El "VACÍO"
ES MATERIA (1)
Aproximación a la física

"Los
conceptos físicos son creaciones libres del
intelecto determinadas por el mundo exterior. En nuestro empeño por
concebir la realidad, nos parecemos a alguien que tratara de descubrir el
mecanismo invisible de un reloj, del cual ve el movimiento de las agujas, oye
el tic-tac, pero no le es posible abrir la caja que lo contiene. Si se tratara
de una persona ingeniosa, podrá imaginar un mecanismo que sea capaz de producir
los efectos observados, pero nunca estará segura completamente de si su imagen
es la única que los puede explicar. Jamás podrá compararla con el mecanismo
real, y no puede concebir, siquiera, el significado de una comparación que le
está vedada. Como él, el hombre de ciencia creerá ciertamente que, al aumentar
su conocimiento, su imagen de la realidad se hará más simple y explicará mayor
número de impresiones sensoriales. Puede creer en la existencia de un límite
ideal del saber, al que se aproxima el entendimiento humano, y llamar a este
límite verdad objetiva" (Einstein).
El concepto, la palabra materia es una
categoría filosófica que utilizamos convencionalmente para designar la realidad
objetiva. Al definir la materia y sus atributos -movimiento, espacio y
tiempo- Lenin subrayó que la propiedad característica de aquella es la de ser
una realidad-objetiva que existe independientemente de nosotros, de nuestra
conciencia, y es dada al hombre en sus sensaciones. Nuestras sensaciones
reflejan esa realidad, que es decir, todo absolutamente cuanto existe y con
independencia de que sea observado o no, objetos, fenómenos, seres, procesos,
cualesquiera que sean sus formas, incluso aquellas otras formas posibles que
puedan ser descubiertas en el futuro. "El mundo material y perceptible por
los sentidos -escribió Engels- es el único mundo real". Materia es pues,
de una manera general, todo lo que nos rodea, lo que se llama el mundo
exterior, que es, como todo lo concerniente al ser humano, su psiquis misma
y la sociedad, absolutamente cognoscible con el paso del tiempo por muy
complejas y excepcionales que parezcan a priori sus diversas formas. "Materia
-escribió Marx- es la sustancia única, la única razón del ser y del
conocimiento", la esencia más general del mundo, como única base
universal de todo lo existente. Digamos, pues, que la unidad del mundo consiste
en su materialidad.
En cada época histórica las representaciones
sobre la estructura y propiedades de la materia señalan los límites
hasta los que ha llegado el conocimiento y la pugna también entre una y otra
concepción del mundo. Así, lo mismo la identificación del concepto materia como
categoría filosófica, que la reducción metafísica de la materia, fueron
utilizadas en uno y otro momento para luchar contra la visión materialista que
pretende exponer las cosas a la luz del conocimiento. Asimismo, el
derrumbamiento de las viejas ideas sobre la estructura de la materia, sería
interpretado como el descubrimiento de nuevos estados de ella y traducido como
la "refutación" del materialismo, es decir, como la
"desaparición" de la materia... Lenin se encargó de aclarar la
inadmisibilidad de pretender identificar la categoría filosófica de
"materia" con las ideas, históricamente limitadas, acerca de la
estructura y las propiedades de la materia. Al formular el concepto materia,
partía de la diversidad cualitativa de ésta, de la inagotabilidad de su
estructura y propiedades. Y acertó. En la actualidad, además de los átomos
elementales y sus partículas componentes: electrón, protón, neutrón, se conocen
los fotones, los neutrinos y centenares y miles de subpartículas y
"antipartículas" (*), lo que permite pensar en antiátomos e
incluso antimateria, pero, eso sí, siempre como un aspecto más, posible,
cualitativamente distinto, del único mundo material. Del mismo modo podríamos,
al hablar de sustancia, hablar de antisustancia, pero recordando que el
concepto vino siendo interpretado en el transcurso de los siglos para definir
un aspecto de la materia como el de la diversidad de los átomos y sus
combinaciones cuantitativas, que ha quedado rebasado a límites antes nunca
imaginados. La ciencia ha descubierto nuevos aspectos de la materia, unos
normales y otros especiales, que se diferencian cualitativamente de la
substancia o la "cosa" en sí. Ejemplos como el del llamado vacío,
las ondas y los campos (**) físicos cualitativamente determinados:
campo electromagnético, campo de gravitación, campo nuclear, campo ondulatorio,
campo de partícula, etc,:. Todo ello nos habla de la
diversidad cualitativa de la materia, de la imposibilidad de reducir esta
diversidad a un aspecto determinado cualquiera de aquella, seguros de que la
real unidad del mundo estriba en su materialidad.
(*) predichas por Dirac
en 1930; dos años después, Anderson descubriría el
"antielectrón" al que denominó "positrón"’. Existen el
"antiprotón" descubierto entre 1955 y 56, de masa igual a la del
protón y carga igual, pero de signo opuesto, y el antineutrón, partícula
neutra de masa igual a la del neutrón, pero de signo contrario y de momento
magnético idéntico (un neutrón cuyo movimiento rotatorio se ha invertido).
(**) región del espacio físico
(limitada o ilimitada) donde cierta fuerza eléctrica o magnética interactúa con
el entorno.
Espacio y tiempo son categorías universales empleadas para describir
las formas básicas de existencia de la materia. El espacio es
inseparable de la materia, es una forma objetiva, real, de existencia de la
materia; expresa el orden de existencia de la materia, en tanto que el tiempo,
el orden de mutación de los fenómenos. El tiempo (*) es uno de los lados, una
de las facetas del ser, del movimiento, del desarrollo. No puede ni pudo
existir jamás, el tiempo "vacío, es decir, en que no hubo nada, en que no
ocurría nada. Del mismo modo, el espacio es otro de los lados, de los rasgos,
de las facetas, que caracterizan a la materia en movimiento. El espacio "vacío",
es decir, desvinculado de la materia y de su movimiento, es tan inexistente
como el tiempo "vacío", como el movimiento sin lo que se mueve. La
unidad material del mundo, en sus diversas manifestaciones y en todas las
escalas de su desarrollo incesante, es una unidad móvil, consustancial con el
espacio y el tiempo. No existen procesos físicos o materiales, o de cualquier
otro tipo, que se cumplan fuera del tiempo, del mismo modo que no hay procesos
que acontezcan fuera del espacio. Todo ocurre en el mundo que habitamos y no en
un "mundo superior" mental. Una de las grandes conquistas del siglo
pasado -la teoría de la relatividad- colocó la teoría de la inseparabilidad de
la materia, el movimiento, el espacio y el tiempo, sobre la base firme de los
hechos físicos y de las demostraciones matemáticas.
(*) La comprensión del tiempo que incorpora el
mundo al movimiento continuo la expresó Heráclito (siglo VI-V
a.n.e.): "Todo lo que ocurre en el mundo, todo lo que empieza, surge, dura
y por fin concluye se efectúa en el tiempo, y, en principio, es inseparable del
tiempo". "El día y la noche, la rotación de los meses y los años, los
ciclos de las estaciones y de las cosechas nos dieron la noción del universo y
nos instigaron a investigar la naturaleza del universo" (Platón). Aristóteles
escribió: "El tiempo es el número de movimientos". Para Platón,
tiempo y movimiento eran la misma cosa.
Minkowski (n.1864) escribió: "De aquí en
adelante los conceptos del espacio, por sí mismo, y del tiempo, por sí mismo,
están condicionados a desaparecer y transformarse en unas sombras pálidas y
sólo la unión singular de estos dos conceptos conservará una realidad
independiente"
La materia y el movimiento son absolutamente
inseparables, el movimiento es un atributo, el modo de existencia de la materia, de la
misma forma que lo son el espacio y el tiempo. La materia no existe
fuera del movimiento, del mismo modo que no hay movimiento inmaterial. El
movimiento es, por tanto, tan increable y tan indestructible como la materia
misma; lo cual permite decir que la cantidad de movimiento presente en el mundo
es constante. El movimiento y su medida, la energía, no pueden pues crearse,
sino sólo transformarse y transportarse bajo la diversidad de formas: calor,
electricidad, magnetismo, luz, movimiento mecánico, etc. El materialismo
científico puso de manifiesto la dialéctica objetiva de las formas del
movimiento, dio una definición del movimiento como cambio en general,
irreductible cualitativamente al movimiento mecánico estricto. Pero aún fueron
muchos los físicos hasta fines del XIX que intentaron reducir los fenómenos
térmicos, electromagnéticos, etc., a las leyes de la mecánica. En este sentido,
Lenin se ocuparía de poner al descubierto la falta de fundamentación de
los neomecanicistas. Habló de los estrechos límites en que pretendían situar la
teoría electrónica... Y fue el surgimiento y desarrollo de la mecánica cuántica
que vino a confirmar sus predicciones: "Las leyes que regulan el
movimiento de los microobjetos no se pueden encuadrar -escribió- dentro de los
marcos de la teoría electrónica".... Incluso el desarrollo de la física
del núcleo atómico y de las partículas elementales vino a demostrar que también
la "mecánica cuántica" tiene una esfera limitada de aplicación. Pues,
sirviendo la teoría para explicar los movimientos de los microobjetos,
incluidas las partículas fundamentales, sin una explicación suficiente no
refleja los profundos nexos internos existentes de la estructura de estas
partículas.... Y es ahí, casualmente, donde está detenida la gran investigación
pendiente y su estrecha relación con el hondo significado del vacío espacial,
la "quintaesencia", toda vez que el escollo que representó la
aparente acausalidad de la nueva teoría fue afortunadamente superado,
dando una vez más razón al postulado materialista, de la causalidad dialéctica
contenida, una de las cuestiones fundamentales de la filosofía; entendiendo por
dialéctica, la ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de
la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento.
El concepto Universo es precisamente la unidad
dialéctica de la materia, es decir, la conexión total de la naturaleza,
comprendido el "vacío espacial". El llamado vacío, una forma
de manifestarse la materia espacio-temporal, no es la nada, por lo que
no puede existir sin ser algo, y ese algo es precisamente la materia. La
materia "llena" y "es todo" el espacio-tiempo en sus
diversas formas. Una de estas formas es la aparente ausencia de materia en el
vacío espacial, otras son las normalmente conocidas, sensorialmente percibidas
o comprendidas, de propiedades corpusculares u ondulatorias. Así pues podemos
decir, que la civilización de los griegos dio en llamar vacío, éter,
quintaesencia, etc., a una forma material del espacio-temporal no investigada
todavía, pero que estamos muy cerca de conocer probablemente como la señal
perdida que conduce a descifrar el mayor de los enigmas: la interconexión y
unidad de la estructura y comportamiento eterno de la materia.
"La conjetura sobre el éter ha existido
durante miles de años, y hasta hoy sigue siendo una conjetura. Pero en el
momento actual existen ya mil veces más canales subterráneos que conducen a una
solución del problema, es decir, a una determinación científica del éter. Tanto
es así que la naturaleza de la materia no es ya un problema metafísico, porque
se está convirtiendo en un problema de orden experimental y positivo" (V. Lenin. 1870-1924).
El Universo en la antigua Grecia quedó
construido a partir de la mera observación cual una bóveda o gran esfera que
rodeaba la esfera de la Tierra, ya conocida como tal en el s. III a.n.e. Las
"estrellas fijas" y la Vía láctea parecían moverse rígidamente unidas
a la bóveda que giraba alrededor de un punto fijo. En la Edad Moderna el éter o
vacío se entendería como un medio mecánico más, semejante hipotéticamente a un fluido
elástico que llenaba todo el espacio y era capaz de transmitir la luz y, en general,
la interacción electromagnética, sin ofrecer resistencia alguna al movimiento
en general y de los cuerpos celestes. Según la teoría de la física de
partículas elementales, el éter (vacío) no es un campo, está "lleno"
de campos que contienen energía y partículas evanescentes
que pasan de existir a no existir, proporcionando cuerpo a la nada. Hoy,
desde el punto de vista moderno, al vacío físico se le atribuyen algunas de las
propiedades de un medio material ordinario. Sin embargo, el concepto
"vacío" significa, vulgarmente todavía, un espacio completamente
libre de materia, sin ninguna partícula material (lo que no es cierto en los
espacios interplanetarios). Se dice, "enrarecido" cuando las
distancias entre las partículas son de unas cincuenta mil veces su diámetro, o
sea, prácticamente sin posibilidad de chocar una con otra. Desde este punto de
vista, vacío, en el cosmos, significaría, sin más, la inmensurable profundidad
espacial que oculta la infinitud, convertida en distancias inimaginables entre
los planetas y sus satélites, astros, galaxias y cúmulos galácticos. E
igualmente en el micromundo del átomo, de las partículas interatómicas y de las
subpartículas, donde las distancias "llenas" de vacío son de
magnitudes relativas inimaginables. Citemos como ejemplo el vacío interatómico,
donde el diámetro del núcleo apenas equivale a una cienmilésima del volumen
total del átomo.
"La mayor parte de la materia
galáctica no se presenta en forma de estrellas, gas polvo que podamos detectar
sino que consiste en cierta materia invisible que llena un inmenso
espacio dentro de la galaxia y en torno a ella" (Nigel Henbest)
La inmensidad del "vacío" sideral: Correspondió a Hiparco
de Nicea (150 a.n.e) ser el primero en calcular, con los datos de Eratóstenes
del diámetro de la Tierra, la inmensa distancia de vacío existente entre la
Luna y la Tierra (unos 384.000 kms, 30 veces el diámetro del planeta). Aristarco
de Samos, padre del método usado por Hiparco, aunque erró al
calcular la distancia entre la Tierra y el Sol (que estimó en sólo 20 veces más
que la de la Luna, siendo unas 400 veces más), contribuyó a dar nuevas e
inimaginables dimensiones al espacio existente alrededor de la Tierra... Pero,
detengámonos aquí un momento, pues merece la pena recordar la convulsión que
causó el citado Aristarco, el más osado de los astrónomos griegos:
puesto el sabio a calcular el tamaño del Sol, sembró una tremenda duda, porque
si el cálculo era correcto (aunque erró creyéndolo sólo 7 veces mayor que la
Tierra), había que reconocer al Sol más dotado físicamente que la Tierra para
ocupar el centro del Universo... ¡Tendrían que pasar 1400 largos años hasta que
Copérnico pudiese dar vigencia a tan revolucionario punto de vista! En
1572 sería Ticho Brave el encargado de advertir, al contemplar
sorprendido la aparición de una estrella aparentemente nueva (una supernova) en
la constelación de Casiopea, que existían distancias reales, inmensos espacios
vacíos más allá de la Luna, donde objetos con brillos cambiantes como el
descubierto ponían seriamente en cuestión las ideas existentes sobre las
dimensiones e inmutabilidad del Universo... Pero sería Johannes Kepler con
sus descubrimientos en 1673, quien abriría camino hacia la determinación exacta
de distancias enormes existentes en los espacios interplanetarios. Pocos años
después, Richer y Cassini, utilizando como método el paralaje ( la visión
prolongada desde dos puntos opuestos de la Tierra hasta un mismo objeto
distante) pudieron calcular la distancia del Sol a la Tierra: 136 millones de
kms (serían 150). Las dimensiones espaciales, el vacío sidéreo considerado
inmaterial, se hacía creciente e interminable, cada vez más. La distancia del
radio solar hasta Saturno resultó ser de 1.427 millones de kms.; la de Plutón:
11.475 millones de kms. Mientras tanto, hacia 1755, Immanuel Kant se
ocuparía de multiplicar la extensión espacial hasta lo que supuso que eran
cúmulos nebulosos creadores de "universos-islas". En 1785 William
Herschel llegó a calcular, sorprendido, que el diámetro de la Vía Láctea
podía ser de unas 850 veces la distancia a la estrella Sirio, estimada en 8,8
años luz, es decir, de unos 7.480 años luz ( Pasados los años la medida
resultaría ser de 100.000 años luz).
Hacia 1830 ya se sabía que el Sistema Solar
se extendía miles de millones de kilómetros en el espacio vacío, y quedaba por
calcular el tamaño total de la Galaxia; aún así y todo, una pequeña porción del
vacío sideral, como así se demostró enseguida. Herschel y Charles
Messier descubrirían la existencia de "cúmulos globulares",
agregados esféricos muy densos, núcleos de estrellas, manchas nebulosas que
resultarían ser nuevos, y más sistemas galácticos como el nuestro. Mientras
tanto, las distancias observadas habían seguido creciendo y con ellas el
llamado vacío espacial. En 1830-38 la medida que hicieron Bessel y Henderson
del paralaje de la estrella 61 de Cisne, asombró por su inconcebible
distancia: 11 años luz , lo que redujo a un punto
insignificante la anchura del sistema solar... En 1840 la medida de Vega daría
27 años luz... Las Nubes de Magallanes resultaron hallarse a más de 100.000
años luz de nosotros, corregidas después a 150.000 la Mayor y 170.000 la Menor,
una y otra con miles de millones de estrellas.
Hacia 1920, la dimensión del espacio en
estado vacío alcanzaba cotas inimaginables, pero, aún así y todo,
no parecían rebasar los 200.000 años luz de diámetro. Mas un buen día de nuevo
todo cambió: la inexplicable luminosidad de una "nebulosa"
(Andrómeda) obligó a pensar en dimensiones y distancias situadas más allá de la
Vía Láctea. Andrómeda parecía estar alejada entre 1 y 2,5 millones de años
luz... Y no quedó ahí la cosa: en 1942, un apagón en Los Ángeles durante la II
Guerra Mundial permitió a Walter Baade deducir que Andrómeda se hallaba
a 1,5 millones más de años luz, de lo estimado hasta entonces..., con lo
que, así, de golpe, resultaba casi duplicado el tamaño del Universo... Después
se observarían acumulaciones galácticas como la de la Cabellera, que encierra
unas ¡11.000 galaxias! separadas entre sí por vacíos o distancias siderales en
apariencia inmateriales de unos 300.000 años luz... Finalmente, se descubrirían
distancias espaciales incomparablemente mayores; gigantescos e incontables
grupos de galaxias y espacios supergigantescos separados por inmensos "vacíos".
Valga de ejemplo la distancia que nos separa del quásar RDJ030117,
registrada por el observatorio de Monte Palomar: 11.100 millones de años luz.
Por si todo esto fuera poco, se acabaría
descubriendo que la expansión cósmica lejos de irse reduciendo ¡se
acelera! ... Según últimas observaciones muchas de las galaxias se
encuentran entre un 10% y un 15% más lejos de lo anteriormente calculado. Es
decir, que, de seguir así y si esto fuera cierto -lo que hay razones para
dudar-, el vacío espacial seguiría haciéndose extensible hasta el infinito, a
"riesgo" de atravesar un límite a partir del cual sólo quedaría a la
vista nuestra galaxia, en cuyo caso hablar de vacío espacial llegaría a
convertirse en un algo sin sentido.
El Hubble ha revelado la existencia de 50.000
millones más o menos de galaxias, con una media de 300.000 millones de
estrellas y sus correspondientes planetas. De Andrómeda nos llega la luz que
salió de allí hace más de dos millones de años... Con el Hubble vemos galaxias
tal como eran hace más de 10.000 millones de años luz, es decir, situadas a una
distancia de más diez mil millones de años luz, o sea, tal cómo eran de
"jóvenes".
Se sabe que las galaxias en espiral son más
de la tercera parte de las existentes visibles. El resto son elípticas. La
razón por la que gases y polvo se disponen de manera tan exótica no parece
estar muy clara. Sospechan que el mayor responsable son las ondas
gravitatorias que recorren la galaxia y afectan a cuerpos que pueden
encontrarse a distancias siderales. Simulaciones en ordenador muestran que este
efecto desencadena la distribución en espiral de la materia galáctica. Einstein
predijo este tipo de ondas. De su teoría de la Relatividad se deduce que
éstas únicamente pueden ser emitidas por masas aceleradas, al igual que las
partículas cargadas, que, cuando se aceleran, irradian luz. Este tipo de ondas
se propaga desde su fuente -por ejemplo, dos agujeros negros (*) que
orbitan alrededor de otro- hacia el exterior en forma de pequeñas ondulaciones que
rizan el espacio.
Cuando una de ellas atraviesa una galaxia,
provoca que las estrellas y el polvo sufran una aceleración gravitatoria que
tiende a concentrarse en la cresta de la onda, mientras que las regiones que se
corresponden con el valle se despueblan.
Mientras tanto, últimas informaciones dan
notician del registro a 10.000 años luz de un quásar(**)
y de la observación de multitud de galaxias ocultas a la luz visible y
desconocidas hasta hoy. Y se habla de que ciertas observaciones permiten pensar
que las galaxias sean el doble de lo que creímos... Es decir, estamos
empezando, ahora, a conocer el Universo y cómo su aparente armonía y belleza
muestra hechos tan evidentes como el de nuestra galaxia, que está en trance de
"partir y asimilar" a su vecina más próxima, la enana de Sagitario,
ya condenada a ser devorada por las regiones exteriores de la Vía Láctea.
(*) Agujeros negros: Objetos cósmicos
que surgen como consecuencia de la compresión de un cuerpo por las fuerzas de
la gravitación hasta dimensiones menores que su radio gravitacional,
culminando con una "implosión" singular y, probablemente, con su
desaparición total... Antes de atravesar el horizonte, todas las partículas
que caen en un agujero negro adquieren una cantidad de energía del orden de su
energía de masa. Las estrellas del centro galáctico se desplazan a muy alta
velocidad como si fuesen atraídas por una enorme masa. Hay quienes proponen a
los agujeros supermásicos, como legados del mítico Big Bang, que se habrían
formado en el seno del gas primordial y que habrían estado íntimamente
relacionados con la formación de las futuras galaxias. El agujero detectado en
el centro de nuestra tiene la masa de tres millones de soles y todo gira a su
alrededor.
Y se han registrado tres en las cercanías de
la Tierra, a 50 y 100 millones de años luz. Con este trío ya son 17 los
localizados en nuestras proximidades. El cúmulo de la Virgen, la gran galaxia
elíptica M 87 sugiere la presencia de un agujero negro (de 3 109 masas solares)
debido a la presencia de un disco de rotación rápida alrededor de un eje. La M
31, de la nebulosa de Andrómeda, alberga un supermasivo del orden de 3x10
elevado a 7 masas solares. El Hubble ha registrado en la galaxia elíptica
Centauro un disco de gas caliente que está siendo engullido por un agujero
negro. En la constelación de El Aguila, un microcuásar, a 40.000 años luz,
"consiste en un agujero negro varias ves más masivo que el Sol, en órbita
de una estrella normal", ésta se calienta y emite rayos X conforme es atraída.
El proceso es tan violento que se producen explosiones impredecibles, que dan
lugar a dos chorros espectaculares en sentidos opuestos, uno se mueve hacia
nosotros y el otro se aleja, con velocidades mayores que el 90% de la de la
luz". Nature : "Un monstruo 3,2
millones de veces más masivo que el Sol ocupa el centro de nuestra Vía
Láctea".
En 1971 y 1972 respectivamente, Hawking
y Bekenstein han mostrado sorprendente e independientemente, el
primero, que un agujero negro puede no tener rotación, y, el segundo, que
la temperatura de un agujero podría ser efectivamente cero absoluto.
Además, los rusos Zeldovich y Starobinsky han descubierto la emisión de
partículas.
(**) Cuásares. Como han confirmado
las últimas imágenes del Hubble, nacen de la colisión de dos galaxias, que
terminarán creando un agujero negro. Estaban erróneamente considerados
como los astros más luminosos del universo. Se alimentan con la energía que se
desprende del violento encontronazo y del material galáctico circundante, y
crecen en el centro de la nueva galaxia hasta convertirse en objeto celeste tan
brillante que puede ser detectado a distancias superiores a los 10.000 años
luz. Se cree que su excepcional luminosidad se debe a la presencia de un
agujero negro gigante en el corazón de la nueva galaxia, que puede ser debido a
que la materia gaseosa que lo rodea, que gira muy rápidamente, alcanza elevadas
temperaturas debido a los fenómenos de fricción y turbulencias. De ahí la
radiación tan intensa que emiten.
La cuestión no parece tener fin. Al cabo de XXVI
siglos desde la física griega, el tema del Universo sigue lastrado con la
incógnita todavía no despejada de la composición real del quinto elemento
aristótélico y su papel mismo como fundamento probable de toda expresión
material, ondas, cuarks, quántos, campos, micro y macrocorpúsculos, desde el
átomo y sus partículas pasando por las moléculas hasta los cuerpos celestes y
los conglomerados galácticos.. De manera que las
palabras éter, vacío, quintaesencia, etc., vuelven a cobrar particular
importancia, recurridas incluso a veces con intenciones inconfesables... Si
bien, desde el punto de vista moderno, tendremos que reconocer que en las
Ciencias Naturales domina desde hace algún tiempo la noción de que las
oscilaciones del éter o vacío existen independientemente de nuestra
conciencia. George Gamow ,
un científico seguidor de Schrödinger, pretendió en 1904 considerar el
éter como una realidad material, "una quinta dimensión añadida a
las cuatro habituales del espacio". ¿Cómo están las cosas desde entonces?
El desarrollo sucesivo del conocimiento permitirá, sin duda, penetrar en
niveles estructurales más profundos de la materia formal del vacío. Mientras
tanto seguirá siendo un semillero de problemas y un refugio de idealistas al uso,
pronto a descubrir en él la manera de recuperar del pasado más primitivo los
valores absolutos, la inmutabilidad, la mano suprema, etc., no obstante que la
materialidad del vacío esté confirmando en nuestros días la explicación que
diera Lomonosov::
"No sólo los átomos son materiales,
sino también el espacio que llena los intersicios interatómicos".
Se está diciendo que el vacío cuántico
es un verdadero objeto físico, es decir, la materia espacial que contiene
en potencia y disposición formal todos los campos y todas las partículas
posibles en este Universo. Pero tenemos que añadir, que por basarse todavía la
física de los cuantos sobre los dos conceptos materia y campo,
ésta representa una teoría dualista y no adelanta ni un solo paso el viejo
problema del concepto de campo. Pues, de aceptar la existencia, además, de un vacío
real, o y de un éter estructurados, de cierto o parecido carácter
"extraño", compañero del campo, pero sin unidad o conexión esencial,
volvería a plantearse la discontinuidad, cuando no el supuesto contacto
a distancia... Y no hay tal. La materia -a nuestro modo de ver- es en todos los
casos una y solamente una, aunque de infinitas formas, siempre en
condiciones de poder entenderla, esforzando un poco la imaginación, conforme a
la explicación ejemplar que dieran Einstein y de Broglie: "un
corpúsculo que se mueve no es otra cosa sino una burbuja sobre la onda de
radiación en el sustrato básico del universo". Su equivalente
por tanto sería decir, para no desligar burbuja y sustrato, que todas las
formas son parte inseparable de la única materia espacio-temporal, en cuyo caso
tendríamos que admitir que los cuerpos -contrariamente a la lección aprendida
(fundada en la discontinuidad)- no ocupan un lugar en el espacio; son
parte misma e inseparable del espacio material.
Nosotros pensamos, en fin, que espacio,
vacío, éter, quintaesencia, hilem, campo, líneas, ondas, partículas,
antipartículas, neutrinos, cualesquiera subpartículas incluidas las
spartículas, y las gravitacionales, o antigravitacionales si aparecieran, es
decir; toda forma o fenómeno ondulatorio o corpuscular conocido o por conocer,
como las llamadas "cuerdas"..., son formas distintas de
manifestarse la materia espacio-temporal, y que ésta existe
independientemente de nuestra conciencia, que no ha sido creada por nadie, es
eterna e infinita, y hace posible utilizar sus leyes y probabilidades para
edificar el mundo que más permita a una humanidad inteligente supervivir de la
forma más segura, solidaria, venturosa y altamente creativa... Siguiendo
estas pautas, vivimos en la convicción de que al igual que son producto de
procesos materiales la infinitud de formas citadas, lo son igualmente, si bien
altamente complejos, la psiquis, el espíritu, la conciencia, el pensamiento y
las ideas, fruto en general de la más alta y estupenda masa de materia
organizada del Universo conocido: el prodigioso cerebro humano, su capacidad y
potencial inteligente. Y algo a tener en cuenta de importancia suma: que cuanto
más evolucionado psicológicamente es el cerebro humano, mayor es el impulso a
explorar, mayor la "curiosidad excedente", el "deseo de
conocer".... Hay quien atribuye a este, llamemos: "exceso
cualitativo" de capacidad inteligente, el hecho de que, cuando el ser
humano es esclavizado, explotado, oprimido, excluido, sometido a la ignorancia,
marginado o maltratado, esa "cualidad" o potencialidad inteligente se
constituya en un factor concausante de las diversas reacciones y padecimientos
posibles: tensiones y angustias desesperantes, depresiones y enfermedades
físicas y mentales, cuyos daños inmensos, profundos, de todo orden para el
individuo y la sociedad siguen siendo ignorados.
Marx resumió semejante situación con su
dramático gritó tremendamente acusatorio: "¡estáis idiotizando al hombre!"..
Sobre la naturaleza de la materia: Mitos procedentes de
culturas tan antiguas como las de Babilonia, Egipto, India y China hacen
alusión a la existencia de una sustancia eterna a partir de la cual se formaron
todas las cosas. Desde la antigüedad se pensó que eran tres los
"elementos" materiales básicos de la naturaleza: tierra, agua y aire,
a los que los griegos Anaxímenes, Anaximandro y Heráclito añadirían uno
más, el fuego. Aristóteles imaginó un quinto elemento situado más allá
del dominio terrestre (quinta/esencia): éter, de esencia divina,
constitutivo de los cuerpos celestes (perfectos) organizados en esferas
concéntricas, con una, la mayor, el "móvil primario" (primum
mobile) haciéndolas girar por fricción. Rechazó el vacío, que
concibiera Demócrito (*) como medio "real" necesario
para el libre desenvolvimiento de los átomos, negándose a reconocerlo porque
impedía el contacto entre las cosas. Su legado como tal, y, sobre todo, la
utilización teológica que harían de la filosofía subyacente en sus teorías
marcarían dramáticamente el proceso histórico frenándolo durante ¡dos mil
trescientos años!... Pero es más: aún en nuestros días la quintaesencia, el
éter, el "vacío" (ausencia aparente de materia y dimensiones
espacio-temporales indefinidas) no ha recibido una explicación clara,
coherentemente científica. Sólo se sabe, sí, como anteriormente dijimos, que el
interrogante de su materialidad está a punto de ser despejado gracias a la
observación de sus efectos revelados en los fenómenos cósmicos gravitacionales
y en los relacionados con el estado del Universo.
(*) Empédocles, Demócrito, Leucipo y, finalmente,
Epicuro formularon la hipótesis del átomo, de la que más tarde se haría eco
Lucrecio en su obra De rerum natura. Saber con certeza cuáles fueron los
factores determinantes del "milagro" griego, aquél florecimiento
rápido y ágil, de desarrollo intelectual, que en dos siglos dio a la humanidad
lo que otras naciones no han dado en milenios, sigue siendo una asignatura
pendiente, sin olvidar dos factores principales, uno, la explotación del
trabajo de los esclavos, y, otro, que su llamada democracia se desenvolvía en
ausencia de una religión preponderante.
Paso a paso, tendremos ocasión de ir viendo
la manera en que la historia del éter o vacío ha venido siendo
piedra angular a la hora de interpretar el mundo, bien como un hecho de
causa material única, bien como un echo de causas múltiples, material y /o
divino, eterno o finito, automovido o impulsado, continuo o discontinuo, de
composición ondulatoria o corpuscular; con la existencia o no de un éter
(vacío) vehículo del lumínico y la gravedad, medio independiente o no como tal,
tejido de fondo, sustrato material, cortina de la materia oculta (negra) etc.
etc... Por nuestra parte, y sin ambicionar otra cosa que aproximar al lector al
conocimiento de la física, nos vamos a limitar a resumir cuantos datos
permitan explicar lo que ahora se sabe de la naturaleza y comportamiento de la
materia, de qué y cómo están hechas las cosas, su curso en la historia y cómo
fueron entendiendo el Universo las gentes de ciencia hasta fechas muy
recientes, tan recientes que, como dijera L. V. de Broglie: "Sólo hacia
1930 se empezó a conocer lo que ocurría en el núcleo atómico". Si bien
es cierto que más de un siglo antes (1816), Prout, W., había señalado que el
átomo de hidrógeno entraba en la constitución de todos los átomos.
Apenas tres años después de 1930, le llegaría
el turno al interés de los científicos por el conocimiento del fondo material del universo,
registrado en su primera observación y aspecto con el nombre poco afortunado de
materia invisible, como dieron en llamar al éter primigenio: el
vacío, la quintaesencia..., que sigue siendo uno de los más apasionantes
fenómenos todavía no dominados por la ciencia, no obstante haber sido medidos
aspectos muy concretos como los de su densidad de energía...
En 1933 Edwin Hubble conjeturó que los
cúmulos de galaxias tenían que contener una cantidad enorme de materia
invisible. Y se ha demostrado... La concentración, hoy conocida, de cientos
de cúmulos como el de Coma (de varios millares de galaxias con un tamaño de
decenas de millones de años luz) ha permitido calcular, midiendo la energía
cinética de su masa material de fondo, que ésta es casi cien veces mayor
que la de su materia luminosa... Esto concuerda con el secreto tan mal guardado
por la comunidad científica, que sitúa el fondo de materia todavía no conocida
del universo entre un 95 ó 99%... Sólo faltaría saber si esa materia no
conocida está presente en todo el universo o únicamente en los cúmulos. Pues
bien, los métodos de detección permiten decir que está distribuida casi
uniformemente por el espacio, es decir, existe sin ningún género de dudas. Y
otro dato más lo corrobora: la estadística de las velocidades de las galaxias
debidas a toda la materia presente en dichas irregularidades demuestra que la
razón materia invisible / materia visible sigue siendo la misma en todas
partes. Han podido incluso concluir que la atracción gravitatoria que engendra
la materia invisible no sólo contribuye a las irregularidades de las
velocidades sino que también modifica el movimiento de expansión general, es
decir, que sus efectos tienen que ver con la llamada expansión o estado
estacionario del Universo y con el giro mismo de las galaxias. Por fin, los
astrofísicos han tenido que reconocer, aunque sorprendidos todavía, que sólo
atribuyendo al insondable vacío espacial la probabilidad de ser
"algo" realmente material, se hace posible cuadrar matemáticamente
los cálculos conducentes al establecimiento de un Universo razonable.
La cuestión, pues, queda situada en estos
términos. Es decir, que según los cálculos realizados el componente físico de
la diversidad de formas materiales perceptibles por los medios habituales,
apenas representa un 5%... El 95% restante es materia invisible, oscura,
oculta, como le han dado en llamar, porque es una materia sin radiación
mensurable; pero materia concebible como tal y con sus específicas cualidades
pendientes de registrar físicamente.
No obstante para muchos la pregunta sigue en
pie: ¿Qué sustancia es ésta que constituye la mayoría del Universo y que no
emite luz, pero que es detectable por sus efectos gravitatorios? Los estudios
realizados para comprobar si la sustancia invisible podría estar compuesta de
los cuerpos no luminosos del tamaño de una estrella, que los astrónomos llaman machos,
han demostrado que si bien es muy posible que existan algunos objetos de este
tipo, no bastan para explicar la aparente carencia de masa en el universo. Las
hipótesis son muchas: materia en forma de gas de partículas masivas que no
emiten radiación, bariones (protones y neutrones), neutrinos, partículas muy
ligeras, axiones, Wimps (materia oscura y fría), fotinos, gravitinos,
neurtalinos, "q-bolas", "wimppzillas", etcétera. Por
nuestra parte nos atrevemos a pensar que se trata de un estado singular de la
materia, que llena y es al mismo tiempo todo: vacío aparente y
luego plasma (*), ondas corpusculares, nebulosas, sustancias subatómicas
y moleculares, cuerpos planetarios, galaxias e intervalos siderales galácticos
e intergalácticos..., en un proceso constante -donde hemos podido aparecer- de
generación y desaparición o vuelta a empezar merced al concurso fenomenológico
probable de los agujeros negros.... En cualquiera de los casos, resulta
evidente que el vacío primigenio, desde la antigüedad discutido, es
"algo" real, material por supuesto, cualquier cosa menos espacio
inmaterial absurdamente vacío. Nada, no podía ser. De la nada no surge
nada. Las cosas surgen siempre como resultado del cambio, del desarrollo, de la
transformación de otras cosas.
En este sentido suele pasar inadvertido,
debido probablemente a la influencia de los grandes avances y pasos casi de
gigante dados por la ciencia en los últimos siglos, el hecho reconocible de que
estamos aún en los albores de la historia del conocimiento: hasta ayer,
como quien dice, en los años 20 al 30 del siglo XX (decir LX sería lo
correcto), no empezamos a conocer cómo está conformada la materia en las
interioridades del átomo, el componente físico fundamental de todo lo
existente. Que estamos en los albores, e incluso frenados, lo corrobora,
además, un hecho harto significativo: transcurridos 2.300 años desde que
al hablar del átomo se hablara también del vacío, nada o poquísimo
sabemos todavía de cómo está conformada la materia invisible en cuestión
(el espacio "vacío", desde la antigüedad denominado éter: "sustancia
divina"), que oculta, fijémonos bien, volvemos a repetirlo, ¡más del 95%
del componente material del Universo!. La cuestión, en
fin, es que esta sustancia está suscitando una actividad febril en el mundo de
la investigación. ¿Por qué tan retrasada la investigación, siendo fundamento de
la explicación pendiente, sobre la indudable unidad y continuidad de la
materia?
Por supuesto que la tardanza ni pudo estar
determinada, ni fue una fatalidad; desde luego que no. Lo único cierto es que
hubieron de transcurrir demasiados siglos, 21 aproximadamente, hasta que la
sociedad pudo acceder a partir del siglo XVI a los inicios de recuperación del
átomo primigenio, pero, todavía, sin que nada se conociese prácticamente ni
existiese explicación científica alguna de la composición del vacío, enigma
con el que se encontró Galileo, invitado a solucionar un problema de
fontanería, todavía irresoluble con los escasos conocimientos que había al
respecto.
(*) cuarto estado singular de la materia, en
el cual los átomos (por calentamiento o enfriamiento extremos) pierden su
estructura y con ella su función de cohesionar, dando lugar a la conformación
de nubes, con densidad de carga igual, una negativa, de los electrones, y,
otra, positiva, de los núcleos: una especie de "fluido cuántico". En
1667, científicos de Florencia descubrieron que la llama del quemador tenía la
propiedad de conducir la electricidad. En 1698, Woll, frotando ámbar con
lana produjo una chispa obteniendo por primera vez una pequeña descarga
eléctrica en el aire, que sólo es posible cuando se crea una suficiente
cantidad de partículas cargadas y el aire se convierte en un gas (plasma)
alto conductor de la electricidad. En 1879, Crookes, estudiando
descargas eléctricas en tubos con aire enrarecido, escribió al respecto:
"Los fenómenos en los tubos vaciados abren a las ciencias físicas un nuevo
mundo en el que la materia puede existir en el cuarto estado". En 1936,
Landau formuló la hipótesis de que la materia, en las entrañas de estrellas
altamente contraídas: púlsares, pasa del estado plasmático al neutrónico. Una
particularidad del plasma es que puede existir a temperaturas superbajas,
incluso hasta cero absoluto. Los científicos han
calculado que el 99% de la materia en el Universo se halla en forma de plasma
caliente y frío.
En la Edad Moderna, un pionero de la
Ciencia, Gassendi (n.1592), consideraba indetectable el vacío,
pero lo definía como un medio donde "podían moverse, expandirse y
comprimirse los átomos". Boyle (n.1627) basó su "filosofía
mecánica" en dos principios: la materia y el movimiento y un
cierto vacío. En 1678, Huygens definió el vacío como un medio
sutil y elástico. Newton (n.1672) lo concibió como un medio
de inmovilidad absoluta por el que viajaban las ondas electromagnéticas, el
lumínico, pero sin hacerlo necesario. Franklin (n.1706) complicó las
cosas, hablando de un éter vibratorio que llenaba todo el espacio, pero
"compartido" con un hipotético fluido imponderable, la eléctricidad.
Correspondió a Lomonosov (n.1711)
definir el vacío, por vez primera, como un medio material "que
llena los intersicios interatómicos". Dalton (n.1766) lo consideró
como algo indispensable para la vida del átomo. J.A.C.Charles, sin
enunciar el vacío, descubre en 1787 que un gas puede
"desaparecer" a los 273º... Fresnel (n.1788) lo reconoció como
el soporte material (muy tenue) de las ondas luminosas. Maxwell
(n.1831) atribuyó a un éter fijo la propiedad de propagar las acciones
magnéticas y eléctricas o perturbaciones electromagnéticas, mediante ondas de
velocidad constante. En la teoría maxweliana el "espacio vacío" era
conductor de tensiones y energías responsables de las acciones
electromagnéticas aunque sin ninguna dependencia con la existencia o no de
materia. Michelson (n.1852), sugestionado por la idea de un éter fijo,
pretendería determinar su velocidad, y fracasó: no había éter o, si lo
había, no afectaba a la velocidad de la luz. Poincaré (n.1854) lanzó una
pregunta: ¿Existe de verdad nuestro éter? Sechi ( ) lo señaló
como causa de los fenómenos luminoso y eléctrico (comprendido el magnético),
"que actúa vibrando en los primeros y desplazándose en los segundos".
Einstein , sin embargo, no creía en el éter;
para él las masas eléctricas eran las "verdaderas poseedoras de una
realidad física dentro del vacío"...
Y así, poco a poco, visto de una y otra
manera, el éter famoso se iría haciendo innegable entre los siglos XVII y
XVIII, cual un elemento clave para entender aspectos tan discutidos como el de
la continuidad o discontinuidad de la materia, lo corpuscular u ondulatorio, el
movimiento inherente o externo, y la cohesión universal misma, de la naturaleza.
Ello no obstante, todavía en pleno siglo XIX, el éter seguiría siendo
visto por algunos como un fluido imponderable fijo que bañaba todos los
cuerpos celestes. Un vestigio de la concepción metafísica y del mecanicismo,
que mantenía la vieja idea de los fenómenos aislados, de la discontinuidad y
del "impulso inicial", como dominios no vinculados entre sí. En este
sentido, no se sentó un precedente importante hasta que el calórico dejó
de ser un fluido imponderable en 1814, y pasó a ser un "género de movimiento",
lo que era una forma revolucionaria de interpretar el movimiento propio e
inherente de la materia.
En 1820 se reconocería el éter como el
soporte material de las ondas luminosas.
En 1827 se haría visible el movimiento propio
de las moléculas ("movimiento browiano"). En 1820 se descubre la
relación imán-electricidad y se establecen las líneas y campos. En 1828
se fijarían los pesos atómicos. En 1854 se formula la Termodinámica y se
establece la entropía. En 1880 se sabe que la luz procede de la
oscilación de electrones. En 1886 se descubre el protón. En 1887
se descubren las ondas electromagnéticas y el efecto fotoeléctrico. En
1895 se descubren la estructura abierta del átomo, la radiación y
desintegración de los átomos, y los rayos X, una forma de radiación
de mayor energía que la luz visible, por tener longitud de onda mucho más corta.. En 1898 se descubren los elementos
irradiantes. En 1905: la discontinuidad de la luz o fotón, y aparece la
Teoría de la Relatividad Especial. En 1908 se descubre la superconductividad..
Finalizando el XIX había quedado sin resolver
un enigma, además del desconocimiento del vacío: ¿qué cosa es ésa que se
comporta por la mañana como un corpúsculo y por la tarde como una onda?
fenómeno que parecía afectar a la continuidad o discontinuidad de la materia.
Para responder a este pregunta tendría que aparecer una nueva manera de
describir el mundo: la física cuántica (14/12/1900), teoría que produjo
resultados espectaculares en múltiples dominios; la supraconducción, los
transitores, los semiconductores, e incluso la bomba atómica.
Comenzando el siglo XX (1911), se descubre la
naturaleza del átomo al desvelar el núcleo atómico, y se diseña el modelo planetario, aunque
ya se había anunciado en 1816 que la estructura del H da fundamento al átomo.. En 1912: descubrimiento de los rayos cósmicos (*).
1913: transformación de los átomos en otras variedades, y teoría atómica de Bohr.
1915: la luz como granos de energía o fotones y la Teoría de la Relatividad
General. 1916: la estructura del átomo en capas. 1919: la transformación
del N en O. 1920: descubrimiento de los neutrinos
(**) solares. 1923:
se sugiere la onda asociada al corpúsculo y se prueba la existencia del
fotón. 1924: adopción definitiva de la dualidad onda-corpúsculo y
propuesta de la mecánica ondulatoria. 1925: mecánica de matrices y movimiento
rotatorio de las partículas. 1926: formalización de la mecánica ondulatoria e
interpretación probabilística de Born. 1927: sobre la
sorprendente difracción de los electrones y sobre la incertidumbre e indeterminación.
1930: las partículas anti y el neutrón. 1931: descubrimiento del
antineutrón y el neutrino. 1932: descubrimiento del antielectrón, Einstein
sugiere la conversión de materia en energía. 1934: modelo atómico de
"subcapas" y radiación de los núcleos. 1935: la superfluidez y las
cargas aceleradas que permiten descubrir nuevas micropartículas; los piones o
mesones, semejantes a fotones existentes en los rayos cósmicos. 1936: modelo
atómico de "gota líquida". 1942: detectan los rayos cósmicos. 1947:
nuevos descubrimientos: partículas con masas diferentes, distintas cargas y
spines diversos. 1955: captan el antiprotón. 1956: el neutrino no tiene pareja,
capturan un antineutrino. 1957: medición de la fuerza gravitatoria. 1964: la
cámara de burbujas descubre dos nuevas partículas a deducir, los quarks
(***) o sopa de quark, vacío quarkiano: partículas o estados
ondulatorios singulares de la materia verdaderamente
elementales, componentes básicos de la materia, y Gell-Mann habla
de la antimateria. 1965: son clasificados105 elementos, se producen antihelios
y combinciones de antiprotones y entineutrones.. 1968:
se detectan neutrinos solares Se conocen 8 subpartículas del átomo.
Cono ya dijimos, al descubrimiento a comienzos
del XX de la naturaleza del átomo le habían precedido los rayos X, los rayos catódicos, la
radiactividad, el fotón, las llamadas partículas corpusculares, luego la onda y
el "campo" (donde no hay materia aparente...). El estado
ondulatorio y la onda asociada aparecerían sobre la marcha. El estado
plasmático lo añadiría la astrofísica (la mayor parte del Universo se dice en
estado de plasma). Luego se conocerían sus variantes, o estados cuánticos de la
materia: fluido cuántico, gas enrarecido, superfluidos, cuasipartículas,
y; junto a los "anti" del electrón, del protón y del neutrón, el
galimatías de subpartículas, hoy dividido en dos grandes grupos de hadrones
y leptones, con los quark, antes citados, ahora finalmente
propuestos como partículas dudosamente indivisibles: la referida "sopa
de quarks" . Finalmente, en 1995, Edward
Witten pretendería unificar en una sola versión las cinco existentes de la
llamada teoría de las cuerdas (****), infinitesimales filamentos,
"spartículas", que vibran... Mas no obstante, predomina en nuestros
días el "misterio" de la materia invisible (*****), al que nos
hemos referido al principio, o masa oculta, pero cuyos efectos sí se están
pudiendo registrar debido a su influencia en la supuesta expansión del
Universo, que trae de cabeza a físicos y astrofísicos. A Eisntein le
preocupó ese habitante extraño, la quintaesencia, el éter, hoy llamado materia
invisible; llegó a pensar que "sería tan diferente de la materia y
la energía normales que tendría el efecto gravitatorio contrario, produciendo repulsión
en vez de atracción". A finales del siglo XX, los físicos postularon que
lo que nosotros llamamos el vacío, la nada aparente, estaría poblado por
las "cuasipartículas" fundamentales, cuya carga eléctrica es una
tercera parte de la del electrón, que conforman un estado de la materia al que
han dado en denominar fluido cuántico, con la muy rara característica,
como señalaría Pauli en 1925, de que en él no se puede encontrar más de
un electrón (Kapitsa descubrió la superfluidez, un estado semejante al
descrito, en 1938. Landau acertó a explicar el fenómeno en 1941). El
problema ahora, dicen algunos científicos, es cómo responder a una pregunta que
parece paradójica, pero que atañe a la cuestión: ¿Cuánto pesa el vacío, la
materia invisible? Sin cuyo dato piensan que no tenemos una teoría completa
sobre el universo.
(*) Rayos cósmicos. En 1911 y 12, V.F.
Hes, con ayuda de globos en la alta atmósfera (y del
"elestroscopio" que había ideado Hauksbee en 1706) establece
la existencia de unos misteriosos rayos (R.A. Millikan los llamó),
"rayos cósmicos" del espacio, según Millikan: radiaciones
electromagnéticas; según Compton: partículas cargadas que se curvaban
bajo la acción el campo magnético de la Tierra y atravesaban planchas de plomo de
varios centímetros. Un flujo de partículas elementales formado fundamentalmente
de protones, e incluso núcleos más pesados producto de fragmentaciones,
siendo, los primarios, similares a los rayos gamma pero de longitud más
corta. Desde su descubrimiento surgiría la pregunta, de dónde proceden y cómo
se forman. ¿En nuestro Sol, en un astro más distante, en la Galaxia, incluso en
una supernova, un púlsar o un cuasar? En 1942 se confirmaría su naturaleza en
relación con las pretuberancias solares. Como fuente energértica se puede
concebir el aniquilamiento mutuo entre núcleos pesados. Otra posibilidad,
sugeriría Fermi, era que alguna fuerza existente en el espacio acelerara
las partículas cósmicas procedentes de grandes explosiones, actuando sobre
ellas como gigantescos sincrotrones. Inundan el espacio y bombardean
sistemáticamente la Tierra: Son causa de mutaciones en los seres vivos, al
inducir cambios en el ADN, que luego prosperan o no en los descendientes del
animal o la planta tocados.
(**) Neutrinos; emisión de
radiaciones rápidas de las estrellas, insensibles a los campos electrónicos.
Estrellas tales como nuestro Sol pierden a causa de esto entre un 6 y 8% de su
energía. Hong Yee Chin calculó en 1961 que cuando las estrellas alcanzan
unos 6.000.000.000º C, casi toda la energía del astro se deposita en los
neutrinos, que parten del centro del Sol a la velocidad de la luz sin
interferencia alguna y lo atraviesan en menos de tres segundos. El propio
neutrino surgiría de la conversión de un protón en un neutrón. Así, pues, los
productos serían un neutrón (partícula) y un positrón (antipartícula) y un
neutrino (partícula). Cuando el neutrón se desintegra, desprende un protón, un
electrón y un antineutrinio. Se ha calculado que el neutrino corriente
podría atravesar 100 años luz de plomo sin que sus posibilidades de resultar
absorbido superaran el 50%. De 100 billones que atraviesan la Tierra, sólo uno
se podrá parar. Existe la opinión de que con el desarrollo de técnicas para
detectar neutrino o antineutrinos del espacio exterior, sería posible
determinar la existencia y localización de antigalaxias
(***) Quark: denominación dada, en 1960, a
tres subpartículas detectadas en el núcleo, ya sugeridas por Murray
Gell-Mann, que se movían con bastante libertad dentro del protón o del
neutrón. Los quarks están presentes, sobre todo, en el vacío... Pero no
se pueden aislar y si se intenta hacerlo se rodean de docenas de partículas
directamente extraídas del vacío cuántico. Se especula con la
posibilidad de que estén formadas por otras partículas (top) que detectó
aventuradamente Steve Weinberg. No existen como partículas libres, sino
que se manifiestan como chorros de hadrones.
(****) La teoría de cuerdas,
postulada por Edward Witten, con raíces en la mecánica ondulatoria
iniciada por de Broglie y Schrödinger, propone sustituir todas
las "partículas" elementales por minúsculas cuerdas: cuerdas
"sin espesor pero de longitud finita", que vibran en nueve
dimensiones espaciales. La teoría incluye la gravitación en el mismo modelo que
las otras tres interacciones fundamentales. Pretende que los quarks sean
cuerdas cuánticas (de 10 elevado a menos 35 m. de longitud). Las
partículas que observamos, no serian sino manifestaciones de modos de vibración
de estas cuerdas... Curiosamente, si traducimos "partículas" por
"burbujas" y "sustrato básico" por "minúsculas
cuerdas", encontraríamos ciertas similitudes de fondo entre la teoría de
las cuerdas y la explicación anterior de Einstein y de Broglie.
La teoría, conviene recordar, que, pese a su aparición en los años 70, no
interesó a los físicos hasta 1984. Hoy disponemos de cinco teorías de cuerdas,
que sólo existen en la imaginación de sus teóricos, porque todavía no se ha
observado en los grandes aceleradores ninguna de las
singulares "partículas" básicas anunciadas.
(*****) Materia oscura, invisible,
extraña, exótica, negra. ¿Dónde está? ¿De qué esta hecha? 60 años después de
que el suizo Fritz Zwicky afirmara que al menos un 90% de la masa del
Universo o materia espacial (se dice igual del plasma) escapa a nuestras
observaciones, ya que no emite luz visible u otra radiación, los astrónomos
siguen sin verla. Pero saben que está ahí, en forma de nubes oscuras,
llamadas halo, como lo confirman sus efectos gravitatorios mensurables sobre la
curva de rotación de las galaxias. Esto, claro está, contraría la expresión
extendida de que sólo es una hipótesis la existencia de una forma de energía
"que permea el Universo, y que sería la causa de que las galaxias se estén
apartando unas de otras cada vez más deprisa". ¿De qué esta compuesta esta
sustancia material? Los astrofísicos trabajan cuatro posibilidades: neutrinos,
partículas sin carga ni masa aparente, "wimos", partículas
masivas de interacción débil, y en el macrocosmos, machos (materia planetaria
invisible): planetas enormes con poca masa o estrellas enanas blancas hechas de
materia ordinaria; y, por último, agujeros negros. Tiene que ver con la
densidad de la materia en el universo. Una ligera variación en un sentido o en
otro y el universo podría continuar o "desaparecer". Lo cierto es que
su destino está relacionado muy de cerca con la materia que hay en el aparente vacío
históricamente cuestionado y que aquí nos viene ocupando, y ello porque su
descubrimiento permitirá explicar mejor cómo hemos llegado a ser como somos
hoy, desplazando cada vez más los misterios, campo de cultivo de las
supersticiones y los prejuicios tan frecuentemente explotados por intereses muy
concretos..
Parecidamente al caso de la materia oscura,
el mundo de los físicos atravesó en el curso de los años 30 una crisis nacida de las interpretaciones
divergentes de la física cuántica. Viene al caso referir la posición adoptada
en 1939 por Paul Langevin (n.1872), uno de los grandes científicos
comprometidos con los movimientos progresistas y pacifistas. <<Nuestra
razón -diría- no está dada a priori..., evoluciona y se insinúa cada vez más
cerca de esta realidad que conocemos y dominamos cada vez más... Una vez más se
ha hablado de "crisis" de la física. Los filósofos idealistas
-añadiría-, así como los físicos que comparten sus concepciones, como Eddington,
Jeans, Jordan, Dirac y otros, han afirmado que los progresos recientes de
la física demuestran que no existe un mundo real independiente, que nuestra
voluntad de conocer la realidad choca con límites infranqueables... han querido
ver en las relaciones de indeterminación de Heisenberg una confesión por
parte de la física de las limitaciones del conocimiento científico... Así, en
los años que han seguido al enunciado del principio de incertidumbre, algunos
físicos no han vacilado en afirmar que nuestros conocimientos sobre los átomos
ya no rebasarán el nivel alcanzado en tormo a 1931... Pero hemos progresado en
la exploración de un mundo atómico presuntamente incognoscible. Se ha
constituido así un nuevo dominio de la física: la física nuclear. De hecho,
ningún límite infranqueable se ha impuesto a nuestro conocimiento de la
materia... Sin embargo, se llegó a hablar del albedrío "de los
electrones", de la "libre elección" que realizaba la naturaleza
en tal o cual eventualidad. El electrón era asimilado a un individuo humano.
Esas interpretaciones iban lo bastante lejos como para que Eddington
pudiera aventurarse a escribir que "la religión se ha vuelto
aceptable a partir de 1927 para una mente científica razonable"...
Y un libro de Jordan abunda en fórmulas definitivas: "liquidación
del materialismo", "posibilidades novísimas para garantizar a la
religión su espacio vital sin contradicciones con el pensamiento científico...
Pero aquellos que presentan la evolución de nuestro conocimiento del
determinismo como su fracaso, por mucho que digan inspirarse en la ciencia más
moderna no es de ella de donde sacan su idea, sino de una vieja filosofía
hostil a la ciencia que tratan de reintroducir en ella>>...
Brevísimo resumen histórico del éter,
quintaesencia, o vacío espacial:
En la Antigua India, el Ragveda (que
recoge 120 himnos del período védico temprano, 600 a 800 a.n.e.) registra las
inquietudes e incluso alcances sorprendentes del intelecto por explicarse la
composición del mundo: "el universo no era más que una onda indistinta".
La doctrina sankhya (600 a.n.e.) denominaba praktiti a la
"sustancia primigenia". La escuela nyaya y vaisesika
sostenía que pequeñas partículas de agua, aire, tierra y fuego se
mantenían en el éter. La escuela religiosa nimansa
explicaba que el alma estaba compuesta de átomos regidos por la ley
autónoma de karma.
-En China, Zhang Zai creía en un magma
armonía, partícula invisible que da vida a todo Y, Lao-Tse, creía en
el tao...
-La doctrina azteca sostenía la idea de
los cuatro elementos..
-Los griegos se plantearon la cuestión
de si existía un solo mundo material y otra esencia o no de origen divino... De
aquí a preguntarse si la materia era continua o discontinua sólo había un paso.
Veamos:
Hesíodo (mitad del VIII
a.n.e.) habló de la existencia de un fondo material surgido del
"khaos" (caos).
Tales de Mileto (n.624 a.n.e.), que
viajó por Mesopotamia y Egipto, situó el agua como primer elemento de la que se
fueron separando la tierra, el aire y los seres vivos.
"Saber -diría Tales- no consiste en saber
muchas cosas sino en ir descubriendo aquello que las regula".
Anaximandro (n.610 a.n.e.) llamó
apeiron a un "algo, indefinido e ilimitado".
Anaxímenes (n.550 a.n.e.) creía
en una sustancia divina, pneuma, de la que surgía todo.
Heráclito (n.530 a.n.e.)
sostuvo que todo venía del fuego, "que fue y siempre será eternamente
vivo".
Anaxágoras (n.500 a.n.e.)
pensaba que los objetos celestes provenían de la condensación de una masa
caótica en remolino y eran arrastrados en el espacio por el éter.
Para atestiguar la existencia de "un solo mundo material", puso de
ejemplo la caída de un meteorito del espacio "celeste". Sostenía un
pensamiento sorprendente, que está cobrando vigencia en nuestros días: "la
naturaleza es continua y la realidad se ofrece a nuestra percepción de forma
discontinua". Fue el primer caso en la historia en que un filósofo es
sentado en el banquillo de los acusados por defender sus teorías.
Empédocles (n.494 a.n.e.), alumno
de Tales, fundió en una las teorías de los cuatro "elementos"
básicos: tierra, aire (cuyo peso intuyó), agua y fuego, que existían como un
algo continuo y daban movimiento a un universo mantenido en "ciclos cósmicos"
de Amor y de Odio. Enunció que la luz empleaba determinado tiempo para llegar a
la Tierra.
Demócrito (n.460 a.n.e.), por
fin, descartando cualquier sustancia divina de fondo, atribuyó al vacío
un género específico de existencia material; lo señaló como el medio
real donde existían lo que él llamó "átomos" (o sea, entidades
"no divisibles"), de naturaleza material, dotados de movimiento
propio, componentes de todas las formas existentes: "en realidad no
hay más que átomos y vacío".
Aristóteles (n.384 a.n.e), ya
lo dijimos, definió el vacío espacial como un quinto elemento
(quintaesencia), éter: "sustancia del cielo más divina que
todas", que llenaba todo y daba forma a los objetos celestes,
eternos, inmutables e incorruptibles que se hallaban más allá de la Luna. Todo
lo existente en el mundo sublunar, con la Tierra en el centro, era imperfecto y
corruptible, compuesto de una especie de "materia primigenia" que
existía en potencia hasta que adquiría "forma" y se le imprimía movimiento.
Rechazó el atomismo, replicando que el espacio vacío que había defendido
Demócrito para explicar el movimiento de los átomos no podía existir, porque
en la naturaleza "no puede haber algo sin nada al otro lado",
algo que lo llenara todo para poder transmitir los efectos físicos por contacto
de un lugar a otro. Sin embargo, pensaba que el calor es "como un elemento
oculto formado por partes en perpetuo movimiento".
Epicuro (n.341 a.n.e.)
recuperó el atomismo, estableciendo la causalidad ciega y
la eternidad de la naturaleza. Sostenía que la materia es eterna y está
dotada de un movimiento interno: "estos átomos están en
movimiento durante toda la eternidad..., en el seno del vacío infinito".
Enseñó la idea y la escribió en sus obras, 300 a.a.n.e..
Sus seguidores dieron un gran paso: determinaron la percepción sensible como la
única fuente del conocimiento.
Lucrecio .(n.94 a.n.e.),
filósofo y poeta latino, difundió la idea del atomismo asociada a la del
vacío. En su poema Sobre la Naturaleza (60 a.n.e.), obra que
sobrevivió a través de la Edad Media y fue uno de los primeros trabajos que se
imprimieron con la imprenta de Gutenberg, aparece escrita la sentencia:
"nada puede ser creado de la nada"..
...La oposición de Aristóteles al
átomo se vería prolongada y tergiversada por el oscurantismo durante 23 largos
siglos de frenos y controversias. Y ello de manera tal, que a partir del XVII
se seguiría hablando todavía de los cuatro elementos clásicos, si bien con
ligeras variantes, como en los casos de Descartes, Newton y Leibniz,
pero siempre bajo un común denominador, la aceptación de que los únicos estados
básicos de la materia eran el sólido, el líquido y el gaseoso, sin dilucidar
aún el carácter de los llamados fluidos imponderables (flogisto,
calórico, lumínico, eléctrico, magnético, éter incluido). Hasta que
estos, menos el éter, fueron explicados se había vivido en la creencia
de que el calor, como ejemplo, era un fluido imponderable y libre que entraba
por los poros de los cuerpos cuando se calentaban y salía cuando se enfriaban.
...Cierto que, como veremos después, Descartes
y Leibniz seguirían negando todo lo que no coincidiese con sus
planteamientos contrarios al éter y / o vacío.
Descartes consideraba que la naturaleza estaba
constituida por tres elementos primigenios: ígneos, aéreos y térreos, en un
continuo espacial, formando vórtices o torbellinos que
interaccionaban sin dejar intersicios, pero movidos por un impulso divino. Leibniz
mantenía que las mónadas eran los elementos constitutivos de la
realidad: infinitesimales, de naturaleza psico-física, que poseían en sí mismas
el principio de sus acciones y su propia finalidad, eran simples, inextensas, e
indiscernibles unas de otras, cuyo orden y existencia respondía a un plan
previo trazado por Dios.
El período helenístico (segunda
"cuna" de la cultura que representó Alejandría): Una vez agotada la
edad floreciente a la que habían dado impulso figuras como Euclides y
Apolonio, padres con Arquímedes de la geometría; Aristarco,
heliocentrista; Eratóstenes, geómetra de la esfera; Hiparco, que
calculó la distancia Tierra-Luna, y; Tolomeo, con sus ingeniosos epiciclos
expuestos en el Almagesto..., el interés por el conocimiento de las
ciencias naturales y la física en particular, privativo de la herencia
griega quedaría hibernado ¡durante más de mil años!...El cristianismo, al
centrar la atención sobre la naturaleza de Dios y su relación con el hombre y
asignar como única autoridad del saber las Sagradas Escrituras, introdujo una
variante completamente nueva en la materia objeto de estudio, sobre todo al
imponer la Filosofía moral sobre la Filosofía natural, confiriendo así a la
primera una especie de rango intelectual, que no era sino obediencia ciega.
Desde el año 200 hasta el 1200 de n.e., el
mundo europeo se regiría casi exclusivamente por la Filosofía moral, en
particular, de la Teología. La Filosofía natural fue casi olvidada. La
oportunista decisión de Constantino (n.274), de convertir el cristianismo en
una religión de Estado (que llegaría con el paso del tiempo a autodelegarse
para ejercer el poder espiritual sobre el orbe), traería impensables
consecuencias de atraso para la Historia universal. Bajo la influencia
oscurantista por entonces todavía imperante de Filon de Alejandría (n.
20 a.a.n.e.), para quien la Biblia era la única fuente del saber, y de la
posterior autoridad religiosa de Agustín de Hipona (n. 354), para quien
"la más peligrosa tentación es la enfermedad de la curiosidad"..., se
sucederían acciones como el horrible asesinato de Hipatia y la quema de la
Biblioteca de Alejandría... Siglos después, todavía, el cultivo cuidadoso de
ese bagaje de ideas permitiría al Papado coronar a Carlomagno (n. 742), brazo
secular de la Iglesia. Éste quedaría encargado de promover por la geografía
europea una "nueva cultura" para la fe católica que se extendería, al
mismo tiempo que el feudalismo, mediante una red de maestros ("scholastici" ) abanderados de la idea de los dos mundos y del Primum
Mobile, contrarios al átomo y el vacío, defensores de la teoría
geocéntrica basada sobre el carácter ideal y eterno de la inmutabilidad de los
cuerpos celestes, del pensamiento e incluso de la estructura social al uso.
... Hasta la aparición de pioneros como Miguel
Angel, Leonardo, Durero, Bacon, Kepler, Copérnico, Galileo, Giordano Bruno
etc., no volveríamos a ver a los nuevos instrumentos de la cultura, el
pensamiento, el arte y la ciencia presionando en pleno escenario de la
historia; conformando las primeras luces del Renacimiento, la centralidad
humana y la revolución energética, que serían el preludio de la Revolución
Industrial, es decir: los elementos que favorecerían con la mediación islámica,
la recuperación del interés por la física, el pensamiento y los conocimientos
griegos y grecorromanos, amén de muchas de las técnicas procedentes de Oriente
Medio, que permitirían puentear el tremendo e insondable vacío cultural abierto
por la religión dominante, que había apostado por un oscurantismo cavernícola
en detrimento del progreso humano... Habrían tenido que pasar nada menos que
¡1600 años! para volver a hablar de la máquina de vapor que inventara Heron
de Alejandría en el siglo 1º de n.e, y siglos para recuperar las teorías de
los griegos alejandrinos sobre la esfericidad de la Tierra, el heliocentrismo,
los movimientos planetarios, los conocimientos de Arquímedes, Euclides,
la pristina idea del átomo, etcétera, etcétera, etcétera...
Pero no todo se había perdido: A comienzos de la
Baja Edad Media rondaba por Europa una teoría tenida por "peligrosa"
iniciada por Juan Filipono (primera mitad del VI) e introducida por los
árabes, que sería un primer paso en la revolución científica. Filipono, recordándonos
a Epicuro, admite la posibilidad de un movimiento natural en el vacío
y pone en cuestión a Aristóteles y en particular su explicación del movimiento
(Primun Mobile), tratando de sustituirla por la del ímpetus o
movimiento inherente: "lo que permite al cuerpo mantenerse en
movimiento sin acciones externas, algo inmanente, comunicado o adquirido por el
hecho mismo de moverse". Por fin, un numeroso grupo aunque disperso pero
coherente, de partidarios de la teoría del impetus, se
atrevía a prescindir de los "motores angélicos";
empezaba a reconocer la vida en una sociedad evolutiva, perfectible, de mente
dinamizada y crítica, y a relacionar los conceptos de espacio, tiempo,
velocidad, aceleración y fuerza con un significado objetivo.
-De otro lado, con el declive relativo de la
esclavitud, con el paso al feudalismo y la utilización de nuevos conocimientos,
técnicas e instrumentos llegados vía de los árabes (arado de vertedera,
arneses, herradura, fertilizantes, molino, brújula, tornillo sin fin, polea,
palanca, manivela, etc.), la nueva riqueza creada a costa del trabajo
milenario, del desarrollo de la agricultura y el comercio medievales terminaría
sirviendo, además de para organizar las Cruzadas, para consolidar la red de
monasterios fundados en la baja Edad Media e ir construyendo entre los siglos
XI y XIII las nacientes ciudades urbanizadas, las nuevas catedrales
monumentales, y, en particular, las primeras Universidades (en Bolonia, París,
Montpellier, Oxford, Cambridge, Nápoles, Palermo, Padua, Praga, Salamanca,
Coimbra), establecidas para la preparación teológica de los clérigos y juristas
y dar cierto aire culto a la nobleza, regentadas por dominicos
aristotélico-conservadores y franciscanos, que entendían la ciencia como
experimentación, pero sin práctica alguna, donde la poca física que se
estudiaba era cuidadosamente pasada por el filtro de la Teología.
-La filosofía medieval dominante, la
Escolástica, tenía como fin fundamental sistematizar la concepción cristiana
del mundo en términos oscuramente aristotélicos, de lo que se ocuparía
posteriormente con especial interés Tomás de Aquino (n.1225). Se había
formado con Alberto Magno (1196) y especializado en la cristianización
de Aristóteles, por cuanto seguiría negando el vacío, alegando la
necesidad del contacto entre las cosas, porque sin él no sería posible el
traslado del "Primun Mobile" a las esferas celestes. Cierto es que el
tomismo sirvió para despertar algún interés por la ciencia y la técnica,
pero el torticero propósito de aplicar la primera a la búsqueda de Dios estancó
el avance de ésta, tanto que encontró pronto sus primeros detractores en
Oxford, París e Italia. Miembros del Merton College de Oxford y otras
universidades "oxaron poner en duda -dice H. Butterfield- la
explicación aristotélica del movimiento y trataron de implantar una nueva
doctrina, la del impetus".
En el terreno de las ideas, el conocimiento de
la física del Universo seguiría siendo motivo de preocupación entre los árabes,
cuyos conocimientos a mediados del siglo VIII abarcaban la mayor parte del
mundo conocido. En su obra, el Trivium, de finales del siglo V, en la
Mecánica o "ciencia de los ingenios" se trataron los conceptos
básicos espacio, tiempo, materia y vacío, así como la "ciencia del movimiento"
que estudiaba la relación entre causa y velocidad.
Al-Kindi (n.800), filósofo, para quien dios no
era más que una "causa remota", había abierto las puertas al
aristotelismo original..
Al-Farabi (n.870) sostenía que
el mundo material estaba compuesto de seis elementos (minerales, plantas,
animales, hombres y cuerpos celestes).
Alhazen (n.965) consideraba los rayos luminoso dirigidos de los objetos al ojo,
contrariamente a Arquímedes
Avicena (n.980) socavaría
los pilares de la religión con sus complejas tesis sobre la eternidad.
Avempace (finales del 1138)
coincidió con Filipono al admitir la posibilidad de un movimiento
natural en el vacío; cuestionó la idea aristotélica de la caída de las
cosas ( "que buscan su lugar natural"),
pensando que podía ser debido a una atracción de la tierra semejante a
la que el imán ejerce sobre el hierro...
Averroes (n.1126) afirma que
la materia y el movimiento son eternos y no han sido nunca creados;.recupera con sus traducciones a un Aristóteles liberado de
las adherencias neoplatónicas y teológicas medievales, con lo que daría lugar
con el paso del tiempo al refrescante "libertinismo" que se
practicaría en universidades como la de Padua, donde se refugiaría Galileo en
1592, y donde habrían adoptado las traducciones sustitutivas del aristotelismo
tomista.
Al-Sari (XIII) mostraría un mundo
material, con el tiempo y el movimiento, compuesto de átomos separados
por el vacío.
Roger Bacon (inglés,
n.1214), ideólogo del artesanado, adversario de la escolástica y estudioso de
la ciencia árabe preconizaría el estudio experimental de la naturaleza. Achaca
el estancamiento de la filosofía natural a los teólogos escolásticos que
"con sus manos y sus métodos han hecho peligroso hablar de la
naturaleza". Su Novum Organum ("El Nuevo Instrumento")
intenta sistematizar el proceso de adquisición de conocimientos a partir de la
observación de los fenómenos por un proceso natural de inducción. En su opinión
el fin de la ciencia " debe tener por objeto el acrecentamiento del poder
del hombre sobre la naturaleza para el bien de la humanidad". Mediante la
observación llega a la conclusión de que el calor es "un movimiento
expansivo que obra en las pequeñas partes de la materia que va del centro a la
circunferencia juntamente con un movimiento de abajo arriba". No obstante
hablar de la "filosofía espinosa y contenciosa de Aristóteles", niega
los átomo y el vacío.
Maricourt, P.P.(francés, n. 1270), contrario al tomismo, dio el primer
paso seriamente experimental utilizando imanes, si bien, siempre tras la
búsqueda del movimiento continuo. Distinguió los dos polos de un imán, enunció
la ley de las atracciones y repulsiones, observó inseparables los polos entre
sí, consiguió imanes por inducción con otro imán y diseño una brújula
náutica...
.
Con la lenta recuperación de la física, la
ciencia y la figura de Arquímedes, se vería favorecido el desarrollo de
la
Mecánica, inseparable de la Física. A la Europa enclaustrada habían ido
llegando, poco a poco e indeteniblemente, desde Asia y China: el papel, el
cigüeñal y la biela, la rueda de hilar con la rueca, la vela latina con el
timón, la destilación en alambique, la pólvora... Después, la fundición de
hierro y la forja, la imprenta (1438) difusora del pensamiento, la porcelana.
Poco a poco estaba recobrando nuevo y vigoroso impulso la Historia del Progreso, que había sido brutalmente cercenada en los comienzos de nuestra era. Baste recordar cómo pasó al olvido el ensayo antes referido de la primera máquina de vapor inventada por Heron en el siglo I a.n.e., al igual que Ctesibio, hombre de gran ingenio que había resuelto con su bomba el desaguado de las minas hispánicas de los romanos. Otro ejemplo fue la propia Hispania romana, que bajo la influencia griega y fenicia había dado vida a científicos como Columela autor de 12 tomos sobre agricultura y