che Vigencia del Ché

José López Arévalo

Revista De Este Sur/Chiapas

El Che Guevara no se ha escapado de la mercadotecnia capitalista. Al iconoclasta le revierten sus postulados y le instituyen estatuas.

El Che que va de la consigna revolucionaria —Hasta la victoria, ¡siempre!—, hasta el de la camiseta y gorras que adorna los pechos, la espalda o la testa de yuppies y malvivientes.

Hoy es lugar común estipular que el guerrillero internacionalista por antonomasia, se equivocó. Que sus ideas eran buenas, fue consecuente, revolucionario, romántico, pero se equivocó.

A 30 años de su muerte a el Che se le ha hecho la peor de las infamias: pretender cambiar sus enseñanzas, su legado, su herencia.

Se dimensiona y se ubica su muerte en el hecho aislado de la emboscada de la quebrada del Yuro, en Bolivia, presentándola como el fin de la "teoría guevarista del foco". Se olvida que en Bolivia el Che no tenía programado un foco guerrillero que irradiara la luz de la rebelión, sino el crear una escuela de cuadros revolucionarios que deberían crear uno, dos, tres Vietnam, en América Latina.

Se olvida, se pretende hacerlo que Ernesto Guevara había ya escrito el prólogo del libro Guerra del pueblo, ejército del pueblo, del general Giap, en donde evoluciona su teoría —con las enseñanzas de la revolución vietnamita— y plantea la necesidad de la guerra de todo el pueblo.

Pero el Che no sólo es el estratega militar y quien dio el discurso de Argel, sino que es el más fiel reflejo de su pretensión de construir el hombre nuevo, quien da más de sí en beneficio de la colectividad, de la revolución, del futuro.

No hay vuelta de hoja, el Che sigue vigente aquí, en China y en el cielo que él siempre quiso tomar por asalto.