Especial: Ampliación del Canal - Las razones del NO.
Política necesaria
Ramón H. Benjamín M.
La nación panameña, compleja mezcla de seres diversos, discute el tema de la ampliación del Canal de Panamá. Se argumenta a favor y en contra desde el punto de vista técnico, financiero, social, ambiental, mientras se pretende eliminar matices políticos de la discusión. Es un tema de Estado dicen, de todos los panameños.
Hacer política lo traduzco en observar nuestra realidad, analizarla, comprenderla y definir lo comprendido en un sistema de pensamientos coherente que consecuentemente nos haga responder de una forma u otra ante los problemas sociales, procurando las acciones necesarias para alcanzar la solución prevista. De la fuerza que genere una corriente de pensamiento u otra, dependerá en última instancia su posibilidad y vigencia.
Hacer política no es administrar con irresponsabilidad los bienes públicos, como ha sido costumbre de los partidos políticos tradicionales de nuestra clase dominante criolla y sus allegados. Tal fue la razón aludida para que el tema del Canal de Panamá fuera elevado a rango constitucional, como si la presencia del asunto en tal texto fuera barrera insuperable para la realidad local, como si la Constitución fuese respetada.
Una junta directiva donde figuran individuos cuyo único valor humano y social es pertenecer a alguno de los partidos políticos que mantienen secuestrada nuestra pésima imitación de democracia no es garantía de un manejo del recurso en beneficio de todos los asociados del Estado panameño.
Estado limitado en la práctica a la zona de tránsito. Estado que somos todos, solamente a la hora de pagar impuestos y con ellos la deuda pública producto de irresponsabilidades administrativas de otros. Estado que ocupa el tercer lugar entre las peores distribuciones de la riqueza de nuestra América mestiza.
¿Qué nos hace pensar que manteniendo o reforzando el mismo modelo económico que ha mantenido en posición de privilegio a las mismas escasas familias y en abandono casi absoluto el resto del país, vamos finalmente a obtener lo que por justicia jamás debió ser ajeno: la posesión real del territorio, del Canal de Panamá, de sus beneficios, nuestras esperanzas, el país posible?
Todo argumento a favor de la ampliación no soporta la cruda verdad que si damos paso abierto a la realización de la obra, prolongaremos el tiempo de vida de este sistema insostenible de acumulación económica para los de siempre y miseria alimentada de esperanza electorera para los de abajo. Nada hay que los obligue a cambiar en su accionar.
El Estado no somos todos, al menos hasta que no decidamos poner el Estado panameño en sintonía con nuestros intereses nacionales. Por eso el argumento de no politizar el tema del Canal de Panamá es una trampa inaceptable de aséptica conducta a lo interno del país.
Precisamente la ausencia de organización, unidad, conciencia y debate político popular imposibilita la visión y adopción de programas alternos y acciones hacia el mejoramiento real de nuestras condiciones objetivas de vida. La inexistencia y el interesado afán de destruir la atención general por temas relacionados con la política, el propósito del Estado, la distribución de poder y riquezas, justicia, entre otros, únicamente contribuye a la consolidación del poder de quienes, conscientes de la importancia de los mismos, se han organizado políticamente y ejecutan sus proyectos excluyentes desde el aparato estatal, autoproclamándose clase política: gran mentira que lleva a pensar en una división social entre quienes deben manejar la vida pública y quienes deben limitarse a obedecer.
No es cuestión de partidos políticos dicen, algo de cierto tiene esa afirmación. Ellos se ven como clase y como tal actúan, saben que de la solidez y cohesión de sus posiciones depende el posible triunfo en el referéndum que permita seguir sustentando aquel modo de vida parasitario e improductivo de nuestra mal llamada clase política, económicamente dominante.
Dejar de lado la perspectiva política en esta coyuntura mayor, dejar de verlo en relación con las estructuras de poder, sólo servirá para tranquilidad del status quo, condenando a nuestro país por otro siglo quizás, a ser pro mundi beneficio mientras brillan por su ausencia los caminos para nuestros productores, escuelas y centros de salud para nuestros hijos, arte, cultura, seguridad pública y social.
La nación panameña, en todo su potencial puede y debe desarrollarse antes de arriesgar nuestros bienes recuperados con sangre y llanto de pueblo en un proyecto que facilite el movimiento del comercio mundial y la marina de guerra estadounidense entregada a su orgía de violencia alrededor de mundo.
Este país no es cuenca ni zona de tránsito. El interior del país no puede seguir abandonado con aperturas comerciales desventajosas. Las ciudades no planificadas de Panamá y Colón no aguantan mayor sobrecarga sobre los servicios públicos por efectos de la migración que abandonan nuestros campos donde la presencia estatal positiva y efectiva es nula.
Este tema, porque es de Estado, hay que politizarlo. No a la ampliación.
Ramón H. Benjamín M.
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