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Alemania, Francia, Grecia…: ¿de verdad las elecciones han traído buenas noticias?

Lunes 28 de mayo de 2012 por CEPRID

Alberto Cruz

CEPRID

Que andamos necesitados de buenas noticias es obvio. Que hayan llegado tras los resultados de las elecciones presidenciales en Francia y las locales en Renania del Norte-Westfalia es cuestionable. Por no hablar de Grecia, Italia o Gran Bretaña. Algunas ha habido, y de calado. Como también son de calado las malas.

Siendo muy optimista, se puede hablar de la existencia de algunas noticias buenas y muchas malas. Las buenas: el fin de Sarkozy, la derrota del partido de Merkel, la inicial debacle de conservadores y socialdemócratas griegos (veremos si se confirma en las elecciones de junio) y el triunfo en la alcaldía de Palermo (capital de Sicilia, 700.000 habitantes) del candidato apoyado por Refundación Comunista y ecologistas con un espléndido 70’1% de los votos. Las malas: el estancamiento de la izquierda francesa, la debacle de Die Linke, el escaso aumento del KKE y la renuente actitud de las principales centrales sindicales alemanas a sumarse las propuestas de pacto fiscal o de “refundar Europa”.

Los optimistas pueden argumentar que los resultados en todos estos países ponen de manifiesto el rechazo a una política contraria a los intereses de las clases populares y la soberanía de los pueblos. Pueden, tal vez, añadir que el combate era más una movilización general para derrotar a Merkel o Sarkozy (o Berlusconi-Monti, Cameron) que para buscar una alternativa. O pueden sumarse a la alegría de Eric Touissaint sobre lo ocurrido en Grecia y resaltar que SYRIZA se ha hecho con una buena parte de los votos de los jóvenes de las grandes ciudades. Incluso no faltará quien resalte el resultado del Partido Pirata en Alemania y del Movimiento 5 Estrellas en Italia y les incluya dentro del movimiento de protesta contra la austeridad. Quien no se contenta es porque no quiere. Pero…

Alemania

Renania del Norte-Westfalia es el más importante land alemán, tanto en población como en renta. Aquí se sentaron las bases para la derrota de los socialdemócratas (SPD) en 2005 y se dice que ahora está sentando las bases para la derrota de los cristianodemócratas (CDU) en las elecciones generales al Bundestag que tendrán lugar en septiembre de 2013. El SPD tenía entonces el 37% de los votos, la CDU tiene ahora el 26%. En Alemania se dice que el declive de la coalición gobernante es constante desde 2011 y que es una tendencia que va a continuar, aunque todavía son pocos quienes se atreven a hablar de un giro a la izquierda.

De hecho, es bastante improbable. Puede que los socialdemócratas vuelvan al gobierno -con o sin la ayuda de los Verdes, con quienes desde 2011 comparten la mayoría de los gobiernos en los land- pero eso no quiere decir que impongan medidas muy diferentes a las que ahora hay en marcha. Y eso por una razón fundamental: la debacle que viene sufriendo el Partido de la Izquierda (Die Linke). A diferencia de los socialdemócratas, Die Linke es coherente en su oposición a los intentos de superar la crisis con las medidas que imponen los famosos “mercados” y que están supeditadas a satisfacer a las grandes estructuras financieras. Pero Die Linke se ha debilitado en todos los land “occidentales” (Sarre, Bremen, Berlín) y ha perdido su representación parlamentaria en Schleswig-Holstein y en estas elecciones de Renania del Norte-Westfalia. Mantiene, por el contrario, su presencia y fuerza en los land de la antigua Alemania Democrática (donde tiene porcentajes superiores al 15% y en algunas localidades supera el 30%). Sin un contrapeso por la izquierda, los socialdemócratas van a girar hacia los Verdes, con quienes como ya se ha dicho mantiene acuerdos de gobierno, o con los Demócratas Libres que cada vez son más fuertes y que han venido apoyando a los cristianodemócratas. Es decir, hacia la derecha o, en el mejor de los casos, el centro.

El declive de Die Linke es algo a analizar puesto que ha perdido representatividad en aquellos land donde la crisis golpea con mayor dureza, a lo que hay que sumar los cierres de empresas (minas de carbón, sobre todo) y acerías (como ocurre en el valle del Ruhr o en el Rust Belt). Una de las razones que apunta Die Linke es la campaña de los grandes medios, especialmente la televisión, contra ellos. Pone como ejemplo el papel clave del partido –lo cual es verdad- en la oposición al aumento de las matrículas universitarias, al aumento de plazas en las guarderías públicas o en la lucha por una mayor ayuda financiera a las comunidades locales. Todo ello ignorado por los grandes medios, escritos y/o audiovisuales. Es lo que en México llaman ningunear. La vieja tradición periodística de que lo que no se publica no existe. Y todavía funciona.

Por el contrario, cualquier tontería del Partido Pirata es seguida sistemáticamente por una cohorte de micrófonos y cámaras. El resultado en Renania del Norte-Westfalia: Die Linke 2’5% de los votos, Partido Pirata 8%. Criticando el entusiasmo de Touissaint con Grecia, también los “piratas” se hicieron con un voto básicamente joven y urbano.

Bertolt Brecht, pionero en muchas cosas, fue también de los primeros (1932) en exigir que la radio se transformase “de aparato de distribución a aparato de comunicación”, algo que no podría lograrse bajo el orden social capitalista porque la burguesía sólo la utilizaba para la distribución de su pensamiento, de su ideología. Brecht pedía que los mensajes radiofónicos se guardasen “para que las generaciones venideras tengan así la oportunidad de contemplar con asombro cómo una casta, al hacer posible decir a todo el globo terráqueo lo que tenía que decir, hizo posible al mismo tiempo ver a toda la tierra que no tenía nada que decir”. Tal vez esos jóvenes urbanos que optan por el Partido Pirata no sean conscientes de ello. O tal vez sólo les atraiga el ego de verse reflejados en y acogidos por los medios. Reinas por un día. Lothar Bisky, uno de los mejores comunicólogos alemanes que nunca renunció a su análisis marxista de la comunicación, dijo en la década de 1980-1990 que cuando el sistema ya no tiene nada nuevo que ofrecer, crea “novedades suficientes” para despertar con ellas “nuevas necesidades” que, en sí, no suponen un riesgo para el sistema. O sea, un gatopardismo comunicacional del que no se es consciente hasta que ya es demasiado tarde. Algo que sirve, también, para el 15-M español.

Sin embargo, ¿es achacable este descenso sólo al “ninguneo” de los medios de formación de masas? Evidentemente, no. Die Linke ha estado sumido en un fuerte enfrentamiento interno en los últimos tiempos y eso ha sido bien aprovechado por la burguesía. Las derrotas obligan a Die Linke a replantearse su programa y su futuro en un crucial congreso el mes de junio, en Gottingen. Y el enfrentamiento no es sólo de personalidades, sino de estrategias y objetivos. Por utilizar un viejo discurso alemán, hay un debate entre los “realos” y los “fundis”. O sea, pragmáticos contra quienes mantienen las esencias programáticas de la izquierda. Los primeros comienzan a tener cabida en los medios de la burguesía y propugnan una alianza con el SPD y los Verdes. Los segundos argumentan que si no hay una definición clara de propuestas no se verán las diferencias entre unos y otros y los votos irán sólo al SPD. Hablan de criticar el sistema capitalista y luchar por una sociedad socialista y no sólo por la justicia social, un discurso socialdemócrata que es siempre el recurso en época electoral y que se olvida nada más cerrados los colegios electorales. Antes de Merkel, quien inició el camino de los recortes fue el tándem SPD-Verdes. Como fue esta alianza la que aprobó la participación de Alemania en la guerra de ocupación de Afganistán, por ejemplo.

Die Linke tiene un largo camino por recorrer, sobre todo porque la dirigencia sindical está apostando por la política del status quo. Es decir, los principales sindicatos alemanes no se oponen al “pacto de estabilidad fiscal” impulsado por Merkel y Sarkozy y que impone estrictos límites a los déficits presupuestarios de los países miembros de la zona euro. En Alemania está muy extendida la tesis que dice que la crisis europea no ha surgido por la implacable política capitalista neoliberal seguida en los últimos años sino por una “crisis de la deuda” de los países periféricos, y los sindicatos son partícipes de esta alucinación. Es algo así como decir ¿por qué voy a pagar yo por la mala gestión de los otros? Sólo si Merkel, que aún tiene tiempo hasta esas elecciones presidenciales, ve en peligro su relección modificará su estrategia de pacto fiscal, pero no antes de ver qué pasa en las elecciones francesas y griegas de junio.

Una prueba de que los sindicatos alemanes están muy alejados de sus bases, o que las bases están muy ligadas al SPD, tanto monta-monta tanto, es el hecho de haber despreciado la iniciativa del filósofo Jürgen Habermas proponiendo una reconstrucción de Europa y, para ello, es imprescindible rechazar el pacto fiscal de Merkel-Sarkozy. Una cuestión difícil de lograr puesto que el SPD ya ha dicho que no votará en contra del mismo cuando el texto llegue al Bundestag. A fin de cuentas, el SPD fue quien inició el camino de estas políticas neoliberales en el 2003. No obstante, hay un atisbo de esperanza puesto que el principal sindicato alemán, IG Metall, ha sido capaz de doblegar tanto a la patronal como al gobierno al conseguir un aumento salarial del 4’3%, el doble de la tasa de inflación. Es el mayor aumento salarial en Alemania desde 1992 y afecta al sector laboral más combativo, 3’6 millones de trabajadores.

Francia

El caso de Francia es similar. La izquierda se ha estancado, lo que no es una derrota aunque lo parece. Los resultados del Frente de Izquierda han sido del 11’11%, un poco por debajo de los alcanzados en las presidenciales de 1995, su mejor resultado con un 14%. La cuestión es que las ilusiones, alentadas en este caso por los medios burgueses, hablaban de un tercer lugar y por encima de los neofascistas del Frente Nacional. Como ha sido al revés, se ha visto como una derrota. Sin embargo, también los neofascistas se han estancado, logrando un porcentaje (17’9%) algo inferior al logrado en las elecciones de 2002, cuando consiguieron superar esos números al llegar al 19’2%.

El Frente de Izquierda ha cometido un error fundamental en esta campaña, que ha sido centralizada casi en exclusiva en la amenaza del Frente Nacional y no en denunciar una Unión Europea en manos de los mercaderes y desmantelando el estado del bienestar. Eso dejó el campo libre de la denuncia anti-europea a los neofascistas, que lo han sabido aprovechar. Es evidente que si el Frente de Izquierda hubiese tenido más coraje (y sentido político) para denunciar lo que ocurre en Europa habría tenido más apoyo y esa es la baza que tiene que jugar ahora en las próximas elecciones parlamentarias (18 de junio).

Los parabienes por el triunfo de Hollande son muy apresurados. Ha hablado de crear 60.000 nuevas plazas de profesores, de subir los impuestos a las grandes empresas y que va a aumentar el salario mínimo. Pero también ha utilizado con Grecia un discurso muy similar al de Merkel. De ahí que las elecciones parlamentarias de junio sean tan fundamentales como las presidenciales que se acaban de celebrar. El Partido Socialista no tiene una única voz y de cómo se recomponga (y siempre es fácil después de un triunfo) va a depender que tenga una representación sólida que arrope lo que decida el gobierno.

Aquí entra el Frente de Izquierda. También ahora las encuestas le otorgan una apreciable cantidad de escaños. Esperemos que no sea otro bluff como en las presidenciales y que pueda, de esta manera, condicionar la política del gobierno de Hollande. Pero para ello tiene que reconocer el error inicial, haber centrado la campaña contra los neonazis y no contra la Europa diseñada por el capitalismo financiero. Pero no es fácil. El PCF, principal organización del FI, sigue centrando su estrategia en los neofascistas y eso está provocando una cierta reacción en las bases, por lo que no está asegurada la fidelidad de voto salvo en candidaturas extremas como, por ejemplo, en caso de un enfrentamiento directo con el Frente Nacional por un escaño.

Grecia

Y queda Grecia. SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical) es la segunda fuerza política y dentro de la coalición hay tanto escindidos del viejo partido socialdemócrata como organizaciones comunistas que consideran a Die Linke como un “partido hermano”. Al igual que en la República de Weimar los alemanes veían el Tratado de Versalles, con el que finalizó la I Guerra Mundial, como un tratado humillante, en la Grecia de hoy se tiene la misma impresión con las medidas impuestas desde Bruselas. Esta es una de las razones por las que han subido como la espuma los neonazis de Amanecer Dorado. Como el partido nazi en Alemania entonces.

Por primera vez en la historia moderna del país heleno, hay más personas en paro que trabajando. Son éstas quienes han empujado a SYRIZA, un voto contra la austeridad, los memorandos con el FMI y la UE y contra la clase dominante. Pero es más un voto de rabia que de convicción, pese a que el programa electoral no están radical como se dice cuando se habla de cancelar algunas de las medidas que han empobrecido a los griegos y la moratoria temporal de otras, como el pago de la deuda.

No obstante, si la tendencia al alza de SYRIZA se mantiene en las nuevas elecciones de junio (se le otorga el 30%, casi el doble de los votos que tiene ahora) se podrá hablar de otra cosa siempre y cuando deje de insistir en buscar una solución dentro del capitalismo (aquí está prisionera de su gran caladero de votos: la clase media), porque eso supondría el fin de las ilusiones y nada mejor que eso para el retorno de la derecha (ND Y PASOK). Para ello el KKE, el Partido Comunista, tiene que mejorar, y mucho sus resultados. Su modesta subida en las elecciones de mayo indica que tiene una fuerte y consolidada base electoral, pero también que dista mucho de convertirse en una fuerza decisiva para el devenir político griego. Salvo sorpresas de última hora, como que consiga un notable avance o que un núcleo fundamental de los votantes comunistas opte por reforzar a SYRIZA, lo cual obligaría a la dirección del KKE a replantearse su rechazo a quien ya ha calificado como “la última esperanza del capitalismo”. No obstante, las críticas que se hacen al KKE por su “sectarismo estalinista” o su “dogmatismo” también deberían hacerse a SYRIZA, que ya ha demostrado signos de debilidad importantes ante la fuerte presión de los gobiernos europeos y las instituciones financieras imperialistas.

Italia y Gran Bretaña

En Italia se renovaron casi un millar de ayuntamientos y la descomposición del partido de Berlusconi y sus socios es evidente, así como el declive del denominado centro-izquierda pese a hacerse con 15 de las 26 principales ciudades en liza. La abstención ha sido masiva y hay dos fenómenos a tener en cuenta: por una parte, el Movimiento 5 Estrellas; por otra, las candidaturas impulsadas y apoyadas por Refundación Comunista.

El Movimiento 5 Estrellas ha conseguido un excelente resultado electoral en todo el país y la alcaldía de Parma -200.000 habitantes- arrebatándosela a los ex comunistas del Partido Democrático, hoy un simple partido de centro-izquierda. Pero el mayor éxito –no tan resaltado por los media como el anterior- lo ha logrado una candidatura unitaria alentada por Refundación Comunista en alianza con los ecologistas, logrando un espléndido 70’1% en Palermo, la capital de Sicilia y quinta ciudad en importancia de Italia. Aquí también gobernaba el PD.

Lo interesante de las elecciones italianas es la fractura del país, la histórica división entre el norte y el sur, donde los comportamientos políticos han sido totalmente diferentes. El norte ha optado por no votar o por apostar por el Movimiento 5 Estrellas; el sur por las candidaturas “cívicas”, como la de Palermo. Y dentro de estas Candidaturas “cívicas” hay muchas personas vinculadas al PD con un historial de cierta autonomía respecto a las decisiones del partido, como lo ocurrido con el alcalde de Génova, del PD pero respaldado, también aquí, por Refundación Comunista y los ecologistas. La participación directa de los ciudadanos en el debate político se ha iniciado con fuerza en Italia.

Para terminar, una breve referencia a las elecciones en Gran Bretaña. El 3 de mayo renovaron 181 ayuntamientos y en 75 de ellos ganaron los laboristas rompiendo décadas de dominio conservador en urbes como Southampton o Plymouth. El partido del primer ministro perdió 42 alcaldías, muchas de ellas en sus bastiones tradicionales lo que significa que el voto de protesta contra las medidas de austeridad, aunque sea muy tímido, se extiende.

Incluso se podría añadir a este bloque lo ocurrido en las elecciones de Serbia, donde ganó el candidato del partido Radical Serbio para sorpresa de la Unión Europea en pleno. La UE se felicitaba por el previsible triunfo de su socio europeísta pero, como siempre, no tuvo en cuenta al pueblo. Y el pueblo serbio dio una bofetada a la UE, al FMI e, incluso, al Tribunal de La Haya. Tal vez no sea arriesgado decir que los serbios se han vengado de muchos años de humillaciones.

Durante tres semanas hemos visto un rayo de luz, aunque está por ver que sea algo más que un rayo y que la luz entre a bocanadas e inunde toda la estancia. Sin embargo, aún quedan esperanzas. La cuestión está en si se utiliza un lenguaje keynesiano –salida de la crisis=recuperación de la inversión y el empleo- y nos conformamos con eso o se va más allá. Al utilizar lenguajes como “salida de la crisis” se está aportando por dar un respiro al capital y a sus instrumentos. Pero si se opta por ir más allá habrá que plantear quién y para qué controla la producción social. Entonces sí habremos iniciado el camino real hacia la emancipación.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su último libro es “La violencia política en la India. Más allá del mito de Gandhi””, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID. Los pedidos se pueden hacer a libros@lacaida.info o bien a ceprid@nodo50.org

albercruz@eresmas.com


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