a) la jornada de trabajo social
b) la nueva especie
c) Inmaterial Workers of the world
d) Europa socialdemócrata y Forum por la renta garantizada
 

Advertencia

Los rasgos característicos de la sociedad posfordista son ya universalmebte reconocidos: por tecnócratas, sindicalistas, sociólogos, centros de estudios, agencias gubernamentales, comisiones parlamentarias, mass media, Veltroni. No resultaría extraño que de aquí a poco se crearan cátedras universitarias sobre el tema. El pensamiento critico, que hace diez o quince años identificó la fisonomía del nuevo paradigma productivo (enfrentándose duramente con todo tipo de cegueras y nostalgias) corre el riesgo de marcar el paso, tentado por el sofisma, por la repetición sabihonda, por la glosa a pie de página. En definitiva, corre el riesgo de dar vida a una academia marginal, con todos los vicios y malas costumbres presentes en toda academia (pero sin la correlativa potencia institucional) y, a la vez, con toda la angustia y el rencor típicos de la marginalidad (pero sin su rebelde ausencia de prejuicios). Se oyen por ahí demasiados "he dicho y así he salvado el alma", como si una descripción más o menos perspicua del nuevo paradigma social bastase para estar en paz consigo mismo. El alma, en vez de salvaguardarla, habría que jugársela o si acaso perderla, pasando de la diagnosis a la prognosis, del status de predicadores al de organizadores, de la disputa sobre las tendencias de fondo de nuestro tiempo a la acción política directa.

El punto decisivo ya no es el descubrimiento del nuevo continente, sino un modo diferente de habitarlo. El posfordismo, que ha pasado a ser una evidencia incuestionable, parece negar la posibilidad misma de un antagonismo radical. Se dice: quien registre el cambio del orden productivo debe admitir sin vacilaciones la obsolescencia de la idea misma de revolución. Y se añade: quien continúe hablando de revolución demuestra una nostalgia consuntiva por el universo fordista. Teorema descabellado e indecente que hay que refutar sobre el terreno, a través de una miríada de experiencias prácticas. Se trata de mostrar la profunda congruencia entre la época en la que el saber y la comunicación han pasado a ser el nervio de la producción social y una política de índole subversiva con las espaldas cubiertas. Precisa y solamente en el posfordismo la abolición del trabajo asalariado y la progresiva erosión del "monopolio de la decisión política" que lleva el nombre de Estado se presentan como objetivos sensatos, alejadísimos de cualquier furia extremista. En pocas palabras: posfordismo y actualidad de la revolución riman, tanto como las Michelle y ma belle del viejo estribillo.

Este texto quisiera contribuir a una reflexión en voz alta, lo suficientemente plural y variada, sobre contenidos reivindicativos, contiendas posibles, formas de lucha, táctica, alianzas, trayectorias organizativas experimentales. Aquel que espere un esfuerzo teórico ulterior, será mejor que interrumpa cuanto antes la lectura. Y no es que semejante esfuerzo resulte superfluo: todo lo contrario. Sólo que el objetivo del documento es diverso y, quizás, más ambicioso: esbozar los contornos de una iniciativa práctica a la altura del posfordismo, aquí y ahora, en Italia y en Europa. Se trata de invertir el orden del discurso, es decir, la relación entre el fondo y lo que aparece en primer plano. Ante todo: cómo organizar la lucha de los pony express, o de los trabajadores de las empresas de limpieza, o de las telefonistas de las chat lines, o de los trabajadores con contrato temporal, los "muchachos en eterna formación laboral". Luego: retomar y valorizar, dentro de un trayecto conflictivo concreto, éste o aquel jirón de análisis sofisticado sobre el trabajo inmaterial o sobre el lenguaje sometido al beneficio.

Precisamente porque es más ambicioso que una contribución teórica habitual, el documento exhibe abiertamente una cierta pobreza. Pobreza de medios, de experiencias, de certezas. A veces, estas líneas recuerdan un balbuceo. Pero debe ser así. ¿Hay alguien que se sienta de verdad "rico" y "experto"? Si es así, merece compasión. Una discusión apropiada puede producirse sólo entre quienes reconocen que no ha habido, hasta ahora, ninguna contienda significativa centrada sobre el trabajo precario, intermitente, inmaterial. Sólo entre quienes saben bien que falta aún, en el panorama posfordista, algo parecido a un "Club de la Pirelli". Muchos de los experimentos en marcha son preciosos e innovadores: pero ninguno puede alardear de su carácter ejemplar. Hoy, argumentar una gran política significa argumentar sobre una casilla vacía: cómo volcar en fuerza reivindicativa la máxima disgregación del trabajo vivo, cómo encontrar un acicate potente precisa y solamente en lo que hoy por hoy se presenta como un handicap. Esta gran política es el convidado de piedra o el huésped desagradecido que hay que invitar a la mesa de la Europa socialdemócrata. Para llenar la casilla vacía es preciso enfilar muchos caminos diferentes con fantasía y coraje, dar preferencia a la complejidad, anudar relaciones espúreas y temerarias. Pero todo ello, que quede claro, con el objetivo declarado de llenar esa casilla.

Si las notas que siguen tienen una forma apodíctica, lo que hace que a veces recuerden a unas "tesis", sirve tan sólo para la formulación de objeciones y enmiendas, En definitiva, para poner de manifiesto los eventuales puntos débiles (la necesaria "pobreza" de la que hablábamos).

  1. la jornada de trabajo social

1) La política hoy es gobierno de un tiempo social que se ha salido de quicio. La determinación de un nuevo calendario es el envite de la lucha política.

2) El tiempo social se sale de quicio cuando ya no queda nada que distinga al trabajo del resto de las actividades humanas. Así pues, cuando el trabajo deja de constituir una praxis especial y separada, en cuyo seno rigen criterios y procedimientos peculiares, absolutamente diversos respecto a los criterios y procedimientos que regulan el tiempo de no-trabajo.

3) Trabajo y no-trabajo desarrollan una idéntica productividad, basada en el ejercicio de facultades humanas genéricas: lenguaje, memoria, socialidad, inclinaciones éticas y estéticas, capacidad de abstracción y aprendizaje.
Desde el punto de vista del "qué" se hace y del "cómo" se hace, no hay ninguna diferencia sustancial entre paro y empleo. Dan ganas de decir: el paro es trabajo no remunerado; a su vez, el trabajo es paro remunerado. Puede defenderse con buenas razones tanto que nunca se deja de trabajar como que se trabaja cada vez menos. Estas fórmulas paradójicas o contradictorias dan fe, en su conjunto, de la salida de quicio del tiempo social.

4) La antigua distinción entre "trabajo" y "no-trabajo" se resuelve en la que se da entre vida retribuida y vida no-retribuida. La frontera entre una y otra es arbitraria, cambiable, está sujeta a una decisión política.

5) La cooperación productiva en la que participa la fuerza de trabajo es cada vez más amplia y más rica que la que se inserta en el proceso de trabajo. Comprende además el no-trabajo. La fuerza de trabajo valoriza el capital sólo porque no pierde nunca sus cualidades de no-trabajo. Improductiva a los ojos del capitalista (y del economista que no sea un zoquete) es toda prestación que no ponga a prueba la vida no retribuida.

6) Dado que la cooperación social precede y excede al proceso de trabajo, el trabajo posfordista es siempre, además, trabajo sumergido. Por esta expresión no debe entenderse sólo un empleo sin contrato, "en negro". Trabajo sumergido es, en primer lugar, la vida no retribuida, o sea, la parte de actividad humana que, homogénea en su totalidad respecto a la laboral, no se ve sin embargo computada como fuerza productiva.

7) Llamamos tiempo de producción a la unidad indisoluble entre vida retribuida y vida no retribuida, trabajo y no-trabajo, cooperación social emergente y cooperación social sumergida.

8) Hoy la plusvalía brota de la actividad productiva que antecede a la actividad laboral en sentido estricto. Hoy el aumento de la plusvalía se obtiene modificando la proporción entre la parte pagada y la no pagada del tiempo de producción global (no ya sólo entre la parte pagada y la no pagada del tiempo de trabajo). Además del plusvalor de cada cual, el tiempo de producción no remunerado comprende su cooperación infra-laboral y extra-laboral.

9) La práctica política a la altura del posfordismo debe hacer visible, en toda su extensión, el tiempo de producción, hacer de éste el único criterio legítimo para la distribución de la riqueza. Obviamente, el objetivo de la renta de ciudadanía es central. Con ésta, se reclama la retribución del tiempo de producción que excede la órbita del tiempo de trabajo. La renta de ciudadanía es el salario de la cooperación social que precede y excede al proceso de trabajo, la renta de ciudadanía no es algo distinto de la institución de un nuevo calendario.

10) Sin embargo, la renta de ciudadanía corre el riesgo de reducirse a una jaculatoriatranquilizante. O a un fetiche. En vez de devolver el aliento a la acción política, puede llegar incluso a confirmar su parálisis. Si no se disgrega en propuestas puntuales sobre fiscalidad y federalismo, y sobre todo si no se ve sostenida por la invención de un sindicato revolucionario del trabajo inmaterial, flexible, precario, la ferviente letanía sobre la renta de ciudadanía equivale a los discursos sobre una "sociedad más justa". Y, ya se sabe, los discursos sobre una "sociedad más justa" a menudo sirven como excusa para la apatía o para el pequeño cabotaje tramposillo y bribón.

b) la nueva especie

1) Con la expresión "intelectualidad de masa" nunca se ha querido designar un determinado número de oficios particulares, sino una cualidad de todo el trabajo posfordista. Esta formulilla señala que el trabajo ha pasado a ser esencialmente lingüístico (mental, cognitivo) o, pero viene a ser lo mismo, que se ha puesto a trabajar al lenguaje.

2) Es tan fácil como erróneo decir: la intelectualidad de masa es una categoría económico-sociológica entre otras que reemplaza linealmente a las utilizadas en el ámbito fordista. Tan fácil y erróneo como decir: la intelectualidad de masa supera a la economía y a la sociología, se define más bien a partir de constelaciones culturales, disposiciones éticas, contextos vitales. El asunto es más complejo. La intelectualidad de masa es una nueva especie. Es el eje central de la acumulación capitalista precisamente porque (y no a pesar de que) sus características más destacadas pueden describirse sólo en términos ético-culturales, como conjunto diferenciado de formas de vida. En pocas palabras: la intelectualidad de masa ocupa el centro de la economía posfordista exactamente porque su modo de ser escapa totalmente a los conceptos de la economía política. Ésta es la paradoja que hay que afrontar en términos de teoría de la organización.

3) La principal forma de existencia de la "nueva especie" es la cuenca de la intelectualidad de masa. La cuenca es el ámbito espacio-temporal en el que se produce la socialización extra-laboral. Es el contexto en el que se forja la cooperación que precede y excede al proceso de trabajo. En concreto: la fuerza de trabajo social instituye un conjunto de relaciones independientes en su interior que perduran sea cual sea el empleo (o la falta de empleo) de cada cual; relaciones que forman el presupuesto unitario de todo tipo de tareas flexibles y precarias.

4) La cuenca, en la que se desarrolla la cooperación lingüística es la realidad que subyace al trabajo asalariado así como al trabajo autónomo. Las especificaciones jurídicas del tipo de empleo son precisamente sólo... especificaciones. El trabajo comunicativo y de relación, formado en la cuenca, es además, eventualmente, también autónomo. Pero no es comunicativo y de relación porque sea autónomo.

5) En la cuenca de la intelectualidad de masa es imposible escindir la actitud laboral del "mundo de la vida". En este sentido, la cuenca hace universales y paradigmáticas las características tradicionales del trabajo femenino.

6)La cuenca muestra en su interior, como una sección geológica, todos los elementos decisivos de la economía globalizada: flujos migratorios, redes comunicativas, grumos de saber abstracto, articulaciones de la administración estatal. La cuenca es un microcosmos que sirve de ejemplo, a escala local, de la trama de las fuerzas productivas movilizadas por el posfordismo.

7) La fragmentación de los trabajos remite a la unidad de la cuenca y viceversa. La organización política es organización política de la cuenca o no es.

8) La cuenca de la intelectualidad de masa exige el crecimiento de una democracia no representativa y la formación de una esfera pública no estatal. Todo lo que atañe al intercambio de equivalentes postula la representación política así como la identificación entre "público" y "estatal". Viceversa, todo lo que coincide con la cooperación productiva excluye la representación y funda una dimensión pública asimétrica respecto al Estado. Pues bien, dado que la cuenca de la intelectualidad de masa forma una unidad con la cooperación social que precede y excede al trabajo en sentido estricto, de aquella habrá que decir: democrática, pero no representable; pública, pero no estatal.

9) Las formas organizativas que se adaptan a la cuenca son el Centro Social, la Comuna y el Soviet.

10) El crecimiento de la democracia no representativa y la formación de una esfera pública no estatal tienen como condición ineludible el máximo desarrollo del federalismo, la drástica descentralización del gasto público, el despedazamiento de las funciones administrativas del Estado, la proliferación de asambleas electoras locales.

11) Un federalismo radical sólo siente odio hacia esas invenciones vagas que son la provincia y la región. Se trata de entes imaginarios que hay que disolver, concentrado el ahorro de recursos que de ello se deriva en la dimensión efectivamente local. O, si se prefiere, "municipal". Siempre que entendamos por municipalidad sólo el territorio determinado en el que la cuenca de la intelectualidad de masa se organiza como contrapoder.

12) Todo aspecto de una rearticulación federalista de los poderes y las competencias puede y debe ser forzada en sentido sovietista: democracia directa, autogobierno local, revocabilidad de los mandatos, voto para los inmigrantes y elegibilidad de estos últimos en las administraciones municipales, etc.

13) El federalismo debe constituir, además, la premisa institucional de una especie de NEP (sí, justo la NEP promovida por Lenin tras la derrota de las revoluciones en Occidente: Nueva Política Económica encaminada a gestionar la transición). La NEP federalista consiste en dar lugar a formas de auto-empresariado (o de "empresa política") en el interior de la cuenca de la intelectualidad de masa. Una NEP posfordista, una transición que tenga raíces locales, he ahí una acepción potable de federalismo.

14) La participación con listas propias, o en listas ajenas, en las elecciones municipales, de distrito, etc, es un paso oportuno y necesario. Puede resultar tan oportuno y necesario como la relación con esa caricatura de político carismático-bonapartista que es hoy, en Italia, el alcalde. Es obvio que la participación en las elecciones locales y el eventual diálogo con el "partido de los alcaldes" no son un bien en sí mismo, ni una revolución copernicana: su utilidad se mide, paso a paso, en función del crecimiento de órganos de democracia no representativa (soviet y NEP). Como decía Donnie Brasco: ¿te digo lo que hay?

c)Inmaterial Workers of the World

1) No es sabio tener miedo de las palabras. Por ejemplo, de la palabra "sindicato". El odio y el desprecio que los mercaderes de fuerza de trabajo se han ganado a lo largo del tiempo no debe distraernos del punto importante: la organización territorial de las reivindicaciones más urgentes de la cuenca del trabajo posfordista. Ojo: de la cuenca en cuanto tal, es decir, antes de que se diferencie en trabajo asalariado, autónomo, servil, intelectual, ejecutivo, etc. El desarrollo de un sindicalismo revolucionario en el seno del posfordismo es, y lo será para rato, la tarea principal de la gran política. Lo demás cuenta y pesa, cómo no, pero es precisamente... lo demás.

2) Partimos de un dato de hecho tan manifiesto y banal que ya se oculta a la vista y a la atención. El trabajo posfordista no dispone, en Italia, ni siquiera de la mínima organización de autodefensa, resistencia, contratación colectiva. Desde este punto de vista, la situación puede compararse con el inicio de la revolución industrial. La ausencia de cualquier tutela elemental atañe de modo especial a las pequeñas unidades productivas, fruto de la sistemática "externalización": los nuevos servicios, de los pony express a las telefonistas de las chat-lines; los contratos de formación; las prestaciones intermitentes del trabajo intelectual (colaboradores RAI, traductores, etc). Y atañe, naturalmente, a los inmigrantes.

3) Buena parte del trabajo dependiente nativo comparte, hoy, algunos rasgos típicos de la condición del emigrante. Y viceversa: el emigrante sirve de ejemplo ostensivo de la situación en la que se encuentra gran parte del trabajo dependiente. Empleados en el sector de los servicios personales, en la construcción, como temporeros en la agricultura, los emigrantes juegan además un papel estratégico en los distritos industriales más avanzados, del noreste al Piamonte hasta llegar a Le Marche. Margen extremo, y sin embargo básico, de la cooperación productiva, el emigrante experimenta al grado máximo la clandestinidad y el dominio personal que, no obstante, caracteriza también al precariado de lengua italiana: basta pensar en las jóvenes obreras textiles de la Val Bormida, obligadas a firmar una carta de despido que el patrón utilizará si se quedan embarazadas. Los dos puntos principales de aplicación de la actividad sindical son los "trabajadores temporales" (es decir, los que pasan repetidas veces, en uno u otro sentido, la frontera entre trabajo y no-trabajo) y los inmigrantes extracomunitarios.

4) Modelos de sindicalismo revolucionarios son, inevitablemente, los Industrial Workers of the World (IWW) norteamericanos, la CNT-FAI española en los años que preceden a la guerra civil y las Cámaras del trabajo italiano a caballo entre finales y primeros de siglo. Modelos que hay que estudiar a fondo, para esbozar uno nuevo, que se adapte bien a la cuenca de la intelectualidad de masa. Las organizaciones del voluntariado católico ofrecen, en algún caso, apuntes útiles para forjar una forma-sindicato capaz de aferrar los nexos entre producción y reproducción, trabajo y no-trabajo, cultura e intereses materiales.

5) Los centros sociales son, potencialmente, las Cámaras del trabajo del archipiélago de las actividades sumergidas, intermitentes, flexibles. Una "Cámara del trabajo" posfordista acumula funciones diversas y complementarias: centro de acogida permanente de la inmigración clandestina; agencia de empleo autónoma y alternativa de la intelectualidad de masa; banco de datos o archivo de informaciones y conocimientos; socorro rojo legal para cuestiones de derecho del trabajo; caja de apoyo mutuo.

6) En las grandes ciudades, el sindicato debe arraigarse en la Universidad: Debe abrir, en cada facultad, una sección o "ventanilla" para censar y analizar la condición de los estudiantes-trabajadores y de los trabajadores-estudiantes. Estas figuras híbridas son un evidente hilo de la madeja para quienes quieran organizar la cuenca del trabajo inmaterial.

7) El sindicato radical de los nuevos IWW apunta a la construcción de una alianza. Hoy la cuenca del trabajo posfordista se separa en dos troncones: una "clase media" y una "nueva pobreza". Clase media: sectores del trabajo autónomo de segunda generación, el núcleo central/estable, (con papeles de dirección) de las cooperativas o micro-empresas del "tercer sector", los "analistas simbólicos" de los que habla el ex-ministro de trabajo norteamericano Robert Reich, determinadas tareas de coordinación de la fábrica innovada (Fiat de Melfi), un profesionalismo liberal que no carece de recursos en la industria cultural y de la comunicación. Nueva pobreza: los inmigrantes, los estratos subalternos del "tercer sector", los precarios sin red de protección, el trabajo negro, etc. Ignorar la separación es una locura. Seleccionar una de las dos polaridades a despecho de la otra es como las mentiras: una elección de piernas cortas. Es preciso determinar, en la elaboración concreta de plataformas reivindicativas, el punto de convergencia y de potenciación recíproca entre "clase media" y "nueva pobreza", en vez de afrontar en corriente alterna los malestares de una y los dramas de la otra. Pero es preciso saber que no es posible una recomposición espontánea a partir de las condiciones materiales. En lo inmediato, lo útil es un pacto político (con alguna inevitable ruptura dentro de la "clase media"). O, precisamente, una provechosa alianza.

8) El sindicato se esfuerza en elaborar un "estatuto de los derechos" del trabajo posfordista que no oponga "rigidez" a "flexibilidad", sino que apunte a hacer de ésta un punto de fuerza, o la base material propicia de los órganos de contrapoder del trabajo vivo. El "estatuto de los derechos" requiere un largo aprendizaje en forma de investigación-encuesta o, lo que viene a ser lo mismo, una toma de palabra de masas.

9) El sindicato combate por la abolición de toda forma de copyright, de derechos de autor, de limitación del acceso a conocimientos e informaciones. La fuerza productiva basada en el saber y la comunicación es constitutivamente común, compartida, pública. Si muchos la alcanzan al unísono, no se desvaloriza: al contrario, se incrementa y multiplica su eficacia. La abolición del copyright es condición irrenunciable de la democracia no representativa y de una esfera pública finalmente no estatal.

10) El sindicato vislumbra en la escuela y en la universidad la posibilidad de un "tercer sector": desde luego no privado, o sea, empresarial, pero tampoco estatal-burocrático, anclado al mito engañabobos del valor legal de los títulos académicos. Con una imagen breve: cuando se trata de elegir entre un decano-empresario y el decano-gobernador civil, la única respuesta consiste en exigir la derogación del decano tout court.

11) Un punto de referencia de la acción sindical lo constituyen las "luchas de clases en Francia" de la última década: de las Coordinations de las enfermeras (1987) a la lucha victoriosa contra el salario de inserción laboral (CIP, 1994), de la huelga de los transportes que paralizó la región parisina consiguiendo la solidaridad de los usuarios (1995) a la contienda sobre la renta garantizada abierta por los chômeurs (1997). Cogidos uno a uno, cada episodio es sólo interesante; considerados en conjunto, en su secuencia y su ensamblaje interno, los mismos conflictos constituyen en cambio un auténtico laboratorio del antagonismo posible en el ámbito posfordista. El límite grave de los Cobas italianos (pensemos en la gran contienda de los trabajadores de la enseñanza en el 87) ha sido su carácter ligado a la empresa, en vez de territorial. Y luego, sobre todo, la incapacidad para salir de los sectores de empleo estable y garantizado (servicios públicos y grandes fábricas). Y de enquistarse en el tejido del proletariado flexible, móvil, precario. De ahí su progresivo desgaste.

12) Discutir de sindicalismo revolucionario significa, en Italia, plantear además la cuestión de Rifondazione Comunista. O mejor dicho, del destino de esta organización tras la escisión y la salida de la mayoría de gobierno. De hecho, Rifondazione está en una encrucijada: o fetichiza la forma-partido o se prepara para vivir su crisis con ánimo experimental y combativo; o padece como una mutilación la condición (casi) extraparlamentaria a la que se visto reducida o la asume como una ocasión para relanzar el conficto social. Sintetizando: o culto mítico-ritual de la identidad o inversión de sí mismo (de una parte de sí mismo, al menos) en una acción sindical a la altura de los tiempos. Tertium non datur: cualquier otra posibilidad está destinada a chocar con el antagonismo social que Rifondazione Comunista declara querer representar en las instituciones. El teórico sagaz no dudará en considerar como mucho más realista una opción mítico-ritual por parte de Rifondazione. Es cierto, las probabilidades están decididamente de su lado. Pero quienes no son indiferentes a la política práctica no se contentan con un previsión desencantada. Tiene otros problemas. No ignoran el peso que podría tener un esfuerzo de los militantes de Rifondazione en la construcción de una red organizativa entre los ya proverbiales pony-express o entre las obreras textiles de la Val Bormida. Apuesta por lo improbable. Procede por ensayo y error.
 

d) Europa socialdemócrata y Forum por la renta garantizada
1) No nos dejemos engañar. Es un error creer que sigue existiendo una "cuestión socialdemócrata", o sea, un proyecto global de sociedad contrario al liberalismo, una defensa a ultranza del Welfare State, un intento reformista de "uso obrero del Estado". Nada de eso. Las socialdemocracias que hoy gobiernan en Europa se parecen sin excepciones, aunque de manera diferente, al Partido Demócrata estadounidense: fuerzas políticas consagradas a la alternancia, no a la alternativa. Alternancia dentro de un horizonte de política económica predeterminado e inamovible.

2) Lo que, por otra parte, trae consigo que las socialdemocracias actuales ya no sean cuerpos políticos compactos, dotados de esa identidad granítica que en el pasado tenía por estandarte el par "trabajismo & estatalismo". En las socialdemocracias, como por lo demás en el Partido Demócrata, es posible reconocer estratificaciones heterogéneas, diversos sedimentos generacionales y culturales, lobbies en conflicto mutuo. El único análisis serio de las socialdemocracias (serio porque encaminado a una interlocución práctica sobre cuestiones particulares) es un análisis transversal.

3) Dentro de las socialdemocracias y de los Verdes es posible localizar hoy una tendencia europea propensa a promover experimentos, si acaso parciales y limitados, de renta de ciudadanía. Una tendencia que en lo sucesivo admite, también bajo el perfil técnico y econométrico, el fracaso de cualquier otra propuesta que intente contener y gobernar el paro estructural de masas. La interlocución con esta tendencia (que en Italia coincide quizás con la parte de la generación del 77 que, por odio al berlinguerismo y al compromesso storico, miró con simpatía el nacimiento del PDS) es, obviamente, fundamental.

4) La gran política, cuyo fundamento es el sindicalismo revolucionario de los IWW posfordistas, tiene en la renta de ciudadanía no ya un punto de llegada, sino de partida. Lo que verdaderamente cuenta son las luchas, las formas de contrapoder, la empresarialidad del trabajo inmaterial, que pueden surgir sobre la base de una distribución de dinero, por más tímida que fuera, a los parados. Pero este punto de partida hay que conseguirlo, paso a paso, con una batalla político-cultural transversal, implantada dentro y fuera del Partido Demócrata europeo (léase: socialdemocracias que ya no son socialdemócratas y Verdes).

5) Jugar la propia iniciativa con ductilidad y sin prejuicios implica, sin embargo, la constitución de un "lugar" propio, de una estructura bastante ágil que coordine, profundice, potencie la acción política. Un Forum por la democracia y la renta de ciudadanía está al orden del día. A decir verdad, lo está desde hace tiempo. Para favorecer el transversalismo, no desde luego para limitarlo. Para anticipar un fragmento de una esfera pública no estatal y, por tanto, no paródica. Para hacer visibles un conjunto de análisis, opiniones, propuestas que, radicales pero en absoluto extremistas, convergen en la pregunta: can you imagine the revolution?