CEPRID

Camaradas y hermanos en Egipto: la alianza entre la izquierda y los islamistas

Lunes 16 de julio de 2007 por CEPRID

Hossam El-Hamalawy MERIP/CEPRID 1 -VII -07

Traducción de Manuel Gancedo

Emad Mubarak es un hombre ocupado. Director de la Asociación por la Libertad de Pensamiento y de Expresión, y abogado del Centro de Leyes Hisham Mubarak, al izquierdista Mubarak no se le pasa un mitin sin que le interrumpa su teléfono móvil. En estos días las llamadas son de miembros de la Hermandad Musulmana, el grupo islamista oficialmente fuera de la ley que constituye el principal movimiento político de Egipto. Los estudiantes llaman para informar de abusos de los servicios de seguridad contra ellos en los campus, o para solicitar asesoría legal cuando son sometidos a interrogatorios por los administradores de la universidad.

“Cada vez que recibo una llamada, no puedo evitar pensar en los viejos tiempos y en cómo era el campus con los Hermanos”, ríe Mubarak. En Marzo de 1999, pasó 22 días en la prisión de Tura, al sur de El Cairo, después de que los estudiantes de la Hermandad Musulmana le apresaran junto a ocho compañeros socialistas en el campus y les entregaran a la policía. “Hoy día las cosas son diferentes. Izquierdistas e Islamistas pueden sentarse a hablar. La mayoría de mis clientes son Hermanos Musulmanes”, dijo Mubarak. “Yo les digo que soy comunista, y a ellos les parece muy bien”.

Desde las peleas a puñetazos en la década de 1990 hasta las manifestaciones de 2005-2006, las relaciones entre los Hermanos Musulmanes y la izquierda radical en Egipto han recorrido un largo camino. En las situaciones en que ambas formaciones han trabajado codo con codo, como las asociaciones de estudiantes y los sindicatos de trabajadores, la hostilidad abierta se ha desvanecido, e incluso hay una pequeña proporción de coordinación acerca de las tácticas. Aún así la cooperación es simbólica, e izquierdistas e islamistas tienen aún que unir sus fuerzas para llevar a cabo acciones masivas y sostenidas contra su enemigo común, el régimen del presidente Hosni Mubarak.

Una nueva clase de izquierdista

El progreso de las relaciones izquierdistas-islamistas puede a gran escala definirse en base a dos factores. Primero está la evolución de una nueva izquierda en Egipto cuyos dos pilares principales son la Organización Revolucionaria Socialista y una creciente comunidad pro-derechos humanos afín a la izquierda. Esta nueva izquierda tiene una actitud hacia el islamismo diferente de la sostenida por las previas “olas comunistas”[1] Además está el cambio generacional entre la izquierda y los seguidores de la Hermandad espoleados por el resurgir de las políticas egipcias de calle, gracias a la segunda intifada palestina.

Hay una larga historia de sangre entre la izquierda egipcia y los Hermanos, desde la alianza de los islamistas con el Rey Farouq durante las huelgas de 1940 hasta el aliento del presidente Anwar al-Sadat a los asaltos islamistas a los estudiantes universitarios izquierdistas en los 70. La mayoría de la organizaciones izquierdistas de los 80 y los 90 adoptaron una actitud hacia el Islam político similar a la del Partido Comunista Egipcio – la facción dominante dentro del Partido Tagammu de la “izquierda legal”-equiparando las organizaciones islamistas, reformistas o radicales, al fascismo. La única y modesta excepción fue el Partido Socialista Popular de Ahmad Nabil al-Hilali que en los últimos 80 flirteó con la idea de que el islamismo militante era un “movimiento de los pobres” ganándose su apoyo. La actitud mayoritaria en la tradicional izquierda estalinista se convirtió en una alianza, a veces abierta y a veces tácita con la intelectualidad laica egipcia y con el régimen de Mubarak. Huelga decir que la acción conjunta con los Hermanos nunca estuvo sobre la mesa. Unos pocos abogados de izquierdas como al-Hilali y Hisham Mubarak se involucraron en la defensa de detenidos islamistas, pero esas fueron iniciativas individuales. Como era de esperar, los Hermanos Musulmanes no apreciaron la etiqueta de “fascistas”, y recordaron a la izquierda con gran desconfianza.

Comenzando a finales de los años 80 pequeños círculos de estudiantes egipcios, influidos por el trotskismo se congregaron para estudiar, llegando a desarrollar en abril de 1995 una organización llamada Tendencia Revolucionaria Socialista. Al contrario que la izquierda estalinista, estos activistas usaron el eslogan “Con los islamistas a veces, con el Estado nunca” en los escritos que distribuían en los campus universitarios y demás lugares.[2] En la práctica, este eslogan suponía llevar la causa de los estudiantes de la Hermandad Musulmana a los campus en lo que atañe a cuestiones “democráticas”, como cuando la seguridad del estado excluyó a los candidatos islamistas de presentarse a las elecciones para las uniones estudiantiles o expulsaron a estudiantes islamistas de las escuelas. Las “galerías” (ma‘arid) - periódicos improvisados escritos en telas o en cartones y lanzadas por las plazas de los campus- de los estudiantes Socialistas Revolucionarios en las universidades de El Cairo y ‘Ayn Shams denunciaban a menudo las sentencias que los tribunales militares aplicaban a los Hermanos Musulmanes. Al mismo tiempo, los estudiantes trotskistas se enfrentaban a los Hermanos Musulmanes en asuntos como la libertad de expresión y los derechos de las mujeres y de los cristianos coptos. Cada vez que sentían que los Hermanos querían imponer la segregación de sexos en las aulas, o poner frenos al teatro o al arte en los campus, o cuando quiera que el Guía Supremo de la Hermandad hiciera comentarios sectarios sobre los coptos, las “galerías” de los socialistas mostraban vehementes denuncias.

Como evoca un miembro Socialista Revolucionario que estaba en activo en los años 90: “Éramos un tipo de izquierdistas que los Hermanos Musulmanes nunca antes se habían encontrado. Al principio no lograban entendernos. De todas formas, aún éramos demasiado marginales como para que se preocuparan por nosotros. Solo éramos unos pocos individuos”. Esto empezó a cambiar en 1999. En algunas ocasiones durante aquel año, como recuerda un socialista, los estudiantes de la Hermandad Musulmana en la Universidad de El Cairo permitieron a los estudiantes Socialistas Universitarios hablar en los actos que tuvieron lugar en los campus contra los ataques aéreos de EE.UU. en Irak. Los estudiantes socialistas tomaron esta oportunidad sin precedentes como una señal del reconocimiento por parte de los Hermanos Musulmanes de que eran una fuerza a la que había que dar un lugar en la escena política. Fue un paso más en el largo y lento camino para asentar la confianza.

Desde un puñado de miembros en 1995, los Socialistas Revolucionarios crecieron hasta unos cientos de activistas en vísperas de la segunda intifada palestina, cuyos mandos agradecieron entonces su papel en el movimiento egipcio de solidaridad con los palestinos, en una época en que los Hermanos Musulmanes se abstuvieron claramente en las acciones de calle. La influencia radicalizadota de la intifada entre la juventud ayudó a reavivar la tradición egipcia de la política de calle, que había sido virtualmente sofocada por los temibles servicios de seguridad del régimen de Mubarak. El Cairo y otras varias provincias fueron testigo de las mayores y más tumultuosas manifestaciones desde los levantamientos que sucedieron al intento del presidente Anwar al-Sadat de retirar los subsidios estatales para el pan y otros productos de primera necesidad. A pesar de las oportunidades que se presentaban con el bullir de la calle, La Hermandad Musulmana siguió una política de no-confrontación con el régimen que había soportado desde la campaña de 1995 contra sus mandos y sus bases, y que culminó en una serie de infames tribunales militares. Los estudiantes de la Hermandad no solo rehusaron movilizarse en la calle, sino que además buscaron en varias ocasiones alejar a la militancia de las manifestaciones. [3] En octubre del 2000, por ejemplo, tras los choques de los socialistas con la seguridad del estado en los que se incendiaron furgones policiales en manifestaciones a favor de los palestinos, los Hermanos salieron denunciando el “sabotaje socialista”. Otras veces, los estudiantes islamistas trataron de impedir físicamente a otros estudiantes el salir fuera de las puertas de los campus.

La cada vez más radicalizada escena política creó el escenario para que interviniera la izquierda, pero además generó presión sobre los líderes de la Hermandad Musulmana por parte de las bases de la organización. Los activistas de izquierda entonces en las universidades reclaman que se “nombre y avergüence” a los activistas de la Hermandad en los campus por su falta de participación en las masivas protestas. A principios de abril de 2002, justo a continuación de la campaña contra los alzamientos en favor de Palestina liderados por la izquierda, miembros de los Hermanos Musulmanes comenzaron a participar en eventos organizados por el Comité Popular Egipcio para la Solidaridad con la intifada Palestina. “Representantes sindicales de la Hermandad Musulmana empezaron a aparecer en nuestros mítines”, dice Ahmad Sayf, director del Centro de Leyes Hisham Mubarak, que había estado albergando las reuniones del comité. “No tenían otra elección, ya que hubieran podido perder credibilidad entre su electorado si no hubieran dado este giro”. Aún así solo enviaron a sus representantes [normalmente ‘Isam al-‘Iryan o ‘Abd al-Mun‘im Abu al-Futouh, los dirigentes mayores más populares entre la juventud islamista] evitando la movilización masiva. Lo más importante, continúa Sayf, era que “la Hermandad se doblegaba ante la presión de sus juventudes, descontentas con la complacencia hacia las autoridades”. El 5 de abril de 2002 un grupo de jóvenes Hermanos Musulmanes publicaron una carta abierta al Guía Supremo Mustafa Mashhour en el periódico Londinense al-Hayat en la que se cuestionaba la aquiescencia del grupo en la anticampaña de los servicios de seguridad y en la que se exigía una mayor implicación en el movimiento de solidaridad con Palestina. Sayf concluye: “La alternativa era aproximarse a los radicales de la oposición, dado que la oposición legal, representada por Tagammu‘, Wafd y los Nasseristas era demasiado hostil. Por otra parte, los radicales en la oposición, estaban felices de conseguir cualquier ayuda con que los Hermanos desearan contribuir”.

Al principio los Hermanos Musulmanes se aproximaron a los miembros Socialistas Revolucionarios, reconociéndolos como la “menos hostil” entre las facciones izquierdistas, para dar a entender que los islamistas colaboraban con la izquierda en los movimientos pro-intifada y anti-guerra. La jugada disparó un debate entre los círculos izquierdistas. Simpatizantes del Partido Comunista Egipcio, el Partido Socialista Popular, miembros de la burocracia del Tagammu‘ y una parte de las organizaciones de derechos humanos rechazaron cualquier forma de coordinación con los islamistas, aunque hicieron una excepción con el Partido Laborista de Magdi Hussein, cuya forma de islamismo se reconoce de algún modo como “de línea izquierdista”. La escena habitual en semejantes manifestaciones era que la multitud se dividiera en dos círculos, uno dirigido por izquierdistas y Nasseristas coreando eslóganes de izquierdas, y otro dirigido por los simpatizantes del Partido Laborista coreando eslóganes islámicos. Por otra parte, los Socialistas Revolucionarios, presionaban por una colaboración más estrecha, apoyados por los activistas pro-derechos humanos del ala izquierda como los miembros del Centro de Leyes Hisham Mubarak y el Centro Nadeem por la Rehabilitación de las Víctimas de Violencia.

“Espíritu de Hermandad"

En 2003 y 2004, La Hermandad Musulmana se adhirió a su política de no-confrontación. Mientras los Hermanos seguían enviando representantes a las manifestaciones pro-Palestina y anti-guerra, la actividad principal de la organización eran las obras de caridad, y mostrarse dentro de los límites impuestos por el régimen, en completa coordinación con los servicios de seguridad. El régimen usaba al grupo como válvula de seguridad para la disidencia durante las primeras fases de la guerra en curso en Irak, permitiendo a los Hermanos tomar parte en las concentraciones patrocinadas por el gobierno en el Estadio de El Cairo, así como en las provincias. Mientras tanto, el izquierdista comité de solidaridad con Palestina se convirtió en un movimiento anti-guerra, convocando pequeñas acciones callejeras, que desembocaron en cargas policiales en el centro de El Cairo los días 19 y 20 de marzo de 2003. El verano siguiente un activista de los hermanos musulmanes de grado medio se refirió a la creciente frustración entre las bases y sus líderes “dejándole la calle vacía a los izquierdistas". Cuando entró Kifaya en escena parte de la juventud de la Hermandad quiso seguir el ejemplo.

El movimiento anti-guerra, sucesor del movimiento pro-intifada, evolucionó nuevamente a finales de 2004 en un movimiento anti-Mubarak, compuesto por dos organizaciones. Una era Kifaya (el Movimiento Egipcio por el Cambio), una coalición hecha principalmente de miembros de la escindida facción nasserista, Karama, indivíduos del liberal Partido al-Ghad, figuras del Partido Comunista Egipcio y veteranos del movimiento estudiantil de los 70. El otro ala era la Campaña Popular por el Cambio, que era más marxista en su composición, e incluía a los Socialistas Revolucionarios, activistas pro-derechos humanos del ala izquierda e izquierdistas independientes. Ambas organizaciones se unieron más o menos en los meses que siguieron. Las acciones de calle de Kifaya, en ocasiones teatrales y quijotescas, atrajeron la atención pública y ayudaron a romper tabús en la vida de Egipto desafiando directamente y sin eufemismos al presidente y su familia.

Poco después de una serie de manifestaciones de Kifaya, un grupo de activistas de la Hermandad Musulmana, en especial ‘Ali ‘Abd al-Fattah de Alejandría, mantuvo conversaciones con los Socialistas Revolucionarios e izquierdistas independientes, lo que resultó en el lanzamiento de la Alianza Nacional por el Cambio en junio de 2005. La alianza era táctica y se centró en una plataforma anti-Mubarak, haciendo énfasis en la vigilancia contra las intenciones del aparato electoral en el año de las elecciones parlamentarias y presidenciales. Los frutos de esta alianza no alteraron radicalmente la escena política sobre el terreno. Tras anunciar su intención de llevar a cabo una manifestación conjunta con la izquierda en ‘Abdin Square en julio de 2005, los Hermanos Musulmanes decidieron mostrarse, citando presiones de la seguridad. Se organizaron dos manifestaciones conjuntas más frente al Sindicato de Abogados. La primera fue caótica, y la segunda estuvo mejor organizada, con un consenso en cuanto a eslóganes y pancartas. Desde las elecciones parlamentarias en el invierno de 2005, la alianza se mantuvo al margen de las calles, pero se mantuvo en su sitio en cuanto a coordinación y a los mecanismos de resolución de problemas donde quiera que surgiera fricción en los puestos de trabajo.

El acercamiento entre los islamistas y la izquierda continuó cuando los estudiantes de la Tendencia Revolucionaria Socialista, los Hermanos Musulmanes y algunos independientes formaron la Unión Libre de Estudiantes (F.S.U.) en noviembre de 2005 con la intención de actuar como una organización paralela con las uniones de estudiantes dominadas por el gobierno. El FSU se centró en las Universidades de Helwan y de El Cairo con una minúscula presencia de otras pocas universidades, incluyendo ‘Ayn Shams. Siguiendo el aparato de las elecciones de la unión de estudiantes, la Hermandad usó su peso en la FSU, autorizando nuevas ramas en universidades como las de al-Azhar, Mansoura y Alejandria. Pese a que el FSU está lejos aún de llevar a cabo las ambiciones de sus organizadores –nada menos que una unión de estudiantes con raíces a nivel nacional- los lugares en los que opera el FSU han sido testigo de otro gran avance en las relaciones entre los Hermanos y la izquierda radical. Mustafa Muhi al-Din, un activista socialista de la Universidad de Helwan, describe las relaciones con los Hermanos en los campus como amistosas. “Nos invitan a sus eventos y muestran interés por nuestras actividades. Tal vez esta unión no sea sólida aún, pero hay un lugar para las actividades. Podemos ser activos y extender nuestro mensaje, ocupándonos de la seguridad del estado pero no así del acoso de la Hermandad y en ocasiones nos tienden una mano. Igual que hacemos nosotros. Esto facilita las cosas”. ‘Abd al-‘Aziz Mugahid, activista de la Hermandad y presidente del FSU en la Universidad de Helwan, habla con entusiasmo del “espíritu de hermandad” en el campus. “Los socialistas intervinieron para ayudarnos en las manifestaciones de solidaridad con nuestras hermanas que habían sido expulsadas de las residencias por usar el niqab, y se alzaron en nuestro favor cuando la administración expulsó a más de 400 estudiantes por razones de seguridad. Estas actividades conjuntas no eran antes frecuentes”.

Cambio generacional

La espina dorsal de las acciones de solidaridad con la intifada palestina han sido estudiantes de alrededor de la veintena. Como vírgenes políticamente hablando, no arrastraban el lastre de las históricas luchas entre izquierdistas e islamistas, y entre facciones de la izquierda. [4]

Mientras tanto, el perfil de la media de los jóvenes activistas de la Hermandad Musulmana había sufrido su propia transformación, dando lugar a que un considerable número de jóvenes de la Hermandad se abriese a la coordinación con grupos laicos. “El talante de la Hermandad ha cambiado”, dice Husam Tammam, autor de un libro reciente sobre la organización. [5] “Han sido asimilados socialmente. Hoy en día no son necesariamente hijos de los cinturones de pobreza y de la marginalidad”. La entrada decisiva de la Hermandad en la política electoral “llegó a expensas de su identidad, forzándoles a ser más pragmáticos”, añade Tammam. “Así que olvidémonos del estado islámico, del califato y todo eso. Cuanto más iban los Hermanos entrando a la arena política, más se han integrado, y más han tratado de operar de acuerdo con las reglas del escenario”. Tammam continúa: “Los hermanos han cambiado en su relación con el arte, la sociedad y su visión. Esto puede verse bien entre la juventud [de los Hermanos]. La juventud votó por [el candidato del Ghad] Ayman Tour. Esto no fue una orden central de los líderes del grupo. Cuando se dejó a la juventud sin órdenes, no siguieron necesariamente la línea principal del grupo. Bajo mi punto de vista, el último evento reseñable sostenido por los Hermanos, antes de que tomaran la calle, fue un acto organizado por los estudiantes de la Hermandad llamado el día de Mahoma que tuvo lugar en el día de San Valentín. La juventud islamista pensó, ¿Cómo podemos amar pero de un modo correcto? Si comparamos esto con el comportamiento de la juventud islamista en 1985, es completamente diferente. En aquel entonces todos ellos pensaban en como establecer el estado islámico y resucitar el califato. Habrían visto el día de San Valentín como una pérdida de tiempo. La juventud de hoy, sin embargo no adopta una consideración tan agresiva”.

De las observaciones de Tammam se han hecho eco los izquierdistas que compartieron celdas de prisión con los jóvenes Hermanos durante la anticampaña de la primavera de 2006 sobre el movimiento de solidaridad con los jueces egipcios que sacaron a la luz el fraude y la intimidación de los votantes en las elecciones de 2005. En la crónica de su encuentro con los detenidos de la Hermandad Musulmana, el izquierdista laico independiente ‘Ala’ Sayf escribió: “Eran de esa raza de islamistas que leen los blogs, ven al-Jazeera, cantan canciones sha‘bi (populares), hablan de intensa historias de amor y corean ‘abajo Mubarak’. Y al ser jóvenes, la mayoría de ellos no habían tenido anteriores experiencias en la prisión. Esperando saber si les darían una pena de 15 ó 45 días por principiantes, esperando a saber si serían enviados a una carcel sencillamente horrible o bien demasiado horrible, y en mitad de todo esto nos llegó la noticia de que me podrían liberar al día siguiente”. Y con la noticia de su liberación, ¡De repente, pasaron de ser solo Hermanos a ser camaradas! Me abrazaron, me aplaudieron, estrecharon mi mano, rieron y estaban verdaderamente felices por mi liberación… Cuando estamos hablando de los 22 a los que se liberó aquella semana, y no digo 22 liberados de entre 30, eran 22 de 600… afrontando los mismos cargos y combatiendo a los mismos tiranos”. La web oficial de los Hermanos Musulmanes invitó a ‘Ala’ Sayf a escribir un mensaje a los jóvenes de la Hermandad. El 24 de julio les escribió, haciéndoles un llamamiento a ser “más emprendedores”, y abogando por una mayor acción militante de calle.

Hoy día, la mayoría de las facciones de la izquierda siguen siendo contrarias (o expresan recelo a este respecto) a acciones conjuntas con los islamistas, sobre todo la recientemente desarrollada Izquierda Democrática (una tendencia reformista centrada en torno a la revista al-Busla), el Partido Comunista Egipcio, el Partido Socialista Popular y una parte de la comunidad por los derechos humanos. Pero los Hermanos y los camaradas que trabajarán con ellos siguen comprometidos en la construcción de una mutua confianza. El liderazgo de los Hermanos Musulmanes es firmemente gradualista y sigue mirando siempre por los compromisos con el régimen. Esta actitud podría impedir un mayor acercamiento con la izquierda radical, a menos que la base de jóvenes de la Hermandad alcance una mayor voz acerca de cuándo, y cómo, su poderosa organización se conduzca a sí misma.

Notas finales

[1] Los historiadores de izquierdas dividen la historia del comunismo egipcio en “oleadas”. La primera empezó en 1919 con la fundación del Partido Socialista Egipcio, que se transformó más adelante en el Partido Comunista Egipcio, solo para ser destruido por las anticampañas del gobierno de Wafd en 1924. La segunda ola empezó a finales de los años 30 con la formación de círculos de estudio comunista que evolucionaron en varias organizaciones y facciones, con breves periodos de unidad; terminó con la disolución del Partido Comunista en 1965. La tercera ola comenzó en 1968 con el resurgir de los movimientos de trabajadores y estudiantes, sufrió una derrota que acabó con ella en 1977 y muriço oficialmente econ el colapso de la Unión Soviética en1991. La (actual) cuarta ola comenzó en 1995, con el lanzamiento de la Tendencia Socialista Revolucionaria.

[2] El eslogan fue acuñado por Chris Harman, un teorista de la Tendencia Socialista Revolucionaria con base en Gran Bretaña, en su libro, El profeta y el proletariado, accesible en Internet a través de la dirección http://www.marxists.de/religion/harman/index.htm. El libro fue traducido al árabe, y ampliamente difundido por los Socialistas Revolucionarios en 1997.

[3] Ver “Políticas de calle” de Hossam el-Hamalawy, Cairo Times, 26 de septiembre de 2002; y “La Posguerra en Oriente Medio”, de Hossam el-Hamalawy, Islam Online, 30 de abril de 2003.

[4] El-Hamalawy, “Políticas de calle”.

[5] Husam Tammam, Tahawwulat al-Ikhwan al-Muslimin (El Cairo: Madbouli, 2005).

Hossam El-Hamalawy es periodista en El Cairo y blogger.


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