El incalculable valor de la vida humana...según donde

Por Javier Ramos (tomado de Kaos en la Red)

Quién no recuerda esa machacona admonición por parte de “ellos, los demócratas de toda la vida”... cuando la vida empezó al mismo instante de morir el general, sobre el sagrado e intangible valor de la vida humana, cuando dirigen el foco político al conflicto vasco, claro está. No vale la pena, nos dicen, el sacrificio de una sola vida humana por la defensa de un proyecto político, de cualquier proyecto político. La (sobre) actuación cobra mayor verosimilitud cuando se le añade a la rueda de prensa el salado complemento de unas buenas lágrimas de cocodrilo.

Claro que eso solo es aplicable en Euskal Herria y según quién sea la víctima. En tierra palestina, en cambio, la sanción pierde toda su fuerza para hacerse volátil por completo, evanescente como el éter, hasta desaparecer totalmente.

Que el ente sionista ha vuelto a cometer una de sus razzias genocidas bombardeando Gaza con el resultado de unos centenares de muertos y miles de heridos es algo que, para qué incomodar la digestión a un diputado eurócrata más preocupado por el euribor, no interesa mencionar, menos aún denunciar, porque eso podría remover los sólidos negocios entre la industria armamentística y el Lobby judío instalado en las capitales occidentales.

  Así pues, aquello de que la violencia...venga de donde venga...y bla bla bla, ya ven ustedes que es según y cómo, vaya, que no parece tan universal ni tan dogmático como nos aseguraban las plañideras del pacto de Ajuria Enea.

¿Han visto ustedes a Ibarretxe, Urkullu, Ramón Jauregi, Rodolfo Ares, ZP o a Basagoiti o Rajoy, por citar sólo a algunos integrantes del coro de habituales “condenadores”, hacer mención de condena esta vez por esos cientos de civiles, mujeres, y niños, destripados por las “inteligentes” bombas de los sionistas? Yo tampoco. Qué curioso.

Tantos años pidiendo, exigiendo, condenas so pena de la muerte civil y política para quienes no las pronunciaran, hasta el punto de que Euskal Herria se ha convertido en el único país de Europa donde las elecciones no son libres ni representan la voluntad de sus ciudadanos, para llegar a la conclusión de que, en fin, no hay por qué exagerar si el asesinato se comete- y según quién lo cometa, evidentemente- a unos cuántos miles de kilómetros del centro del universo, que, como se sabe, es la Europa de los mercaderes.

Se acuerdan ustedes de la ignominia que suponía el famoso “muro de la vergüenza” de Berlín, pues dicho queda. Era Berlín. Si ese mismo muro, más alto y más largo, cicatriza la torturada tierra palestina para arrebatarle tierras y agua, entonces, queridos amigos, ya no es propiamente un muro de la vergüenza. Qué cosas estas de la geopolítica ¿ verdad?. Aquí sí, allá no. En medio, depende de si me conviene. ¿Y la ONU?  Pues cuidando mucho los términos para no molestar al jefe gringo, que es quien arma al agresor sionista.

Y, por supuesto, ya tenemos preparada la justificación. Son los terribles cohetes Kassam. Resulta que la “inquietante” réplica artesanal de un pueblo que ha sido sometido, expoliado, cercado y masacrado es la excusa perfecta de nuestros excelsos humanistas para suavizar cualquier crítica al Estado usurpador y genocida.  ¿Que cuánto vale la incalculable vida humana en Palestina hoy? Lo mismo que valía en Gernika en 1937 o en Iparralde en la década de los años 80 del siglo pasado, cuando otras razzias con sello “socialista” ponían precio a la vida del combatiente vasco: menos que nada.

 Toda esa inmunda palabrería sobre el valor de la vida humana solo encierra la hipocresía de quien comercia con la vida y con la muerte, antes y ahora, allá y también aquí, cuando y como le conviene. Y lo demás es teatro, el mismo y repetido teatro de la señora Azkárate y su circo mediático. Porque, sepan ustedes, que alimañas, lo que se dice alimañas, solo hay que buscarlas donde se las quiere encontrar. ¡Qué barbaridad!, cómo puede pretenderse comparar el incalculable valor de la pared de un batzoki salpicado de pintura roja y amarilla, con el despreciable cuerpo de un vasco detenido y sometido a torturas durante cinco días en una mazmorra española. Qué incalculable cinismo el de estos “humanistas” de postín.

  Que la violencia no conduce a nada, dicho por quien la utiliza con tanta frecuencia, debiera hacer pensar a más de uno, no vaya a ser que cunda el ejemplo: lo más terrible se aprende en seguida y lo hermoso nos cuesta la vida.