Periódico LA JORNADA, 22 de mayo de 1994 - primera parte y 23 de
mayo de 1994 - segunda parte.
Por José Gil Olmos, enviado, y Elio Henríquez, corresponsal
San Cristóbal de las Casas, Chis., 21 de mayo.- El sábado
22 de mayo de 1993, en la sierra Corralchén --entre Ocosingo y
Altamirano--, dos fuerzas militares se enfrentaron por primera vez en
la selva Lacandona.
Una, la federal, movilizó cerca de 4 mil efectivos para
combatir a un enemigo que aún no tenía un nombre público.
La otra habría de esperar siete meses para darse a conocer a la
nación y al mundo como Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN).
Todo pasó hace un año, a las 15:30 horas, al oeste
del poblado La Garrucha, municipio de Ocosingo. Entonces el Gobierno Federal
y la Secretaría de la Defensa negaban, tercamente, la existencia
de la guerrilla. Pero la presencia de ésta era “un secreto
a voces”.
“Fue un 'chivatazo' o un accidente que esa columna de soldados
chocara con nosotros en ese cuartel. Lo que es cierto es que ya por la
noche no quedaba ningún zapatista en esa sierra. Nosotros salimos
del cerco inmediatamente. Todos los combates posteriores eran entre ellos”,
recordó el Subcomandante Marcos en sus primeras entrevistas a medios
de información en enero pasado
“Nosotros nos replegamos en la selva, lo que pasó
fue que el ejército atascó de soldados, chocaron unos con
otros y se mataron. Nosotros contamos 12 soldados muertos y seis heridos
por morteros. En cuestión táctica, si falla la comunicación
es imposible controlar la situación.
Para el día 24 nosotros sólo veíamos qué
hacía el Ejército, cómo va y viene, entra y sale,
sacan a las bajas. Nosotros estábamos en alerta, dijimos al comité:
cálmense, si tocan a los pueblos, empezamos.
Pienso que la culpa del repliegue es por la publicación
(LA JORNADA 31 de mayo y 1 de junio de 1993) de lo que pasó”.
Otra versión:
El coronel Leonel Braulio Álvarez, en la averiguación
previa 122/1/93 abierta ante la Procuraduría General de la República
contra ocho mexicanos y dos guatemaltecos por los delitos de traición
a la patria, asociación delictuosa, lesiones, homicidio calificado
y portación de armas de fuego, recordó que el 22 de mayo,
“como a las 8 de la mañana se encontraba en la región
de Altamirano --lugar donde trabaja el 83 Batallón de Infantería--
en calidad de supervisor y evaluador de los trabajos de reconocimiento
en el área La Garrucha, Nuevo Morelia, Lázaro Cárdenas
y Pataté Viejo, en busca de probar la existencia de campos de entrenamiento
de rebeldes o guerrilleros.
“Ese día estableció contacto con el comandante
del 83 Batallón de Infantería, habiéndose expuesto
su plan de operaciones para cumplir la misión que le había
asignado. Y estando con el citado jefe y un grupo de comando sobre el
camino que conduce al pozo petrolero Nazareth, a las 15:30 horas aproximadamente,
escuché unas detonaciones en dirección sur, a unos kilómetros
(de ese camino).
El comandante del 83 Batallón me informó que la
primera compañía de su Batallón había tenido
un enfrentamiento con un grupo de civiles en una elevación al oeste
de La Garrucha y que estaba herido un soldado. El enfrentamiento continuó
durante la noche, pero se desconocía el número de maleantes”.
Toda esa noche la tropa combatió a un “enemigo”
pertrechado en la oscuridad. El Subcomandante insurgente zapatista Marcos
asegura que las fuerzas del EZLN ya se habían retirado. Entonces,
el enemigo de las fuerzas armadas federales, en aquella tierra rica en
petróleo, eran sus propios compañeros “Fuego blanco”
en la oscuridad
Todo esto se mantuvo en secreto. La información del descubrimiento
de un campamento guerrillero con una réplica de un campamento del
Ejército Mexicano, cuatro cuevas y seis chozas con alimentos enlatados,
un cañón de madera, 27 armas de grueso calibre --entre ellas
'cuernos de chivo'--, pertrechos, un costal con 16 pantalones de color
negro y camisas con letreros rojos e insignias de EZ, 5o., XXIV y un dibujo
de fusil, se mantuvo resguardado.
Tampoco salió a la luz que se encontraron --según
la averiguación previa citada-- revistas “subversivas y documentos
sobre estrategias militares”, así como un muro de piedras
simulando la forma de un tanque de guerra y un vehículo de madera
tipo militar camuflado, un lanzacohetes y una ametralladora, también
de madera, varias trincheras de piedra y un letrero que decía:
“a 25 metros, peligro: dinamita”. De la misma forma se mantuvo
en secreto el enfrentamiento “errático” entre las mismas
tropas del ejército federal
“Nosotros suponemos --señaló Marcos en sus
primeras entrevistas al referirse a este hecho-- que el mando no dice:
me equivoqué y le pegué a los míos. El mando dice:
son guerrilleros. Entonces (el general Miguel Ángel Godínez
(comandante de la séptima región) comenzó a aventar
más y más oficiales”.
Según el sargento Mauro García Martínez,
en su declaración archivada en el expediente 44/93 de la misma
averiguación previa, ese 22 de mayo fueron agredidos “por
40 personas”.
Señala que al día siguiente “reanudamos la
persecución de los agresores. En esa acción, dentro de la
zona de Pataté Viejo, me lesionaron en el pómulo derecho
y mataron al subteniente de infantería José Luis Vera de
Jesús”.
Los militares a su vez asesinaron a “un civil desconocido”
durante el enfrentamiento del 22 de mayo. Ya este año se supo por
voz de Marcos, que el muerto era un capitán del EZLN. También
se conoció que un herido fue curado en uno de los campamentos guerrilleros
El camino al pozo petrolero Nazareth se llenó de militares
que buscaban a los “maleantes” que los habían agredido.
Hombres “altos, de barba, pelo largo y aparentemente extranjeros”,
como les dijo un ganadero alguna vez a quienes adiestraban a los indígenas.
Esos que ahora se llaman a sí mismos “los sin rostro”.
Aquel día, circunstancialmente se enfrentaron por primera
ocasión los dos ejércitos mexicanos. En la noche uno de
ellos siguió al otro, la persecución se dilató por
caminos de montaña que sólo conocen esos hombres que se
“tragó” la selva, de la que salieron con el nombre
colectivo de Ejército Zapatista de Liberación Nacional,
al filo del cambio de un día y un año: la medianoche del
31 de diciembre y los primeros instantes del primero de enero.
HACE UN AÑO ESTUVO A PUNTO DE SER ACTIVADA LA GUERRA ZAPATISTA
San Cristóbal de las Casas, Chis, 22 de mayo.- La ofensiva
guerrillera zapatista planeada para el 1º de enero de 1994 estuvo
a punto de ser activada hace un año --siete meses antes de lo previsto--
cuando una unidad de soldados del Ejército Mexicano chocó
contra 30 insurgentes del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) en la sierra Corralchén, entre los municipios de
Ocosingo y Altamirano.
La situación turbulenta que en esos días se vivía
en el país, la negociación del Tratado de Libre Comercio
(TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá y el interés
de la prensa nacional y extranjera sobre una presunta aparición
de la guerrilla, tantas veces negada, evitaron que la guerra estallara
el 22 de mayo de hace un año.
“De pronto (el 25 de mayo) se vino el asesinato de Juan
Jesús Posadas (arzobispo de Guadalajara) y el enfrentamiento salió
en la prensa nacional, por eso se calmó, si no, en mayo hubiera
tronado la guerra, y ahora me estarían preguntando que por qué
en mayo y no el fin de año”, afirmó el subcomandante
Marcos al relatar cómo ocurrieron los hechos hace un año
Durante 13 días la región localizada entre los
ejidos San Miguel, Pataté Viejo, La Garrucha, Morelia, Venustiano
Carranza y Guadalupe Victoria estuvo militarizada por unos 4 mil soldados,
quienes tendieron un cerco para detener a los “agresores”.
La entrada a la selva chiapaneca fue cooptada por tierra y aire
en aquellos días aciagos para los indígenas y campesinos
que veían volar sobre sus chozas helicópteros que, recuerdan,
“tiraban bombas” para acabar con el enemigo, que se mimetizaba
con el bosque tropical.
Después del único enfrentamiento registrado entre
los 30 guerrilleros y los federales el 22 de mayo por la tarde y parte
de la noche, los zapatistas evadieron el cerco y protegidos por la oscuridad
salieron hacia zonas más seguras en la misma selva, relató
recientemente el mayor Rolando.
El clima estaba a favor de los “agresores”. Según
declaraciones del general Miguel Elías Leyva García, asentadas
en la averiguación previa número 122/993 abierta en mayo
pasado a raíz de los hechos, los soldados no pudieron perseguir
y detener al grupo de personas “bien armadas y pertrechadas que
operaban clandestinamente en la región”, porque “debido
a la oscuridad y a la niebla, que no permitían la visibilidad,
no era posible realizar los patrullajes en el área”.
En las acciones, según información difundida en
su momento por la Secretaría de la Defensa Nacional, murieron un
oficial y un soldado, y dos más resultaron heridos, mientras que
por parte de los “agresores” cayó un civil “no
identificado”.
Este, de acuerdo con la media filiación del Ministerio
Público, era “un hombre de aproximadamente 30 años,
cabello corto, lacio, color negro, de complexión delgada y de 1.65
metros. A su lado se encontró un fusil 'fuger' mini-14 calibre
223, con dos cargadores llenos”. Tiempo después se sabría
que había sido un “capitán” del EZLN.
Marcos aseguró este año que los guerrilleros salieron
de la zona el mismo 22 de mayo por la noche. Sin embargo, en las declaraciones
judiciales varios militares que participaron en las acciones, incluso
los heridos, manifestaron que el día 23 de mayo “continuaron
los enfrentamientos contra el enemigo”.
Esto comprueba, según el subcomandante insurgente, que
los enfrentamientos posteriores al del 22 “fueron entre los propios
federales”.
Según Leyva García, la persecución contra
los “agresores” continuó el 23 y 24 de mayo con “acciones
más dinámicas”: 4 mil hombres “peinaron”
la zona por tierra y aire.
El resultado de la amplia movilización militar fue la
detención de ocho mexicanos y dos guatemaltecos: Marcos Pérez
Jiménez, Tiburcio Ruiz Clara, Manuel Clara Ruiz, Antonio López
Jiménez y Lázaro Pérez Lorenzo; y los guatemaltecos
Salvador Mateo Salvador y Andrés Salvador Antonio.
En enero, el subcomandante Marcos negó la militancia zapatista
de los detenidos.
Oficialmente no pasaba nada hasta ese 24 de mayo. El rígido
cerco militar se ampliaba hasta los medios de información. Sólo
llamadas anónimas vía teléfono a medios locales daban
a conocer de “balaceras en la cañada” de Pataté
Viejo.
Sólo hasta el 25 de mayo se da a conocer el enfrentamiento
a través de la Procuraduría General de la República
(PGR).
El subdelegado de la PGR, Federico González García,
en unas tarjetas informativas señalaba: “Que en una operación
que llevaban los militares en la zona de Cárdenas Viejo, en el
ejido Pataté Viejo, municipio de Ocosingo, Chiapas, en el cual
fue herido con arma de fuego un cabo de infantería el día
22 de mayo actual por personas armadas que se encontraban pertrechadas
entre la selva.
Que el día 23 del actual, cuando realizaban las actividades
de búsqueda y patrullaje, resultó herido un sargento segundo
de Infantería y muerto un subteniente, tomando acciones más
dinámicas para la localización de los agresores, dándoles
alcance en Pataté viejo, donde fueron detenidos ocho sujetos mexicanos
y dos de nacionalidad guatemalteca, a quienes se les aseguraron 11 armas
de diversos calibres, cartuchos de calibre 22, radio civil, cartuchos
calibre 410, apuntes y propaganda subversiva sobre la táctica de
guerrilla guatemalteca”.
Después de difundirse la noticia el funcionario de la
PGR fue removido. El cerco militar se ampliaba cada día hasta alcanzar
los ejidos Morelia y Venustiano Carranza, municipio de Altamirano; en
el primero de ellos establecieron por siete días un campamento
en el que interrogaban a toda la población de campesinos indígenas
por “los guerrilleros guatemaltecos”.
La noche del 31 de mayo la SEDENA envía una misiva al
periódico LA JORNADA, que había dado a conocer la noticia
enmedio de la extrañeza, ya que para entonces la atención
se centraba en el asesinato del cardenal Posadas Ocampo.
La carta firmada por el teniente coronel de Infantería
José Guadalupe Rodríguez Olvera señalaba que el 83
Batallón de Infantería, destacamentado en San Cristóbal
de las Casas desde el 14 de mayo, había sufrido “agresiones
el día 22 cuando realizaba prácticas de entrenamiento en
las áreas despobladas de Ocosingo”.
“Las agresiones fueron efectuadas por un grupo de individuos
que no pudo contabilizarse y que portaba armas de fuego cuando realizaba
prácticas ilegales”.
En ningún momento se habla de la existencia de grupos
guerrilleros. El entonces secretario de Gobernación, Patrocinio
González Garrido --que asumió el puesto en enero de 1993
al dejar la gubernatura de Chiapas--, negó su existencia. “No
hay guerrilla”, dijo una y otra vez.
El 3 de junio las fuerzas del Ejército Mexicano abandonaron
completamente los municipios de Ocosingo y Altamirano. La decisión
extrañó a los guerrilleros.
Siete meses después el subcomandante Marcos declaró:
“Fue un error militar que el Ejército se retirara, pues ya
estaba ahí metido. Nosotros estábamos a punto de activar
la ofensiva que estaba planeada para después. Y, de pronto, otra
vez la prensa”.
Fuente: http://www.bibliotecas.tv/chiapas/may94/21may94.html |