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Al abordaje de Guinea Ecuatorial ¿Quién da la vez?

Martes 3 de marzo de 2009 por CEPRID

Agustín Velloso

CEPRID

En la madrugada del pasado martes 17, un grupo de africanos que podría definirse en la economía globalizada de hoy como un joint venture, o sea, una unión temporal de empresas, llegó por mar en viaje de negocios al puerto viejo de Malabo, capital de Guinea Ecuatorial.

Probablemente su primera intención era presentar una propuesta a un gran empresario africano en una de sus lujosas residencias en la ciudad. Aunque mantiene otras en Marruecos, Francia, Estados Unidos, etc., ésta se conoce como Palacio Presidencial, que resulta un nombre apropiado ya que su segunda ocupación es la de Jefe de Estado de la República de Guinea Ecuatorial.

Al no encontrarle por hallarse en otra de sus mansiones en la zona continental del país, los empresarios optaron por el plan B, para el que no estaban adecuadamente preparados a juzgar por los resultados.

Tanto es así que el joint venture se deshizo en cuanto empleados a las órdenes del empresario local les mostraron violentamente su desacuerdo con la iniciativa. Tras varias horas de tenso intercambio de tiros, los locales consiguieron convencer a los foráneos de que el proyecto no era de su agrado en la mañana del mismo día. Los numerosos agujeros que sus lanzagranadas portátiles causaron en el palacio dan fe del gran interés que tenían en sacar adelante su proyecto.

El recelo del gran empresario ante las propuestas económicas de sus colegas se puso de manifiesto cuando no solamente decidió no reunirse con ellos, sino poner a todos sus empleados a trabajar para abortar aquellas.

Al parecer lo ha conseguido aunque a duras penas y el coste final de la operación puede ser muy superior a lo que se imagina.

La actividad de la ciudad y aledaños ha quedado interrumpida durante un par de días. Desde los que trabajan en las compañías petroleras hasta los niños que acuden a la escuela primaria, toda la gente se ha quedado en su casa. Los que inadvertidamente han quedado entre dos fuegos han pagado cara su mala suerte. Según han relatado unos testigos, en el barrio de Elá Nguema una mujer embarazada fue alcanzada por un tiro y se desconoce su estado.

También en la misma zona otro niño fue protagonista a su pesar de la caza del hombre realizada por los militares ecuato-guineanos. Al parecer un extranjero se había escondido en el cementerio, adonde se llega por ese barrio, que es populoso y cuenta con varias escuelas. Los soldados, entre cuyas cualidades no figura el valor, echaron mano de su técnica habitual: obligar a los civiles a cumplir su voluntad.

Le dijeron que entrase en el cementerio -ya que no se atrevían a pesar de su número, armamento y uniforme- y que arrojase unas piedras a la maleza que crece entre las tumbas para comprobar “si se movía algo”. El lloro desconsolado del niño no paró hasta que dos asesores militares israelíes decidieron entrar en busca de quien fuese.

En este incidente los uniformados ecuato-guineanos han dado una vez más muestras de su incapacidad militar y de su vileza moral, al tiempo que han revelado el creciente papel de otros empresarios extranjeros en Guinea Ecuatorial, en este caso por invitación de su presidente: Teodoro Obiang. Son ex militares israelíes reciclados que anuncian en Internet sus “servicios y soluciones de seguridad” para dictadores, paramilitares, contrainsurgentes, mercenarios, etc.

Cuando fuentes del gobierno y agencias de noticias afirman que “un helicóptero de las Fuerzas Armadas y de la Seguridad del Estado ha hundido una de las embarcaciones de los asaltantes”, hay que saber que la localización de éstas les ha sido facilitada por un GPS militar estadounidense, que el aparato desde el que se ha disparado es soviético y que el piloto es probablemente ucraniano o israelí. Por eso Obiang acaba de decir tras los hechos que gracias a sus amigos americanos hoy está vivo.

Mientras cada uno de esos empresarios, ejecutivos, empleados o “cooperantes” extranjeros hace su trabajo a cuenta de Obiang, esas fuerzas armadas se ocupan de que no les alcance un tiro de sus enemigos, para lo que no dudan en esconderse en el primer edificio que encuentran, tal y como sucedió en el asalto a los dos bancos de Bata el 5 de diciembre de 2007, que resultó una faena chapó.

Los asaltantes llegaron por mar, sacaron el dinero que había disponible en la caja y sin causar destrozos se volvieron al agua, momento que aprovecharon las fuerzas de seguridad para salir a la calle y disparar en venganza contra los extranjeros que residen en la ciudad y que para su desgracia se hallaban en las inmediaciones de los bancos.

Posteriormente, esas fuerzas, como sucede cada vez que tiene lugar un desorden público o el dictador quiere infundir miedo a la población, se dedican a la caza del extranjero y dan rienda suelta a su salvajismo y desprecio por la vida y los bienes ajenos.

El primer empresario de Guinea Ecuatorial y otros empresarios extranjeros asentados en el país y con intereses en la zona, es decir, en el petróleo del Golfo de Guinea, muestran gran preocupación por la creciente competencia de recién llegados y por ello hacen circular noticias que encajan en la línea dominante en estos tiempos. La página web del gobierno anunció el martes que “nuestro País ha vuelto a ser víctima de una ataque terrorista de los rebeldes del Delta en la Ciudad de Malabo”.

Lo principal es que el público no sepa que el MEND (siglas en inglés del Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger) ha negado su participación en esa operación. Lo importante es dejar en el olvido que el MEND estaba ocupado una semana antes atacando con éxito una planta de gas de la compañía Shell en Nigeria. Es preciso que la gente no reflexione sobre los fines del MEND, que se centran en la liberación de Asari, en prisión desde 2005, en recibir el 50% de los beneficios del petróleo que se extrae del Delta y en la retirada de las tropas nigerianas del Delta. Hay que apartar de la luz el historial del MEND, que incluye ataques contra fuerzas nigerianas y compañías petrolíferas que operan en Nigeria.

Lo que resulta imperioso, como siempre, es evitar que los ciudadanos reflexionen sobre lo que ocurre y por qué.

Ocurre que en Guinea Ecuatorial a cada habitante le corresponde un barril de petróleo cada día que amanece, ya que se extrae a diario medio millón aproximadamente, sin contar el gas y otras riquezas naturales que también les pertenece.

El empresario Obiang, también dictador, aunque sea buen amigo de las autoridades y petroleras de Estados Unidos (Rice dixit), se le reciba en España con cierta “pasión” (Moratinos dixit), esté arropado por países poderosos de la Unión Europea y últimamente sea protegido por “expertos” en seguridad de Israel, no puede evitar que la gente no se conforme con ver sin catar las riquezas y privilegios de que disfruta junto con su familia y compinches.

Muchos emigran hacia países más amables, la mayoría sufre porque no puede hacerlo, los menos se dedican sin éxito a la política y unos cuantos colaboran con aquél para obtener algo del inmenso botín. La escandalosa vida de la minoría en el poder genera resentimiento y atracción en la zona. Además, todo el mundo sabe que robar a un ladrón tiene cien años de perdón y una recompensa material.

No tiene nada de extraño la retahíla de robos, engaños, corrupciones, abusos, desfalcos, etc., que tiene lugar desde el inicio de la explotación petrolífera: de las compañías extranjeras y el gobierno de Obiang a los ecuato-guineanos, de Obiang a la comunidad internacional y sus organismos oficiales, de los funcionarios –ministros, burócratas, policías- a los ciudadanos… de todos los que pueden contra los demás que son más débiles para decirlo de una vez.

Dos empleados domésticos del palacio huyeron tras llevarse unos 6 millones euros de Obiang. Un nieto adolescente de Obiang fue acusado el mes pasado de robar fajos de billetes de un arcón del abuelo para regalárselos a sus amigotes. El primogénito de aquél dilapida dinero del Estado en coches de lujo, mansiones, fiestas y placeres, mientras el resto de la familia y allegados esquilma lo que queda. ¿Por qué razón no iban otros a intentar beneficiarse de este aparente pozo sin fondo?

En 1933 el general Butler, uno de los dos únicos marines que han recibido dos medallas al valor del congreso dijo: “La guerra se hace en beneficio de unos pocos a costa de muchos. He pasado 33 años y 4 meses de servicio activo en el Cuerpo de Marines. He servido en todo el escalafón hasta el generalato. Durante este tiempo he sido principalmente un matón de altos vuelos para las grandes empresas, Wall Street y los banqueros. En resumen, he sido un mafioso, un gangster para el capitalismo”.

Butler presenta la historia no oficial, lo que su país hizo realmente en Méjico, América Central y otros lugares con hombres como él. “Mirando al pasado –añade- creo que podría enseñar unos cuantos trucos a Al Capone, él operaba en tres distritos, yo lo hice en tres continentes”.

La historia oficial de Obiang y sus acólitos habla de terroristas para referirse a los que les importunan, así que con toda probabilidad la historia verdadera dirá en el futuro que los asaltantes de Malabo, de Bata y del MEND en el Atlántico Sur, así como los llamados piratas del Índico en las costas de Somalia y muchos otros grupos africanos menos conocidos, son formas alternativas, evoluciones y transformaciones de la lucha por la supervivencia y contra la injusticia colosal del capitalismo en los tiempos de la globalización. Pida su turno, el tiempo vuela.

Agustín Velloso es profesor de Ciencias de la Educación de la UNED en Madrid avelloso (arroba) edu.uned.es


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