CEPRID

GOLPE DE ESTADO Y RESISTENCIA POPULAR EN HONDURAS

Domingo 4 de julio de 2010 por CEPRID

Renán Godofredo

Revista Pueblos

El golpe de Estado, político-militar y religioso, producido el 28 de junio de 2009 en Honduras, el país más pobre de América Latina tras Haití y Nicaragua, generó un poderoso movimiento de repudio en la comunidad internacional e impulsó en el país un capítulo inédito alternativo popular y masivo de organizaciones sociales y del pueblo no organizado. Sus acciones sumaron creatividad, beligerancia, unidad, enormes cuotas de sacrificio y, sobre todo, un espontáneo arrojo de valentía y determinación colectiva para meter al país en una nueva historia que polariza a la sociedad entre la oligarquía golpista y la resistencia popular, hoy convertida en el nuevo sujeto político de Honduras Más o menos acostumbrados a la estigmatización acerca de la aparente abulia e indiferencia de los pueblos frente a las injusticias sociales y a los desmanes de caciques y dictadorzuelos de toda laya, Honduras asiste a este escenario en pleno comienzo del tercer milenio cuestionando esa misma hipótesis: la historia registra con puntualidad la rebeldía siempre activa de un pueblo frente al surgimiento y establecimiento de dictaduras.

Dictaduras y golpes de Estado

La dictadura más significativa se materializa en los 16 años que se mantuvo en el poder el general Tiburcio Carías Andino (1933-1949). Durante ese tiempo se conformaron movimientos populares de gran envergadura, entre los que destaca el dirigido por el Frente Democrático contra la Dictadura, que adquiere mayor beligerancia en el primer lustro de la década de 1940. Como símbolo de estas luchas populares destaca la manifestación que organizó este Frente el 6 de julio de 1944 en San Pedro Sula, en la que se conformó un comité de huelga que aglutinaba a diversos sectores sociales.

Alrededor de las cuatro de la tarde del 10 de julio, una manifestación que se realizaba de manera silenciosa fue atacada duramente desde diferentes puntos estratégicos. Fueron asesinadas cerca de 140 personas, entre las que se contaron muchas mujeres, ancianos y hasta niños. Hubo además 150 heridos. Los asesinos utilizaron ametralladoras Thompson. Esta masacre no pasó inadvertida para la comunidad internacional, pues fue denunciada por grupos de exiliados en México, El Salvador, Costa Rica y otros países. La dictadura se ganó el repudio de la comunidad democrática a nivel continental. Los golpes de Estado instituidos formalmente en el seno de las Fuerzas Armadas tienen su génesis el 19 de septiembre de 1957, fecha en que la Asamblea Nacional Constituyente le concedió a éstas "autonomía militar". Ramón Villeda Morales tomó posesión de su cargo el 21 de diciembre de 1957. Dos años después fue víctima de una intentona golpista liderada por el coronel Armando Velásquez Cerrato, que reafirmaba por esta vía su interés de llegar al poder. El golpe fracasó, pero Villeda Morales estaba condenado a no terminar su período presidencial: el 3 de octubre de 1963, el general Oswaldo López Arellano dio un golpe de Estado porque, en su opinión, el gobierno estaba siendo “filtrado por el comunismo”.

Más tarde se producirían tres asonadas golpistas más. Oswaldo López Arellano volvió a romper el orden constitucional en 1972, extendiendo su mandato hasta 1975. Ese año fue depuesto por otro golpe, dirigido por Juan Alberto Melgar Castro bajo la excusa de que el gobierno estaba “caminando hacia el populismo”. Durante el nuevo periodo, con Melgar en el poder, se producen matanzas de campesinos en lucha por la reforma agraria. Pero Melgar será derrocado por otro golpe, justificado esta vez, irónicamente, por la vocación “reformista” en que había caído el gobierno. Era el año 1978. Lo sustituye hasta 1980 un triunvirato militar presidido por el general Policarpo Paz García. Como siempre, EE UU marca las pautas. Los golpistas hondureños de 1978 garantizaron plena libertad electoral en toda la República (el 20 de abril de 1980 fueron elegidos los diputados de la Asamblea Nacional Constituyente). A Honduras se le obligará a desempeñar el triste papel de contrainsurgencia en la región por toda una década, bajo el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional.

Orígenes del golpe de 2009 En diciembre de 2006, Miguel Facusse y unos treinta influyentes empresarios de todo el país convocaron al mandatario a una sesión en la localidad de Farallones (propiedad de Facusse), en la zona atlántica del país. Querían presentarle un plan de inversión para cuyo financiamiento el Estado debería aportar una suma millonaria de lempiras, aprovechando el balance favorable de las reservas acumuladas en el Banco Central de Honduras. Miguel Facusse es uno de los principales actores del sistema político hondureño, convertido en poderoso con la protección del Estado: es uno de los mayores beneficiarios de los recursos financieros de la Corporación Nacional de Inversiones (CONADI), recursos de la deuda externa que nunca se pagaron.

El gobierno de Zelaya impuso límites a contratos que producían muchos privilegios, condiciones que el gobierno anterior (Ricardo Maduro), había mantenido con importadoras y productoras de químicos farmacéuticos. Esto incluía la compra de productos farmacéuticos caducados, con el consiguiente riesgo para la salud de las personas consumidoras. Aprincipios de 2009, el gobierno de Zelaya intentó crear un convenio de compra de genéricos a Cuba, según los acuerdos de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). Esta iniciativa provocó la oposición de las transnacionales farmacéuticas, manifestada mediante una campaña mediática y la oposición del Colegio de Químico-Farmacéuticos de Honduras.

La economía hondureña es dependiente del exterior en muchos rubros, entre los que destaca la importación de petróleo y derivados. En este sentido, aunque los precios están marcados por la Comisión Administradora del Petróleo, cuatro empresas transnacionales importadoras, constituidas en oligopolio, ejercen su dominio en esta rama de la economía con ganancias mayores al 21 por ciento por galón importado.

Zelaya pretendía reducir el costo de la intermediación importadora que, por convenio de 1992, realizaban cuatro empresas transnacionales de productos energéticos. Suscribió un convenio con PDVSA, como parte de los acuerdos del ALBA, y uno con Petrocaribe a partir de 2008, lo que provocó la reacción de la empresa privada y la Embajada de EE UU. La iniciativa del gobierno de recuperar el aeropuerto de Palmerola, donde funciona la base militar estadounidense Soto Cano, provocó la oposición de InterAiports, propiedad de Fredy Nasser, yerno de Miguel Facusse y relacionado con otros empresarios y políticos.

La subida decretada del salario mínimo, que incrementaba las retribuciones de 3.428 a 5.500 lempiras en las zonas urbanas y a 4.500 en las actividades primarias, representó un 38 por ciento. Teniendo en cuenta que en los últimos doce años la tasa promedio de ajuste salarial había sido de un 15 por ciento, este incremento provocó más ira en la burguesía. A través del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), la Asociación Nacional de Industriales (ANDI) y la Cámara de Comercio e Industrias, la burguesía impugnó esta decisión y, aunque la corte falló en contra, no se aplicó la decisión.

El COHEP impulsó el golpe de Estado. Este Consejo agrupa a las familias que controlan el poder en Honduras, entre otras: Canahuati, Ferrari, Maduro, Callejas, Flores Facusse y Facusse Barjum. Quienes ejecutaron el golpe fueron el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público y las Fuerzas Armadas, con la complicidad y la participación directa del Pentágono y la CIA.

Con su estrategia Hard Power (golpe inteligente), los Estados Unidos han pretendido crear un laboratorio en Honduras para poner en práctica nuevas estrategias que le permitan confrontar los procesos emancipatorios de América Latina. Recordemos la Doctrina Monroe, América para los americanos.

Creada en 1823, podemos comprobar su aplicación a través del número de bases militares estadounidenses instaladas en el continente. El número de éstas en el mundo es alarmante: 872. Este poderío militar se encuadra en una concepción de dominación de espectro completo, basada en el poderío militar de los EE UU para derrotar de forma unilateral o en combinación con fuerzas multinacionales cualquier adversario o controlar cualquier gama de fuerzas militares que atenten contra sus intereses.

Nuevos escenarios de lucha

El Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) ha generado una capacidad de convocatoria que moviliza gente en todas las regiones del país. El aumento y la afirmación de la conciencia colectiva en el movimiento popular no tienen precedentes, y el número de asistentes a las marchas del 5 de julio y el 15 de septiembre de 2009, así como del 27 de enero de 2010, no tiene parangón en la historia centroamericana. En contraste, el régimen de facto de Micheletti y el de Pepe Lobo (que surgió de un proceso electoral espurio), controlado por el tolete y el fusil de los militares, está deslegitimado por la sociedad hondureña y la comunidad internacional.

El Frente ha logrado concienciar a la gente del impacto profundo que ha producido el golpe político, militar y religioso en la mayoría de la población. Tanto los informes de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) y la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos como Amnistía Internacional ponen en evidencia la situación de los Derechos Humanos después del golpe de 2009.

Estos organismos coinciden en que las principales violaciones de los Derechos Humanos consistieron en el uso excesivo de la fuerza por parte de los órganos de seguridad del Estado, en el enorme número de detenciones y en la conculcación de los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad mediante la imposición de restricciones a derechos fundamentales, así como en la aplicación selectiva y discriminatoria de la legislación nacional.

Los organismos citados pudieron constatar también cómo a partir de la ruptura del orden constitucional se han producido graves violaciones de los Derechos Humanos de la población. Entre éstas se incluyen: muertes, declaraciones arbitrarias del estado de excepción, represión de manifestaciones públicas, criminalización de la protesta social, detenciones arbitrarias de miles de personas, tratos crueles, inhumanos y degradantes, malas condiciones de detención, severas restricciones del derecho a la libertad de expresión y graves vulneraciones a los derechos políticos.

Actualmente la resistencia popular se enfrenta a una estrategia de asesinatos selectivos de miembros de diferentes sectores. En los últimos días han sido asesinados siete periodistas, la mayoría vinculados al Frente Nacional de Resistencia Popular. Pese a las intenciones y maniobras del gobierno de Pepe Lobo por conseguir el reconocimiento nacional e internacional, el FNRP define su estrategia organizativa para lograr la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente. El FNRP se define como un instrumento de construcción de poder popular integrado por movimientos populares, organizaciones sociales e instancias políticas que buscan la transformación social del país.

Como conclusión planteamos algunas enseñanzas que nos deja el golpe de Estado.

El conflicto nos revela con meridiana claridad que los sectores dominantes de la oligarquía jamás abandonarán sus posiciones hegemónicas en la economía, la política y la cultura sin una disputa a muerte con los sectores populares de la población. No debe sorprendernos cómo estos grupos, responsables del atraso, se han aglutinado graníticamente en una sola posición política para defender sus intereses con el apoyo de la oligarquía internacional. En esta lucha del golpe de Estado han invertido todos sus recursos fundamentales sobre todo el poder político y las fuerzas represivas. Cuentan además con la prensa internacional. No es casualque durante el conflicto se hayan cruzado por nuestro país personalidades de la posición más reaccionaria del Partido Republicano de los EE UU y activistas de los grupos políticos terroristas cubano-norteamericanos, famosos difusores del ideario neoliberal.

Hace unos pocos años la lucha de los pueblos concitó la movilización de la derecha. Hoy, cuando el fenómeno de la globalización conecta al instante al mundo entero, esa movilización se vuelve más dinámica y avasalladora, a veces sutil pero no por ello menos letal para nuestros pueblos.

La capacidad de lucha expresada en las calles por parte de la resistencia revela que en Honduras los partidos tradicionales no podrán seguir manteniendo el control de una población que, de manera dócil, acudía a las urnas para votar y validar sus privilegios. La sociedad hondureña está bien definida ahora entre las fuerzas oligárquicas conservadoras y una resistencia popular que plantea la refundación del país, la democracia participativa y el respeto a la soberanía popular. La solidaridad internacional de movimientos sociales, gobiernos, medios de comunicación y organismos de Derechos Humanos y, sobre todo, el pueblo (con su capacidad de organización y movilización, el arte popular y la unidad en toda su diversidad), han desmontado el proyecto de imposición de la dictadura burguesa. Les será difícil ejecutar su plan y visión de país, quedarse 28 años más en el poder, porque la resistencia está proponiendo también a la nación un plan para la transformación económica, social y política de Honduras.


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