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Jorge Enrique Hernández
VENUSTIANO CARRANZA, CHIS.- El gobierno del general Absalón
Castellanos Domínguez fue enjuiciado la semana pasada por un tribunal
campesino que, a base de testimonios y denuncias, lo acusó de encabezar
una política etnocida contra más de 800.000 indígenas
chiapanecos. Escritores, investigadores, dirigentes políticos de
la oposición, del magisterio y de organizaciones obrero-campesinas,
constituidos en “gran jurado”, resolvieron “exigir justicia
y castigo a los responsables de los asesinatos y encarcelamientos ilegales
que se repiten en la entidad”.
“Yo no tengo más que una sensación de vergüenza
de no poder frenar el exterminio de indígenas que se comete en
el estado. Es un etnocidio que lleva 500 años y no concluye, pero
lo peor es que muchos de esos criminales andan sueltos”, declaró
a Proceso el escritor Juan Bañuelos Canona, Premio Chiapas 1984
y uno de los participantes en el tribunal organizado por la Organización
Campesina Emiliano Zapata (OCEZ) y el Frente Nacional contra la Represión.
Durante el 31 de julio y el 1º de agosto, este pueblo tzotzil,
localizado a dos horas de la capital del estado, se convirtió en
un foro popular contra la injusticia: entre lamentos, tristeza y lágrimas,
cerca de un centenar de sobrevivientes de matanzas y encarcelamientos,
hijos madres y esposas de comuneros asesinados o secuestrados, hicieron
que todos los presentes en el patio de la Casa del Pueblo, sede del tribunal
campesino, escucharan relatos verídicos.
Recordando a Bartolomé Martínez Villatoro, comisariado
ejidal asesinado en 1975, su anciana madre, María Villatoro, expresó:
“A diez años de la muerte de mi hijo, todavía siguen
matando a los compañeros. Como él, todos pelean por su tierra,
pero el PRI, la CNC, la Secretaría de Reforma Agraria y los terratenientes
nos impiden existir”.
Adolfo Ordóñez manifestó: “Los del
gobierno están en contra de los indios. El 6 de octubre de 1984
emboscaron y mataron, en Paraíso Grijalva, a seis chamacos y compañeros
comuneros. Nosotros pudimos sobrevivir a los balazos porque después
de ser heridos fuimos cubiertos por los cuerpos de los muertos. Después
de balacearnos, todavía subieron los asesinos a la redila del camión
donde estábamos amontonados y a los que se encontraban encima de
nosotros, se les remató con el tiro de gracia”.
“Yo reconocí a Bartolomé Gómez Mendoza,
pistolero de la CNC. Fue él quien encabezó a los asesinos.
Recibí tres tiros de escopeta y sólo me acordaba de pedirle
al Santo Señor del Pozo que me amparara”, agregó Julio
López, otro de los campesinos que rindieron testimonio.
El Tribunal Campesino estuvo integrado, entre otros, por el exdirector
de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Gilberto López
y Rivas; Leopoldo de Gyves, dirigente de la COCEI; Rosalía Teniza,
asesora de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA); el escritor
Armando Bartra y los líderes magisteriales Hernán Villatoro
Barrios y Enrique Melgar Ruiz.
Durante el foro se destacó que tan sólo esta comunidad
ha sufrido el asesinato de 25 comuneros, decenas de presos políticos
y 209 órdenes de aprehensión. La comunidad tzotzil de Venustiano
Carranza es una de las más reprimidas en el estado de Chiapas.
La lucha de la OCEZ lleva 20 años y es por recuperar 3.184 hectáreas
que se encuentran en poder de caciques de la región, como David
Manzur y Sócrates Castellano. Tampoco se les ha indemnizado por
la expropiación de 2,500 hectáreas, por la Comisión
Federal de Electricidad.
El acto concluyó con una marcha campesina, la tarde del
jueves 1. El Premio Chiapas 1984 hizo un llamado a escritores y a intelectuales
para solidarizarse con la lucha campesina. Reiteró que el monto
de su premio lo donará a la diócesis de San Cristóbal
para ayudar a los indígenas; Leopoldo de Gyves destacó que
lo que sucede en la entidad “es una muestra de la política
antipopular del gobierno”.
Fuente: Proceso. 3 de agosto de 1985
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