Principios
elementales de filosofía
Georges
Politzer
Índice
PRIMERA PARTE. LOS PROBLEMAS FILOSÓFICOS
INTRODUCCIÓN
I. ¿Por qué debemos estudiar la filosofía?
II. ¿Es difícil el estudio de la filosofía?
III. ¿Qué es la filosofía?
IV. ¿Qué es la filosofía materialista?
V. ¿Cuáles son las relaciones entre el materialismo y el marxismo?
VI. Campañas de la burguesía contra el marxismo
Capítulo I EL PROBLEMA DE LA FILOSOFÍA
I. ¿Cómo debemos comenzar el estudio de la filosofía?
II. Dos concepciones para explicar el mundo
III. La Materia y el Espíritu
IV. ¿Qué es la materia, qué es el espíritu?
V. La cuestión o el problema fundamental de la filosofía
VI. Idealismo o materialismo
Capítulo II EL IDEALISMO
I. El idealismo moral y el idealismo filosófico
II. ¿Por qué debemos estudiar el idealismo de Berkeley?
III. El idealismo de Berkeley
IV. Consecuencias de los razonamientos "idealistas"
V. Los argumentos idealistas
Capítulo III EL MATERIALISMO
I. ¿Por qué debemos estudiar el materialismo?
II. ¿De dónde procede el materialismo?
III. ¿Cómo y por qué ha evolucionado el materialismo?
IV. ¿Cuáles son los principios y los argumentos de los materialistas?
Capítulo IV ¿QUIÉN TIENE RAZÓN, EL IDEALISTA O EL
MATERIALISTA?
I. ¿Cómo debemos plantear el problema?
II. ¿Es verdad que el mundo no existe más que en nuestro pensamiento?
III. ¿Es verdad que son nuestras ideas las que crean las cosas?
IV. ¿Es verdad que el espíritu crea la materia?
V. Los materialistas tienen .razón y la ciencia prueba sus afirmaciones
Capítulo V ¿HAY UNA TERCERA FILOSOFÍA? EL AGNOSTICISMO
I. ¿Por qué una tercera filosofía?
II. Razonamiento de esta tercera filosofía
III. ¿De dónde procede esta filosofía?
IV. Consecuencias de esta teoría
V. Cómo debemos refutar este razonamiento
VI. Conclusión
SEGUNDA PARTE. EL MATERIALISMO FILOSÓFICO
Capítulo I LA MATERIA Y LOS MATERIALISTAS
I. ¿Qué es la materia?
II. Teorías sucesivas de la materia
III. Qué es la materia para los materialistas
IV. El espacio, el tiempo, el movimiento y la materia
V. Conclusión
Capítulo II ¿QUÉ SIGNIFICA SER MATERIALISTA?
I. Unión de la teoría y de la práctica
II. ¿Qué significa ser partidario del materialismo en el dominio del pensamiento?
III. ¿Cómo ser materialista en la práctica?
IV. Conclusión
Capítulo III HISTORIA DEL MATERIALISMO
I. Necesidad de estudiar esta historia
II. El materialismo premarxista
III. ¿De dónde procede el idealismo?
IV. ¿De dónde procede la religión?
V. Méritos del materialismo
VI. Los defectos del materialismo premarxista
TERCERA PARTE. ESTUDIO DE LA METAFÍSICA
Capítulo Único EN QUÉ CONSISTE EL MÉTODO
"METAFÍSICO"
I. Los caracteres de este método
II. Recapitulación
III. La concepción metafísica de la naturaleza
IV. La concepción metafísica de la sociedad
V. La concepción metafísica del pensamiento
VI. ¿Qué es la lógica?
VII. Explicación de la palabra "metafísica"
CUARTA PARTE. ESTUDIO DE LA DIALÉCTICA
Capítulo I INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA DIALÉCTICA
I. Precauciones preliminares
II. ¿De dónde surgió el método dialéctico?
III. ¿Por qué ha estado la dialéctica tanto tiempo dominada por la concepción metafísica?
IV. ¿Por qué era metafísico el materialismo del siglo XVIII?
V. Cómo nació el materialismo dialéctico: Hegel y Marx
Capítulo II LAS
LEYES DE LA DIALÉCTICA. PRIMERA LEY: EL CAMBIO DIALÉCTICO
I. Qué se entiende por movimiento dialéctico
II. "Para la dialéctica no hay nada definitivo, absoluto, sagrado...
III. El proceso
Capítulo III SEGUNDA LEY: LA LEY DE LA ACCIÓN RECÍPROCA
I. El encadenamiento de los procesos
II. Los grandes descubrimientos del siglo XIX
III. El desarrollo histórico o en espira
IV. Conclusión
Capítulo IV TERCERA LEY: LA CONTRADICCIÓN
I. La vida y la muerte
II. Las cosas se transforman en su contrario
III. Afirmación, negación, negación de la negación
IV. Puntualicemos
V. La unidad de los contrarios
VI. Errores que deben evitarse
VII. Consecuencias prácticas de la dialéctica
Capítulo V CARTA LEY: TRANSFORMACIÓN DE LA CANTIDAD EN
CALIDAD O LEY DEL PROGRESO POR SALTOS
I. ¿Reformas o revolución?
II. El materialismo histórico
QUINTA PARTE. EL MATERIALISMO HISTÓRICO
Capítulo I LAS FUERZAS MOTRICES DE LA HISTORIA
I. Un error que debe evitarse
II. El "ser social" y la conciencia
III. Teorías idealistas
IV. El "ser social" y las condiciones de existencia
V. Las luchas de clases, motor de la historia
Capítulo II ¿DE DÓNDE PROCEDEN LAS CLASES Y LAS
CONDICIONES ECONÓMICAS?
I. La primera gran división del trabajo
II. Primera división de la sociedad en clases
III. Segunda gran división del trabajo
IV. Segunda división de la sociedad en clases
IV. Qué determina las condiciones económicas
V. Los modos de producción
VI. Observaciones
SEXTA PARTE. EL MATERIALISMO DIALÉCTICO Y LAS IDEOLOGÍAS
CAPÍTULO ÚNICO APLICACIÓN DEL MÉTODO DIALÉCTICO A LAS
IDEOLOGÍAS
I. ¿Cuál es la importancia de las ideologías para el marxismo?
II. ¿Qué es una ideología? (factor, formas ideológicas)
III. Estructura económica y estructura ideológica
IV. Conciencia verdadera y conciencia falsa
V. Acción y reacción de los factores ideológicos
VI. Método de análisis dialéctico
VII Necesidad de la lucha ideológica
VIII. Conclusión.
En el transcurso de esta obra nos proponemos dar y explicar los principios elementales de la filosofía materialista.
¿Por qué? Porque el marxismo está íntimamente ligado a una filosofía y a un método: los del materialismo dialéctico. Es indispensable, pues, estudiar esa filosofía y ese método para comprender bien el marxismo y para refutar los argumentos de las teorías burguesas tanto como para emprender una lucha política eficaz.
En efecto, Lenin ha dicho: "Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario". Esto quiere decir, en primer lugar: hay que vincular la teoría con la práctica.
¿Qué es la teoría? Es el conocimiento de las cosas que queremos realizar.
¿Qué es la práctica? Es el hecho de realizar. Por ejemplo, la industria, la agricultura realiza, es decir, hacen entrar en la realidad) ciertas teorías (teorías químicas, físicas o biológicas).
Se puede no ser más que práctico; pero entonces se realiza por rutina. Se puede no ser más que teórico; pero entonces lo que se concibe a menudo es irrealizable. Es necesario, pues, que haya vinculación entre la teoría y la práctica. Todo el problema está en saber, cuál debe ser esa teoría y cuál debe ser su vinculación con la práctica.
Creemos que el militante obrero necesita un método
de análisis y de razonamiento exacto para poder realizar una acción
revolucionaria exacta. Necesita un método que no sea un dogma que le dé
soluciones hechas, sino un método que tenga en cuenta hechos y circunstancias
que nunca son los mismos; un método que no separe jamás la teoría de la
práctica, el razonamiento de la vida. Ahora bien, este método está contenido en
la filosofía del materialismo dialéctico, base del marxismo que nos proponemos
explicar.
Se cree generalmente que el estudio de la filosofía es una cosa llena de dificultades para los obreros y que necesita conocimientos especiales. Es necesario convenir en que la manera como son redactados los manuales burgueses los confirma plenamente en sus ideas y no pueden menos que rechazarlos.
No pensamos negar las dificultades que comporta el estudio en general, y las de la filosofía en particular. Pero tales dificultades son perfectamente superables y se deben sobre todo al hecho de tratarse de cosas nuevas para muchos de nuestros lectores.
Desde el comienzo, aun determinando las cosas con
precisión, los invitaremos a volver sobre ciertas definiciones de palabras que,
en el lenguaje corriente, están adulteradas.
Vulgarmente se entiende por filósofo: o bien el que vive en las nubes, o bien el que toma las cosas por su lado bueno, el que "no se hace mala sangre por nada". Por el contrario, el filósofo es el que quiere, en ciertas cuestiones, dar repuestas precisas, y si se considera que la filosofía quiere dar una explicación a los problemas del universo (¿de dónde procede el mundo?, o ¿adonde vamos?, etcétera), se ve, por consiguiente, que el filósofo se ocupa de muchas cosas y, a la inversa de lo que se dice, "se preocupa mucho de todo".
Diremos pues, para definir la filosofía, que quiere explicar el universo, la naturaleza, que es el estudio de los problemas más generales. Los problemas menos generales son estudiados por las ciencias. La filosofía es pues, una prolongación de las ciencias.
Agreguemos en seguida que la filosofía marxista da
una solución a todos los problemas y que esta solución procede de los que se
llama: el materialismo.
En cuanto a esto hay también una confusión que inmediatamente debemos señalar: vulgarmente se entiende por materialista el que no piensa más que en gozar de los placeres materiales. Jugando con la palabra materialismo que contiene la palabra materia se ha llegado así a darle un sentido completamente falso.
Al estudiar el materialismo, en el sentido científico de la palabra, vamos a darle de nuevo su verdadera significación, pues ser materialista no impide, según vamos a verlo, tener un ideal y combatir para hacerlo triunfar.
Hemos dicho que la filosofía quiere dar una explicación a los problemas más generales del mundo. Pero en el transcurso de la historia de la humanidad, estas explicaciones no siempre han sido las mismas.
Los primeros hombres trataban de explicar la naturaleza, el mundo, pero no podían. Lo que permite, en efecto, explicar el mundo y los fenómenos que nos rodean son las ciencias; ahora bien, son muy recientes los descubrimientos que han permitido el progreso de las ciencias.
La ignorancia de los primeros hombres era, pues, un obstáculo en sus investigaciones. Por eso, en el transcurso de la historia, a causa de esta ignorancia, vemos aparecer las religiones, que también quieren explicar el mundo. Lo explican mediante las fuerzas sobrenaturales. Pero esta es una explicación anticientífica. Poco a poco, en el transcurso de los siglos, se desarrollará la ciencia. Los hombres tratarán de explicar el mundo por los hechos materiales, partiendo de experiencias científicas y de ahí, de esa voluntad de explicar las cosas por la ciencia, nace la filosofía materialista.
En las páginas siguientes vamos a estudiar qué es el materialismo; pero, desde ya, debemos tener presente que materialismo no es otra cosa que la explicación científica del universo.
Estudiando la historia de la filosofía materialista veremos cuan ardua y difícil ha sido la lucha contra la ignorancia. Debemos comprobar, por otra parte, que en nuestros días esta lucha no ha terminado aún, puesto que el materialismo y la ignorancia continúan subsistiendo juntos, uno al lado del otro.
En el transcurso de ese combate Marx y Engels comprendiendo la importancia de los grandes descubrimientos del siglo XIX, permitieron a la filosofía del materialismo hacer enormes progresos la explicación científica del universo. Así nació el materialismo dialéctico. Después, fueron los primeros en comprender que las leyes que rigen al mundo también permiten explicar la marcha de las sociedades; formaron así la célebre teoría del materialismo histórico.
Nos proponemos estudiar en esta obra, en primer
lugar el materialismo, después el materialismo dialéctico y, por último, el
materialismo histórico. Por el momento, queremos establecer las relaciones
entre el materialismo y el marxismo.
Podemos resumirlas de la manera siguiente:
1º La filosofía del materialismo es la base del marxismo.
2o Esta filosofía materialista, que quiere dar una explicación científica a los problemas del mundo, progresa en el transcurso de la historia al mismo tiempo que las ciencias. Por consiguiente, el marxismo ha surgido de las ciencias, se apoya en ellas y evoluciona con ellas.
3º Antes de Marx y Engels hubo, en muchas oportunidades y con distintas formas, filosofías materialistas. Pero en el siglo XIX, habiendo dado las ciencias un gran paso adelante, Marx y Engels renovaron ese viejo materialismo partiendo de las ciencias modernas y nos dieron el materialismo moderno que se llama materialismo dialéctico y que es la base del marxismo.
Vemos, por estas breves explicaciones, que la filosofía del materialismo, contrariamente a lo que se ha dicho, tiene una historia. Esa historia esta íntimamente ligada a la historia de las ciencias. El marxismo, basado en el materialismo, no ha surgido del cerebro de un solo hombre. Es el desenlace, la continuación del viejo materialismo que ya estaba muy avanzado con Diderot. El marxismo es la expansión del materialismo desarrollado por los enciclopedistas del siglo XVIII, enriquecido por los grandes descubrimientos del siglo XIX. El marxismo es una teoría viva y, para mostrar de qué manera encara los problemas, vamos a dar un ejemplo que todo el mundo conoce: el problema de la lucha de clases.
¿Qué piensa la gente sobre esta cuestión? Unos creen que la defensa del pan exime de la lucha política. Otros, que basta con andar a puñetazos en la calle, negando la necesidad de la organización. Otros, todavía, pretenden que sólo la lucha política dará una solución a este problema.
Para el marxismo, el problema de la lucha de clases comprende:
a) La lucha económica;
b) La lucha política;
c) La lucha ideológica.
El problema debe ser planteado simultáneamente pues, en los tres terrenos.
a) No se puede luchar
por el pan (lucha económica) sin luchar por la paz (lucha política) y sin
defender la libertad (lucha ideológica).
b) Ocurre lo mismo en
cuanto a la lucha política, que desde Marx se ha transformado en una verdadera
ciencia: hay que tener en cuenta a la vez la situación económica y las
corrientes ideológicas.
c) En cuanto a la lucha
ideológica que se manifiesta por la propaganda, estamos en la obligación de
tener en cuenta, para que sea eficaz, la situación económica y política.
Vemos, pues, que todos estos problemas están vinculados, y así no se puede tomar una decisión ante cualquier aspecto de este gran problema que es la lucha de clases (en una huelga, por ejemplo) sin tomar en consideración cada aspecto del problema y el conjunto del problema mismo.
Así, pues, el que sea capaz de luchar en todos los terrenos dará al movimiento la mejor dirección.
Vemos cómo comprende un marxista ese problema de la
lucha de clases. Además, en la lucha ideológica que debemos sostener todos los
días, nos encontramos ante problemas difíciles de resolver: inmortalidad del
alma, existencia de Dios, orígenes del mundo, etcétera. El materialismo
dialéctico nos dará un método de razonamiento que nos permitirá resolver todos
esos problemas, así como, desenmascarar todas las campañas de falsificación del
marxismo que pretenden completarlo y renovarlo.
Esas tentativas de falsificación se apoyan sobre bases muy variadas. Se trata de levantar contra el marxismo a los autores socialistas del período premarxista (anteriores a Marx). Es así como se ve utilizar contra Marx, muy a menudo, a los "utopistas". Otros utilizan a Proudhon; otros se inspiran en los revisionistas de antes de 1914 (refutados éstos magistralmente por Lenin). Pero lo que hay que subrayar es la campaña de silencio que hace la burguesía contra el marxismo. Lo ha hecho todo en particular para impedir que sea conocida la filosofía materialista en su forma marxista. En este sentido es particularmente sorprendente el conjunto de la enseñanza filosófica tal como se da en Francia.
En los establecimientos de enseñanza secundaria se enseña filosofía. Pero se puede seguir toda esta enseñanza sin enterarse de que existe una filosofía materialista elaborada por Marx y Engels. Cuando en los manuales de filosofía se habla de materialismo (porque es necesario hablar de ello) siempre se trata del marxismo y del materialismo de una manera separada. Se presenta al marxismo, en general, únicamente como una doctrina política, y cuando se habla de materialismo histórico no se habla, a ese respecto, de la filosofía del materialismo; por último, se ignora todo cuanto atañe al materialismo dialéctico.
Esta situación no existe sólo en las escuelas y en los liceos; ocurre exactamente lo mismo en las universidades. Lo más característico es que se puede ser en Francia un "técnico" de la filosofía, provisto de los diplomas más importantes que entregan las universidades francesas, sin saber que el marxismo tiene una filosofía que es el materialismo y sin saber que el materialismo tradicional tiene una forma moderna, que es el marxismo, o materialismo dialéctico.
Queremos demostrar, por nuestra parte, que el marxismo constituye una concepción general, no sólo de la sociedad, sino también del mismo universo. Es inútil, pues, contrariamente a lo que pretenden algunos, lamentar que el gran defecto del marxismo sea su falta de filosofía y querer, como algunos teóricos del movimiento obrero, ir en busca de esa filosofía que falta en el marxismo.
No es menos cierto que, a pesar de esa campaña de
silencio, a pesar de todas las falsificaciones precauciones tomadas por las
clases dirigente, el marxismo y su filosofía comienzan a ser cada vez más
conocidos.
En nuestra introducción hemos citado muchas veces la filosofía del materialismo dialéctico como base del marxismo.
Nuestro propósito es el estudio de la filosofía, pero para lograrlo, hay que avanzar por etapas.
Cuando hablamos de materialismo dialéctico pensamos en dos palabras: materialismo y dialéctica, lo que quiere decir que el materialismo es dialéctico. Sabemos que ya existían el materialismo antes de Marx Engels, pero que fueron ellos, con ayuda de los descubrimientos científicos del siglo XIX, quienes transformaron ese materialismo y crearon el materialismo "dialéctico".
Examinaremos más adelante el sentido de la palabra "dialéctica" que designa la forma moderna del materialismo.
Pero, puesto que antes de Marx y Engels hubo
filósofos I materialistas —por ejemplo Diderot en el siglo XVIII— y puesto que hay puntos comunes entre todos los
materialistas, tenemos que estudiar, pues, la historia del materialismo antes
de abordar el materialismo dialéctico. Debemos conocer también cuáles son las
concepciones que se oponen al materialismo.
Hemos visto que la filosofía es el "estudio de los problemas más generales" y que tiene por objeto explicar el mundo, la naturaleza, el hombre.
Si abrimos un manual de filosofía burguesa quedamos azorados ante la cantidad de filosofía diversas que se encuentran allí. Son designadas por múltiples palabras más o menos complicadas que terminan en "ismo": el criticismo, el evolucionismo, el intelectualismo, etcétera, y esta cantidad crea la confusión. La burguesía, por otra parte, no ha hecho nada para aclararla; muy al contrario. Pero nosotros ya podemos separar estos razonamientos en dos grandes corrientes, en dos concepciones netamente opuestas:
a) La concepción
científica.
b) La concepción
no-científica del mundo.
Cuando los filósofos se han propuesto explicar las cosas del mundo, de la naturaleza, del hombre, en fin, de todo lo que nos rodea, se han visto en la necesidad de hacer distinciones. Nosotros mismos comprobamos que hay cosas, objetos, que son materiales, que vemos y tocamos. Además, hay otras cosas que no vemos y que no podemos tocar, ni medir, como nuestras ideas.
Así, pues, clasificamos las cosas de este modo: por una parte, las que son materiales; por otra, las que no son materiales y que pertenecen al dominio del espíritu, del pensamiento, de las ideas.
Es así como los filósofos se han encontrado en
presencia de la materia y del espíritu.
Acabamos de ver, de una manera general, que las cosa, han llegado a clasificarse como materia o espíritu.
Pero debemos indicar con precisión que ese distingo se hace en diferentes formas y con diferentes palabras.
Es así como, en lugar de hablar del espíritu, hablamos del pensamiento, de nuestras ideas, de nuestra conciencia, de nuestra alma, lo mismo que hablando de la naturaleza, del mundo, de la tierra del ser, nos referimos a la materia.
Engels, en su libro Ludwig Feuerbach, habla del ser y del pensamiento. Él ser es la materia; el pensamiento es el espíritu.
Para definir lo que es el pensamiento o el espíritu o el ser o la materia, diremos:
El pensamiento es la idea que nos hacemos de las cosas; ciertas ideas surgen ordinariamente de nuestras sensaciones y corresponden a objetos materiales; otras ideas como la de Dios, de la filosofía, del infinito, del pensamiento mismo, no corresponden a objetos materiales. Lo que debemos retener aquí como esencial es que tenemos ideas, pensamientos, sentimientos, porque vemos y sentimos.
La materia o el ser es lo que nuestras sensaciones y nuestras percepciones nos muestran y nos dan; es, de una manera general, todo lo que nos rodea, lo que se llama "el mundo exterior" por ejemplo: mi hoja de papel es blanca. Saber que es blanca una idea, y son mis sentidos los que me dan esta idea. La materia es la hoja misma.
Por eso cuando los filósofos hablan de las
relaciones entre el ser y el pensamiento o entre el espíritu y la materia, o
entre la conciencia y el cerebro, etcétera, todo esto es lo mismo y quiere decir: ¿cuál es, entre la
materia o el espíritu, entre el ser o el pensamiento, el más importante, el que
domina, en fin, el que apareció
primero? Es lo que se llama:
Cada uno de nosotros se ha preguntado: ¿en qué nos transformamos después de la muerte? ¿De dónde procede el mundo? ¿Cómo se ha formado la tierra? Y nos es difícil admitir que siempre ha habido algo. Se tiene la tendencia a pensar que, en cierto momento, no había nada. Por eso es más fácil creer lo que enseña la religión: "El espíritu planeaba por encima de las tinieblas... después fue la materia". Del mismo modo uno se pregunta dónde están nuestros pensamientos, y he aquí planteado el problema de las relaciones que existen entre el espíritu y la materia, entre el cerebro y el pensamiento. Por otra parte, hay muchas otras maneras de plantear las cuestiones. Por ejemplo: ¿cuáles son las relaciones entre la voluntad el poder? La voluntad aquí es el espíritu, el pensamiento; y el poder es lo posible, el ser, la materia. También tenemos la cuestión de las relaciones entre la "existencia social" y la "conciencia social.
Vemos, pues, que la cuestión fundamental de la filosofía se presenta con diferentes aspectos y se ve qué importante es reconocer siempre la manera como se plantea ese problema de las relaciones entre la materia y el espíritu, porque sabemos que sólo puede haber dos respuestas para esta cuestión:
1. Una respuesta
científica.
2. Una respuesta
no-científica.
Es así como los filósofos se han visto en la necesidad de tomar una posición en esta importante cuestión.
Los primeros hombres, completamente ignorantes, no teniendo ningún conocimiento del mundo y de ellos mismos, han atribuido a seres sobrenaturales la responsabilidad de lo que les sorprendía. En su imaginación excitada por los sueños, donde veían vivir a sus amigos y a ellos mismos, llegaron a la concepción de que cada uno de nosotros tenía una doble existencia. Turbados por la idea de ese "doble", llegaron a figurarse que sus pensamientos y sus sensaciones eran producidos no por su propio cuerpo, sino por un alma particular que habitada en ese cuerpo y lo abandonaba en el momento de la muerte.
Después surgió la idea de la inmortalidad del alma y de una vida posible del espíritu fuera de la materia.
Los hombres necesitaron muchos siglos para llegar a descifrar la cuestión de esa manera. En realidad, sólo desde la filosofía griega (y, en particular, desde Platón, hace alrededor de veinticinco siglos) han opuesto abiertamente la materia y el pensamiento.
Sin duda, hacía mucho tiempo que suponían que el hombre continuaba viviendo después de la muerte, en forma de "alma", pero imaginaban esta alma como una especie de cuerpo transparente y ligeros y no en forma de pensamiento puro.
De la misma manera, creían en dioses, seres más poderosos que los hombres, pero los imaginaban en forma de hombres o de animales, como cuerpos materiales. Sólo más tarde, las almas y los dioses (después el Dios único que ha reemplazado a los dioses) se concibieron como puros espíritus.
Se llegó entonces a la idea de que hay en la realidad espíritus que tienen una vida completamente específica, completamente independiente de la de los cuerpos, y que no necesitan cuerpos para existir.
Más adelante, esta cuestión se planteó de una manera más precisa con respecto a la religión. En esta forma:
El mundo fue creado por Dios o existe desde la inmortalidad.
Según respondieran de tal o cual manera a esta pregunta, los filósofos se dividían en dos grandes campos.
Los que, adoptando la explicación no-científica, admitían la creación del mundo por Dios, es decir, afirmaban que el espíritu había creado la materia formaban el campo del idealismo.
Los otros, los que trataban de dar una explicación científica del mundo y pensaban que la naturaleza, la materia, era el elemento principal, pertenecían a las diferentes escuelas del materialismo.
Originariamente, esas dos expresiones, idealismo y materialismo, no significaban más que eso.
El idealismo y el materialismo son, pues, dos respuestas opuestas y contradictorias al problema fundamental de la filosofía.
El idealismo es la concepción no-científica. El materialismo es la concepción científica del mundo.
Se verán más adelante las pruebas de esta afirmación, pero podemos decir, desde ahora, que se comprueba bien en la experiencia que hay cuerpos sin pensamiento, como las piedras o los metales, la tierra, pero que no se comprueba nunca la existencia del espíritu sin cuerpo.
Para terminar este capítulo con una conclusión sin equívoco, vemos que las respuestas a esta cuestión: ¿Por qué piensa el hombre? no pueden ser más que dos, del todo diferentes y totalmente opuestas:
1ª respuesta: El hombre piensa porque tiene alma.
2a respuesta: El hombre piensa porque tiene cerebro.
Según nos inclinemos por una u otra respuesta daremos soluciones diferentes a los problemas, que derivan de estas cuestiones.
La cuestión consiste en saber, pues, si el cerebro ha sido creado por el pensamiento o si el pensamiento es un producto del cerebro.
Según nuestra respuesta, seremos idealistas o
materialistas.
Hemos visto la confusión creada por el lenguaje corriente en lo que concierne al materialismo. En la misma confusión se incurre a propósito del idealismo.
No hay que confundir, en efecto, el idealismo moral con el idealismo filosófico.
Idealismo moral
El idealismo moral consiste en consagrarse a una causa, a un ideal. Sabemos por la historia del movimiento obrero internacional cuántos revolucionarios, marxistas, se han consagrado hasta el sacrificio de su vida por un ideal moral y, sin embargo, eran adversarios de ese otro idealismo que se llama idealismo filosófico.
Idealismo filosófico
El idealismo filosófico es una doctrina que tiene como base la explicación de la materia por el espíritu.
El razonamiento es el que responde a la cuestión fundamental de la filosofía diciendo: "El pensamiento es el elemento principal, el más importante, el primero". Y el idealismo, afirmando la importancia primera del pensamiento, afirma que es él el que produce el ser, o dicho de otro modo: "el espíritu es el que produce la materia".
He aquí la primera forma del idealismo, que se ha desarrollado en las religiones afirmando que Dios, "espíritu puro", era el creador de la materia.
La religión, que ha pretendido y pretende aún permanecer fuera de las discusiones filosóficas, es por el contrario, la representación directa y lógica de la filosofía idealista.
Ahora bien, como la ciencia intervino en el transcurso de los siglos, llegó a ser necesario explicar la materia, el mundo, las cosas, de otro modo que por Dios solamente. Porque desde el siglo XV la ciencia comienza a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tener en cuenta a Dios y prescindiendo de la hipótesis de la creación.
Para combatir mejor estas explicaciones científicas, materialistas ateas, había pues, que llevar más lejos el idealismo y hasta negar la existencia de la materia.
A eso se dedicó, a principios del siglo XVIII un obispo inglés, Berkeley, a quien se ha llamado el
padre del idealismo.
La finalidad de su sistema filosófico era, pues, destruir el materialismo, tratar de demostrarnos que la sustancia material no existe. En el prefacio de su libro Diálogos de Hylas y de Fylonus, escribe:
Si estos principios son aceptados y considerados como verdaderos, se deduce que el ateísmo y el escepticismo quedan completamente demolidos de un mismo golpe, las cuestiones oscuras, aclaradas; las dificultades casi insolubles, resueltas; y los hombres que se complacían en paradojas, vueltos al sentido común.
Así, pues, para Berkeley, lo verdadero es que la materia no existe y que es paradójico pretender lo contrario.
Vamos a ver cómo se las arregla para demostrarlo. Pero creo que no es inútil insistir en que aquellos que quieran estudiar la filosofía tomen la teoría de Berkeley en gran consideración.
Sé que pretender tales cosas hará sonreír a algunos, pero no hay que olvidar que vivimos en el siglo XV y nos beneficiamos con todos los estudios del pasado. Se verá, por otra parte, cuando estudiemos el materialismo y su historia, que los filósofos materialistas de tiempo atrás también harán sonreír.
Pero hay que saber que Diderot, que fue antes que Marx y Engels, el más grande entre los pensadores materialistas, atribuía al sistema de Berkeley cierta importancia, pues lo describe como "un sistema que, para vergüenza del espíritu humano y de la filosofía, es el más difícil de combatir, aunque sea el más absurdo de todos." (Cita de Lenin en Materialismo y Empirocriticismo, p. 16)
El mismo Lenin, en su libro, consagró numerosas páginas a la filosofía de Berkeley, y escribió:
Los filósofos idealistas más modernos no han producido contra los materialistas ningún... argumento que no pueda encontrarse en el obispo Berkeley.
He aquí la apreciación del inmaterialismo de Berkeley en un manual de historia de la filosofía difundido aún hoy en los liceos:
Teoría aún imperfecta, sin duda,
pero admirable, y que debe destruir para siempre, en los espíritus filosóficos,
la creencia en la existencia de una sustancia material.
Es decir, la importancia de ese razonamiento
filosófico.
La finalidad de ese sistema consiste en demostrar que la materia no existe. Berkeley decía:
La materia no es
lo que creemos, pensando que existe fuera de nuestro espíritu. Pensamos que las
cosas existen porque las vemos, porque las tocamos; y como ellas nos brindan
esas sensaciones, creemos en su existencia.
Pero nuestras
sensaciones no son más que ideas que tenemos en nuestro espíritu. Así, pues,
los objetos, que percibimos por nuestros sentidos no son otra cosa más que
ideas, y las ideas no pueden existir fuera de nuestro espíritu.
Para Berkeley las cosas existen, no niega su naturaleza y su existencia, pero sólo existen en forma de sensaciones que nos las hacen conocer, y dice: "nuestras sensaciones y los objetos no son más que una sola y misma cosa".
Las cosas existen, es verdad; pero en nosotros, en nuestro espíritu, y no tienen ninguna sustancia fuera del espíritu.
Concebimos, las cosas con. ayuda de la vista; las percibimos con ayuda del tacto; el olfato nos informa sobre el olor; el sabor, sobre el gusto; el oído sobre los sonidos. Estas diferentes sensaciones nos dan ideas que, combinadas unas con otras, hacen que nosotros les demos un nombre común y las consideremos como objetos.
Se observa por ejemplo, un color,
un gusto, un olor, una forma, una consistencia determinada... se reconoce este
conjunto como un objeto que se designa con la palabra manzana. Otras
combinaciones de sensaciones nos dan otras colecciones de ideas que constituyen
lo que se llama la piedra, el árbol, el libro y los otros objetos sensibles.
Somos víctimas de ilusiones, pues, cuando creemos conocer como exteriores el mundo y las cosas, puesto que todo eso no existe más que en nuestro espíritu.
En su libro Diálogos de Hylas y de Fylonus, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera siguiente:
¿No es un absurdo creer que una misma cosa en un mismo momento pueda ser diferente? Por ejemplo: ¿caliente y frío en el mismo instante. Imaginad, pues, que una de nuestras manos esté caliente, la otra fría, y que ambas manos se sumerjan al mismo tiempo en un vaso lleno de agua, a una temperatura intermedia: ¿no parecerá el agua caliente para una mano, fría para la otra?
Como es absurdo creer que una misma cosa en el mismo momento pueda ser en sí misma diferente, debemos sacar la conclusión de que esta cosa no existe sino en nuestro espíritu.
¿Qué hace, pues, Berkeley en su método de razonamiento y de discusión? Despoja los objetos, las cosas, de todas sus propiedades:
¿Decís que los objetos existen porque tienen un color, un sabor, un olor, porque son grandes o pequeños, livianos o pesados? Voy a demostraros que eso no existe en los objetos sino en vuestro espíritu.
He aquí un retal de tejido: me decís que es rojo. ¿Será así con seguridad? Pensáis que el rojo está en el tejido mismo.'¿Es cierto? Sabéis que hay animales que tienen ojos diferentes de los nuestros y que no verá rojo este tejido; del mismo modo, un hombre que tenga ictericia ¡lo verá amarillo! Entonces, ¿de qué color es? ¿Decís que eso depende? El rojo no está, pues, en el tejido, sino en el ojo, en nosotros.
¿Decís que ese tejido es liviano? Dejadlo caer sobre una hormiga y lo encontrará pesado. ¿Quién tiene razón? pues ¿Pensáis que es caliente? Si tuvierais fiebre, ¡lo encontrarías frío! Entonces, ¿es caliente o frío?
En una palabra, si las mismas cosas pueden ser en el mismo instante para unos rojas, pesadas, calientes, y para otros exactamente lo contrario, es que somos víctimas de ilusiones y que las cosas sólo existen en nuestro espíritu.
Despojando los objetos de todas sus propiedades, llegamos a decir que no existen más que en nuestro pensamiento, es decir, que la materia es la idea.
Ya antes que Berkeley, los filósofos griegos decían, y era exacto, que algunas cualidades, como el sabor, el sonido no estaban en las cosas mismas, sino en nosotros.