Panamá, Año VIII, No. 226

5 al 11 de julio de 2009


SUMARIO

Nacional
Editorial
  Primeros pasos del gobierno Martinelli
  Miguel Antonio Bernal
    La Universidad enajenada
    Honduras en honduras
  Richard M. Koster
    Despedida
  María del Carmen Cabello
    Buena suerte, Panamá
  Neir Carrasco y Guido Bilbao
    El 99 más cerca de tí
  Amarillys Taylor Schwander
    Se acabó la fiesta
  Paco Gómez Nadal
    Toma de posición
  Roberto Arosemena Jaén
    El presidente de la espera
  Carlos Fong
    La defunción de la cultura
Internacional
  Guillermo Almeyra
    El golpe de Honduras y la crisis
  Miguel Cáceres Rivera
    Carta a un amigo hondureño que está lejos 
  La Jornada
    Gorilas del siglo XXI
  Luis Hernández Navarro
    La conversión de Zelaya
  Atilio Borón
    La futilidad del golpe
  Juan Gelman
    La cuestión iraní
Pensamiento Critico
  Raúl Zibechi
    La irresistible decadencia del progresismo
  Carlos Fazio
    No a la impunidad
  Luis Hernández Navarro
    Las andanzas del marxismo tropical
  Arnaldo Córdova
    Democracia participativa y voto ciudadano

Boletín BUSCANDO CAMINO

 

BUENA SUERTE, PANAMÁ

Para que haya cambio, gobernantes y empresarios deberán cambiar su mentalidad. Guardo la esperanza de que tomen conciencia de que su trasformación es necesaria.

María del Carmen Cabello

Después de estudiar detenidamente la propuesta de gobierno de Ricardo Martinelli esbozada en la web de Cambio Democrático –aparte de declaraciones y noticias en diversos medios en las que se explican sus proyectos–, no puedo resistir la tentación, en vísperas de su investidura como presidente de Panamá, de hacer algún que otro comentario.

La propuesta, tan sencilla que raya en la simpleza y en formato campaña, abarca lo de siempre: empleo, lucha contra la pobreza, respeto a las distintas etnias, educación… lugares comunes, pero sin elemento alguno que anuncie el tan cacareado cambio, y que conste que nunca estuve a favor de que Balbina Herrera ganara las elecciones.

La urgente necesidad de que en Panamá se ponga coto a la violencia desmedida que se sufre en estos momentos y la no menos urgente de que se construyan infraestructuras que alivien la vida del ciudadano, no pueden ocultarnos otras carencias, más soterradas, pero graves al fin.

Porque el problema del proyecto no es lo que tiene, sino lo que le falta, y me limitaré tan solo a comentar algunos de sus aspectos.

En el apartado del empleo, por ejemplo, se echa de menos que no se hable de régimen laboral. Un auténtico cambio sería que el trabajador panameño tuviera subsidio de desempleo por un tiempo determinado; que las indemnizaciones contemplen al menos un mes por año trabajado, y que se recurra rara vez a los famosos “mutuos acuerdos” cuando el despido es improcedente. Tampoco estaría de más que en cada empresa hubiera eso, un comité de empresa, donde el asalariado tenga voz y voto, y que las pagas extraordinarias dejaran de ser decimotercer mes para convertirse en pagas enteras un par de veces al año. Hay, sin embargo, ejecutivos cuyos sueldos llegan al límite de lo obsceno. No sé si es esta la equidad de la que habla Martinelli.

Hablar de reformas al Código Laboral haría temblar a los empresarios, clase en la que el nuevo gobierno pone sus esperanzas para la consecución de empleos, con un incentivo fiscal en algunos casos, eso sí. Tal vez estarían dispuestos a hacerlo sin incentivos, por amor a la patria… y por el cambio que han apoyado.

No encuentro razón alguna para que el panameño no aspire a determinados beneficios sociales porque “aquí las cosas son así”. En una ocasión, un reconocido economista me dijo, palabra más o palabra menos, que en Panamá había pobreza porque las leyes la patrocinan. Basar el progreso de un país en donativos, caridad y ayuda esporádica oficial o privada es un alivio temporal muy respetable, pero no una solución a largo plazo.

Falta también en la propuesta de Martinelli unos renglones destinados a la inversión en ciencia y tecnología, salvo la compra de computadoras para las escuelas. ¿Podrá Senacyt continuar con la labor que inició Julio Escobar? Tal vez haya que ser visionario y pragmático para entender el progreso que reporta esta inversión a un país, pero Martinelli parece ser solo pragmático y cree en lo que conoce, los negocios, porque en su propuesta sí habla de incentivar créditos para jóvenes emprendedores que quieran fundar su propia empresa. Un digno gesto, pero hay en Panamá mentes prodigiosas para la investigación que se malogran a falta de medios. En este aspecto tan solo se alude vagamente a las universidades para investigar en “proyectos productivos”. Supongo que aplicables también al sector privado, aunque no todos los panameños tengan vocación de empresarios.

Ofende a los jubilados la condescendencia con que la propuesta de Cambio Democrático los trata. El segmento destinado a este tema termina con una frase paternalista y demagógica: “¡Nuestros jubilados merecen una recompensa por su deber cumplido!” Pues no. No se trata de recompensa. Esos jubilados han estado cotizando toda la vida, y es escandalosamente injusto que no se revise el monto de sus pensiones, que no se ajusten cada año al alza de la vida (como debería hacerse también por ley a los sueldos de los que están en activo), y que no tengan decimotercer mes. Al parecer se hará algún ajuste a aquellos que reciben menos de 700 dólares. Otra escandalosa, paternal y subdesarrollada injusticia.

Para que haya cambio, gobernantes y empresarios deberán cambiar su mentalidad. Guardo la esperanza de que tomen conciencia de que su trasformación es necesaria.

Buena suerte, Panamá.