LA IRREVERENCIA Y EL CONFUSIONISMO DE BOSCO VALLARINO
Ricardo Bermúdez A.
PANAMA AMERICA
Bosco Vallarino, sus abogados y voceros, arguyen que el Tribunal Electoral (TE) demora deliberadamente la resolución de su caso. El Magistrado Presidente del TE afirmó que “La mora en el proceso es por los recursos dilatorios que ha presentado sistemáticamente la defensa”. Añadió que Vallarino se niega a entregarles los documentos solicitados: el pasaporte estadounidense y la copia de la carta de naturalización norteamericana.
El último recurso es la solicitud de nulidad y archivo del expediente argumentando que el demandante no es parte del proceso porque reside en San Miguelito. ¿Por qué en vez de descalificar al demandante no presentan las pruebas que no uso su ciudadanía de adopción? Sería muy sencillo presentar el pasaporte, los sellos de entrada y salida, de existir, revelarían si lo usó.
Lo que ocurre es que Bosco Vallarino, por haber abjurado a su ciudadanía de origen y no haber renunciado tacita ni expresamente a la otra, no tiene la ciudadanía panameña, es ciudadano norteamericano y, como tal, no puede elegir ni ser elegido en ninguna jurisdicción electoral de la República.
Alegan que el pueblo, al votar por él, legitimó su elección. Nada más alejado de la verdad jurídica. Si su postulación contravino la Ley, la Constitución o ambas, no puede ejercer el cargo. El TE le permitió participar en la elección asumiendo que decía la verdad en su declaración jurada.
Al margen del aspecto legal, este caso pone de manifiesto el sesgo de los medios, particularmente de La Prensa, para tratar los acontecimientos. Se limitan a describir lo que ocurre alrededor del mismo sin comentarios ni opiniones. Si fuera un miembro del PRD, ya lo habrían descuartizado. A estas alturas o antes de las elecciones su Unidad Investigativa, con los más acres comentarios, descalificaciones y acusaciones de fraude, mentiroso y cínico, ya habría publicado, en primeras planas y ombligos, copia de sus pasaportes, del facsímil de sellos y de los formularios de entrada y salida del país, el reporte de su registro migratorio y de su declaración de rentas al IRS (Dirección de Ingresos de EE.UU.). A propósito, no se sabe si las autoridades gestionaron la obtención de estas pruebas.
Si mintió, si engañó, no parece importar en este caso, porque no es PRD y, además, cuenta con la simpatía y respaldo del diario. Si no, ¿cómo se explica que no hayan explotado periodísticamente una veta tan rica en contradicciones, mentiras, engaños e irreverencia?
Es irreverente al confesar, con prepotencia, porque pensaba que no tendría consecuencias, que, a mucho orgullo, era norteamericano; lo fue cuando juró que no existía ningún impedimento para ser candidato; al afirmar, con gesto burlón, que no encuentra su pasaporte y que encomendó la búsqueda a “su mamita”; al explotar la sensibilidad cristiana de la gente, blandiendo una estampita, con repetidas alusiones a que es un instrumento del Señor. Así, con engaños y mentiras, ha logrado confundir a muchos. Además de irreverente él, y no Confucio, parece ser el inventor de la confusión.
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