Asociación Universitaria Carlos Marx

ABAJO LA POLÍTICA, EL ESPECTACULO HA COMENZADO

de Ignacio Martín
Martes 12 de febrero de 2008.
 

Ya ha comenzado, de hecho llevamos casi seis meses soportándolo. Pero es natural, se nos impone y además nos encanta, la campaña electoral (me da igual que el término correcto sea precampaña) es la máxima representación de la democracia occidental. Esta es mucho más importante para la democracia que el hecho mismo de la votación puesto que permite que todos los elementos de generación de consensos funcionen a pleno rendimiento. La campaña electoral actual proviene directamente de la idea de la democracia como mercado competitivo de élites. En este modelo, las elecciones serán el único momento de participación de la ciudadanía. Además, esta se centrará únicamente en la selección de aquella minoría que tiene que vigilar y cuidar nuestros intereses. De este modo las elecciones se convierten en el final de una batalla por la “compra” de la “marca” que está representada en el partido político. En este contexto de mercantilización de la elección de los representantes, las campañas dejan de ser una confrontación política para servirse de los métodos de la venta mercantil, del mercado publicitario. Se crea así un circo de lo político, una pista donde se comienza a representar el espectáculo de la democracia liberal. Un espectáculo que tiene las mismas características que los choques de las grandes empresas por la consecución del mercado. El ejemplo más claro será la batalla de ayudas llevada a cabo entre el PP y el PSOE que lejos de representar diferencias políticas (ideológicas, de gestión de recursos...) se asemejaba más a la lucha de tarifas entre compañías de telefonía móvil.

En ese espectáculo creado habrá dos elementos que deberíamos tener en cuenta para poder utilizarlos en su contra. El fundamental es que la política desaparece bajo la idea de competitividad y de venta, así vemos como los puntos programáticos de calado se entierran bajo las promesas efectuadas desde el escenario. De este modo se permite, por la ausencia de lo político en los niveles de lo institucional, la creación de una política desde abajo sin una verdadera oposición. Con esto no me refiero a que nos vayan a dejar pasar, pero sí que nuestra actividad no va a tener que luchar en el plano ideológico contra la ideología gubernamental (en el cual ellos no tienen ningún interés) si no que la lucha se lleva a cabo en la búsqueda de legitimidad (posiblemente este campo sea más complicado, dado que el poder posee una presunción de legitimidad, pero en los momentos en que esta se quiebra nuestra acción será más importante).

Pero lo que me interesa, en primer término, en este artículo es cuál es la posición de los distintos actores involucrados en este espectáculo. En un primer lugar observaré la acción de los distintos partidos políticos que son partícipes del mismo y posteriormente haré referencia a los medios de comunicación que son en última instancia los que están marcando las agendas de actuación de las democracias occidentales y la del Estado Español en este caso.

Empezaré mirando al primer partido de la oposición que es la única alternativa real al Partido Socialista, el Partido Popular. Este centra la campaña electoral, al contrario que el conjunto de la legislatura, sobre la economía. La centra de una forma muy etérea, de esta manera se presenta como una marca imparcial, que desea sólo una mejor distribución de los recursos existentes, para todos. El discurso del Partido Popular ha virado en un mes desde los posicionamientos de la derecha clásica (antiterrorismo, respeto a la familia, nación...) a los de una derecha más europea, que quiere centrarse en la reducción de impuestos que aumente la autonomía económica del individuo, pero lo que se observa, en consecuencia, es una reducción en la carga ideológica del mensaje. Sus líderes ya no hablan de la idea de nación sino de cómo llenar la cesta de la compra. La economía como base discursiva del PP parte de la idea consensuada, que no verdadera, de la economía como algo neutral e incontrolable, salvo las pequeñas desviaciones que controlará el Estado. Para ello se aprovecha de la mayor capacidad de sus asesores en esta materia. El PP ha jugado esta vía mediante el apoyo de empresarios (introduciendo a uno de ellos de número dos), las rentas que aún mantienen de los 8 años del gobierno económico de Rato y del planteamiento del fin de la sociedad impositiva centrando esta sobre los elementos del proletariado más cualificado y de la pequeña burguesía.

Por otro lado, el Partido Socialista será el que más firmemente actúe en la campaña electoral como si de un escenario se tratase. La idea de un partido progresista y moderno es la base de todo el programa del PSOE para mantenerse en el poder. Es un proyecto carente de una base ideológica clara, pues se trata de un partido que ha perdido la referencia política, encontrándose en un terreno en el que no se le permite una determinación política identitaria.

Es por ello que sus medidas de campaña son una especie de cajón de sastre basado en la creación de esa apariencia de partido liberal progresista y en la reacción ante los movimientos del rival (de ahí la medida inútil y no ponderada de los 400€). Las propuestas se centran en el ámbito más social de la política liberal pero no tiene una determinación clara hacia su respecto, si no que las apunta de forma vaga, buscando más la emoción que la realidad del proyecto. Pero como he apuntado también tiene un elemento de respuesta a los movimientos del PP, en este aspecto se encontrarán las medidas de ámbito fiscal, que cabe señalar que se centran en la existencia de una clase media en precario que basa su decisión en la reducción de tarifas impositivas marginales a cambio de renuncias sociales de primer orden como forma de ascenso social.

Unido a esta forma de presentarse en el escenario de la campaña, el PSOE se enfrenta a una oposición organizada y orquestada para derrotarles; pero, dado la apariencia de partido que ha creado, se encuentran en la encrucijada entre lo políticamente correcto y la reacción, más cercana a la pataleta, ante el ataque (como se ha visto con la Iglesia Católica). Esta encrucijada se ha trasformado ya en uno de los elementos más espectaculares y atractivos (desde el punto de vista del “show”) en la campaña electoral; y por tanto se configurará como uno de los elementos fundamentales en la agenda de selección de los representantes.

El último partido que quiero analizar a nivel nacional será Izquierda Unida, este partido es el gran olvidado en la campaña-espectáculo, debido a la pérdida de representatividad que marca su historia desde el año 1996 y debido a su nula capacidad de actuación mediática que requiere este tipo de modelo de campaña.

Izquierda Unida se planta ante este escenario como la alternativa de izquierdas al PSOE y como el elemento más distorsionante de la política nacional (que no digo que lo sea), esta alternativa se plantea desde postulados de oposición tranquila al modelo que representa el PSOE. Esta actuación encubre una falsa oposición que se caracteriza por su negación de todo conflicto, lo que impide cualquier idea de ruptura de la línea de izquierda. Aunque se presenta como la alternativa al PSOE, su actuación real y la que está siendo desplegada hacia el público general es la que tomaría una corriente de izquierdas del partido socialista; con cierto programa político pero con una nula capacidad de ponerlo en movimiento por una dinámica, en gran parte asumida por sus militantes, de derrotismo y necesidad de permanencia en el hemiciclo (aún renunciando al componente más radical del discurso).

Acabando con los partidos quiero agrupar a los partidos nacionalistas que, si bien mantienen diferencias entre ellos, su actuación en la campaña, a nivel nacional, es muy similar. El nacionalismo se presenta en esta campaña de forma mucho más ideológica que los partidos nacionales. Estos buscan la agregación política de sus bases en torno a una identidad que presumen coartada por el Estado español. Basada en un discurso del miedo, la campaña de los partidos nacionalistas aboga en todo caso por un aumento del poder político en los territorios y una propuesta de replanteamiento de la configuración territorial que se estableció en la Constitución; como se puede observar, este planteamiento es netamente político e ideológico, contraponiéndose a lo que se ha explicitado de los partidos que operan a nivel del Estado español.

Después de ver a los protagonistas directos de la campaña-espectáculo, deberíamos ver a los actores que han creado este circo y que lo gestionan, marcando los temas a tratar y los modo de actuación. Estos no serán otros que los medios de comunicación. Los medios de comunicación están asociados de forma más o menos importante u observable a los distintos partidos políticos. Este hecho que antes servía a los partidos presenta hoy, la posibilidad de gestión de la información por parte de los medios de forma absoluta. En la campaña electoral cobran máxima importancia los jefes de prensa de los partidos y los directores de los distintos informativos, estos establecerán las temáticas en las que girará el “show”, esta determinación será en todo momento calibrada en favor de que es lo que más atrae al teleespectador, y no en cuáles son los problemas que revierten en la sociedad actual. Esto se observa de forma clara en un ejemplo: Primero, si en la campaña anterior el tema de la vivienda estuvo en la primera línea del espectáculo, hoy tras la pérdida de fuerza de las movilizaciones será un tema invisible, pese a su persistencia como problema.

Hecho este análisis de mínimos sobre los elementos que considero fundamentales de la campaña-espectáculo, creo que nos vemos en una democracia cada día más agotada que se mantiene mediante las máquinas de generación de consensos vacíos, teniendo en cuenta que estas hoy parecen invencibles. Pero quiero creer que, en este escenario, se nos plantean las cosas de forma más clara, pues, como decía antes, la batalla está en el campo de la legitimidad, en retomar los espacios públicos, las relaciones sociales básicas, en la construcción de barrios que rechacen los modelos políticos institucionales por su forma de estructura vacía... Eso lo estamos observando día a día en nuestra militancia ordinaria cuando despertamos por un segundo una conciencia o generamos una situación, por mínima que sea, de conflicto; en esos momentos la gente “normal” se reconoce en nuestra actividad, cuando rompemos sus reglas legales o informales se abren espacios donde la creación política anticapitalista es más que posible, es inherente. Pero si obviamos esta realidad, las instituciones vacías seguirán aumentando el descontento, la apatía, el odio y mediante ese lenguaje no escrito del sistema crearán una situación favorable para el odio individualista, para los estallidos del fascismo social y para la destrucción de las pocas relaciones cooperativas que se mantienen en nuestros días


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