Cuaderno de Prensa

 

 

El día en que el agua lo cubre todo

Miles de personas se pusieron en remojo en Vilagarcía para celebrar el día de San Roque


Las amenazadoras nubes no lograron disuadir a los fieles del líquido elemento

 

 

Rosa Estévez (vilagarcía)

Escribir la crónica del Día del Agua no es fácil. Simplemente, porque no es fácil establecer cuándo comienza tan borrascosa fiesta. Algunos dirán que la historia debe empezar a contarse en el momento justo en el que San Roque sale de la iglesia -ayer, por cierto, en cuanto el santo bailón asomó por la puerta del templo, un esperanzador rayo de sol se coló entre las nubes para certificar que la divinidad no estaba por ahogar con agua extra a los fieles de la juerga-. Otros asegurarán que la fiesta del agua comienza de noche, y que la vigilia danzante y zumbona forma parte de las obligaciones de los devotos del líquido elemento.

Pero la historia bien podría comenzar a contarse, también, a eso de las once de la mañana. La hora en la que las calles de la ciudad comienzan a llenarse con la diversa fauna que las va a poblar durante toda la jornada. A las enormes pandillas con camisetas y restos de noche en el rostro se van sumando padres y madres, niños con pistolas de agua, aquellos que por edad podrían ser abuelos, visitantes de la comarca o de más allá... Para cuando llega la hora de la procesión, toda Vilagarcía es un hervidero de gente y agua. Porque la tradición de esperar a que el santo entre en la capilla para arrojar el primer cubo ha pasado a la historia. Y ahora, desde que el día es día, nadie está a salvo de ser salpicado o inundado totalmente si se pasea, seco y apetecible, por las calles.

A San Roque no parece importarle ese cambio de costumbres. Sin mirar atrás, el santo realizó su camino hacia la capilla al ritmo bailongo de costumbre -porque el santo baila, como sus devotos-. Cuando la puerta de la capilla se abrió para él, Vicente, el del Xentes , la sonrisa de A Baldosa, se alzó sobre la marabunta para leer el pregón. Como de costumbre, pocas de sus palabras conseguían filtrarse hasta los oídos de los congregados. Éstos, a lo suyo, comenzaban a pedir agua a los edificios. Y de las ventanas salían calderos, botellas, garrafas y mangueras dispuestas a dar cumplida respuesta a sus deseos.

Cuando la sonrisa de la Baldosa mentó a San Roque, sin embargo, miles de gargantas lo corearon. Y a partir de ahí, el despiporre fue completo. Eso sí, quizás con menos agua que en otras ocasiones -el número de buenos samaritanos que salió a las ventanas se vio reducido, y también fue menor la presencia de camiones en los puntos estratégicos de la zona húmeda-. Y quién sabe si la culpa fue de los malos augurios del tiempo, o de que era lunes y los lunes cuestan, pero lo cierto es que la marea humana no alcanzó las cotas de otros años.

En cualquier caso, el bautismo pagano de Vilagarcía continuó hasta primera hora de la tarde. Y después, desde el cielo, volvió a caer agua de lluvia. El agua que purificó todos los pecados.

(aparecido en la Voz de Galicia el 17/08/2004)