Asociación Universitaria Carlos Marx

Familia, Iglesia y Homosexualidad.

El problema de las familias no es su sexualidad: es cómo llegar a fin de mes o cómo tener una vivienda.
Domingo 19 de junio de 2005.
 

«La política no es cosa de pancartas, sino de proyectos. Se ha intentado sobrepasar al Gobierno no por las urnas sino por la presión de la calle.» (Jose María Aznar, 2003)

Desconozco, en el momento de cerrar este artículo, el resultado de las elecciones gallegas, pero me quedo, salgan como salgan, con la certeza de que Fraga, a su modo, ha vuelto a ganar. En realidad, aun perdiendo votos, a Fraga sólo lo ha echado el tiempo, como a Franco, que hizo cuanto quiso hasta el final de sus días. Yo admito que me derrotaron, en parte, los dos. En estos días dedicados a la reflexión política, he llegado al convencimiento de que, además, el PP gallego es mucho más que Fraga y no al revés. Pienso que el PP gallego ha obtenido muchos votos ‘pese a Fraga’ y no ‘gracias a Fraga’, porque en Galicia, como en España, hay mucha gente de derechas y de más a la derecha, algunos de los cuales han llegado a sobrepasar ideológicamente al actual presidente de la Xunta. Y eso es lo que más me preocupa, ese corrimiento general hacia la derecha.

Mani Anti-Gays - 28.1 KB Todos los partidos han ido ocupando los huecos dejados por el PP. Muy pocos se han quedado en su sitio: los que ya eran de ultraderecha y cuatro gatos a los que no nos importa que nos sigan llamando ‘rojos de mierda’. El resto se ha adaptado perfectamente a la vorágine hacia la derecha emprendida a lo loco por el pacto entre un sector del PP y la jerarquía de la Iglesia española. Me refiero, por ejemplo, a la manifestación ultraderechista promovida contra los homosexuales. Cuando este tipo de provocaciones rancias eran propiciadas por Blas Piñar y sus militantes de Fuerza Nueva ningún medio de comunicación tenía dudas para afirmar que era una manifestación de extrema derecha. Hoy no se atreven, todavía, pero el PP corre el riesgo de acabar así, aunque le pese a una parte de sus electores que están escandalizados con su dirección. Se ha radicalizado para evitar una fisura por la derecha y corre el riesgo de que les acaben asaltando con un nuevo partido de centro derecha, más moderado.

No voy a entrar en una discusión teológica con los obispos porque la tienen perdida desde la primera pancarta -cualquier teólogo sensato sabe que las normas de la Iglesia son inventadas por el entorno cultural y no caen del cielo- y porque de lo que se trata es de una norma puramente civil, que no se inmiscuye en la religión de cada uno. Es más, si hacemos un ejercicio de reflexión en Derecho, observaremos que la decisión legal del Gobierno español no es una legislación en sí misma sino una desregulación, en el sentido de eliminar una sanción legal contra un grupo de ciudadanos y ciudadanas que eran marginados por su condición sexual. Se censuraba legalmente su intimidad con leyes extraídas de una moral colectiva de raíz religiosa. Es un acto de devolución de derechos generales, del mismo modo que lo fue el voto femenino. Esto es difícil de asumir por algunas personas -algunas bienintencionadas pero escandalizadas debido a una espantosa educación hermética y sin autocrítica- pero la Historia juzgará esta manifestación, no me cabe ninguna duda. La Historia pondrá a los promotores de esta protesta (que, no olvidemos esta aberración legal, consiste en pedir a un gobierno que legisle contra la vida privada de terceros que no les afectan en nada ni se han metido en sus vidas) en su página de las deshonras, con los políticos que durante el siglo pasado impidieron el voto a las mujeres y los que otro siglo antes hicieron lo propio con los esclavos.

A cada sociedad hay que pedirle altura moral en su momento histórico, como muy bien explicó el historiador de la esclavitud C.L.R. James, pero hay personas a las que le resulta inabarcable aceptar la sexualidad de otros y esto prueba la importancia de una educación humanística, científica y racional en los primeros años. A mí me cuesta aceptar su concepto de sexo como exclusiva fecundación o la vida onanística de los curas, pero lo acepto y no me echaré a la calle para impedirlo. Es más, yo me manifestaría si alguien pretendiera impedir que los católicos mantuvieran su peculiar modo de vida sexual.

Padre Agustino - 26.2 KB No quiero repetir los cientos de argumentos que han llovido estos días contra la manifestación, pero insisto en que todavía estoy esperando a que alguien me diga qué puñetas han hecho los homosexuales a esos manifestantes para que se pongan así, para que salgan a la calle personas que no han cogido una pancarta por las guerras, por los niños y mujeres maltratadas, por los niños que no comen o que son violados por heterosexuales. Dicen que no es una protesta contra ellos pero resulta que los homosexuales, y muchos más, están que trinan. Si por un momento se pudieran poner en el lugar de un homosexual entenderían el horror de vivir en una sociedad que ha acuñado la palabra ‘mariconada’ para explicar que algo no vale una mierda. Para los manifestantes que se estrenan en esto de echarse a la calle, ha quedado claro que este es el primer problema de España. Pues vamos de pena. Pero de todo esto lo que más me revienta es la mentira de no admitir su rencor atávico hacia lo homosexual, tan grande que les lleva a echarse a la calle por primera vez en su vida. Se delatan cuando advierten que les horrorizaría ser homosexuales. A mí me habría dado exactamente igual, amaría con las mismas fuerzas. Lo único que me preocuparía es no tener corazón para amar a nadie. El concepto de familia es amplio pero sencillo de entender: es el conjunto de personas que deciden unirse de modo especial por unos lazos afectivos de convivencia, sean estériles o no o tengan la sexualidad que tengan. Pero el problema de la familia española no es quiénes la constituyen, sino cómo puede formarse y sobrevivir una familia si no tiene dinero para ampliarla -engendrando o adoptando- o no puede acceder a una vivienda digna.

Dicho esto, me gustaría que esta situación generase también una profunda autocrítica dentro de la izquierda. Homofobia y machismo están estrechamente relacionados -esta realidad daría para otro artículo extenso- y en ambos casos la izquierda se ha mostrado, en ocasiones, tibia a frenar y sancionar los errores históricos de numerosos dirigentes y militantes de la izquierda que no han tenido capacidad para entender que el concepto de ciudadanía es extensivo, de forma radical, a cualquier ser humano. Por eso, desde una perspectiva de izquierdas, no me gustan los lobbies de víctimas -ni los de homosexuales ni cualquier otro-, porque representan el fracaso de la lucha colectiva de la sociedad. Porque sigo pensando que ser de izquierda consiste en aplicar a rajatabla el principio de ‘como si lo fuera’: no soy homosexual, pero como si lo fuera; no soy un parado ni un trabajador en precario, pero como si lo fuera; no soy una víctima, pero como si lo fuera...

Manuel de Castro García

Rebelion.org


Comentar este artículo

Foro