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La búsqueda... Gonzalo Romero
18 - VI -07 Son muchas y están permanentemente erguidas, como símbolos fálicos, metáforas pétreas de una conquista militar muy española ella, que allá por el siglo XVI sembró de sangre y espada esta región andina. Son decenas ellas ya... y llaman la atención porque sobresalen entre las decenas de miles de casitas de barro, hechas con las manos frías e hinchadas de los miles y miles de indios que se vinieron a esta ciudad helada de El Alto en Bolivia, una vez entregaron los criollos y los blancos poderosos las minas del oro y la plata y el campo y las llamas y las vicuñas a los poderosos herederos de la conquista patria que hoy bendice Benedicto, aunque luego pida a no sabemos quién, un perdón tan inútil como falso, porque como dijo el Jesús histórico, ese en el que no cree: “por sus obras les conoceréis” y estos jerarcas hicieron obras, sí... y acabaron construyendo catedrales. Así tal cual como Obermaier construye torres, que son sus iglesias, con materiales bien caros que financian las ONGs de su tierra germana. Según se llega al aeropuerto de la ciudad-monstruo de El Alto en Bolivia, se ven las torres coloridas de llamativos colores que sigue construyendo sin desmayo el padre alemán Sebastián Obermaier. Está crecidito Obermaier, fálico como sus torres, ahora que tiene el mismo ADN que su patrón espiritual. Sebastián ha abierto centros de formación y talleres laborales...al ladito de sus torres, en los cuales obliga a asistir a sus misas a los niños que acuden a ellos, y donde es obligatorio también aportar colectas a partir de 25 bolivianos. Sebastián se hizo famoso en toda Bolivia y no sólo en el Alto, por haber bañado con agua bendita al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, puesto a buen recaudo por el pueblo sublevado, harto de sus fechorías. En el curriculum de este cura también figura el hecho de haber sido delegado presidencial del ex mandatario Hugo Bánzer, ese sanguinario señor ex militar y ex presidente que cercenó a sangre y fuego la vida de cientos de bolivianos y bolivianas de bien y que acabó su vida en la camita de un hospital norteamericano, comido por el cáncer. Y ahí están, las “torres de Sebastián”, sin que nadie las empuje y las haga trizas... todavía, erectas y salidas desde la misma altura de la miseria de los habitantes de el Alto. Y aquí, en este reino impuesto donde mañana se celebra la fiesta de la democracia representativa, se acaba de destapar la compra de votos a cambio de alimentos en una consejería de Melilla. Se han hallado vales de 60 euros, solicitudes de votos y sobres con papeletas a nombre de las mismas personas. Y los que denuncian, dicen que el gobierno melillense se ha aprovechado del hambre de sus vecinos. Seguimos en las mismas. Aquí y allá. La sombra de la conquista. La espesura del poder. El idioma del voto útil... “Por sus obras les conoceréis”... Habrá que buscar los lenguajes de amor, prendidos en las casitas de barro de El Alto, o en las telas rotas de las alambradas de Melilla.
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