Principios elementales de filosofía

 

Georges Politzer

 

Índice

 

             

PRIMERA PARTE. LOS PROBLEMAS FILOSÓFICOS

 

INTRODUCCIÓN

I. ¿Por qué debemos estudiar la filosofía?

II. ¿Es difícil el estudio de la filosofía?

III. ¿Qué es la filosofía?

IV. ¿Qué es la filosofía materialista?

V. ¿Cuáles son las relaciones entre el materialismo y el marxismo?

VI. Campañas de la burguesía contra el marxismo

 

Capítulo I EL PROBLEMA DE LA FILOSOFÍA

I. ¿Cómo debemos comenzar el estudio de la filosofía?

II. Dos concepciones para explicar el mundo

III. La Materia y el Espíritu

IV. ¿Qué es la materia, qué es el espíritu?

V. La cuestión o el problema fundamental de la filosofía

VI. Idealismo o materialismo

 

Capítulo II EL IDEALISMO

I. El idealismo moral y el idealismo filosófico

II. ¿Por qué debemos estudiar el idealismo de Berkeley?

III. El idealismo de Berkeley

IV. Consecuencias de los razonamientos "idealistas"

V. Los argumentos idealistas

 

Capítulo III EL MATERIALISMO

I. ¿Por qué debemos estudiar el materialismo?

II. ¿De dónde procede el materialismo?

III. ¿Cómo y por qué ha evolucionado el materialismo?

IV. ¿Cuáles son los principios y los argumentos de los materialistas?

 

Capítulo IV ¿QUIÉN TIENE RAZÓN, EL IDEALISTA O EL MATERIALISTA?

I. ¿Cómo debemos plantear el problema?

II. ¿Es verdad que el mundo no existe más que en nuestro pensamiento?

III. ¿Es verdad que son nuestras ideas las que crean las cosas?

IV. ¿Es verdad que el espíritu crea la materia?

V. Los materialistas tienen .razón y la ciencia prueba sus afirmaciones

 

Capítulo V ¿HAY UNA TERCERA FILOSOFÍA? EL AGNOSTICISMO

I. ¿Por qué una tercera filosofía?

II. Razonamiento de esta tercera filosofía

III. ¿De dónde procede esta filosofía?

IV. Consecuencias de esta teoría

V. Cómo debemos refutar este razonamiento

VI. Conclusión

 

SEGUNDA PARTE. EL MATERIALISMO FILOSÓFICO

 

Capítulo I LA MATERIA Y LOS MATERIALISTAS

I. ¿Qué es la materia?

II. Teorías sucesivas de la materia

III. Qué es la materia para los materialistas

IV. El espacio, el tiempo, el movimiento y la materia

V. Conclusión

 

Capítulo II ¿QUÉ SIGNIFICA SER MATERIALISTA?

I. Unión de la teoría y de la práctica

II. ¿Qué significa ser partidario del materialismo en el dominio del pensamiento?

III. ¿Cómo ser materialista en la práctica?

IV. Conclusión

 

Capítulo III HISTORIA DEL MATERIALISMO

I. Necesidad de estudiar esta historia

II. El materialismo premarxista

III. ¿De dónde procede el idealismo?

IV. ¿De dónde procede la religión?

V. Méritos del materialismo

VI. Los defectos del materialismo premarxista

 

TERCERA PARTE. ESTUDIO DE LA METAFÍSICA

 

Capítulo Único EN QUÉ CONSISTE EL MÉTODO "METAFÍSICO"

I. Los caracteres de este método

II. Recapitulación

III. La concepción metafísica de la naturaleza

IV. La concepción metafísica de la sociedad

V. La concepción metafísica del pensamiento

VI. ¿Qué es la lógica?

VII.  Explicación de la palabra "metafísica"

 

CUARTA PARTE. ESTUDIO DE LA DIALÉCTICA

 

Capítulo I INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA DIALÉCTICA

I. Precauciones preliminares

II. ¿De dónde surgió el método dialéctico?

III. ¿Por qué ha estado la dialéctica tanto tiempo dominada por la concepción metafísica?

IV. ¿Por qué era metafísico el materialismo del siglo XVIII?

V. Cómo nació el materialismo dialéctico: Hegel y Marx

 

Capítulo II  LAS LEYES DE LA DIALÉCTICA. PRIMERA LEY: EL CAMBIO DIALÉCTICO

I. Qué se entiende por movimiento dialéctico

II. "Para la dialéctica no hay nada definitivo, absoluto, sagrado...

III. El proceso

 

Capítulo III SEGUNDA LEY: LA LEY DE LA ACCIÓN RECÍPROCA

I. El encadenamiento de los procesos

II. Los grandes descubrimientos del siglo XIX

III. El desarrollo histórico o en espira

IV. Conclusión

 

Capítulo IV TERCERA LEY: LA CONTRADICCIÓN

I. La vida y la muerte

II. Las cosas se transforman en su contrario

III. Afirmación, negación, negación de la negación

IV. Puntualicemos

V. La unidad de los contrarios

VI. Errores que deben evitarse

VII.  Consecuencias prácticas de la dialéctica

 

Capítulo V CARTA LEY: TRANSFORMACIÓN DE LA CANTIDAD EN CALIDAD O LEY DEL PROGRESO POR SALTOS

I. ¿Reformas o revolución?

II. El materialismo histórico

 

QUINTA PARTE. EL MATERIALISMO HISTÓRICO

 

Capítulo I LAS FUERZAS MOTRICES DE LA HISTORIA

I. Un error que debe evitarse

II. El "ser social" y la conciencia

III. Teorías idealistas

IV. El "ser social" y las condiciones de existencia

V. Las luchas de clases, motor de la historia

 

Capítulo II ¿DE DÓNDE PROCEDEN LAS CLASES Y LAS CONDICIONES ECONÓMICAS?

I. La primera gran división del trabajo

II. Primera división de la sociedad en clases

III. Segunda gran división del trabajo

IV. Segunda división de la sociedad en clases

IV. Qué determina las condiciones económicas

V. Los modos de producción

VI. Observaciones

 

SEXTA PARTE. EL MATERIALISMO DIALÉCTICO Y LAS IDEOLOGÍAS

 

CAPÍTULO ÚNICO APLICACIÓN DEL MÉTODO DIALÉCTICO A LAS IDEOLOGÍAS

I. ¿Cuál es la importancia de las ideologías para el marxismo?

II. ¿Qué es una ideología? (factor, formas ideológicas)

III. Estructura económica y estructura ideológica

IV. Conciencia verdadera y conciencia falsa

V. Acción y reacción de los factores ideológicos

VI. Método de análisis dialéctico

VII Necesidad de la lucha ideológica

VIII. Conclusión.

 

 

PRIMERA PARTE

LOS PROBLEMAS FILOSÓFICOS

 

INTRODUCCIÓN

 

I. ¿Por qué debemos estudiar la filosofía?

En el transcurso de esta obra nos proponemos dar y explicar los principios elementales de la filosofía materialista.

¿Por qué? Porque el marxismo está íntimamente ligado a una filosofía y a un método: los del materialismo dialéctico. Es indispensable, pues, estudiar esa filosofía y ese método para comprender bien el marxismo y para refutar los argumentos de las teorías burguesas tanto como para emprender una lucha política eficaz.

En efecto, Lenin ha dicho: "Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario". Esto quiere decir, en primer lugar: hay que vincular la teoría con la práctica.

¿Qué es la teoría? Es el conocimiento de las cosas que queremos realizar.

¿Qué es la práctica? Es el hecho de realizar. Por ejemplo, la industria, la agricultura realiza, es decir, hacen entrar en la realidad) ciertas teorías (teorías químicas, físicas o biológicas).

Se puede no ser más que práctico; pero entonces se realiza por rutina. Se puede no ser más que teórico; pero entonces lo que se concibe a menudo es irrealizable. Es necesario, pues, que haya vinculación entre la teoría y la práctica. Todo el problema está en saber, cuál debe ser esa teoría y cuál debe ser su vinculación con la práctica.

Creemos que el militante obrero necesita un método de análisis y de razonamiento exacto para poder realizar una acción revolucionaria exacta. Necesita un método que no sea un dogma que le dé soluciones hechas, sino un método que tenga en cuenta hechos y circunstancias que nunca son los mismos; un método que no separe jamás la teoría de la práctica, el razonamiento de la vida. Ahora bien, este método está contenido en la filosofía del materialismo dialéctico, base del marxismo que nos proponemos explicar.

 

II. ¿Es difícil el estudio de la filosofía?

Se cree generalmente que el estudio de la filosofía es una cosa llena de dificultades para los obreros y que necesita conocimientos especiales. Es necesario convenir en que la manera como son redactados los manuales burgueses los confirma plenamente en sus ideas y no pueden menos que rechazarlos.

No pensamos negar las dificultades que comporta el estudio en general, y las de la filosofía en particular. Pero tales dificultades son perfectamente superables y se deben sobre todo al hecho de tratarse de cosas nuevas para muchos de nuestros lectores.

Desde el comienzo, aun determinando las cosas con precisión, los invitaremos a volver sobre ciertas definiciones de palabras que, en el lenguaje corriente, están adulteradas.

 

III. ¿Qué es la filosofía?

Vulgarmente se entiende por filósofo: o bien el que vive en las nubes, o bien el que toma las cosas por su lado bueno, el que "no se hace mala sangre por nada". Por el contrario, el filósofo es el que quiere, en ciertas cuestiones, dar repuestas precisas, y si se considera que la filosofía quiere dar una explicación a los problemas del universo (¿de dónde procede el mundo?, o ¿adonde vamos?, etcétera), se ve, por consiguiente, que el filósofo se ocupa de muchas cosas y, a la inversa de lo que se dice, "se preocupa mucho de todo".

Diremos pues, para definir la filosofía, que quiere explicar el universo, la naturaleza, que es el estudio de los problemas más generales. Los problemas menos generales son estudiados por las ciencias. La filosofía es pues, una prolongación de las ciencias.

Agreguemos en seguida que la filosofía marxista da una solución a todos los problemas y que esta solución procede de los que se llama: el materialismo.

 

IV. ¿Qué es la filosofía materialista?

En cuanto a esto hay también una confusión que inmediatamente debemos señalar: vulgarmente se entiende por materialista el que no piensa más que en gozar de los placeres materiales. Jugando con la palabra materialismo que contiene la palabra materia se ha llegado así a darle un sentido completamente falso.

Al estudiar el materialismo, en el sentido científico de la palabra, vamos a darle de nuevo su verdadera significación, pues ser materialista no impide, según vamos a verlo, tener un ideal y combatir para hacerlo triunfar.

Hemos dicho que la filosofía quiere dar una explicación a los problemas más generales del mundo. Pero en el transcurso de la historia de la humanidad, estas explicaciones no siempre han sido las mismas.

Los primeros hombres trataban de explicar la naturaleza, el mundo, pero no podían. Lo que permite, en efecto, explicar el mundo y los fenómenos que nos rodean son las ciencias; ahora bien, son muy recientes los descubrimientos que han permitido el progreso de las ciencias.

La ignorancia de los primeros hombres era, pues, un obstáculo en sus investigaciones. Por eso, en el transcurso de la historia, a causa de esta ignorancia, vemos aparecer las religiones, que también quieren explicar el mundo. Lo explican mediante las fuerzas sobrenaturales. Pero esta es una explicación anticientífica. Poco a poco, en el transcurso de los siglos, se desarrollará la ciencia. Los hombres tratarán de explicar el mundo por los hechos materiales, partiendo de experiencias científicas y de ahí, de esa voluntad de explicar las cosas por la ciencia, nace la filosofía materialista.

En las páginas siguientes vamos a estudiar qué es el materialismo; pero, desde ya, debemos tener presente que materialismo no es otra cosa que la explicación científica del universo.

Estudiando la historia de la filosofía materialista veremos cuan ardua y difícil ha sido la lucha contra la ignorancia. Debemos comprobar, por otra parte, que en nuestros días esta lucha no ha terminado aún, puesto que el materialismo y la ignorancia continúan subsistiendo juntos, uno al lado del otro.

En el transcurso de ese combate Marx y Engels comprendiendo la importancia de los grandes descubrimientos del siglo XIX, permitieron a la filosofía del materialismo hacer enormes progresos la explicación científica del universo. Así nació el materialismo dialéctico. Después, fueron los primeros en comprender que las leyes que rigen al mundo también permiten explicar la marcha de las sociedades; formaron así la célebre teoría del materialismo histórico.

Nos proponemos estudiar en esta obra, en primer lugar el materialismo, después el materialismo dialéctico y, por último, el materialismo histórico. Por el momento, queremos establecer las relaciones entre el materialismo y el marxismo.

 

V. ¿Cuáles son las relaciones entre el materialismo y el marxismo?

Podemos resumirlas de la manera siguiente:

  La filosofía del materialismo es la base del marxismo.

2o Esta filosofía materialista, que quiere dar una explicación científica a los problemas del mundo, progresa en el transcurso de la historia al mismo tiempo que las ciencias. Por consiguiente, el marxismo ha surgido de las ciencias, se apoya en ellas y evoluciona con ellas.

3º Antes de Marx y Engels hubo, en muchas oportunidades y con distintas formas, filosofías materialistas. Pero en el siglo XIX, habiendo dado las ciencias un gran paso adelante, Marx y Engels renovaron ese viejo materialismo partiendo de las ciencias modernas y nos dieron el materialismo moderno que se llama materialismo dialéctico y que es la base del marxismo.

Vemos, por estas breves explicaciones, que la filosofía del materialismo, contrariamente a lo que se ha dicho, tiene una historia. Esa historia esta íntimamente ligada a la historia de las ciencias. El marxismo, basado en el materialismo, no ha surgido del cerebro de un solo hombre. Es el desenlace, la continuación del viejo materialismo que ya estaba muy avanzado con Diderot. El marxismo es la expansión del materialismo desarrollado por los enciclopedistas del siglo XVIII, enriquecido por los grandes descubrimientos del siglo XIX. El marxismo es una teoría viva y, para mostrar de qué manera encara los problemas, vamos a dar un ejemplo que todo el mundo conoce: el problema de la lucha de clases.

¿Qué piensa la gente sobre esta cuestión? Unos creen que la defensa del pan exime de la lucha política. Otros, que basta con andar a puñetazos en la calle, negando la necesidad de la organización. Otros, todavía, pretenden que sólo la lucha política dará una solución a este problema.

Para el marxismo, el problema de la lucha de clases comprende:

a) La lucha económica;

b) La lucha política;

c) La lucha ideológica.

El problema debe ser planteado simultáneamente pues, en los tres terrenos.

a) No se puede luchar por el pan (lucha económica) sin luchar por la paz (lucha política) y sin defender la libertad (lucha ideológica).

b) Ocurre lo mismo en cuanto a la lucha política, que desde Marx se ha transformado en una verdadera ciencia: hay que tener en cuenta a la vez la situación económica y las corrientes ideológicas.

c) En cuanto a la lucha ideológica que se manifiesta por la propaganda, estamos en la obligación de tener en cuenta, para que sea eficaz, la situación económica y política.

Vemos, pues, que todos estos problemas están vinculados, y así no se puede tomar una decisión ante cualquier aspecto de este gran problema que es la lucha de clases (en una huelga, por ejemplo) sin tomar en consideración cada aspecto del problema y el conjunto del problema mismo.

Así, pues, el que sea capaz de luchar en todos los terrenos dará al movimiento la mejor dirección.

Vemos cómo comprende un marxista ese problema de la lucha de clases. Además, en la lucha ideológica que debemos sostener todos los días, nos encontramos ante problemas difíciles de resolver: inmortalidad del alma, existencia de Dios, orígenes del mundo, etcétera. El materialismo dialéctico nos dará un método de razonamiento que nos permitirá resolver todos esos problemas, así como, desenmascarar todas las campañas de falsificación del marxismo que pretenden completarlo y renovarlo.

 

VI. Campañas de la burguesía contra el marxismo

Esas tentativas de falsificación se apoyan sobre bases muy variadas. Se trata de levantar contra el marxismo a los autores socialistas del período premarxista (anteriores a Marx). Es así como se ve utilizar contra Marx, muy a menudo, a los "utopistas". Otros utilizan a Proudhon; otros se inspiran en los revisionistas de antes de 1914 (refutados éstos magistralmente por Lenin). Pero lo que hay que subrayar es la campaña de silencio que hace la burguesía contra el marxismo. Lo ha hecho todo en particular para impedir que sea conocida la filosofía materialista en su forma marxista. En este sentido es particularmente sorprendente el conjunto de la enseñanza filosófica tal como se da en Francia.

En los establecimientos de enseñanza secundaria se enseña filosofía. Pero se puede seguir toda esta enseñanza sin enterarse de que existe una filosofía materialista elaborada por Marx y Engels. Cuando en los manuales de filosofía se habla de materialismo (porque es necesario hablar de ello) siempre se trata del marxismo y del materialismo de una manera separada. Se presenta al marxismo, en general, únicamente como una doctrina política, y cuando se habla de materialismo histórico no se habla, a ese respecto, de la filosofía del materialismo; por último, se ignora todo cuanto atañe al materialismo dialéctico.

Esta situación no existe sólo en las escuelas y en los liceos; ocurre exactamente lo mismo en las universidades. Lo más característico es que se puede ser en Francia un "técnico" de la filosofía, provisto de los diplomas más importantes que entregan las universidades francesas, sin saber que el marxismo tiene una filosofía que es el materialismo y sin saber que el materialismo tradicional tiene una forma moderna, que es el marxismo, o materialismo dialéctico.

Queremos demostrar, por nuestra parte, que el marxismo constituye una concepción general, no sólo de la sociedad, sino también del mismo universo. Es inútil, pues, contrariamente a lo que pretenden algunos, lamentar que el gran defecto del marxismo sea su falta de filosofía y querer, como algunos teóricos del movimiento obrero, ir en busca de esa filosofía que falta en el marxismo.

No es menos cierto que, a pesar de esa campaña de silencio, a pesar de todas las falsificaciones precauciones tomadas por las clases dirigente, el marxismo y su filosofía comienzan a ser cada vez más conocidos.

 

Capítulo I

EL PROBLEMA DE LA FILOSOFÍA

 

I. ¿Cómo debemos comenzar el estudio de la filosofía?

En nuestra introducción hemos citado muchas veces la filosofía del materialismo dialéctico como base del marxismo.

Nuestro propósito es el estudio de la filosofía, pero para lograrlo, hay que avanzar por etapas.

Cuando hablamos de materialismo dialéctico pensamos en dos palabras: materialismo y dialéctica, lo que quiere decir que el materialismo es dialéctico. Sabemos que ya existían el materialismo antes de Marx Engels, pero que fueron ellos, con ayuda de los descubrimientos científicos del siglo XIX, quienes transformaron ese materialismo y crearon el materialismo "dialéctico".

Examinaremos más adelante el sentido de la palabra "dialéctica" que designa la forma moderna del materialismo.

Pero, puesto que antes de Marx y Engels hubo filósofos I materialistas —por ejemplo Diderot en el siglo XVIII— y puesto que hay puntos comunes entre todos los materialistas, tenemos que estudiar, pues, la historia del materialismo antes de abordar el materialismo dialéctico. Debemos conocer también cuáles son las concepciones que se oponen al materialismo.

 

II. Dos concepciones para explicar el mundo

Hemos visto que la filosofía es el "estudio de los problemas más generales" y que tiene por objeto explicar el mundo, la naturaleza, el hombre.

Si abrimos un manual de filosofía burguesa quedamos azorados ante la cantidad de filosofía diversas que se encuentran allí. Son designadas por múltiples palabras más o menos complicadas que terminan en "ismo": el criticismo, el evolucionismo, el intelectualismo, etcétera, y esta cantidad crea la confusión. La burguesía, por otra parte, no ha hecho nada para aclararla; muy al contrario. Pero nosotros ya podemos separar estos razonamientos en dos grandes corrientes, en dos concepciones netamente opuestas:

a)  La concepción científica.

b) La concepción no-científica del mundo.

 

III. La Materia y el Espíritu

Cuando los filósofos se han propuesto explicar las cosas del mundo, de la naturaleza, del hombre, en fin, de todo lo que nos rodea, se han visto en la necesidad de hacer distinciones. Nosotros mismos comprobamos que hay cosas, objetos, que son materiales, que vemos y tocamos. Además, hay otras cosas que no vemos y que no podemos tocar, ni medir, como nuestras ideas.

Así, pues, clasificamos las cosas de este modo: por una parte, las que son materiales; por otra, las que no son materiales y que pertenecen al dominio del espíritu, del pensamiento, de las ideas.

Es así como los filósofos se han encontrado en presencia de la materia y del espíritu.

 

IV. ¿Qué es la materia, qué es el espíritu?

Acabamos de ver, de una manera general, que las cosa, han llegado a clasificarse como materia o espíritu.

Pero debemos indicar con precisión que ese distingo se hace en diferentes formas y con diferentes palabras.

Es así como, en lugar de hablar del espíritu, hablamos del pensamiento, de nuestras ideas, de nuestra conciencia, de nuestra alma, lo mismo que hablando de la naturaleza, del mundo, de la tierra del ser, nos referimos a la materia.

Engels, en su libro Ludwig Feuerbach, habla del ser y del pensamiento. Él ser es la materia; el pensamiento es el espíritu.

Para definir lo que es el pensamiento o el espíritu o el ser o la materia, diremos:

El pensamiento es la idea que nos hacemos de las cosas; ciertas ideas surgen ordinariamente de nuestras sensaciones y corresponden a objetos materiales; otras ideas como la de Dios, de la filosofía, del infinito, del pensamiento mismo, no corresponden a objetos materiales. Lo que debemos retener aquí como esencial es que tenemos ideas, pensamientos, sentimientos, porque vemos y sentimos.

La materia o el ser es lo que nuestras sensaciones y nuestras percepciones nos muestran y nos dan; es, de una manera general, todo lo que nos rodea, lo que se llama "el mundo exterior" por ejemplo: mi hoja de papel es blanca. Saber que es blanca una idea, y son mis sentidos los que me dan esta idea. La materia es la hoja misma.

Por eso cuando los filósofos hablan de las relaciones entre el ser y el pensamiento o entre el espíritu y la materia, o entre la conciencia y el cerebro, etcétera, todo esto es lo mismo y quiere decir: ¿cuál es, entre la materia o el espíritu, entre el ser o el pensamiento, el más importante, el que domina, en fin, el que apareció primero? Es lo que se llama:

 

V. La cuestión o el problema fundamental de la filosofía

Cada uno de nosotros se ha preguntado: ¿en qué nos transformamos después de la muerte? ¿De dónde procede el mundo? ¿Cómo se ha formado la tierra? Y nos es difícil admitir que siempre ha habido algo. Se tiene la tendencia a pensar que, en cierto momento, no había nada. Por eso es más fácil creer lo que enseña la religión: "El espíritu planeaba por encima de las tinieblas... después fue la materia". Del mismo modo uno se pregunta dónde están nuestros pensamientos, y he aquí planteado el problema de las relaciones que existen entre el espíritu y la materia, entre el cerebro y el pensamiento. Por otra parte, hay muchas otras maneras de plantear las cuestiones. Por ejemplo: ¿cuáles son las relaciones entre la voluntad el poder? La voluntad aquí es el espíritu, el pensamiento; y el poder es lo posible, el ser, la materia. También tenemos la cuestión de las relaciones entre la "existencia social" y la "conciencia social.

Vemos, pues, que la cuestión fundamental de la filosofía se presenta con diferentes aspectos y se ve qué importante es reconocer siempre la manera como se plantea ese problema de las relaciones entre la materia y el espíritu, porque sabemos que sólo puede haber dos respuestas para esta cuestión:

1.  Una respuesta científica.

2.  Una respuesta no-científica.

 

VI. Idealismo o materialismo

Es así como los filósofos se han visto en la necesidad de tomar una posición en esta importante cuestión.

Los primeros hombres, completamente ignorantes, no teniendo ningún conocimiento del mundo y de ellos mismos, han atribuido a seres sobrenaturales la responsabilidad de lo que les sorprendía. En su imaginación excitada por los sueños, donde veían vivir a sus amigos y a ellos mismos, llegaron a la concepción de que cada uno de nosotros tenía una doble existencia. Turbados por la idea de ese "doble", llegaron a figurarse que sus pensamientos y sus sensaciones eran producidos no por su propio cuerpo, sino por un alma particular que habitada en ese cuerpo y lo abandonaba en el momento de la muerte.

Después surgió la idea de la inmortalidad del alma y de una vida posible del espíritu fuera de la materia.

Los hombres necesitaron muchos siglos para llegar a descifrar la cuestión de esa manera. En realidad, sólo desde la filosofía griega (y, en particular, desde Platón, hace alrededor de veinticinco siglos) han opuesto abiertamente la materia y el pensamiento.

Sin duda, hacía mucho tiempo que suponían que el hombre continuaba viviendo después de la muerte, en forma de "alma", pero imaginaban esta alma como una especie de cuerpo transparente y ligeros y no en forma de pensamiento puro.

De la misma manera, creían en dioses, seres más poderosos que los hombres, pero los imaginaban en forma de hombres o de animales, como cuerpos materiales. Sólo más tarde, las almas y los dioses (después el Dios único que ha reemplazado a los dioses) se concibieron como puros espíritus.

Se llegó entonces a la idea de que hay en la realidad espíritus que tienen una vida completamente específica, completamente independiente de la de los cuerpos, y que no necesitan cuerpos para existir.

Más adelante, esta cuestión se planteó de una manera más precisa con respecto a la religión. En esta forma:

El mundo fue creado por Dios o existe desde la inmortalidad.

Según respondieran de tal o cual manera a esta pregunta, los filósofos se dividían en dos grandes campos.

Los que, adoptando la explicación no-científica, admitían la creación del mundo por Dios, es decir, afirmaban que el espíritu había creado la materia formaban el campo del idealismo.

Los otros, los que trataban de dar una explicación científica del mundo y pensaban que la naturaleza, la materia, era el elemento principal, pertenecían a las diferentes escuelas del materialismo.

Originariamente, esas dos expresiones, idealismo y materialismo, no significaban más que eso.

El idealismo y el materialismo son, pues, dos respuestas opuestas y contradictorias al problema fundamental de la filosofía.

El idealismo es la concepción no-científica. El materialismo es la concepción científica del mundo.

Se verán más adelante las pruebas de esta afirmación, pero podemos decir, desde ahora, que se comprueba bien en la experiencia que hay cuerpos sin pensamiento, como las piedras o los metales, la tierra, pero que no se comprueba nunca la existencia del espíritu sin cuerpo.

Para terminar este capítulo con una conclusión sin equívoco, vemos que las respuestas a esta cuestión: ¿Por qué piensa el hombre? no pueden ser más que dos, del todo diferentes y totalmente opuestas:

1ª respuesta: El hombre piensa porque tiene alma.

2a respuesta: El hombre piensa porque tiene cerebro.

Según nos inclinemos por una u otra respuesta daremos soluciones diferentes a los problemas, que derivan de estas cuestiones.

La cuestión consiste en saber, pues, si el cerebro ha sido creado por el pensamiento o si el pensamiento es un producto del cerebro.

Según nuestra respuesta, seremos idealistas o materialistas.

 

Capítulo II

EL IDEALISMO

 

I. El idealismo moral y el idealismo filosófico

Hemos visto la confusión creada por el lenguaje corriente en lo que concierne al materialismo. En la misma confusión se incurre a propósito del idealismo.

No hay que confundir, en efecto, el idealismo moral con el idealismo filosófico.

Idealismo moral

El idealismo moral consiste en consagrarse a una causa, a un ideal. Sabemos por la historia del movimiento obrero internacional cuántos revolucionarios, marxistas, se han consagrado hasta el sacrificio de su vida por un ideal moral y, sin embargo, eran adversarios de ese otro idealismo que se llama idealismo filosófico.

Idealismo filosófico

El idealismo filosófico es una doctrina que tiene como base la explicación de la materia por el espíritu.

El razonamiento es el que responde a la cuestión fundamental de la filosofía diciendo: "El pensamiento es el elemento principal, el más importante, el primero". Y el idealismo, afirmando la importancia primera del pensamiento, afirma que es él el que produce el ser, o dicho de otro modo: "el espíritu es el que produce la materia".

He aquí la primera forma del idealismo, que se ha desarrollado en las religiones afirmando que Dios, "espíritu puro", era el creador de la materia.

La religión, que ha pretendido y pretende aún permanecer fuera de las discusiones filosóficas, es por el contrario, la representación directa y lógica de la filosofía idealista.

Ahora bien, como la ciencia intervino en el transcurso de los siglos, llegó a ser necesario explicar la materia, el mundo, las cosas, de otro modo que por Dios solamente. Porque desde el siglo XV la ciencia comienza a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tener en cuenta a Dios y prescindiendo de la hipótesis de la creación.

Para combatir mejor estas explicaciones científicas, materialistas ateas, había pues, que llevar más lejos el idealismo y hasta negar la existencia de la materia.

A eso se dedicó, a principios del siglo XVIII un obispo inglés, Berkeley, a quien se ha llamado el padre del idealismo.

 

II. ¿Por qué debemos estudiar el idealismo de Berkeley?

La finalidad de su sistema filosófico era, pues, destruir el materialismo, tratar de demostrarnos que la sustancia material no existe. En el prefacio de su libro Diálogos de Hylas y de Fylonus, escribe:

Si estos principios son aceptados y considerados como verdaderos, se deduce que el ateísmo y el escepticismo quedan completamente demolidos de un mismo golpe, las cuestiones oscuras, aclaradas; las dificultades casi insolubles, resueltas; y los hombres que se complacían en paradojas, vueltos al sentido común.

Así, pues, para Berkeley, lo verdadero es que la materia no existe y que es paradójico pretender lo contrario.

Vamos a ver cómo se las arregla para demostrarlo. Pero creo que no es inútil insistir en que aquellos que quieran estudiar la filosofía tomen la teoría de Berkeley en gran consideración.

Sé que pretender tales cosas hará sonreír a algunos, pero no hay que olvidar que vivimos en el siglo XV y nos beneficiamos con todos los estudios del pasado. Se verá, por otra parte, cuando estudiemos el materialismo y su historia, que los filósofos materialistas de tiempo atrás también harán sonreír.

Pero hay que saber que Diderot, que fue antes que Marx y Engels, el más grande entre los pensadores materialistas, atribuía al sistema de Berkeley cierta importancia, pues lo describe como "un sistema que, para vergüenza del espíritu humano y de la filosofía, es el más difícil de combatir, aunque sea el más absurdo de todos." (Cita de Lenin en Materialismo y Empirocriticismo, p. 16)

El mismo Lenin, en su libro, consagró numerosas páginas a la filosofía de Berkeley, y escribió:

Los filósofos idealistas más modernos no han producido contra los materialistas ningún... argumento que no pueda encontrarse en el obispo Berkeley.

He aquí la apreciación del inmaterialismo de Berkeley en un manual de historia de la filosofía difundido aún hoy en los liceos:

Teoría aún imperfecta, sin duda, pero admirable, y que debe destruir para siempre, en los espíritus filosóficos, la creencia en la existencia de una sustancia material.

Es decir, la importancia de ese razonamiento filosófico.

 

III. El idealismo de Berkeley

La finalidad de ese sistema consiste en demostrar que la materia no existe. Berkeley decía:

La materia no es lo que creemos, pensando que existe fuera de nuestro espíritu. Pensamos que las cosas existen porque las vemos, porque las tocamos; y como ellas nos brindan esas sensaciones, creemos en su existencia.

Pero nuestras sensaciones no son más que ideas que tenemos en nuestro espíritu. Así, pues, los objetos, que percibimos por nuestros sentidos no son otra cosa más que ideas, y las ideas no pueden existir fuera de nuestro espíritu.

Para Berkeley las cosas existen, no niega su naturaleza y su existencia, pero sólo existen en forma de sensaciones que nos las hacen conocer, y dice: "nuestras sensaciones y los objetos no son más que una sola y misma cosa".

Las cosas existen, es verdad; pero en nosotros, en nuestro espíritu, y no tienen ninguna sustancia fuera del espíritu.

Concebimos, las cosas con. ayuda de la vista; las percibimos con ayuda del tacto; el olfato nos informa sobre el olor; el sabor, sobre el gusto; el oído sobre los sonidos. Estas diferentes sensaciones nos dan ideas que, combinadas unas con otras, hacen que nosotros les demos un nombre común y las consideremos como objetos.

Se observa por ejemplo, un color, un gusto, un olor, una forma, una consistencia determinada... se reconoce este conjunto como un objeto que se designa con la palabra manzana. Otras combinaciones de sensaciones nos dan otras colecciones de ideas que constituyen lo que se llama la piedra, el árbol, el libro y los otros objetos sensibles.

 

Somos víctimas de ilusiones, pues, cuando creemos conocer como exteriores el mundo y las cosas, puesto que todo eso no existe más que en nuestro espíritu.

En su libro Diálogos de Hylas y de Fylonus, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera siguiente:

¿No es un absurdo creer que una misma cosa en un mismo momento pueda ser diferente? Por ejemplo: ¿caliente y frío en el mismo instante. Imaginad, pues, que una de nuestras manos esté caliente, la otra fría, y que ambas manos se sumerjan al mismo tiempo en un vaso lleno de agua, a una temperatura intermedia: ¿no parecerá el agua caliente para una mano, fría para la otra?

Como es absurdo creer que una misma cosa en el mismo momento pueda ser en sí misma diferente, debemos sacar la conclusión de que esta cosa no existe sino en nuestro espíritu.

¿Qué hace, pues, Berkeley en su método de razonamiento y de discusión? Despoja los objetos, las cosas, de todas sus propiedades:

¿Decís que los objetos existen porque tienen un color, un sabor, un olor, porque son grandes o pequeños, livianos o pesados? Voy a demostraros que eso no existe en los objetos sino en vuestro espíritu.

He aquí un retal de tejido: me decís que es rojo. ¿Será así con seguridad? Pensáis que el rojo está en el tejido mismo.'¿Es cierto? Sabéis que hay animales que tienen ojos diferentes de los nuestros y que no verá rojo este tejido; del mismo modo, un hombre que tenga ictericia ¡lo verá amarillo! Entonces, ¿de qué color es? ¿Decís que eso depende? El rojo no está, pues, en el tejido, sino en el ojo, en nosotros.

¿Decís que ese tejido es liviano? Dejadlo caer sobre una hormiga y lo encontrará pesado. ¿Quién tiene razón? pues ¿Pensáis que es caliente? Si tuvierais fiebre, ¡lo encontrarías frío! Entonces, ¿es caliente o frío?

En una palabra, si las mismas cosas pueden ser en el mismo instante para unos rojas, pesadas, calientes, y para otros exactamente lo contrario, es que somos víctimas de ilusiones y que las cosas sólo existen en nuestro espíritu.

Despojando los objetos de todas sus propiedades, llegamos a decir que no existen más que en nuestro pensamiento, es decir, que la materia es la idea.

Ya antes que Berkeley, los filósofos griegos decían, y era exacto, que algunas cualidades, como el sabor, el sonido no estaban en las cosas mismas, sino en nosotros.

Lo que hay de nuevo en la teoría de Berkeley es justamente que se extiende esta observación a todas las cualidades de los objetos.

Los filósofos griegos habían establecido, entre las cualidades las cosas, la distinción siguiente:

Por una parte, las cualidades primarias, es decir, las que están en los objetos, como el tamaño, el peso, la resistencia, etc.

Por otra parte las cualidades secundarias, es decir, las que están en nosotros, como el color, el sabor, el calor, etc.

Berkeley aplica a las cualidades primarias la misma tesis que a las secundarias, a saber: que las cualidades las propiedades, no están en los objetos, sino en nosotros.

Si miramos el sol, lo vemos redondo, plano, rojo. La ciencia nos enseña que nos engañarnos, que el sol no es plano, no es rojo. Hacemos abstracción, pues, por la ciencia, de ciertas falsas propiedades que atribuimos al sol, pero sin sacar, por ello, la conclusión de que no existe. Sin embargo, Berkeley llega a esa conclusión.

Berkeley no se ha equivocado demostrando que la distinción de los antiguos no resistía el análisis científico, pero incurre en una falta de razonamiento, en un sofisma, sacando, de esas observaciones, consecuencias que no se admiten. Demuestra, en efecto, que las cualidades de las cosas no son tales como las muestran nuestros sentidos, es decir, que nuestros sentidos nos engañan y deforman la realidad material, y en seguida saca la conclusión de que ¡la realidad material no existe!

 

IV. Consecuencias de los razonamientos "idealistas"

Como la tesis era: "Todo no existe más que en nuestro espíritu", esos razonamientos llegan a hacernos creer que el mundo exterior no existe.

Siguiendo este razonamiento hasta el extremo, llegamos a decir: "Soy el único que existe, puesto que sólo conozco a los otros hombres por mis ideas, puesto que los otros hombres sólo son para mí como los objetos materiales, confecciones de ideas". Es lo que en filosofía se llama el solipsismo (que quiere decir solo-yo-mismo).

Berkeley —nos dice Lenin en su libro ya citado— se defiende por instinto contra la acusación de sostener tal teoría. Hasta se comprueba que el solipsismo, forma extrema del idealismo, no ha sido sostenido por ningún filósofo.

Por eso debemos dedicarnos, discutiendo con los idealistas, a subrayar que los razonamientos que niegan efectivamente la materia para ser lógicos y consecuentes, deben llegar a este extremo absurdo que es el solipsismo.

 

V. Los argumentos idealistas

Nos hemos limitado a resumir lo más simplemente posible la teoría de Berkeley, porque es él quien ha expuesto más francamente lo que es el idealismo filosófico.

Es cierto que para comprender bien esos razonamientos, que son nuevos para nosotros, es indispensable tomarlos muy en serio y hacer un esfuerzo intelectual.

Veremos más adelante que, aunque el idealismo se presenta de una manera más oculta, cubierto con palabras y expresiones nuevas, todas las filosofías idealistas no hacen más que proseguir los argumentos del "viejo Berkeley" (Lenin)

Veremos también hasta qué punto ha podido penetrar en nosotros, a pesar de una educación enteramente laica, la filosofía idealista, que ha dominado y que domina aún la historia oficial de la Filosofía, trayendo consigo un método de pensamiento del que estamos impregnados.

Como la base de los argumentos de todas los filosofías idealistas se hallan en los razonamientos del obispo Berkeley, para resumir este capítulo vamos a tratar de descifrar cuáles son esos principales argumentos y qué tratan de demostrarnos.

1. El espíritu crea la materia.

Sabemos que esta es la respuesta idealista a la cuestión fundamental de la filosofía: es la primera forma del idealismo que se refleja en las diferencias religiosas en las que se afirma que el espíritu ha creado el mundo.

Esta afirmación puede tener dos sentidos:

O bien Dios ha creado el mundo y éste existe realmente fuera de nosotros. Es el idealismo ordinario de las teologías.

O bien Dios ha creado la ilusión del mundo, dándonos ideas que no corresponden a nada. Es el idealismo "inmaterialista" del obispo Berkeley, que quiere probarnos que el espíritu es la única realidad, pues la materia es un producto fabricado por nuestro espíritu

Por eso los idealistas que afinan:

2. El mundo no existe fuera de nuestro pensamiento

Es lo que Berkeley quiere demostrarnos afirmando que cometemos un error si atribuimos a las cosas, como propias de ellas, cualidades y propiedades que no existen más que en nuestro espíritu.

Para los idealistas, los bancos y las mesas existen, sin duda, pero sólo en nuestro pensamiento, y no fuera de nosotros, porque

3.   Son nuestras ideas las que crean las cosas.

Dicho de otro modo, las cosas son el reflejo de nuestros pensamientos. En efecto, puesto que el espíritu es el que crea la ilusión de la materia, puesto que el espíritu es el que da a nuestro pensamiento la idea de la materia, puesto que las sensaciones que experimentamos ante las cosas no provienen de las cosas mismas, sino sólo de nuestro pensamiento. Pero como, para Berkeley, nuestro espíritu sería incapaz de crear por sí solo sus ideas, y por otra parte no hace lo que quiere, como ocurriría si las creara por sí mismo, hay que admitir que otro espíritu más poderoso es el que las crea. Así, pues, Dios es el que crea nuestro espíritu y nos impone todas las ideas del mundo que encontramos en él.

He aquí las principales tesis sobre las cuales se apoyan las doctrinas idealistas y las respuestas que dan a la cuestión fundamental de la filosofía. Veremos en el capítulo siguiente la respuesta de la filosofía materialista a esta cuestión y a los problemas planteados por estas tesis.

 

Capítulo III

EL MATERIALISMO

 

I. ¿Por qué debemos estudiar el materialismo?

Hemos visto que, para responder a este problema: ¿Cuáles son las relaciones entre el ser y el pensamiento?", no puede haber más que dos respuestas opuestas y contradictorias.

Hemos estudiado en el capítulo precedente la respuesta idealista y hemos visto los argumentos presentados para defender esta filosofía.

Nos falta, pues, examinar la segunda respuesta a este problema fundamental (problema —repetimos, — que se encuentra en la base de toda filosofía) y ver cuáles son los argumentos que el materialismo aporta en su defensa. Tanto más, cuanto que sabemos que el materialismo es, para nosotros, una filosofía muy importante, porque es la del marxismo.      

Así, pues, es indispensable, en consecuencia, conocer muy bien el materialismo. Debemos hacerlo, sobre todo porque las concepciones de esta filosofía son muy mal conocidas y han sido falsificadas. Debemos hacerlo también porque por nuestra educación, por la instrucción que hemos recibido —sea primaria o desarrollada—, por nuestros hábitos de vivir y de razonar, todos, más o menos, sin darnos cuenta, estamos impregnados de concepciones idealistas. (Veremos, por otra parte, [en otros capítulos, muchos ejemplos que explican esta afirmación).

Es de una necesidad absoluta, pues, para aquellos que quieren estudiar el marxismo, conocer su base: el materialismo.

 

II. ¿De dónde procede el materialismo?

Hemos definido la filosofía, de manera general, como un esfuerzo para explicar el mundo, el universo. Pero sabemos; que, según el estado de los conocimientos humanos, sus explicaciones han cambiado y que, en el transcurso de la historia de la humanidad, dos actitudes han tratado de explicar el mundo: una, anticientífica, que recurre a uno o varios espíritus superiores, a fuerzas sobrenaturales; otra, científica, que se funda en hechos y en experiencias.

Una de esas concepciones es defendida por los filósofos idealistas; la otra, por los materialistas.

Por eso, desde el comienzo de este libro, hemos dicho que la primera idea que debía tenerse del materialismo es que esta filosofía representa la "explicación científica del universo".

Si el idealismo ha nacido de la ignorancia de los hombres —y veremos cómo se mantuvo la ignorancia, sostenida en la historia de las sociedades por fuerzas que compartían las concepciones idealistas—, el materialismo ha nacido de la lucha de las ciencias contra la ignorancia o el oscurantismo.

Por eso esta filosofía fue tan combatida y, aún en nuestros días, en su forma moderna (el materialismo dialéctico), es poco conocida si no ignorada o negada, por el mundo, universitario oficial.

 

III. ¿Cómo y por qué ha evolucionado el materialismo?

Contrariamente a lo que pretenden los que combaten esta filosofía y que dicen que esta doctrina no ha evolucionado desde hace veinte siglos, la historia del materialismo nos muestra esta filósofos como algo vivo y siempre en movimiento.

En el transcurso de los siglos los conocimientos científicos de los hombres han progresado. En los comienzos de la historia del pensamiento, en la antigüedad griega, los conocimientos científicos eran casi nulos y los primeros sabios eran al mismo tiempo filósofos idealistas, surgió un antagonismo entre la filosofía y las ciencias.

Como las ciencias estaban en contradicción con la filosofía oficial de esa época, fue necesario que se separaran. Así pues:

nada es más apremiante para ellas que desembarazarse del fárrago filosófico y dejar a los filósofos las vastas hipótesis para tomar contacto con problemas restringidos, aquéllos que están maduros, para una cercana solución. Entonces se produce esa distinción entre las ciencias... y la filosofía.

Pero el materialismo ha nacido con las ciencias, ligado a ellas y dependiente de ellas ha progresado, evolucionado con ellas, para llegar, con el materialismo moderno, el de Marx y Engels, a reunir de nuevo la ciencia y la filosofía en el materialismo dialéctico.

Estudiaremos esta historia y esta evolución que están vinculadas a los progresos de la civilización, pero desde ahora comprobamos, y es lo más importante de recordar, que el materialismo y las ciencias están ligados uno a las otras y que el materialismo depende en absoluto de la ciencia.

Nos queda por establecer y por definir las bases del materialismo que son comunes a todas las filosofías que, con diferentes aspectos, derivan del materialismo.

 

IV. ¿Cuáles son los principios y los argumentos de los materialistas?

Para responder, hay que volver a la cuestión fundamental de la filosofía, la de las relaciones entre el ser y el pensamiento: ¿cuál de los dos es el principal?

Los materialistas afirman primero que hay una relación determinada entre el ser y el pensamiento, entre la materia y el espíritu. Para ellos, el ser, la materia, es el elemento primordial, la cosa primera, y el espíritu es la cosa secundaria posterior, dependiente de la materia.

Así, pues, para los materialistas, no es el espíritu o Dios quienes han creado el mundo y la materia, sino el mundo, la materia, la naturaleza son los que han creado el espíritu:

El espíritu mismo no es más que el producto superior de la materia.

Por eso, si volvemos sobre la cuestión que hemos planteado en el segundo capítulo: "¿Por qué piensa el hombre?", los materialistas responden que el hombre piensa porque tiene cerebro y que el pensamiento es el producto del cerebro para ellos no puede haber pensamiento sin materia, sin cuerpo.

Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy trascendentes que parezcan, sólo son productos de un órgano material, corporal, el cerebro.

Por consiguiente para los materialistas la materia, el ser, son algo real, existe fuera de nuestro pensamiento y no necesitan del pensamiento del espíritu para existir. Sin materia no hay alma inmortal e independiente del cuerpo.

Contrariamente a lo que dicen los idealistas, las cosas que nos rodean existen independientemente de nosotros son ellas las que no dan nuestros pensamientos; y nuestras ideas no son más que el reflejo de las cosas en nuestro cerebro.

Por eso, ante el segundo aspecto de la cuestión de las relaciones del ser y del pensamiento:

¿Qué relación hay entre nuestras ideas sobre el mundo que nos rodea y ese mismo mundo? ¿Está nuestro pensamiento en condiciones de conocer el mundo real? ¿Podemos reproducir, en nuestras concepciones del mundo real, una imagen fiel de la realidad?

Esta cuestión se llama, en lenguaje filosófico, la cuestión de la identidad del pensamiento y del ser.

Los materialistas afirman: ¡Sí!, podemos conocer el mundo, y las ideas que nos hacemos de este mundo son cada vez más exactas, puesto que podemos estudiarlo con ayuda de las ciencias, puesto que éstas nos prueban continuamente, por la experiencia, que las cosas que nos rodean tienen sin duda una vida que les es propia, independiente de nosotros, y que los hombres ya pueden reproducir estas cosas en parte.

Para resumir, diremos, pues, que los materialistas, ante el problema fundamental de la filosofía, afirman:

1.  Que la materia es la que produce el espíritu, y que científicamente, nunca se ha visto espíritu sin materia.

2.  Que la materia exista fuera de todo espíritu, y que no necesita espíritu para existir, pues tiene una existencia que le es particular, y que, por consiguiente, contrariamente a lo que dicen los idealistas, no son nuestras ideas las que crean las cosas, sino, por el contrario, son las cosas las que nos dan las ideas.

3.  Que somos capaces de conocer el mundo, que las ideas que nos hacemos de la materia y del mundo son cada vez más exactas, puesto que, con ayuda de las ciencias, podemos determinar lo que ya conocemos y descubrir lo que ignoramos.

 

Capítulo IV

¿QUIÉN TIENE RAZÓN, EL IDEALISTA O EL MATERIALISTA?

I. ¿Cómo debemos plantear el problema?

Ahora que hemos, visto las tesis de los idealistas y de los materialistas, trataremos de saber quién tiene razón.

Recordemos que necesitamos, comprobar, ante todo, por una parte, que esas tesis son absolutamente opuestas y contradictorias.

Por otra parte, que en seguida que se defiende una u otra teoría, ésta nos empuja a conclusiones que, por sus consecuencias, son muy importantes.

Para saber quién tiene razón, debemos remitirnos a los tres puntos en los cuales hemos resumido cada argumentación.

Los idealistas afirman:

1. Que el espíritu es el que crea la materia.

2. Que la materia no existe fuera de nuestro pensamiento, que para nosotros sólo es, pues, una ilusión.

3. Que nuestras ideas son las que crean las cosas.

Los materialistas afirman exactamente lo contrario. Creemos que para estudiar este problema y facilitar nuestro trabajo, hay que estudiar primero lo que entra en el dominio del sentido común y que nos asombra más.

1. ¿Es verdad que el mundo no existe más que en nuestro pensamiento?

2. ¿Es verdad que son nuestras ideas las que crean las cosas.

He aquí dos argumentos sostenidos por el idealismo "inmaterialista" de Berkeley, cuyas, conclusiones llevan, como en todas las teologías, a nuestra tercera cuestión:

3. Es verdad que el espíritu crea la materia.

Estas son cuestiones muy importantes, porque se relacionan con el problema fundamental de la filosofía. Por consiguiente, discutiéndolas vamos a saber quién tiene razón, y observamos que son particularmente interesantes para los materialistas, en el sentido de que las soluciones que dan son comunes a todas las filosofías materialistas.

 

II. ¿Es verdad que el mundo no existe más que en nuestro pensamiento?

Antes de estudiar esta cuestión debemos determinar dos términos filosóficos que utilizaremos, y que encontraremos a menudo en nuestras lecturas.

Realidad subjetiva (que quiere decir: realidad que sólo existe en nuestro pensamiento).

Realidad objetiva (realidad que existe fuera de nuestro pensamiento).

Los idealistas dicen que el mundo no es una realidad objetiva, sino subjetiva.

Los materialistas dicen que el mundo en una realidad objetiva.

Para demostrarnos que el mundo y las cosas no existen más que en nuestro pensamiento, el obispo Berkeley los compone con sus propiedades (color, tamaño, densidad, etc.). Nos demuestra que esas propiedades, que varían según los individuos, no están en las cosas mismas, sino en el espíritu de cada uno de nosotros. Deduce de ello que la materia es un conjunto de propiedades no objetivas, sino subjetivas, y que, por consiguiente, no existe.

Si volvemos al ejemplo del sol, Berkeley nos pregunta si creemos en la realidad objetiva del disco rojo, y nos demuestran con su método de discusión de las propiedades, que el sol no es rojo y no es un disco. Así, pues, el sol no es una realidad objetiva, porque no existe por sí mismo, sino que es una simple realidad subjetiva puesto que existe en nuestro pensamiento.

Los materialistas afirman por lo menos que el sol existe, no porque lo vemos como un disco plano y rojo —porque esto es el realismo ingenuo de los niños y de los primeros hombres, que sólo tenían sus sentidos para controlar la realidad—, sino que afirman que el sol existe invocando la ciencia. Ésta nos permite rectificar los errores que nuestros sentidos nos hacen cometer.

Pero debemos, en este ejemplo del sol, plantear claramente el problema.

Con Berkeley diremos que el sol no es un disco, y que no es rojo, pero no aceptamos sus conclusiones: la negación del sol como realidad objetiva.

No discutimos las propiedades de las cosas, sino su existencia.

No discutimos para saber si nuestro sentido nos engañan y deforman la realidad material, sino si esta realidad existe fuera de nuestros sentidos.

Y bien, los materialistas afirman la existencia de esta realidad fuera de nosotros y proporcionan argumentos que son la ciencia misma.

¿Qué hacen los idealistas para demostrarnos que tienen razón? Discuten acerca de las palabras, hacen grandes discursos, escriben numerosas páginas.

Supongamos, por un instante, que tengan razón. Si el mundo no existe más que en nuestro pensamiento, ¿no ha existido el mundo pues, antes de los hombres? Sabemos que esto es falso, porque la ciencia nos demuestra que el hombre ha aparecido muy tarde sobre la tierra. Algunos idealistas nos dirán, entonces, que antes del hombre había animales y que podía habitarlos el pensamiento. Pero sabemos que antes de los animales existía la tierra inhabitable y que ninguna vida orgánica era posible. Otros agregarán que aun cuando existiera el sistema solar solo y el hombre no existiera, el pensamiento, el espíritu existirían en Dios. Así llegamos a la forma suprema del idealismo. Tenemos que elegir entre Dios y la ciencia. El idealismo no puede sostenerse sin Dios y Dios no puede existir sin el idealismo.

He aquí, pues exactamente, cómo se plantea el problema del idealismo y del materialismo. ¿Quién tiene razón? ¿Dios o la ciencia?

Dios es un puro espíritu creador de la materia, una afirmación sin prueba.

La ciencia va a demostrarnos, por la práctica y la experiencia, que el mundo es una realidad objetiva y va a permitirnos responder a la cuestión.

 

III. ¿Es verdad que son nuestras ideas las que crean las cosas?

Tomemos por ejemplo, un autobús que pasa en el instante en que atravesamos la calle, en compañía de un idealista con quien discutimos si las cosas son una realidad objetiva o subjetiva y si es cierto que son nuestras ideas las que crean las cosas. No cabe duda de que, si no queremos ser aplastados debemos prestar mucha atención. Así, pues en la práctica el idealista se ve obligado a reconocer la existencia del autobús, Para él, prácticamente, no hay diferencia entre un autobús objetivo y un autobús subjetivo, y esto es tan exacto que la práctica prueba que los idealistas en la vida son materialistas. A propósito de este tema podríamos citar numerosos [ejemplos en los que los filósofos idealistas y los que sostienen [esta filosofía ¡no desdeñan ciertas bajezas "objetivas" para obtener lo que para ellos no es más que una realidad subjetiva!

Por otra parte, por eso no se ve ya a nadie que afirme, como Berkeley, que el mundo no existe. Los argumentos son mucho más sutiles y más ocultos. Consultar, como ejemplo de la manera de argumentar los idealistas, el capítulo titulado: "El descubrimiento de los elementos del mundo" en el libro de Lenin Materialismo y empirocriticismo.

Así, pues, según la palabra de Lenin, "el criterio de la práctica" nos permitirá confundir a los idealistas.

Éstos, por otra parte, no dejarán de decir que la teoría y la práctica no son parejas y que son dos cosas completamente diferentes. No es cierto. Si una concepción es exacta o falsa, sólo lo demostrará la práctica por la experiencia.

El ejemplo del autobús muestra que el mundo tiene una realidad objetiva y no es una ilusión creada por nuestro espíritu.

Nos queda por ver ahora, dado que la teoría del inmaterialismo de Berkeley no puede sostenerse ante la ciencia y el criterio de la práctica, si —como lo afirman todas las conclusiones de las filosofías idealistas, de las religiones y de las teologías— el espíritu crea la materia.

 

IV. ¿Es verdad que el espíritu crea la materia?

Tal como lo hemos visto más arriba, el espíritu, para los idealistas, tiene su forma suprema en Dios. Es la respuesta final, la conclusión de su teoría, y por eso el problema espíritu-materia se plantea en último análisis, para saber quién tiene razón, en la forma del problema: "Dios o la ciencia".

Los idealistas afirman que Dios ha existido por toda la eternidad, y, no habiendo sufrido ningún cambio, siempre es el mismo. Es el espíritu puro, para quien no existen el tiempo y el espacio. Es el creador de la materia.

Para sostener su afirmación de Dios, tampoco presentan los idealistas ningún argumento.

Para defender la creación de la materia han recurrido a una serie de misterios, que un espíritu científico no puede aceptar.

Cuando nos remontamos al origen de la ciencia y vemos que en medio de su gran ignorancia los hombres primitivos han hecho surgir en su espíritu la idea de Dios, se comprueba que los idealistas del siglo XX continúan, como los primeros hombres, ignorando todo cuanto un trabajo paciente y perseverante ha permitido conocer. Porque, al fin de cuentas, para los idealistas Dios no puede explicarse y continúa siendo para ellos una creencia sin ninguna prueba. Cuando los idealistas quieren "probarnos" la necesidad de una creación del mundo diciendo que la materia no ha existido siempre, que, sin duda, ha debido nacer, nos explican que Dios jamás tuvo comienzo. ¿Qué aclara esta explicación?

Para sostener sus argumentos, los materialistas, por el contrario, se servirán de las ciencias, que los hombres han desarrollado a medida que hacían retroceder los "límites de su ignorancia"

¿Y entonces nos permite la ciencia pensar que el espíritu ha creado la materia? No.

La idea de una creación por un espíritu puro es incomprensible, porque nosotros no conocemos nada acerca de tal existencia. Para que esto fuera posible habría sido necesario, como dicen los idealistas, que el espíritu existiera solo antes que la materia, mientras que la ciencia nos demuestra que esto no es posible, y que nunca hay espíritu sin materia. Por el contrario, siempre el espíritu está ligado a la materia, y comprobamos particularmente que el espíritu del hombre está vinculado al cerebro, que es la fuente de nuestras ideas y de nuestro pensamiento. La ciencia no nos permite concebir que las ideas existan en el vacío.

Sería necesario, pues, que el espíritu-Dios, para que pudiera existir, tuviera un cerebro. Por eso podemos decir que no es Dios el que ha creado la materia, y por lo tanto al hombre, sino la materia, en la forma del cerebro humano, la que ha creado el espíritu-Dios.

Veremos más adelante si la ciencia nos da la posibilidad de creer en un Dios, o en algo sobre lo cual el tiempo no haría efecto, y para lo cual el espacio, el movimiento y el cambio no existieran.

Desde ahora podemos sacar conclusiones. En su respuesta al problema fundamental de la filosofía:

 

V. Los materialistas tienen .razón y la ciencia prueba sus afirmaciones

Los materialistas tiene razón al afirmar:

1.  Contra el idealismo de Berkeley y contra los filósofos que se ocultan detrás de su inmaterialismo: que el mundo y las cosas, por una parte, existen sin duda fuera de nuestro pensamiento, y que no necesitan de nuestro pensamiento para existir; por otra parte, que no son nuestras ideas las que crean las cosas, sino que, por el contrario, son las cosas las que nos dan nuestras ideas.

2.  Contra todas las filosofías idealistas porque sus conclusiones llevan a afirmar la creación de la materia por el espíritu, o sea, en última instancia, a afirmar la existencia de Dios y a sostener las religiones teológicas—, los materialistas,  apoyándose en las ciencias, afirman y prueban que la materia es la que
crea el espíritu y que no necesitan la "hipótesis de Dios" para explicar la creación de la materia.

Observación. — Debemos prestar atención a la manera como los idealistas plantean los problemas. Afirman que Dios ha creado al hombre, aun cuando hemos visto que el hombre es el que ha creado a Dios. Por otra parte, afirman también que el espíritu es el que ha creado la materia, cuando vemos exactamente lo contrario. Hay ahí una manera de invertir las perspectivas, que debe señalarse.

 

Capítulo V

¿HAY UNA TERCERA FILOSOFÍA?

EL AGNOSTICISMO

 

I. ¿Por qué una tercera filosofía?

Después de estos primeros capítulos puede parecemos que, en suma, debe ser bastante fácil reconocernos en medio de estos razonamientos filosóficos, puesto que sólo dos grandes corrientes se reparten todas las teorías: el idealismo y el materialismo. Y que, además, los argumentos que concurren en favor del materialismo atraen la convicción de manera definitiva.

Parecería, pues, que después de cierto examen, hubiéramos encontrado el camino que conduce a la filosofía de la razón: el materialismo.

Pero las cosas no son tan simples. Tal vez como ya lo hemos señalado, los idealistas modernos no tienen la franqueza del obispo Berkeley. Presentan sus ideas con mucho más artificio, bajo una forma oscurecida por el empleo de una "terminología nueva", destinada a hacerlas considerar por la gente ingenua, como la filosofía "más moderna".

Hemos visto que, para responder a la cuestión fundamental de la filosofía hay dos respuestas totalmente opuestas, contradictorias e irreconciliables. Estas dos respuestas son muy claras y no permiten ninguna confusión.

Ya hacia 1710, el problema se planteaba de este modo: por una parte, los que afirmaban la existencia de la materia fuera de nuestro pensamiento, eran los materialistas, por otra, con Berkeley, los que negaban la existencia de la materia y pretendían que ésta sólo existía en nosotros, en nuestro espíritu, eran los idealistas.

Un poco más tarde, con el progreso de las ciencias, otros filósofos intervinieron tratando de balancear entre idealistas y materialistas, creando una corriente filosófica que lanza una confusión entre esas dos teorías. Esta confusión tiene su fuente en la búsqueda de una tercera filosofía.

 

II. Razonamiento de esta tercera filosofía

La base de esta filosofía, que fue elaborada después de Berkeley, consiste en sostener que es inútil tratar de conocer la naturaleza real de las cosas, pues nunca conoceremos más que las apariencias.

Por esto se llama a esta filosofía Agnosticismo (del griego a, negación y gnósticos capaz de conocer; así, pues, "incapaz de conocer").

Según los agnósticos, no se puede saber si el mundo es, en el fondo, espíritu o naturaleza. Es posible conocer la apariencia de las cosas, pero no podemos conocer su realidad.

Volvamos al ejemplo del sol. Hemos visto que no hay, como lo creían los primeros hombres, un disco plano y rojo. Ese disco no era, pues, más que una ilusión, una apariencia (la apariencia es la idea superficial que nos hacemos de las cosas, pero no es la realidad).

Por eso considerarnos que los idealistas y los materialistas distan para saber si las cosas son materia o espíritu, si esas cosas existen o no fuera de nuestro pensamiento, si nos es posible no conocerlas, los agnósticos dicen que se puede conocer la apariencia, pero jamás la realidad.

Nuestros sentidos —dicen— nos permiten ver y sentir las cosas, conocer sus aspectos exteriores, sus apariencias; esas apariencias existen, pues, para nosotros, es lo que se llama, en lenguaje filosófico, "la cosa para nosotros". Pero no podemos conocer la cosa independiente de nosotros, con su realidad que le es propia, lo que se llama "la cosa en sí".

Los idealistas y los materialistas que discuten continuamente estos temas pueden compararse con dos hombres, uno con anteojos azules, el otro rosados, que se pasearan por la nieve disputando acerca de su color. Supongamos que nunca pudieran sacarse sus anteojos. ¿Podrían conocer algún día el verdadero color de la nieve?...No. Y bien, los idealistas y los materialistas que disputan por saber cuál de los dos tiene razón llevan anteojos azules y rosados. Jamás conocerán la realidad. Tendrán un conocimiento "para ello" de la nieve "en sí misma". Tal es el razonamiento de los agnósticos.

 

III. ¿De dónde procede esta filosofía?

Los fundadores de esta filosofía fueron Hume (1711-1776), que era inglés, y Kant (1724-1804), un alemán. Los dos han tratado de conciliar el idealismo con el materialismo.

He aquí un pasaje de los razonamientos de Hume citado por Lenin en su libro Materialismo y empirocriticismo:

Se puede considerar evidente que los hombres se inclinan por instinto natural... a fiarse de sus sentidos y que, sin el menor razonamiento... suponemos siempre la existencia de un universo exterior, que no depende de nuestra percepción y que existiría aunque fuéramos aniquilados con todos los seres dotados de sensibilidad. Pero esta opinión primordial y universal es rebatida vivamente por la filosofía más superficial que nos enseña que nada más que la imagen o la percepción podrá ser accesible a nuestro espíritu que las sensaciones no son más que conductos seguidos por esas imágenes, y no están en condiciones de establecer por ellas mismas una relación directa, sea cual fuere, entre el espíritu y el objeto. La mesa que vemos parece más pequeña cuando nos alejamos; pero la mesa real que existe independientemente de nosotros no cambia; nuestro espíritu no ha percibido, pues, otra cosa más que la imagen de la mesa. Tales son las indicaciones evidentes de la razón.

 

Vemos que Hume admite en primer lugar la "existencia de un universo exterior" que no depende de nosotros. Pero en seguida se niega a admitir esta existencia como realidad objetiva. Para él, esta existencia no es más que una imagen, y nuestros sentidos, que comprueban esta existencia, esta imagen, son incapaces de establecer una relación, sea cual fuere, entre el espíritu y el objeto. En una palabra, vivimos en medio de las cosas como en el cine, en la pantalla del cual comprobamos la imagen de los objetos, su existencia, pero donde detrás de los objetos mismos, o sea detrás de la pantalla, no hay nada. Ahora, si se quiere saber cómo nuestro espíritu tiene conocimiento de los objetos, tal vez se deba a la energía de nuestra inteligencia, misma, o la acción de cierto espíritu invisible y desconocido, o bien a cierta causa menos conocida todavía.

 

IV. Consecuencias de esta teoría

He aquí una teoría seductora que, por otra parte, está muy difundida. Volvemos a encontrarla, con diferentes aspectos, en el transcurso de la historia, entre las teorías filosóficas y, en nuestros días, entre todos los que pretenden "permanecer neutrales y mantenerse en una reserva científica".

Debemos examinar si esos razonamientos son justos y cuáles son las consecuencias que derivan de ellos.

Si nos es verdaderamente imposible, como afirman los agnósticos, conocer la verdadera naturaleza de las cosas, y si nuestro conocimiento se limita a sus apariencias, no podemos afirmar, pues, la existencia de la realidad objetiva y no podemos saber si las cosas existen por sí mismas. Si para nosotros, por ejemplo, el autobús es una realidad objetiva, el agnóstico nos dice que de ello no está seguro. No se puede saber si ese autobús es un pensamiento o una realidad. No nos es posible sostener, pues, que nuestro pensamiento es el reflejo de las cosas. Vemos que estamos en pleno razonamiento idealista porque, entre afirmar que las cosas no existen o bien simplemente que no se puede saber si existen, la diferencia no es grande.

Hemos visto que el agnóstico distingue las "cosas para nosotros" y "las cosas en sí". El estudio de las cosas para nosotros es posible, pues es la ciencia; pero, el estudio de las cosas en sí es imposible, porque no podemos conocer lo que existe fuera de nosotros.

El resultado de ese razonamiento es el siguiente: el agnóstico acepta la ciencia; cree en ella y quiere constituirla. Y, como no se puede hacer ciencia más que con la condición de expulsar de la naturaleza toda la fuerza sobrenatural, ante la ciencia, es materialista.

Pero se apresura al negar que, como la ciencia no nos da más que apariencias, esto no quiere decir que no haya en la realidad nada más que la materia, o aun hasta que exista la materia, o que Dios no exista. La razón humana no puede saberlo, y no hay, pues, que inmiscuirse en eso. Si hay otros medios para conocer "las cosas en sí", como la fe religiosa, el agnóstico no quiere saberlo tampoco y no se reconoce el derecho de discutirlo.

Para la conducta de la vida y para la construcción de la ciencia, el agnóstico es, pues, un materialista, pero es un materialista que no se atreve a afirmar su filosofía que trata ante todo de no atraerse dificultades con los idealistas, de no entrar en lucha con las religiones. Es un "materialista vergonzante".

La consecuencia de esto es que, dudando del valor profundo de la ciencia, no viendo en ella más que ilusiones, esta tercera filosofía nos propone, por consiguiente, no conceder ninguna verdad a la ciencia y que es perfectamente inútil tratar de saber algo, tratar de hacer avanzar el progreso.

Los agnósticos dicen: antiguamente los hombre, veían el sol como un disco plano y creían que era la realidad: se entrañaban. Hoy la ciencia nos dice que el sol no es tal como lo vemos y pretende explicarlo todo. Sabemos, sin embargo, que ella se engaña a menudo, destruyendo un día lo que había construido la víspera. Error ayer, verdad hoy, pero error mañana. Así, sostienen los agnósticos, no podemos saber, no estamos seguros de nada por la razón. Y si otros medios además de la razón, como la fe religiosa, pretenden darnos certidumbres absolutas, ni siquiera la ciencia puede impedirnos creer en ellas. Disminuyendo la confianza en las ciencias, el agnosticismo prepara el retorno de las religiones.

 

V. Cómo debemos refutar este razonamiento

Hemos visto que, para probar sus afirmaciones, los materialistas se sirven no sólo de la ciencia, sino también de la experiencia que permite comprobar las ciencias. "Con el criterio de la práctica" de puede saber, se pueden conocer las cosas.

Los agnósticos nos dicen que es imposible afirmar que el mundo exterior existe o no existe.

Ahora bien, por la práctica, sabemos que el mundo y las cosas existen. Sabemos que las ideas que nos hacemos de las cosas son exactas, que las relaciones que hemos establecido entre las cosas y nosotros son reales.

Desde el momento en que sometemos estos objetos a nuestro uso de acuerdo con las cualidades que advertimos en ellos, sometemos a una prueba infalible la corrección o la falsedad de nuestras percepciones sensibles. Si estas percepciones fueran falsas, nuestra apreciación del uso que se puede hacer de un objeto debería igualmente serlo y nuestro ensayo debería fracasar. Pero si logramos alcanzar nuestro objetivo, si advertimos que el objeto concuerda con la idea que teníamos de él y responde al destino que queríamos darle, ésta es una prueba positiva de que nuestras percepciones del objeto y de sus cualidades están de acuerdo con una realidad exterior a nosotros mismos, y cada vez que experimentamos un fracaso, dedicamos generalmente poco tiempo para descubrir la razón que nos ha hecho fracasar, advertimos que la percepción sobre la cual nos habíamos fundado para obrar era o incompleta y superficial, o combinada con los resultados de otras percepciones. De tal manera que no garantizaban lo que llamamos razonamiento verdadero. Mientras nos preocupamos por guiar y utilizar convenientemente nuestros sentidos y de mantener nuestra acción en los límites prescriptos por las percepciones convenientemente utilizadas, advertimos que el resultado de nuestra acción prueba la conformidad de nuestras percepciones con la naturaleza objetiva a de las cosas percibidas. En ningún caso hemos llegado aún a la conclusión de que nuestras percepciones sensibles científicamente comprobadas produzcan en nuestros espíritus ideas sobre el mundo exterior que estén, por su misma naturaleza, en desacuerdo con la realidad, o que haya una incompatibilidad inherente entre el mundo y las percepciones sensibles que nosotros tenemos de él.

Volviendo al ejemplo de Engels, diremos: "la prueba del pudding es que se lo come" (proverbio inglés). Si no existiera, o si no fuera más que una idea, después de haberlo comido nuestra hambre nos se habría saciado en absoluto. Así pues, no es perfectamente posible conocer las cosas, ver si nuestras ideas correspondencia la realidad. No es posible comprobar los datos de la ciencia por la experiencia y la industria que traducen en aplicaciones prácticas los resultados teóricos de las ciencias. Si podemos hacer caucho sintético es porque la ciencia conoce "la cosa en sí", que es el caucho.

Vemos pues, que no es inútil tratar de saber quién tiene razón, puesto, que a pesar de los errores teóricos que la ciencia pueda cometer, la experiencia nos da cada vez la prueba de que, sin duda, es la ciencia la que tiene razón.

 

VI. Conclusión

Desde el siglo XVIII, y según los diferentes pensadores cuyas ideas ha tomado en mayor o menor medida el agnosticismo, vemos que esta filosofía es atraída tanto por el idealismo como por el materialismo. Cubierta con palabras nuevas, como dice Lenin, sirviéndose de las ciencias para apuntalar sus razonamientos, no hace más que crear la confusión entre las dos teorías. Permitiendo así que algunos tengan una filosofía cómoda que les da la posibilidad de declarar que no son idealistas, porque se sirven de la ciencia, pero que no son materialistas porque no se atreven a llevar sus argumentos hasta el fin, porque no son consecuentes.

¿Qué es, pues, el agnosticismo, dice Engels, sino... un materialismo "vergonzante"? La concepción agnóstica de la naturaleza, es completamente materialista. El mundo natural está enteramente regido por leyes y excluye en absoluto toda intervención exterior. Pero —agrega— no tenemos ningún medio para afirmar o negar la existencia de cierto ser supremo que esté más allá del mundo conocido. Esta filosofía hace el juego al idealismo, pues, y al fin de cuentas, porque son inconsecuentes con sus razonamientos, los agnósticos niegan al idealismo. "Rascad al agnóstico —dijo Lenin— y tendréis al idealista". Hemos visto que se puede saber quién tiene razón: si el materialismo o el idealismo. Vemos ahora que las teorías que pretenden conciliar estas dos filosofías sólo pueden, de hecho, sostener el idealismo, no aportan una tercera respuesta a la cuestión fundamental de la filosofía y, por consiguiente, no tercera filosofía.

 


SEGUNDA PARTE

EL MATERIALISMO FILOSÓFICO

 

Capítulo I

LA MATERIA Y LOS MATERIALISTAS

 

Después de haber definido las ideas comunes a todos los materialistas; después, los argumentos de todos los materialistas contra las filosofías idealistas y, por último, el error del agnosticismo, vamos a sacar las conclusiones de esta enseñanza y a reforzar nuestros argumentos materialistas aportando nuestras respuestas a las dos preguntas siguientes:

¿Qué es la materia?

2a ¿Qué significa ser materialista?

 

I. ¿Qué es la materia?

 

Importancia de la cuestión. Cada vez que tenemos un problema que resolver, debemos plantear las cuestiones muy claramente. En efecto, aquí no es tan simple dar una respuesta satisfactoria. Para lograrlo debemos establecer una teoría de la materia.

En general, la gente cree que la materia es lo que se puede tocar, lo que es resistente y duro. En la antigüedad griega la materia se definía de ese modo.

Hoy sabemos, gracias a las ciencias, que eso no es exacto.

 

II. Teorías sucesivas de la materia

 

(Nuestro propósito consiste en dar a conocer en la forma más sencilla las diversas teorías relativas a la materia sin entrar en explicaciones científicas).

En Grecia se creía que la materia era algo duro, que no podía dividirse hasta el infinito. Llega un momento —se decía— en que los trozos ya no son divisibles, y a esas partículas se les ha llamado átomos (lo que quiere decir indivisibles). Una mesa es, entonces, un conglomerado de átomos. Se creía también que esos átomos eran diferentes unos de otros; había átomos lisos y redondos como los del aceite; otros rugosos y torcidos, como los contenidos en el vinagre.

Demócrito, filósofo materialista de esa época, que sustentó esa teoría, es el primero que trata de dar una explicación materialista del mundo; creía, por ejemplo, que el cuerpo humano estaba compuesto por átomos gruesos, que el alma era un conglomerado de átomos más finos y, como admitía la existencia de los dioses y, sin embargo, quería explicarlo todo con su actitud materialista, afirmaba que los dioses estaban compuestos por átomos extrafinos.

Así, pues, los hombres han tratado de explicar, desde la antigüedad, qué es la materia.

La Edad Media no aporta nada nuevo a la teoría de los átomos dada por los griegos. Sólo en el siglo XIX esta teoría se modifica profundamente.

Se creía que la materia se dividía en átomos, que estos últimos eran partículas muy duras que se atraían unas a otras. Se había abandonado la teoría de los griegos, y esos átomos ya no eran torcidos o lisos, pero se continuaba sosteniendo que eran duros, indivisibles, y que experimentaban un movimiento de atracción los unos sobre los otros.

El progreso ha permitido a las ciencias dar precisiones e ir más adelante en la explicación de la materia. Hoy se demues­tra que el átomo es un centro alrededor del cual gravita un pequeño sistema de planetas que emiten pequeñas descargas eléctricas. El centro o núcleo del átomo es, en sí mismo, complejo y de estructura muy variada. La materia es un conglomerado de esos átomos y si nuestra mano apoyada sobre la mesa siente una resistencia, es que la mano recibe un número incalculable de pequeñas descargas eléctricas, de choques que proceden de esos pequeños sistemas que son los átomos.

A esta nueva teoría moderna sobre la materia, teoría con­firmada por las experiencias científicas, los idealistas le han reprochado: "¡Ya no se trata de materia dura!: por consiguiente, ¡ya no queda materia! Los materialistas que apoyan su filosofía en la existencia de la materia ya no tienen pruebas. ¡La materia se ha desvanecido!"

Hay que decir que esta manera de argumentar tuvo cierto exito, puesto que hasta algunos marxistas, y por lo materialistas, han sentido vacilar sus convicciones. Pero es oscurecer el problema hablar de supresión de la materia cuando se aportan precisiones en lo tocante a su composición.

Lo que importa, lo necesario, es saber:

 

III. Qué es la materia para los materialistas

 

A este respecto, es indispensable hacer una distinción. Se, trata de conocer:

1. ¿Qué es la materia?

  y después

2. ¿Cómo es la materia?

Los materialistas responden a la primera pregunta, que la materia es una realidad exterior independiente del espíritu y que no necesita del espíritu para existir. Lenin dice a este respecto:

 

La noción de materia no expresa otra cosa que la realidad objetiva que nos es dada en la sensación.

 

Ahora, con respecto a la segunda pregunta: « ¿Cómo es la materia?», los materialistas contestan: "No nos toca responder a nosotros, sino a la ciencia".

La primera respuesta es invariable desde la antigüedad hasta nuestros días.

La segunda respuesta ha variado y debe variar porque depende de las ciencias, del estado de los conocimientos humanos. No es una respuesta definitiva.

Vemos que es absolutamente indispensable plantear bien el problema y no dejar que los idealistas mezclen las dos cuestiones. Hay que separarlas bien, mostrar que la primera es la principal y que nuestra respuesta a este respecto siempre es invariable.

 

Porque la única «propiedad» de la materia con cuya admisión | está ligado el materialismo filosófico es la de ser una realidad objetiva, de existir fuera de nuestra conciencia.

 

IV. El espacio, el tiempo, el movimiento y la materia

 

Si afirmamos, porque lo comprobamos, que la materia existe fuera de nosotros, precisamos también:

1º Que la materia existe en el tiempo y en el espacio

2o Que la materia está en movimiento.

A este respecto, los idealistas creen que el espacio y el tiempo son ideas que están en nuestro espíritu (Kant fue el primero en sostenerlo). Para ellos, el espacio es una forma que damos a las cosas, el espacio nace del espíritu del hombre. Y lo mismo piensan respecto al tiempo.

Los materialistas afirman, por el contrario, que el espacio no está en nosotros, sino que nosotros estamos en el espacio. Afirman también que el tiempo es una condición indispensable para el desarrollo de nuestra vida, y que, por consiguiente, la materia es lo que existe fuera del pensamiento en el tiempo y en el espacio.

...Las formas fundamentales de todo ser son el espacio y el tiempo, y un ser concebido fuera del tiempo es tan absurdo como lo sería un ser concebido fuera del espacio.

Creemos que hay una realidad independiente de la conciencia. Todos creemos que el mundo ha existido antes que nosotros y que continuará existiendo después que nosotros. Creemos que, para existir, el mundo no necesita de nosotros. Estamos convencidos de que París ha existido antes de nuestro nacimiento y que, a menos de que sea definitivamente barrido del suelo, existirá después de nuestra muerte. Estamos seguros de que París existe, aun cuando no pensemos en ello, así como hay decenas de miles de ciudades que jamás hemos visitado, cuyos nombres ni siquiera conocemos y que, sin embargo, existen. Tal es la convicción general de la humanidad. Las ciencias han permitido dar a este argumento una precisión y una solidez tal que reducen a la nada todas las triquiñuelas idealistas.

Las Ciencias Naturales afirman positivamente que la tierra existió en un estado tal que ni el hombre ni ningún otro ser viviente la habitaban ni podían habitarla. La materia orgánica es un fenómeno posterior, fruto de un desarrollo muy prolongado.

Las ciencias nos comprueban que la materia existe en el tiempo y en el espacio y, al mismo tiempo, que la materia está en movimiento. Esta última precisión que nos proporcionan las ciencias modernas es muy importante porque destruye la vieja teoría según la cual la materia sería incapaz de movimiento.

El movimiento es el modo de existencia de la materia. Jamás, ni en parte alguna ha existido ni puede existir materia sin movimiento.

Sabemos que el mundo en su estado actual es el resultado de una larga evolución, en todos los dominios, y por consiguiente, el resultado de un movimiento lento, pero continuo. Determinamos, pues, tras de haber demostrado la existencia de la materia, que:

 

En el universo no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo.

 

V. Conclusión

 

De estas comprobaciones resulta, que la idea de Dios, la idea del "puro espíritu" creador del universo es imposible, porque un Dios fuera del espacio y del tiempo es algo que no puede existir.

Hay que compartir la mística idealista; por consiguiente, no admitir ninguna comprobación científica, para creer en un Dios que existe fuera del tiempo, es decir, que no existe en ningún momento y que existe fuera del espacio, es decir, que no existe en ninguna parte.

Los materialistas, firmes en las conclusiones de las ciencias, aseguran que la materia existe en el espacio y en cierto momento (en el tiempo). Por consiguiente, el universo no ha podido crearse porque Dios habría necesitado, para poder crear el mundo, un momento que no ha sido en ningún momento (puesto que, para Dios, el tiempo no existe) y también habría sido necesario que el mundo surgiera de la nada.

Para aceptar la creación, hay que admitir, en primer lugar, que hubo un momento en que el universo no existía y después que de la nada ha surgido algo. Esto la ciencia no puede admitirlo.

Vemos que los argumentos idealistas confrontados con las ciencias no pueden sostenerse; mientras que los defendidos por los filósofos materialistas no pueden separarse de las ciencias.

Subrayamos así, una vez más, las intimas relaciones que hay entre el materialismo y las ciencias.

 

Capítulo II

¿QUÉ SIGNIFICA SER MATERIALISTA?

 

I. Unión de la teoría y de la práctica

 

El estudio que realizamos tiene como propósito saber qué es el marxismo, de comprender cómo la filosofía del materialismo al hacerse dialéctica se identifica con el marxismo. Ya sabemos que uno de los fundamentos de esta filosofía es la vinculación estrecha entre la teoría y la práctica. Por eso creemos que es útil señalar que, prosiguiendo estos estudios en forma sucesiva, aplicamos el método de investigación que es la dialéctica.

Después de haber verificado qué es la materia para los materialistas, luego cómo es la materia, es indispensable a continuación de esas dos cuestiones teóricas, investigar qué significa ser materialista, es decir, cuál es la razón del materialismo. Es el lado práctico de estos problemas.

La base del materialismo es el reconocimiento del ser como creador del pensamiento. Pero no basta con repetirlo continuamente para ser un verdadero partidario del materialismo consecuente; hay que serlo: 1) en el dominio del pensamiento; 2) en el dominio de la acción.

 

II. ¿Qué significa ser partidario del materialismo en el dominio del pensamiento?

 

Ser partidario del materialismo en el terreno del pensamiento es, conociendo la fórmula fundamental del materialismo —el ser produce el pensamiento—, saber cómo se puede aplicar esta fórmula.

Cuando se dice: el ser produce el pensamiento, tenemos una fórmula abstracta, porque las palabras ser y pensamiento, son palabras abstractas. Cuando se dice el "ser", se trata del ser en general; cuando se dice el "pensamiento", se quiere hablar del pensamiento en general. El ser, así como el pensamiento en general, es una realidad subjetiva (ver primera parte, capítulo IV la explicación de realidad subjetiva y de realidad objetiva); esto no existe, es lo que se llama una abstracción. Decir: el "ser produce el pensamiento" es una fórmula abstracta, porque está compuesta por abstracciones.

Así, por ejemplo: conocemos muy bien los caballos, pero si hablamos del caballo, queremos hablar del caballo en general; y bien, el caballo en general es una abstracción.

Si en lugar del caballo ponemos al hombre o al ser en general, también se trata de abstracciones.

Pero si el caballo en general no existe, ¿qué existe? los caballos en particular. El veterinario que dijera "cuido el caballo en general, pero no el caballo en particular", sería motivo de risa; lo mismo que el médico que se expresara de ese modo con respecto a los hombres.

Por consiguiente el ser en general no existe, sino que existen seres particulares que tienen cualidades particulares. Ocurre lo mismo en lo que toca al pensamiento.

Diremos, por lo tanto, que el ser en general es algo abstracto y que el ser en particular es algo concreto; así como respecto al pensamiento en general y al pensamiento en particular.

El materialista es el que sabe reconocer en todas las situaciones, el que sabe concretar dónde está el ser y donde está el pensamiento.

Ejemplo: el cerebro y nuestras ideas.

Hay que saber aplicar la fórmula general abstracta en una fórmula concreta. El materialista identificará, pues, el cerebro, como ser, y nuestras ideas como el pensamiento. Razonará diciendo: el cerebro (el ser) es el que produce nuestras ideas (el pensamiento). Este es un ejemplo simple, pero tomemos la sociedad humana y veamos cómo razonará un materialista.

La vida de la sociedad está compuesta (a grandes rasgos) de una vida económica y de una vida política. ¿Cuáles son las relaciones entre la vida económica y la vida política...? ¿cuál es el factor primero de esta fórmula abstracta con la que queremos hacer una fórmula concreta?

Para el materialista, el factor primero, es decir, el ser, el que da vida a la sociedad es la vida económica. El factor segundo es el pensamiento, que es creado por el ser, que sólo por él puede vivir, es la vida política.

El materialista dirá, por tanto, que la vida económica explica la vida política y que, por consiguiente, la vida política es un producto de la vida económica.

Esta comprobación hecha aquí someramente es lo que se llama el materialismo histórico y que fue elaborada por primera vez, por Marx y Engels.

He aquí un ejemplo más complicado: el poeta. Es cierto que numerosos elementos hay que tomar en cuenta para "explicar" al poeta, pero queremos mostrar aquí un aspecto de esta cuestión.

Se dice generalmente que el poeta escribe porque es impulsado por la inspiración. ¿Basta para explicar que el poeta prefiere escribir ésto y no aquéllo? No. Es verdad que el poe­ta tiene pensamientos en su cabeza, pero también es un ser que vive en la sociedad. Veremos que el factor primero, el que da su vida propia al poeta, es la sociedad puesto que el factor segundo son las ideas que el poeta tiene en su cerebro. Por consiguiente, uno de los elementos, el elemento fundamental, que "explica" al poeta, será la sociedad, es decir, el medio donde él vive en esa sociedad. (Volveremos al "poeta" cuando estudiemos la dialéctica porque entonces tendremos todos los elementos para estudiar bien este problema).

Vemos, por esos ejemplos, que el materialista es el que sabe aplicar en todas partes y siempre en cada instante, y en todos los casos, la fórmula del materialismo. Obrar así es la única manera de ser consecuente.

 

III. ¿Cómo ser materialista en la práctica?

 

1. Primer aspecto de la cuestión

Hemos visto que no hay tercera filosofía y que no ser consecuente en la aplicación del materialismo o bien se es idealista, o bien se obtiene una mezcla de idealismo y de materialismo.

El sabio burgués en sus estudios y en sus experiencias es siempre materialista. Para hacer avanzar las ciencias hay que trabajar con la materia, y si se piensa verdaderamente que la materia no existe más que en nuestro espíritu, se consideraría inútil hacer experiencias.

Por tanto, hay muchas variedades de sabios:

1.  Los sabios que son materialistas conscientes y consecuentes, como los que existen en la URSS y otros países socialistas o capitalistas.

2.  Los sabios que son materialistas sin saberlo: es decir, casi todos, porque es imposible hacer ciencia sin plantear la existencia de la materia; pero entre estos últimos hay que distinguir:

a)  A los que comienzan por seguir el materialismo, pero se detienen, porque no se atreven a llamarse como tales: son los agnósticos, los que Engels llama "materialistas vergonzantes".

b) Después, los sabios materialistas sin saberlo e inconsecuentes. Son materialistas en el laboratorio, pero fuera de su trabajo son idealistas, creyentes, religiosos.

De hecho, estos últimos son los que no han sabido o no han querido poner orden en sus ideas. Están en perpetua contradicción con ellos mismos. Separan sus trabajos materialistas de sus concepciones filosóficas. Son "sabios" y, sin embargo, si no niegan expresamente la existencia de la materia, creen, lo que es poco científico, que es inútil conocer la naturaleza real de las cosas. Son "sabios" y, sin embargo, sin ninguna prueba, creen en cosas imposibles. (Ver el caso de Pasteur, de Branly y de otros que eran creyentes, mientras que el sabio, si es consecuente, debe abandonar su creencia religiosa). Ciencia y religión se oponen absolutamente.

 

2. Segundo aspecto de la cuestión

El materialismo y la acción: Si es cierto que el verdadero materialista es el que aplica la fórmula en la que se basa esa filosofía en todas partes y en todos los casos, debe prestar atención para aplicarla bien.

Como acabamos de verlo, hay que ser consecuente, y para ser materialista consecuente, hay que llevar el materialismo a la acción.

Ser materialista en la práctica es obrar conforme esa filo­sofía tomando como factor primero y más importante, la realidad, y como factor secundario, el pensamiento.

Vamos a ver qué actitudes toman los que, sin saberlo, to­man como factor primero el pensamiento y son, en ese mo­mento, idealistas sin saberlo.

1. ¿Cómo se llama al que vive como si estuviera solo en el mundo? Individualista. Vive replegado en sí mismo, el mundo exterior no existe más que para él solo. Para él, lo importante es él, es su pensamiento, es un puro idealista o lo que se llama un solipsista. (Ver explicación de esta palabra, primera parte, capítulo II).

El individualista es egoísta y ser egoísta no es una actitud materialista. £1 egoísta toma el mundo para el y limita el mundo a sí mismo.

2. El que aprende por el placer de aprender, como aficionado, para él mismo; asimila bien, no tiene dificultades, pero lo guarda por él solo. Concede una importancia primordial a sí mismo, a su pensamiento.

El idealista se cierra ante el mundo exterior, ante la realidad. El materialista está siempre abierto a la realidad, por eso los que aprenden fácilmente y siguen cursos de marxismo deben tratar de transmitir lo que han aprendido.

3. El que razona sobre todas las cosas con relación a él sufre una deformación idealista. Dirá, por ejemplo, de una reunión en la que han dicho cosas desagradables para él: "es una mala reunión" No es así como se deben analizar las cosas, hay que juzgar la reunión con relación a la organización, a su finalidad, y no con relación a uno mismo.

4.  El sectarismo tampoco es una actitud materialista. Como el sectario ha comprendido los problemas, y además está de acuerdo consigo mismo, pretende que los otros sean como él. Es dar de nuevo una importancia primordial a sí mismo o a una secta.

5.  El doctrinario que ha estudiado los textos y ha extraído sus definiciones, también es un idealista cuando se contenta con citar los textos materialistas, que vive sólo con sus textos, sin tomar en cuenta el mundo real. Repite fórmulas sin aplicarlas a la realidad. Da primordial importancia a los textos, a las ideas. La vida se desarrolla en su conciencia en forma de textos y, en general, se comprueba que el doctrinario también es un sectario.

Creer que la revolución es una cuestión de pensamiento, decir que explicando "de una vez por todas" a los obreros la necesidad de la revolución, deben comprender y que si no quieren comprender no vale la pena tratar de hacer la revolución, es un sectarismo y no una actitud materialista.

Debemos comprobar los casos en que la gente no comprenda; averiguar por qué es así, comprobar la represión, la propaganda de los diarios burgueses, de la radio, del cine, etc., y tratar por todos los medios posibles de hacer comprender lo que queremos, por medio de folletos, diarios, escuelas, etc.

No tener el sentido de las realidades, vivir en la luna y, prácticamente, hacer proyectos sin tener en cuenta las situaciones, las realidades, es una actitud idealista que da una importancia primordial a los bellos proyectos sin ver si son realizables o no. Los que critican continuamente pero que no hacen nada mejor, no proponen ningún remedio, los que carecen de sentido crítico hacia ellos mismos, todos éstos son materialistas inconsecuentes

 

IV. Conclusión

 

Mediante estos ejemplos, vemos que los defectos que se pueden comprobar más o menos en cada uno de nosotros son defectos idealistas. Los tenemos porque separamos la práctica de la teoría y la burguesía prefiere que no demos importancia a la realidad. Para ella, que sostiene el idealismo, la teoría y la práctica son dos cosas completamente diferentes y sin relación. Estos defectos son perjudiciales y debemos combatirlos, porque benefician, al fin de cuentas, a la burguesía. Ahora bien, debemos comprobar que esos defectos, engendrados en nosotros por la sociedad, por las bases teóricas de nuestra educación, de nuestra cultura, arraigados en nuestra infancia, son obra de la burguesía, y debemos desembarazarnos de ellos.

 

Capítulo III

HISTORIA DEL MATERIALISMO

 

Hasta aquí hemos estudiado lo que es el materialismo en general y cuáles son las ideas comunes de todos los materialistas. Vamos a ver cómo ha evolucionado desde la antigüedad para llegar al materialismo moderno. En resumen: vamos a seguir rápidamente la historia del materialismo.

No tenemos la pretensión de explicar en pocas páginas los 2000 años de la historia del materialismo. Simplemente queremos dar indicaciones generales que guíen las lecturas.

Para estudiar bien, aunque someramente, esta historia, es indispensable ver en cada instante por qué se. han desarrollado así las cosas. Sería mejor no citar algunos nombres histórico antes que no aplicar este método. Pero, sin querer atiborrar el cerebro de nuestros lectores creemos que es necesario nombrar en orden histórico los principales filósofos materialistas conocidos por ellos.

Por eso, para simplificar el trabajo, vamos a consagrar estas primeras páginas al aspecto puramente histórico, y en la segunda parte de este capítulo veremos porqué la evolución del materialismo ha tenido que experimentar esta forma de desarrollo.

 

I. Necesidad de estudiar esta historia

 

A la burguesía no le place la historia del materialismo. Y por eso esta historia enseñada en los libros burgueses es incompleta y siempre falsa. Se emplean diversos procedimientos de falsificación.

1. No pudiendo ignorar a los grandes pensadores materialistas, se les nombra hablando de todo lo que han escrito, salvo de sus estudios materialistas, y se olvida decir que son filósofos materialistas.

Hay muchos casos de olvido en el transcurso de la historia, y citaremos como ejemplo a Diderot, que fue el pensador materialista más grande antes de Marx y Engels.

2. Veremos en el transcurso de la historia a numerosos pensadores materialistas sin saberlo o inconsecuentes. Es decir, aquellos que en algunos de sus escritos eran materialistas, pero, en otros, idealistas: Descartes, por ejemplo.

La historia escrita por la burguesía deja en la sombra todo cuanto esos pensadores han escrito, que no sólo ha influido en el materialismo, sino que ha dado nacimiento a toda una corriente de esta filosofía.

3. Además, si estos dos procedimientos dé falsificación no lograran disfrazar a ciertos autores, se les escamotea pura y simplemente.

Así se enseña la historia de la literatura y de la filosofía del siglo XVIII "ignorando" a Holbach y a Helvetius, que fueron grandes pensadores de esta época.

¿Por qué? Porque la historia del materialismo es particularmente instructiva para conocer y comprender los problemas del mundo; y también porque el desarrollo del materialismo es funesto para las ideologías que sostienen los privilegios de las clases dirigentes.

Estas son las razones par las cuales la burguesía presenta el materialismo como una doctrina que no ha cambiado, estancada desde hace siglos, cuando, por el contrario, el materialismo fue algo vivo y siempre en movimiento.

Pero, al igual que el idealismo, el materialismo recorre una serie de fases en su desarrollo. Cada descubrimiento trascendental, operado incluso en el campo de las Ciencias Naturales, le obliga a cambiar de forma; y desde que el método materialista se aplica también a la historia se abre ante él un camino nuevo de desarrollo.

Así comprendemos mejor la necesidad de estudiar, aunque someramente, esta historia del materialismo. Para hacerlo, debemos distinguir dos períodos: 1. del origen (antigüedad griega) hasta Marx y Engels; 2. del materialismo de Marx y Engels a nuestros días. (Estudiaremos esta segunda parte con el materialismo dialéctico).

Llamaremos al primer período "materialismo pre-marxista" y al segundo, "materialismo marxista" o "materialismo dialéctico".

 

II. El materialismo premarxista

 

1. La antigüedad griega

Recordemos que el materialismo es una doctrina que estuvo siempre vinculada a las ciencias, que ha evolucionado y progresado con las ciencias. Cuando en la antigüedad griega, en los siglos VI y V antes de nuestra era, las ciencias comienzan a manifestarse con los físicos, se forma ese momento una corriente materialista que atrae a los mejores pensadores y filósofos de esa época. (Tales, Anaxímenes, Heráclito). Estos primeros filósofos serán, como dijo Engels, "naturalmente dialécticos". Los impresiona el hecho de que en todas partes se encuentra el movimiento, el cambio, y que las cosas no están aisladas, sino íntimamente vinculadas unas a otras...

Heráclito, a quien se llama "el padre de la dialéctica", decía:

 

Nada esta inmóvil, todo fluye; jamás nos bañamos dos veces en el mismo río, porque éste nunca es en dos instantes sucesivos el mismo; de un instante al otro ha cambiado, se ha transformado en otro.

 

Es el primero en tratar de explicar el movimiento, el cambio y ve en la contradicción las razones de la evolución de las cosas.

Las concepciones de estos primeros filósofos eran exactas y, sin embargo, se abandonaron porque cometían el error de formularse a priori, es decir, que el estado de las ciencias en esa época no permitía probar lo que aquéllas anticipaban.

Sólo mucho más tarde, en el siglo XIX, se realizarán las condiciones que permitirán a las ciencias probar la exactitud de la dialéctica.

Otros pensadores griegos han tenido concepciones materialistas: Leucipo (siglo V antes de nuestra era), que fue el maestro de Demócrito, ya había discutido ese problema de los átomos, cuya teoría hemos visto que fue establecida por este último.

Epicuro (341-270 antes de nuestra era), discípulo de Demócrito, fue completamente tergiversado por la historia burguesa, que lo presenta como un vulgar "cerdo filósofo", porque ser epicúreo, para la historia, es ser un sensual, mientras que, por el contrario, en la vida era un asceta. Esta mala reputación se debe al hecho de que era materialista.

Lucrecio (siglo I antes de nuestra era), discípulo de Epicuro ha compuesto un largo poema sobre la Naturaleza. Ha escrito que la humanidad es desdichada porque la religión ha enseñado a los hombres que después de la muerte el alma vivía y que podía sufrir eternamente. Luego, es este miedo lo que impide a los hombres ser felices sobre la Tierra. Hay que quitarles este terror, y la única teoría capaz de lograrlo es el materialismo epicúreo.

Estos filósofos tenían conciencia de que esa teoría estaba vinculada a la suerte de la humanidad, y ya vemos, por parte de ellos, una oposición a la teoría oficial: oposición entre el idealismo y el materialismo.

Pero un gran pensador domina la Grecia antigua, es Aristóteles, un filósofo idealista. Su influencia fue considerable. Por eso debemos citarlo muy particularmente. Ha hecho el inventario de los conocimientos humanos de esa época, ha llenado las lagunas creadas por las ciencias nuevas. Era un espíritu universal y ha escrito numerosos libros sobre todos los temas. A causa de la universalidad de su saber, de su dogmatismo, ha tenido una influencia considerable sobre las concepciones filosóficas hasta fines de la Edad Media, es decir, en el transcurso de veinte siglos.

Durante todo este período, se ha seguido la tradición antigua y no se pensaba más que por Aristóteles.

Se desencadenaba una represión salvaje contra los que pensaban de otro modo. A pesar de todo, a fines de la Edad Media se entabló una lucha entre los idealistas que negaban la materia y los que pensaban que, a pesar de todo, existía una realidad material.

En los siglos XI y XII, se puede seguir esta disputa a la vez en Francia y, sobre todo, en Inglaterra.

Después, el materialismo se desarrolla principalmente en este último país. Marx dice:

El materialismo es un hijo innato de la Gran Bretaña.

 

Un poco más tarde, será en Francia donde se desarrollará el materialismo. En todo caso, vemos que en los siglos XV y XVI, se manifiestan dos corrientes: una, el materialismo inglés, otra, el materialismo francés, cuya reunión contribuirá a hacer avanzar la historia del materialismo en el siglo XVIII.

 

2. El materialismo inglés

El verdadero patriarca del materialismo inglés y de toda la ciencia experimental moderna es Bacon. La ciencia de la naturaleza es, para él, la verdadera ciencia, y la fisica sensorial la parte más importante de la ciencia de la naturaleza.

Bacon es célebre como fundador del método experimental en el estudio de las ciencias. Lo importante para él es estudiar la ciencia en el "gran libro de la naturaleza", y esto es particularmente interesante en una época en que se estudia la ciencia en los libros que Aristóteles había dejado unos cuantos siglos antes.

Para estudiar la física, por ejemplo, he aquí cómo se procedía: se tomaban los pasajes escritos por Aristóteles sobre cierto tema, después se tomaban los libros de Santo Tomás de Aquino, que era un gran teólogo, y se leía lo que este último había escrito sobre el pasaje de Aristóteles. El profesor no hacía ningún comentario personal, decía aún menos de lo que pensaba, pero se remitía a una tercera obra que repetía a Aristóteles y a Santo Tomás. Tal era la ciencia de la Edad Media, que se llamaba la escolástica: era una ciencia libresca, porque sólo se estudiaba en los libros.

Bacon reacciona contra esta escolástica cuando quiere estudiar en el "gran libro de la naturaleza".

En esa época se planteaba una cuestión:

¿De dónde proceden las ideas? ¿De dónde nuestros conocimientos? Cada uno de nosotros tiene ideas, la idea de las casas, por ejemplo. Esta idea la tenemos porque hay casas, dicen los materialistas. Los idealistas creen que Dios es el que nos da la idea de las casas. Bacon decía que la idea existía porque se veían o tocaban las cosas, pero aun no podía demostrarlo.

Fue Locke (1632-1704) el que se empeñó en señalar que las ideas provienen de la experiencia. Demostró que todas las ideas proceden precisamente de la experiencia y que sólo la experiencia nos da las ideas El hombre ha tenido la idea de la primera mesa antes que ésta existiera, porque, por la experiencia, se servía de un tronco de árbol o de una piedra como mesa.

Con las ideas de Locke, el materialismo inglés llega a Francia en la primera mitad del siglo XIII, porque mientras esta filosofía se desarrollaba de manera particular en Inglaterra, se había formado en aquel país una corriente materialista.

 

3. El materialismo en Francia

Se puede situar a partir de Descartes (1596-1650) el nacimiento en Francia de una corriente netamente materialista Descartes ha tenido una gran influencia en esta filosofía pero, en general, no se habla de ello.

En esa época, en que estaba muy viva, hasta en las ciencias, la ideología feudal, en que se estudiaba de la forma que ya hemos visto. Descartes entra en lucha contra ese estado de hecho.

La ideología feudal es ese razonamiento que pretende que haya dos clases de gente: los nobles y los que no lo son. Los nobles tienen todos los derechos, los otros ninguno. Se aplicaba este mismo razonamiento a las ciencias, es decir, que sólo los que, por su nacimiento, gozaban de una posición privilegiada, tenían el derecho de ocuparse de las ciencias. ¡Ellos eran los únicos capaces de comprender esos problemas!

Descartes luchó contra tal razonamiento y dijo al respecto: "el buen sentido es la cosa más compartida en el mundo", y, por consiguiente, todo el mundo, ante las ciencias, tiene los mismos derechos. También hizo una buena crítica de la medicina de su tiempo. (El enfermo imaginario, de Moliere, es un eco de las críticas de Descartes. Quiere hacer una ciencia que sea una ciencia verdadera, basada en el estudio de la naturaleza y rechazando la enseñada hasta entonces, en la que Aristóteles y Santo Tomás eran los únicos "argumentos".

Descartes vivía a comienzos del siglo XVII; en el siglo siguiente estallaría la revolución y, por eso, se puede decir que él surge de un mundo que va a desaparecer para entrar en un mundo nuevo que va a nacer. Esta posición hace que Descartes sea un conciliador; quiere crear una ciencia materialista y, al mismo tiempo, es idealista porque quiere salvar la religión.