LA CRUZADA DE MARCOS CONTRA LA PERSPECTIVA REVOLUCIONARIA

Partido Comunista de México (marxista-leninista)

Cuando se desencadenó la lucha del EZLN en enero de 1994, nuestro partido y podemos asegurar que los revolucionarios en nuestro país, nos congratulamos con este hecho, pudimos ver la magnitud del movimiento armado y el radicalismo de sus banderas, pudimos apreciar que éste tenía todas las posibilidades de convertirse en el polo aglutinador de la lucha de clases y contribuir enormemente a despertar de su letargo a las masas trabajadoras de la ciudad y del campo, resaltamos nuestra convicción de que el EZLN estaba reivindicando la lucha armada de las masas en la vía de los hechos; lamentablemente pronto fue evidente que los zapatistas involucionaban, retrocedían en sus banderas, desdibujaban su proyecto, descalificaban la lucha revolucionaria y se entregaban en brazos de preceptos socialdemócratas para evadir su responsabilidad afincándose en las mezquindades del sueño pequeño burgués patriotero.

El Partido Comunista de México (marxista-leninista), hizo pública su simpatía con el movimiento armado zapatista en una serie de comunicados que llamaban a no bajar el tono en la lucha de masas y a aprovechar la efervescencia generada en la perspectiva de la convergencia nacional de oposición popular al régimen y de la necesidad de la Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular. Nuestros esfuerzos de aquel periodo en cuanto a la lucha de masas se centraron en levantar esta perspectiva.

Nuestra organización planteó sin la menor vacilación ni la más mínima actitud de recelo ante el hecho de que fueran “otros” los que provocaran esa fisura al sistema, que el EZLN estaba en condiciones de convertirse en el eje aglutinador del descontento social. Entendimos que el EZLN estaba en condiciones de ponerse a la cabeza de un poderoso movimiento de masas más allá de sus reivindicaciones iniciales, ya superiores a las que hoy levantan, pues la guerra era contra el régimen. Cuando esto lo discutimos con los zapatistas, prevaleció en ellos la línea de “no ser vanguardia” como justificante para dejar en la deriva al movimiento de masas. Ahora que los oportunistas y la derecha se congratulan con tal línea (a más de predicarla en todo escenario), es necesario recordar que a consecuencia de eso se causó mucho daño al movimiento de masas, desdibujándose éste y diluyéndose por algún tiempo.

Esa es una línea de graves consecuencias, en la que los zapatistas son los responsables directos. Es una amarga verdad que no podrán ocultar, por más que se empeñen en sus discursos y campañas dulcificadas. Particularmente porque las masas del país en cierta medida esperaban orientación, directrices y ejemplos de lucha consecuente.

Los virajes del EZLN en su línea política no son cosa nueva, desde la convención democrática del 94 donde depositaron la dirección del movimiento de masas reunido bajo su convocatoria en manos de la intelectualidad burguesa y la socialdemocracia despreciando a las fuerzas más consecuentes por defender la línea revolucionaria, y muchos otros hechos de esa naturaleza, que posteriormente se fueron presentando; ya se perfilaba un continuo abandono de lo que la situación generada con el alzamiento les impuso como tarea, que era: el contribuir a la lucha revolucionaria.

Con la marcha zapatista al D.F. fuimos testigos de cómo la dirigencia del EZLN y sus coros, dieron clímax a su cruzada contra la perspectiva revolucionaria para complacencia de la clase en el poder; naturalmente la lucha de clases no se anula por obra y gracia del espíritu Marcos.

En las jornadas de los zapatistas con su marcha por parte del país, y especialmente a raíz de las entrevistas de Marcos concedidas a Monsivais, Scherer y García Márquez, quedó claro el celo con que aquél despotricó contra la lucha revolucionaria sin pararse a valorar la trascendental significancia de ésta en la emancipación de los explotados, sin tomar en cuenta las contribuciones del movimiento revolucionario; identificándose con la crítica calumniosa, chantajista y reaccionaria de la burguesía. El asunto no ha sido para olvidarlo simplemente; desde entonces nos obligó a dar una respuesta desde las trincheras de quienes no hemos caído en los juegos de la democracia burguesa, y si ahora volvemos una vez más es por la necedad zapatista de amarrarse a tan desventurada política de cara a las masas explotadas y oprimidas del país.

Monsivais (sí ese intelectual enemigo del movimiento estudiantil universitario y de todo lo que suene a lucha de masas por fuera del orden constitucional burgués) en aquella entrevista con Marcos se congratulaba por el paso del EZLN a posiciones civilizadas; tachó de delirantes los objetivos iniciales de la lucha zapatista, y cuando la línea varió, él se declaró encantado, Marcos sin inmutarse le dio la razón y todos felices. Monsivais complacido con Marcos y Marcos reforzando a Monsivais.

A pesar de todo, nuestro partido sostiene que las banderas a que se ha limitado la lucha del EZLN trazadas en los acuerdos de San Andrés, tienen su plena vigencia aún cuando no darían total solución al problema, y en su momento las hemos reivindicado, lo que ha cambiado es la forma de empujarlas y su proyección en la lucha de clases, ahora se han convertido en el objetivo final del movimiento zapatista.

Con el fin de anular la crítica revolucionaria, los zapatistas en voz de Marcos, tienen una fórmula consistente en declarar que eso es por lo que siempre lucharon, que lo demás o eran resabios de “viejas concepciones”, o peor aún, malas interpretaciones de los demás respecto a sus objetivos, dicho así suena irrebatible, negando lo antes dicho y hecho creen dar un paso adelante en el ambiente político en que ahora se mueven rodeados de socialdemócratas y cretinismo pequeño burgués.

Este es su medio favorito para descartar la crítica a su inconsecuencia política y al juego que con ello hacen con los socialdemócratas por desprestigiar al movimiento revolucionario ante las masas y nulificar su acción.

 

I. La lucha revolucionaria y Marcos el rebelde.

Marcos señala que el contacto con las comunidades indígenas fue el causante de su pérdida de las convicciones revolucionarias, catalogando esas convicciones como una “pérdida de la vocación de muerte” , esto suena muy humanitario y romántico, pero con ello entrega a todos sus contingentes y a sus seguidores a una vida dedicada a hacer del sistema capitalista un régimen explotador “con rostro humano”, y de ahí en fuera cualquier otra lucha merece ser rechazada.

En nuestra óptica no fue el contacto de las comunidades lo que hizo “entender” el nuevo rumbo de la lucha, sino su incapacidad para sobreponerse a la naturaleza de clase del movimiento para dotarle de mayor perspectiva, Marcos entró a la selva siendo un elemento revolucionario, el determinante de su involución está en las deficiencias de su formación (reconocidas por él mismo), la incapacidad de la dirigencia para sobre la base de la situación extremadamente trágica de las masas indígenas politizarlas apoyándose en la orientación proletaria, y ya en el proceso del movimiento, el coqueteo con la socialdemocracia y las presiones internas y externas han influido más, para derivar finalmente en el rechazo abierto a la lucha revolucionaria.

Según Marcos en su entrevista con Julio Scherer García, “El revolucionario tiende a convertirse en un político y el rebelde social no deja de ser un rebelde social”. Con esto él está replanteando una vieja tesis muy conocida de la época de los movimientos guerrilleros de los 70s y particularmente predicada por los grupos anarquistas de entonces, la cual sostiene que “el poder corrompe”, es decir, las masas deben renunciar a la toma del poder, a detentar los medios de producción en sus manos (que es lo que realmente está en juego en la lucha de clases por el poder). Todavía peor, las masas serían incapaces de asumir los asuntos del país, de tomar el poder, porque todo habría de terminar en la corrupción y la quiebra de todo proyecto; no hay confianza en las fuerzas de las masas para superar y resolver en definitiva cualquier intento de retroceso en la lucha de clases.

Los zapatistas dicen “renunciar a ser vanguardia” , su renuncia es más que eso, ellos renuncian a la lucha revolucionaria aún sin asumirse como vanguardia.

Desde luego, Marcos no es tan consistente, pues en su entrevista con Carlos Monsivais planteó en un momento determinado: “somos un movimiento revolucionario serio” , aunque por todo su rechazo posterior, ha quedado clarísimo para todos que el dirigente del EZLN y su estructura en sí han decidido dejar por la paz los discursos revolucionarios.

Volviendo a su entrevista con Scherer y una más con Gabriel García Márquez, mismas en las que el subcomandante se dedicó a despotricar contra los revolucionarios, dejó asentado un punto definitorio de su postura socialdemócrata al indicar que no hace falta tomar el poder, que el poder hay que dejarlo a los que lo consiguen tal y como ya está el mundo, ¿Quién no sabe que el poder lo tienen las clases altas?, ¿Quién no sabe que en México domina la oligarquía financiera?, ¿Quién no sabe que la política que hacen los partidos legales es la política de la gran burguesía?, Esa palabrería en voz de la dirigencia de un movimiento tan importante, resulta vergonzante.

¿Dentro de la actividad social, qué no es político hoy en día? En el fondo, el discurso zapatista busca alejar a las masas de la lucha política, con el pretexto de que todo lo político es sinónimo de corrupto, sin darle la connotación de clase al término, es decir, sin diferenciar entre política burguesa con todos sus tintes y política proletaria. Hay que indicarlo secamente, Marcos hizo política socialdemócrata de izquierda renunciando a la política revolucionaria.

Por cierto, los revolucionarios se proponen organizar a las masas para que éstas ejerzan la lucha política, tomen el poder y transformen su realidad desde todos los ángulos de la vida social, contribuyendo desde mucho antes en las luchas populares para que las masas obtengan ciertos objetivos más o menos inmediatos, pero sobre todo para que eleven su nivel de conciencia e incrementen sus fuerzas en la lucha contra sus opresores. Mientras que ahora los zapatistas muy veladamente, pero al fin y al cabo con plena intención, proponen asimilar el credo burgués de hacer de las masas seres que políticamente sólo se deben esforzar por cuestiones que no tengan que ver con el poder político y su sustento material sobre el que se sostiene, la propiedad de los medios de producción.

En otro punto de esta letanía zapatista hay una pretensión de identificar la radizalización de los movimientos con la derrota: “ni vamos a forzar el movimiento hasta que llegue a una derrota” . Tal pareciera que se trata de un reclamo a la dignidad con que el movimiento estudiantil se enfrentó al régimen, el trasfondo del asunto es que se renuncia a profundizar la lucha con el espanto de la represión, actitud que se mete en el derrotismo, pero que también toca el terreno del sucio chantaje a las masas para con el supuesto de los “riesgos” arriar banderas.

Con respecto a la perspectiva socialista en México, el discurso zapatista siguió los mismos patrones del lenguaje clásico socialdemócrata, revisionista y gran burgués, de acuerdo con ello, se identifica al socialismo con las épocas del revisionismo en el poder, cuando los procesos socialistas revolucionarios degeneraron en el capitalismo de Estado desde mediados del siglo XX hasta llegar a su completa bancarrota de hace una década. Los revolucionarios asumimos las derrotas en la lucha de clases del proletariado en la línea de superar todas las situaciones históricas y los errores que enfrentaron a los pueblos con el retorno a la esclavitud asalariada, en la idea de que serán las masas trabajadoras mismas y su más amplia participación a todos los niveles de la lucha quienes se encarguen de cerrarle el paso. Nosotros no pedimos la comprensión de los opresores porque no recibamos el oro de Moscú, no llamamos a los representantes de la burguesía a que nos crean que ya no hay lucha revolucionaria, llamamos a las masas a ejercer la lucha revolucionaria para transformar la sociedad actual. Seguimos conscientes de que la lucha de clases es el motor de la historia.

 

II. La violencia revolucionaria.

La violencia es un hecho de la lucha de clases, Ante los antagonismos, las clases sociales y más las que están frente a una perspectiva revolucionaria, siempre recurren a la crítica de las armas. Marcos que emprendió un movimiento violento, para responder a la violencia de los opresores, ahora viene a dar lecciones de arrepentido, “La violencia siempre va a ser inútil, pero uno no se da cuenta hasta que la ejerce o la padece”. (Entrevista con Scherer). No hay que escupir para arriba. La historia de la humanidad ha avanzado por ese hecho “inútil”, ¿Qué queda de las revoluciones de esclavos, de los siervos, de los campesinos, de los burgueses, de la clase obrera en la historia? ¿Qué hay de la revolución de independencia de 1810?, ¿Y la revolución de 1910-17?, ¿o de las tradiciones revolucionarias de la guerrilla en la historia de nuestro país? Con su romanticismo Marcos nos trasladó a la vieja y caduca concepción burguesa sobre la violencia vista como un símbolo oscuro de la historia humana, su lado negro, negando de nueva cuenta cualquier distinción clasista entre la violencia reaccionaria de las clases opresoras y la violencia revolucionaria de las clases desposeídas.

Y sigue la mata dando, “definitivamente, un militar, me incluyo dentro de ellos, es un hombre absurdo e irracional, porque tiene la capacidad de recurrir a la violencia para convencer” . (Entrevista con Scherer). Un militar, decimos nosotros, es un hombre en armas al servicio de una clase social, su actuación está determinada por las necesidades de la clase o sector que lo ha puesto ahí o por el cual se ha puesto en pie, hasta la presencia de los generalatos en el poder en América Latina está plenamente sustentada en las necesidades de las clases opresoras locales y por supuesto en las apremiantes necesidades de los imperialistas, mas no por la mentada “malignidad”.

Los zapatistas usaron las armas no para convencer, sino para hacer valer sus intereses y poner un alto a la escalada represiva y de exterminio a que estaban siendo sometidos desde mucho antes, eso es algo que ellos no debieran olvidar, los pueblos de la selva lacandona tienen una necesidad vigente de recurrir a la autodefensa contra los latifundistas y el Estado.

En relación con otros grupos guerrilleros, en la idea de cuestionar no simplemente los errores o posiciones ultraizquierdistas, sino para seguir en la misma línea argumentativa de negar la lucha armada se dice que, “no es ético que todo se valga”. (Entrevista con García Márquez). Es un truco demasiado viejo al que las clases dominantes vienen recurriendo desde los orígenes de la revolución mexicana de 1910 para descalificar la lucha armada.

La cosa no para ahí, “quien ha tenido que recurrir a las armas para hacer valer sus ideas, es muy pobre en ideas”. (Entrevista con Scherer). Eso es darse de golpes contra la pared, no se trata de una frase del régimen para combatir la lucha armada, sino del preámbulo a la claudicación embellecida con una buena dosis de humanitarismo. Marcos dice ser seguidor de Zapata, pero... ¿Cómo entender a Zapata sin el movimiento armado que dirigió?

Hay que recordar que las masas recurren a la lucha armada, y especialmente a su forma más elevada, la insurrección armada, no simplemente por su situación desesperada, sino después de un largo proceso de luchas hasta alcanzar a comprender la trascendencia de sus aspiraciones y la necesidad de hacerlas valer revolucionariamente enfrentándose a las clases dominantes, llegando a la disposición de entregar su sangre a la lucha por su liberación.

De tal manera, siguiendo la lógica zapatista en lenguaje llano quiere decirse que: por la simple razón de que en el mundo la explotación es un hecho cierto, y la opresión una cuestión irrefutable, hay que convencer a todo mundo de ello para que todo cambie, pero no intentemos imponer nuestras ideas de libertad por la vía de las armas, porque entonces se convertirán en ideas muy pobres, o en pobres ideas ¡este cantinflear es contagioso!

En síntesis, nos da a entender que la lucha revolucionaria abierta está superada y en adelante debemos ajustarnos a la lucha pacífica. Es notorio que la posición del EZLN ahora está plenamente identificada con el liberalismo clásico de las democracias burguesas.

Y luego han pretendido espantar al régimen al señalar que si no se abre el proceso de paz, otros grupos armados surgirán, sí, surgirán con o sin ; lo reclama la agudización de las contradicciones de clase, prevista en líneas generales por el desarrollo del capitalismo, y testificada concretamente por la política antipopular y proimperialista del régimen.

 

III. La visión zapatista del capitalismo.

Para gloria de la burguesía y vergüenza de la tradición de lucha de nuestro sufrido pueblo mexicano, los zapatistas nos han traído un viejo y manido credo, “No creemos que todos los empresarios sean ladrones, pues algunos han construido su riqueza por medios honrados y honestos” (entrevista con Scherer). No, no estamos en el sermón cristiano, donde se acusa al ladrón y se premia al santo. La explotación capitalista no es cuestión de moral o del robo simplemente, sino de relaciones sociales de producción entabladas entre los poseedores de los medios de producción en propiedad privada y quienes no poseen otra cosa que no sea su fuerza de trabajo para vender a los primeros. Los medios “honestos” de hacer riqueza no existen, simplemente se explota directa o indirectamente. Si Marcos se empeñara en presentar un solo ejemplo de su tesis, se enfrentaría a lo mismo que todos los intelectuales del sistema, a un ridículo completo, el más humilde y persignado de los patrones (a lo guadalupano) se empeña siempre por explotar al máximo a sus obreros, el banquero exigirá los mayores beneficios, el inversionista pedirá el máximo de intereses, el terrateniente querrá maximizar sus rentas, el ganadero buscará más ganancias. Es la ley del sistema.

Marcos pide se incentive a las cooperativas como la del Tephé y “se le reconozca su capacidad empresarial dándole las ventajas y posibilidades de mercado que se ofrecen a los grandes hoteleros”. (Entrevista con Scherer).

Bueno, para seguir su lógica de vitalizar a esos sectores, primero debemos olvidarnos de que el Estado actual está al servicio de los grandes monopolios ¿Quién no lo ve? Ya olvidado este “simple detalle”, en el mejor de los resultados, asumiendo la competencia hotelera intermonopólica, lo que se lograría es crear otro nuevo monopolio que pasaría a luchar por aplastar a los empresarios pequeños u otras pequeñas cooperativas, ¿por qué? Porque impera la búsqueda de mayores ganancias, porque sin ellas se sucumbe en la competencia, porque imperan las relaciones sociales de producción capitalista en su fase monopólica.

En caso de que se pretenda hacer de éstas una especie de empresas medias o pequeñas con estabilidad financiera, se enfrentarán de igual manera a la constante amenaza de ser devoradas o subordinadas a los más poderosos. Las sociedades independientes en una rama monopolizada suponen un factor de inestabilidad para los reyes de dicha rama, la existencia de sociedades independientes siempre riñe con los precios de monopolio y las ganancias de monopolio. Al olvidar esto Marcos cayó en el juego del régimen que consiste en promover (en apariencia) políticas favorables a la pequeña burguesía, que se verá en los hechos sujeta a la vorágine del gran capital.

Sea como fuere, bajo el modo de producción capitalista, por esa ley de la extracción de plusvalía y esa otra de la acumulación, las cooperativas bajo la plataforma zapatista terminarán explotando fuerza de trabajo, como la Pascual, el Excélsior y muchas más, o siendo cruelmente sujetas a exterminio.

En el caso de la pequeña burguesía y los cooperativistas la gran tarea es integrarlos a la lucha democrática y revolucionaria por transformar las actuales relaciones de producción e integrarlos a una vida productiva donde no se conviertan en explotadores del trabajador.

Pero esta última no es la expectativa trazada por los zapatistas, para ellos lo que está en juego son: “las posibilidades de construir otro tipo de relaciones, incluso dentro del mercado, que no representen el capitalismo salvaje, donde se devoran unos a otros”. (Entrevista con Scherer). Esto tampoco es nuevo, es la repetición de la propuesta socialdemócrata de “tercera vía”, la Europa imperialista la está viviendo, y sin embargo la “domesticación de las fuerzas del capitalismo” no ha trascendido más que a su calidad de discurso que obscurece el significado del mercado capitalista, los capitalistas no hacen la guerra económica o militar por una especie de maldad, sino por necesidad de supervivencia. Es difícil creer que Marcos realmente lo desconozca, como tampoco lo desconoce el resto de socialdemócratas que apuntan a ganarse las simpatías de la oligarquía.

Es pertinente dejar marcada nuestra diferencia especialmente en la cuestión de las relaciones entre la oligarquía nacional y el imperialismo, pues los zapatistas en voz de Marcos dan por hecho que la primera será devorada por los imperialistas, en este sentido, la dinámica de la dominación imperial en general siempre apunta a consentir a las oligarquías nacionales, en aras de que se les permita afianzarse en los sectores estratégicos fundamentales para consolidar su dominio internacional. La dominación imperial de nuestro país se apoya en la alianza estratégica de subordinación entre la oligarquía financiera internacional y la oligarquía financiera nacional.

La interpretación zapatista sobre el capitalismo no es tan novedosa como se pregona, ellos que se empeñan en señalar al marxismo como anticuado, resucitan las teorías economicistas y populistas más atrasadas condimentándolas con el discurso socialdemócrata, pues no tienen nada nuevo que ofrecer; limitándose en este aspecto a destapar su naturaleza de clase, aferrándose a ésta, pretendiendo generalizar el más mezquino desenvolvimiento social.

El discurso socialdemócrata en la versión configurada por el EZLN sigue, “Reconocer las diferencias” son las nuevas palabras mágicas para borrar las contradicciones existentes, el significado es muy elástico, y agradable a casi todos, los zapatistas hablan de reconocernos todos diferentes y vivir en armonía, en el terreno del género humano, bien, pero el género humano vive de acuerdo a patrones históricos indescartables, reconocemos cuáles son las diferencias entre poseedores y desposeídos, entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, ¿pero aceptarlas? Ello es incompatible con nuestra perspectiva de lucha.

Por último, creemos nuestra obligación desmentir un error profundo en la lectura que Marcos hace de la historia del siglo XX, dice: “Cuando manifestamos que el nuevo siglo y el nuevo milenio son el milenio y el siglo de las diferencias, marcamos una ruptura fundamental respecto de lo que fue el siglo XX: la gran lucha de las hegemonías. La última que recordamos, entre el campo socialista y el capitalista, ocasionó dos guerras mundiales. Si esto no se reconoce, el mundo terminará siendo un archipiélago en guerra continua hacia fuera y hacia adentro de los territorios. Así no será posible vivir” . (Entrevista con Scherer). Tres puntos debemos aclarar:

1.- La lucha por la hegemonía mundial es un asunto de actualidad, en el que todas las potencias capitalistas empujadas por sus grandes monopolios transnacionales están empeñadas, pero también, en el que prevalece la potencia norteamericana.

2.- Las guerras mundiales se originaron en la esencia de la fase imperialista del capitalismo por el dominio mundial, la primera guerra mundial empezó antes de la revolución proletaria de 1917, la segunda, tuvo sus causas en el expansionismo alemán que entró a cuestionar el dominio inglés. Decir que fueron guerras debidas a las contradicciones entre el socialismo y el capitalismo, es seguir los pasos de toda esa propaganda nebulosa que pretendió limpiar de culpas a las potencias capitalistas, sobre todo las occidentales, por ser ellas las que empujaron a Alemania (en el caso de la Segunda Guerra Mundial) a luchar contra la exURSS.

3.- El mundo ya es un archipiélago en guerra por un nuevo reparto de las zonas de influencia en torno a la gran alianza atlántica (OTAN). Constantemente vemos desplazarse el escenario de guerra de un punto a otro del globo, los imperialistas cada vez tienen más aprietos. La alianza atlantista pretende prolongarse luchando contra los no incorporados, pero sus contradicciones internas, especialmente entre Europa y Norteamérica se elevan y se vuelven en agrias disputas por una mejor tajada de sus múltiples botines de guerra.

 

IV. Marcos y su idea de la legalidad.

“Se llama a uno de los poderes a asumir su papel, al Congreso de la Unión”. (Entrevista con Monsivais). Ya al ideólogo del zapatismo actual se le olvidó el papel que a la fecha juegan los mercaderes de las cámaras en la vida del país, ya se olvidaron del papel desempeñado por el parlamento en torno al EZLN para negarlo, vemos aquí cómo se amarran a un órgano que no es del pueblo, sino el de las clases poseedoras, un instrumento de la democracia burguesa. Este llamado es peligroso no sólo desde el punto de la búsqueda de solución a sus demandas, sino del engaño que genera en las masas, puesto que se otorga confianza a un órgano de la dictadura del capital. ¿Y qué dicen ahora los zapatistas con la consumación de la Ley indígena?, ¿Qué papel asumió el Congreso de la Unión? Mal van las cosas impulsando tales ilusiones, pues pese a los hechos los zapatistas llegan al extremo cuando afirman que sólo son tres cabezas quienes les tienen mala voluntad. Después de esto volverán a coquetear con las fuerzas de izquierda con la idea de encandilarlas una vez más para nuevas demostraciones de su legalismo.

Pero bueno, antes de esto, en sus famosas entrevistas ya se predicaba sin el menor rubor que:

“Para nosotros es muy importante que la nación diga: ‘lo asumo y lo pongo por escrito; lo hago historia. Reconozco que todo lo que había pasado antes no estaba bien. No sólo reconozco, sino que voy hacer el esfuerzo, a comprometerme para que no vuelva a ocurrir”. (Entrevista con Monsivais). ¡ay Marcos!, ¿quién manda la nación hermanito? Eso de que la cosa no estaba bien, suena al clásico lamento burgués del borrón y cuenta nueva. Dicha la cosa así, es poner en manos de las clases dirigentes la solución de la cuestión indígena y campesina, lanzando el mensaje a todo el pueblo de que eso es viable también para sus demandas.

“El EZLN no está pidiendo que antes de dialogar salga todo el Ejército. Pedimos a Fox la respuesta a esta pregunta: ¿Estás dispuesto a entrarle y a abandonar la vía militar? ¿Eres tú el mando del Ejército?” Los zapatistas aquí caen en el populismo foxista, Fox es un representante de la oligarquía, sus acciones están subordinadas a la estrategia de dominación burguesa, y obvio, a la presión que las masas pueden ejercer en su contra, por tanto, no es la voluntad del presidente lo que resuelve una situación tan seria.

Con Scherer : “Nos proponemos tratar de convencer a este gobierno, no sólo a Fox, de que puede sentarse con la seguridad de que va a tener resultados si lo hace seriamente”. De esto ya hemos visto bastante, ahora es la “buena voluntad” de los zapatistas sumada a una política de chalaneo digna de comerciantes profesionales.

 

V. La interpretación de las masas y su lucha en el zapatismo.

La concepción zapatista sobre las masas y su lucha no tiene diferencias notables de la interpretación clásica socialdemócrata ¿por qué será? Para los zapatistas la sociedad más que dividida en clases, más bien está dividida entre Estado, militares y civiles; los zapatistas nunca llaman a las masas trabajadoras y sectores populares en pro de su apoyo, sino a la “sociedad civil”, ese amplio espectro de clases opresoras y oprimidas en el viejo lenguaje hegeliano harto tiempo superado por el marxismo, pero sacado nuevamente primero por la socialdemocracia para anular el olfato de clase de las masas y pretender unir lo que no puede ser unido en la lucha de clases, antes debe obrarse al contrario, contribuir continuamente a separar los obreros y campesinos de la burguesía y su influencia perniciosa.

Especialmente se empeñan en abanderar a los llamados “nuevos actores sociales” que han incursionado en la lucha en las últimas décadas y que fueron exaltados por la socialdemocracia para oponerlos a la clase obrera en su papel de vanguardia. Estos nuevos actores, con sus problemas especiales, que forman parte de diversas clases o sectores de clase, están influenciados por posiciones y formas de vida abiertamente pequeño burguesas y profundamente individualistas, que buscan orillarlos a una lucha marginalista desde el punto de vista estratégico enajenándoles de su condición de explotados y oprimidos por el sistema en la mayoría de los casos.

Y en ese tenor socialcivilero, como ha quedado expuesto en pasajes anteriores, el EZLN alienta el cretinismo parlamentario, el reformismo y el constitucionalismo burgués y pequeño burgués, y todo tipo de acciones que “no violenten” a las masas, ni las confronten revolucionariamente con sus opresores.

Un grave desacierto de Marcos en el D.F., fue cuando llamó a los estudiantes a concentrarse en el estudio y postergar sus luchas para cuando hayan concluido su carrera, inmediatamente los sectores oportunistas y la reacción aplaudieron tan “brillante” sugerencia, por supuesto no es la primera vez que en el movimiento estudiantil los zapatistas se meten al pantano oportunista, durante la huelga, en un momento determinado dejaron asentado su respaldo a los grupos moderados, nosotros llamamos a los estudiantes a no hacer caso de semejantes disparates, nuestro partido los llama a luchar, a asimilar grandes experiencias en sus manifestaciones y a empujar la acción revolucionaria desde sus trincheras, para que al término de sus estudios tengan una conciencia más clara y amplios horizontes de lucha.

 

VI. El problema de la tierra y la cuestión étnica.

El problema central de la lucha zapatista por más que se recubra de indigenismo, es materialmente hablando el problema de la tierra, y sociológicamente hablando es el de la etnicidad.

Las comunidades indígenas fueron sistemáticamente lanzadas a lo profundo de la selva por el latifundismo, para el cual lo principal es tenerlas como mano de obra disponible para las faenas más agobiantes (en esa misma lógica otros pueblos indígenas de nuestro país fueron lanzados a las zonas más alejadas e insalubres). La solución real a los problemas de las comunidades zapatistas parte de una amplia reforma agraria que dote a estas de sus anteriores territorios y de la infraestructura necesaria para superar su atraso histórico, dotándoseles además de autonomía territorial. Sin el paso de la clase obrera al poder, es evidente que aún con esa reforma, más temprano que tarde las cosas desmejorarían viniendo la diferenciación de clases en éste sector, producto de las leyes del mercado capitalista. Pues además no olvidamos la existencia de un polo de poder económico y político encargado de hacerlo quebrar aún cuando el zapatismo obtenga ciertos beneficios considerables.

Marcos sostiene que “lo fundamental de nuestra lucha es la demanda de los derechos y la cultura indígenas” . (Entrevista con Monsivais). Este es un punto falso, todo esto se pierde sin el sustento material de los campesinos indígenas. Primero los medios de producción y luego en posesión de éstos, hay que levantar la demanda de la autonomía territorial indígena, elevar las etnias en el desarrollo general de su vida. Pero si se levanta únicamente la demanda de autonomía territorial, aún cuando la burguesía hoy no quiera ceder bien puede hacerlo en determinadas circunstancias, solo que dicha autonomía queda amputada por el hecho de que se limita a un territorio reconocido como zona sujeta a una administración independiente con poderes políticos para las etnias como tales conservándose intacta la gran propiedad privada sobre la tierra, y por supuesto, las etnias indígenas no se desarrollarán con semejante enemigo a su lado. Luego quedará pendiente el problema de lo que entienden los zapatistas por derecho y cultura, pues en los términos actuales que han venido invocando, se trata del derecho a explotarse entre ellos.

Esa visión pequeño burguesa del problema indígena ha derivado en la teoría indigenista, en ocasiones situada como un problema de razas, a lo cual hay que decir que se trata mas bien de la opresión sistemática contra las etnias en nuestro país, para expropiarles sus tierras eliminando todos los agentes que traban las relaciones de explotación capitalista.

Aunque el racismo es un hecho innegable, éste parte de esos postulados, si miramos hacia fuera de nuestro país, vemos que los japoneses que no son una raza blanca son aceptados como tales a consecuencia de su avanzada sociedad capitalista. Tan no es un problema de razas que incluso los indígenas han asimilado elementos mestizos, blancos y negros a su actividad social de etnia, que defienden y comparten una vida común y una psicología semejante, mas no necesariamente la misma sangre. Hoy en día la pureza de sangre entre las etnias no es plena, y a pesar de ello el problema subsiste, y las etnias como entes sociales históricos subsisten también.

Por otra parte, los zapatistas se olvidan de los miles y miles de indígenas (desincorporados no en la última generación, sino incluso varias hacia atrás) que participan de la actividad social general del país, e inmersos en todos los escalones de la sociedad capitalista, explotadores y explotados, opresores y oprimidos. Blancos, mestizos, indios, negros, árabes, mongoles, etc., conforman el torrente sanguíneo de nuestro país; y sin embargo, sin dejar de lado ésta cuestión, la radiografía del mismo parte del análisis de clases sociales, burgueses, proletarios, campesinos, semiproletarios y otras capas medias.

De la misma forma las etnias se distinguen en su radiografía de clases, de acuerdo con el lugar que sus miembros ocupan en la producción: en explotadores, campesinos, peones (proletariado agrícola) y artesanos sujetos a una peor situación debido a la opresión étnica que se genera desde el poder, y es por estos caracteres por los que debemos guiarnos para participar en sus luchas, y asumir a fondo desde la naturaleza de clase, la especificidad de la organización social étnica.

En la concepción de nuestro partido, aún cuando el problema de la tierra y la cuestión de la autonomía territorial étnica son problemas impostergables, la garantía de que dicha solución al problema étnico sea de fondo y además definitiva, está en incorporar a las etnias a la lucha por el socialismo.

Nuestro partido no niega una salida pacífica favorable al problema zapatista y al mismo movimiento de masas, pero esta no tendría que ser en la línea derrotista actualmente fijada, sino empujando la lucha de masas, no se trata simplemente de firmar una paz digna, sino de (en el caso de ser necesaria) dar una retirada digna en el asunto de la lucha armada, sin renegar de ésta, ni la lucha de clases en general.

Mientras los zapatistas sigan en su línea de abandono de la lucha consecuente y amarrados a toda esa fauna de grupos de la supuesta sociedad civil incapaces de dar una lucha seria contra el sistema, los resultados no les han de ser favorables a las masas que movilizan.

Los zapatistas y su dirigencia deben ver la naturaleza del sistema capitalista tal cual es, no a trasluz del subjetivismo indigenista, y romper con los preceptos que buscan más bien desencadenar las fuerzas del capital internamente en las etnias, o de lo contrario, el tigre hará que ellos se traguen los espejos y no al revés como en algún momento predicaron.