Proceso.
10 de diciembre de 1983
Guillermo Correa
Comandante de la 31 zona militar cuando la matanza de indígenas en
Golonchán, el general Absalón Castellanos Domínguez
se distinguió, desde entonces, por sus categóricas y optimistas
declaraciones en el sentido de que en el estado “reina la tranquilidad”.
Pero no era sí: el domingo 15 de junio de 1980, a las
once horas, todo el pueblo de Golonchán se reunió en la
iglesia como de costumbre. Varios campesinos que regresaban de sus milpas
se percataron de la presencia de soldados que cruzaban el río Maxamiljá.
De inmediato retornaron a la comunidad para advertir a la población.
Alguien, por medio del aparato de sonido, pidió que se
tranquilizaran y que no aceptaran provocaciones. Sin embargo, a las cuatro
de la tarde empezó el tiroteo. Niños, mujeres, ancianos
y padres de familia murieron acribillados. Algunos incinerados, otros
arrastrados por las aguas del río. Nunca se supo cuántos
fueron. (Proceso 191).
Hoy, a tres años de distancia, el general Absalón
cumple un año de gobernar a Chiapas y, al rendir su primer informe,
el 3 de diciembre pasado, dijo que no responderá con represión
a quiénes de uno y otro modo la buscan y la provocan. “Dejaremos
sin bandera a los que quieren oportunidad para gritar que en Chiapas se
dan la mano el desafuero y el autoritarismo”.
Fue más concreto: “A las provocaciones de caminatas
y plantones -refiriéndose a la que recientemente marchó
al Distrito Federal-, responderemos con trabajo en favor de los campesinos
y con más apoyo a sus organizaciones, para que luchen sin atropellar
la ley. Seguiremos trabajando para mejorar las condiciones de vida de
los chiapanecos, porque la tranquilidad sólo nace de la tranquilidad
social. Este es mi compromiso y que quede claro, lo voy a seguir cumpliendo”.
En su informe, Absalón Castellanos destacó los
avances del Plan Chiapas: “A pesar de los agobios que a veces se
multiplican, hemos cumplido el compromiso de preservar la integridad de
nuestras instituciones, fortalecer la tranquilidad social, afianzar la
solidaridad para el trabajo productivo de los chiapanecos y acrecentar
el peso moral del gobierno del estado”.
Su promesa de no responder con represión contra los que
la provocan, se perdió, de inmediato, por toda la entidad.
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