VIAJERO FRECUENTE
Miguel Antonio Bernal
CATEDRATICO TITULAR
Durante su mandato presidencial de cuatro años y diez meses, Martín Torrijos realizó más de doscientos viajes fuera del país. La frecuencia de estos, lo llevó a hacerse merecedor del sobrenombre de “El muñeco que pasea”, -de parte del ciudadano jubilado Eladio Fernández.
Poco o nada aportaron a la población panameña o a su administración pública, las decenas de viajes presidenciales o el de sus acompañantes. Jamás se conoció informe público sobre la paseadera presidencial y, la mayoría de los viajes, se caracterizaron por su inutilidad práctica y un secretismo que revela la irresponsabilidad administrativa de su autor. Hasta las fotografías, que se publicaban en los medios, de los periplos, nos resultaban inútiles a los contribuyentes, dado que sólo recogían el rostro sin expresiones del muñeco que pasea(ba).
¿A cuánto pudo ascender en costos para el fisco el escapismo presidencial? De seguro, nunca lo sabremos, dada la complicidad de la Contraloría General de la República en esos menesteres. Lo que sí sabemos es que el viajero frecuente, promedió casi un año fuera del país y acumuló, suficientes millas, como para poder seguir viajando gratis, otro año más.
Iniciada una nueva gestión presidencial que, por cuestión de personalidades, sin duda tendrá otra dinámica, se hace necesario aprender las lecciones de lo negativo de los años perdidos con Martín Torrijos y, lograr lecciones que nos resulten positivas para la población panameña.
En efecto, se hace necesario -y hasta urgente-, que la sociedad civil desarrolle los mecanismos de control ciudadano, que obligue a las autoridades a dictar las disposiciones legales pertinentes para que todos los viajes que realicen al extranjero, todos los servidores públicos y que sean sufragados con fondos del erario, sean no solo divulgados debidamente, sino que también se de a conocer los informes de las gestiones que estos realicen en sus lugares de destino.
También debe establecerse, de parte de la Contraloría General de la República, el mecanismo que permita que todas las millas que se acumulen, -con los planes de viajero frecuente de las compañías aéreas-, con motivo de viajes oficiales de funcionarios de todos los órganos del Estado y de sus instituciones autónomas y semiautónomas, en lugar de beneficiar a los funcionarios viajeros, sean acumuladas en un fondo común.
Dicho fondo común de millas deberá servir para que los billetes de avión, que se obtienen con las mismas, sean destinados a personas que por sus escasos recursos los requieran por motivos médicos, duelos familiares u otras situaciones que deberán estar previstas en las disposiciones normativas que se den. También se podrá, con dicho fondo común de millas, cubrir pasajes de delegaciones deportivas, culturales o educativas que así lo requieran, lo cuál vendrá a significar un importante ahorro para el fisco. Iniciemos, como ciudadanos, acciones en ese sentido.
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