che EL COMPROMISO ETICO DE LA LIBERTAD

ONEIDA GIRALDO y ALEX GARCIA SARRIA
Barrancabermeja, Colombia. Octubre 9 de 1.997

I - A treinta años de su muerte Ernesto Guevara se ha convertido en un simbolo al que pocos tratan realmente de descifrar pero del que, curiosamente, todo el mundo tiene algo que decir : que actualmente no tiene mayor trascendencia pues todas las empresas en que participó terminaron en rotundos fracasos, que su imágen ha llegado a convertirse en una especie de "slogan" publicitario que no dice nada a nadie, que sus propuestas políticas son hoy obsoletas en la medida en que fueron meramente coyunturales, y hasta se ha dicho que era un tipo bastante fastidioso - según declaracion de Régis Debray quién una vez más hace gala de su extraordinaria habilidad para acomodarse a los impredecibles vaivenes de la historia. Tenemos también a quienes plácidamente ven en el "ché" a una especie de hermanito mayor o a un santo en cuyo altar pueden impúnemente rendir el tributo de su propia incapacidad para hacer de la libertad una práctica concreta y no un simple imaginario anémico e indefinido. Y lastimosamente con demasiada frecuencia es en eso en lo que se le ha convertido, en una figura más del imaginario colectivo, una imágen sin sustancia a la que se asocian vagamente, y sin verdadera conciencia de su sentido, palabras como libertad, rebeldía, lucha por el socialismo, etc...Quizá sea así, relegandolo al ámbito oscuro e indiferenciado de la imágen abstracta hasta la anulación, como se ha conseguido neutralizar su fuerza. Paradójica situación en virtud de la cuál se hace inofensivo a un espíritu que pregonó la rebelión sin tregua ocultándolo bajo la espesa capa de la popularidad.

Es por esto que si ahora tiene algún sentido hablar de la vida y de la obra de Ernesto Guevara es justamente en la medida en que se intente alumbrar, especificar, discernir, precisar aspectos de su pensamiento y de su actitud que siguen siendo actuales, que reclaman ser nuevamente encarnados, revividos y explorados desde nuestra realidad inmediata.

Uno de estos aspectos de la actividad revolucionaria del "ché", un aspecto sobre el cuál vale la pena volverse para examinarlo con algún detenimiento ya sea debido a las enormes potencialidades que encierra, ya sea debido a su profunda significación actual, es el de su relación ética con la libertad o, para decirlo con más precisión : su concepción de la libertad como una práctica ética incesante que se valida a sí misma creando sus propias condiciones de posibilidad.

A mi modo de ver son tres los momentos que definen concretamente este ejercicio de libertad activa que quisiera evocar hoy en el "ché" : el de la rebelión, el de la creación de valores y el de la redefinición ética de la política.

II - El primero de ellos es el de la rebelión entendida en tanto práctica social de liberación. En el " ché" la insumisión, la rebelión, la búsqueda denodada de espacios políticos de libertad tiene una finalidad específica : la de hacer saltar, la de destruir material e ideológicamente todas las fuentes de dominación, junto con los valores políticos, morales y jurídicos que teóricamente las legitiman. Son muchos los ejemplos de esta postura: su participación en el proceso revolucionario cubano hasta 1965, su corta estadía en el Africa apoyando a las guerrillas del Congo, el llamamiento a los países del tercer mundo para crear múltiples focos de resistencia que emularan el ejemplo vietnamita, etc; en otra dirección es interesante recordar también su actitud nada complaciente con respecto a los órdenes burocráticos y jerarquizados alrededor del culto a la autoridad en que habían degenerado las llamadas repúblicas obreras : China, y, sobre todo Rusia.

Retomando nuestro punto de referencia de la libertad como ejercicio ético resulta importante observar que aunque un movimiento político de liberación no lleve a la victoria, no efectúe de hecho la revolución, las personas comprometidas en ese proyecto han manifestado conscientemente su rechazo del tipo de relaciones sociales existentes, de las estructuras económicas, políticas y morales que las sostienen, desde el momento en que se han levantado contra ellas. Son, o mejor, se han convertido en disidentes : las leyes que dicta el orden imperante ya no son sus leyes, las prácticas que éste promueve son, por ellos, despreciadas.

Pero el momento de la rebelión, de la negación radical, carecería de interés si no tuviese implícita en su naturaleza el germen de unos nuevos valores, de unas formas específicas de soñar o de planear la nueva sociedad, si no fuera al mismo tiempo un impulso creador. Este es un aspecto importante en el pensamiento del " ché" : nunca pensó que el movimiento de liberación trajera de por sí dada la esencia misma de la libertad. La libertad es solo la invitación a elegir, la invitación a decidir y a sostener firmemente esta decisión. La libertad en sí misma es un concepto demasiado amplio y azaroso; tiene que ser concretado, tiene que ser moldeado, tiene que asumirse una actitud frente a ella. En lugar de ser la solución definitiva, la apertura de espacios de libertad a través de la insubordinación o de la revolución total lo que plantea es un interrogante : Cómo asumimos esta libertad, cómo la redefinimos y moldeamos obedeciendo a las pautas que queremos ?.

III - Tal es la exigencia que antecede al segundo elemento implícito en la visión ética de la libertad de Ernesto Guevara. El momento de la creación de valores o, también se podría decir, el momento de la aparición del hombre nuevo.

A pesar de ser un concepto tan relevante dentro del pensamiento del "ché ", es poco lo que se puede decir de la figura del hombre nuevo. Lo que es evidente en principio es que está íntimamente ligada con la idea guevarista de un socialismo humanista y dinámico, marcadamente antiautoritario. La revolución social y el comunismo auténtico no eran para el "ché " simples dogmas aplicables mecánicamente a las diversas realidades locales; por el contrario, pensaba que eran creaciones humanas y que en consecuencia el objetivo de todo proceso revolucionario no paraba en la aplicación de reformas económicas por radicales que estas fueran, la finalidad del proceso revolucionario era, en su opinión, indiscutiblemente ética. Esto se explica por una especie de reflujo natural, a tenor del cuál, cuando los hombres buscan conscientemente transformar sus condiciones materiales y sociales de existencia, son a su vez necesariamente transformados ellos mismos : " en este período de construcción del socialismo - dice el "ché"- nosotros podemos asistir a la creación de un hombre nuevo. Su imagen no está aún fijada, nunca lo podrá estar, ya que esta evolución es paralela al desarrollo de las nuevas estructuras económicas...es el hombre del siglo XXI que nosotros debemos crear, aunque no sea más que una aspiración subjetiva, sin sistematizar ".

Lógicamente no se podrá sistematizar nunca, porque se trata de una aspiración ética, es decir, de un proyecto que reconoce de entrada que el hombre no es una cosa, ni un instrumento, ni una categoría económica y que por tanto no está sujeto a medidas que lo cuantifiquen, ni a códigos universales que lo determinen. Con esto no se quiere decir que el hombre nuevo sea un ideal ambiguo e impracticable. De acuerdo con las pocas referencias que sobre el hombre nuevo hizo el "ché" podríamos decir que es aquel capaz de asumir los nuevos valores que ha contribuido a crear al participar en un movimiento incesante de transformación revolucionaria de la sociedad, y que al encarnarlos tiene la capacidad de irradiarlos a los demás : " el cuadro, decía, tiene que tener no solo coraje, tiene que desarrollarse ideológicamente, tiene que ser capaz de análisis rápidos y de decisiones justas, tiene que ser capaz de fidelidad y disciplina. Pero, sobre todo, decía, tiene que constituir el ejemplo del hombre nuevo que queremos en una sociedad justa ".

IV - Es interesante observar cómo en el concepto de hombre nuevo se manifiesta una especie de desplazamiento, de movimiento en sentido doble que liga lo privado con lo público, el ámbito de la actitud ética individual con el de la acción política. A partir de este concepto asistimos, casi imperceptiblemente, a una redefinición de la política.

El hombre nuevo es un ser activo que experimenta la política como un espacio en donde el ejercicio ético de la libertad alcanza su máxima expresión; en donde sólo quién ha asumido personalmente las responsabilidades que unifican y dinamizan a la sociedad tiene la autoridad moral de expresar sus opiniones en público o de aspirar a convertirse en dirigente.

Curiosamente la idea del hombre nuevo, nos remite a la definición clásica griega de la política, que la hacía indisoluble de la experiencia ética. Hablando de la relación ética - política en los griegos, Foucault en su texto La Hermenéutica del Sujeto, traza la siguiente semblanza : " La necesidad [ética] del cuidado de uno mismo, la necesidad de ocuparse de uno mismo, está ligada al ejercicio del poder... ocuparse de sí mismo es algo que viene exigido y además se deduce de la voluntad de ejercer un poder político sobre los otros. No se puede gobernar a los demás si uno no se gobierna a sí mismo".

Pero si en los griegos esta actitud moral solo se esperaba de las castas nobles y privilegiadas, en el anhelo del hombre nuevo, se potencia la idea de que todos podemos hacernos dignos de esta clase de actividad política, pues en tanto seres humanos, todos somos capaces de ejercer responsablemente la libertad, de concebirla como una práctica ética, comprometida e incesante.

V - Quedan así brevemente pergeñados los tres momentos que articula la postura ética del "ché", su idea de lo que ha de ser el hombre en una sociedad justa y libertaria. Idea que en muchos aspectos se ubica en las antípodas de lo que Kant llamó la " minoría de edad" , la incapacidad que manifiestan algunos hombres de servirse de su propio entendimiento y de ejercer su voluntad de independencia : " la pereza y la cobardía - nos dice Kant- son las causas de que la mayoría de los hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena, permanecen con gusto como menores de edad a lo largo de su vida, por lo cuál les es fácil a otros erigirse en tutores. Es tan cómodo ser menor de edad ! Si tengo un libro que piensa por mi, un pastor que remplaza mi conciencia, un médico que dictamina acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré esforzarme ... Por ello le es difícil a cada hombre individual salir de esa minoría de edad casi convertida en su naturaleza inclusive le ha cobrado afición y por lo pronto es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás se le dejó hacer el intento". (4)