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Panamá, Mayo de 2006

 

Especial: Ampliación del Canal - Las razones del NO.

 

¡Y si no, qué!

Ricardo Stevens

Este aspecto que pudiera convertirse en parte de la discusión, quiero adelantarlo, por lo menos, para desde ya oponerme enérgicamente a ello, por lo insalubre que resultaría. No lo atribuyo a ninguno, lo digo, a pesar que más de una caricatura en un conocido diario del país sugiere que se origina en el palacio de las garzas y lo atribuye al más alto oficial de esa pileta; pero como no he leído ni escuchado noticia que afirme en tal sentido, no hago acusación más que al peligro que pudiera entrañar una apuesta en esa dirección

    El Canal -no hace falta mucha demostración- ha sido, desde antes de su construcción, un gran estimulante, si no de todo, de parte importante de los esfuerzos nacionales, y, sin lugar a dudas, lo seguirá siendo por mucho de nuestro porvenir. No en vano el paso transístmico de naves es calificado como la principal actividad económica de propiedad de los panameños y de las panameñas; y, por lo que valga, hará hervir las pasiones.

    Para el eventual referendo sobre la ampliación del Canal, calificar al "Sí" como un voto patriótico, es pura charlatanería, pero de la peor clase; porque, primero, incrimina, sin más, en el probable voto contrario, una conducta opuesta a los intereses de la patria. Y no es que en las cuestiones referidas al Canal nos hayan faltado los que por migajas se comprometieran a la entrega de la flor de esta tierra; los hemos tenido demasiados, y todos sabemos quiénes han sido.

    El supuesto "Sí patriótico", se exhibiría, a falta de argumentos que lo sostengan, como un recurso de alineamiento a los seguidores y de intimidación a aquellos en que pudieran asomarse posiciones distintas a la oficial. Y ese instrumento de propaganda barata, que lo sería, por su simplicidad y sinrazón, innecesario e inmerecido como imputación, dañaría el debate que debe ser de trascendencia nacional, ya que viciaría la discusión, sacando lo peor de lo que somos capaces, con el potencial de dividir irasciblemente a los panameños y a las panameñas, en cuanto a las nuevas obras, entre patriotas y anti-patriotas, poniendo a hermanos y a vecinos contra hermanos y contra vecinos, convirtiendo a amigos en adversarios, si es que la patria, de verdad, como dice Rubén, son tantas cosas bellas.

    Y, como cada cara tiene su cruz y cada tin su tan, el "No", dejando de lado las discusiones centrales, podría izarse como bandera, el símbolo del repudio a la corrupción y a los corruptos, a las coimas y a los coimeros, y a las comisiones y a los comisionistas, que hormiguean como insectos sobre las mieles de los más de 5 mil millones que representa la obra, y eso ciertamente está en la base de la desconfianza y de la suspicacia generalizadas que hacen parte de la conciencia nacional en el debate que sobre la ampliación se ha iniciado. También podría el "No" pretender, como argumento jalado, pero no del todo injusto, el castigo al régimen de la partidocracia y la impunidad, que este gobierno no ha demostrado poder ni querer cambiar, por lo que resulta evidentemente culpable, aunque solamente fuese por incapacidad.

    La dirección del Estado debe ser juiciosa, porque cada palabra y cada gesto pesan en la conciencia y luego en la decisión. Descalificar las opiniones de otros como anti-patrióticas, solo porque se tiene lengua para hablar, no sería correcto ni sirve a la discusión.