SE ACABÓ LA FIESTA
Amarillys Taylor Schwander
CIRUJANA
El presidente electo piensa, y pidió, un presupuesto de un millón de dólares para festejar su toma de posesión. Ante esto, me pregunto si sueño, si es una pesadilla o si vamos a tener "más de lo mismo", como anunciamos cuando promovimos el voto en blanco.
Si los ciudadanos no se atrevieron a votar en blanco y sí por el presidente electo, se debió al miedo que tuvieron en que el PRD y la candidata de marras pudieran ejercer nuevamente su nefasto poder sobre el pueblo. Y me parece muy bien que la gente haya votado según su sentir; es decir, por un cambio que se les prometió. Pero, cómo podemos creer en tal cambio si inmediatamente que se le otorga la facultad de decidir, este señor piensa en hacer una suntuosa fiesta, despilfarrando tanto dinero, instalando consejeros en un hotel de lujo, planeando invitar a dignatarios de países cercanos, y, sobre todo, ignominia sobre ignominia, utilizar para este desbarajuste, los edificios de un personaje que, burlándose de todas las leyes del país, apoyado por un magistrado de la "tremenda corte", está rellenando cínicamente nuestra ya polucionada bahía. Todo esto, con argumentos falaciosos apoyados por abogados que si bien parecen conocer todas las argucias de su profesión, no brillan por su ética y moral.
Lo que el ciudadano pobre, el que lucha todos los días por su supervivencia, el sin empleo que vende chicles y abalorios en los semáforos, el que no sabe lo que comerá al día siguiente, si sus hijos podrán ir a la escuela desayunados; aquél que no tiene plata para uniformes; el que no tiene agua potable o problemas de aguas servidas en su casa; en fin, el que pasa la tortura cotidiana de los transportes infames que tenemos, ese ciudadano, espera que NO se haga fiesta de toma de posesión, sino una humilde en el lugar de nacimiento del presidente electo, que se inviertan estos dineros del pueblo en ayudar al pueblo, que se construya alguna carretera a una población pequeña, humilde, como hay tantas, demasiadas; o que se compongan las escuelas, se construyan aceras...
Hay tantas cosas que se pueden hacer para que todos podamos creer en el cambio que se nos prometió. Ese cambio lo queremos ahora, queremos ministros nombrados por sus conocimientos en el ramo que les corresponde, no por amistades electorales o influencias de partidos; deseamos investigaciones inmediatas sobre los enriquecimientos ilícitos, las actuaciones inconstitucionales, pues nadie debe estar por encima de la ley, ni de las auditorías...
Mi más caro deseo es que no se cumplan las "profecías" de que no habrá cambio, de que estamos entrando en una era de "grandes negocios" contra el pueblo, sin el pueblo, para los pocos de siempre. |