Iñaki
Gil de San Vicente
ALGUNAS RELACIONES
ENTRE
CAPITALISMO, GLOBALIZACION
Y TECNOCIENCIA.
0.- PRESENTACIÓN: MARX Y LA
TECNOCIENCIA.
1.- EXOENERGIAS, ANTROPOGÉNESIS, PRODUCCIÓN Y PUEBLOS.
2.- TERMODINÁMICA, ENTROPÍA, TECNOCIENCIA Y PODER.
3.- AHORRO DE TRABAJO, COOPERACIÓN Y EXPLOTACIÓN SOCIAL.
4.- ESCLAVISMO,
GUERRA Y LIMITACIÓN TÉCNICA.
5.- FEUDALISMO Y TÉCNICA PREINDUSTRIAL.
6.- EXPLOTACIÓN Y
ORDEN TECNOLÓGICO BURGUÉS.
7.- RACIONALIDAD PARCIAL E IRRACIONALIDAD GLOBAL.
8.- PERMANENTE GLOBALIZACIÓN CAPITALISTA.
9.- NEOIMPERIALISMO GLOBAL ESTADOUNIDENSE.
10.- CONTROL SOCIAL GLOBAL Y TECNOLOGIA REPRESIVA.
11.- INNOVACION TECNOLÓGICA Y TASA DE BENEFICIO.
12.- MAXIMO BENEFICIO, FLEXIBILIDAD Y NUEVAS TECNOLOGIAS.
13.- LEGITIMACIÓN REFORMISTA DE LA TECNOCIENCIA.
14.- DOMINACIÓN TECNOCIENTÍFICA O PRAXIS CIENTÍFICO-CRÍTICA.
O.- PRESENTACIÓN: MARX Y LA TECNOCIENCIA.
Las páginas que siguen son un desarrollo de los apuntes que
sirvieron de base para una conferencia-debate sobre globalización y nuevas tecnologías,
pero, como frecuentemente ocurre, tanto
las enseñanzas del debate como las reflexiones posteriores y el propio
desarrollo de los apuntes, todo ello a la vez, han terminado por extenderse a
los capítulos que siguen. De hecho, era obvio que no se puede entender la
globalización sin el capitalismo, del mismo modo que tampoco se pueden entender
las nuevas tecnologías sin la
tecnociencia. Así es que, al final, el texto supera con mucho a la inicial exposición
oral, aunque se mantiene el objetivo buscado. Como se apreciará, en este texto
apenas aparecen desarrolladas consideraciones epistemológicas y mucho menos aún
ontológicas, que, sin embargo, son imprescindibles para conocer qué es la
tecnociencia. Sólo al final se anotan algunas cuestiones que entiendo
elementales para fijar una crítica a la tecnociencia. En cuanto a la abundancia
de citas, la razón es muy simple: es mejor dejar hablar a los autores, que
empobrecer sus ideas con resúmenes voluntariosos, subjetivos e ignorantes.
Un ejemplo es Marx:
"Ya hemos hablado del
ahorro que se obtiene con el empleo en común de los medios de producción por el
obrero colectivo --por el obrero socialmente combinado-- en el proceso de
producción. Más adelante examinaremos otros ahorros en cuanto a la inversión de
capital constante, derivados del acortamiento del tiempo de circulación (donde constituye --cursivas mías-- un factor material esencial el desarrollo
de los medios de comunicación) Aquí debemos decir algo acerca de la economía que se obtiene mediante el
mejoramiento constante de la maquinaria,
y más concretamente: 1º de su materia, empleando, por ejemplo, hierro en vez de
madera; 2º del abaratamiento de la maquinaria conforme va progresando la fabricación
de máquinas en general, de tal modo que aunque el valor de la parte fija del capital constante aumente
constantemente a medida que se
desarrolla el trabajo en gran escala, no aumenta ni mucho menos en el mismo
grado; 3º de las mejoras especiales que permiten a la maquinaria ya existente
trabajar más barato y con mayor eficacia, como ocurre, por ejemplo, con las
mejoras introducidas en la caldera de vapor, etc., de lo cual diremos algo en
detalle un poco más adelante; 4º de la reducción del coeficiente de
desperdicios mediante maquinaria más perfecta"[1].
Marx también advirtió del papel de la ciencia en este proceso:
"El desarrollo de la
capacidad productiva del trabajo en una rama
de producción, por ejemplo, en la producción de hierro, de carbón, de máquinas,
en el ramo de la construcción, etc., que en parte pueda hallarse
coordinada a su vez con los progresos en
el campo de la producción espiritual, v.
gr., en el campo de las ciencias naturales y de su aplicación, puede
aparecer como una condición necesaria para
la reducción del valor y, por tanto, de los gastos, de los medios de
producción en otras ramas
industriales, por ejemplo, en la industria textil o en la agricultura (...) La
característica de esta clase de economías del capital constante, fruto del
desarrollo progresivo de la industria, es que la elevación de la cuota de
ganancia en una rama industrial se debe aquí al desarrollo de la
capacidad productiva del trabajo en otra
rama. El capitalista se beneficia aquí, una vez más, con una ganancia que es
producto del trabajo social, aunque no sea producto de los obreros directamente
explotados por él. Aquel desarrollo de la capacidad productiva se reduce
siempre en última instancia al carácter social del trabajo puesto en acción; a
la división del trabajo dentro de la sociedad; al desarrollo del trabajo
espiritual, y especialmente de las
ciencias naturales"[2].
Por último, y sin extenderme en otras muchas citas de Marx y Engels, sí veo necesario acabar con una de
sus afirmaciones categóricas que han sido confirmadas por el posterior
desarrollo capitalista:
"Desarrollándose, las
fuerzas de producción de la sociedad o fuerzas productivas del trabajo, se
socializan y devienen directamente sociales
(colectivas), gracias a la cooperación, la división del trabajo en el seno del
taller, el empleo del maquinismo y,
en general, las transformaciones que sufre el proceso de producción gracias al empleo consciente de las ciencias
naturales, de la mecánica, de la química, etc., aplicadas a determinados fines
tecnológicos, y gracias a todo lo que se vincula al trabajo efectuado a gran escala, etc. (Sólo este trabajo
socializado es capaz de aplicar los productos generales del desarrollo humano --por ejemplo, las matemáticas-- al
proceso de producción inmediato, estando determinado, a su vez, el desarrollo
de esas ciencias, por el nivel alcanzado por el proceso de producción
material).
Todo este desarrollo de la
fuerza productiva del trabajo socializado,
lo mismo que la aplicación de la ciencia
al proceso de producción inmediato, ese proceso general del desarrollo social, se oponen al trabajo más o menos
aislado y disperso del individuo particular y, en tanto que totalidad, se
presenta directamente como fuerza
productiva del capital, y no como fuerza productiva del trabajo aislado, o
la de los trabajadores asociados en el proceso de producción, o, incluso, la de
una fuerza productiva del trabajo que se identificara con el capital"[3].
Cuando Marx integra en el capital constante la "producción
espiritual", el "trabajo espiritual" y las "ciencias
naturales", lo mismo que cuando en otro lugar define a las universidades
como "fábricas de educación", --sin poder precisar aquí que entendía
Marx por "ciencia"[4]--
se adelanta a las investigaciones muy recientes sobre la mercantilización de la
tecnociencia, sobre cómo se trabaja en los laboratorios, sobre qué estructuras
jerárquicas y de autoridad hacen que la productividad tecnocientífica en los
departamentos de I+D cumpla a tiempo los objetivos establecidos por los
capitalistas. Al insistir en que los beneficios circulan de una rama de
producción a otra advierte que los capitales dominantes en la tecnociencia e
I+D extienden sus tentáculos a la totalidad del sistema, y al insistir en el
determinante papel de los medios de comunicación para acelerar el
acortamiento del tiempo de circulación --una de las obsesiones del
capitalismo-- anuncia todos los "descubrimientos" actuales sobre la
"economía de la información", y los integra en una concepción más
rica y global. Una concepción en la que la capacidad de pensamiento humano ha
de emanciparse de la restrictiva dictadura del valor de cambio. Y esta tarea es
prioritaria en quienes se autocalifican como "científicos" porque en
su misma proceso de trabajo asalariado están las causas de su alienación.
1.- EXOENERGIAS, ANTROPOGÉNESIS, PRODUCCIÓN Y PUEBLOS.
Permítanme empezar con una reflexión aparentemente muy alejada del tema
que tratamos, la reflexión sobre la circulación y producción de energía,
sobre el tiempo de ejercicio de la
fuerza de trabajo que esa energía permite y sobre la productividad de la fuerza
de trabajo realizable con el consumo de
esa energía. ¿Por qué comienzo con unas divagaciones tan alejadas del tema que
nos trae aquí? Pues porque opino que son el secreto al que al final debamos
enfrentarnos. ¿Por qué y para qué la especie humana crea la línea que va de la herramienta a la
tecnología pasando por los puntos necesarios de la máquina y de la técnica?
¿Por simple gusto a la producción de herramientas o para ahorrarse penosidad y
esfuerzo, sudor, tiempo de trabajo y así, aumentar su tiempo propio, su
tranquilidad y comodidad? ¿Sólo existen instrumentos humanos y no de otras
especies animales? ¿Qué relaciones existen entre los instrumentos, las
máquinas, las técnicas y las tecnologías con una certidumbre ya aceptada por
los conocimientos actuales como es la de la tendencia de la naturaleza orgánica
a ahorrar energía y optimizar el trabajo con el mínimo posible desgaste de
fuerza, a buscar un equilibrio siempre inestable entre la energía disponible y
su necesario consumo? ¿Por qué según se desarrolla el capitalismo la técnica se
industrializa, se acerca a la ciencia, se transforma en tecnología y por
último, se fusiona con la ciencia en el complejo tecnocientífico que a su vez es
subsumido realmente en el capital constante?
Estas últimas preguntas son de suficiente importancia como para empezar
por ellas, y antes de seguir queremos responder a una duda ¿Qué entendemos por
esa "energía" que tanto citamos?
Veamos una respuesta desde la ecología: "En Física es la capacidad
de los cuerpos para realizar un trabajo. Lo que define la energía en sus
diferentes formas es la calidad y la cantidad; por ejemplo, la tensión y la
intensidad, respectivamente, en la energía eléctrica; o la altura del salto y el caudal en la hidráulica"[5].
También tenemos la definición que desde la astronomía nos ofrece T. Ferris:
"energía: (1) La capacidad de realizar trabajo. (2) Manifestación de una
variedad particular de fuerza", y ¿cómo define este mismo autor
"fuerza"?: "Agente
responsable de un cambio en un sistema"[6].
Pienso que ya es suficiente y que todos
entendemos lo que queremos decir cuando decimos "energía" y
"fuerza" y por tanto la importancia clave que tiene para la
exposición que sigue. Pues bien, desde estas definiciones básicas comprendemos
más fácilmente la estrecha interacción entre el flujo energético que circula
por un ecosistema y la totalidad de comportamientos que se realizan en su
interior, sobre todo los relacionados con el ahorro, producción y
administración de esa energía.
Naturalmente, dichos comportamientos dependen a su vez del grado de
evolución y complejidad alcanzado en cada nivel concreto, en cada ecosistema,
en cada especie... de modo que el proceso que se denomina "vida", y del
que ahora no podemos decir nada, puede adaptarse, evolucionar y responder a los
retos del entorno según su capacidad de conjunción creativa de múltiples
interacciones. La rapidez de respuesta adaptativa a las agresiones o cambios
del entorno no sólo es una característica de la especie humana que está en
estrecha conexión con sus recursos económicos y tecnocientíficos sino también
incluso de las bacterias y sobre todo de la "pseudomonas",
dotada de una rapidez espeluznante de
adaptación a los antibióticos[7].
Semejante capacidad de "autodefensa" llega a ser más
impresionante cuando se realiza en entornos más amplios y complejos, como son
los de los cambios en las tasas de nacimientos y ciclos de reproducción de
muchas especies dependiendo del flujo energético global de modo que, con
altibajos, se mantiene un equilibrio inestable entre ambiente, energía y
sociedad, como indica H. T. Odum[8]. Muy recientes investigaciones de J. Kirchner
y A. Weil [9]
han analizado cómo la recuperación de especies amenazadas depende no sólo de la
destrucción de su nicho propio y de su eslabón en la cadena trófica sino de la
riqueza global del ecosistema, de modo que cuanta mayor sea la riqueza biótica
mayor será la facilidad de recuperación aunque llegue a demorarse diez millones
de años si se ha tratado de una destrucción catastrófica, y a la inversa, lo
que, para nuestro caso humano, confirma la importancia de las relaciones entre
ambiente, energía y sociedad.
La permanente interacción entre energía, fuerza y
trabajo nos lleva a introducir los conceptos de información y de tiempo,
vitales para entender cómo las especies animales generan sistemas de
comunicación para optimizar lo más posible todo el proceso en su conjunto.
Precisamente con la excusa de reflexionar sobre
el tiempo y el devenir, varios investigadores demostraron los
sofisticados sistemas de comunicación, información, ahorro energético, etc., de
muchas especies animales, empezando por las hormigas y acabando en los monos
más próximos a la especie humana, así como su la inseparabilidad de esas
cualidades progresivamente adquiridas con la evolución general de la materia y
de la vida[10]. Posteriores
investigaciones sobre las hormigas[11]
vuelven a confirmar multitud de estudios de campo sobre muchas especies y sus aptitudes para
responder y adaptarse creativamente a las innovaciones del medio, respuestas
que tendencialmente se orientan a una economía energética e informática.
Margalef dice
que: "Un sistema que ha acumulado organización (=información), no se puede
simplificar de manera ordenada ni puede desandar el camino seguido durante su
proceso de enriquecimiento. La forma como actúa y se almacena la información es
de tal naturaleza que no se puede simplificar paso a paso y permanecer
funcional, como no es posible, en general, la recuperación funcional de un
fermento desnaturalizado (...)un sistema disipativo autopoyético tiene gran
capacidad de creación, y es natural que se pueda considerar como esencialmente
"progresivo", lo cual no excluye su fragilidad frente a lo improvisto.
El grado de independencia puede ser proporcional a la información efectiva que
se posee sobre el entorno, pero si es tanta que todo -la repetición de lo
pasado- resulta previsible, se habrá cerrado la capacidad de explorar, lo cual
puede resultar catastrófico cuando aparece un reto totalmente nuevo"[12].
Una de las razones que explican esta dinámica es la tendencia a la reducción
del gasto energético o, en su defecto, al logro de un equilibrio lo más estable
posible entre la energía que entra en el
sistema abierto y la que se escapa al exterior.
Esta tendencia es muy importante
para nuestras tesis sobre la globalización y las tecnologías porque
sienta las base de lo que, ya en el
nivel humano de la evolución de la materia, podemos entender como relación
entre conocimiento social, fuerzas productivas, capacidades técnicas y
dialéctica de la libertad/necesidad, o si se quiere, de la independencia hacia
el entorno. Pero no nos adelantemos a la exposición y sigamos todavía en este
nivel porque nos parece básico ya que, en efecto, nos lleva a la interrogante
planteada por J. Wagensberg: "¿se puede definir el progreso?". Veamos
su respuesta un poco larga pero muy interesante:
"Yo creo que sí, y mi
propuesta de definición surge de un esquema conceptual matemático muy amplio
como es la teoría general de la información, que proporciona una idea
inteligible de complejidad que para mí es justo la necesaria, en el sentido de
que tenemos un todo, tenemos unas partes y tenemos una interacción entre las partes
que genera ese todo, lo cual es ya una idea de complejidad típica de la teoría
de la información. No se puede hablar de progreso según esta definición si no
tenemos un sistema, un entorno, una partición, una interacción y un instante
dado. Dentro de este marco de referencia se
puede decir que, cuando se produce un cambio, la nueva situación es más
progresiva que la anterior si la nueva situación es más independiente de la
incertidumbre del entorno (...) Estoy muy agradecido al profesor Goodwin porque
ha hecho dos intervenciones de las que, creo, se desprende que esta definición
puede tener algún sentido. Me hace muchísima ilusión que esta definición no
tenga demasiado sentido para un trozo de materia inanimada, con lo cual la idea de progreso se
desmarca de la de adaptación. La ilusión de un ser vivo es independizarse de
alguna manera y en algún sentido del entorno. Aquí hay, pues, una diferencia
importante respecto de la simple adaptación, que es sólo estabilidad (...) La
reflexión del profesor Goodwin sobre el aumento de la complejidad en el
universo es crucial aquí. Es lo que él ha llamado un cuarto principio de la
termodinámica. Por un lado tenemos productores de novedades (sistemas
disipativos, sistemas no lineales, atractores extraños). Por otro lado, esas
variaciones pueden tener como consecuencia un aumento brusco en la
incertidumbre del entorno, es decir, una catástrofe. Aplicando la teoría de la
información a un sistema definido localmente dentro de un universo con unas
condiciones fijadas, podemos ver cómo evoluciona el sistema para adaptarse a
esas condiciones"[13]
Espero que tras perdonarme Vds. esta cita tan larga, empiecen a
comprender la importancia que concedo a todo lo relacionado con la energía, el
trabajo y la fuerza, la información y la termodinámica, aunque no he dicho nada
concreto sobre ella por no extenderme demasiado. Pienso que en la evolución
humana, social, esta tendencia hacia el ahorro energético mediante el aumento
de la información, tendencia que busca el incremento de la independencia del
sujeto-colectivo con respecto a la incertidumbre del entorno, es decir, volver
esa incertidumbre en certidumbre integrada en la dialéctica libertad/necesidad,
nos permite, esa tendencia, explicar uno de los secretos del pensamiento humano
y de sus problemas con sociales con la herramienta y la máquina, con la técnica
y la tecnología. Pienso, a la sombra de Karl Marx, que el ser humano tiende por
su naturaleza social y a la vez natural a la innovación técnica. J. Elster lo
expresa mucho mejor que yo:
"Recordemos ahora lo
que Marx dice en el pasaje extraído de los 'Grundisse' que se cita más arriba,
con respecto a la futura sociedad en la que "el desarrollo universal,
progresivo, sin obstrucciones y libre de las fuerzas de producción es en sí
mismo la presuposición de la sociedad y por tanto de su reproducción".
Detrás de esta afirmación, y de muchas otras del mismo tenor, está la imagen
del hombre elaborada en los 'Manuscritos económicos y filosóficos de 1844'. De
acuerdo con esta idea, la actividad innovativa y creativa es natural en el
hombre, y surge del interior de su ser. Contrariamente al enfoque habitual de
la economía política, el problema no es el de crear incentivos para innovar,
sino de retirar los obstáculos para la
natural actitud innovativa del individuo "en quien su propia realización
existe como una necesidad interna""[14]
Semejante "actitud innovativa" es inseparable del proceso de
antropogénesis, de autogénesis de la especie humana en cuanto totalidad
evolutiva capaz de hablar y hacer. En esa decisiva cuestión J.B. Fuentes
Ortega, tras plantear el problema de las continuidades y discontinuidades en la
hominización biológica y cultural, planteando el problema de la convergencia
entre ambos polos, afirma en una cita larga que entiendo básica para comprender
el tema que tratamos, que:
"El núcleo crítico de esta convergencia hubo
de consistir precisamente en la producción.
Pues la idea de "producción", en efecto, implica no sólo una mera
(genérica) transformación conductual del medio, sino aquella forma específica
de transformación cuyos resultados (los objetos
de la producción) contienen una forma
o estructura específica, que nos
parece que podemos caracterizar mediante la idea de morfosintaxis. (...) para dar cuenta de la estructura no ya --o no ya solo-- de
cada uno de los objetos de la producción, sino más bien del tejido formado por grupos o subgrupos de
estos objetos, en cuanto tejido característico de los círculos socio-culturales
organizados en torno a ellos.
En concreto, las
"unidades" o "partes" "morfológicas" de dichos
tejidos (cuya correspondencia
lingüística serían los morfemas) consistirían en las diversas posiciones o lugares operatorios correspondientes con las diversas
"partes" de un objeto (fabricado) y/o con los diversos objetos de una
red de ellos, y las "relaciones sintácticas" entre dichas posiciones
operatorias serían precisamente aquellas en función de las cuales para cada una
de dichas posiciones una diversidad de sujetos orgánicos operatorios resultan
en principio mutuamente intersustituibles
a la vez que rotables entre ellas. De
este modo cabe reconstruir la estructura
formal misma de lo que suele denominarse "división social del
trabajo", como reparto cooperatorio de una diversidad de tareas o
especialidades productivas, en cuanto que dichas tareas consistirían
justamente en las "posiciones (operatorias) morfológicas" y su reparto
cooperatorio consistiría en la "sintaxis" que les liga.
Y si el propio lenguajes
(de palabras) resulta necesariamente intercalable entre medias de la
producción, pudiendo cumplir la función (pragmática) de comunicación entre los individuos en la misma, gracias a la
función (semántica) de representación de las situaciones (producidas), no sería
sino porque comparte, siquiera al
nivel de su articulación morfosintáctica, la estructura formal misma (morfosintáctica) del resto de los objetos
de la producción entyre los que se intercala. El privilegio del lenguaje
respecto del resto de las producciones morfosintácticas vendría dado por el
aparato sintáctico de su producción
operatoria, esto es, por los movimientos articulatorios supralaríngeos que
permiten "hablar de las cosas" con esta musculatura sin estar a su vez haciéndolas con la misma.
Y aquí es esencial comprender que los meros sonidos articulables de una
determinada morfología somática no constituyen todavía formalmente fonemas --no
forman parte de la articulación fonológica--, si no es combinados ya a la
escala de la articulación morfosintáctica --de la combinatoria sintáctica entre
morfemas (monemas y lexemas)--, a la
manera como el resto de las meras transformaciones operatorias del medio
posibilitadas por ciertos rasgos orgánicos
(pongamos, la forma redondeada de la teja que fabrica un artesano, acompasada a la forma
somática de su muslo) no constituyen aún ""unidades formalmente fonológicas de la producción" si no es
combinada con la estructura morfosintáctica que caracteriza a esta (pongamos:
la distribución de las partes de la casa de acuerdo con la sintaxis [social]
que regula las relaciones entre sus moradores).
(...) Asimismo, es el
concepto (darwinista) de selección natural el que irá quedando refundido a una
escala que será ya estructuralmente
discontinua respecto a aquella en la que formalmente funciona en la
teoría de la evolución. Pues dicho concepto, en el seno de la categoría
biológica evolucionista, incluye formalmente
la adaptación diferencial al
medio de los rasgos orgánicos--de los
individuos y/o de las poblaciones biológicas--, incluida su mediación
conductual, mientras que ahora más bien la eficacia
diferencial se irá dando formalmente
entre los propios objetos, es decir, entre grupos distintos de ellos
pertenecientes a círculos socio-culturales diferentes, como eficacia lograda por los
ajustes físicos mutuos entre sus partes
que su estructura sintáctica asegura. De este modo, la supervivencia
diferencial de los organismos y de sus
grupos ("poblaciones") irá transformándose en supervivencia
diferencial de unos círculos sociales frente a otros ("pueblos") en
función de la eficacia comparativa de sus propios grupos de objetos --de sus técnicas--".[15]
2.- TERMODINÁMICA, ENTROPÍA,
TECNOCIENCIA Y PODER:
Habrán comprendido fácilmente la importancia de esta tesis para el tema
que tratamos, pues articula con rigor y elegancia la dialéctica entre la
continuidad biológica y la discontinuidad lingüístico-cultural dentro de la antropogénesis, articulación centrada
en la producción social de la existencia, con efectos en la aparición y
diferenciación de los "pueblos". Pero esa tendencia cierta es
contrarrestada por injusticias históricas como la propiedad masculina de la
fuerza de trabajo psicosomática de la mujer en primer lugar, y a partir de aquí
por la explotación y opresión de los pueblos y de las clases trabajadoras. Así,
a partir de aquí y sobre todo en el capitalismo, la tendencia al ahorro y
racionalidad quedan reducidas a simples esfuerzos individuales que desaparecen
y se convierten en su contrario antagónico, es decir, en el despilfarro y en la
irracionalidad absoluta. Hay que partir del hecho de que, según Martínez Alier:
"En la humanidad el consumo exosomático de energía y materiales no está
determinado genéticamente, sus límites son culturales y político-económicos"[16].
Límites que son efecto de la explotación y de la lucha de clases e
inseparables de las relaciones de la especie humana con la naturaleza, de la
que extrae mucha más energía de la que
necesita y siempre en beneficio de la minoría dominante, de modo que, como
explica Naredo en un interesante artículo sobre energía, materia y entropía:
"La sola extracción de combustibles fósiles, además de superar anualmente
en toneladas a ala producción de alimentos, contiene una energía que multiplica
por 14 la contenida en éstos, mostrando que la especie humana es la única que
utiliza una energía exosomática muy superior a la ingerida en forma de
alimentos (...) Mientras que para la
media mundial se usan al año una seis toneladas por cápita de materiales
extraídos de la corteza terrestre, el estadounidense medio viene a utilizar
entre 25 y 30. Y en lo referente al uso
de los productos energéticos comercializados, es conocido el dato de que los
Estados Unidos, con un 5 % de la población mundial, consumen el 30 % de las
disponibilidades mundiales de esos producidos"[17].
La obtención y reparto o distribución de energía, son inseparables del
trabajo humano, de la producción social; y estas, a partir de un determinado
grado de contradicciones y antagonismos sociales, son inseparables de la
explotación, opresión y dominación. En sentido general, uno de los secretos de
la técnica en general radica en la interacción dialéctica entre, de un lado, la
tendencia al mínimo esfuerzo o principio de la mínima acción, formulado por
Maupertius en la primera mitad del siglo XVIII; por otro, la ley de la
productividad del trabajo, tan bien resumida por Trotsky[18]y
que expresa uno de los puntos nodales del materialismo histórico y, por último,
por el conjunto de teorías que R. N. Adams sintetizó en su clásico texto sobre
las relaciones entre segundo principio de la termodinámica, selección natural,
la llamada "ley" de Lotka y algunos principios de sistemas abiertos
en no equilibrio[19]. De este modo,
comprendemos que la expoliación norteamericana del 30% de la energía
exosomática mundial no depende sólo del control de los recursos energético y de
la supremacía tecnocientífica, sino que estos son factores necesarios pero
insuficientes en sí mismos ya que, en última instancia, dependen del poder de
opresión y explotación, y del control social y dominación ideológica. Pero, en
definitiva, es la capacidad de
explotación de la fuerza de trabajo humana la
que garantiza, en su régimen social opresivo, el que la minoría acapare
la mayoría de la energía.
Desde esta perspectiva, la tecnociencia capitalista tiene la función básica de asegurar la fácil y masiva transferencia de energías y
recursos de toda índole, fundamentalmente de fuerza de trabajo social, de la
mayoría oprimida y explotada a la minoría opresora y explotadora La
institución tecnocientífica tiene, así, la tarea de optimizar la transferencia
de entropía negativa de la mayoría explotada a la minoría explotadora, o
resumiendo las tesis imprescindibles de L. Jiménez Herrero en su magistral
lección de "termonidámica para economistas":
"Cualquier proceso
llevado a efecto en la máquina económica tiene consustancialmente asociado un
flujo de energía que se degrada irremediablemente. La circulación económica de
bienes y servicios puede traducirse en términos energéticos, y así lo que
tradicionalmente se ha considerado como circulación "real" es
esencialmente "energética" (...) En los sistemas cerrados (sin
intercambio de materia) la tendencia inevitable es alcanzar un estado de equilibrio
definido por la máxima entropía o desorden. Los sistemas abiertos que
intercambian materia y energía con el exterior consiguen retrasar la tendencia
entrópica, creando temporalmente "islotes", estados de mayor orden
incorporando entropía negativa o negaentropía (información, conocimiento,
organización)
(...) La ecósfera, a
través del intercambio de energía, ha ido consiguiendo mantener un balance
positivo de negaentropía o de organización compleja por mediación de la
fotosíntesis y los procesos biológicos. Sin embargo, esta trayectoria se
distorsiona en la medida en que la actividad económica use masivamente los
recursos energéticos y materias primas y se devuelvan como materiales de
desecho (no absorbidos por el medio ambiente), disminuyendo la capacidad de
organización de todo el sistema. El hombre depende cada vez más de dispositivos
técnicos que intenten reemplazar a los
naturales para contrarrestar la tendencia hacia el aumento de la entropía. El
crecimiento incontrolado de las últimas décadas (el crecimiento por el
crecimiento, como un fin en sí mismo) parece seguir el camino del desorden y de
la entropía. Los instrumentos antientrópicos del sistema mundial residen ene el
aumento de la capacidad de creación de estructuras organizativas. Algunos
autores piensan que, con independencia de esa capacidad creativa, el sistema
económico dispone de mecanismos intensos para poner la tendencia entrópica,
como, por ejemplo, la inflación y la igualdad de riqueza.
Sobre las bases apuntadas
anteriormente, quizá podría plantearse también una nueva teoría del
"intercambio desigual" entre países ricos y pobres: los primeros se
encuentran sometidos a una entropía económica avanzada y su abastecimiento de
entropía negativa pasa por una estrategia que afecta no sólo a la disposición
de mecanismos internos de su propio sistema sino además a las relaciones de
dominación centro-periferia para la disponibilidad de recursos naturales,
imprescindibles para el mantenimiento del proceso económico"[20].
3.- AHORRO DE TRABAJO, COOPERACIÓN Y EXPLOTACIÓN SOCIAL.
Si hablamos de energía, trabajo, información y adaptación al medio,
también hay que hablar de las fuerzas productivas y sus técnicas
correspondientes para obtener alimentos y comida, y sobre todo para intentar
mantener la salud colectiva e individual. Sin salud o con una salud precaria la
fuerza de trabajo social es muy reducida o precaria. Según T. McKeown:
"Durante casi toda su
existencia la capacidad del hombre para
controlar su entorno y limitar su número fue insuficiente para promover
su salud de modo significativo más allá de las otras cosas vivas. Las tasas de
mortalidad eran altas y la vida era corta; pero, como el número de personas que
nacían era mucho mayor que el número de las que sobrevivían y se reproducían,
por medio de la selección natural se adaptaban bien a sus condiciones de vida
(...) La deficiencia alimentaria limitaba el número de individuos y perjudicaba
la salud de dos maneras. Daba origen a intentos de restringir el tamaño de la
población reduciendo el número de nacimientos y matando o abandonando a los
individuos ni deseados. Sin embargo, el
control numérico deliberado no era suficiente para evitar la escasez de
alimentos, y las muertes a causa de la inanición , la nutrición defectuosas y
las enfermedades parasitarias asociadas en gran parte con la nutrición
deficiente eran frecuentes"[21].
Antes de que los antropólogos y exploradores modernos pudieran dejar
constancia de los momentos de hambruna y desolación de pueblos enteros, los
relatos de los viajeros, mercaderes y conquistadores de siglos pasados narran
situaciones verdaderamente espantosas si cambiaban los ciclos climáticos y
aumentaban las incertidumbres objetivas. En estas condiciones la especie humana
fue superando sólo muy lentamente los
métodos más directos y explícitos de obtención de energía barata y fácil
mediante el canibalismo, en un proceso en dirección inversa a su progresiva
emancipación de la dictadura natural con la mejora de la conciencia humana.
Spirkin narra casos de canibalismo[22],
y desde una óptica más concreta sobre el tema y más reducida en el tiempo, M.
Harris analiza "la relación entre costos y beneficios del
canibalismo" material y simbólico en un pasado no tan remoto[23],
y otros autores[24] muestran las profundas
raíces de estas prácticas y su permanencia simbólico-religiosa actual.
Pues bien, si me he detenido un poco en estas prácticas es para
ilustrar la hondura del problema global de obtención de energía para mantener
la fuerza de trabajo y las consecuencias simbólicas se perduran durante siglos.
Sin embargo, esas prácticas no deben darnos una imagen falsa y unilateral de
nuestra especie puyes a la vez de su existencia, también apareció, creció y
terminó superando al canibalismo y parcialmente al esclavismo otros
sentimientos y normas altruistas, de ayuda, socorro mutuo y solidaridad
colectiva.
De cualquier forma, nosotros estamos aquí para debatir sobre las
tecnologías y la globalización y no sobre la historia de la ética y de las
relaciones sociales, aunque no se puede negar la existencia de conexiones entre
ambos extremos. Efectivamente, por poner un ejemplo, basta leer a Leroi-Gourhan
[25]
y sus investigaciones sobre el lento pero decisivo avance de la tecnología
lítica, para imaginarse cómo pudo influir la mejora en la productividad del
trabajo en las condiciones de vida material y psicológica de la gente ya que
trabajando un kilogramo de sílex obtenía en el abbevillense un total de 10
centímetros de filo útil, subiendo en el acheliense a 40 centímetros, en el
musteriense a 2 metros y en el magdaleniense de 6 a 20 metros de filo útil por
cada kilogramo de sílex. Experimentos actuales han mostrado lo efectiva que es
una piedra afilada en manos hábiles pues puede realizar casi las mismas tareas
que un buen cuchillo actual.
Semejante aumento de la productividad del trabajo significa un proceso
de aprendizaje tecnológico y a la vez de modificación del cuerpo humano que
abarca a la capacidad psicomotriz, y también a la capacidad del control del
tiempo, es decir, a la economía del tiempo de trabajo. La antropogénesis es un
proceso global de autoconstrucción y de aprendizaje que, obviamente, depende de
las condiciones ambientales, del nivel productivo y cultural alcanzado y de la
propia capacidad del grupo para reproducirse en el contexto en el que vive. E.
R. Service [26] ya nos ha explicado esas
dificultades y las necesidades de mantener un pequeño pero suficiente
equipamiento colectivo. La razón es muy simple y atañe a una cuestión siempre
presente en el debate sobre la tecnología, a saber, el problema del espacio y
del tiempo, de las distancias, de las dificultades geográficas. Cuando M.
Sahlins estudió la economía de la edad de piedra[27]
insistió en que el desarrollo de la técnica estaba condicionado por las
distancias que se debían recorrer.
Los llamados "hombres primitivos" tuvieron que aprender mucho
antes que nosotros a encontrar el equilibrio óptimo posible entre instrumento y
productividad, entre peso y distancia,
entre comodidad y efectividad, entre materia y tiempo. Y tuvieron que aprender
por simple necesidad de supervivencia.
Aquí entendemos por supervivencia no la imagen falsa y reaccionaria
impuesta por las corrientes neodarwinianas y sociobiológicas desarrolladas por
el imperialismo desde finales del siglo XIX y reactualizadas desde los setenta
de este siglo para justificar eso que llaman "neoliberalismo", sino
que entendemos el proceso global y sistémico por el que la especie humana se
autocrea ontogenéticamente y condiciona su evolución filogenética. La
autocreación humana está sujeta a imponderables objetivos, pero a la vez, está
sujeta a la capacidad de conocimiento y de mejora tecnológica. No es casual que
sea precisamente en el tema de la lucha contra el hambre, que Ritchie[28]
afirme que siempre ha existido una relación importante entre el transporte y el
hambre, y retroceda hasta el Egipto del José bíblico para estudiar cómo esa
relación entre distancia y hambre obligaba al poder existente a realizar
proyectos de planificación económica que exigen grandes conocimientos.
Conviene criticar la imagen reaccionaria del "cazador
agresivo", del "hombre violento" de la antigüedad como patrón
del hombre actual -"hombre burgués"- porque esa imagen sustenta a su
vez otra imagen de la tecnología y de la economía como partes constitutivas de
la "naturaleza agresiva" del ser humano, cuando no es así en
absoluto, como lo demuestra entre otros muchos U. Melotti[29]
en un texto clásico, y que I. Eibl-Eibesfeldt ha terminado de ridiculizar con
su bello e imprescindible texto sobre el amor y el odio, cuando sin tapujos
afirma que la "bestia humana" es "una caricatura moderna del
hombre" y al concluir que "Hay en todos nosotros un fuerte impulso
innato que nos hace sociables. Todos los mecanismos de vinculación al grupo son
filogenéticamente muy antiguos, y es bastante probable que se desarrollaran
mano a mano con los cuidados de la progenie. Con este "invento", las
aves y los mamíferos adquirieron, cada cual por su parte, la facultad de
apoyarse mutuamente y de formar grupos altruistas cuyos miembros libran juntos
la lucha por la existencia", y más adelante: "Ciertamente, la
tendencia a la intolerancia y a la agresividad es también innata en nosotros,
pero no llevamos en la frente la marca de Caín. La tesis de que el ser humano
es un animal asesino no se puede tomar en serio. Las investigaciones realizadas
sugieren más bien que somos por naturaleza seres muy amistosos"[30].
Más aún, incluso la 'ultima ratio' de la ideología burguesa del
"cazador agresivo", como es el de la "lucha por la supervivencia
en un mundo escaso de recursos" que lleva a la "guerra de todos
contra todos" y al principio del 'homo homini lupus' , queda desautorizada
por la historia militar. Tiene razón
Keegan cuando dice que:
"La ola de la guerra
tiende a propagarse en una sola dirección: de las tierras pobres a las ricas y
pocas veces en sentido inverso. Y no es simplemente porque las tierras pobres
no valgan el esfuerzo de luchar por ellas, sino también porque la lucha en las
tierras pobres es difícil y a veces imposible. (...) La guerra de los pobres
era limitada en propósito e intensidad en razón a esa misma pobreza; sólo
cuando irrumpían en tierras ricas en las que podían acumular existencias de
forraje cabía la posibilidad de una penetración más profunda y de una eventual
conquista. Este es el origen de la riqueza y tesón invertidos por los
labradores en fortificar sus fronteras con vistas a rechazar a los depredadores
antes de que causen daños irreparables. Por consiguiente, puede verse que las
causas subyacentes a la implicación de factores "permanentes" y
"contingente" en la guerra son muy complejas. El hombre guerrero no
es un agente con voluntad desenfrenada, aunque en la guerra traspase los
límites que la convención y la prudencia material suelen imponer a su conducta. La guerra siempre es limitada, no porque el hombre lo elija, sino porque así lo determina la naturaleza"[31]
La antropogénesis va dialécticamente unida a la producción social de
inteligencia, de pensamiento y de conocimiento progresivo de la realidad a lo
largo de un proceso en el que la relación mente/mano ha sido decisiva como ya
afirmó Anaxágoras hace 2500 años y como luego volvió a recordar Engels[32].
La cooperación colectiva y la relación mente/mano han sido los factores
determinantes para que nuestra especie pudiera pasar de las formas iniciales de
vida, luego al dominio práctico del fuego, más adelante a ese salto entre 10
centímetros y 20 metros de filo de corte por cada kilogramo de sílex, para
llegar, por ahora, a la industrialización capitalista de la vida. Sin esa
cooperación nunca se hubiera acumulado la masa crítica de experiencia práctica
suficiente para ir dando saltitos en la dialéctica entre las fuerzas
productivas y las relaciones sociales de
producción. Más aún, en esa cooperación ha sido fundamental el trabajo de la
mujer que aportaba el 70-80% del total de la comida que se necesitaba.
El contenido cooperativo se confirma una vez más viendo la secuencia
histórica reciente del aprendizaje del uso de las energías y de sus técnicas
correspondientes. Por ejemplo, según indica G. Basalla[33]
la rueda apareció en el cuarto milenio antes de nuestra era, y fue mejorándose
en una estrecha relación con rituales y ceremonias. Ya para entonces, según
indican J. Puig y J. Corominas[34],
desde el 6000 adne los sumerios utilizan el asfalto; desde el 4500 las barcas a
vela y remo comercian por el Nilo; desde el 3000 aparecen referencias a los
"fuegos eternos" en las charcas petrolíferas y escapes de gas, y
desde el 2000 se usan como combustible; desde el 2600 en Egipto se usa la
máquina solar para levantar monolitos; desde el 1100 en China se extrae y se
usa carbón, y para el 1000 se extrae gas mediante pozos de 1000 metros de
profundidad, gas que los chinos hacen circular en cañas huecas de bambú para el
uso en calefacción, iluminación y manufactura; desde el 640 los griegos
concentran rayos de sol para encender cosas e intentar quemar las velas de
barcos enemigos; desde el siglo II adne probable invención del aprovechamiento
hidráulico.
Cuando hablamos de cooperación a lo largo de estos miles de años no
queremos olvidar que fueron precisamente los siglos de triunfo del patriarcado.
En concreto, y según la cronología presentada por G. Lerner[35],
la época que va aproximadamente del 3100 a 600 adne. La cooperación no exime la
contradicción, ni la explotación ni la opresión. Precisamente este es uno de
los puntos irresueltos por la ideología burguesa del "cazador
agresivo" que ve el mundo entero como un enemigo al que someter con su
tecnología sofisticada, negando la existencia de opresiones e injusticias
brutales que inciden directa o indirectamente en la evolución tecnológica.
Tampoco queremos olvidar que fueron los siglos de surgimiento de la
esclavización de pueblos, ciudades y seres humanos concretos, y también los
años de asentamiento de la escisión social en clases antagónicas dentro mismo
de un pueblo. Y menos aún olvidar que es en este proceso cuando asistimos a la
apropiación del conocimiento colectivo y, en palabras de García Durán, a la
transformación del saber en "forma de desigualdad social en las sociedades
precapitalistas"[36],
en la que todo lo relacionado con la guerra y su tecnología va indisolublemente
unido a la formación de un conocimiento dominador.
4.- ESCLAVISMO, GUERRA Y LIMITACIÓN TÉCNICA.
Poco a poco voy introduciéndome en el meollo del tema a debate porque,
a estas alturas de mi exposición, estimo que está suficientemente aclarado que
en un momento muy tardío por no decir en el final de la antropogénesis empieza
a adentrarse en su excisión interna y, simultáneamente, en la monopolización
progresiva del uso de la energía y de la explotación de la fuerza de trabajo
social en beneficio de la minoría que se constituye en propietaria de ambas
cosas. No puedo hacer siquiera una pequeñísima síntesis del proceso de opresión
de la mujer por el hombre tan minuciosamente analizado por G. Lerner, y que P.
Rodríguez ha enriquecido con un estudio específico sobre la conversión forzosa
de las diosas en dioses debido a la victoria del patriarcado[37].
La razón de fondo de la sumisión y explotación de la mujer por el
hombre hay que buscarla en los beneficios materiales y simbólicos que el
segundo obtiene con la opresión de la primera. En el tema que tratamos, esos
beneficios se pueden resumir tanto en el aumento del tiempo libre por parte del
hombre al apropiarse del tiempo de la mujer; en el aumento de la energía
disponible por parte del hombre mediante la explotación de la fuerza de trabajo
de la mujer y, por no extendernos y como síntesis, un aumento de la capacidad
de reproducción de la riqueza acumulada por el hombre gracias a la explotación
de la mujer. Desde que la antropología feminista y crítica en general ha dado
el salto a la investigación radical y no dogmática[38]
de las múltiples formas de opresión de la mujer, los incuestionables los datos
que demuestran la existencia de unos beneficios globales que los hombres
extraen de la expoliación de la fuerza de trabajo sexo-económica de la mujer.
Sobre la base de la explotación global de la mujer, la sociedad
patriarcal dispuso de un plus o excedente de tiempo, energía y fuerza de
trabajo que pudo dedicarlo a ampliar y acelerar el proceso de apropiación de la
fuerza de trabajo de otros pueblos y, por fin, del propio. Hay que decir
claramente que en estos siglos decisivos se sientan algunas de las bases que
con más o menos mejoras y ampliaciones perdurarán hasta el asentamiento
definitivo del modo de producción capitalista, pero otras desaparecerán porque
no están en modo alguno capacitadas genético-estructuralmente para ser
adaptadas. Se trata, sencillamente, de las diferencias cualitativas e
insalvables que hay entre distintos modos de producción y que como veremos en
su momento afectan esencialmente a los correspondientes modos tecnológicos.
Por ejemplo, K. Hopkins indica que la economía esclavista romana
desconocía algo tan común y obvio para nosotros como es el mercado de trabajo,
y que por tanto los romanos carecían de tradiciones y leyes para legitimar el
empleo regular de hombres libres[39].
Esta ausencia incapacitaba a la sociedad esclavista para disponer de una
concepción "moderna" -capitalista- del tiempo de trabajo, requisito
para la existencia de una concepción siquiera embrionaria de la ley de la
productividad del trabajo. En realidad, como ya demostró entre otros B.
Farrington[40], se trata de una
incapacidad global del "mundo antiguo" grecorromano para disponer de
una "mentalidad" capaz de explotar todas las potencialidades latentes
ya entonces en la economía dineraria y mercantil que había comenzado a gatear
por el Mediterráneo.
Es cierto que la simple "mentalidad" no explica por sí misma
la decadencia griega, y que hay que explicar esa mentalidad en cuanto efecto de
las transformaciones sociales objetivas y subjetivas, como tan bien hace
Farrington, pero no es menos cierto que, una vez irrumpe la contrarrevolución
idealista con la victoria de las clases reaccionarias oligarcas se instaura una
concepción peyorativa y despreciativa de concepciones y prácticas anteriores
que M. Medina Gómez define así:
"Esta concepción
cultural de las técnicas, que encontramos tanto en la Grecia arcaica como en la
clásica, no sólo se distingue por una valoración positiva del papel de las mismas en el
desarrollo de la historia, como motor de la cultura propiamente humana. La
práctica técnica se concibe, asimismo, no como un trabajo manual o rutinario
sino como todo tipo de actividades inteligentes dirigidas al mejoramiento de
las condiciones humanas. Desde Homero a Protágoras, pasando por Esquilo, la techne se asocia con sophia, es decir, el saber fiable y el
conocimiento inteligente (...) concepción unitaria de la cultura como
multiplicidad de técnicas y de la técnica como prácticas inteligentes"[41].
Muchos investigadores insisten en que con Platón y también con
Aristóteles, en cuanto intelectuales de la reacción, se instaura un corte
insalvable entre techne y episteme en el que el segundo, o sea el
saber teórico abstracto desligado de la materialidad práctica, se impone y dicta
las condiciones al primero, a la técnica reducida al trabajo manual rutinario y
carente de creatividad. Este tema es importante
para mi exposición por las consecuencias posteriores en el debate sobre
la tecnología. Parto del criterio indicado por A. Sohn Rethel en su excelente y
obligado texto de que con los griegos de la época de Platón se instauró una
forma de pensamiento que no tuvo en cuenta el intercambio material del
hombre con la naturaleza, ni desde el punto
de vista de las fuentes y los medios implicados, ni desde el punto de vista de
su propósito o uso:
"En este invernáculo
del pensamiento griego, no entró "ni un solo átomo de materia
natural", exactamente igual a lo que pasa con las mercancías y con su
identidad fetichista como "valores". Constituía el puro formalismo de
una "segunda" naturaleza o de una "paranaturaleza", de lo
que parece inferirse que en la antigüedad, la forma del dinero como capital, o,
en otras palabras, el funcionalismo de la naturaleza secundaria, fue finalmente
estéril. Aunque de hecho liberó al trabajo de la esclavitud, no logró bajar el
coste de reproducción de la fuerza de trabajo humana. Podemos comprobar,
retrospectivamente, la verdad de esta afirmación por el hecho de que el
desarrollo posterior a Euclides
(Arquímedes, Eratóstenes, Apolonio, el legendario Herón y otros muchos en cuya
matemática era patente la presencia de elementos de la dinámica abstracta) sólo
logró una aplicación técnica para fines militares o para otros fines igualmente
improductivos"[42].
Los fines improductivos impedían que el modo de producción esclavista
desarrollara una tecnología capaz de rentabilizar la fuerza de trabajo de
millones de esclavos y trabajadores libres empobrecidos. Las consecuencias de
esa impotencia sobre la lucha de clases eran directas, como a su vez eran
directas las presiones anteriores de esa lucha de clases en el aumento de los
obstáculos que abortaban la posibilidad de avances tecnológicos posteriores.
Quiero decir que de la misma forma en que esa sociedad ya había introducido la
explotación de la mujer, ahora con el esclavismo y con las crecientes luchas de las masas trabajadoras
empobrecidas, se produjo un tapón que frenó el inicial desarrollo del
pensamiento protocientífico desde el siglo VI hasta finales del siglo IV, y
luego lo apagó definitivamente.
Hay que pensar que la lucha de clases no es sólo un
"producto" de las contradicciones anteriores a las luchas concretas,
sino una totalidad procesual que engloba a las contradicciones objetivas y
subjetivas e influye desde dentro de ellas mismas en sus evoluciones.
Contradicciones que fuerzan a las clases dominantes a intervenir con sistemas
represivos y de censura intelectual[43]
desde el interior mismo de la creatividad intelectual las posibilidades de
avances posteriores. No es, por
tanto, algo "externo" a la
economía y a la tecnología, sino que es el contexto objetivo de esa economía y
su síntesis material. Desde este criterio marxista, comprendemos que la lucha
de clases en el "mundo griego", tan minuciosamente descrita por Ste.
Croix[44],
fue tanto la partera como la sepulturera de la "cultura técnica", que
se agotó no sólo por la reacción de las temerosas clases dominantes sino
también porque la totalidad social del sistema hacía imposible una mejor
racionalización de los recursos energéticos existentes, como demuestra B. Gille[45].
Un ejemplo de este agotamiento
global pero en su forma más básica y decisiva como es el problema de la
alimentación, nos lo ofrece el citado Ritchie:
"En los tiempos de la
República romana, el trigo se convirtió en el combustible de la guerra de
entonces, algo parecido a lo que ocurre hoy con el petróleo. Se precisaban
cantidades enormes de alimentos para sostener una guerra en la antigüedad. Un
sitio, como el de Eryx, en Sicilia, podía durar varios años, y mientras durase
ambos contendientes tenían que alimentarse sin producir nada, y en la práctica
en único alimento que podía conservarse durante tanto tiempo era el grano. Este
se podía obtener casi en cualquier parte, se podía almacenar en grandes
cantidades y en diferentes climas, y además se podía consumir en forma de
platos muy variados. Por su parte, la carne, como señalaba el gastrónomo romano
Apico, sólo se podía guardar durante dos días de verano sin guisarla o sin salarla.
La falta de grano era la mayor calamidad que podía padecer las legiones
romanas. "El ejército", escribía Julio César, "pasó graves
dificultades a causa de la escasez de grano, hasta tal punto que, durante
algunos días, los soldados estuvieron sin trigo y tuvieron que ir a los pueblos
cercanos para buscar ganado y combatir el hambre. Sin embargo, no hubo quejas
por parte de la tropa". Está claro que César consideraba que un ejército
sin trigo estaba al borde del hambre"[46].
Me he extendido en esta cita porque trae a colación un problema
estructural de todos los ejércitos antiguos, de Sumer a Roma, y en buena medida
también de los posteriores. Y no sólo de los ejércitos, sino de las sociedades
que los empleaban, reclutaban, armaban y alimentaban, es decir, el problema de
la alimentación y, en síntesis, el problema doble de, por un lado, la obtención
y/o producción de los recursos energéticos totales necesarios para el
mantenimiento del ejército y, por otro lado,
la técnica necesaria para trasladar, conservar y repartir esos recursos
entre las tropas sobre todo cuando
estaban en tierras lejanas. Es el problema de la logística, que tan
brillantemente analiza J. Harmand[47].
Pues bien, ya desde esas épocas la estructura militar y en concreto la
logística es uno de los campos de experimentación práctica en los que confluyen
e interactúan todos los conocimientos adquiridos y todas las decisiones
estratégicas tomadas por el poder. E. Wanty afirma que: "La
"logística" romana tenía cuidadosamente en cuenta las condiciones higiénicas y
sanitarias, con reglas precisas relativas al campamento, a las marchas, a la
utilización de las aguas. El avituallamiento corría a cargo de las provincias y
en cantidades superiores a las normales, almacenando en puestos fortificados,
al alcance del terreno de operaciones. Nada parece haber sido dejado al azar ni
a la improvisación"[48].
Sólo con esa racionalidad práctica extrema se podía asegurar la efectividad en
combate de un ejército que era imprescindible para asegurar el flujo hacia Roma
de las inmensas cantidades de alimentos necesarios.
La obtención de trigo, y de todos los restantes recursos energéticos,
era vital para Roma, pero el método empleado -en esencia, la esquilmación y
expoliación de las tierras entonces conocidas- tenía un límite insuperable
determinado por la misma naturaleza del modo de producción esclavista que en el
desarrollo protocientífico y técnico no podía dar más de sí para superar dicho
tope interno pese a sus logros sorprendentes y hasta curiosos. En el fondo, las
preguntas que flotan a lo largo de estas consideraciones son las que nos hace
Magalhaes-Vilhena:
"¿Por qué la ciencia
antigua -griega o china- no llegó a constituirse en tecnología? (...) ¿Por qué
la ciencia griega no intentó hacer factible -al igual que la ciencia moderna-
una tecnología verdadera, creando la física necesaria? (...) Al fin y al cabo,
el "brusco" estancamiento (el adjetivo es de Koyré), del magnífico
impulso de la técnica y de la ciencia griega, así como en China, en absoluto
parece poder explicarse dentro de la perspectiva idealista a través del
exclusivo movimiento interno de las ideas propias de la ciencia griega o
china". La respuesta que el autor ofrecer es que el modo de producción
dominante no estaba capacitado para dar ese salto, y por tanto, tampoco lo
estaban los humanos de la época porque: "En realidad, el hombre sólo
entiende los datos de un problema cuando las contradicciones que lo han
provocado, se desarrollan de tal forma que indican el camino por emprender.
Aquí también, sin duda alguna, son los marcos de la estructura social los que
determinan, en última instancia, el progreso o el bloque científico, técnico y
social"[49].
El descalabro grecorromano, mirado desde el punto de vista occidental,
fue un desastre para la emancipación humana
porque las clases dominantes mantuvieron durante siglos una férrea
dogmática a sus reglas formales pero, como explica W. Cecil Dampier: "Afortunadamente, los
científicos modernos dedicados a la experimentación no se han preocupado poco
mi mucho por las reglas formales de la lógica; pero el prestigio de que gozaban
las obras de Aristóteles contribuyó en gran parte a orientar la ciencia griega
y medieval hacia la investigación de premisas absolutamente ciertas y hacia el
empleo prematuro de los métodos deductivos. Los resultados fueron que se
atribuyó la infalibilidad a muchas "autoridades" sumamente falibles y
que se abusó del razonamiento falso o sofístico en forma engañosamente
lógica"[50].
5.- FEUDALISMO Y TÉCNICA PREINDUSTRIAL.
No puedo extender el análisis de la evolución de la técnica en la alta
edad media y menos aún en los llamados "siglos oscuros" que la
precedieron, como tampoco fuera de Europa, es decir, en China, India y las
amplias y decisivas tierra liberadas al cristianismo por la cultura
arabo-musulmana que fue en sus inicios, hasta los siglos XI-XIII un verdadero
movimiento progresista y emancipador dentro de los límites históricos
insalvables. Volviendo a Europa, conviene recordar la desesperante lentitud de
los adelantos técnicos en la agricultura, pues, en palabras de J. Le Goff:
"Es de aproximadamente cuatro siglos (IX-XIII) el tiempo que tardan en
difundirse inventos como el arado de rueda y vertedera y nuevas técnicas como
la rotación trienal de los cultivos"[51].
Las razones de esa parsimonia han sido estudiadas por casi todos los autores[52]
y no tenemos tiempo para explayarnos en ellas aunque debo detenerme en la tesis
de L. White sobre el concepto medieval de una tecnología de la energía, según
el cual y proveniente de culturas extraeuropeas como la nacida en la India del
siglo XII sobre el movimiento perpetuo:
"A mediados del siglo
XIII, en consecuencia, un grupo considerable de mentes activas, no sólo
estimuladas por los éxitos tecnológicos de las generaciones recientes, sino
también orientadas por el fuego fatuo del movimiento perpetuo, empezaban a
generalizar el concepto de fuerza mecánica. Iban admitiendo la idea de que el
cosmos era un vasto repositorio de energías controlables y utilizables conforme
a intenciones humanas. Tenían conciencia de la energía hasta un punto rayano en
la fantasía. Pero sin esa fantasía, sin una imaginación de alto vuelo, la
tecnología de la energía en el mundo occidental no se habría desarrollado.
Cuando Roger Bacon, el amigo de Pedro de Maricourt, escribió allá por el 1260:
"Es posible construir máquinas gracias a las cuales los barcos más
grandes, con sólo un hombre que los guíe, se desplazarán más rápidamente que si
estuvieran repletos de remeros; es posible construir vehículos que habrán de
moverse con velocidad increíble y sin ayuda de bestias; es posible construir
máquinas voladoras en las que un hombre... podrá vencer al aire con alas como
si fuera un pájaro... las máquinas permitirán llegar al fondo de los mares y
los ríos", no hablaba por su cuenta sino en nombre de los técnicos de su
época"[53].
Pero estos técnicos estaban sometidos a unas presiones crecientes de
los poderes establecidos en lo que respecta a la relación entre la técnica y la
guerra, relación que venimos siguiendo con necesario interés. Pues bien,
precisamente en la época de Roger Bacon se estaba acelerando el proceso de
financierización de la guerra, pues en palabras de P. Contamine: "El
dinero es el intermediario casi obligado entre el poder y los guerreros. Según
el testimonio de los propios contemporáneos, este fenómeno se fue acelerando a
partir de mediados del siglo XII (...) Esta irrupción del dinero debe
relacionarse, sin duda, con el fenómeno que se ha denominado 'revolución
comercial' (...) a la mayor abundancia de moneda se le añadió el hecho de que
reyes y príncipes supieron hacer crecer a ritmo parecido, si no mayor, sus
disponibilidades pecuniarias. Y ello lo hicieron de tres modos fundamentales:
gracias a sus recursos dominiales, en plena expansión, a una fiscalidad pública
que se fortalecía y se diversificaba y, finalmente, merced a las conmutaciones
de los servicios militares por pagos en metálico"[54].
La financierización de la guerra tendrá, como iremos viendo, consecuencias
directas y cualitativas sobre la evolución técnica y ambas, sobre la evolución científica.
Sin embargo, la revolución comercial no tuvo un impacto tan directo y
rápido en la técnica civil, pues hizo falta que sucediera lo que G. Duby ha
definido como "la mutación del siglo XIV" y en especial, dentro de
esta, el aumento de las relaciones monetarias entre los campesinos y los
comerciantes urbanos para que se sentaran las bases de un florecimiento a
partir de la segunda mitad del siglo XV[55].
Uno de los efectos de esa mutación fue el de permitir que los inventos técnicos
lentamente acumulados entre los siglos IX-XIII, pudieran dar un salto forzados
por la ley de la productividad del trabajo. Bernal dice que: "La
agricultura y las artes prácticas
mejoraron aún más, como veremos, por los adelantos conseguidos en Oriente y por
las propias invenciones indígenas. Esta mejora se orientó hacia la sustitución
de la acción humana por la acción mecánica y de la energía del hombre por la
fuerza animal e hidráulica. Es cierto que la artesanía medieval no consiguió
nada que no hubieran podido realizar los artesanos griegos o romanos, pero a
estos les faltaba el incentivo de
aquellos: la necesidad de realizar mayor trabajo con menos esfuerzo humano"[56].
Semejante incentivo existente en la Europa de aquellos siglos y no en la del
esclavismo romano, como hemos visto anteriormente, nacía de las exigencias de
la ley del valor-trabajo que ya crecía fieramente unida al crecimiento
simultáneo de la economía mercantil y de sus exigencias a los artesanos.
Mientras tanto, la separación entre 'sciencia' y 'ars' era algo
socialmente admitido, como se confirmo en las discusiones entre los arquitectos
franceses y los albañiles lombardos durante la construcción de la catedral de
Milán en el siglo XIV[57],
por poner un ejemplo. Pero según avanza el siglo XV, y en estrecha unión con el
crecimiento de la economía comercial, ocurre que, con palabras de L. Mumford:
"el invento y el control estricto obraron recíprocamente"[58].
¿Qué quiere decir "control estricto"? Pues que la sociedad europea ya
no estaba en condiciones de seguir pensando la temporalidad con la laxitud de
los siglos medievales, sino que desde la irrupción del capitalismo comercial el
tiempo iba adquiriendo un valor económico creciente que exigía un "control
estricto" creciente. Todos conocemos la importancia que Mumford otorga al
reloj -"El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina-clave de la
moderna edad industrial"[59]-
y tiene razón porque el reloj es el definitivo instrumento del poder para maximizar
la ley de la productividad del trabajo.
6.- EXPLOTACIÓN
Y ORDEN TECNOLÓGICO BURGUÉS.
Mas el control estricto necesita, para aplicarse, de la existencia de
imperativos socioeconómicos y de estructuras de poder que lo apliquen
abiertamente. Este contexto se fue imponiendo a lo largo del siglo XVI
dependiendo del desarrollo desigual del capitalismo europeo. D. Rei lo expone
así:
"En Inglaterra y
Holanda la relación entre artesanos, mundo científico y compañías comerciales
fue muy estrecha: en las primeras escuelas de navegación, matemáticas,
astronomía y técnicas náuticas se unían alrededor de problemas como la
determinación de las distancias; el magnetismo fue estudiado por Gilbert en
base a las observaciones de Robert Norman, fabricante de brújulas; el primer
traductor inglés de Euclides, el astrónomo John Dee (1527-1608), técnico de la
compañía marítima Moscovia-Catay, puso su colección de instrumentos a
disposición de los viajeros, que en la época de Elizabet I estimuló a recorrer
todas las rutas. La defensa de las profesiones mecánicas (o
"industriales") era ya costumbre en una sociedad donde aparecían, por
vez primera los inventores de profesión (los "proyectistas"). En la
propiedad de explotación de las patentes, la monarquía absoluta tenía que
competir contra los parlamentarios burgueses. Por el contrario, el senado de la
ciudad alemana de Dantzing proponía, en 1579, condenar a muerte al inventor de
un telar capaz de tejer en poco tiempo gran cantidad de tejidos..."[60].
Comportamientos tan opuestos como el alemán y el inglés a finales del
siglo XVI muestran los efectos del desarrollo desigual y combinado en la
evolución del capitalismo, y muestran también la importancia de las decisiones
colectivas e individuales en ese desarrollo, es decir, del factor subjetivo en
la historia. Me interesa detenerme un instante en esta cuestión porque es vital
en las relaciones entre el capitalismo y las tecnologías ya que hunde el mito
mecanicista del desarrollo tecnológico. Son los intereses sociales contradictorios
los que orientan, dentro de condiciones objetivas más o menos moldeables, las
grandes decisiones humanas.
Por ejemplo, un hecho como saqueo brutal por el ejército español de la
opulenta ciudad de Amberes en 1576, que expresa el inicio de la decadencia de
los Austria y la necesidad de recurrir a esos métodos expoliadores tan feroces,
fue interpretado de manera muy correcta por la ascendente burguesía europea de
modo que ésta optó conscientemente por trasladarse a Amsterdam con
repercusiones cualitativas sobre el
capitalismo. W. H. McNeill lo expresa así: "Ese rápido cambio de
emplazamiento de la actividad financiera fue consecuencia de las acciones de un
gran número de particulares que decidieron que sus bienes y su dinero estarían
más a salvo en Holanda, donde los burgueses tenían el control político, que en
Amberes, ciudad gobernada por los españoles. Decisiones privadas de esta
naturaleza hacían que el capital pudiera emigrar muy rápidamente a lugares
donde se consideraba que los costes de protección eran los mínimos. Los
capitalistas que no lograron escapar de los lugares sometidos a una fuerte
presión fiscal, pronto vieron sus recursos muy menguados"[61].
La capacidad de traslación rápida de los capitales privados de un lugar
a otro, superando obstáculos que ahora nos parecen increíbles, es una constante
del capitalismo que conviene no olvidar porque, como veremos en el estudio de
la famosa "globalización", actualmente se repite sin dar un salto
cualitativo sino sólo un aumento de velocidad. Pues bien, la aceleración de la
velocidad de movimiento del capital se explica mediante la dialéctica entre las
leyes "endógenas" y las "exógenas". No hace falta recurrir aquí a las obras maestras de
Marx y Engels como ejemplos, ni tampoco a las aportaciones enriquecedoras de
Wallerstein y otros autores, para comprender esa dialéctica, aunque ahora sí
queremos reseñar tres factores de peso
especial por su importancia como son, uno, la experimentación técnica en todo
lo relacionado con lo militar; otro, la propagación del mecanicismo como síntesis social causada
por el impacto creciente de la técnica mecánica en el conocimiento occidental
y, por último, la aparición y expansión del consumo más allá de la subsistencia
y de la reproducción de la fuerza de trabajo. Estos factores, entre otros, han
sido muy importantes en la evolución de la tecnología capitalista.
El primero, el militar, no tuvo sólo influencias mediante los avances
técnicos en las armas aunque estas fueron innegables, sino sobre todo por el efecto
global que supuso para la sociedad el conjunto de cambios burocráticos,
administrativos, contables, fiscales, mineros, de transportes, educativos,
etc., al desarrollarse la llamada "revolución militar". Recordemos
que, siguiendo a G. Parker[62],
esta "revolución" comenzó en los decenios de 1530 y 1540 y dio otro
salto entre 1672-1710. Casi dos siglos en los que la totalidad de las
estructuras de poder evolucionaron en inseparable relación con los avances
técnicos militares, con las tecnologías que creaban y con sus efectos sobre el resto de la vida
colectiva.
Mumford es tajante: "En cada fase de su desarrollo moderno fue más
bien la guerra que la industria y el comercio, la que mostró en plan general
los principales rasgos que caracterizan a la máquina. El levantamiento de
planos, el uso de mapas, el plan de campaña --mucho antes de que los hombres de
negocios idearan los diagramas de organización y de ventas-- la coordinación
del transporte, los suministros y la producción (mutilación y destrucción), la
amplia división entre caballería, infantería y artillería, y la división del
proceso de producción entre cada una de dichas ramas; finalmente, la distinción
de funciones entre las actividades de la plana mayor y las del campo, todas estas características
colocaron al arte de la guerra muy por delante
de los negocios o de la artesanía con sus mezquinos, empíricos y faltos
de perspicacia métodos de preparación y operación. El ejército es de hecho la forma ideal hacia la cual debe tender un
sistema industrial puramente mecánico"[63].
La necesidad de orden, precisión, optimización de recursos y máximo contr