Especial: Ampliación del Canal - Las razones del NO.
El subconsciente colectivo y el referéndum del Canal
Itzel Velásquez
EL GOBIERNO procura explicar la importancia del proyecto de la ampliación del Canal accionando el subconsciente nacional con frases como: "reto histórico", "desarrollo nacional", "oportunidad del siglo", "generador de miles empleos", "impostergable desafío" y otros atractivos señuelos que integran el menú propagandístico que nos servirán por estos días, por lo menos hasta el referéndum. Pero la treta publicitaria no ha convencido, pues la cosa no es sólo simbólica, sino también política.
Así lo han entendido muchos panameños, aquellos que los voceros oficiales han calificado como "derrotistas", pero que no se marean tan fácilmente con la burbuja demagógica del Canal. Por añadidura, hay un enorme grupo de ciudadanos que consideran que aceptar los dogmas canaleros es un desatino político después de haber tenido que ceder ante la impopular reforma tributaria, el alza desmedida de la electricidad, la desprotección social, la "flexibilización" laboral o la desregulación del mercado. Están convencidos que no deberían otorgarle una carta en blanco a otra propuesta del Ejecutivo en medio de este malestar generalizado, pues sencillamente no confían. Y como no se hacen encuestas para medir el vigor del subconsciente en un refrendo nacional, se abre un movedizo camino a la incertidumbre y los resultados del mismo.
Por otro lado, Panamá es una nación que tradicionalmente se resiste. Casi a cualquier cosa. Más cuando se trata de convencer a un sector social indeciso y en permanente zozobra, sometido a la inseguridad laboral y a quienes el "modelo económico" quiere sacrificar en el altar de la precarización definitiva del empleo. Los asalariados -y los que de ellos dependen- se niegan a una globalización salvaje que abandona a sus ciudadanos únicamente al interés de las empresas mientras el Estado se lava las manos. Los analistas perciben que esta radical relación entre los poderes públicos y la sociedad (que observa con pasividad la desaparición del "Estado protector") no es una fórmula segura. Mucho menos en tiempos de crisis y votaciones.
Ahora, las cosas claras. De hecho no se trata de suprimir esta "oportunidad" que podría significar la ampliación del Canal, sino de sostenerla con discursos mucho más creíbles y, sobre todo, de que sus defensores comprendan que la confianza nacional tiene sus límites. Y por los vientos que corren en Latinoamérica, también tiene límites creíbles la economía neoliberal que es el entorno de la mega-obra que nos proponen.
Es decir, no se trata de una fiesta de millones, ni la danza gratuita de los dólares. Es una obra que vamos a pagar de alguna manera. Precisemos: ¿acaso se puede hablar de "excedentes" cuando Panamá aún no paga su deuda social con los millones de pobres y excluidos que posee? Esto lo tienen que explicar los economistas sin reducir el lenguaje a tecnicismos que sólo ellos dicen comprender. Pues no se trata de cuestionar la economía del mercado como tal, sino el predominio del mercado y de sus indomables leyes.
Entendámonos: así cómo se derrumbó el mito del "Estado salvador" a partir de la desintegración de la URSS y su carga de utopías, muchos rechazan el mito del "mercado salvador" desde que en los propios templos capitalistas (ONU, FMI y Banco Mundial), importantes voces advirtieran sobre el "fracaso del neoliberalismo" para crear más desarrollo, empleo y sacar de la pobreza a un tercio de la población mundial que la padece. Entonces, ¿podrá la ampliación sacar de la pobreza al 50% de la población panameña que vive en la periferia de su "escandalosa" riqueza? Cuidado con la respuesta que nos den.
Además, la idea de que el Canal es la panacea no es siquiera original a esta época. Tiene cinco siglos rondando el planeta y es punto clave en la historia de los controvertidos intereses económicos mundiales. Dio origen a las innumerables conquistas, guerras e invasiones que ha tejido la historia nacional desde que el reino del Perú avivó la imaginación de los conquistadores europeos, quienes fueron los primeros en lanzarse a la búsqueda de un camino entre los dos mares, quizá más ancho, más angosto o más amplio como ahora lo propone el gobierno.
En todo caso, el acierto de los estrategas es pensar que el Canal está en el subconsciente colectivo del pueblo panameño. Pero en lo que se equivocan es que no de la misma manera. Debido a que el Canal de Panamá está también inserto en una alambicada red de concretos intereses comerciales y económicos, tanto nacionales como internacionales, y que han creado a su vez las contradicciones internas que están también presentes en esta interioridad colectiva.
Es preciso apoyar la propuesta sobre una ética, valores y un lenguaje común. Y esa tarea el gobierno no la ha logrado debido a que un gran sector del país no ha visto los grandes "beneficios" del Canal. Más aún, el supuesto "impacto del Canal" no ha generado una sociedad igualitaria, solidaria y con seguridad ecológica para todos. Esta realidad socava cualquier intento de confiar en la panacea de la ampliación del Canal.
4 de julio de 2006
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