Bolivia: La iglesia católica y los clanes de poder en Bolivia
Johnny Lazo Zubieta
BolpressC/CEPRID
29 - X - 07
1. Silencio cómplice
¿Cuál es la actitud de la iglesia católica como institución frente, a las maniobras antidemocráticas de los “Comités Cívicos”, de la media luna y sus colegas de Cochabamba y Sucre? ¿A los atropellos en Santa cruz a cuantos no observan sus órdenes? Y los últimos acontecimientos del “paro a garrote” de la medialuna ¿A la masacre del 11 de enero de este año, por parte de los jóvenes por la democracia a los campesinos del valle y trópico de Cochabamba? Impulsada por la prefectura y su brazo operador el Comité Cívico. ¿A los atropellos a los asambleístas del MAS en Sucre en estas últimas semanas? Y todos los desenfrenos de jóvenes que respondían de la misma forma al Comité Cívico de Sucre, con la complicidad de las autoridades universitarias que proporcionó las tropas de asalto a instituciones, domicilios, radios emisoras. Actos, no sólo antidemocráticos, sino alejados de cualquier principio mínimo de quienes se dicen seguidores de Cristo.
Las mismas palabras de siempre: diálogo, paz y justicia. Condenando la violencia en abstracto, sin señalar a los culpables, a los que se niegan al diálogo, a los que manipulan conciencias a través de los medios de comunicación, a los que avasallan territorios indígenas. Palabras sin contenido y posiciones indefinidas. Si Todos somos culpables. Por tanto Nadie es inocente. Ergo nadie es culpable. Extraña lógica de la prudencia que detestó Luis Espinal.
Convirtiéndose con su «no decir nada» «condenando a todos y a nadie» en cómplice de los círculos de poder departamentales y de latifundistas que avasallan territorios indígenas, explotan y violan todos los derechos de los pueblos originarios de la amazonía y el Chaco boliviano.
Aparte de su silencio cómplice como institución, vimos con asombro - hace algunos meses - el apoyo de parte de algunos sacerdotes celebrando misas a favor de los dos tercios. Es decir, legitimando el latifundio y negando territorio a sus dueños legítimos. De esta forma ubicándose abiertamente con los grupos de poder y negando en los hechos, su «opción por los pobres. ¿Un ejemplo? La misa en Cala Cala de Cochabamba a favor de los dos tercios, con sus habituales banderitas blancas. Y los exabruptos del Obispo del alto, del Arzobispo de Sucre y con mayor sutileza del Arzobispo de Cochabamba en estos últimos días exhortando a los campesinos a llegar a la ciudad con un “espíritu de paz”
Me pregunto ¿Hubo alguna misa a favor de los indígenas del oriente boliviano, que no obstante, de asistirles el legítimo derecho a exigir absolutamente todo el territorio amazónico y chaqueño? Que yo sepa ninguna. ¿Alguien me puede decir si hubo alguna misa, a favor de los indígenas de todo el país, que no obstante, de tanta violencia sufrida a lo largo de la historia, para que esta vez por medios pacíficos tengan los mismos derechos que todos los bolivianos?. ¿Es que se puede ser tan miope de la historia de estos pueblos? ¿Es que acaso no son ellos los pioneros en los estudios de los pueblos indígenas: Sacerdotes como Lorenzo Calzavarini, Francisco Pifarre y ex sacerdotes como Xavier Albó entre otros? Podemos pedir mayor tolerancia y actitud democrática a nuestros hermanos indígenas y campesinos que es el único sector que busca mejorar sus condiciones de vida, dentro de las reglas de juego democrático impuesto. Es decir con las reglas de juego de los que ahora se oponen a la Asamblea Constituyente. ¿Podemos olvidarnos que en un acto radicalmente democrático eligieron al gobierno de Evo Morales ¿Seremos tan cegatos u abstrusos de mentalidad para no reconocer que es el único sector realmente democrático que cree en la Asamblea Constituyente, y que la defiende, como única manera de transformar el país de forma pacífica?
No hubo ninguna misa, menos documentos de apoyo consciente al movimiento indígena. Entonces: ¿con quien está la iglesia? Aquí es imperativo recordar las palabras del «profeta de los pobres»:
Querer predicar sin referirse a la historia en que se predica no es predicar el evangelio. Muchos quisieran una predicación tan espiritualista que dejaran conformes a los pecadores, que no les dijera nada a los idólatras, a los que están de rodillas ante el dinero y el poder, una predicación que no denuncia las realidades pecaminosas en las que se hace la reflexión evangélica no es el evangelio. Sobran – en tiempos conflictivos como el nuestro – quienes tienen su pluma pagada y su palabra vendida. 18.02.79. DARDICHON: 2006:15.
Palabras sabias de un hombre de elevada espiritualidad como fue Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien comprendió el significado del evangelio en la historia y el difícil camino que representa ser discípulo indudable de Cristo.
2. Evangelizar en América Latina
Evangelizar en América Latina y particularmente en Bolivia, como nos enseñaron Luis Espinal, Adrián Paz, Monseñor Romero, Leonardo Boff, Monseñor Manuel Eguiguren y Gregorio Iriarte, significa fundamentalmente liberar a los hombres de la explotación, de la miseria, de la ignorancia, de la enfermedad, y de todos los graves pecados sociales que las clases dominantes imponen a millones de hombres y mujeres a una vida de infierno. Nuevamente evoquemos la prédica de Monseñor Romero, cuando condena puntualmente dentro un contexto, a los que obstaculizan el cambio:
No nos cansaremos de denunciar la idolatría de la riqueza que hace consistir la verdadera grandeza del hombre en «tener» y se olvida que la verdadera grandeza es el «ser» No vale el hombre por lo que tiene sino por lo que es. Sólo cuando se es idólatra del tener, se es avaro y se oponen los hombres a los cambios sociales. Y si ahora hay un peligro en el país es esa idolatría. Quizá la más grande tentación de este momento es que... la extrema derecha, los fanáticos de las riquezas, los idólatras del dinero, los que no quieren que se toquen sus privilegios... 4.11.79. DARDICHON: 2006:19.
Denuncia auténticamente bíblica, cristiana. Ausente en nuestro contexto boliviano del 2007 y análogo al vivido por Arnulfo Romero, en la década de los 70 y principios de los ochenta en la república centroamericana de El Salvador.
3. Reflexiones sobre la Sagrada Escritura
El párrafo citado, de un profundo discípulo del Dios evangélico, nos recuerda que el Dios bíblico, revelado en Jesucristo, es aquel que en Jeremías desenmascara, sin hipócritas prudencias, a los que se llenan la boca de paz con las manos ensangrentadas por la injusticia, la explotación y la opresión. “Pues desde el más chico al más grande, todos andan buscando su propio provecho, y desde el sacerdote hasta el profeta, son todos unos embusteros. Calman sólo a medias la aflicción de mi pueblo, diciendo: «Paz, paz», siendo que no hay paz. (...) Deberían avergonzarse de sus abominables acciones... Por eso caerán junto con los demás y se irán al suelo cuando los visite. Declara Yavé (Jeremías 6, 13 - 15)
El “hombre nuevo” que predica Jesús no es el hombre del orden establecido, del diálogo, de la concertación. Al contrario, es enemigo irreconciliable del statu quo, del privilegio y de la explotación. El Dios bíblico, es el que ayuda - en el Antiguo Testamento - a los hermanos Macabeos a liberar a su pueblo de sus opresores. Es el dios del Nuevo Testamento, que dice “Nadie ama más que aquel que da su vida por los otros” El Dios ante cuya presencia surge con fuerza incontenible el fenómeno de la comunión, del cambio. De la comunidad donde «cada cual según su capacidad y a cada quien según su necesidad»
Crece entonces la urgencia del compromiso «al proceso de cambio que vivimos» de todos los desposeídos creyentes y no creyentes – pueblos originarios, campesinos, obreros y clase media - como único camino para instaurar una sociedad cristiana. Donde se hagan realidad las enseñanzas bíblicas “Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuanto tenían. Vendían sus bienes y propiedades y se repartían de acuerdo a lo que cada uno de ellos necesitaba” (Hechos 2,44-45) (...) Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común” (Hechos 4, 32)
4. Nadie puede servir a dos señores
«Una Iglesia que olvida a sus mártires, no los merece. Ellos han de ser un estímulo para nuestra fe. Ellos son la honra y el orgullo de nuestras iglesias. Ellos manifiestan que Dios sigue presente en nuestra historia» DARDICHON:2006:2. Más adelante, el sacerdote jesuita señala «Hay otros salvadoreños» - léase bolivianos - «a los que hay que señalar acusadoramente. Habían creado unas estructuras sociales tales que, en muchos casos, demuestran que son ciegos que no ven la miseria que los rodea, son los dueños de El Salvador – dígase Bolivia -, de sus tierras, de sus riquezas. También de su política» Ibíd. 7
Por ello en honor a la «sangre de nuestros mártires latinoamericanos»: exhortamos a la iglesia católica a definirse y tomar posición. Pues, como señala la Biblia: «Nadie puede servir a dos señores» Si la iglesia boliviana quiere darle contenido histórico a los mensajes de esos hombres de profunda fe, es necesario que dejen sus “pequeños mundos de curias y sacristías” y vuelvan sus miradas a los indígenas marginados que reclaman territorio donde vivir.
Los que asumimos ser cristianos, estamos obligados a retornar a las enseñanzas de Cristo, del Concilio Vaticano ll, de Puebla, de Medellín, para cumplir con una auténtica labor pastoral. La «denuncia» es «necesaria para que los hombres buenos vuelvan a los buenos caminos» - Ibíd. 16, reflexionaba Monseñor Romero. Para ello, es necesario, renunciar a nuestros privilegios extraordinarios, a nuestro compromiso con las estructuras de poder. Pues, el Cristo que nos enseña las Sagradas Escrituras, no es el Cristo de los palcos oficiales al lado de Herodes o presidiendo actos religiosos junto a Pilatos; ni mucho menos un Cristo “mediador” o “reconciliador”. Al reverso es el Cristo que desde su nacimiento hasta su muerte estuvo inexorablemente al lado de los Pobres.
A manera de conclusión
Nuestra invitación no es a un “Reencuentro Nacional”, ni a un Te Deum de acción de gracias por la “paz”, que no existe desde hace 500 años, para los pueblos originarios. Es una invocación a reconocer nuestra culpabilidad por obra u omisión de la consternación, del saqueo, del avasallamiento de sus territorios, de su negación como «seres humanos» a millones de hombres y mujeres indígenas del oriente y chaco boliviano. Y para que sea un auténtico acto de fe, es necesario que religiosos y no religiosos, busquemos el cambio estructural.
Por supuesto, no será tarea de “todos los bolivianos” la transformación justa, pues la oligarquía cruceña y sus aliados de la prefectura cochabambina y Sucre han demostrado con creces, ser enemigos del cambio más exiguo. Entonces es tarea de pueblos originarios, campesinos, obreros y clase media capaz de entender los derroteros del proceso histórico.
Recordar las palabras de Sergio Almaraz Paz, expresadas hace más de tres décadas, «la historia no es un escaparate» donde podamos elegir qué cambio queremos, la dirección que tomó el pueblo es esta y hay que defenderla.
¿En este contexto, podemos tener alguna esperanza en la reunión de los cívicos de Sucre y Cardenal Terrazas, en beneficio de los más pobres de Bolivia?
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Bibliografía
ALMARAZ, Paz, Sergio, Para abrir el diálogo, Ed. Los amigos del libro, La Paz, 1979.
BIBLIA, Latinoamericana.
DARDICHON, Francisco, Monseñor Romero, el profeta de los pobres, Ed. Verbo Divino, Cochabamba, 2006.
BOLIVIA, Los Tiempos, Cochabamba, diciembre, 2006.
NAVIA, Carlos, La cuestión indígena en el Beni, Reflexiones en la década de los 90s, Ed. SIRENA, Santa Cruz de la Sierra, 2003.
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