Materialismo
dialéctico y ciencia
Teoría
del caos, Relatividad y Mecánica Cuántica?
David
Rodrigo García Colin Carrillo
Introducción
A. Materialismo dialéctico: el método del marxismo.
B. El contexto del surgimiento del método marxista.
C. Engels y el método del marxismo.
¿Qué hay detrás del intento de separación entre el método del marxismo y el marxismo?
I. Movimiento, materia y teoría del conocimiento
A. Movimiento único absoluto en la naturaleza.
B. Consideraciones sobre el concepto de materia y teoría del conocimiento.
II. La teoría de la relatividad y el materialismo dialéctico
Introducción.
A. Teoría especial de la relatividad (unidad dialéctica materia y energía).
B. Teoría general de la relatividad (unidad dialéctica materia, espacio y tiempo).
C. Teoría de la relatividad. ¿Materialismo o idealismo?
III. Teoría del caos y materialismo dialéctico
Introducción.
A. Teoría del caos: susceptibilidad a las condiciones iniciales. Necesidad y accidente.
B. El caos que nace del orden: Atractores extraños.
C. El orden del caos: Fractalidad (atractores extraños).
D. El orden que nace del caos: Ventanas de orden.
E. La creatividad del caos: La objetividad progresiva del tiempo.
IV. Mecánica cuántica y dialéctica
Introducción.
A. MECÁNICA CUÁNTICA ESTÁNDAR
1. Los saltos cuánticos o saltos dialécticos en la mecánica cuántica.
2. El campo magnético y el espectro electromagnético: unidad y lucha de contrarios y negación de la negación.
3. Dualidad onda partícula o unidad de contrarios.
4. El ‘Principio de incertidumbre’.
B. FÍSICA CUÁNTICA RELATIVISTA
1. Unidad y lucha de contrarios, negación de la negación y saltos cualitativos.
2. Materia y antimateria, unidad de contrarios.
3. Las partículas elementales y el desarrollo del universo: unidad dialéctica de lo finito y lo infinito.
Conclusiones
A. Los saltos cualitativos.
B. Unidad y lucha de contrarios.
C. Negación de la negación.
INTRODUCCIÓN
El mundo, unidad de todo, no ha sido creado por ningún Dios, ni por ningún hombre, sino que ha sido, es y será un fuego eternamente vivo que se enciende y se apaga según leyes
Heráclito, 530-470 a.C.
El materialismo dialéctico es el fondo del marxismo porque es el método del marxismo. No es posible separar mecánicamente las tres partes integrantes del marxismo aceptando unas y rechazando otras como quien elige salchichas o tocino en un bufet. Si rechazamos el método del marxismo, convertimos a este en un formalismo vacío, rígido y sin vida. Sólo podemos entender cabalmente El Capital, por ejemplo, si comprendemos que, en virtud de sus leyes internas y contradicciones, este sistema socioeconómico no es eterno, que nació de un rompimiento de la continuidad (una revolución), y que está condenado a perecer, o de lo contrario las bases de la civilización estarán en peligro, por ser un freno para el avance del hombre y la ciencia (fuerzas productivas) que se han desarrollado en su seno. La economía política marxista es la aplicación del materialismo dialéctico en el terreno de la sociedad capitalista. A diferencia de Hegel, Marx no impone el método a la realidad, sino que abstrae este método, por medio de la investigación, del desarrollo histórico real, muestra que este método es un reflejo ideal de la forma en que se desarrolla el capital y lo vuelve a aplicar a la realidad histórica como una herramienta de análisis superior. "Mi método" —nos dice Marx— "no sólo difiere en su base del hegeliano, sino que además es todo lo contrario de este. Para Hegel, el movimiento del pensamiento, que él encarna con el nombre de idea, es el demiurgo de la realidad, que no es más que la forma fenoménica de la idea. Para mí, en cambio, el movimiento del pensamiento es la reflexión del movimiento real, transportado y traspuesto en el cerebro del hombre (...) Hegel desfigura a la dialéctica por medio del misticismo, es, sin embargo, el primero que expone su movimiento de conjunto. En él se encuentra cabeza abajo; basta con ponerla sobre sus pies para encontrarle su fisonomía en todo sentido racional"1.
Pero la dialéctica no es sólo un método para el estudio de la economía capitalista es, sobre todo, una concepción del mundo. Esta concepción del mundo es radicalmente diferente de las concepciones anteriores —aunque no tiene una posición nihilista de sus predecesoras, sino que es una negación dialéctica de ellas— porque no se separa metafísicamente de la realidad y de las ciencias específicas que estudian aspectos diversos de esa realidad, sino que constituye la generalización más amplia de sus resultados. Es la generalización que concibe a todos los aspectos de la realidad material y social —y sus reflejos ideales históricos— en constante movimiento, concebidas en su vida y no en su muerte, a través de sus contradicciones y de su conservación en el cambio. Al mismo tiempo, este método no pretende sustituir a las ciencias concretas, ni le dice al científico lo que debe hacer o decir (no pretende ser el policía de la ciencia); cada ciencia tiene sus métodos y leyes particulares determinadas por su campo de estudio, sólo dota al científico de un método más general que le permite concebir los hechos en su interconexión y sus recíprocas determinaciones. Al afirmar que se puede obtener un método a partir del desarrollo mismo de las ciencias y aplicarlo a ellas mismas, el marxismo es la negación del empirismo vulgar2, la escuela escolástica que se autodenomina filosofía de la ciencia y que en realidad es la negación del pensamiento abstracto y de la generalización teórica, condición de la ciencia y de la filosofía. Por supuesto el simple hecho de repetir como muñeco de ventrílocuo las ideas generales de la dialéctica (como la idea de la unidad y lucha de contrarios, etc.) a la manera de los manuales estalinistas no sirve para nada, es necesario estudiar la complejidad concreta de los fenómenos y explicar cómo el movimiento y las contradicciones se manifiestan en un fenómeno determinado, tal como lo hizo Marx en su estudio del capitalismo. Por ello la unidad con las ciencias positivas y su generalización teórica es una condición elemental del materialismo dialéctico.
Kant ya había afirmado que para el conocimiento científico no basta la percepción empírica, sino que ésta requiere de conceptos. Para Marx, estos conceptos no son productos de la razón pura sino productos de la historia; para liberarnos de la esclavitud de lo concreto, se requiere generalizar lo concreto con un criterio científico. Como decía el viejo Engels: "Los naturalistas" —el lector puede cambiar el término por positivista— "creen que se libran de la filosofía al hacer caso omiso de ella o injuriarla. Pero no pueden avanzar sin pensar, y para pensar necesitan determinaciones del pensamiento. Pero toman esas categorías, sin reflexionar, de la conciencia común de las así llamadas personas educadas, que se encuentra dominada por reliquias de filosofías hace tiempo caducas, o por la escasa porción de filosofía escuchada por obligación en la universidad (que no es sólo fragmentaria, sino además una mezcolanza de concepciones de personas pertenecientes a las más variadas escuelas, y por lo general las peores), o de lecturas acríticas y asistemáticas de escritos filosóficos de toda clase. Por lo tanto, no se encuentran menos cautivos de la filosofía, sino por desgracia, además, en la mayoría de los casos, de la peor filosofía, y quienes más insultan a la filosofía son esclavos, precisamente, de las peores reliquias vulgarizadas de las peores filosofías"3. "...Entonces, el desprecio empírico por la dialéctica recibe su castigo cuando algunos empiristas más formales se ven llevados a la más estéril de todas las supersticiones, al espiritualismo moderno"4.
Cuando tratamos de estudiar un fenómeno, no lo estudiamos por primera vez; en virtud de la influencia social, somos herederos de las ideas, métodos y conocimientos de nuestros antecesores, con los cuales enfocamos el fenómeno en cuestión, métodos que, en muchos casos, han sido rebasados por los resultados mismos de la ciencia. De lo que se trata es de ser concientes de si esos métodos contienen ideas que en lugar de ser una palanca del conocimiento constituyen un freno, de saber si esas ideas se imponen a la realidad o nos ayudan a profundizar en ella. A diferencia de lo que creen los irracionalistas, sí existe un criterio para saber si las ideas son correctas o incorrectas. Ese criterio es la práctica social, en la que el hombre interviene activamente, transformando la naturaleza y a sí mismo y contrastando sus ideas con su actividad práctica (todo criterio separado de la práctica es escolástico); en el materialismo dialéctico se trata de enriquecer nuestros métodos teóricos con el manantial de la experiencia histórica ampliada progresivamente por el desarrollo de las fuerzas productivas, teniendo la certeza de que, con los medios de que disponemos, nuestro método nos permite avanzar de la mejor manera en el proceso infinito de aproximaciones sucesivas del conocimiento humano. El método debe concebir a la realidad tal cual es: una realidad cuyo único absoluto es el movimiento complejo a través de contradicciones; esa es la esencia de la dialéctica materialista.
b) El contexto del surgimiento del método marxista
El marxismo como todas las expresiones ideológicas es, en última instancia, producto del desarrollo de las fuerzas productivas y expresión de la lucha de clases. En la época del nacimiento del marxismo, la visión mecanicista de la naturaleza empezaba a ser superada por el desarrollo de la ciencia, que mostraba ya su relación recíproca rebasando el método puramente analítico, que concibe los procesos de manera aislada como mariposas pegadas en la pared de un coleccionista. Parecía que se regresaba a la visión dialéctica de la filosofía griega, sólo que a un nivel cualitativamente superior en virtud de la cantidad de datos concretos verificados científicamente (la teoría del caos y la reacción cada vez mayor de la comunidad científica en contra de la sectarización y reductivismo del conocimiento es, como veremos en su momento, un reconocimiento tardío de este planteamiento).
Como Engels menciona en varios de sus escritos (Anti-Dühring, El fin de la filosofía clásica alemana, y Dialéctica de la naturaleza). A principios del siglo XIX, en el terreno de la geología, Lyell rompió con la visión estática de la superficie terrestre, abriendo, al mismo tiempo, las premisas de la adaptación y evolución de las especies. En Física, Joule determina el equivalente del calor en fuerza mecánica, mostrando la vinculación de las fuerzas físicas, su transformación mutua; su mediación universal como diría Hegel. Ahora las fuerzas físicas ya no estaban separadas por una muralla china, sino que en determinadas circunstancias, la fuerza mecánica se transforma en calor, el calor en luz, la luz en electricidad, la electricidad en magnetismo, etc. En Biología el descubrimiento de la "unidad básica de los organismos": la célula, significó el rompimiento de las especies supuestamente fijas creadas por separado y sin más relación que la armonía preestablecida. Darwin propuso una valiente teoría que rompía con la historia del Génesis y situaba a las especies en un proceso de transformación en relación dialéctica con el ambiente. Por otro lado en el terreno social en 1831, ocurrió en Lyón la primera sublevación obrera, Europa entera se encontraba al borde de una proceso revolucionario que estalló en 1848; el desarrollo de la industria había puesto de relieve la relación del avance tecnológico con las transformación de las relaciones sociales y todas las contradicciones estudiadas por Marx en El Capital.
Es dentro de este marco histórico como el marxismo se nos aparece: no como el producto fortuito de un genio, aunque por supuesto esta teoría solo podía surgir, en la forma magistral en que se nos legó, de la mente de un genio —ese recurso tan recurrido por los románticos ante su incapacidad de explicar el proceso histórico— , no como una teoría que bien podía haber aparecido en tiempos de Nabucodonosor, si en esos tiempos los hombres hubieran sido tan inteligentes, sino como una teoría hija de su tiempo: que es revolucionaria por su propia esencia, que no solamente trata de comprender al mundo por una necesidad puramente teórica o escolástica, sino fundamentalmente comprenderlo para transformarlo.
"La naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica" decía Engels. Es intención de este texto mostrar cómo los últimos descubrimientos y teorías científicas demuestran el hecho de que la naturaleza se desarrolla en última instancia de manera dialéctica —confirmando la afirmación de Engels—, y la importancia para la ciencia y el mundo contemporáneo de esta forma de enfocar los procesos. Las nuevas ideas como la teoría del caos parecen señalar que estamos al borde de una verdadera revolución científica. Como diría Tomas Khunn, parece que el período de ciencia normal está al borde de una nueva era que abrirá nuevos paradigmas y someterá a los antiguos, sobre todo al viejo método metafísico de pensar (el cacareado positivismo), a una negación dialéctica. La teoría de Einstein de la relatividad, la física cuántica, la nueva versión de la teoría de la evolución de Darwin, desarrollada por el recientemente desaparecido Jay Gould, conocida como equilibrio puntuado, la teoría del caos y la complejidad desarrollada por Benoit Mandelbrot, Lorenz, y otros; los recientes descubrimientos sobre el genoma humano, entre muchos otros, son muy llamativos por su similitud con la filosofía dialéctica. También llama la atención el que, a excepción de Jay Gould, quien reconoció abiertamente la similitud de su teoría con el materialismo dialéctico, todos estos descubrimientos y teorías, que apoyan conclusiones dialécticas, se hayan desarrollado al margen de la filosofía dialéctica. Lo cual, en nuestra opinión, es una muestra de que la concepción dialéctica es algo más que una mera especulación y de que la dialéctica objetiva (la dialéctica de la naturaleza y la sociedad) es la mejor prueba de su expresión teórica desarrollada (dialéctica subjetiva), sistematizada por primera vez por Hegel y aplicada científicamente por Marx.
c) Engels y el método del marxismo.
¿Qué hay detrás del intento de separación entre el método del
marxismo y el marxismo?
Por último, es importante señalar que el que nos basemos en las obras de Engels para un trabajo sobre marxismo y ciencia no requiere mayor justificación. Las afirmaciones de algunos académicos en el sentido de que el "materialismo dialéctico" es obra de Engels y no de Marx y que, por lo tanto, el Materialismo dialéctico no es una parte integrante del marxismo, no tienen ni pies ni cabeza y no resisten una crítica seria5. Marx tuvo la intención de escribir una obra especial sobre el tema pero sus actividades como revolucionario y el trabajo agotador de su obra cumbre lo impidieron6; fue a Engels, sobre todo en su obra inconclusa Dialéctica de la naturaleza, a quien correspondió esta tarea que no pudo, lamentablemente, concluir. Entre estos dos grandes revolucionarios hubo una especie de "división del trabajo" dentro de una labor conjunta, a saber, la preparación teórica de un método de análisis para transformar el mundo. Muchas de las obras clásicas del marxismo fueron elaboradas en conjunto por Marx y Engels; es el caso de obras tan tempranas como La sagrada familia y La ideología alemana. Uno de los textos más trascendentales de la historia El Manifiesto Comunista se basó en un borrador de Engels; incluso los tres tomos de El Capital, la obra cumbre del marxismo, pueden ser considerados como obra conjunta. Es sabido que Marx consultaba a Engels en todos los problemas teóricos, que sometió a su crítica todos los capítulos del primer tomo y que los dos tomos siguientes no son sólo la recopilación de los borradores de Marx, sino la reconstrucción, en base a los borradores, de esta parte imprescindible de El Capital hecha por Engels. Pero no sólo eso, las bases del materialismo dialéctico y su aplicación se encuentran en toda la obra de Marx, en sus trabajos filosóficos, históricos y económicos se encuentra su visión del mundo. Si Marx no escribió una Lógica con mayúsculas sí escribió El Capital. Todas las categorías de la dialéctica se encuentran en esta obra; de hecho la obra es imposible de concebir sin método dialéctico. Una de las obras principales de Engels en que se expone el materialismo dialéctico en relación con la ciencia (Anti-Dühring) no sólo la conoció Marx sino, que además escribió uno de sus capítulos; El fin de la filosofía clásica alemana no es más que la esencia resumida del Anti-Dühring. Marx, como sabemos por su correspondencia, conoció y aprobó el plan de la obra Dialéctica de la naturaleza7; por lo tanto la pregunta correcta no es "en dónde Marx expone su método dialéctico", sino "en dónde Marx no expone su método dialéctico".
Quizá algunos preferirían una obra en que se les proporcionara como papilla una teoría dialéctica acabada y lista para sacarse del bolsillo en los momentos adecuados, al estilo de los manuales estalinistas; pero Marx partía de la premisa de que escribió para seres que además de leer, saben pensar y que su método era para analizar el mundo, no un recetario de verdades eternas. El marxismo pasó a la historia bajo el nombre de Marx porque el mismo Engels, en el marco de la vida y obra maravillosa de estos dos grandes amigos y en su lucha por crear una organización internacional de los trabajadores —base de su profunda amistad y trabajo conjunto— rebajó conscientemente su papel y afirmó que en la teoría marxista a él le correspondió "tocar el segundo violín".
Si Marx conoció y participó en una obra en donde se expone claramente la visión dialéctica del mundo, Anti-Dühring, sin hacer mayor aclaración o comentario, sólo significa que no había diferencias en este punto entre Engels y Marx. Tanto Marx como Engels siempre fueron inflexibles en las cuestiones de principio; toda su obra es una constante, concienzuda e implacable polémica con ideas que consideraban reaccionarias (en el terreno filosófico, económico, político y social); sólo basta conocer aunque sea superficialmente la vida y la obra de Marx para estar seguro que, de haber habido cualquier diferencia en este punto, se habría dado una dura polémica. Para estos dos revolucionarios, las cuestiones políticas y de principio estaban por encima de cualquier consideración individual, inclusive su amistad (al mismo tiempo, esta postura es la base de su amistad).
Es claro que cada cual es libre de aceptar o rechazar el método de Marx. La inmensa mayoría de las obras de los clásicos del marxismo (Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo) son obras polémicas que están a años luz del dogmatismo estalinista (dogmatismo que es correctamente condenable, pero que es incorrectamente identificado con el marxismo); para el marxismo la crítica de la teoría y su corrección, su no dogmatismo —por un lado frente al desarrollo de las ciencias y por otro frente al movimiento social— tiene un interés no sólo académico, sino práctico. Pero estamos convencidos de que una crítica seria de dicho método, no puede tener como premisas la tergiversación y la ignorancia. No somos tan ingenuos como para no percatarnos de que el intento de separar la dialéctica de la obra de Marx, no es un hecho fortuito ni de interés puramente académico o escolástico, es sólo el frente ideológico de la campaña sin precedentes, basada en tergiversaciones, contra el marxismo después de la caída del estalinismo; caída que, por cierto, fue prevista y explicada desde la óptica marxista, con más de cincuenta años de adelanto, por León Trotsky. El trasfondo de este intento es hacerle creer a las clases oprimidas que el sistema capitalista es eterno y que no vale la pena luchar por derribarlo. Más que la ignorancia (que juega un papel importante), es el intento consciente, según la inigualable frase de Trotsky, "de cortarle las barbas a Marx", es decir, en convertir la teoría de Marx y Engels en algo inofensivo, muerto, sin vida; en suprimir la esencia revolucionaria de Marx al suprimir el movimiento y el cambio revolucionario que son su conclusión teórica y práctica; se trata, en fin, de hacer de Marx un "Marx analítico", es decir, un vulgar positivista sin conexión con las masas y con la práctica revolucionaria8.
Es evidente que todos aquellos que basan sus privilegios en la renta, el interés y el beneficio, no pueden reconciliarse con una teoría que explica que el sistema social del que obtienen sus privilegios debe ser reemplazado por el control democrático de las fuerzas productivas por los trabajadores, si es que la humanidad no se ha de hundir en la barbarie. Son conscientes, y en ello tienen razón, de que el marxismo es un arma revolucionaria que, en un período de inestabilidad, de revoluciones y contrarrevoluciones como el actual, puede volver a ejercer una influencia de masas; no es sorprendente, pues, que le teman como a la peste y lo traten de sepultar bajo una "montaña de perros muertos" arrojados por sus acribas y sus políticos. Estamos convencidos de que la marea de la lucha de clases vuelve a soplar a favor de la teoría marxista —viento fresco que ya empieza a derribar la mitad de la "montaña"— como lo atestiguan los procesos abiertamente revolucionarios en América Latina y huelgas generales, sin precedentes desde los últimos veinte años, en Europa, incluso en países que eran supuestos modelos de estabilidad capitalista (Bélgica, Grecia, Italia, Francia, España, ...). Procesos que son indicadores de que los trabajadores intentarán una y otra vez "tomar el cielo por asalto"; la reciente reedición por editoriales comerciales de literatura marxista es un ejemplo menor; y finalmente, pero no menos importante, el hecho de que el margen de maniobra de todos los matices de reformismo de izquierda y de derecha, esté cada vez más reducido —por no hablar del keynesianismo, que como receta para combatir la crisis es ya, en general, un cartucho quemado—.
I. MOVIMIENTO, MATERIA Y TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
a) Movimiento único absoluto en la naturaleza
Todo fluye, nada permanece.
Heráclito
La actividad es una propiedad esencial de la materia, pues ésta es el sujeto de todas las modificaciones, llamadas movimientos espaciales, cambios, diferencias y diversidades, y lo es principalmente puesto que el reposo absoluto, con el que se construía el concepto de inactividad o inercia de la materia, ha sido destruido totalmente y desenmascarado como una vacua invención.
Juan Toland,
1670-1722
"El movimiento en su sentido más general, concebido como modo de existencia, atributo inherente a la materia, abarca todos los cambios y procesos que se producen en el universo, desde el simple cambio de lugar hasta el pensamiento"9. Este es el punto de partida del materialismo dialéctico, el movimiento como único absoluto. Según los datos de la ciencia, la característica fundamental de la materia es el movimiento. Desde las partículas más pequeñas conocidas, los neutrinos, hasta las más grandes estructuras conocidas por el hombre, los supercúmulos de galaxias, se encuentran en un proceso de transformación constante. En el interior del núcleo atómico, según la llamada fuerza de intercambio de la física cuántica, los protones se convierten en neutrones y los neutrones en protones viajando a una velocidad de 1.500 metros por segundo; alrededor del núcleo, los electrones no sólo describen un movimiento orbital sino que además giran sobre su propio eje (espín del electrón), movimiento que sólo se puede detener destruyendo el electrón.
Las moléculas se
encuentran en un equilibrio dinámico que aumenta o disminuye con el calor, en
este caso, incluso en el cero absoluto de la escala Kelvin (-273° C), en donde
se supone que la energía de las moléculas se reduce a cero, todavía queda algo
de energía que no puede desaparecer10.
Las estrellas nacen para consumir el hidrógeno, romper su equilibrio pulsante y explotar liberando la energía en forma de supernovas o colapsar en agujeros negros creando, como decía Carl Sagan, "polvo de estrellas": material para estrellas y galaxias nuevas. En la superficie terrestre la tierra se mueve bajo nuestros pies, las placas tectónicas se comprimen y cambian de lugar; ríos y mares se convierten, en un lapso de millones de años, en desiertos, incluso, hace millones del años el polo norte se encontraba en el actual polo sur. La vida, por su parte, no es más que la asimilación, transformación y desecho de sustancias para mantener en equilibrio dinámico al organismo, es decir, para mantenerlo vivo.
En realidad la materia y el movimiento son relativos y no pueden ser separados metafísicamente; de hecho materia y movimiento son dos expresiones de un mismo fenómeno, como señala la teoría de la relatividad, son equivalentes. La famosa fórmula E=mc2 expresa toda la energía concentrada en el universo que se manifiesta en el brillo del sol, en la desintegración radioactiva y en la vida misma. Con el conocimiento actual, no se requieren nociones sobrenaturales, ni primer impulso, ni fuerzas misteriosas inmateriales, ni la mano de Dios para explicar el movimiento. La fuerza sobrenatural, que supuestamente impulsaba a la pecadora materia resultó ser, a fin de cuentas, la misma materia. Engels decía: "El movimiento es el modo de existencia de la materia. Jamás y en ningún lugar ha habido materia sin movimiento, ni puede haberla (...) La materia sin movimiento es tan impensable como el movimiento sin materia"11. La teoría de la relatividad, al determinar la equivalencia de materia y energía, ha puesto una sólida base para esta tesis central del materialismo de Marx y Engels.
Las ciencias estudian los diferentes tipos de movimientos de la materia, desde el cambio de lugar (estudiado por la mecánica), hasta el pensamiento (estudiados por la medicina, psiquiatría y la psicología) y desde el pensamiento hasta la cosmología. Los procesos mecánicos, físicos, químicos, biológicos y sociales son diferentes tipos de movimientos estudiados por las principales ramas de la ciencia. Cada forma menos compleja de movimiento se convierte, en condiciones propicias, en una superior por medio de un salto dialéctico —así como la fricción mecánica se transforma en calor y el calor en electricidad y como la materia inorgánica se convierte en materia orgánica— . Un movimiento complejo contiene uno inferior como elemento subordinado —sin reducirse a él— así como las leyes sociales no anulan las leyes genéticas en el hombre y, al mismo tiempo, es estúpido y reaccionario explicar los fenómenos sociales como consecuencia de la genética. Por esta interacción y transformación dialéctica de los diferentes tipos de movimiento es posible tener una concepción general de los procesos que se dan en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento sin reducirlos unos a otros y atendiendo a sus leyes específicas estudiadas por las ciencias particulares. La misma teoría del caos pretende tener una aplicación en una amplia gama de fenómenos y por ende, consistir en una interpretación del mundo (muy cercana como veremos al materialismo dialéctico).
Lo común en los diferentes campos de la ciencia es que todos ellos son casos específicos de movimiento y que, como veremos, se dan a través de la tensión dinámica entre fuerzas opuestas; que sus puntos de transición, en donde se convierten en otro tipo de fenómeno, resulta de la acumulación cuantitativa de algunos de sus aspectos y que, finalmente, el tipo precedente de movimiento es "negado" por el nuevo al mismo tiempo que se conserva subordinado a leyes diferentes.
b) Consideraciones sobre el concepto de materia y teoría del
conocimiento
La crítica absoluta ha aprehendido de
C. Marx
y F. Engels, La sagrada familia
Es poco probable que pueda considerarse acertado un razonamiento como éste: yo soy una cosa que piensa, luego soy pensamiento. O este otro: soy una cosa que entiende, luego soy entendimiento. Pues de la misma forma podría decir: soy una cosa que pasea, luego soy paseo. Por tanto, Descartes identifica (...) la cosa que entiende con la razón, que es la facultad de entender".
Tomás Hobbes, 1588-1679
"Llamamos materialista a nuestra dialéctica", nos dice Trotsky, "porque sus raíces no están en el cielo ni en las profundidades del libre albedrío, sino en la realidad objetiva, en la naturaleza. Lo consciente surgió de lo inconsciente, la psicología de la fisiología, el mundo orgánico del inorgánico, el sistema solar de la nebulosa. En todos los jalones de esta escala de desarrollo, los cambios cuantitativos se transformaron en cualitativos. Nuestro pensamiento, incluso el pensamiento dialéctico, es solamente una de las formas de expresión de la materia cambiante. En este sistema no hay lugar ni para dios ni para el diablo, ni para el alma inmortal ni para leyes y normas morales eternas (..) posee en consecuencia un carácter profundamente materialista"12.
En la filosofía marxista, materia no se reduce, como en los antiguos materialistas griegos, a alguna de las expresiones de la materia (aire, agua fuego, tierra, etc) o, como en los materialistas ilustrados, a una de las formas de movimiento de la materia (mecánica), sino que es una abstracción que expresa todo lo que existe independientemente de la subjetividad humana, se refiere pues a la naturaleza en sus infinitas expresiones: desde los neutrinos a los supercúmulos de galaxias y, aun, a las infinitas cualidades que no conocemos y sus infinitas formas de movimiento (Lenin). Es una abstracción, por tanto, que prescinde de las cualidades específicas de los objetos concretos y se refiere únicamente a su existencia fuera de la conciencia humana como una realidad objetiva. Es un concepto abierto porque no abarca nunca la totalidad de su objeto, por ser inabarcable, pero es absoluto porque expresa, al mismo tiempo, la infinitud del universo y el hecho de su existencia al margen de los procesos subjetivos13.
A diferencia de los prejuicios poskantianos, el marxismo, junto con el pensamiento de Hegel, considera que no existe una muralla china entre el fenómeno y la cosa en sí o entre la percepción y el objeto percibido. Como decía Hegel: "la ley no se encuentra fuera o más allá del fenómeno, sino que le es directamente inmanente; el reino de las leyes es la tranquila imagen del mundo existente o fenoménico. O mejor dicho, el fenómeno y la ley forman una totalidad y el mundo quien, por sí mismo, constituye el reino de las leyes"14; conocemos la cosa en sí cuando la convertimos en cosa para nosotros o según Marx cuando además de contemplar la naturaleza, la transformamos. La transformación de la naturaleza es lo que nos convirtió en humanos; el hombre mismo es parte del mundo objetivo, de él surgió y en tanto ser social objetivo, es capaz de transformarlo.
La discusión sobre la existencia de la realidad material independientemente de la subjetividad humana ocupó un lugar especial en la polémica que tanto Marx como Engels (y posteriormente Lenin y Trotsky) sostuvieron con otras tendencias políticas y filosóficas alrededor del movimiento obrero y con las tendencias que se consideraban de izquierdas (tan sólo hay que recordar La sagrada familia, La ideología alemana y Miseria de la filosofía). Esto no es casualidad; la postura filosófica sobre esta cuestión determina la manera en que se aborda y se interviene en la realidad objetiva en sus infinitos niveles. Si consideramos, por ejemplo, que las leyes del capitalismo son sólo proyecciones de la subjetividad o, peor aún, que no existen tales leyes, no buscaremos la solución a los dilemas contemporáneos estudiando la dinámica del capitalismo para poder intervenir en ella, en tanto fuerza social objetiva para transformarla; al contrario, en tanto fenómeno en función de la categorías, buscaremos la solución dentro de la subjetividad misma, o en la intersubjetividad pura, en la introspección, en el arte per se, Dios, etc; nuestra no intervención sería una forma de intervención que alargaría la putrefacción de la sociedad capitalista con consecuencias desastrosas para la humanidad y la cultura. Es un hecho que la burguesía por una infinidad de medios (desde la destrucción del contrato colectivo y la promoción del contrato individual —conocida con el chillón eufemismo de "nueva cultura laboral"— hasta la literatura basura sobre superación personal), promueve en los trabajadores el individualismo, la introspección y el misticismo15. En esto, los miembros más inteligentes de la clase dominante tienen claro, como lo tienen claro los marxistas, que la fuerza de los trabajadores está en su acción colectiva. Si un médico no considerara el organismo de su paciente como algo material y regido por sus propias leyes, sería incapaz de entender el origen de la enfermedad y probablemente su no comprensión provocaría la muerte del paciente. De la misma manera, la difusión de dichos prejuicios en el movimiento obrero sería su declaración de muerte. Los dos fundadores del marxismo consideraban que cualquier error teórico, sobre todo en esta cuestión cardinal, se pagaba tarde o temprano en la práctica.
Por supuesto, el materialismo de Marx no era una petición de principio o una cuestión dogmática. El criterio que nos permite salir del solipsismo* típico de las filosofías subjetivistas es la práctica social. El conocimiento no es un proceso pasivo (encerrado en las universidades), sino la unidad dialéctica entre percepción, pensamiento y práctica. En este sentido discutiendo con el agnosticismo kantiano, Engels comentó: "Ni en un sólo caso, según la experiencia que poseemos hasta hoy, nos hemos visto obligados a llegar a la conclusión de que las percepciones sensoriales, científicamente controladas, originan en nuestro cerebro ideas del mundo exterior que difieran por su naturaleza de la realidad o de que entre el mundo exterior y las percepciones que nuestros sentidos nos transmiten de él, media una incompatibilidad innata. Pero al llegar aquí, se presenta el agnóstico neokantiano y nos dice: sí, podremos tal vez percibir exactamente las propiedades de una cosa, pero nunca aprender la cosa en sí por medio de ningún proceso sensorial o discursivo. Esta cosa en sí cae más allá de nuestras posibilidades de conocimiento. A esto, ya hace mucho que contestó Hegel: desde el momento en que conocemos todas las propiedades de una cosa, conocemos también la cosa misma; sólo queda en pie el hecho de que esta cosa existe fuera de nosotros, y en cuanto nuestros sentidos nos suministran este hecho, hemos aprehendido hasta el último residuo de la cosa en si, la famosa e incognoscible Ding an sich de Kant. Hoy sólo podemos añadir a eso que, en tiempos de Kant, el conocimiento que se tenía de las cosas naturales era lo bastante fragmentario como para poder sospechar detrás de cada una de ellas una misteriosa cosa en sí. Pero, de entonces a ahora, estas cosas inaprensibles han sido aprehendidas, analizadas y, más aún, reproducidas una tras otra por los gigantescos progresos de la ciencia"16.
Sin esta comprobación práctica, comprendiéndose aquí a la práctica como práctica social, puesto que el hombre sólo puede constituirse como tal, incluso constituirse como individuo aparentemente aislado (enajenado), y sobrevivir en tanto ser social; los juicios del razonamiento pueden elaborar una serie de deducciones lógicas, como la existencia de Dios, la independencia mística del pensamiento de la materia que piensa (el cerebro), incluso la incuestionabilidad del Estado como rector moral (Descartes, Hegel), que aunque parezcan claras y distintas a la razón humana, no son correctas. En todo caso, la razón humana no es infalible y necesita comprobar sus deducciones fuera de sí misma. Como se ve, el pensamiento que funda su veracidad únicamente en la racionalidad (o irracionalidad) humana, no sale de sus propios límites y sigue siendo puramente subjetivo. Marx critica a los filósofos o a "estos metafísicos que con sus abstracciones creen que están haciendo análisis, y a medida que van alejándose de los objetos creen estar aproximándose a ellos más"17.
De acuerdo con Marx y Engels, es posible salir del pantano solipsista del cual no han querido salir las modernas filosofías de moda; los siguientes dos ejemplos tal vez aclaren este punto: Cuando, gracias a los adelantos técnicos, el hombre percibió por primera vez una proteína, la percibió como fenómeno. De acuerdo con el escepticismo era imposible saber si la representación percibida correspondía a la cosa material que la producía, ni siquiera si existía tal cosa. Pero el hecho es que, de acuerdo a dicha representación y a la teoría química-biológica, se han reproducido proteínas en condiciones de laboratorio. Este simple hecho prueba más que mil argumentos escépticos, pues, estoy reproduciendo la cosa que produce la impresión subjetiva y probando que las hipótesis sobre su constitución corresponden al objeto que, para los escépticos, se suponía inaccesible. En tanto reproduzco la cosa en sí pruebo que esta existe independientemente de mi percepción. Y que entre el fenómeno (nuestra percepción del objeto) y el objeto percibido, no hay un abismo infranqueable. Que la objetividad del pensamiento se demuestra en la práctica. "Es en la práctica", nos dice Marx, "donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico"18.
Cuando un sujeto, por ejemplo, decide arrojarse del último piso de un alto edificio matándose en el acto, un kantiano, si es consecuente, tendría que decir que las categorías a priori al organizar dicho fenómeno habrían matado de hecho al desafortunado sujeto. Lo que habría matado al suicida, según esto, no sería el suelo que en tanto cosa en sí se le habría estrellado en la cabeza, —puesto que aceptar este hecho es por lo menos aceptar que la cosa en sí tiene la propiedad de la dureza— sino las categorías que, al organizar los datos de la sensibilidad, así lo habrían legislado. Resultaría que las categorías nos podrían matar. Sólo basta plantear ejemplos de la práctica real de los hombres para darse cuenta de los absurdos a los que nos lleva el escepticismo positivista.
¿No tendríamos que decir, en contra de la opinión kantiana, que en realidad fue la cosa en sí (el objeto como tal y la velocidad del sujeto independiente de nuestros conceptos) la que mató al suicida?
Si aceptamos esto, ¿no implicamos que podemos interactuar con la cosa en sí, mostrando que no es inaccesible, y en virtud de dicha interacción, probar las representaciones que tenemos acerca de ella?
¿No probamos que el cuerpo humano, al interactuar con la cosa en sí demuestra que también es objetivo (cosa en sí)?
¿No es verdad que el suicida comprobó con su cabeza, al romperse con el suelo, que las leyes científicas, cuando son correctas, reflejan cualidades reales del objeto? (aunque por supuesto nunca alcanzamos a acceder al objeto en su totalidad pues éste es inagotable en sus determinaciones). Experimento que, por cierto, puede realizar el propio kantiano (lo cual no le recomendamos).
Con ello ¿no probaríamos que es la práctica individual y social la que en última instancia constituye el nexo entre nuestro conocimiento y la cosa en sí?
La experimentación y la práctica objetiva, sin embargo, son sólo un elemento vital de una totalidad orgánica que incluye la observación empírica, el razonamiento humano, la generalización teórica y la inducción-deducción práctica. Esta totalidad orgánica es lo que llamamos método dialéctico del conocimiento (esta interacción es lo que lo diferencia del empirismo estrecho y el racionalismo idealista respectivamente y no digamos ya el irracionalismo posmoderno que ha renunciado a toda posibilidad de conocimiento racional). La investigación objetiva parte de la observación empírica bajo condiciones naturales, abstrae a partir de estas observaciones hipótesis de explicación que están formuladas a partir de las teorías, correctas o incorrectas, construidas por generaciones pasadas en su praxis social, somete a una prueba práctica dichas hipótesis reproduciendo artificialmente el fenómeno estudiado, o en su caso (como en las ciencias sociales) contrastando las perspectivas con el desarrollo efectivo, de acuerdo a la hipótesis planteada. El fracaso o el éxito de la práctica o predicción, permite, en el primer caso, descubrir que nuestra hipótesis era precipitada, basada en observaciones incorrectas, debido a la transposición de teorías que no son aplicables a todas las condiciones concretas, etc; en este caso el error aumenta el conocimiento, lo delimita; en el segundo caso el éxito permite afirmar que, dentro de ciertos límites, nuestra hipótesis es correcta, permite ampliar las teoría precedentes; es decir, aumenta el cúmulo de nuestros conocimientos. En todo caso al final de la investigación, ya sea que la hipótesis resulte correcta o falsa, no volvemos al punto de partida sino que nos encontramos en uno nuevo. En las investigaciones próximas tendremos un marco teórico ampliado que permitirá hacer inducciones o deducciones para explicar un fenómeno dado19.
Este proceso de experimentación de científicos individuales, en el marco de ideas y herramientas sociales determinadas históricamente, va conformando la acumulación cuantitativa del conocimiento social (proceso cuantitativo llamado por Khunn, "períodos de ciencia normal"). En determinados puntos, en donde la praxis comienza a demostrar y acumular contradicciones entre sus resultados y la base teórica (paradigmas) desarrollada en el período anterior, se comienza a abrir un proceso de revolución científica, de transformación cualitativa que negará y conservará al mismo tiempo el período cuantitativo anterior que, a su vez, abrirá otro período de ciencia normal, en un proceso dialéctico, en espiral de conocimiento que nunca terminará mientras exista la humanidad20.
El hombre, por lo tanto, conoce las determinaciones de lo material transformado e interactuando con la objetividad, tanto social como natural. En este proceso las ideas condicionan relativamente la intervención y al mismo tiempo se transforman por ella; el hombre no es sólo un ser receptivo de la objetividad (como lo entendía en general Feuerbach y los materialistas anteriores a Marx) sino un ser receptivo activo y transformador de lo objetivo; es esta actividad la que nos saca del solipsismo, ya que dicha transformación no se da en el terreno inmaculado de las ideas puras o la subjetividad pura sino en su praxis objetiva y al mismo tiempo objetivadora (porque transforma lo objetivo).
Una objeción
bastante popular al materialismo marxista es la idea de que con el concepto de
materia se instituye, como nuevo objeto de fe, un nuevo Dios; se cree, en
efecto, que cuando Engels habla de materia esta
realizando un simple juego de manos, una sustitución de términos equivalentes,
producto de la contaminación del materialismo burgués, un mito pseudofilosófico. Así Dussel
argumenta que: "Engels (...) en su Dialéctica de
la naturaleza (...) la materia deviene una masa infinita, eterna, retornante
sin fin sobre sí misma, de donde emerge todo, donde se funden el hombre y la
historia. No hay así una concepción socio-histórica de la materia (véase 3.3),
sino una interpretación material de la historia. El panteísmo de
Esta objeción al materialismo, en esencia, no es nueva; ya hace más de 250 años el obispo Berkeley la usó como arma ideológica en defensa del feudalismo caduco y contra los ilustrados burgueses22.
El materialismo anterior a Marx, -el materialismo burgués y el de Ludwig Feuerbach23- del cual Marx partió para negar y superar dialécticamente a Hegel, coincide con el materialismo dialéctico en la convicción de la existencia de la realidad objetiva de la cual proceden, en última instancia, la vida y el pensamiento; pero hay diferencias cualitativas por las cuales no se pueden confundir. el materialismo de Marx no es un materialismo puramente receptivo-contemplativo sino transformador, dialéctico y no sólo naturalista, erudito, sino histórico; por ello, el ateísmo de Marx y Engels, su lucha contra el opio religioso, no se concibe como una lucha contra la ignorancia y estupidez del pueblo o como un acto de salvación individual de los dogmas modernos (Nietszche), sino una lucha contra el sometimiento del destino de los oprimidos a la anarquía capitalista de la cual el sentimiento religioso no es más que su reflejo impotente y, en cierto sentido, una forma de protesta contra un mundo inhumano. El hecho de que para Marx la materia sea objeto de transformación por la actividad humana no niega su materialismo, por el contrario, lo reafirma como un materialismo consecuente porque es en su actividad donde el hombre se percata de las leyes objetivas sociales y naturales.
Parece que contra lo que reacciona el profesor Dussel es contra el materialismo mecanicista antidialéctico, en ello estamos de acuerdo, pero Dussel "tira el agua sucia con el niño". En primer lugar las propiedades de la materia no dependen de la concepción históricamente determinada que se tenga al respecto (de "su concepción socio-histórica"). Lo que sí se desarrolla socio-históricamente es el concepto de materia; pero sólo un hegeliano confundiría la concepción socio-histórica del objeto material -desentrañado en un proceso infinito por la intersubjetividad humana (en su praxis objetiva y transformadora)- con la materia, la realidad objetiva, que tiene su desarrollo dialéctico, objetivo, independiente de su concepción subjetiva. En segundo lugar la materia no es un pseudónimo de Dios, porque materia se refiere a lo existente independientemente del pensamiento, que no está más allá de la naturaleza, ni por encima de ella (el concepto de Dios implica un ser determinante y creador más allá del mundo material); el llamar panteísmo a la materia, por otro lado, esta fuera de lugar: el materialismo dialéctico no convierte a la naturaleza en Dios; la naturaleza no es un ser con voluntad propia, su desarrollo radica en leyes ciegas que pueden ser utilizadas y manipuladas por el hombre (la libertad es el conocimiento de la necesidad para transformar la realidad).
La voluntad y la subjetividad surgen de la materia sólo en condiciones determinadas y excepcionales; atribuir voluntad a la materia es proyectar una cualidad humana a la naturaleza, esto no tiene nada que ver con el marxismo, sino con el pensamiento mágico y el animismo (la semilla y la prehistoria de la religión).
Para el religioso todo lo que está más allá del pensamiento del hombre, y de la naturaleza, no puede ser más que Dios o por el contrario sólo queda el escepticismo e irracionalismo decadente; para el materialista no hay nada más allá de la naturaleza. No cae en la falsa disyuntiva del idealista. Pensamiento y materia son las abstracciones más generales que abarcan a la realidad, materia es lo primario porque hasta ahora nunca se ha visto a un pensamiento sin cerebro. El pensamiento del hombre es, además reflejo dialéctico no sólo de la naturaleza sino de su ser social. Para el religioso Dios es el principio, idéntico a sí mismo y, sobre todo, por encima de la realidad; para el materialista, materia es el principio y fundamento, por eso Engels habla de la materia como lo absoluto (en el sentido de que no depende del pensamiento), pero es idéntico a la naturaleza en su infinito despliegue y desarrollo dialéctico.
Quien no capta la diferencia, no capta el problema fundamental de la historia de la filosofía, la diferencia cualitativa entre materialista e idealista expresado con infinitos matices a lo largo de la historia: entre Demócrito y Platón, entre Lucrecio y Cicerón, entre Averroes y Tomas de Aquino, entre Marx y Hegel, etc., etc.). Creer que la naturaleza existe independientemente de las ideas del hombre, que la mente humana no es más que el producto maravilloso de la materia altamente organizada y, en nuestros días, que el capitalismo tiene una dinámica objetiva, que sólo comprendiendo las leyes materiales se puede intervenir exitosamente en la realidad, eso, profesor Dussel, es ser materialista. No hay nada mejor para fundamentar el materialismo moderno (el materialismo de Marx) que la ciencia moderna y las revoluciones sociales.
Para concluir este
punto podemos agregar que desde que Engels escribió
Dialéctica de
II.
Introducción
Para la concepción del mundo marxista no hay que buscar la explicación de los fenómenos naturales y sociales fuera de la naturaleza y de las relaciones sociales objetivas. El mundo es concebido como una serie de procesos que se relacionan y se transforman recíprocamente. Una razón concluyente por la que no hay que buscar fuerzas externas que expliquen los fenómenos que se dan en la naturaleza radica en la equivalencia de materia y energía, expresada en la famosa fórmula de Einstein, E=mc2. La mecánica clásica, refutada filosóficamente ya hace bastante tiempo por Hegel, Marx y Engels, explica el movimiento de un sistema en función de una fuerza inercial externa; esto sugería la conclusión, al llevarse esta teoría más allá de sus límites, de que en la intervención divina o en la mano de Dios se encontraba la fuerza o el primer impulso que, como en un mecanismo de relojería, "daba cuerda" al universo; "Dios", nos dice Einstein con respecto a esta visión reductivista, "creó las leyes de movimiento de Newton, junto con las necesarias masas y fuerzas"25. Para Descartes, por ejemplo, la máquina humana era puesta en movimiento por su unidad divina con el alma y para Newton el primer impulso había puesto la fuerza tangencial necesaria para que los planetas siguieran sus órbitas alrededor del sol. En última instancia este punto de vista radica en la separación absoluta entre energía y materia. La materia por sí misma era vista como un ser pasivo y a la energía como el elemento activo exterior a la materia. Una de las ideas básicas del materialismo dialéctico es la relación intrínseca entre materia y energía, tiempo y espacio.
Como explica Einstein: "
a) Teoría especial de la relatividad (unidad dialéctica materia y
energía)
La materia lleva implícita la fuerza motriz que la anima y es causa directa de todas las leyes de movimiento.
Julián Offroy de
La teoría de la relatividad especial se basa en los siguientes supuestos comprobados experimentalmente:
"1) Constancia de la velocidad de la luz.
"2) Independencia de las leyes (y en especial, por tanto, también de la ley de la constancia de la velocidad de la luz) con respecto a la elección de un sistema inercial ‘principio de la relatividad especial)"27.
El descubrimiento de Maxwell de los procesos no simultáneos —que no existe simultaneidad entre procesos distantes, de la relatividad del tiempo en la teoría electromagnética— tiró por la borda la concepción de un tiempo y espacio absoluto (simultáneo en todas las partes del universo, independientemente del movimiento material y las relaciones espaciales) de la teoría newtoniana28. Hacía falta un nuevo criterio para medir el tiempo de acuerdo con las relaciones espaciales y de movimiento material; la base de este nuevo criterio la encontró Einstein en la velocidad de la luz, una constante universal que no cambia, independientemente del movimiento del sistema material emisor o receptor de luz; la velocidad de un cuerpo no acelera la velocidad de la luz que se mantiene siempre constante. Además la relación que establecieron Maxwell y Lorenz entre la materia y el campo gravitacional y magnético, implicaba una relación entre inercia (movimiento) y masa, es decir una relación entre materia y energía que anteriormente eran vistos como fenómenos independientes.
La mecánica clásica considera que la masa de un cuerpo es independiente de su velocidad, pero según la teoría especial de la relatividad, existe una relación entre masa y velocidad. De hecho, cuando un piloto viaja en un automóvil gana masa en una fracción infinitesimal; (aumenta una diez mil millonésima parte del 1%). En la vida diaria, los efectos de este fenómeno se pueden ignorar "si un objeto se mueve con una velocidad menor a 100 millas por segundo, la masa es constante dentro de una margen de una millonésima parte"29. Pero cuando estamos hablando de velocidades 100 veces superiores se da el salto cualitativo en donde los efectos de la relatividad son decisivos "un electrón gana masa cuando se mueve a 9/10 partes de la velocidad de la luz (...) la ganancia es 31/6 veces, exactamente la predicha por la teoría de Einstein. (...) Los electrones surgen de un poderoso acelerador de partículas 40.000 veces más pesados que al principio, la masa extra representa la energía del movimiento"30. De acuerdo con esto, si un cuerpo superase la velocidad de la luz la masa del cuerpo tendería al infinito. Además, la longitud de los cuerpos está en relación con su velocidad, a medida que la velocidad aumenta y se acerca a la velocidad de la luz la longitud de los cuerpos disminuye. Aquí, como podemos observar, las cualidades de la materia (masas y longitudes) están en función de la cantidad de movimiento en donde más allá de cierto punto se da el salto que transforma las cualidades del objeto; ésta es, precisamente, una relación dialéctica.
En palabras de Einstein, uno de los conceptos básicos de la teoría especial de la relatividad consiste en que "La masa inercial de un sistema aislado es idéntica a su energía, de manera que la masa, en tanto que concepto independiente queda eliminada"31. Ésta es la relación entre masa y energía que, expresada en la celebre formula E=mc2, "representa la enorme cantidad de energía encerrada en el átomo. Ésta es la fuente de toda la energía encerrada en el universo. La letra E representa la energía (en ergs), m representa la masa (en gramos) y c es la velocidad de la luz (en centímetros por segundo). El valor real de c2 es 900 millones de billones. Es decir, que la conversión de un gramo de energía encerrada en la materia produciría la asombrosa cantidad de 900 millones de billones ergs. Para dar un ejemplo concreto de lo que esto representa, la energía concentrada en un solo gramo de materia equivale a la producida al quemar 2.000 toneladas de gasolina"32.
La energía que explica en última instancia desde la desintegración radioactiva hasta el resplandor del sol se encontró, no fuera de la pecadora materia, sino dentro de la misma materia. Con la teoría de la relatividad no hay necesidad de buscar la energía de la naturaleza fuera de la naturaleza. Y no solo eso, en determinadas condiciones la materia se transforma en energía y la energía en materia. La transformación de la materia en energía, sin embargo, no significa la desaparición de la materia. La energía no es más que otra forma de existencia de la materia y lo que llamamos materia (o masa), no es más que energía congelada o en reposo relativo. Si bien se considera a los fotones como cuantos de energía pura carentes de masa, el que la luz se desvíe por la influencia gravitacional revela su carácter material. La energía no es algo independiente de la materia, la energía se transporta por cuantos o portadores, (el mismo término portador puede llevar a confusiones, puesto que sugiere la idea de que la materia porta algo externo a ella). Así, cuando una masa de plutonio o uranio libera su energía en forma de explosión atómica, la energía liberada no es más que los rayos gamma, los neutrones y otros elementos del átomo —otra forma de existencia de la materia— . En este proceso, que se da tanto en las entrañas del Sol, como en las bombas homicidas, el átomo desparece como átomo, pero la materia no desaparece, sólo cambia a una forma más dinámica de existencia.
El proceso inverso también se da. La energía se transforma en materia: "Los científicos descubrieron en un experimento, que los rayos gamma podían producir partículas atómicas, transformando la energía de la luz en materia. También se descubrió que la energía mínima para producir una partícula depende de su energía en reposo, tal y como había predicho Einstein. De hecho no se producía una, sino dos partículas: una partícula y su opuesto, la antipartícula. En el experimento de los rayos gamma tenemos un electrón y un antielectrón (positrón). Igualmente se produce el proceso contrario, cuando un electrón se encuentra con un positrón se aniquilan mutuamente produciendo rayos gamma"33. La energía y la materia no sólo están en unidad dialéctica, sino que cuando se da su mutua transformación, el resultado se da también en pares contrarios. Las investigaciones de Einstein pusieron las bases para la teoría cuántica, que explica que el movimiento de las "partículas elementales" es contradictorio: éstas se comportan al mismo tiempo como onda y como partícula, además, la teoría de Einstein posibilitó la comprensión de la transformación de la materia.
La vieja y unilateral ley de Lavoissier* fue superada y conservada al mismo tiempo. La conservación de la masa sólo expresa un lado de la ecuación que dejaba abiertas las puertas para que la energía viniera desde fuera de la materia (aunque ésta última fuera indestructible). En realidad, no sólo la materia es indestructible, sino que la energía se conserva y procede de sus entrañas. La ley más profunda y compleja es la "conservación de la masa y la energía" de tal manera que la suma de estos dos aspectos inseparables y en relación dialéctica, se mantiene siempre constante; no se puede crear ni destruir ni un solo gramo de materia-energía. La materia no fue creada por Dios y la fuente de todos los infinitos procesos que acaecen en el universo se expresa en la sencilla formula E=mc2. "El movimiento es por tanto", nos decía Engels hace casi 150 años, "tan increable y tan indestructible como la materia misma"34. Parece que la teoría de la relatividad le ha dado la razón a Engels.
b) Teoría general de la relatividad (unidad dialéctica, materia, espacio y tiempo)
La teoría especial de la relatividad no considera la fuerza de gravedad, porque sus marcos de aplicación están en el mundo subatómico donde la gravedad no es un factor decisivo. Sin embargo a medida que vamos considerando niveles relativamente más grandes que el mundo subatómico, se da el salto cualitativo en donde la gravedad (en el mundo de los cuerpos de "tamaño normal" y el espacio) es el fenómeno que ocupa el primer plano subordinando, como fenómeno secundario, a lo estudiado por la teoría especial de la relatividad; es en este último caso, cuando los efectos de la gravedad son decisivos, es en donde la leyes de Newton comienzan a aplicarse, pero ya como un caso especial de la teoría general de la relatividad.
Esta teoría, que trata con enormes fuerzas gravitatorias como las que se presentan en el espacio, pone en relación recíproca (dialéctica) al espacio, al tiempo y a la materia que en la antigua concepción se consideraban fenómenos independientes y absolutos. Se creía, en efecto, que el espacio era un vacío al estilo de las abstractas y rígidas figuras euclidianas, un vacío en donde la materia podía o no alojarse, conservándose físicamente indiferente de la materia o de su ausencia; el tiempo por su parte, era una especia de flujo independiente del movimiento de la materia, de acuerdo con esto podía existir tiempo sin materia. Estas ideas estaban en concordancia con la visión mecanicista de la naturaleza, cuyos fenómenos no eran más que el resultado de la suma de las partes existentes independientemente del todo, una especia de emplasto o superposición puramente cuantitativa de diferentes elementos. "Los profanos en matemáticas se sienten sobrecogidos de misterioso espanto al oír hablar de cosas cuatridimensionales, parecido al que sienten al pensar en fantasmas", nos dice Einstein. "Y sin embargo, no hay tesis más vulgar que aquella según la cual el mundo en que vivimos es un continuo espacio temporal de cuatro dimensiones"35. La teoría de Einstein ha venido a tirar por la borda esta rígida concepción; ahora, tiempo, espacio y movimiento son parte orgánica de la naturaleza en función del movimiento y las características de la materia —por ello la referencia a un universo cuatridimensional—.
"Según la teoría general de la relatividad, las propiedades geométricas del espacio no son independientes, sino que están determinadas por la materia". Nos dice el mismo Einstein: "De suerte que no podemos sacar conclusiones acerca de la estructura geométrica del universo, sino fundando nuestras consideraciones en el estado de la materia como algo que conocemos"36. La geometría del espacio está determinada por la materia que contiene; de hecho, bajo efectos gravitatorios enormes el espacio se curva (como en la periferia de un agujero negro). Las bellas figuras de Euclides, que tanto han entusiasmado a los idealistas, son prácticamente imposibles, porque la gravedad tiene influjo sobre la geometría del espacio y éste se curva. "Esta geometría cuatridimensional trata con superficies curvadas (el espacio-tiempo curvo). Aquí, los ángulos de un triangulo pueden no sumar 180 grados y las líneas paralelas pueden cruzarse o divergir"37. Aquí entramos en un campo donde las tranquilizadoras leyes de la lógica formal ya no se aplican.
El hecho de que el espacio se curve no significa en absoluto que "la nada se curve". La curvatura espacio-temporal manifiesta la indisoluble unidad de la materia, el espacio y el tiempo. No existe el espacio absolutamente vacío (tal como lo había intuido Descartes). El espacio aparentemente vacío esta repleto de plasma y de campos magnéticos, el vacío generado en laboratorio sólo es un vacío relativo, ya que aún quedarán varios millones de moléculas, cada segundo ese espacio es atravesado, entre otras micropartículas, por millones de neutrinos (estos elementos evanescentes son capaces de atravesar una barrera de plomo de un kilómetro de espesor). Esto no quiere decir que el espacio no exista, sino que expresa una relación entre un tipo de materia y otra con menor densidad. "La cuestión es que es imposible concebir espacio sin materia. Es una unidad inseparable. Lo que estamos considerando es una relación determinada del espacio con la materia. El uno no puede existir sin el otro. Un vacío total no es nada. Pero lo mismo es la materia sin fronteras. Por lo tanto, espacio y materia son opuestos que se presuponen, definen y limitan el uno al otro y que no pueden existir el uno sin el otro"38.
Además de poner en relación el espacio con la materia, la teoría de la relatividad pone en relación el tiempo con el tipo de movimiento del sistema material estudiado. "Todo cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo particular; la especificación de un tiempo sólo tiene sentido cuando se indica el cuerpo de referencia al cual hace relación dicha especificación. Antes de la teoría de la relatividad, la física supuso siempre, tácitamente, que el significado de los datos materiales era absoluto, es decir, independiente del estado de movimiento del cuerpo de referencia"39.
En primer lugar hay que señalar que el tiempo no se considera como una categoría a priori del sujeto, ni tampoco una constante absoluta independiente de la materia. Aquí el tiempo se hace depender del movimiento material, no hay tiempo sin materia y en tanto, como ya vimos, la materia es inconcebible sin el movimiento —además de que la materia tiene infinitas formas de movimiento— , se entiende que el tiempo y su noción cambiará en función del tipo de movimiento. "El concepto de tiempo variará según el marco de referencia. Un año en la tierra no es lo mismo que un año en Júpiter. Ni tampoco la idea de tiempo y espacio es la misma para un ser humano y para un mosquito, con una vida de unos pocos días, o para una partícula subatómica con una vida de una billonésima parte de un segundo (asumiendo, por supuesto, que estas entidades pudieran tener algún tipo de concepto). A lo que nos estamos refiriendo es a la manera que se percibe el tiempo en diferentes contextos, (...) los métodos normales de medición no se pueden aplicar a la vida de las partículas subatómicas como al tiempo geológico"40.
Los experimentos han demostrado, por ejemplo, que la vida de los mesones (partículas subatómicas cuya vida media es de 10–6 segundos que se mueven rápidamente) es decenas y hasta cientos de veces superior en un acelerador de partículas. El tiempo o la duración de los procesos aumenta conforme aumenta la velocidad del sistema. La duración de los procesos está también relacionado con la gravedad. Los relojes atómicos son más lentos situados donde la gravedad es mayor. "Un reloj atómico volando a 30.000 pies de altura gana tres mil millonésimas de segundo en una hora. Esto confirma la predicción de Einstein con un margen de error del uno por ciento"41. Todo movimiento es movimiento con respecto a otros cuerpos; es inconcebible el movimiento de algo sin referirlo a su relación espacial con otro objeto, estas relaciones son las que determinan las cualidades de la cosa. Tal como Hegel había explicado: "La cosa es en si misma, pero también es en sí misma porque es para otro, en tanto que esos otros objetos determinan a la cosa y la hacen ser lo que es; la diferenciación de los distintos aspectos de la cosa que se creía en sí, son momentos que hacen de la cosa lo que es. Así, la cosa es en sí misma, porque las propiedades le pertenecen, y no lo es porque la delimitación con lo otro la muestra diferente y por ello única".
El tiempo es, entonces, una expresión del movimiento, su noción implica el conocimiento y generalización de muchas formas de movimiento particulares reducidas a su expresión general, encarnada en un movimiento particular usado como patrón de medida. De la misma forma que el dinero es la expresión de valor de todas las mercancías particulares, y así como el valor en general surge de la relación entre las mercancías particulares, el tiempo es una expresión entre el movimiento relativo de los cuerpos cuya objetividad radica en que la interacción relativa entre estos, por medio de la velocidad de la luz, determina el tiempo (movimiento) específico. A diferencia de lo que creía Kant, el tiempo no es una cualidad subjetiva y absoluta, constituyente del fenómeno (tal como Kant entendía fenómeno), sino una característica objetiva del universo reflejada y medida por el cerebro del hombre.
c) Teoría de la relatividad. ¿Materialismo o idealismo?
Por estas
interrelaciones entre los objetos, los eventos que pueden ser simultáneos en un
marco de referencia (por ejemplo dos explosiones simultáneas en vagones
diferentes de un tren) no lo son con respecto a otro marco de referencia (por
ejemplo un receptor de luz que está fijo a las vías del tren). Esto no quiere
decir que en la teoría de la relatividad todo sea relativo. O que una cosa sea
tan buena como la otra y se pueda decir cualquier barbaridad. Los marcos de
referencia están determinados por los métodos de Lorentz42, que tienen entre
sus absolutos la velocidad de la luz y la energía en reposo. Muchos intérpretes
han sacado la conclusión de que la teoría de la relatividad afirma que el tiempo
y el espacio son fenómenos subjetivos (puesto que no hay tiempo ni espacio
absolutos) del hecho de que el tiempo y el espacio dependen del movimiento de
un sistema material; así en las explicaciones vulgares se nos dice que: "Einstein establece que tiempo y espacio no significan nada
fuera de lo que un observador percibe o mide: cada observador transporta su
propio espacio y su propio tiempo" (Enciclopedia Salvat).
De esta manera se nos quiere afirmar que la teoría de la relatividad postula
que el espacio y el tiempo no son fenómenos objetivos sino proyecciones del
sujeto.
Estas interpretaciones, que fueron rechazadas por el mismo Einstein en su madurez, se vieron reforzadas por la postura filosófica que Einstein mantuvo durante su juventud como admirador del físico y filósofo Ernest Mach (uno de los fundadores del neopositivismo), postura que permea en sus primeros escritos, donde explica popularmente su teoría. Según esta corriente, las sensaciones son la única realidad y las teorías sólo formas lógicas y económicas de organizar los datos de la experiencia, que nada tienen que ver con los objetos en sí (o al menos es imposible saberlo). Así en La relatividad: teoría especial y general, Einstein escribió: "Tenemos la costumbre de designar con la palabra verdadero la correspondencia con un objeto real; y la geometría no tiene nada que ver con la relación de la ideas con los objetos que conocemos por la experiencia; sino que se interesa únicamente por la coherencia de esas ideas entre sí"43.
En las posturas filosóficas del joven Einstein se apoyaron los intérpretes idealistas de su teoría. Hay que señalar que el mismo Einstein, junto con muchos otros científicos eminentes como Max Planck, Ludwig Boltzmann, Louis de Broglie, Erwin Schrödinger, entre otros, se opusieron a la interpretación idealista de la física (fundamentalmente a la corriente de Copenhague, encabezada por el físico alemán Werner Heisenberg), que increíblemente afirmaba que ¡las propiedades materiales solo aparecen en el acto mismo de la medición! "Es un hecho interesante", nos dice Karl Popper, que no era precisamente un marxista, "que el propio Einstein fue durante años un positivista y operacionalista dogmático. Más tarde rechazó esta interpretación: en 1950 me dijo que de todos los errores que había cometido, del que más se lamentaba era de ése. El error asumía una forma realmente seria en su popular libro, Relatividad; la teoría especial y general"44.
El mismo Einstein afirmó, con respecto a la posición positivista respecto a la realidad material, que "la aversión de estos investigadores hacia la teoría atómica", (relacionada con el hecho de que Planck, según Einstein había comprobado la realidad material —indepediente del observador— del átomo), "hay que atribuirla sin duda a su actitud filosófica positivista, lo cual constituye un interesante ejemplo de que incluso investigadores de espíritu audaz y fino instinto pueden verse estorbados por prejuicios filosóficos a la hora de interpretar los hechos"45. Así, mientras que en sus primero escritos las posturas idealistas de Einstein se mezclaban con conclusiones materialistas (por ejemplo cuando dice que el tiempo y el espacio dependen del movimiento material), ya en su autobiografía Einstein señala, sin lugar a dudas, que el tiempo y el espacio no dependen del observador (aunque los métodos e instrumentos de medición sí contienen un elemento subjetivo), que no son convenciones lógicas, sino hechos reales; en sus propias palabras "La física es un esfuerzo por aprehender conceptualmente la realidad como algo que se considera independiente del ser percibido. En este sentido se habla de lo físicamente real" (....) "Mi opinión es que la actual teoría cuántica, con ciertos conceptos básicos que en esencia están tomados de la mecánica clásica, representa una formulación óptima del estado de las co