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Diciembrede 2003 

TEXTOS PARA EL DEBATE
La huelga del 30: Aprender para avanzar

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Secretariado de Coordinación
CAMINO ALTERNATIVO
POR LA CONSTRUCCIÓN DE UNA ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE NUEVO TIPO

 
Cuadernos
de Debate

La huelga del 30: Aprender para avanzar

La última convocatoria a huelga del pasado 30 de octubre, por parte del Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social, impone una seria reflexión, cuyo objetivo no puede ser otro que superar los errores y aprender de ellos para avanzar unidos, y por ello fortalecidos, en la lucha por la defensa de la CSS.

Una huelga venida a menos

Sin la beligerancia y masividad de la anterior huelga del 23 de septiembre, en la huelga del 30 pararon importantes sectores de la construcción, utilizándose, en ocasiones, métodos incorrectos de coerción en contra de los propios trabajadores del sector, tal como pudo apreciarse en los noticiarios de televisión.

Los docentes también experimentaron un decrecimiento importante en la intensidad del apoyo al movimiento de huelga y en su participación en la movilización popular.

Igual cosa pasó con la ANFACSS, protagonista de primera línea en la huelga del 23, cuyo paro se había extendido entonces más allá del levantamiento decretado por el Frente. Cabe recordar aquí que ANFACSS fue el único gremio en la escena del movimiento por la Caja en el pasado mes de junio.

Las enfermeras y las agrupaciones médicas como la Comenenal, que fueron entusiastas soportes del paro del 23 y de la causa por la seguridad social, estuvieron ausentes un mes después. Los sectores de trabajadores de la empresa privada que participaron abierta (Estrella Azul, Coca-Cola, entre otros) o solapadamente (los de aseo de la ciudad de Panamá) o con modalidades de turnos (Riba-Smith), esta vez se esfumaron igualmente del frente de combate.

Epílogo anticipado de la jornada que se anunció como prorrogable fue la necesidad de adelantar, hacia horas del mediodía, el final de la movilización en la ciudad, en razón del reducido número de manifestantes que no sumaron más de 700, de los cuales unos tres centenares eran del SUNTRACS. Esta escasa movilización fue la muestra más palmaria de la dramática disminución del movimiento, ya que ni siquiera los que habían parado, que ya eran menos que antes, acudieron a la movilización convocada para ese día de la huelga.

Una primera lucha exitosa

Muy distinta fue la dinámica de las movilizaciones y acciones precedentes de junio y de septiembre.

El primer choque frontal por la Caja se inició el 23 de junio con la huelga decretada por ANFACSS, cuando la institución se paralizó por 11 días hasta el 3 de julio, y sus dimensiones se acrecentaron nacionalmente, amenazando con involucrar a más sectores sociales, lográndose entonces que el gobierno y la empresa privada optaran por la retirada táctica del tablado de combate.

Poco menos de tres meses después, el gobierno, arteramente y de manera arbitraria, echó al profesor Jované de la dirección de la Caja, lo que detonó una ola de protesta nacional contra la medida y por la defensa de la seguridad social y solidaria. ANFACCS, entre los primeros, los docentes, también, las enfermeras, los médicos agrupados en la Comenenal, los del Suntracs, otros trabajadores del sector privado, la Universidad de Panamá, entre muchos más, se fueron a las calles.

La consternación y el apoyo fueron nacionales. Desde los balcones y aceras la población se sumó, con cacerolas y pitazos, a los mítines de los medio días y a las dos movilizaciones de más de cincuenta mil personas, y otras menores que se realizaron por las calles de la ciudad de Panamá, así como en otras ciudades y poblados del país.

Y luego se arribó al gran paro nacional de "advertencia" prorrogable del 23 de septiembre que detuvo el palpitar de la nación como hace mucho no se observaba en el Istmo.

Los métodos que no sirven para vencer

El paro del 23 de septiembre reveló varias cosas. Una, la transición del movimiento popular hacia formas autónomas de organización, superando con ello, parcialmente, la fragmentación que explica en parte su debilidad. Y otra, que en el movimiento popular aún perviven, como lastres, formas vanguardistas y excluyentes de dirección que siguen prevaleciendo en un sector de dirigentes populares, lo que se expresó, entre otras cosas, en el levantamiento abrupto e inconsulto de la huelga.

La sociedad en su conjunto viene de una relación populista, con sus virtudes y con sus muchos vicios, que finalmente desmovilizó a los sectores populares y en buena medida corrompió de distintas maneras a sus dirigentes, en parte como resultado de las muchas ataduras que los hacían dependientes.

Muchos de los protagonistas de esta jornada representaron la ruptura con ese pasado, y ofertaron y practicaron maneras distintas de trabajo con las bases de sus organizaciones y en los modos de representarlas. Aunque de manera aún embrionaria, la Asociación de Profesores de la República de Panamá fue una muestra de esta tendencia en el movimiento popular. Y esta circunstancia permitió depositar en el dirigente de ese gremio la Coordinación del conjunto del movimiento.

Pero otras prácticas hegemonistas, por definición jerarquizantes, autoritarias y excluyentes, de quienes tradicionalmente han utilizado y utilizan ese método, frustraron desde el inicio las posibilidades del desarrollo amplio del movimiento.

Contrario a la decisión de los educadores, que tenían en la capital una Asamblea para el día siguiente de iniciada la huelga, y los del interior del país, que habían decidido una huelga de 48 horas para entonces decidir el qué hacer sobre la base de los acontecimientos; y de las enfermeras, que declararon desde siempre que su paralización era por dos días, el 23 y el 24; el precipitado, abrupto e inconsulto levantamiento de la huelga, simplificándola a una de "advertencia" por 24 horas, causó desasosiego en las distintas organizaciones que militaron para el éxito.

La forma de la conclusión del paro del 23, que fue virtualmente impuesta por los hegemonistas, no fue la más afortunada. Causó confusiones, desencuentros, fue el caldo de desconfianzas, acusaciones y contra-acusaciones, y presagió el debilitamiento que se vería poco más de 30 días después.

Lo más reprochable de las conductas de los hegemonistas fue el patrocinar el acoso y persecución posterior de los dirigentes de la ANFACCS, calificándolos injusta e injustificadamente de traidores, siendo estos los que, contrariamente a los mismos hegemonistas y sus posibilidades reales, prolongaron el paro por tres días más en defensa de la seguridad social.

La "mala suerte" del anunciado paro del 30 estaba echada, y sobre los hegemonistas recae la entera responsabilidad de ello.

Las posibilidades del 30

La convocatoria a huelga nacional el 30 de octubre, 37 días después, fue la apertura de una caja de acertijos y la invitación a circunstancias inmanejables por los convocantes. No atendió las posibilidades reales de participación de amplios contingentes de ciudadanos dispuestos a incorporarse a las acciones que estuvieran a su alcance, y cuyas modalidades debieron haberse previsto y discutido en el Frente. Respondió más al imperativo de la dirección de los hegemonistas de demostrar que ellos sí tenían capacidad de parar y de "poner gente" (de paso, no les resultó como vaticinaban), y que en razón de ello les correspondía la dirección del Frente. Así lo plantearon con toda crudeza y sin medias tintas antes del 30, lo reiteraron ese mismo día, y lo vienen repitiendo como su adhesión de fe. Allí se explica toda, absolutamente toda su conducta.

Sobre los resultados del 30 de octubre pesó como plomo la necesidad de los hegemonistas de "legitimar" su derecho a la dirección del Frente. Igualmente, debe reconocerse el efecto diluyente de la convocatoria a tan lejana fecha. Y, no menos, la presteza del adversario: el gobierno se armó está vez con todo y puso a sus funcionarios a militar contra el paro, y lo hicieron eficientemente. En su favor estuvo también el embrujo del Centenario, que sucede una sola vez en la vida del panameño. Todo indica que la convocatoria a huelga el día 30 fue un acto voluntarista, impulsado por las razones expuestas, ya que no existían condiciones para garantizar por adelantado su éxito.

Antes de haber realizado una segunda convocatoria de huelga para el día 30 de octubre, valía la pena haber realizado una franca y democrática discusión sobre sus posibilidades reales, tomando en cuenta que la gran mayoría de los funcionarios públicos carecen de la estabilidad y organización necesaria para ello, que amplios sectores de trabajadores de la empresa privada tienen vetadas por ley sus libertades sindicales, y que los derechos sindicales de muchas organizaciones obreras son papel mojado frente a las presiones y amenazas de represalias por parte de los patronos. Argüir ahora que la responsabilidad del fracaso de la huelga recae sobre las organizaciones que habiéndose comprometido al paro "no tuvieron la valentía de convocarlo", no sólo resulta una falacia sino una agresión sectaria e innecesaria contra organizaciones pertenecientes al Frente. Como igualmente absurdo es el argumento de que la huelga fue un éxito pues cumplió con el objetivo de "divulgar la problemática del Seguro Social".

No es el fin... Estamos en los amaneceres

La contrariedad del 30 no fue la pérdida de la guerra por la seguridad social solidaria; las grandes batallas todavía están por venir. El 30 se perdió el empuje iniciado en junio desde la ANFACSS.

A favor del movimiento popular está la crisis de legitimidad del conjunto de los órganos del Estado y de la partidocracia cleptocrática, y el acrecentado avance de la conciencia en la opinión pública.

El aprendizaje conlleva el asumir la necesidad de continuar primeramente con la labor de divulgación, concientización y organización, desmontando una por una las mentiras y engaños del gobierno, la partidocracia y las organizaciones empresariales, a la vez que desenmascaramos el papel de caballo de Troya que juega el PNUD contra los intereses populares. De igual manera, hay que seguir empujando por la democratización del movimiento popular en todos sus niveles, haciéndolo organizativamente inclusivo de la diversidad de sectores y expresiones del movimiento social, para que todos y todas puedan dar su aporte en esta trascendental lucha por la vida de la inmensa mayoría de panameños y panameñas.

La otra necesidad de vida para el éxito de la lucha es seguir enfrentando todos los vicios que como rémoras arrastran algunos sectores en el movimiento popular, utilizando el diálogo y el razonamiento contra el hegemonismo y los hegemonistas, rechazando el verticalismo excluyente que prima, por encima de los intereses del movimiento, "los intereses de la organización"; y hacerlo con valentía, sin transacciones estériles, no cediendo ante sus arrogancias, prepotencias, amenazas y maniobras, porque al final el perdedor no será otro que un pueblo mayormente pauperizado.

Lo logrado y por lograr

El surgimiento del Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social, organización del movimiento social autónoma e independiente, debe ser saludado por todos aquéllos/as que estamos convencidos de que otro Panamá es posible. Sus primeras luchas han logrado detener, aunque sea momentáneamente, la voluntad privatizadora de la CSS por parte del gobierno, la partidocracia y las organizaciones empresariales. La importancia de esta victoria momentánea puede ser medida si tomamos en cuenta que sólo cinco días después (16 de septiembre) de la ilegal y arbitraria destitución del Prof. Juan Jované de la Dirección General de la CSS (11 de septiembre), el gobierno dio a conocer su propuesta privatizadora. Ello prueba que, teniéndola preparada desde mucho tiempo atrás, la dieron a conocer cuando estaban convencidos de poder imponerla. Ha sido el Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social quien con sus luchas paralizó la artera mano privatizadora.

Hemos de tener claridad en torno a que la intencionalidad privatizadora no ha sido derrotada y nuevas luchas serán necesarias para impedirla. De ahí la importancia del aprendizaje que sobre aciertos y errores debe hacerse. La democracia en el seno del movimiento social es la herramienta fundamental para construir la unidad, que ha demostrado ser un valladar infranqueable frente a las intenciones privatizadoras.

El reconocimiento de la diversidad del movimiento social constituye la garantía de integración de amplios sectores sociales cuya fuerza y representatividad no puede ser medida "por la gente que ponen". La consulta con las bases legitima la representatividad de la voluntad de los agremiados, impidiendo la toma de decisiones unilaterales, "desde arriba". que no son representativas de la voluntad del conjunto del movimiento. Y, por último, el respeto a la autonomía de cada sector y la necesaria lealtad para con los integrantes del movimiento, evita las luchas sectarias cuyo saldo es el divisionismo, la desmoralización y la ruptura de la necesaria unidad.

Reflexión aparte amerita la enorme conquista lograda por el Frente con relación a su autonomía e independencia. Ciertamente, la ruptura con el tramposo diálogo nacional impulsado por el PNUD le ha permitido al movimiento social levantar su propia propuesta, sin mediaciones distorsionadoras, desenmascarando de paso que la propuesta del gobierno, las de la partidocracia, las organizaciones empresariales y el PNUD, persiguen un mismo objetivo: privatizar los millonarios fondos del programa de Invalidez, Vejez y Muerte, así como los servicios de salud, aumentando la edad de jubilación y rebajando las pensiones, para lo cual pretenden hacer añicos el principio de solidaridad. Las luchas que se avecinan exigen un fortalecimiento sin titubeos de la autonomía e independencia del Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social.

Del éxito en la lucha por la defensa de la CSS dependerá el que logremos, entre todos y todas, impedir la imposición de un paquete de medidas neoliberales, ya acordadas y elaboradas, que afectarán los servicios de salud y educación en todos sus ámbitos y niveles; las conquistas salariales y de estabilidad en el empleo de decenas de miles de funcionarios públicos, especialmente maestros y profesores; impondrá la liberación del mercado de trabajo, afectando con igual dureza a los gremios profesionales, y el nefasto Tratado de Libre Comercio (TLC), que devastará el agro y al debilitado sector industrial.

Apendice
Ideas para la reflexión

NO IMPONER SINO CONVENCER
Marta Harnecker.

1. Los movimientos populares y, en general, los diferentes actores sociales que hoy están en las principales trincheras de lucha contra la globalización neoliberal tanto a nivel internacional como en sus propios países rechazan, con razón, las conductas hegemonistas. No aceptan la actitud de aplanadora que solían usar algunas organizaciones políticas y sociales que , aprovechandose de ser las más fuertes y acaparando cargos de dirección, pretendían instrumentalizar el movimiento. No aceptan que se intente imponer en forma autoritaria la dirección desde arriba; que se pretenda conducir al movimiento por órdenes por muy correctas que éstas sean.

2. Una actitud hegemonista en lugar de sumar fuerzas produce el efecto contrario. Por una parte crea malestar en las otras organizaciones: éstas se sienten manipuladas y obligadas a aceptar decisiones en las que no han tenido participación alguna, y por otra, reduce el campo de los aliados ya que una organización que asume una posición de este tipo es incapaz de captar los reales intereses de todos los sectores populares y crea en muchos de ellos desconfianza y escepticismo.

3. Pero luchar contra el hegemonismo no significa renunciar a luchar por ganar la hegemonía que no es otra cosa que tratar de conquistar, de persuadir a los demás de lo correcto de nuestros criterios y de lo válidas que son nuestras propuestas.

4. Para ganar la hegemonía no se requiere inicialmente ser muchos, basta con unos
pocos. La hegemonía del Movimiento 26 de julio conducido por Fidel Castro en Cuba, nos parece una prueba suficientemente convincente de esta afirmación.

5. Más importante que crear un poderoso partido con un gran número de militantes es levantar un proyecto político que refleje las aspiraciones más sentidas del pueblo y, por eso mismo, conquiste su mente y su corazón. Lo importante es que su política sea respaldada por las masas, que concite consenso en la mayoría de la sociedad.

6. Hay partidos que se vanaglorian del gran número de militantes que tienen, pero, de hecho, sólo conducen a sus afiliados. Lo central no es, entonces que el partido sea grande o pequeño, lo que interesa es que la mayoría de la gente se sienta identificada con sus propuestas.

7. En lugar de imponer e instrumentalizar, hay que convencer y sumar a todos los que se sientan atraídos por el proyecto que se pretende realizar. Y sólo se suma si se respeta a los demás, si se es capaz de compartir responsabilidades con otras fuerzas.

8. Hoy, sectores importantes de la izquierda han llegado a la comprensión de que su hegemonía será mayor cuando logren que más gente siga sus propuestas, aunque éstas no aparezcan bajo su sello. Hay que abandonar la antigua práctica equivocada de pretender cobrar derechos de autor a las organizaciones que osan levantar sus banderas.

Si se logra conquistar para esas ideas a un número importante de líderes naturales, se asegura con ello que sus ideas lleguen en forma más efectiva a los distintos movimientos populares. Es importante también conquistar para el proyecto a personalidades destacadas en el ámbito nacional, porque ellas son formadoras de opinión pública y serán eficaces instrumentos para divulgar las propuestas y conquistar nuevas adhesiones.

9. Pensamos que una buena manera de medir, la hegemonía alcanzada por una organización es examinar cuántos líderes naturales y personalidades han asumido sus ideas y, en general, cuántas personas se sienten identificadas con ellas.

10. El grado de hegemonía alcanzado por una organización política no puede medirse entonces por la cantidad de cargos que se logre conquistar. Lo fundamental es que quiénes están en cargos de dirección en las diversas organizaciones y movimientos hagan suyas e implementen las propuestas elaboradas por esa organización, aunque no sean militantes de ella.

12. Una prueba de la consecuencia de una agrupación política que se declara no hegemonista es justamente ser capaz de proponer para los diferentes cargos a los mejores hombres, sean de su propio partido o sean independientes o de otros partidos. De las figuras que la izquierda sea capaz de levantar dependerá en gran medida la credibilidad que el pueblo tenga en su proyecto.

13. Por supuesto que esto es más fácil de decir que de practicar. Suele ocurrir que cuando una organización es fuerte ésta tienda a subvalorar el aporte que puedan hacer otras organizaciones y que tienda a imponer sus ideas. Es más fácil hacer esto que arriesgarse al desafío que significa ganar la conciencia de la gente. Mientras más cargos se tiene, más atento hay que estar de no caer en afanes hegemonistas.

Por otra parte, el concepto de hegemonía es un concepto dinámico, la hegemonía no se gana de una vez y para siempre. Mantenerla es un proceso que tiene que ser recreado permanentemente. La vida sigue su curso, aparecen nuevos problemas, y con ellos nuevos retos.

Ponerse a disposición de los movimientos populares, no suplantarlos

1. Hemos dicho en otro lugar que la política es el arte de construir la fuerza social y política que permita cambiar la correlación de fuerzas para hacer posible en el futuro lo que aparece como imposible en lo inmediato. Pero, para lograr construir fuerza social es necesario que las organizaciones políticas expresen un gran respeto por el movimiento popular; que contribuyan a su desarrollo autónomo, dejando atrás todo intento de manipulación. Deben partir de la base de que ellas no son las únicas que tienen ideas y propuestas y que, por el contrario, el movimiento popular tiene mucho que ofrecerles, porque en su práctica cotidiana de lucha va también aprendiendo, descubriendo caminos, encontrando respuestas, inventando métodos, que pueden ser muy enriquecedores.

2. Tienen que sacarse de la cabeza que sólo ellas generan ideas creadoras, novedosas, revolucionarias, transformadoras. Y por ello su papel no es sólo hacerse eco de las reivindicaciones y demandas que vienen de los movimientos sociales, sino que también deben estar dispuestas a recoger ideas y conceptos que irán a enriquecer su propio arsenal conceptual.

3. Tanto los dirigentes políticos como sociales deben abandonar el método de llegar con esquemas preelaborados. Hay que luchar por eliminar todo verticalismo que anule la iniciativa de la gente. El papel de los dirigentes debe ser el de contribuir con sus ideas y experiencias a hacer crecer y a fortalecer al movimiento popular y no a suplantar a las masas.

4. Su función es empujar al movimiento de masas, o quizá más que empujar, facilitar las condiciones para que éste pueda desplegar su capacidad de enfrentarse contra quienes lo oprimen y explotan. Pero sólo se puede empujar si se trabaja hombro a hombro en las luchas locales, regionales, nacionales e internacionales del pueblo.

5. La relación de las organizaciones políticas con los movimientos populares debería ser -entonces - un circuito en dos direcciones: de la organización política al movimiento social y de éste a la organización política. Por desgracia, todavía suele funcionar sólo el primer sentido.

6. Hay que aprender a escuchar y hablar con la gente; hay que poner oído atento a todas las soluciones que el propio pueblo gesta para defender sus conquistar o para luchar por sus reivindicaciones y, a partir de toda la información que se recoja, debemos ser capaces de hacer un diagnóstico correcto de su estado de ánimo, y captar aquello que puede unir y generar acción, combatiendo el pensamiento pesimista, derrotista que también existe.

7. Donde sea posible debemos incorporar a las bases al proceso de toma de decisiones, eso quiere decir que hay que abrir espacios a la participación popular, pero la participación popular no es algo que se pueda decretar desde arriba. Sólo si se parte de las motivaciones de la gente, sólo si se le hace descubrir a ella misma la necesidad de realizar determinadas tareas, sólo si se gana su conciencia y su corazón, estas personas estarán dispuestas a comprometerse plenamente con las acciones que emprendan.

8. Sólo entonces, las orientaciones que se lancen no se sentirán como directivas externas al movimiento y permitirán construir un proceso organizativo capaz de llevar, si no a todo el pueblo, al menos a una parte importante de éste a incorporarse a la lucha y, a partir de ahí, se podrá ir ganando a los sectores más atrasados, más pesimistas. Cuando estos últimos sectores sientan que los objetivos por los que se lucha no sólo son necesarios, sino que es posible conseguirlos -como decía el Che -, se unirán a la lucha.

9. Cuando la gente compruebe que son sus ideas, sus iniciativas, las que están siendo implementadas, se sentirá protagonista de los hechos, y su capacidad de lucha crecerá enormemente.

10. De lo dicho hasta aquí se deduce que los cuadros políticos y sociales que necesitamos para cumplir estas tareas no pueden ser cuadros con mentalidad militar -hoy no se trata de conducir a un ejército, lo que no quiere decir que en algunas coyunturas críticas, pueda y deba hacer un viraje en este sentido -, ni tampoco demagogos populistas -porque no se trata de conducir a un rebaño de ovejas -; los cuadros políticos deben ser fundamentalmente -cómo ya decíamos- pedagogos populares, capaces de valorar las ideas e iniciativas que surgen en al propio movimiento popular.

11. Por desgracia, muchos de los actuales dirigentes se educaron en la escuela de conducir a las masas por órdenes y eso no es fácil de cambiar de un día para otro. Por eso no quiero crear una sensación de excesivo optimismo. La correcta relación de los dirigentes con las bases está lejos de estar resuelta.

Bibliografía de Marta Harnecker sobre el tema.

- La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, siglo XX! Editores, 1999
- Hacia el Siglo XXI, La izquierda se renueva, Quito, Ecuador, CEESAL,1991
- Vanguardia y crisis actual o Izquierda y crisis actual, Siglo XXI España, 1990

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