BUENA SUERTE, PANAMÁ
Para que haya cambio, gobernantes y empresarios deberán cambiar su mentalidad. Guardo la esperanza de que tomen conciencia de que su trasformación es necesaria.
María del Carmen Cabello
Después de estudiar detenidamente la propuesta de gobierno de Ricardo Martinelli esbozada en la web de Cambio Democrático –aparte de declaraciones y noticias en diversos medios en las que se explican sus proyectos–, no puedo resistir la tentación, en vísperas de su investidura como presidente de Panamá, de hacer algún que otro comentario.
La propuesta, tan sencilla que raya en la simpleza y en formato campaña, abarca lo de siempre: empleo, lucha contra la pobreza, respeto a las distintas etnias, educación… lugares comunes, pero sin elemento alguno que anuncie el tan cacareado cambio, y que conste que nunca estuve a favor de que Balbina Herrera ganara las elecciones.
La urgente necesidad de que en Panamá se ponga coto a la violencia desmedida que se sufre en estos momentos y la no menos urgente de que se construyan infraestructuras que alivien la vida del ciudadano, no pueden ocultarnos otras carencias, más soterradas, pero graves al fin.
Porque el problema del proyecto no es lo que tiene, sino lo que le falta, y me limitaré tan solo a comentar algunos de sus aspectos.
En el apartado del empleo, por ejemplo, se echa de menos que no se hable de régimen laboral. Un auténtico cambio sería que el trabajador panameño tuviera subsidio de desempleo por un tiempo determinado; que las indemnizaciones contemplen al menos un mes por año trabajado, y que se recurra rara vez a los famosos “mutuos acuerdos” cuando el despido es improcedente. Tampoco estaría de más que en cada empresa hubiera eso, un comité de empresa, donde el asalariado tenga voz y voto, y que las pagas extraordinarias dejaran de ser decimotercer mes para convertirse en pagas enteras un par de veces al año. Hay, sin embargo, ejecutivos cuyos sueldos llegan al límite de lo obsceno. No sé si es esta la equidad de la que habla Martinelli.
Hablar de reformas al Código Laboral haría temblar a los empresarios, clase en la que el nuevo gobierno pone sus esperanzas para la consecución de empleos, con un incentivo fiscal en algunos casos, eso sí. Tal vez estarían dispuestos a hacerlo sin incentivos, por amor a la patria… y por el cambio que han apoyado.
No encuentro razón alguna para que el panameño no aspire a determinados beneficios sociales porque “aquí las cosas son así”. En una ocasión, un reconocido economista me dijo, palabra más o palabra menos, que en Panamá había pobreza porque las leyes la patrocinan. Basar el progreso de un país en donativos, caridad y ayuda esporádica oficial o privada es un alivio temporal muy respetable, pero no una solución a largo plazo.
Falta también en la propuesta de Martinelli unos renglones destinados a la inversión en ciencia y tecnología, salvo la compra de computadoras para las escuelas. ¿Podrá Senacyt continuar con la labor que inició Julio Escobar? Tal vez haya que ser visionario y pragmático para entender el progreso que reporta esta inversión a un país, pero Martinelli parece ser solo pragmático y cree en lo que conoce, los negocios, porque en su propuesta sí habla de incentivar créditos para jóvenes emprendedores que quieran fundar su propia empresa. Un digno gesto, pero hay en Panamá mentes prodigiosas para la investigación que se malogran a falta de medios. En este aspecto tan solo se alude vagamente a las universidades para investigar en “proyectos productivos”. Supongo que aplicables también al sector privado, aunque no todos los panameños tengan vocación de empresarios.
Ofende a los jubilados la condescendencia con que la propuesta de Cambio Democrático los trata. El segmento destinado a este tema termina con una frase paternalista y demagógica: “¡Nuestros jubilados merecen una recompensa por su deber cumplido!” Pues no. No se trata de recompensa. Esos jubilados han estado cotizando toda la vida, y es escandalosamente injusto que no se revise el monto de sus pensiones, que no se ajusten cada año al alza de la vida (como debería hacerse también por ley a los sueldos de los que están en activo), y que no tengan decimotercer mes. Al parecer se hará algún ajuste a aquellos que reciben menos de 700 dólares. Otra escandalosa, paternal y subdesarrollada injusticia.
Para que haya cambio, gobernantes y empresarios deberán cambiar su mentalidad. Guardo la esperanza de que tomen conciencia de que su trasformación es necesaria.
Buena suerte, Panamá.
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