CEPRID

Africa y el nuevo escalón en la militarización de las relaciones internacionales

Martes 25 de enero de 2011 por CEPRID

Silvio Baró

CEAMO

Desde comienzos de este decenio, observamos acontecimientos que indican que el sistema de relaciones internacionales se presenta ante un escalón superior.

Las causas que podrían estar motivando las acciones emprendidas por Estados Unidos, serían los cuestionamientos a su hegemonía mundial, las debilidades presentadas por su economía después de casi una década de un crecimiento bastante favorable en los años 90, la lucha por el control de las fuentes de recursos naturales estratégicos, así como la pretensión de volverle a imponer al mundo sus dictados en materia de economía y política, entre otras razones. (1)

En esta dirección se inscriben las guerras de agresión de Estados Unidos contra Afganistán e Irak, pero en los últimos meses el número de las acciones bélicas o no ha ido in crescendo lo cual nos permite argumentar que se está presentando un nuevo escalón en el proceso de militarización de las relaciones internacionales.

La revitalización de la IV Flota en América del Sur, el establecimiento de siete bases militares estadounidenses en Colombia, el tácito respaldo de la principal potencia al golpe de Estado en Honduras y el señalamiento del gobierno venezolano “como líder antiestadounidense” en el Informe Cuatrienal de Defensa, elaborado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, son algunas de las manifestaciones en América Latina. (2)

Sin embargo, algunos analistas han llamado la atención acerca de los pasos agresivos emprendidos por la administración Obama en otras regiones del mundo y se sitúan como ejemplos los siguientes:

-  la venta de 6, 4 miles de millones de dólares en armas a Taiwán, lo cual ha generado un diferendo con China que podría tener implicaciones imprevisibles,

-  La venta de cohetes tierra—aire a Polonia para ser desplegados a unas 35 millas de la frontera con Rusia,

-  La venta sistema de defensa anticoheteriles a Bahrain, Kuwait, Qatar y Emiratos Arabes Unidos para que sean desplegados en las cercanías de Irán.

En opinión de Dan Simpson, la única explicación de este proceder se resumiría en que Obama se ha plegado a las presiones de los militares y de los contratistas del complejo militar—industrial estadounidense y ello permite comprender cómo una economía en la crítica situación en que se encuentra aprueba un nuevo presupuesto militar de 708 mil millones de dólares. (3)

Por su parte, el analista cubano Manuel Yepe nos recuerda que éstas no son las únicas actuaciones de la principal potencia mundial en los últimos tiempos. También “se perfila una nueva guerra, contra Yemen, sin que haya desaparecido la amenaza de un próximo conflicto contra Irán de gran envergadura”. (4)

En el Informe Cuatrienal de Defensa ya citado puede leerse: “Los intereses y el papel de Estados Unidos en el mundo requiere de fuerzas armadas con capacidades inigualables y la voluntad de la nación para emplearlas en la defensa de nuestros intereses y del bien común. Estados Unidos permanece como la única nación capaz de proyectar y sostener operaciones de gran escala a través de vastas distancias”. Así, en el presupuesto se plantea un incremento de 6 por ciento para fuerzas de operaciones especiales, por un total de 6.3 mil millones, y un incremento de 2 mil 800 soldados”. (5)

Para estos fines, la principal potencia mundial ha extendido el número de bases militares por todo el mundo. Manuel Yepe cita a Nick Turse, miembro del Centro de Estudios sobre los Estados Unidos y la Guerra Fría de la Universidad de Nueva York, quien plantea: “El número exacto de bases militares de Estados Unidos fuera de su país excede ampliamente las mil y el número de instalaciones de otras naciones que hoy utilizan los norteamericanos quizás nunca se sepa” (6).

Y en todo este proceso de ascenso de la dimensión de lo militar en la política exterior estadounidense, Africa no podía estar marginada. Si en los momentos iniciales del decenio el acercamiento militar de Estados Unidos al continente estaba relacionado con la pretensión de desplazar gradualmente a Francia y al Reino Unido como los suministradores de armas y de asesoramiento militar a los ejércitos y las fuerzas policiales, más tarde se agregó la preocupación por la seguridad de las instalaciones petroleras, sobre todo en el golfo de Guinea —que la principal potencia mundial desea convertir en una fuente más segura y estable de suministro de recursos energéticos—, y en tiempos más recientes se adiciona el pretexto de la supuesta extensión del terrorismo y del narcotráfico en el continente africano. Este es el período en el cual se lanza la creación de un comando africano (AFRICOM) que pone de manifiesto la relativa importancia asignada a África por parte de Estados Unidos

El involucramiento militar más o menos directo de Estados Unidos en el continente africano se puso de manifiesto en las discretas visitas de militares de aquel país a distintos países africanos, pero, sobre todo, por algunas de las declaraciones de la Secretaria de Estado durante su gira africana del pasado año cuando prometió su apoyo al Gobierno Federal de Transición de Somalia en su combate contra los grupos opositores, y al de Nigeria con vistas a solucionar el conflicto latente en el Delta del Níger.

En el primero de los casos se ha sabido que el gobierno estadounidense facilitó un envío de unas 40 toneladas de armas cortas y municiones y entregó 2 millones de dólares en efectivo para que el gobierno somalí realizara compras de armas. Otras informaciones han indicado el compromiso de enviar otras 40 toneladas de armamento al país del Cuerno.

Si estos pasos de la administración estadounidense no fueran suficientemente convincentes, las cifras que se piensan destinar a Africa en el presupuesto del Departamento de Defensa para el año 2010, solicitado por Obama, con vistas a entrenar a los ejércitos africanos y para desarrollar diversos programas de lucha contra el terrorismo y otros fines, son harto elocuentes.

Llama la atención la amplia variedad de acciones que Estados Unidos pretende desarrollar en el continente africano, las cuales supondrán un significativo aumento de las erogaciones realizadas el año anterior. Para el Programa de Financiamiento Militar en el Exterior (FMF) se destinarán 25 millones de dólares, para el Programa de Educación y Entrenamiento Militar Internacional (IMET) unos 16 millones, para la Alianza Trans-Sahariana Antiterrorista unos 20 millones, para la Iniciativa Estratégica Regional de Africa Oriental 10 millones, para la puesta en práctica de los Acuerdos Extendidos de Paz para el sur de Sudán un total de 42 millones, para la creación de unas fuerzas armadas profesionales de 2 000 miembros en Liberia unos 10 millones, para la continuación de las operaciones en la República Democrática del Congo (incluída la creación de una fuerza respuesta rápida en el Este del Congo y la rehabilitación de la base militar de Kisangani 21 millones, para el Programa de Estabilización de Conflictos y Seguridad de las Fronteras en Africa 3,6 millones, como respaldo a la misión de la Unión Africana en Somalia 67 millones y para el Programa de Operaciones de Contingencia y Ayuda para el Entrenamiento (ACOTA) 96,8 millones, para los Programas para el Control Internacional de Narcóticos y para el Cumplimiento de la Ley 24 millones.

Otros importantes rubros son el destino de 278 millones de dólares para las Operaciones de AFRICOM y la Operación Fortalecimiento de la Paz—Alianza Trans-Sahariana Antiterrorista, 263 millones para el Respaldo en fuerza de trabajo, transporte aéreo y comunicaciones adicionales para el AFRICOM, 60 millones para el financiamiento de las operaciones del CJTF-HOA, 249 millones para la Operación de la base de Camp Lemonier en Djibouti y para la modificación de facilidades, otros 41,8 millones para proyectos constructivos de importancia en la base, 1,9 miles de millones para la compra de tres barcos de combate, 373 millones para la compra de dos embarcaciones de alta velocidad para operar en las costas de Africa, 10, 5 millones para costear los desplazamientos navales en Africa occidental y central, y 10 millones para los que se efectúen en Africa oriental. (7)

Utilizando como pretexto el hecho de que se ha observado cierta inestabilidad política en la región del Sahel –el secuestro de un ciudadano francés por militantes de Al Qaeda del Magreb, la revuelta de los tuaregs del norte de Níger, los rumores de que la región saheliana en un importante zona para el tráfico de armas, drogas y personas—, Estados Unidos trata de lograr el apoyo de algunos países africanos que bordean la referida región para el desarrollo de sus acciones antiterroristas.

Muchos analistas han destacado la clara línea de continuidad entre las administraciones de W. Clinton, G. W. Bush y ahora B. Obama en relación con Africa, lo cual es una nueva demostración del consenso bipartidista en materia de política exterior hacia el continente. Las acciones estadounidenses han ido hasta el desarrollo de escenarios de guerra, como el realizado en Mayo de 2008 en la Escuela de Guerra de Carlisle, Pennsylvania, que simulaba una crisis en el gobierno nigeriano que derivaba en una situación de ingobernabilidad que afectaba a la producción petrolera en la región del Delta del Níger y, por consiguiente, a los suministros de petróleo a la principal potencia mundial. (8)

Alberto Moncada nos recuerda que esta tendencia a la militarización de las relaciones internacionales exhibida por la Administración de George W. Bush se asienta en las concepciones ideológicas del Proyecto de Nuevo Siglo Americano. Y en relación con esto indica algunos rasgos de aquella tendencia:

-  la política de instalación de bases se amplía de Oriente Medio a Asia Central, otro lugar petrolífero importante,

-  Las bases militares sustituyen a las Embajadas y al dominio colonial,

- La nueva política internacional se expresa también en la división del mundo en zonas que coinciden con los límites estratégicos de los Comandos,

- A veces los jefes de los Comandos se permiten hacer declaraciones políticas, algunas llenas de insinuaciones,

-  La militarización de la política americana se expresa en la importancia de la industria militar, que forma parte especial de ese grupo de grandes corporaciones que deciden las elecciones, apoyando económicamente a los candidatos,

-  Otra importante consecuencia de la militarización nacional son las nuevas leyes patrióticas dictadas a partir del 11 de Septiembre.(9) Como fuera planteado por diversos especialistas en el recién finalizado XII Encuentro Internacional Globalización y Problemas del Desarrollo, efectuado en La Habana del 1o. al 5 de Marzo, el recurso a la militarización de las relaciones internacionales si bien es una manifestación de la debilidad del imperialismo norteamericano, no debe verse como que éste se encuentra en una situación de indefensión. Paradójicamente, en lugar de asignarse una mayor cantidad de fondos a la recuperación de la economía, se destinan a los gastos militares y ello explica el sostenido dinamismo mostrado por este sector aún en los actuales momentos de crisis. Esto revela que es el complejo militar—industrial quien verdaderamente gobierna en Estados Unidos.

Referencias:

(1) Cooke, S.: “Another U.S. War? Obama Threatens China and Iran”, Global Research, 01-02.10.

(2) Golinger, E.: “US Intelligence Report Classifies Venezuela as “Anti-US Leader”, Global Research, 03-02-10 y Rodríguez, S.: “Estados Unidos presenta presupuesto militar récord: Obama reflota la doctrina Monroe”, Barómetro Internacional, reproducido en Argenpress.info, 09-02-10.

(3) Simpson, D.: “The Pentagon Runs Amok: Obama is letting the generals and contractors roll over him”, Global Research, February 3, 2010.

(4) Manuel E. Yepe. “Las Guerras pírricas del imperio”, 08.02.2010.

(5) Dan Simpson, art. cit.

(6) Manuel E. Yepe. “El American way de hacer guerras”, 15.02.2010.

(7) Volman, D.: “Obama moves ahead with AFRICOM”, www.pambazuka,org, Issue 461, 10-12-09.

(8) Ibid.

(9) Moncada, A.: “La militarización de la política americana”, ARGENPRESS.info, 04-08-09.

Silvio Baró es co-director del Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente de La Habana (Cuba)


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