante
La comunidad educativa
Lo público no es lo estatal

19/20
En la calle
En la escuela
Cambiar de posición

EL TALLER DE LOS SÁBADOS
El motín
Desde los caños
La transmisión
Proyecto de aprendizaje
Discapacidad no es incapacidad
Implicación o participación
Miedo y objeción

EL MAESTRO IGNORANTE
Entendimiento y comprensión
Explicación y cohesión social
Normalización
La escuela explicadora y el maestro emancipador
Los lenguajes del contrato
¿La vuelta de la disciplina?
Las operaciones concretas de la escuela
Los recursos no existen: hay que crearlos
Clandestinidad
Una escuela perpleja
Los "afanos" como Telémaco
Correrse para existir
Centralización y dispersión
El uso de las inteligencias
¿El "método" Jacotot?
Suspender el "ser actual" en nombre de la promesa
Traducción y contra-traducción
Orientaciones oficiales y experiencia real
Estar en órbita

DESENCUENTROS
Deserción y pereza
Resistencias
Del apostolado a la investigación
Auto-institución
Cuerpo a cuerpo
La crisis de los cuidados
Más allá de la contención

HACER ESCUELA, ESTAR EN BANDA
Ya te conozco
La fuga del no-lugar
Subjetividades callejeras
Máquinas de guerra
Escuelas en banda

APUNTES INSPIRADOS EN UNA CONMOCIÓN
Una escuela muy normal
La mirada de los pibes
Lo posible y lo pensable
Crónica de un almuerzo en La Matanza
Un elefante en la escuela

LA INVITACIÓN
Implicación y objeción
Aperturas y cierres
Lo variable: del molde a la modulación

¿QUÉ PUEDE UNA ESCUELA?

INFANCIA E INSTITUCIÓN / CONVERSACIÓN CON PAOLO VIRNO


Introducción

Imaginemos una superficie amplia. En ella observamos espacios cubiertos y descubiertos. También objetos: pizarrones, redes, televisores, tizas y marcadores, aros de básquet, objetos de cocina y de limpieza, sillas, pelotas. Imaginemos que esa superficie se recubre de chicos y chicas. Imaginemos finalmente a un tipo especial de filósofa/o –que aquí llamaremos maestras/os– cuyo oficio consiste en preguntarse por el modo de participar activamente en la creación de un mundo en torno a esa multiplicidad, con la cual han decidido involucrarse. Imaginemos que es esta escena elemental la que contiene, en una primera instancia al menos, el potencial articulador de esas multiplicidades.

Resulta evidente la crisis de la adultez como autoridad institucional. Su signo más saludable es el modo en que grandes y chicos, pibes y maestros comienzan a replantear sus vínculos más allá de ese universo decadente de la disciplina. Se abre ante nosotros un juego en el cual la adultez consiste más en una posición móvil, que en un conjunto fijo de saberes a priori. Un juego en el que la regla es interior al juego, y no su límite previo. Y en el que la responsabilidad no existe como adecuación a las formas, sino como habilitación de un espacio afectivo/pensante capaz de asumir las consecuencias inesperadas de una situación compartida. Una nueva adultez, tal vez. Pero no una retórica o utópica, sino una que ya advertimos en nuestro entorno en cada tentativa de pensar con los otros los efectos (sean cuales fueren) de la producción de los vínculos. En este libro se dan cita ciega unos pibes que saben de la reversibilidad de estas posiciones y unos maestros que se adiestran, como pueden, en infancias propias y ajenas. Y en ese encuentro imposible, en el corazón fracturado del juego mismo, inventan lazos vitales.

De eso trata esta larga conversación. Casi infinita. Porque se volvió método de trabajo. Estas páginas que siguen recorren año a año (entre 2001 y 2005) el modo de habla que surge de un taller colectivo, variable en número y en momentos, pero que se convierte por su funcionamiento en una máquina de enunciación de problemas, sensaciones y escenas muy concretas que hacen alianza con la fuerza del pensamiento. Y así, esa lengua colectiva-detaller quiere decir algo.

La enunciación consiste aquí en un espacio y un tiempo del hablar. Un tiempo que es el de un cotidiano –el escolar– que necesita abrirse a otro tiempo que lo atraviesa constantemente: lo no escolar. El taller mismo es una de las maneras en que esa mezcla toma cuerpo. Es también un espacio móvil, pero constante, con una sistematicidad paciente. A su vez, este tipo de enunciación no puede distinguirse de un espacio y un tiempo de la escucha. La palabra toma así cierta consistencia: es meticulosa del día a día y a la vez expone las condiciones generales de lo que hoy significa producir palabra-acto.

En este sentido, esta larga conversación dice lo difícil y trabajoso que es hablar cuando se pretende hacer de la palabra una inventiva pública, una tarea colectiva, un modo en que el verbo se haga carne. Y esta elaboración es posible precisamente en una escuela. Pero no en la escuela privada: es decir, privada de mundo en la medida en que se cierra sobre la axiomática del dinero. Tampoco en la escuela estatal que sólo conoce un mundo estático, ya hecho, montado y limitado por el pre-supuesto (de lo) público: es decir, que se torna estática al aceptar lo público como presupuesto, y no como desafío. La escuela en cuestión se construye más allá de las formas jurídicas y los estereotipos, como proceso de investigación-intervención sobre el lazo social. Es una escuela que asume ese mismo proceso como acto creador de momentos de comunidad desde abajo.

El taller se inscribe en ese movimiento amplio: es un procedimiento que se plantea cómo hacer de lo pensante un modo de existencia de la escuela y de cada uno. Pero el taller mismo es como un juego de cajas chinas entre otros procedimientos que se muestran, se discuten, se prueban, se deshacen o se vuelven a probar. Son esos compromisos concretos, cotidianos, de ensayo, los que hacen que la escuela exista como laboratorio de una forma de lo público que evita los automatismos y está en alerta frente a la pereza y el cinismo.

Taller de los sábados
Septiembre 2008

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