ENTRE IRÁN Y PANAMÁ
Betty Brannan Jaén
WASHINGTON, D.C. –Cada cabeza es un mundo, dice el refrán, pero aun así, me sorprendió descubrir esta semana que un conocido periodista estadounidense ha percibido un argumento favorable a Manuel Antonio Noriega en las protestas iraníes contra lo que es a todas luces un fraude electoral para prolongar la presidencia de Mahmud Ahmadineyad.
Yo vi esas protestas por televisión y recordé solo paralelos trágicos –las protestas de Tiananmen y las elecciones de 1989 en Panamá. Ambos movimientos fracasaron, como temo que ocurrirá en Irán. En contraste, el periodista Peter Eisner vio las protestas iraníes y recordó a Noriega, y no por el paralelo obvio de elecciones fraudulentas. Lo que Eisner dispuso afirmar es que cuando Washington buscaba refugio para el sha de Irán, los dictadores panameños le ofrecieron asilo como un gesto humanitario y Noriega se ocupó de protegerlo.
Eisner es coautor de las memorias de Noriega, publicadas en Estados Unidos bajo el título America’s Prisoner. En la página web WorldFocus.org, Eisner escribió lo siguiente el martes: “Cuando el sha de Irán fue derrocado en 1979 por la revolución islámica, el gobierno de [Jimmy Carter] le torció el brazo al general panameño Omar Torrijos y lo convenció de dar refugio político al sha. El protector principal del sha durante su exilio panameño fue el coronel Manuel Antonio Noriega, jefe de inteligencia bajo Torrijos –y a la vez un colaborador a sueldo de la CIA [Agencia Central de Inteligencia].Noriega me dijo en entrevistas para el libro ... que Torrijos aceptó la petición estadounidense ‘como un gesto de buena voluntad hacia Estados Unidos”. Noriega también le dijo a Eisner que terroristas iraníes hicieron varios intentos de entrar a Panamá para asesinar al sha, pero los agentes panameños frustraron esos intentos. De este cuento de hadas, Eisner concluye –sin mayor explicación– que los paralelos entre Panamá e Irán son que en ambos países Estados Unidos ha dejado “un legado de manipulación, avaricia, desdén por los derechos humanos y democracia, e incomprensión de los intereses estadounidenses a largo plazo”.
Esa apreciación tiene mucho acierto, pero no por las razones que Eisner parece plantear. Este subraya en su escrito que en 1953 Washington derrocó al presidente elegido de Irán para instalar a un dictador (o sea, el sha) pero no señala allí que tanto Torrijos como Noriega fueron también dictadores que contaron con el apoyo de Washington, que encubrió el fraude electoral de 1984 en Panamá y por muchos años cerró los ojos a las violaciones de derechos humanos de la dictadura. Igualmente, Eisner pinta el refugio torrijista del sha como un puro gesto humanitario sin mencionar que hay señalamientos creíbles de que a Torrijos se le pagó 12 millones de dólares por ese asilo.
Eso, precisamente, nos lleva a otro paralelo entre Irán y Panamá –el “asilo permanente” que el hijo de Torrijos acaba de otorgarle a Raúl Cedrás (Haití), Jorge Serrano Elías (Guatemala) y Abdalá Bucaram (Ecuador), tres ex mandatarios de muy mala reputación que son buscados por la justicia de su propio país. Cedrás, en especial, lideró una dictadura militar culpable de “represión despiadada”, “violación como instrumento de terror”, “un pueblo silenciado”, “una sociedad civil destruida”, y de miles de arrestos, torturas, y asesinatos políticos. según informes de Americas Watch. El asilo de Cedrás en Panamá fue negociado por Jimmy Carter (otro paralelo con Irán) y concedido por Ernesto Pérez Balladares (Guillermo Endara otorgó el de Serrano Elías), lo cual provocó que el mundo entero se burlara de Panamá como refugio predilecto de maleantes y dictadores.
Yo pensé que habíamos superado esa etapa y esa reputación, pero el inexplicable decreto torrijista de “asilo diplomático permanente” muestra que estuve equivocada. Pero aun, los paralelos con Irán y el asilo que Torrijos padre dio al sha dan pie a la sospecha de que, en Panamá, estos favores nunca se conceden gratuitamente. Para mí, los precedentes históricos así enseñan.
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