UN HOMBRE QUE ACTUABA COMO PENSABA
"Ciudadano del mundo, Che recuerda lo que ya sabíamos desde Espartaco y que a veces olvidamos: la humanidad encuentra en la lucha contra la injusticia un escalón que la eleva, que la hace mejor, que la convierte en más humana". (Subcomandante Insurgente Marcos, "el absurdo más hermoso, el delirio más irreverente, la locura más humana", 3 de abril de 1996.
Uno de las tentaciones más comunes de los teóricos de la historia, ha sido el de analizar a un suceso o a un personaje no a la luz de los hechos concretos en que se desenvolvieron, sino a la luz de la realidad que vive el estudioso. Hoy, a 30 años de la caída en combate del Che, en una época en que la palabra revolución vuelve a ser considerada en varias latitudes de este planeta Tierra, es más que urgente ubicar históricamente la vida y obra del Che y no caer en la tentación de recordarlo para contestar mecánicamente varias de las incógnitas políticas que el presente nos plantea. El mundo que vivió el Che, aún tan cercano en el tiempo, tiene muchas diferencias con el actual. Y sin embargo, nosotros formamos parte de esos que afirman que hay una parte fundamental de la vida y la obra del Che que exceden esta ubicación temporal y que siguen siendo vigentes para nuestra realidad presente, por que si bien es verdad que hay muchos elementos que nos hablan de los cambios en el escenario mundial, hay otros que desgraciadamente perviven.
De esa historia, o más bien de lo que tiene que ver esa historia del Che con nuestro presente, es que queremos desarrollar algunos puntos a continuación:
1.- El Che fue un socialista revolucionario, un marxista-leninista, y
es necesario decirlo, de allí abrevó para tener una posición humanista a
tope. Frases que hoy causan repulsión entre algunos intelectuales, como
"crear uno, dos, tres Vietnam" estaban íntimamente relacionadas con esa
visión humanista. La lectura que hoy se quiere hacer se ubica en la
lógica de que la visión del Che era crear: una, dos o tres guerras
salvajes, cuando realmente el planteamiento era otro. Era la respuesta a
un mundo donde el gobierno norteamericano se sentía con el derecho de
intervenir donde fuera para evitar la liberación de los pueblos. Crear
uno, dos tres Vietnam significaba crear varios centros de resistencia y
dignidad rebelde. Vietnam, más allá de todo lo que ha pasado desde
entonces, representa la evidencia de que un pequeño país, con un gran
pueblo pudo derrotar a la potencia militar y económica más grande del
mundo. Eso no fue una pequeña cosa. El Che entendía la importancia de lo
que allí se jugaba, por eso muchas veces se desesperó de lo que él
juzgaba como un apoyo poco decidido de la Unión Soviética y China a
Vietnam.
El humanismo del Che tenía entonces como fuente original su rechazo sin
ambages al capitalismo y a lo que de él se desprende en todos los
terrenos. Por eso combatió en favor de los estímulos morales y contra
los estímulos materiales, simplemente hay que recordar la argumentación
que daba: " El tema de los estímulos materiales versus los estímulos
morales ha dado origen a muchas discusiones entre los interesados en
estos asuntos. Precisa aclarar bien una cosa; no negamos la necesidad
objetiva del estímulo material, sí somos renuentes a su uso como palanca
impulsora fundamental. Consideramos que, en economía, este tipo de
palanca adquiere rápidamente categoría per se y luego impone su propia
fuerza en las relaciones entre los hombres. No hay que olvidar que viene
del capitalismo y está destinada a morir en el socialismo...Estimulo
material y conciencia son términos contradictorios, en nuestro
concepto". (Ernesto Guevara: El sistema presupuestario de
financiamiento, 1964). Por eso en otros texto el Che proclama: "la
ambición más importante es ver al hombre liberado de su enajenación".
Pocas personas en el mundo, quizá con excepción de Marx odiaron tanto el
mercado y sus leyes como el Che. En tanto socialista, ubicaba en ese
mercado y en esa leyes el origen de todos los males de la humanidad, en
especial el de la estupidez.
2.- En un libro escrito en 1971 (El pensamiento del Che Guevara)
Michael Lowy, nos recuerda que una de las frase más apreciadas por el
Che era aquella formulada por José Martí: "todo hombre verdadero debe
sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla del hombre". Ese
sentido de corresponsabilidad ética es uno de los valores más grandes de
este gran revolucionario. No se trata simplemente de poner la otra
mejilla, sino de tomar responsabilidad ante todos los golpes dados
contra los seres humanos. Y esa responsabilidad parte de un principio
ético-político fundamental: participar en la organización de todas las
respuestas de todos los golpeados contra el golpeador. Si su odio al
mercado y a sus leyes le otorgaban la base material a su
internacionalismo, el principio ético de la corresponsabilidad le daba
la base subjetiva.
En una época en que desde el poder se busca filtrar hacia el conjunto
de la sociedad una ideología basada en el cinismo o el individualismo
recalcitrante, que promueve la despreocupación por lo que pasa con el
compañero de trabajo, de escuela, de comunidad, de región, de país, de
planeta, la vida y obra del Che es banalizada como la de un voluntarista
mesiánico. El neoliberalismo nos ha vendido la idea de que se acabaron
las grandes teorías sobre la transformación revolucionaria de la
realidad y por tanto las grandes responsabilidades colectivas; que hoy a
lo más que podemos aspirar es a preocuparnos por nosotros mismos como
individuos y dejar en manos de una élite política el desarrollo de
nuestros destinos. Entre esa visión y la del Che, nosotros nos quedamos
con la del revolucionario latinoamericano.
3.- En Lima, en 1928, otro gran revolucionario socialista
latinoamericano, José Carlos Mariátegui dijo: "No queremos, ciertamente,
que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación
heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro
propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna
de una generación nueva". 30 años después, el Che, Fidel y toda una
generación de revolucionarios cubanos lo intentaron, a la par que toda
una generación de revolucionarios latinoamericanos también lo hicieron.
Ahora se pueden hacer análisis "sesudos" sobre sus errores o sus
desviaciones y, lo que es peor, tratar de derivar de dichas
interpretaciones un inmovilismo político frente al Poder presente. Poco
parece importar a los seguidores de la "política real" que todos esos
revolucionarios se atrevieron y quisieron tomar el cielo por asalto.
Bajo la lógica de que lo que importa en política son los resultados, y
de seguir vivo aunque no obtengas resultados pareciera, se busca
descalificar toda esta gesta heroica por transformar radicalmente la
realidad. Desde luego mucho hay que reflexionar sobre esas experiencias,
hay que evitar las calcas, buscar evitar los errores y equivocaciones y
criticar los excesos, pero evitando ese tono pedante de aquellos que hoy
buscan reducir la historia de los movimientos revolucionarios en América
Latina a simples anécdotas militaristas, donde la conspiración y la
visión policiaca de la historia sustituye a los procesos sociales y
políticos.
El Che no fue un suicida patológico, ni un pésimo estratega militar, ni
un aventurero irresponsable, ni un déspota ilustrado, como varios lo
quieren presentar hoy día. Fue un revolucionario de los 60, un marxista
que estaba convencido de la famosa frase que Marx escribió en septiembre
de 1847: "El proletariado tiene necesidad de su dignidad aún más que de
su pan". Un socialista antidogmático que no aceptaba como irremediable
la vieja consigna de que "las condiciones objetivas no están dadas", que
entendía que existe una relación íntima y casi inseparable entre esas
condiciones y el papel de los seres humanos. Un funcionario
revolucionario que no se aprovechó de su puesto para mejorar su nivel de
vida, que vivía y quería vivir como sus hermanos cubanos, que odiaba las
prevendas y los desplantes burocráticos; en ese sentido nadie más
alejado a la élite política mundial. Un ser humano entrañable. Un
hermano, no el mayor o el menor, simplemente un hermano al que hay que
voltear a ver de tiempo en tiempo, seguido, para dialogar, para no
olvidar. Un compañero revolucionario que tuvo como virtud principal el
actuar como pensaba, que logró poner en armonía su práctica con su
teoría.
27 años después de su muerte, una nueva generación de
revolucionarios salieron de la selva y los altos de Chiapas y
demostraron que la historia no había terminado. Que la creación heroica
seguía. En 1996, 29 años después de la muerte del Ché, los zapatistas
por medio de su vocero dijeron su palabra sobre el Ché y lo que él
significaba para ellos:
"Hace treinta años, en 1996, después de haber estado en ninguna parte,
un hombre preparaba la memoria y la esperanza para que la vida volviera
a América. Ramón era entonces su nombre de guerra. En uno de los muchos
rincones de La realidad latinoamericana, este hombre recordaba, y en sus
recuerdos vivían de nuevo todos los hombres y mujeres que vivieron y
murieron por la vida de América...Al despedirse, por decir "hasta
luego", el Che decía "hasta la victoria siempre" como quien dice "nos
vemos al rato". 30 años después, en una de estas madrugadas en las que
la luna recupera pedazos de la luz que el mordisco mensual del tiempo le
arrebata y un cometa disfrazado de focador hace su posta inútil a la
entrada de la noche, he buscado algún texto sobre el cual apoyar las
palabras de inicio de esta reunión (se refiere al encuentro Continental
Americano del 3 de abril de 1996). He ido de Pablo Neruda a Julio
Cortázar a Walt Withman a Juan Rulfo. Fue inútil, una y otra vez la
imagen del Che soñando en la escuela de La Higuera reclamaba su lugar
entre mis manos. Desde Bolivia llegan esos ojos entrecerrados y esa
sonrisa irónica diciendo lo que pasó y prometiendo lo que pasaría. ¿He
dicho soñando? ¿Debí haber dicho muerto? Para unos murió, para otros se
durmió. ¿quién está equivocado? Hace treinta años el Che preparaba la
transformación de La Realidad americana y el poder preparaba su
destrucción. Hace 29 años, el poder nos dijo que la historia había
terminado en la quebrada de Yuro. Dijeron que la posibilidad de una
realidad diferente, mejor, fue destruida. Dijeron que la rebeldía
terminó. ¿Terminó?... Hace treinta años el Che soñaba y repetía el sueño
de una realidad transformada, nueva mejor. El sueño de la rebeldía. Ese
sueño atravesó el tiempo y las montañas y se repitió de nuevo, igual
pero diferente, en las montañas del sureste mexicano. El sueño que hoy
nos convoca es ruptura y continuidad con ese sueño del Che Guevara...
Cristal y espejo, el sueño de una América mejor se acomoda hoy en el
mejor lugar para soñar en La Realidad".
Continuidad y ruptura, el sueño del Che nos llega también a aquellos
que desde una perspectiva civil y pacífica queremos construir una vida
diferente, digna, libre, justa, incluyente, independiente y democrática.
A todos aquellos que no hemos perdido la esperanza de empatar los sueños
con la práctica política y el futuro inmediato. En un documental cubano
sobre trabajadores que conocieron al Che, uno de ellos dice algo así
como: ser como el Che, eso, eso es muy difícil, pero por lo menos
podemos y debemos aspirar siempre a ser como el Che. Ese es nuestro
compromiso.