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Un elefante en la escuelaPibes y maestros en el conurbano
Bajá aquí la edición digital (PDF) Conseguí la edición impresa en las librerías o pedila a colectivo@situaciones.org Imaginemos una superficie amplia. En ella observamos espacios cubiertos y descubiertos. También objetos: pizarrones, redes, televisores, tizas y marcadores, aros de básquet, objetos de cocina y de limpieza, sillas, pelotas. Imaginemos que esa superficie se recubre de chicos y chicas. Imaginemos finalmente a un tipo especial de filósofa/o –que aquí llamaremos maestras/os– cuyo oficio consiste en preguntarse por el modo de participar activamente en la creación de un mundo en torno a esa multiplicidad, con la cual ha decidido involucrarse. El taller de los sábados es el nombre de una experiencia de varios años de la que participamos padres y maestros de la escuela Creciendo Juntos de Moreno, de la Escuela EGB 105 de Gonzaléz Catán y el Colectivo Situaciones. La autoría colectiva que elegimos para este libro surge de una larga y concurrida conversación que se volvió método de trabajo. Una máquina de enunciación de problemas, sensaciones y escenas muy concretas, que ha procurado aliarse con la fuerza del pensamiento. Índice Sobre
el taller / introducción Del maestro militante a la escuela
que no sabe 19/20 El motín Desde los caños La transmisión Proyecto de aprendizaje Discapacidad no es incapacidad Implicación o participación Miedo y objeción EL MAESTRO
IGNORANTE DESENCUENTROS HACER ESCUELA, ESTAR EN BANDA APUNTES INSPIRADOS EN UNA CONMOCIÓN LA INVITACIÓN ¿QUÉ PUEDE UNA ESCUELA? INFANCIA E INSTITUCIÓN / CONVERSACIÓN CON PAOLO VIRNO Introducción Resulta evidente la crisis de la adultez como autoridad institucional. Su signo más saludable es el modo en que grandes y chicos, pibes y maestros comienzan a replantear sus vínculos más allá de ese universo decadente de la disciplina. Se abre ante nosotros un juego en el cual la adultez consiste más en una posición móvil, que en un conjunto fijo de saberes a priori. Un juego en el que la regla es interior al juego, y no su límite previo. Y en el que la responsabilidad no existe como adecuación a las formas, sino como habilitación de un espacio afectivo/pensante capaz de asumir las consecuencias inesperadas de una situación compartida. Una nueva adultez, tal vez. Pero no una retórica o utópica, sino una que ya advertimos en nuestro entorno en cada tentativa de pensar con los otros los efectos (sean cuales fueren) de la producción de los vínculos. En este libro se dan cita ciega unos pibes que saben de la reversibilidad de estas posiciones y unos maestros que se adiestran, como pueden, en infancias propias y ajenas. Y en ese encuentro imposible, en el corazón fracturado del juego mismo, inventan lazos vitales. De eso trata esta larga conversación. Casi infinita. Porque se volvió método de trabajo. Estas páginas que siguen recorren año a año (entre 2001 y 2005) el modo de habla que surge de un taller colectivo, variable en número y en momentos, pero que se convierte por su funcionamiento en una máquina de enunciación de problemas, sensaciones y escenas muy concretas que hacen alianza con la fuerza del pensamiento. Y así, esa lengua colectiva-detaller quiere decir algo. En este sentido, esta larga conversación dice lo difícil y trabajoso que es hablar cuando se pretende hacer de la palabra una inventiva pública, una tarea colectiva, un modo en que el verbo se haga carne. Y esta elaboración es posible precisamente en una escuela. Pero no en la escuela privada: es decir, privada de mundo en la medida en que se cierra sobre la axiomática del dinero. Tampoco en la escuela estatal que sólo conoce un mundo estático, ya hecho, montado y limitado por el pre-supuesto (de lo) público: es decir, que se torna estática al aceptar lo público como presupuesto, y no como desafío. La escuela en cuestión se construye más allá de las formas jurídicas y los estereotipos, como proceso de investigación-intervención sobre el lazo social. Es una escuela que asume ese mismo proceso como acto creador de momentos de comunidad desde abajo. El taller se inscribe en ese movimiento amplio: es un procedimiento que se plantea cómo hacer de lo pensante un modo de existencia de la escuela y de cada uno. Pero el taller mismo es como un juego de cajas chinas entre otros procedimientos que se muestran, se discuten, se prueban, se deshacen o se vuelven a probar. Son esos compromisos concretos, cotidianos, de ensayo, los que hacen que la escuela exista como laboratorio de una forma de lo público que evita los automatismos y está en alerta frente a la pereza y el cinismo.
Taller de los sábados |