CEPRID

HACIA LA RE-INVENCIÓN DEL “COMERCIO JUSTO” (II)

Domingo 23 de abril de 2017 por CEPRID

RENÉ MENDOZA VIDAURRE

CETRI

4. Mecanismos que entrampan a las cooperativas ¿Cómo funcionan estos mecanismos?

Una vez que una organización es atrapada por un mecanismo, este la empuja al siguiente. Una vez que el segundo mecanismo la atrapa, también penetra al tercero. Muchas organizaciones aguantan bajo esa modalidad y pueden mantener la formalidad de su organización — reuniones de sus órganos, actas y estados financieros. Pero cuando caen en las garras del cuarto mecanismo, las cooperativas funcionan como instancias privatizadas por su gerencia y/o su presidente. Cuantos más sean los mecanismos en los que las cooperativas caen, mayor es la brecha entre la gerencia/presidencia y los asociados, y más la cooperativa es privatizada.

4.1 La intermediación y la “cultura de lotería”

En sección 3.1 citamos datos mostrando que las familias productoras han ido recibiendo cada vez menos valor por su producto, al menos con relación al valor final del producto. ¿Cómo es esa situación referida al CJ? Cuando comparamos ambas cadenas, la cadena tradicional y la cadena del CJ, el precio al productor en términos relativos (porcentuales) es menor en la cadena del CJ que en la cadena tradicional, aunque en términos absolutos varía: algunas veces es un poco mayor. Esto se debe a dos razones: el precio del café CJ al consumidor es mayor y su distribución a través de la cadena (tostadores, compradores, importadores, exportadores, productores) es relativamente más detrimental en la cadena del CJ para los productores; la prima del CJ y el premio del café orgánico llega de forma desigual a los asociados (productores): a algunos no les llega nada por muchos años, a otros algo.

Para aumentar el rigor de estos datos, triangulamos información partiendo del mismo asociado, proceso en el que observamos la manipulación que se hace de los mismos asociados. En la casa del socio o socia revisamos sus recibos donde se indica la cantidad de café que vendió (o entregó) y los precios que su cooperativa le pagó. ¿Qué observamos? Hay cooperativas en las que los socios no han sido beneficiados por iniciativas financiadas por la prima del CJ ni han recibido el premio por café orgánico durante 6 años consecutivos; hay cooperativas en las que los socios han recibido US$29/qq de premio orgánico y hasta US$15/qq de prima del CJ en efectivo y en inversiones físicas; y hay cooperativas cuyos asociados reciben prima y premio entre ambos extremos. Si la cooperativa es de segundo grado y tienen cientos de asociados, el asociado sabe menos y recibe menos; si la cooperativa que exporta es de primer grado, sus asociados saben un poco más, participaron en las decisiones sobre el uso de la prima, y reciben más del premio orgánico. Sin embargo, en la asamblea de su cooperativa el asociado no acostumbra reclamar, las asambleas son una vez al año casi como para cumplir con la formalidad de que haya asambleas; algunas veces, contrario a sus recibos, incluso afirma haber recibido prima y premio, o que ha producido el doble del volumen real. Esto sucede por las estructuras sociales dominantes en las que los asociados se mueven desde hace siglos (ver sección 6), de que “mozo no habla mal delante del patrón”; callará aun más si en la asamblea se encuentra algún organismo internacional, porque cree que “por respeto” no se deben “ventilar los trapos sucios”; peor aún si previamente fue advertido de la llegada de ese organismo y de la posibilidad de futuros proyectos.

Nuestra hipótesis es que la parte intermedia del CJ ha crecido, allí se encuentran las estructuras de las cooperativas, las certificadoras, la banca social, las tostadoras, las distribuidoras y las estructuras de FLO. Esa estructura que ha crecido estaría también limitando el que los productores y los consumidores, las cooperativas y el CJ, tengan una relación más fluída. Luego, en la parte intermedia ‘nacional’ de los países exportadores de café, la variación de los costos (de exportación, administración, procesamiento, impuestos y costos financieros) que están entre el precio FOB (valor de exportación) y el precio al productor, es abrumadora. Van desde US$30 hasta US$45 de cooperativa a cooperativa. La tendencia que se vislumbra es paradójica: si la cooperativa es de segundo grado y con alto volumen, la brecha es mayor; si la cooperativa es de primer grado, con menos volumen y asociados, la brecha tiende a ser menor. Es paradójico, porque tendría que ser al revés, a más volumen de café exportado menor costos por qq, y por lo tanto, los precios al productor-socio tendrían que ser mayores.

Si la cooperativa se debe a sus asociados, ¿por qué en muchas cooperativas, particularmente en las de segundo grado, se “atasca” la prima, el premio y las utilidades? ¿Por qué a más volumen transado los costos más bien suben? Primero, el sector intermedio ha crecido tanto por la fuerza del mercado neoliberal (sección 3.1) y del tipo dominante de cooperación internacional (sección 3.2), como porque actores claves de ese sector intermedio maniobran las reglas del conjunto del CJ. Segundo, preguntado sobre las causas, los gerentes de las cooperativas suelen decir que sus transacciones siguen siendo de bajo volumen, que como cooperativas tienen costos de capacitaciones y de reuniones” en que incurren las cooperativas, que tienen nuevas inversiones físicas y/o que tuvieron dificultades de encontrar buenos mercados. Tercero, algunas cooperativas son atrapadas por el mecanismo de la “cultura de lotería” y la estrategia de “Juan Garabato”; el primero consiste en guardar en las bodegas el café comprado a la espera de que suba el precio y así “sacarse la lotería”, lo que es una estrategia altamente riesgosa debido a la volatilidad de los precios del café; el segundo es temor a quedarse sin café debido a que algunos compradores van pagando, muchas veces, encima del precio de mercado, por lo que compran café en precios altos y más tarde se ven obligados a vender ese mismo café en menor precio, o sea compran caro y venden barato (“Juan Garabato”) (19).

Probablemente una combinación de las tres causas (ampliación del sector intermedio, ineficiencia y estrategia de comercialización errónea) hacen que las cooperativas tiendan a “atascar” recursos en determinados nodos e iniciar el camino “cuesta abajo”. Cuando la cooperativa “pierde” en un ciclo, entonces —como sucede en los juegos de las máquinas tragamonedas— procuran “desquitarse” en el siguiente ciclo; en ese proceso tienden a no seguir los procesos de decisiones que el lado asociativo de la cooperativa indican, mientras los asociados van perdiendo confianza en su organización y en el entramado del CJ. Si la cooperativa vuelve a perder, aumentan sus ganas de “desquitarse” volviendo a la “cultura de lotería” y a “Juan Garabato” en el siguiente ciclo, situación que es acompañada por el aumento de sus deudas. Esas pérdidas, aunadas al reclamo o rumor de los asociados sobre lo que pasa en la cooperativa, desespera a la gerencia y a algunos líderes, quienes se ven presionados a considerar otros caminos, como el que sigue.

4.2 Compra de café a terceros

Antes del ciclo 2006-2007 el café que exportaban las cooperativas provenía en un 100% de sus asociados, con pocas excepciones. En ese ciclo los precios internacionales del café comenzaron a aumentar y el conjunto del comercio justo creció en volumen; por ejemplo, las cooperativas en Nicaragua pasaron de expresar el 10% del total de las exportaciones del país en 2006-2007 al 28% en el ciclo 2011-2012, un tremendo aumento canalizado normalmente a través del CJ (Mendoza, Gutiérrez, Preza y Fernandez, 2012; Mendoza 2012a). También en ese ciclo 2006-2007 inició la compra de café a terceros (no socios) de parte de las cooperativas, bajo el argumento de que les faltaba café para cumplir contratos con los compradores; y es desde el ciclo 2011-2012 que las compras a terceros se han disparado, llegando a significar en algunas cooperativas hasta el 70% del total de sus exportaciones (20). Esto pareciera indicar, más bien, que en algunos casos se compra café a los asociados para “completar” los contratos que el lado empresarial de las cooperativas hacen con los compradores.

Obsérvese, más el mercado demandaba productos y la ayuda externa se reducía, más se evidenciaba que la estructura de costos de la cooperativa era inviable. Algunas de las cooperativas comenzaron a vender sus bienes para compensarlo, y otros a responder con más volumen de café de parte de ‘terceros.’

¿Cuál es el problema de comprar café a terceros? El café convencional comprado a comerciantes, aquellos contra quienes surgieron las cooperativas, se exporta como si fuese café de las cooperativas. En algunos casos, ese café convencional se exporta como si fuese café orgánico debido al deficiente control de parte de las certificadoras (ver 5.1) y por el creciente rol ‘autónomo’ del lado empresarial de las cooperativas que va haciendo desaparecer el lado asociativo de las cooperativas. Dada la debilidad del lado asociativo de las cooperativas, de la debilidad de los órganos de la cooperativa, y el que los asociados no tienen acceso a esas transacciones, puede deducirse las ventajas financieras que dichas operaciones implican. Además, dado que la compra de café a terceros (comerciantes y productores no socios) adolece de cualquier control de la calidad del café, al mezclar café comprado a terceros y café acopiado de los socios se afecta el rendimiento (conversión café APO a café APS) (21) y a la calidad del café proveniente de los socios. En correspondencia, las cooperativas que más compran café a terceros priorizan sus recursos para dichas compras, por lo que a los asociados no les llega crédito con cero tasa de interés, a algunos asociados les llega con una tasa de interés entre 12 y 20%, y al resto no les llega crédito del todo. Es decir, cuanto más una cooperativa compra café de terceros y es una cooperativa cuyo lado empresarial toma las principales decisiones, menos responde a sus asociados, y más éstos salen perjudicados –no es pues solo “para cumplir contratos”; dicho de otro modo, cuanto más los terceros venden su café a las cooperativas, más los socios pierden a sus cooperativas.

Paralelamente, la entrega de café de los asociados a sus cooperativas ha bajado desde el ciclo 2006-2007. En un estudio sobre 33 cooperativas en Nicaragua, Mendoza et al (2011) encontraron que solo el 32% de la producción de café de los asociados se entregaba (o se vendía) a sus cooperativas. Esto quiere decir que los asociados venden sus productos a otros mercados y que muchos van cayendo nuevamente en la histórica práctica de la “venta de café de futuro”, una institución productora de pobreza (Mendoza et al., 2013). Otros revelan la estrategia de resistencia que las familias productoras llaman “para un chancho, otro chancho”, cuya lógica discurre más o menos así: “Si están comprando café de todos lados y hacen pasar café con químicos como café orgánico, entonces, si consigo dinero le pongo químicos a mi café y no les digo nada” (22); “A la cooperativa solo le vendo poquito, por si aparece algún proyecto”.

Bajo este mecanismo, el lado empresarial de las cooperativas responde menos a sus asociados y omite sus reclamos, porque puede comprar café a terceros sin que estos le exijan transparencia, informes, créditos o asistencia técnica. Ante los cuestionamientos, el discurso de la gerencia/presidencia, y muchas veces también de la representación del CJ, es: “Se compra para cumplir contratos… para salir de la crisis… para pagar deudas”, “porque los socios tienen baja productividad, son extensivos” —lo que pareciera sugerir que ¡por causa de los socios “improductivos” compran café a terceros! Y si los socios piden información, la respuesta de la gerencia y del entramado del CJ es el silencio, sin que falte alguna frase altisonante de algún gerente: “Los organismos dicen que darles información a los socios puede perjudicar a la cooperativa”. O sea, a las estructuras de administración de las cooperativas de este tipo, les resulta más barato comprarle café a terceros (sin proveer crédito, AT ni hacer informes) y además les permite valerse de la calidad del café de las cooperativas (bajarle rendimiento a los asociados que significará pagarles menos); mientras los asociados y sus cooperativas van siendo vaciadas. Generalmente, las cooperativas que se hallan en esta situación agravan la centralización de la información, lo que conduce a dar el siguiente paso.

4.3 Rendimiento del café en el beneficiado seco

A principios de la década de 1990, las cooperativas criticaron a los dueños privados de beneficios secos por afectarlos en el pesaje (medición del grado de humedad) y en el control de la calidad del café en el beneficiado seco. Ante la demanda del mercado de café de mayor calidad, las cooperativas y el entramado del CJ comprendieron que se podía mejorar la calidad del café, que se podía evitar el engaño en el pesaje, ser más justos en el rendimiento (de APO a APS), bajar los costos del beneficiado seco y obtener mejores precios para el café. En correspondencia, los asociados —y en muchos casos con apoyo de la cooperación internacional y/o con créditos— invirtieron en la construcción de beneficios secos y laboratorios. En la primera década de este siglo la calidad del café de las cooperativas se hizo sentir en el país y en el mundo, también el peso de las cooperativas, y con ello, el peso de las familias de los pequeños productores (Mendoza et al, 2012; Mendoza, 2012a). En la segunda década de este siglo, sin embargo, en el contexto del recrudecimiento del dominio de las estructuras del mercado (sección 3.1), por el retiro de la cooperación internacional (sección 3.2), por el daño que la roya ocasionó a los cafés (Mendoza, 2013) y porque los asociados sienten que la mejoría en calidad de su café no recibe un mejor precio y en correspondencia masivamente cambiaron de la variedad caturra a catimor, una variedad que se caracteriza por ser productivo pero de baja calidad, la diferenciación del café es afectada con la lógica de responder al mercado con volumen, incluso con café de terceros. Entonces la situación da visos de involución: buena parte de los asociados vuelven a quejarse, esta vez en contra de algunas cooperativas, de que resultan perjudicados en el pesaje (medición de grados de humedad), en la medida del café imperfecto (o de segunda) y en la determinazación de la taza-catación de su café.

¿Cómo ocurre ese perjuicio? Una primera disputa es en torno al pesaje (23): si la báscula está calibrada en los diversos acopios que suele tener una cooperativa de segundo grado. En el caso de las empresas CISA y Atlantic, la pesa de sus diversos centros de acopio se calibra entre octubre y noviembre, justo antes de la cosecha, con lo que unifican las básculas de sus centros de acopio con la del acopio central, quedando la duda de cuán correcta es esa pesa, puesto que el Estado no la supervisa. En el caso de los acopiadores privados que funcionan con financiamiento de CISA y Atlantic, sus básculas no son calibradas con las de la empresa, por lo que asumimos que cada quien las maniobra a su albedrío. En muchas cooperativas, la pesa o báscula en los centros de acopio no está calibrada conforme a la báscula central del beneficio seco, de ahí el reclamo de que “pesó tanto aquí, pero de allá (del beneficio) dijeron que tenía otro peso”, una pérdida de peso superior a la que suele perderse en el viaje-transporte.

La segunda disputa es sobre la humedad del café, que también atañe al peso. La regla institucionalizada desde hace unas seis décadas es que no hay nada intermedio: o es mojado o es oreado (24) . Si el café está mojado se descuenta 56%, y si está oreado o húmedo se descuenta 42%. En otras partes no hablan de 56% y 42%, sino de 14 y 7 libras; esto es: si viene mojado le aplican 14 libras, y si viene húmedo u oreado, 7 libras. La operación es la misma: los 14 provienen de restar 42 de 56. Un caso extremo de una cooperativa es que descuentan 14 libras cuando el café está mojado, y después le aplican 49% por humedad, cuando ya tenía que ser 42% como APO, y con 18% de trillo —o sea, a un café de 200 libras le quitan 14 libras, y después a esas 186 libras le descuentan 49% (91.4 libras); después descuentan por el trillo (17 libras), al final quedan unas 78 libras APS (oro bruto. Otra experiencia totalmente opuesta, de una cooperativa de primer grado que exporta café, es la siguiente: “El café de mi cooperativa da 49% de rendimiento; un día agarré mi café de 100 libras mojado y lo sequé en el patio del beneficio seco hasta que dio 12% de humedad, luego lo puse al trillo de ellos, y me dio 76% de rendimiento; el gerente del beneficio no podía creer, me dijo ‘no es posible’; Sí es posible, ¡Lo hice en el beneficio de ellos!” (Líder de cooperativa de primer grado); este caso es positivamente extremo, pero vale para ponderar lo que está en juego con el rendimiento (conversión APO a APS). Ante todo esto, uno de los logros de las cooperativas de la década de 1990 fue que sus asociados se acostumbraran a entregar café oreado (42%); mientras en los últimos años la queja es que ese oreado de 42% va siendoconsiderado cada vez más como si fuese mojado, y en algunos casos pasó la ya injusta medida del 56%.

La disputa es en torno al procedimiento para determinar esos porcentajes, y en particular con relación a la regla de “oreado o mojado ”. Existe una tecnología llamada Determinador de Humedad, comúnmente conocido como ‘termito’, que cuenta con una pantalla para medir la humedad del café oro para exportación, que debe tener entre 10 y 12%, pero generalmente no la usan en los centros de acopio, y en algunos que la usan vuelven con rangos que responden a lo de ‘oreado’ (42% significa 0 libras descontado), ‘húmedo’ (42- 46% significa descuento de 6 libras) o ‘mojado’ (46-56% significa descuento de 14 libras). Quienes se encargan del pesaje en los centros de acopio explican muy orondos: “Es fácil: agarras un puño de café, y si se te queda pegado en la mano, el café está mojado, y si no se pega es húmedo u oreado”. La experiencia muestra que 100 libras de café mojado, al secarse (“tirarse a patio”) hasta alcanzar 42% de humedad, puede perder hasta 7 y máximo 8 libras, pero no 14 libras, y obviamente ¡no más de 14 libras!

En el comercio convencional siguen la estrategia “para un chancho otro chancho”, por la que los productores suelen reaccionar así: “Por muy seco que lleve mi café, lo clasifican como ‘café mojado’, entonces, unos seis kilómetros antes de llegar al centro de acopio les echo baldadas de agua a mis sacos de café”. Esa “victoria”, sin embargo, se derrumba ante la respuesta del comerciante: “Por muy mojado que venga un café, le descuento catorce libras y lo pongo a secar; lo más que perderá ese café son siete y raramente ocho libras; o sea, me gano las seis libras restantes como mínimo con solo tirarlo al patio” (ver Mendoza, 2012b).

La tercera disputa es en torno al porcentaje del trillo. La variación depende de la variedad (p.ej. la cascara del café catuaí pesa más) y de la calidad del café, y también de la manipulación que se le haga.

La relación de conversión aceptada es entre 2.02 y 2.06 qq APO contra 1.00 qq APS (oro bruto); 206 libras APO equivalen a 100 libras APS (cuadro 1). Sin embargo, en los últimos seis años esa relación de conversión en el caso de muchas cooperativas, e históricamente en las empresas dueñas de beneficios secos, ha aumentado de 2.06 a 2.10, incluso a 2.20, y en algunos casos arriba de 2.30. En el cuadro vemos que 10,000 libras (100 qq) APO, en una relación de 2.6, equivalen a 48.5 qq, y esos 100 qq en una relación de 2.20 resultan en 45.45 qq APS, faltando 3.09 qq APS, lo que en un precio de US$160 (precio mínimo + prima) viene a ser US$490. Un pequeño productor con 1.5 mz de café que produce esos 10 qq APO, pierde solo en el beneficiado seco cerca de C$14,000 (US$490), mucho más que la prima CJ. Si su cooperativa de segundo grado exportó 50,000 qq en una relación de 2.20, teniendo como referencia 2.06, sus asociados perdieron 1,544.5 qq (US$247,131). Si la relación es 2.12 o 2.16, teniendo como referencia 2.06 las pérdidas son menores.

Una cuarta disputa es sobre el porcentaje de café imperfecto (ver cuadro 2, columnas oscuras). En la década de 1990 las cooperativas también mejoraron la calidad del café, y los socios se fueron acostumbrando a entregar café limpio: “en capacitaciones y en cada reunión nos exigían café limpito, y mire, hemos entregado café nítido, bien escogidito, y a pesar de eso nos decían que no tenía calidad; en cambio, si vendía mi café sucio al comerciante, este me lo agarra y me paga ahí nomás, y hasta en el mismo precio que mi cooperativa” (socio de una cooperativa, 2015).

De ahí que alarme hoy en día que se reporten altos porcentajes de café imperfecto o de segunda.

¿Cómo se calcula el café imperfecto? Se sacan 350 gramos de café y de esa cantidad se identifica el número de defectos (ver cuadro 4), luego se pesan y se saca el porcentaje de imperfecto. Por ejemplo, se suman 4 defectos primarios y 3 defectos secundarios, los peso cada uno de ellos (p.ej., 5 granos negros me dan 2 gramos, esos 2 x 100 / 350 gramos = 0.57%); lo mismo hago con otros defectos, etc. Luego sumo las tasas de imperfección y digamos que me da 2.5% de tasa de imperfección en la muestra. Eso es lo que aplico al total del café mediante regla de tres simple. Café SHG (strictly higher grown) es café grado especial (alta calidad), que suele tener 8-10 defectos, entre los cuales no tiene que haber defectos primarios (25) .

Los compradores de café definen el tope de defectos para el café que adquieren: cuanto menor sea el porcentaje de defectos, más vale el café; y si los compradores piden café con menos defectos, más se trabaja en el beneficio seco para corresponder. También depende del mercado: el de Europa es más exigente que el de Estados Unidos en cuanto al número de defectos. La posibilidad de maniobra en el imperfecto es la siguiente, según informa un catador: “Si el comprador pide doce defectos como tope para tal precio, y los gerentes responden que si le pueden aceptar quince defectos y el comprador accede, los gerentes reportan el doce requerido; la diferencia de tres, pesado en gramos y expresado en porcentaje de café exportable, es su ganancia” (catador de un beneficio seco).

Esto sucede porque no hay control ni supervisión de parte de los “dueños” (asociados) del beneficio seco (26) , por el deficiente funcionamiento de sus órganos, y porque los principios del comercio justo y del cooperativismo no se han interiorizado para prevenir abusos (27) .

Finalmente está el control de cribas (tamaño del grano) y la taza de calidad. Hay de 10, 11, 12… hasta de 20 cribas . El café exportable es de 15 cribas para arriba. Los compradores proponen el precio del café según el tamaño de cribas. Si quieren café de 17-18 cribas pagan más que por el café de 15- 16 cribas, y si además quieren taza de calidad 85 o más, sin duda los precios aumentan. La taza de calidad del café se calcula según su aroma, acidez, cuerpo, sabor y sabor residual del café, se suma el puntaje y se añaden 50 puntos (Chemonics International Inc., & Star Cuppers de Centroamérica, 2005). A mayor criba y taza, más vale el café, y más trabajo se requiere para escoger el café que cumple esos requerimientos. La posibilidad de maniobra consiste en que el café de las cooperativas sea de buen tamaño y tenga buena taza, y por lo tanto, tenga buen precio y requiera menos trabajo, pero que los asociados no se enteren de ello, para que a los asociados se les pague como si su café no alcanzase alta calidad y como si no tuviese buen tamaño.

Si las cooperativas avanzaron en que sus asociados entreguen café oreado (42% humedad) y café con mayor calidad, ¿por qué la relación de conversión llega y pasa 2.10 y la tasa de imperfección sube? Tiene que ver con la creciente compra de café de terceros —que generalmente es de menor calidad y mayor humedad—, con las maniobras descritas que obedecen a los intereses de una parte del personal administrativo encargado de la negociación y del manejo al interior de los beneficios secos, y con la reacción de los socios que descuidan la humedad y calidad de su café bajo la táctica “para un chancho otro chancho”.

En las cooperativas que incurren en estos mecanismos subyacen intereses de determinados individuos por encima de los intereses de la mayoría, en consecuencia, la información sobre rendimientos es guardada celosamente por dichos individuos, no la comparten con los líderes de las cooperativas de primer grado, mucho menos con los asociados. En gran medida se debe a que el proceso del beneficiado seco carece de control de parte de los órganos de las cooperativas. Ante esa situación, crece el descontento entre los asociados. Frente a ello, la reacción de los gerentes es: “El rendimiento del café es bajo por el cambio climático, por la roya, porque los socios no manejan bien su cafetal y porque no escogen bien el café”. La canción favorita es: “Estamos pagando agua y piedras”. Según esa explicación, igual que con la compra de café a terceros, los culpables son los productores asociados, y de paso, también el cambio climático.

4.4 Precio “bolsa + 10”

Algunas cooperativas que han sido atrapadas por los mecanismos aquí descritos terminan en la quiebra. Hay otras que persisten a pesar de haber incurrido en esos mecanismos. ¿Cómo? De espaldas a sus asociados, la estructura gerencial acepta propuestas de algunas empresas exportadoras: el precio “bolsa + 10”. Esto es, la empresa (privada) exportadora propone exportar su café (el de la empresa) bajo el nombre de la cooperativa, lo que significa usar la licencia de exportación y el certificado de CJ de la cooperativa. Por esa operación la cooperativa recibe US$10/qq por la prima del CJ, y para la empresa queda el precio de bolsa + US$10/qq de la prima. También hay casos de productores grandes no socios que por su amistad con la estructura gerencial de la cooperativa comercializan su café bajo términos similares. Si las transacciones son por 20,000 qq, por ejemplo, la cooperativa (o la gerencia), sin haber acopiado café, “solo prestando papeles”, gana US$200,000, igualmente la empresa privada exportadora. ¿Y si la cooperativa obtiene certificado orgánico? Entonces sería “bolsa + 25”.

Estas transacciones, que al parecer se incrementan año tras año, generalmente las hacen la estructura gerencial de la empresa y el de la cooperativa. Algunos gerentes de cooperativas, al ser interpelados, argumentan que se ven obligados a hacerlo para que la cooperativa se libre de sus deudas (28). En la mayoría de los casos, sin embargo, dada la confidencialidad de dichas transacciones y la gran brecha entre la estructura gerencial y los asociados, hay enormes ganancias personales a costa de la cooperativa y del entramado del CJ. Esto trasluce dos gobernanzas, la de las empresas con sus gerencias, en las que tienen mecanismos de control bajo la vigilancia de sus dueños, y la de las cooperativas con sus estructuras gerenciales, donde los mecanismos de control de parte de sus “dueños” (asociados a través de sus órganos) son deficientes y en muchos casos nulos. Esta fase implica que las cooperativas han llegado al extremo de ser prácticamente privatizadas, funcionando como privadas, aunque presentándose como cooperativas.

Así pues, son muchos los factores que inciden en este fenómeno: los precios que se atascan (prima CJ, premio por café orgánico, diferencial de calidad, premio cooperativa, sobreprecio o reajuste), la pérdida extra por pesaje y humedad, la compra de café a terceros en perjuicio de toda la cadena del CJ, las maniobras en torno al porcentaje de café imperfecto y la calidad del café, el alquiler del sello de CJ y de los certificados de café orgánico a las grandes empresas privadas. Todo esto revela la imperancia de mecanismos infaustos y la ausencia de mecanismos de control cooperativo desde su lado asociativo, lo que conduce a que el lado empresarial de la cooperativa privatice las cooperativas, o partes de las cooperativas, como el beneficiado seco y/o los servicios de exportación. El refrán citado como epígrafe, “en arca abierta, hasta el más justo peca”, capta exactamente el problema, de un “arca” que se abre y perjudica al movimiento del CJ y al movimiento cooperativa, al menos en tanto medios para sembrar justicia y ser ‘mercado alternativo’.

Notas

(19) En algunas cooperativas se da la posibilidad de que el productor socio decida cuándo rematar su café (fijar precio). El productor deja su café y monitorea los precios internacionales, y cuando cree que está en buen precio, quiere que la cooperativa le pague el precio de ese día. Otras veces el productor espera y espera y no se decide. Estos hechos muestran que la “cultura de lotería” también está en los asociados, en casos en que la cooperativa les da esa posibilidad.

(20) Es difícil definir con exactitud el porcentaje del café de los terceros en el total del café exportado por las cooperativas, debido al celo que tienen las estructuras gerenciales sobre dicha información. Eso en realidad es una práctica común y creciente. Encontramos un caso extremo de una cooperativa de segundo grado con más de 400 asociados; en esa cooperativa acostumbraban tener un listado de datos para las certificadoras, que incluía datos por el doble de área y de volumen de producción por cada socio, o sea si un socio tenía 1 mz y producía 7 qq oro, el registro decía que tenía 2 mzs y producía 15 qq oro; esto significa que dicha cooperativa compraba café a terceros y lo pasaba como ‘comercio justo’ y como ‘orgánico’; era una cooperativa considerada por muchos actores del CJ como ‘modelo de cooperativa’; más tarde esa cooperativa quebró dejando endeudada a sus asociados y sin haberles pagado por 7 años premio orgánico ni prima del CJ ni siquiera por el volumen de café real que cada asociado les entregó cada año. Cuando en un marco de confianza reflexionamos este tema con algunas de esas cooperativas de primer grado, los asociados expresaron: “es que nos decían que era para salir de deudas y para cubrir los gastos”, “que así nos llegarían más proyectos”.

(21) APO = café arábica pergamino oreado; APS = café arábica pergamino seco (oro bruto).

(22) Esta práctica también se conoce como “la táctica del gato”: el gato cubre con tierra su excremento, y luego se pasea como si nada.

(23) Esta situación del pesaje se repite con todos los rubros: maíz, frijol, cacao, carne-ganado, cerdos... Igual pasa con los trabajadores que cortan café: el copete de la lata (o cajilla) y el sobrante que no alcanza a llenar la lata suelen no ser pagados.

(24) Caley-Dagnall llegaron a tener un banco precisamente sobre esa base: introduciendo la despulpadora como empresa (Wheelock, 1975: 144). Hasta 1920 el país exportaba “pergamino seco”. Luego, en los primeros años de la década de 1920, las mayores ganancias, además de bajar los costos a expensas del salario de los trabajadores, vinieron con el control de la despulpadora (beneficio húmedo), el trillo, el secado, las finanzas para la habilitación, etc., por parte de los hermanos Caley-Dagnall, que tuvieron el monopolio del café hasta principios de 1950, cuando entraron otras empresas como CISA, que se dedicaron a la compra, habilitación y exportación de café (Wheelock, 1975: 144)

(25) Agradezco a N. Melgara y a S. Granados por explicarme este procedimiento.

(26) El sector privado suele estar gerenciado por los mismos dueños o sus hijos, y tienen mecanismos de supervisión para evitar manipulaciones al interior de los beneficios secos.

(27) Sobre la interiorización y los mecanismos de control, el caso de la comunidad menonita puede ser muy ilustrativo. R. García (conversación personal, 28 mayo 2016) cuenta que una vez acudió a una comunidad menonita en una zona rural de Centroamérica buscando capacitación para hacer queso. El vendedor menonita le dijo: “Yo puedo enseñar porque sé cómo hacer queso, pero tendría que pedir permiso a mi papá porque él me enseñó lo que sé, es su conocimiento”. En otra ocasión le quiso comprar todo el queso que tenía en venta; el menonita le respondió: “No puedo venderte todo. ¿Para qué quieres todo? ¿Para revender? Nosotros vendemos queso a la familia directamente, no importa si me tardo en venderlo”. Es decir, los menonitas tienen sus mecanismos de control en su comunidad, que seguramente incluyen rendición de cuentas. Aquí destacamos el que los buenos principios se hayan interiorizado de tal manera que no los quebrantan cuando están solos y fuera de sus comunidades. En cambio, en el entramado del CJ, al parecer, se han interiorizado otras ideas que no corresponden al CJ.


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